
En 2007, en la ciudad finlandesa de Kuopio, un equipo de investigadores reclutaron a poco más de 500 niños de entre 7 y 9 años. Su idea era responder a una pregunta aparentemente sencilla: ¿cuánto influye moverse en el desarrollo de los niños?
Durante el estudio, midieron la actividad física, midieron la dieta y, casi de propina, preguntaron por las horas que pasaban haciendo determinadas cosas. Entre ellas, mirando pantallas.
Ocho años después, cuando trataron de ver cómo iba el desarrollo cognitivo de los 260 participantes que estaban aún vinculados al proyecto, los investigadores se llevaron una sorpresa.
¿Y si las pantallas son buenas? Iban buscando otra cosa, es cierto; pero, como publicaron en Pediatric Exercise Science hace unas semanas, la actividad física no parece tener una relación clara y directa con la cognición adolescente. En cambio, lo que sí encontraron es que quienes habían acumulado más tiempo de pantalla desde la infancia puntuaban mejor en procesamiento cognitivo y en cognición global.
Parafraseando a los autores, "acumular menos actividad física no supervisada y más tiempo de pantalla desde la infancia hasta la adolescencia se asoció con mejor cognición en la adolescencia". Y eso es cierto aún cuando ya hemos ajustado los datos por edad, sexo, educación parental o capacidad cognitiva previa.
El asunto es que creíamos justo lo contrario. Aunque el estudio tiene algunas limitaciones metodológicas (que, pese a ser razonables, no debemos olvidar), resulta muy importante porque previamente la investigación (que también tenía problemas metodológicos) iba por el camino contrario.
El estudio más citado es el de Walsh y colaboradores que en 2018 miraron a 4.520 niños de entre 8 y 11 años y llegaron a la conclusión de que superar más de dos horas de pantallas recreativas era un problema a nivel desarrollo cognitivo.
¿Cómo es posible tanta diferencia de criterios? En realidad, la explicación es más sencilla de lo que parece. Un error en el que también he incurrido yo deliberadamente al escribir este texto: hablar de pantallas en general. Lo que nos vienen a decir los investigadores es que "horas de pantalla" no significa nada. No es lo mismo que esa pantalla la usemos para leer, ver dibujos, hacer deberes, resolver puzles o hacer scroll.
Como explicaba el neuropsicólogo Aarón del Olmo hace unos días en relación a otro estudio, gran parte de los efectos a largo plazo que podemos encontrar en los niños se debe al 'coste de oportunidad' y no a la pantalla en sí. Es decir, a que si estamos sentados scrolleando no estamos haciendo otra cosa beneficiosa para nosotros. En este sentido, si lo que hacemos es leer, el coste cognitivo de oportunidad es menor que si hacemos otras cosas.
Lo que emerge estudio tras estudio es que el problema es el patrón de uso y no el contador de horas.
¿Esto cambia mucho lo que ya sabíamos? Un poco, pero no demasiado. Sobre todo, porque estamos hablando de resultados de hace más de una década. Es decir, que miden unos patrones de uso de pantallas (televisión, ordenador de sobremesa, primeros móviles, etc...) que hoy no existen.
Por otro lado, sí ayuda a ver tridimensionalmente el problema en cuestión: que no hay respuesta sencillas. Y el mejor ejemplo es Australia, que prohibió las redes a menores de 16 años en diciembre de 2025 y el resultado, según los primeros análisis, es que el uso subió entre los mayores de 16 años (aunque bajó entre chavales de 14 y 15).
Imagen | Richard R
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La noticia Después de años escuchando lo contrario, este estudio finlandés dice que pasar mucho tiempo frente a una pantalla favorece el rendimiento cognitivo fue publicada originalmente en Xataka por Javier Jiménez .
☞ El artículo completo original de Javier Jiménez lo puedes ver aquí
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