
La conversación sobre almacenamiento energético suele girar alrededor de las baterías de litio, porque llevan años siendo el “motor silencioso” de móviles, portátiles y coches eléctricos. El problema es que su cadena de suministro depende de materiales relativamente caros y con impactos ambientales y geopolíticos bien conocidos. Por eso, cada avance que acerque a las baterías de sodio al rendimiento del litio llama la atención: el sodio es abundante, accesible y, en principio, permite soluciones más baratas para grandes sistemas, como el respaldo de redes eléctricas alimentadas por renovables.
En ese contexto llega un resultado llamativo publicado por un equipo de la University of Surrey, difundido por ScienceDaily con fecha 19 de febrero de 2026. Lo interesante no es solo la cifra de rendimiento, sino la idea que la desencadena: en vez de “secar” un material, como dicta la costumbre, lo dejaron “húmedo”. Y funcionó mejor.
El hallazgo: dejar el agua dentro del material, no expulsarla
El material protagonista es un óxido de vanadio con sodio en una forma hidratada y nanostructurada, descrito como nanostructured sodium vanadate hydrate (NVOH). En trabajos previos, este tipo de compuestos se suele someter a tratamientos térmicos para retirar el agua, porque se asume que la humedad genera inestabilidad o reacciones indeseadas. El equipo liderado por el investigador Daniel Commandeur decidió cuestionar esa regla práctica.
El resultado, según el artículo en Journal of Materials Chemistry A, fue contraintuitivo: la versión hidratada almacenó casi el doble de carga que materiales catódicos típicos de sodio, cargó más rápido y mantuvo estabilidad durante más de 400 ciclos. Dicho de manera cotidiana: como si a un coche le quitaras peso “por eficiencia” y, al contrario, descubrieras que con ese peso extra el motor empuja mejor, acelera más y aguanta más kilómetros sin averiarse.
En química de baterías, esos “pesos” son a menudo moléculas y espacios intermedios. El agua, en este caso, no actúa como un simple invitado molesto; puede comportarse como un “separador flexible” dentro de la estructura, influyendo en cómo se mueven los iones y en qué tan bien se conserva el material con el paso de los ciclos.
Qué aporta el agua a nivel electroquímico, explicado sin jerga
Una batería funciona, simplificando, como una autopista de iones: durante la carga y descarga, los iones (aquí, iones de sodio) van y vienen entre el cátodo y el ánodo a través del electrolito. Si esa autopista tiene carriles estrechos, baches o atascos, el rendimiento cae: menos capacidad útil, peor potencia, degradación más rápida.
En materiales como el NVOH, retener agua puede aportar dos efectos plausibles. Uno es que el agua “sostiene” una separación entre capas o canales de la estructura cristalina, facilitando que los iones de sodio se inserten y extraigan con menos esfuerzo, como si la puerta fuera un poco más ancha. El otro es que el agua amortigua tensiones internas: cada vez que entran o salen iones, el material se expande y contrae ligeramente; con el tiempo, ese estrés puede agrietarlo. La hidratación puede funcionar como una especie de “junta elástica” microscópica que reduce el daño.
El paper no se presenta como una receta mágica para todos los cátodos, pero sí como una señal fuerte de que, al menos en este compuesto, el agua deja de ser enemiga y pasa a ser parte de la arquitectura que mejora el rendimiento.
El dato que cambia el guion: funcionar en agua salada y retirar sal
Lo más llamativo llega cuando el equipo prueba el sistema en un entorno especialmente duro: agua de mar o, más precisamente, una disolución salina. Las baterías convencionales suelen evitar el agua por su ventana electroquímica limitada y por problemas de corrosión o reacciones parasitarias. Aquí, el NVOH siguió operando y, a la vez, mostró capacidad para retirar iones de sodio del agua. En paralelo, un electrodo de grafito extrajo iones cloruro, en un proceso descrito como desalinización electroquímica.
