5 de julio de 2018

Columna de los diputados Marcelo Díaz y Patricio Rosas: Desafíos para una política de Estado en Ciencia y Tecnología

La Cámara de Diputados aprobó por unanimidad el pasado 31 de Mayo el proyecto de Ley que crea el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (CTCI). Fue una gran noticia para el país; ahora es el momento de avanzar con fuerza en su implementación, definir las prioridades ante el inmenso desafío que se abre para Chile y cultivar un acuerdo-país para elevar sustancialmente la inversión pública y privada, en concordancia con lo que hacen en esta materia los países de la OCDE.

Chile necesita una estrategia de desarrollo, donde el Estado es un pilar fundamental, en colaboración con el sector privado. Una estrategia basada solo en la exportación de commodities está destinada al fracaso en el mediano plazo. Debemos salir de esa cultura, más allá de las ventajas comparativas que nos puedan dar ahora. Si nuestro país no es capaz de forjar una Visión del país, del tipo de desarrollo que queremos, de crear servicios y productos con valor agregado, que sean competitivos y reinventar una educación que ayude a esos objetivos, tenemos un gran riesgo de fracasar en nuestro propósito de alcanzar un desarrollo sustentable, inclusivo e integrado en las tendencias globales de valor, asociadas a la cuarta revolución industrial.

Para alcanzar estos desafíos, el rol del ministerio de CTCI es crucial. Pero no sólo el nuevo ministerio es importante, sino el conjunto del sistema de CTCI, tal y como lo ha planteado la nueva ley aprobada: en este sistema confluyen el nuevo ministerio, el de Educación y el de Economía, pero también las instituciones públicas de investigación, y las instituciones de educación superior estatales, así como el mundo privado.

No es posible en estas breves líneas abordar la complejidad de los desafíos involucrados en este tema, pero queremos hacer cuatro comentarios de cuestiones que, en nuestra opinión, son claves:

En primer lugar, que se trate de un sistema realmente integrado y sinérgico. Ciencia, innovación, educación y economía, no sólo deben conversar, sino que deben crear una convergencia y coordinación muy fina, y evitar la tentación de generar espacios estancos, donde la ciencia básica va por un lado, la innovación por otro, la estrategia de desarrollo del país se queda en el espacio de grandes y vacuas declaraciones y las universidades son meros referentes de consulta. Aquello sería un desastre.

Por ello, será muy importante concordar un diseño concreto y operativo, en los marcos del espíritu de la nueva ley. Este diseño debiera contemplar mecanismos permanentes de coordinación entre las instituciones públicas, la comunidad científica, las universidades y los diversos ecosistemas de innovación tecnológica, de generación de nuevos emprendimientos y de innovación social.

Por otra parte, en el ámbito público, un primer gran desafío será el de la articulación con los gobiernos regionales y las coordinaciones macrozonales que contempla la organización regional del nuevo ministerio. En efecto, dentro de las tareas complejas que debe abordar este ministerio, que representa la palanca de desarrollo en la era del conocimiento que es el siglo 21, está el lidiar con la territorialidad y la descentralización de la investigación científica. Luego, a nivel central, habrá un Comité Interministerial conformado por los ministerios de CTCI, Economía, Hacienda y Educación. Nuevamente, persiste el riesgo del rol secundario que tradicionalmente los propios ministerios le asignan a las "coordinaciones interministeriales" a las que terminan asistiendo funcionarios comprometidos, pero sin capacidad de decisión, tornando intrascendentes tales instancias.
En segundo lugar, el ministerio de CTCI estará concentrado en las políticas de ciencia, tecnología e innovación de base científico-tecnológica, generándose una clara separación respecto de la innovación vinculada al fomento productivo, que seguirá asentada en el ministerio de Economía y la Corfo. Dos cuestiones son relevantes sobre este particular. La primera, es que este esquema facilite un mayor nivel de inversión en todos los ámbitos de la investigación, ciencia básica y aplicada, por curiosidad y por misión. Luego, tal y como lo señala la ley, esto contempla tanto los campos de las ciencias naturales, de salud, ingeniería y tecnología, como las ciencias sociales. No podemos restar importancia a estas últimas, considerando los grandes desafíos que representan para el país fenómenos como la migración, la meta de descentralizar Chile o el reto de repensar nuestra ciudades para el siglo XXI, entre otros fenómenos de la era presente.

En tercer orden, esta el reto de incorporar la igualdad de género en un mundo científico bastante machista y avanzar hacia la fase de aplicación e implementación de soluciones científicas a problemáticas de diversas áreas y ministerios que empujen el círculo virtuoso de que la ciencia puede contribuir al desarrollo en todas las áreas del nuestro país

Por último, el avance que representa un ministerio para llevar adelante el proceso es muy relevante: otorga la jerarquía institucional que se requiere. Pero no será suficiente si Chile sigue en el nivel actual de inversión para estos efectos, que hoy representa apenas el 0,38% del PIB, muy lejos del promedio de 2,4% del PIB que tienen los países de la OCDE, y lejos también del 1% que invierte Argentina. Más allá del debate sobre el modelo de financiamiento o sobre si debe haber un mayor o menor énfasis en el financiamiento público o en incentivos a la inversión privada, hay una cosa que es clara: es indispensable aumentar significativamente la inversión nacional que, en nuestra opinión, al menos triplicarse.

Marcelo Díaz
Diputado

Patricio Rosas
Diputado integrante de la Comisión de Ciencias y Tecnología

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