El 10 de julio de 2026, la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC) autorizó a una startup de Hawthorne, California, a lanzar un satélite con un espejo de 18 metros que reflejará luz solar hacia zonas oscuras de la Tierra por la noche. La FCC aprobó la licencia. La comunidad astronómica mundial reaccionó con alarma. El debate que empieza ahora no es sobre si el espejo funciona —probablemente sí— sino sobre quién tiene autoridad para decidir cómo es el cielo nocturno del planeta.
La empresa es Reflect Orbital, fundada por Ben Nowack. El satélite, llamado Eärendil-1, pesa 142 kilogramos y lleva un reflector de película delgada que puede desplegarse hasta medir 18 metros por 18 metros. En órbita a entre 600 y 650 kilómetros de altitud, puede dirigir un parche de luz solar hacia un área circular de aproximadamente 5 kilómetros de diámetro en la superficie terrestre. Las aplicaciones que la empresa describe: extender las horas de luz para parques solares, iluminar zonas de búsqueda y rescate, dar luz a obras de construcción en regiones remotas. El precio de referencia, si el satélite funciona como se espera: unos 5.000 dólares por hora por contrato anual de mínimo 1.000 horas.
Los planes más allá del primer satélite: de 2 a 50.000
Eärendil-1 es una demostración. Reflect Orbital tiene publicado en su web un calendario de expansión:
- Finales de 2026: 2 satélites, capaces de proyectar 0,1 lux durante 5 minutos. Comparado con la luna llena.
- 2027: 36 satélites, 2 lux durante 2,5 horas. Comparable a iluminación de calle.
- Finales de 2028: 1.000 satélites de mayor tamaño.
- 2030: 5.000 satélites.
- 2035: más de 50.000 satélites, con capacidad para simular horas de luz diurna.
Ahí está el problema. La FCC autorizó un único satélite de demostración. Cada etapa siguiente requeriría autorizaciones adicionales. Pero el precedente del primer satélite es el que los astrónomos querían impedir, y no pudieron.
Por qué los astrónomos dicen que es «peor que Starlink»
El cometa de la constelación Starlink de SpaceX ya ha generado miles de informes de interferencias en observatorios de todo el mundo. El ESO (Observatorio Europeo Austral) publicó en julio de 2026 un análisis que fija en 100.000 el límite de satélites en órbita que la astronomía puede tolerar sin ver comprometida su capacidad de observación: SpaceX planea un millón. Si ese análisis ya es preocupante para satélites de comunicación que reflejan luz de forma accidental, un satélite diseñado específicamente para maximizar el reflejo de luz solar es cualitativamente diferente.
Tony Tyson, científico jefe del Observatorio Vera C. Rubin, ha descrito la propuesta de Reflect Orbital como «incluso más disparatada» que las constelaciones de Starlink. El Observatorio Vera C. Rubin, que empezó sus operaciones en 2025 y está diseñado para capturar millones de exposiciones sensibles de campo amplio del cielo, es exactamente el tipo de instalación más afectada: un objeto brillante en movimiento atravesando el campo de visión mientras se toma una exposición de larga duración es como alguien cruzándote delante de la cámara con un reflector. La información del objeto que intentabas capturar se pierde.
El modelo del ESO publicado en junio de 2026 cuantifica el impacto. Una constelación de 5.000 satélites de Reflect Orbital podría aumentar el brillo del cielo nocturno en un 20-30%. Con 50.000, el aumento sería del 200-300%: el cielo de fondo sería de tres a cuatro veces más brillante que la línea de base natural. La astrónoma Samantha Lawler fue más directa: «Me aterra que un país pueda cambiar el cielo nocturno para todo el mundo.»
Lo que la FCC dijo (y lo que no dijo)
La FCC aprobó porque tiene autoridad para hacerlo, no porque sea el regulador más adecuado para esta decisión. La ley de comunicaciones de EE.UU. establece que es política del país «fomentar la provisión de nuevas tecnologías y servicios al público». Los efectos del satélite sobre la astronomía, la vida silvestre o los ritmos circadianos de los ecosistemas son, según la FCC, «ajenos a nuestra revisión y autorización».
La pregunta que Dark Sky UK planteó en un análisis inmediato tiene más peso que la respuesta de la FCC: «Si el regulador que autoriza estos satélites no tiene mandato para examinar qué hacen realmente al cielo o a la Tierra por debajo, ¿entonces quién lo tiene?»
La respuesta técnica es que la EPA (Agencia de Protección Ambiental) y la NASA serían las agencias relevantes para esas preocupaciones. Ninguna de las dos tiene autoridad para bloquear un lanzamiento autorizado por la FCC.
Amazon’s Project Kuiper ha abordado la preocupación por la contaminación lumínica recubriendo sus satélites con un film dieléctrico que dispersa la luz reflejada: es exactamente lo contrario de lo que diseña Reflect Orbital, cuyo producto es precisamente maximizar el reflejo de luz. BlueBird 6, el satélite de AST SpaceMobile que tiene la antena activa más grande en órbita baja, ya ha generado debates sobre el impacto en la observación astronómica de objetos grandes y brillantes en LEO: un espejo de luz solar va más allá.
Mi valoración
Que la FCC haya autorizado Eärendil-1 es coherente con su misión y con la ley que la regula. Lo que no es coherente es el vacío regulatorio que deja: ninguna agencia tiene autoridad para decidir cuánta luz artificial puede añadir al cielo nocturno una empresa privada en nombre de la innovación.
Lo que más me convence de la preocupación de los astrónomos no es el impacto de un solo satélite, sino el precedente. Una vez que un satélite de espejo está en órbita y funciona, la presión comercial para escalar es enorme. Y en 2035, si Reflect Orbital tiene 50.000 satélites, el cielo nocturno que habrán conocido mil generaciones de humanos habrá desaparecido. No como consecuencia de una decisión pública deliberada sino de la acumulación de autorizaciones individuales que nadie consideró juntas.
Lo que más me preocupa es la jurisdicción. La FCC es americana. El cielo nocturno es global. Los observatorios del ESO en Chile o los telescopios de La Palma no tienen representación en el proceso regulatorio americano que acaba de autorizar esta tecnología.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo lanzará Reflect Orbital su primer satélite?
La empresa no ha dado una fecha exacta, pero la licencia de la FCC es efectiva y la compañía ha publicado un calendario que sitúa el lanzamiento de Eärendil-1 «a finales de 2026». El satélite ya está construido, según declaraciones de la compañía.
¿El satélite puede dañar la vista si alguien lo mira directamente?
La propia Reflect Orbital ha reconocido que puede causar daño ocular si alguien lo observa a través de un telescopio con apertura superior a 12 pulgadas (unos 30 cm). La FCC concluyó que el riesgo de que una persona concreta use un telescopio de ese tamaño en el momento exacto en que el satélite pase sobre su posición es suficientemente bajo para no ser un motivo de denegación.
¿Pueden otros países bloquear el lanzamiento o los vuelos sobre su territorio?
No directamente. Las licencias de la FCC cubren operaciones desde territorio americano. El derecho espacial internacional (Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967) no incluye mecanismos para que países bloqueen satélites de terceros por impacto en el cielo nocturno. Las protestas de las agencias científicas internacionales no tienen efecto vinculante sobre la FCC.
☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí
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