
Durante mucho tiempo, los científicos han tratado de entender por qué cada persona piensa, actúa y siente de manera distinta. Sabemos que estas diferencias no se deben a una sola causa, sino a una compleja combinación de genes, experiencias de vida y procesos neurobiológicos. Pero aún queda mucho por descubrir sobre cómo el cerebro refleja estas diferencias individuales.
Una investigación reciente, publicada en la revista Nature Human Behaviour, abre una nueva ventana para observar estas particularidades. En lugar de analizar solo las conexiones entre distintas regiones cerebrales, como se ha hecho en estudios anteriores, este trabajo pone el foco en lo que ocurre dentro de cada región del cerebro de manera individual, incluso cuando estamos en reposo, sin hacer ninguna tarea específica.
Cómo se detectan los patrones internos del cerebro
El equipo de investigadores, liderado por Xiaohan Tian y Yingjie Peng, analizó los cerebros de más de 30.000 personas de entre 8 y 82 años, usando datos de cuatro grandes bases públicas de neuroimagen. La metodología se centró en estudiar el cerebro en estado de reposo, es decir, cuando una persona está despierta pero sin realizar actividades mentales específicas. Aunque parezca contradictorio, el cerebro en reposo está lejos de estar inactivo; mantiene una actividad constante que puede revelar mucho sobre cómo funcionamos.
Para llevar a cabo el análisis, dividieron el cerebro en 271 regiones y aplicaron herramientas matemáticas capaces de extraer más de 5.000 características temporales de las señales hemodinámicas (vinculadas al flujo sanguíneo cerebral) de cada una. Estas características describen, entre otras cosas, cómo varía la actividad dentro de una región con el paso del tiempo.
El concepto de ‘código neuronal’
A partir de este análisis masivo, los investigadores encontraron que algunas de estas características se mantenían estables en cada persona, como una especie de huella digital cerebral. A este conjunto de patrones únicos lo denominaron «código neuronal», una especie de firma que identifica cómo se comporta internamente cada región del cerebro a lo largo del tiempo.
Este código no es algo que podamos ver con los ojos, pero funciona como una combinación de movimientos, ritmos y fluctuaciones que se repiten de forma consistente en cada individuo. Es como si cada cerebro tuviera su propio estilo de bailar, invisible pero reconocible con las herramientas adecuadas.
Qué revelan estos patrones sobre la conducta
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio fue que ciertos tipos de actividad interna en regiones cerebrales concretas estaban relacionados con tendencias al consumo de sustancias, mientras que otros estaban más vinculados a habilidades cognitivas generales, como la memoria, la planificación o el razonamiento.
Por ejemplo, las personas con una actividad cerebral más caótica o con fluctuaciones no lineales en áreas dedicadas al procesamiento sensorial mostraban una mayor propensión al consumo de sustancias. En cambio, quienes presentaban señales cerebrales más lentas y ordenadas en las regiones responsables de tomar decisiones o resolver problemas solían mostrar un mejor rendimiento cognitivo general.
Esta relación sugiere que los códigos neuronales podrían funcionar como una especie de espejo que refleja nuestras predisposiciones, más allá de lo que mostramos en comportamientos concretos. No se trata de determinismo, sino de patrones que pueden ayudarnos a entender mejor ciertas inclinaciones o fortalezas.
Aplicaciones futuras para la salud mental y la educación
Este enfoque abre la puerta a numerosas aplicaciones, desde la prevención de trastornos mentales hasta el diseño de programas educativos personalizados. Si los códigos neuronales pueden predecir ciertas vulnerabilidades o capacidades, se podría intervenir a tiempo con terapias o estrategias adaptadas a cada persona.
Por ejemplo, detectar patrones cerebrales asociados a una mayor tendencia a conductas adictivas podría permitir actuar antes de que estas se desarrollen. O bien, conocer el perfil de procesamiento de información de un niño podría ayudar a adaptar los métodos de enseñanza a su estilo cognitivo.
Los autores destacan que estos hallazgos se mantuvieron estables a lo largo de diferentes edades y poblaciones, lo que sugiere que los códigos neuronales podrían tener un valor predictivo generalizable.
Un paso más hacia una neurociencia más personalizada
Este estudio representa un giro interesante dentro de las investigaciones cerebrales: pasar de observar las autopistas que conectan diferentes partes del cerebro a examinar lo que ocurre dentro de cada barrio cerebral. Es como dejar de analizar solo las rutas entre ciudades y comenzar a estudiar el tráfico interno de cada una para entender mejor su dinámica.
Al centrarse en la dinámica intra-regional del cerebro, los investigadores están abriendo un nuevo nivel de detalle que podría enriquecer los estudios sobre el comportamiento humano, la salud mental y el desarrollo cognitivo. A medida que estas herramientas se perfeccionen y se integren con otras disciplinas, podríamos avanzar hacia un modelo de intervención más preciso, empático y efectivo.]
☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí
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