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Entre 1945 y 1980 la humanidad reventó cientos de bombas nucleares al aire libre. Era la Guerra Fría, y eso de probar bombas a ver quién la tenía más larga era el no va más. Tú, aunque nacieras en 1995, llevas la huella de esas explosiones dentro. Tranquilidad, que no hablo de radiación que te vaya a hacer daño. Hablo de un reloj tan preciso que ha permitido saber qué partes de tu cuerpo se renuevan y cuáles siguen siendo las mismas.
El hombre que inventó cómo leerlo pasó parte de los años 50 intentando conseguir cadáveres de bebés. ¡Acompáñame!
Proyecto Luz del Sol
Era enero de 1955 en una fría sala de la Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos. Papeles con el sello de “secreto” y una treintena de científicos. Habla Willard Libby, químico de Chicago. Era el mismo tipo que había descubierto cómo fechar restos orgánicos con carbono-14 (le darían el Nobel en 1960). Libby dirige un programa que se llama Project Sunshine. Proyecto Luz del Sol.
Lo que buscan es estroncio-90, que es un residuo de las bombas que el cuerpo confunde con el calcio. Por eso lo guarda en los huesos… pero sobre todo en los huesos que están creciendo. Para medirlo necesitan esqueletos humanos, cuanto más jóvenes mejor. Así que Libby, para conseguir más esqueletos, suelta, delante de todos:
si alguien sabe hacer un buen trabajo robando cadáveres estará sirviendo de verdad a su país.
No era una broma. Llevaban desde 1953 pagando a un bufete de abogados para que estudiara la legalidad del asunto. Y los huesos llegaron, de varios países, sin que ninguna familia firmara nada. Acuérdate de Libby, que vuelve al final.
La marca de agua del aire
A ver, lo del carbono-14, es más sencillo de lo que suena. Imagina que el aire tiene una marca de agua, como los billetes de cincuenta euros. Los rayos cósmicos que llegan del espacio fabrican sin parar una versión un poco rara del carbono, el carbono-14, y siempre hay más o menos la misma proporción en la atmósfera.
Las plantas lo chupan al hacer la fotosíntesis. Tú te comes las plantas, o al cerdo que se comió las plantas, o el jamón de ese cerdo (esto es España). Y cada proteína que fabricas ese año lleva la marca de agua del aire de ese año. Durante milenios, eso fue aburridísimo y previsible… hasta que llegaron los 50.
Estados Unidos y la Unión Soviética se pasaron una década detonando bombas en la atmósfera como quien tira petardos en Nochevieja. Unas bombas cada vez más gordas. El 30 de octubre de 1961 los soviéticos soltaron la Tsar Bomba sobre Nueva Zembla, unos 50 megatones, la explosión más brutal que ha provocado nunca un ser humano. Cada una de esas detonaciones fabricaba carbono-14 a lo bestia. En 1963 el aire del hemisferio norte tenía casi el doble de lo normal.
Ese mismo verano, el 5 de agosto de 1963, se firmó en Moscú el tratado que prohibía las pruebas en la atmósfera (Francia y China siguieron un tiempo a su aire, porque siempre hay alguien que no lee el grupo de WhatsApp). Y el carbono-14 empezó a bajar.
Ojo, que aquí se equivoca mucha gente, incluidos divulgadores con muchos más seguidores que yo. No baja porque se desintegre. El carbono-14 tarda unos 5.730 años en bajar su concentración a la mitad (te lo recuerdo por si se te olvido la clase del instituto). Aunque baja porque los océanos y las plantas se lo van tragando, poquito a poco, año a año.
El resultado es una curva con forma de pico. Una aleta de tiburón dibujada en el cielo Los geofísicos la llaman bomb pulse, el pulso de las bombas.
Por si te lo estás preguntando: Palomares no puso ni un átomo en esa curva. En 1966 cayeron bombas en Almería, sí, pero no explotó nada nuclear. Lo de Fraga metiéndose en el agua en bañador para demostrar que no pasaba nada fue unas semanas después, y eso ya es otro artículo. Uno bastante cutre, por cierto. Bueno, a lo que iba.
Un sello de fecha que llevamos todos puesto
Lo bestial es que si tu cuerpo fabrica una molécula en 1964, lleva la marca del pico. Si la fabrica en 1990, lleva una marca mucho más bajita. Y en 2020, casi la de siempre. Así que si mides cuánto carbono-14 tiene un trozo de tejido y lo colocas al lado de la curva, sabes cuándo se fabricó.
La mayor locura armamentística del siglo XX convertida en un reloj que llevamos puesto los ocho mil millones.
El primero que se dio cuenta de que esto servía para estudiar el cuerpo humano fue Jonas Frisén, un neurobiólogo del Instituto Karolinska de Estocolmo. En 2005 publicó en Cell que podía calcular la “fecha de nacimiento” de las células midiendo el carbono. Por ejemplo: las neuronas de tu corteza cerebral tienen tu misma edad, mientras que las células que tapizan tu intestino son unas crías de pocos años (el intestino se recambia a lo loco).
A partir de ahí, todo el mundo se puso a fechar cosas. Unos daneses descubrieron que las proteínas del cristalino de tu ojo son las mismas desde antes de que nacieras. No se cambian nunca. Y en 2016 le midieron el cristalino a un tiburón de Groenlandia y le calcularon unos 400 años, con un margen de más o menos un siglo. O sea, ese bicho nadaba por el Ártico cuando Velázquez pintaba Las Meninas. Incluso algunas tortugas de Galápagos te han conocido a ti y a Darwin.
Pero lo que nos interesa
En Copenhague, un equipo de medicina deportiva se hizo la pregunta:
¿por qué narices se cura tan mal? ¿Por qué un músculo roto se arregla en semanas y un tendón tarda meses y nunca vuelve a ser el mismo?
Para responderla necesitaban tendones. Y los buscaron, de gente de edades muy distintas, nacida antes, durante y después del pico de las bombas. Los consiguieron igual que Libby. En la mesa de autopsias. Aunque esta vez, con permiso.
El próximo día te cuento cómo lo descubrieron y qué pasa con el cartílago de tu rodilla. Quizás descubras qué tiene que ver todo esto con los tendones que empiezan a doler años antes de que te des cuenta, y por qué el mercado de la “medicina regenerativa” debería estar muy nervioso con estos datos.
Te diré también qué puedes hacer. (Sí, hay cosas, aunque no las que te están vendiendo)
Fuentes
Project Sunshine
Advisory Committee on Human Radiation Experiments. Documentos sobre Project Sunshine, incluida la transcripción desclasificada de la reunión del 18 de enero de 1955. National Security Archive. https://nsarchive2.gwu.edu/radiation/dir/mstreet/commeet/meet15/brief15/tab_d/br15d2.txt
The Globe and Mail. Project Sunshine’s dark secret. 6 de junio de 2001. https://www.theglobeandmail.com/news/national/project-sunshines-dark-secret/article1031823/
Bomb pulse y datación de tejidos humanos
Johnstone-Belford E, et al. A review of bomb pulse dating and its use in the investigation of unidentified human remains. J Forensic Sci. 2020. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/1556-4029.14227
☞ El artículo completo original de La traumatóloga geek lo puedes ver aquí
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