En la actualidad, vivimos en un momento de gran debate en torno a Instagram, TikTok o X, preguntándonos si de verdad afectan de manera negativa a nuestros menores, con varios gobiernos promoviendo la posibilidad de prohibirlas, incluido el español. Ahora, un nuevo estudio longitudinal ha arrojado luz sobre el verdadero impacto que puede tener usar las redes sociales sobre la salud mental, apuntando a un escenario mucho más complejo del que pensamos.
El estudio. Ha sido un equipo de la Universidad Miguel Hernández el que ha decidido poner el foco justamente encima de las redes sociales en un momento donde la investigación dibuja un panorama bastante preocupante. Pero en este caso ha querido poner el foco en los matices que realmente nos deben importar: la edad, el género y el estado de salud mental previa a entrar en el mundo de las redes sociales. Y sus conclusiones cambian la concepción clásica.
No es cuánto, sino cómo. Hasta hace poco, la concepción más clásica para medir el peligro era el "tiempo de pantalla" De esta manera, diferentes revisiones apuntaban a que estar más horas frente al móvil equivalía a tener un peor bienestar. Pero la investigación de la UMH da un paso más allá y se centra en cómo las redes interfieren en la vida diaria, el sueño o las relaciones personales.
Aquí el hallazgo más llamativo que vio el equipo de investigación fue que el impacto de este uso problemático en los síntomas depresivos tiene una frontera muy clara: 16 años.
Pero se atenúa. Aunque los investigadores han observado que el aumento de síntomas depresivos es mucho más agudo en los menores de 16 años, se ha visto también que en torno a esta edad el efecto se va disminuyendo. El motivo que marca los 16 años como una auténtica frontera es precisamente la mayor capacidad de autorregulación emocional y cognitiva que tienen los adolescentes al ir madurando poco a poco.
De esta manera, los jóvenes a partir de los 16 años se vuelven menos vulnerables a los impactos negativos del entorno digital, algo a lo que apuntan otros estudios externos que ya advertían que la preadolescencia temprana es el verdadero periodo crítico de exposición a las redes sociales al ser más sensibles.
Una brecha de género. Otro de los puntos preocupantes que recoge la ciencia es cómo afecta la popularidad digital dependiendo de si el adolescente es chico o chica. Y es que ahora mismo vivimos en la era de los followers donde se hace cualquier cosa por ver cómo nuestras cuentas tienen cada vez más seguidores. Y aunque puede parecer que tener más seguidores es un refuerzo positivo para cualquier adolescente, los datos dicen lo contrario.
Los investigadores apuntan aquí que tener un mayor número de seguidores se asocia con un mayor número de síntomas depresivos, y sobre todo en las chicas. Las razones radican en la presión por mantener una imagen perfecta, el miedo a ser analizadas hasta el último detalle y, lógicamente, la cibervictimización. Un conjunto de factores que actúan como un cóctel tóxico hacia la salud mental.
En los chicos. Aquí tener muchos seguidores tiene un efecto neutro o incluso algo protector, operando como un potenciador de estatus dentro de un grupo de amigos, por ejemplo. Es decir, todo lo contrario a las chicas, marcando una brecha de género que también ha sido investigada por otros estudios de terceros que ya advertían que la salud mental de las menores es mucho más susceptible a las dinámicas de validación online.
Vulnerabilidad previa. ¿Deprimen las redes sociales o los adolescentes ya estaban deprimidos? Esta es la pregunta que nos podemos hacer a la hora de abordar este tema tan complejo, y la ciencia apunta a que los adolescentes que ya sufrían de una vulnerabilidad previa antes de usar las redes son los más susceptibles. De esta manera, si un joven ya presenta síntomas depresivos, su evolución será significativamente peor si desarrolla un uso problemático de las redes.
En estos casos, la pantalla se convierte en un auténtico refugio que acaba empeorando el cuadro original al exponerse a un gran número de personas o por consumir contenido negativo.
¿Qué debemos hacer? La gran conclusión que se puede tener aquí es que debemos proteger a los preadolescentes al ser los más vulnerables, y además hacer una atención prioritaria a las chicas debido a que sufren una presión estética y de validación mucho mayor. Aquí es donde entran los gobiernos en las regulaciones que ya se están poniendo encima de la mesa para evitar que estos jóvenes más vulnerables se expongan a algo que puede ser tan nocivo.
Imágenes | Johnny Cohen
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La noticia Sabíamos que el móvil tenía un impacto en la salud mental de los niños. Un estudio ha definido la frontera: los 16 años fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .
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