La imagen mental ayuda: imagina dos coladores trabajando coordinados. Uno captura las “bolitas” de sodio y el otro las de cloro. Si los separas, reduces la salinidad. En la práctica, la desalinización real es más compleja porque entran en juego otros iones, la eficiencia energética, la selectividad y la estabilidad de los electrodos, pero el concepto es potente: un dispositivo que almacena energía mientras realiza una tarea de tratamiento de agua.
Según las declaraciones recogidas por ScienceDaily, Commandeur plantea una visión a largo plazo: usar el agua de mar como electrolito seguro, abundante y gratuito, mientras el propio proceso contribuye a producir agua dulce. Es una idea atractiva para aplicaciones estacionarias en zonas costeras o islas, donde el binomio energía-agua suele ser un quebradero de cabeza.
Qué significa “casi el doble” y por qué importa en la carrera frente al litio
Cuando se habla de capacidad y rendimiento, no basta con un número llamativo: interesa el equilibrio entre capacidad energética, potencia (cargar y descargar rápido), estabilidad en ciclos y facilidad de fabricación. El equipo de Surrey reporta que su cátodo hidratado se sitúa entre los mejores rendimientos publicados para cátodos de sodio, con carga rápida y más de 400 ciclos estables. Para una tecnología que busca competir en coste y sostenibilidad, mejorar el cátodo es crucial porque el cátodo marca gran parte de la densidad energética.
Aun así, conviene ser prudentes. El salto del laboratorio a un producto comercial es como pasar de cocinar una receta perfecta una vez a servirla igual de bien a mil personas cada día: aparecen variaciones, impurezas, problemas de escala, controles de seguridad, compatibilidades con otros componentes y costes de producción. La buena noticia del enfoque “húmedo” es que, si evita pasos de secado o tratamientos térmicos intensivos, podría simplificar procesos. La mala noticia potencial es que trabajar con materiales hidratados obliga a controlar con precisión el contenido de agua, porque demasiada o muy poca podría cambiar el rendimiento.
Retos prácticos: estabilidad, compatibilidad y agua real
Si el objetivo es una batería que use agua salada como electrolito, aparecen desafíos que van más allá del cátodo. El agua de mar no es solo NaCl: contiene magnesio, calcio, sulfatos, materia orgánica y microorganismos. Cada uno puede interactuar con electrodos y separadores. También está el asunto del voltaje: los sistemas acuosos suelen operar a voltajes menores que los orgánicos, lo que limita la densidad de energía por celda. Para aplicaciones de red, donde el volumen pesa menos que el coste y la seguridad, eso puede ser aceptable; para un coche eléctrico, es más difícil.
En desalinización, la métrica decisiva es cuánta sal se elimina por unidad de energía consumida y cuánto aguanta el sistema sin ensuciarse o degradarse. La investigación sugiere una ruta, no un producto terminado. La idea de unir almacenamiento y tratamiento de agua es atractiva porque muchos sistemas de desalinización requieren energía y, a veces, funcionan mejor cuando esa energía llega de manera estable. Un “doble uso” bien diseñado podría reducir infraestructura.
De qué fuentes sale todo esto y qué conviene mirar a partir de aquí
El trabajo se publica en Journal of Materials Chemistry A con el título “Nanostructured sodium vanadate hydrate as a versatile sodium ion cathode material for use in organic media and for aqueous desalination” y DOI 10.1039/d5ta05128b. La difusión divulgativa procede de ScienceDaily y atribuye los materiales a la University of Surrey. A partir de aquí, lo más interesante será ver replicaciones independientes, pruebas con agua real (no solo salmuera sintética), estudios de degradación a largo plazo y estimaciones de coste por kWh en celdas completas, no solo en el electrodo.
Si el resultado se sostiene, la moraleja es clara y casi pedagógica: en baterías, a veces el progreso llega no por añadir complejidad, sino por cuestionar una suposición antigua. Aquí, el agua, que se trataba como algo a expulsar, se convierte en un aliado estructural.
☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí