4 de febrero de 2026

Cuando el peligro no termina con el primer temblor

terremoto

Un terremoto fuerte suele sentirse como el final de un episodio, pero en sismología muchas veces es solo el principio. Las réplicas son esos temblores posteriores que llegan cuando la gente intenta salir, cuando los equipos de rescate entran en edificios dañados o cuando se restablecen servicios críticos. En ocasiones, el daño añadido de una réplica puede ser tan grave —o más— que el del evento principal, porque encuentra estructuras ya debilitadas y comunidades en pleno esfuerzo de respuesta.

El problema práctico es que, tras un sismo relevante, autoridades y servicios de emergencia necesitan una idea rápida y razonable de qué puede ocurrir en las siguientes horas. Es como si, después de una tormenta, tuvieras que decidir en minutos si conviene cerrar una carretera por riesgo de desprendimientos: no esperas el informe perfecto de varios días si puedes disponer de un pronóstico fiable en el momento.

De horas o días a segundos: el salto operativo

Hasta ahora, los métodos habituales para estimar el riesgo de réplicas podían requerir mucho tiempo de cálculo. Un ejemplo clave es el modelo ETAS (Epidemic-Type Aftershock Sequence), uno de los sistemas más utilizados para describir y prever secuencias de réplicas y que se emplea de forma operativa en países como Italia, Nueva Zelanda y Estados Unidos, según explica el British Geological Survey (BGS) en una nota de prensa fechada el 25 de noviembre de 2025.

La lógica de ETAS es potente, pero su coste computacional no es trivial: necesita ejecutar muchas simulaciones para generar pronósticos, y eso puede traducirse en esperas de varias horas o incluso días en un ordenador de gama media, especialmente tras ciertos eventos. En un contexto de crisis, esa demora es como tener un mapa excelente que llega cuando ya te has tenido que poner en marcha sin él.

Frente a esa limitación, un equipo del BGS, la Universidad de Edimburgo y la Universidad de Padua ha desarrollado herramientas de inteligencia artificial capaces de producir estimaciones de réplicas casi en tiempo real. La idea central no es “adivinar” el futuro con magia, sino aprender patrones a partir de grandes volúmenes de datos sísmicos históricos para acelerar cálculos que, por vías tradicionales, requieren más recursos.

Cómo se entrena una herramienta de aprendizaje automático para réplicas

En estos modelos, la materia prima es el registro de terremotos pasados. Los investigadores entrenaron sus sistemas de aprendizaje automático con datos reales de regiones con actividad sísmica frecuente y características tectónicas distintas: California, Nueva Zelanda, Italia, Japón y Grecia. Esa diversidad es importante porque la Tierra no se comporta igual en todas partes: no es lo mismo una “bisagra” tectónica que una “cremallera” de fallas; ambos mecanismos pueden generar secuencias de réplicas con ritmos y distribuciones diferentes.

Con un entrenamiento que combina experiencias de varios “paisajes” tectónicos, los autores sostienen que estas herramientas podrían aplicarse en la mayoría de zonas del mundo expuestas a terremotos. Dicho de forma cotidiana: si solo aprendes a conducir en calles tranquilas, la autopista te intimida; si practicas en ciudad, carretera y lluvia, tu conducción se adapta mejor. Con los modelos ocurre algo parecido: más variedad de escenarios ayuda a que el sistema generalice.

Qué se evaluó exactamente: magnitud y ventana de 24 horas

Para medir el rendimiento, el equipo analizó la capacidad de sus modelos de prever cuántas réplicas ocurrirían durante las 24 horas posteriores a terremotos de magnitud 4 o superior. Ese detalle no es menor. Elegir una ventana de un día tiene sentido operativo porque es cuando se toman muchas decisiones urgentes: despliegue de recursos, perímetros de seguridad, evaluación de daños, accesos a infraestructuras y protección del personal que trabaja “a pie de calle”.

Después compararon el desempeño con el modelo ETAS. El resultado, según el comunicado del BGS, es que ambos enfoques ofrecen una calidad de pronóstico similar en términos de estimación del riesgo de réplicas. La diferencia crítica está en el tiempo: mientras ETAS puede tardar mucho por su enfoque basado en simulaciones múltiples, los modelos de inteligencia artificial generan su salida en segundos y con un coste computacional bajo.

En la práctica, esto abre un enfoque híbrido muy atractivo: usar una herramienta rápida para orientar decisiones tempranas y, si es necesario, complementar con métodos más intensivos cuando haya tiempo y capacidad de cálculo. No se trata de reemplazar por reemplazar, sino de sumar herramientas que encajan en distintos momentos de la emergencia.

Por qué la velocidad importa tanto en una crisis sísmica

La rapidez no es un capricho tecnológico: es una ventaja tangible para la gestión del riesgo. Si un pronóstico llega en segundos, puede integrarse en flujos operativos que funcionan en tiempo real, justo cuando la información es más valiosa. Las autoridades pueden evaluar dónde conviene restringir accesos, qué zonas priorizar para inspecciones estructurales o cómo distribuir equipos de rescate, especialmente si hay incertidumbre sobre la estabilidad de edificios e infraestructuras.

Imagínalo como el aviso de tráfico que aparece en el móvil antes de salir: no elimina el atasco, pero te permite elegir mejor la ruta. Con las herramientas de pronóstico de réplicas, el objetivo es parecido: reducir exposición al peligro en las horas más delicadas y asignar recursos con mayor criterio.

Catálogos sísmicos más finos y modelos que aprenden: un círculo virtuoso

En la publicación científica asociada, difundida por el BGS como aparecida en la revista Earth, Planets and Space, se destaca un punto que ayuda a entender el potencial futuro: la combinación de modelos de aprendizaje automático con catálogos sísmicos de alta resolución que se actualizan casi en tiempo real. Si los catálogos son como el “diario” detallado de lo que está ocurriendo bajo los pies, un modelo rápido puede leer ese diario al vuelo y ajustar su pronóstico mientras la crisis evoluciona.

La líder del estudio, Foteini Dervisi, doctoranda en el BGS y en la School of GeoSciences de la Universidad de Edimburgo, subraya precisamente esa idea: pronósticos de réplicas en segundos con una calidad comparable a ETAS y con un coste computacional bajo, lo que facilitaría su uso operativo y mejoraría la monitorización de crisis sísmicas conforme se desarrollan.

Esta visión encaja con una tendencia más amplia en ciencias de la Tierra: pasar de análisis “de despacho” que llegan tarde, a sistemas capaces de acompañar el evento casi en directo, sin perder rigor.

Financiación y colaboración internacional

El trabajo no nace en el vacío. El BGS indica que la investigación contó con apoyo del programa Horizon 2020 de la Unión Europea, dentro de una red de formación e innovación Marie Skłodowska-Curie denominada SPIN Innovative Training Network. Este tipo de iniciativas suele impulsar colaboraciones entre centros, movilidad de investigadores y desarrollo de capacidades, algo especialmente útil en un campo donde los datos, los métodos y las necesidades operativas cruzan fronteras.

También es relevante el carácter internacional del propio entrenamiento de los modelos: usar terremotos de regiones distintas no solo aporta variedad tectónica, sino que conecta prácticas y estándares de datos entre comunidades científicas.

Qué cambia para el futuro de la predicción de réplicas

Conviene ser precisos con las expectativas. Estas herramientas no “evitan” terremotos ni prometen certezas absolutas, porque la sismología trabaja con probabilidades y con sistemas naturales complejos. Lo que sí proponen es mejorar el pronóstico de réplicas en el periodo de mayor urgencia, con una relación coste-tiempo muy favorable.

Si la comparación con ETAS se mantiene en diferentes escenarios y con implementaciones operativas, el impacto más visible será práctico: decisiones más rápidas con información cuantitativa, menor dependencia de grandes recursos de computación y capacidad de actualizar estimaciones a medida que se registran nuevos eventos.

