
Encontrar un púlsar en el Centro Galáctico es un poco como intentar escuchar el tic-tac de un reloj de pulsera en mitad de una estación de tren abarrotada. Hay ruido por todas partes, ecos, interferencias y fenómenos extremos que distorsionan lo que llega hasta nosotros. Por eso ha llamado tanto la atención el anuncio de un equipo de la Universidad de Columbia y el programa Breakthrough Listen: en uno de los sondeos de radio más sensibles hechos hasta ahora en esa zona, han identificado un candidato a púlsar de milisegundos con un periodo de 8,19 ms cerca de Sagittarius A*, el agujero negro supermasivo del centro de nuestra galaxia.
Qué han visto exactamente y por qué es raro
La señal encaja con lo que se esperaría de un púlsar de milisegundos (MSP), un tipo de estrella de neutrones que gira tan rápido que sus pulsos llegan con una regularidad casi obsesiva. En un escenario ideal, esos pulsos se comportan como un metrónomo: si no hay fuerzas externas “metiendo mano”, el patrón es extremadamente estable. Esa estabilidad es la que convierte a los MSP en herramientas tan valiosas, porque cualquier “tirón” gravitatorio o irregularidad del espacio-tiempo deja huellas medibles en el ritmo.
La gracia —y el quebradero de cabeza— es que el Centro Galáctico es cualquier cosa menos un escenario ideal. Hay gas caliente, campos magnéticos, fuentes variables de radio, y un efecto especialmente traicionero: la dispersión y el “ensanchamiento” de las señales por el material interestelar, que puede emborronar los pulsos como si una linterna intentara atravesar una niebla muy densa. En ese contexto, que aparezca un candidato consistente en un escaneo concreto, y encima con un periodo tan corto, es una noticia que inmediatamente pide comprobación y cautela a partes iguales.
El papel del telescopio Green Bank y por qué observar a frecuencias altas ayuda
El trabajo se apoya en datos del Robert C. Byrd Green Bank Telescope (GBT), uno de los radiotelescopios más grandes y sensibles del mundo. En este sondeo se observaron frecuencias de banda X (aproximadamente 8–12 GHz), un rango que, explicado con una metáfora doméstica, sería como elegir una “emisora” menos propensa a interferencias cuando el dial está lleno de ruido. A frecuencias más altas, algunos efectos de dispersión pueden reducirse, lo que mejora las posibilidades de distinguir pulsos reales de artefactos o fluctuaciones.
Según el estudio (aceptado para The Astrophysical Journal), el equipo acumuló decenas de horas de observación en campañas entre 2021 y finales de 2023, buscando señales periódicas con técnicas pensadas tanto para púlsares “canónicos” como para MSP, e incluso contemplando escenarios de sistemas binarios muy compactos, donde el movimiento orbital puede “estirar” la señal y dificultar la detección.
Por qué un púlsar cerca de Sagittarius A* sería tan valioso para la física
Aquí entra el motivo de fondo: si se confirmara un púlsar orbitando relativamente cerca de Sagittarius A*, tendríamos un laboratorio natural para poner a prueba la relatividad general con una precisión difícil de conseguir de otra forma. El centro de la galaxia es un entorno de gravedad intensa: Sagittarius A* tiene una masa de alrededor de cuatro millones de soles, y eso curva el espacio-tiempo de un modo que no se aprecia en zonas más tranquilas del vecindario galáctico.
La idea se entiende con una imagen cotidiana: imagina una sábana muy tensa (el espacio-tiempo) y una bola de bolos en el centro (el agujero negro). Si haces rodar una canica (los pulsos, o el propio púlsar como “reloj”), su trayectoria y su tiempo de llegada se alteran por la curvatura de la sábana. En astronomía, esa alteración se traduce en pequeños retrasos, desviaciones y modulaciones en el momento exacto en que llegan los pulsos a la Tierra. El equipo destaca precisamente ese potencial: medir “anomalías” en la llegada de pulsos permitiría modelar efectos gravitatorios y de propagación en un régimen extremo.
