Biocarbón obtenido desde algas pardas podría transformarse en una solución innovadora para proteger la salud pública en zonas afectadas por contaminación natural del agua en Chile.
Un innovador método basado en biocarbón derivado de algas marinas se perfila como una alternativa sustentable para enfrentar la contaminación por arsénico en fuentes de agua dulce destinadas al consumo humano, una problemática silenciosa que afecta a diversas zonas del país.
La tecnología fue presentada como solicitud de patente ante el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INAPI) por la Dra. Loretto Contreras Porcia, directora del Laboratorio de Ecología y Biología Molecular en Algas (LEBMA) de la Universidad Andrés Bello (UNAB), investigadora del Centro de Investigación Marina Quintay (CIMARQ UNAB) y del Instituto Milenio SECOS. La propuesta combina economía circular, innovación tecnológica y protección de la salud pública.
La invención —registrada en diciembre de 2025— describe un método de adsorción de arsénico desde agua dulce utilizando biocarbón obtenido a partir del alga parda Macrocystis pyrifera, una especie abundante en las costas chilenas. El material es activado mediante cloruro férrico, lo que incrementa significativamente su capacidad para retener este metaloide. La patente protege tanto el proceso de obtención del biocarbón como su aplicación en sistemas de purificación de agua potable.
Arsénico en el agua: una amenaza para la salud
La presencia de arsénico en el agua representa un serio riesgo para la salud humana. Según explica la Dra. Contreras, sus efectos dependen de la dosis, la forma química y el tiempo de exposición. En el corto plazo, la ingesta de agua contaminada puede provocar síntomas gastrointestinales como vómitos, dolor abdominal y diarrea.

No obstante, el mayor peligro está asociado a la exposición crónica. “Una exposición prolongada puede generar lesiones cutáneas, distintos tipos de cáncer, alteraciones neurológicas y cardiovasculares, además de trastornos del metabolismo de la glucosa, incluida la diabetes”, advierte la académica.
La gravedad del problema queda reflejada en la clasificación de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), que sitúa a los compuestos de arsénico en el Grupo 1, es decir, como carcinogénicos para el ser humano. “Lo preocupante es que concentraciones relativamente bajas pueden generar efectos graves en la salud”, agrega Contreras.
El riesgo en zonas volcánicas del norte de Chile
El desarrollo de esta tecnología cobra especial relevancia considerando la persistencia del arsénico en diversas regiones del país, principalmente por causas geológicas naturales. Un informe del Banco Mundial publicado en 2019 reveló que, entre 2011 y 2018, 83 de las 392 localidades evaluadas presentaron concentraciones de arsénico iguales o superiores al límite máximo recomendado por la Organización Mundial de la Salud para agua potable.
“Gran parte de la zona volcánica del norte de Chile tuvo acceso a agua potable contaminada con arsénico hasta el año 2017”, explica la investigadora. En territorios como el Altiplano-Puna, estudios han demostrado que la distribución del arsénico está estrechamente ligada a la actividad volcánica y a procesos tectónicos.
Los volcanes actúan como fuentes de emisión desde la corteza terrestre, permitiendo que el arsénico se movilice hacia aguas subterráneas y superficiales. En regiones como Antofagasta, si bien las zonas urbanas cuentan con sistemas de agua potable, la situación es distinta en sectores rurales.
Investigaciones publicadas en International Journal of Environmental Research and Public Health indican que cerca del 42% de la población rural no dispone de un suministro formal de agua, y en algunas localidades se han detectado concentraciones de arsénico que superan tanto los límites de la OMS como la normativa chilena vigente.
Algas marinas y economía circular para el acceso al agua segura
Frente a este escenario, la tecnología desarrollada propone transformar desechos de cosecha o biomasa cultivada de Macrocystis pyrifera en un material altamente eficiente para remover arsénico del agua.
“No se trata solo de una solución tecnológica, sino de convertir una biomasa en una herramienta concreta para proteger la salud pública, integrando naturaleza, ciencia y economía circular”, destaca la Dra. Contreras.
El proceso consiste en someter el alga a altas temperaturas en ausencia de oxígeno, generando un material carbonizado con una estructura porosa ideal para capturar contaminantes. Posteriormente, el biocarbón es activado con hierro, un paso clave que potencia su capacidad de adsorción.
Actualmente, el desarrollo avanza hacia su aplicación práctica. La siguiente etapa contempla la construcción de un filtro de adsorción y la evaluación de su desempeño en condiciones reales, con miras a una futura implementación en comunidades afectadas por la contaminación natural del agua con arsénico.
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