Un estudio liderado por el Centro de Regulación del Genoma (CRG) revela cómo los virus ambientales actúan como reguladores clave en uno de los ecosistemas más hostiles del planeta. La investigación advierte que la crisis climática podría amenazar una biodiversidad viral única en el mundo.
A 4.300 metros de altitud, en el corazón del altiplano chileno, los géiseres del Tatio configuran un escenario de extremos: temperaturas bajo cero, radiación ultravioleta intensa y niveles de salinidad que desafían los límites de la vida. Sin embargo, en estas aguas hirvientes prospera una compleja comunidad microbiana cuya supervivencia depende de un actor inesperado: los virus.
Un equipo científico encabezado por la Dra. Beatriz Díez, académica de la Universidad Mayor e investigadora del CRG, se ha adentrado en este laboratorio natural para descifrar el rol de los virus ambientales. Lejos de ser solo agentes patógenos, estos sistemas biológicos emergen como piezas clave en la resiliencia y evolución de los microorganismos en condiciones extremas.
Arquitectos de la vida, no solo agentes de enfermedad
Contrario a la percepción general, la mayoría de los virus no afecta a los seres humanos. En ecosistemas acuáticos como El Tatio, cumplen funciones ecológicas fundamentales: regulan las poblaciones de bacterias y arqueas, manteniendo el equilibrio del sistema.
A través de un proceso conocido como “desvío viral”, facilitan el reciclaje de nutrientes esenciales como carbono, nitrógeno y fósforo. Al infectar y lisar microorganismos, liberan materia orgánica que vuelve a estar disponible para la comunidad, sosteniendo el flujo de energía en ambientes donde los recursos son limitados.
Lo que convierte a El Tatio en un punto crítico para la ciencia es su potencial endemismo. Debido a su aislamiento geográfico y condiciones fisicoquímicas únicas, es altamente probable que albergue comunidades virales que no existen en ningún otro lugar del planeta.
Metagenómica: la tecnología para leer lo invisible
El proyecto, financiado por ANID-Fondecyt (1230217), utiliza herramientas de vanguardia como la metagenómica, técnica que permite secuenciar material genético directamente desde muestras ambientales sin necesidad de cultivar los virus en laboratorio —un desafío casi imposible en especies extremófilas.
“Generar nuevo conocimiento nos permite evidenciar la urgencia de proteger esta biodiversidad mediante una gestión sustentable. Los ecosistemas del altiplano y del desierto de Atacama están hoy bajo presión directa del cambio climático y de las actividades humanas”, advierte la Dra. Díez.
El equipo busca determinar si estos virus actúan como verdaderos “motores de adaptación”, transfiriendo genes de resistencia entre microorganismos y facilitando su supervivencia frente al calor extremo o la radiación.
Del Tatio al espacio: una mirada astrobiológica
La relevancia del estudio trasciende las fronteras de Chile. En un escenario global marcado por la creciente aridez asociada al cambio climático, comprender cómo la vida persiste en los límites del Tatio ofrece pistas sobre el futuro de otros ecosistemas.
Además, la comunidad científica internacional observa estos hallazgos con especial interés. Las condiciones extremas del desierto de Atacama son consideradas análogos terrestres de Marte. Investigar la dinámica viral en estos entornos no solo contribuye a la conservación del patrimonio natural, sino que amplía nuestra comprensión sobre la posible existencia de vida en otros planetas.
El Centro de Regulación del Genoma es un Instituto Milenio que reúne a investigadores de diversas universidades chilenas para estudiar los mecanismos moleculares que regulan la expresión génica en distintos contextos biológicos, incluidos los ecosistemas extremos.
La entrada Virus extremos en El Tatio: la biodiversidad invisible que sostiene la vida en condiciones límite se publicó primero en Revista Ecociencias.
☞ El artículo completo original de Revista Ecociencias lo puedes ver aquí