La “fábrica de relojes” que llevamos años esperando encontrar en el centro galáctico
Hay un contexto importante: desde hace tiempo se habla del “problema de los púlsares perdidos” del Centro Galáctico. Por población estelar y por lo que se sabe de la evolución de estrellas masivas, muchos astrónomos esperan que exista un número considerable de estrellas de neutrones y púlsares en esa región. Sin embargo, detectarlos ha sido mucho más difícil de lo previsto. Si la señal de 8,19 ms fuera real, podría ser una pieza del rompecabezas, pero también subraya lo complicado que es afirmar un hallazgo en un entorno tan ruidoso.
En el artículo técnico, el equipo explica que, pese a identificar miles de candidatos, este MSP destaca por aparecer de forma persistente en tiempo y frecuencia durante un escaneo concreto. Aun así, el propio trabajo reconoce un punto delicado: no ha sido detectado de manera clara en observaciones posteriores, lo que baja el nivel de certeza y obliga a tratarlo como candidato y no como descubrimiento cerrado. Dicho de otro modo: hay “una voz” que sonó convincente en una llamada, pero cuando se volvió a marcar el número, no siempre respondió.
Cómo se intenta separar una señal real del ruido
En radioastronomía, confirmar un púlsar no es solo ver un pico y celebrarlo. Se trata de acumular evidencias: repetición, estabilidad del periodo, coherencia con la dispersión esperable, comportamiento consistente a distintas frecuencias, y detección en diferentes épocas u observatorios. El estudio describe métodos estadísticos adicionales para evaluar si la señal puede ser una fluctuación del ruido, incorporando pruebas de persistencia y controles sobre cómo cambia el flujo con la medida de dispersión (DM). Es el equivalente a revisar una foto ampliada con varias lupas distintas: si el detalle aparece siempre en el mismo sitio y con el mismo “contorno”, empieza a ganar credibilidad.
Aun con esas herramientas, la conclusión es prudente: la señal es intrigante, pero no definitiva. Y esa prudencia no es una forma de enfriar la noticia, sino exactamente lo que hace que la noticia sea seria. En campos donde el ruido puede imitar patrones, el listón de confirmación tiene que estar alto.
Ciencia abierta: por qué la liberación de datos importa aquí
Un aspecto especialmente interesante es la decisión de Breakthrough Listen de hacer públicas las observaciones para maximizar el impacto en la comunidad. En la práctica, esto invita a que otros equipos reanalicen los datos con técnicas distintas, busquen señales complementarias o diseñen campañas de seguimiento con otros instrumentos. En astronomía moderna, este “ojo colectivo” suele acelerar la verificación y, a veces, descubre cosas que el equipo original no estaba buscando.
También es una forma de repartir el riesgo: si el candidato termina siendo una falsa alarma, el proceso habrá generado igualmente un conjunto de datos valioso para estudiar el Centro Galáctico. Y si se confirma, el mérito se apoya en una base replicable, que es el tipo de resultado que mejor envejece.
Qué podemos esperar del seguimiento en los próximos meses
La siguiente fase es clara: más observaciones, mejor cobertura temporal y, si es posible, detección repetida que permita hacer “cronometraje” de alta precisión. En el caso ideal, medir variaciones sutiles en los tiempos de llegada abriría la puerta a restricciones más finas sobre cómo se comporta el espacio-tiempo alrededor de un agujero negro supermasivo. En paralelo, medios como Scientific American ya han destacado el potencial del hallazgo precisamente por esa conexión entre un reloj cósmico ultrarrápido y un entorno gravitatorio extremo.
Mientras tanto, conviene quedarse con la idea central: no se ha anunciado un púlsar confirmado “pegado” a Sagittarius A*, sino un candidato prometedor encontrado en un sondeo de gran sensibilidad, descrito con cautela y con un plan de verificación en marcha. Si la señal se consolida, será una de esas piezas que convierten un lugar caótico del cosmos en un laboratorio medible, donde la teoría se pone a prueba con datos.
☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí