31 de marzo de 2026

EEUU ha invertido 16 años y 8.000 millones de dólares en renovar el software de su red GPS. Resultado: un fracaso de proporciones épicas

EEUU ha invertido 16 años y 8.000 millones de dólares en renovar el software de su red GPS. Resultado: un fracaso de proporciones épicas

El proyecto Next-Generation Operational Control System (OCX) iba a modernizar la constelación de los más de 30 satélites GPS de Estados Unidos. La empresa RTX Corportation (anteriormente conocida como Raytheon) logró ganar el proyecto en 2010 con un presupuesto de 3.700 millones de dólares. Se suponía que el proyecto estaría completado en 2016, pero en realidad EEUU ha gastado 8.000 millones de dólares y 16 años después tiene un absoluto desastre entre manos.

16 años de promesas incumplidas. En 2010 el iPad acababa de aparecer en escena y la computación en la nube era un concepto algo difuso. El proyecto del Gobierno de EEUU era razonable, y planteaba que el sistema OCX estuviera operativo para cuando debutaran los nuevos satélites GPS III de Lockheed Martin. El desarrollo se convirtió en un caos de errores y cambios de requisitos, y a día de hoy no está claro cuándo logrará completarse, si es que se completa.

Un dineral invertido. La gestión financiera del proyecto es el primer gran desastre. El presupuesto inicial estaba estimado en 1.500 millones de dólares, pero desde la adjudicación hasta el día de hoy esa cifra ha subido hasta alcanzar los casi 7.700 millones de dólares actuales, a los que se suman otros 400 millones para soportar una versión mejorada de los satélites, la GPS IIIF. Este incremento no se debe en gran parte a que el proyecto sea de repente mucho más ambicioso o más capaz, sino a los costes de haber ido arreglando todo lo que ha ido mal desde que comenzaron a trabajar en él. 

El software cuesta más que los satélites. Cada vez que el software falla en una prueba de integración, la factura sube decenas o cientos de millones de dólares. Eso ha convertido al sistema OCX en uno de los proyectos software más caros y menos eficientes de la historia militar reciente de EEUU. Supera de hecho con creces el coste de los propios satélites que debía controlar: los 22 satélites GPS III del contrato firmado en 2018 cuentan con un presupuesto de 7.200 millones de dólares

Satélites del futuro controlados por una escopeta de feria. En la actualidad EEUU tiene en órbita una flota d esatálites GPS III capaces de emitir señales "M-code" mucho más potentes y resistentes a las interferencias, algo que entre otras cosas las destina especialmente a aplicaciones militares. El problema es que como el software OCX no funciona, los están gestionando con sistemas de control heredados de los años 90. Es como si tuviésemos conectado un vídeo VHS para ver películas en una Smart TV 8K: el potencial está ahí, pero uno de los componentes es un absoluto cuello de botella.

La pesadilla de la ciberseguridad. Uno de los grandes problemas de este proyecto ha sido la exigencia en ciberseguridad. OCX fue diseñado para resistir ciberataques de potencias como Rusia o China, pero ese requisito se ha convertido en un lastre técnico espectacular. Los estándares del Pentágono han evolucionado tan rápido que no han podido ser adaptados a una arquitectura que comienza a quedarse obsoleta, y tapar los sucesivos parches está encerrando al sistema en un complejo círculo vicioso: el software nunca llega a estar terminado porque aparecen más y más vulnerabilidades.

Pruebas fallidas. El último informe de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO) ha sido la puntilla. Durante las pruebas el sistema volvió a mostrar una vez más inestabilidad, lo que ha obligado a retrasar la entrega final a finales de 2026 o incluso 2027. Frank Calvelli, de las Fuerzas Aéreas, ha expresado su descontento por esa inaceptable gestión de la industria privada: la ventaja estratégica que debería ofrecer este proyecto justo en un momento como este es inaccesible por la desastrosa marcha del proyecto.

No es tan difícil. Durante mucho tiempo la excusa para justificar los retrasos era que OCX era "el software más complejo jamás creado para el aspacio", pero otros actores del sector  han demostrado que lograr este tipo de hitos técnicos es posible. SpaceX lo ha demostrado con "milagros" técnicos como sus Falcon 9 reutilizables o con el desarrollo de Starship, por ejemplo, así que esos argumentos están cayendo en saco roto ahora. 

A la espera de un GPS mejor. Estos problemas también nos afectan a los usuarios finales, que no podremos disfrutar de momento de las señales L5. Esta frecuencia, mucho más robusta, mejorará notablemente la precisión en núcleos urbanos con muchos edificios altos. La ironía es trágica: no podemos usar una infraestructura espacial extraordinaria porque las estaciones base no logran entenderse con ella. A la espera que se resuelvan los problemas, el aprendizaje es claro: el software no puede ser un monstruo que tarde 16 años en construirse

Y mientras como siempre, China. Mientras EEUU se estrella contra su proyecto de renovación de la constelación GPS, China ha logrado una vez más "independizarse" de la tecnología occidental. Su sistema de navegación satelital Beidou, no sustituye al GPS, cierto, pero ya lo complementa en 140 países. Una vez más la mirada a largo plazo de China tiene su resultado evidente: han tardado 20 años en desplegar su constelación, pero ya superan al sistema GPS en métricas como la disponibilidad de señal o los servicios integrados de mensajería. Europa, por cierto, también tiene su propia alternativa.

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La noticia EEUU ha invertido 16 años y 8.000 millones de dólares en renovar el software de su red GPS. Resultado: un fracaso de proporciones épicas fue publicada originalmente en Xataka por Javier Pastor .



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