El descubrimiento de más de una decena de árboles petrificados, cerca de Pilcaniyeu, aportará nuevas pistas sobre los ecosistemas que existieron durante el Eoceno y permitirá profundizar en la historia ambiental del sur de Sudamérica.
La estepa patagónica, caracterizada hoy por sus paisajes áridos y el predominio de pastizales, alguna vez albergó bosques muy distintos a los actuales. Un reciente hallazgo en la provincia argentina de Río Negro abre una nueva ventana para comprender ese pasado: especialistas identificaron tres nuevos sitios paleontológicos con restos de bosques petrificados de aproximadamente 50 millones de años de antigüedad, un registro excepcional que permitirá estudiar cómo eran los ecosistemas que habitaron la región durante el período Eoceno.
El descubrimiento se realizó en un establecimiento rural ubicado en las cercanías de Pilcaniyeu, a unos 80 kilómetros al sur de San Carlos de Bariloche, luego de que el propietario del predio informara la presencia de posibles restos fósiles. Tras la denuncia, la Secretaría de Cultura de Río Negro, a través de la Dirección de Patrimonio y Museos, activó un operativo de inspección para verificar el hallazgo y asegurar la protección del patrimonio paleontológico.
Las tareas se desarrollaron en el marco del Plan Provincial de Conservación e Investigación del Patrimonio Cultural y Natural, con la participación de especialistas de la Dirección de Patrimonio y Museos, la Asociación Paleontológica de Bariloche, el Centro Educativo de Perfeccionamiento Específico (CEPE) Bariloche y la Patrulla Ambiental del Escuadrón 34 Bariloche de Gendarmería Nacional.
Un bosque fósil que comienza a contar su historia
Durante las prospecciones, el equipo identificó tres sitios paleontológicos diferentes que reúnen más de trece ejemplares de árboles petrificados. Los análisis preliminares indican que los restos corresponden a coníferas y angiospermas, el amplio grupo vegetal que incluye a las plantas con flores.
Uno de los aspectos que más interés ha despertado entre los especialistas es que este tipo de flora no había sido registrado previamente en esa zona de Río Negro. Esta particularidad podría aportar información inédita sobre la distribución de la vegetación durante el Eoceno y contribuir a reconstruir con mayor precisión la evolución de los ecosistemas patagónicos a lo largo de millones de años.
Sin embargo, serán los estudios que se desarrollarán en laboratorio los que permitirán determinar con exactitud las especies representadas, su antigüedad y el contexto ambiental en el que crecieron estos antiguos bosques.
Cuando la Patagonia era más cálida y verde
Los restos fósiles fueron datados de manera preliminar en el Eoceno, un período geológico que se extendió entre hace aproximadamente 56 y 34 millones de años. Durante esa época, la Tierra experimentó uno de los intervalos cálidos más importantes del Cenozoico, con temperaturas globales superiores a las actuales y condiciones ambientales muy distintas en numerosas regiones del planeta.
En ese contexto, la Patagonia presentaba ambientes capaces de sostener una vegetación mucho más abundante y diversa que la observada en la actualidad. La presencia de árboles pertenecientes a distintos grupos vegetales sugiere la existencia de bosques complejos, aunque serán las futuras investigaciones las que permitan reconstruir con mayor detalle las características de esos ecosistemas.
Un patrimonio que ayuda a comprender el pasado
Además de su valor científico, el descubrimiento pone de relieve la importancia de proteger el patrimonio paleontológico y el papel que desempeña la comunidad en su conservación. En este caso, el hallazgo fue posible gracias al aviso oportuno del propietario del establecimiento rural, lo que permitió que los especialistas actuaran antes de que los restos pudieran deteriorarse.
Tras documentar cada ejemplar mediante georreferenciación, registros fotográficos y protocolos de extracción, los fósiles fueron trasladados al Museo Paleontológico de Bariloche, donde permanecerán bajo resguardo mientras se realizan estudios anatómicos, taxonómicos y geológicos.
Estos análisis permitirán conocer con mayor precisión qué especies integraban aquellos antiguos bosques y cómo evolucionaron los paisajes del norte de la Patagonia durante uno de los períodos más cálidos de la historia de la Tierra.
Cada nuevo fósil recuperado constituye una pieza del rompecabezas de la historia natural de Sudamérica. En este caso, los bosques petrificados de Río Negro no solo amplían el registro paleobotánico de la región, sino que también ofrecen una oportunidad para comprender cómo cambiaron los ecosistemas a lo largo de millones de años y cómo la evidencia fósil continúa revelando capítulos desconocidos del pasado del continente.
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