En otras palabras, es como pasar de hacer pan a mano en una cocina improvisada a tener un horno eficiente que mantiene la calidad y acelera el proceso. La receta sigue siendo científica y exigente; lo que cambia es la velocidad con la que puedes servir el resultado cuando más hace falta.


La noticia Cuando el peligro no termina con el primer temblor fue publicada originalmente en Wwwhatsnew.com por Natalia Polo.


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Siete nuevos materiales cerámicos nacen al quitar oxígeno: una lección de termodinámica aplicada

materiales

La investigación en materiales cerámicos avanzados suele asociarse a procesos complejos, largos y llenos de ensayo y error. Un equipo de científicos de la Penn State University ha demostrado que, en ocasiones, el camino más directo es también el más eficaz. Su trabajo ha permitido sintetizar siete nuevos óxidos cerámicos de alta entropía simplemente controlando algo tan aparentemente básico como la cantidad de oxígeno presente durante la fabricación. El estudio, publicado en la revista Nature Communications, abre nuevas posibilidades para crear materiales que hasta ahora se consideraban inestables o directamente inalcanzables.

Cerámicas de alta entropía: orden dentro del caos

Las cerámicas de alta entropía, conocidas como HEO por sus siglas en inglés, se caracterizan por combinar cinco o más metales distintos en una sola estructura cristalina. A primera vista, esta mezcla parece una receta para el desorden, como intentar que demasiadas personas distintas compartan una cocina diminuta. Sin embargo, la física juega a favor de estos materiales. La alta entropía actúa como un pegamento estadístico que estabiliza la estructura y le confiere propiedades mecánicas, térmicas y eléctricas muy atractivas para aplicaciones tecnológicas.

El reto histórico ha sido lograr que ciertos metales, como el hierro o el manganeso, se mantengan estables dentro de estas estructuras. En condiciones normales, estos elementos tienden a reaccionar con el oxígeno de forma excesiva, lo que altera la arquitectura del material y lo vuelve inutilizable.

El papel decisivo del oxígeno en la síntesis

La clave del avance está en algo tan cotidiano como el aire. Durante la síntesis en un horno tubular, los investigadores redujeron cuidadosamente la cantidad de oxígeno disponible. Este ajuste impidió que el hierro y el manganeso captaran más oxígeno del deseado, obligándolos a permanecer en un estado químico concreto, conocido como estado de oxidación 2+, compatible con la estructura cristalina tipo sal gema o rock salt.

Puede compararse con cocinar a fuego lento en lugar de a máxima potencia. El plato es el mismo, pero el resultado cambia radicalmente. Al limitar el oxígeno, los átomos se comportan de forma más predecible y aceptan convivir en una estructura estable que antes parecía imposible.

Termodinámica como guía práctica

Durante años, la síntesis de estos materiales se trató como un rompecabezas demasiado complejo. El enfoque del equipo de Penn State fue volver a los fundamentos y usar la termodinámica como brújula. En lugar de probar combinaciones al azar, se analizaron las condiciones energéticas que favorecen la estabilidad de cada elemento dentro del material.

Este marco teórico permitió identificar, en un solo paso experimental, siete combinaciones diferentes capaces de formar cerámicas estables. El hallazgo demuestra que comprender bien las reglas básicas de la química de materiales puede ser más potente que añadir capas de complejidad técnica.

La ayuda de la inteligencia artificial

Una vez validada la idea inicial con una primera composición experimental, el trabajo se aceleró gracias a herramientas de aprendizaje automático. Estos sistemas, entrenados para evaluar miles de combinaciones posibles en segundos, actuaron como un filtro inteligente. De este modo, se identificaron rápidamente otras seis composiciones con altas probabilidades de éxito antes incluso de entrar al laboratorio.

La inteligencia artificial funcionó aquí como un mapa antes de iniciar una expedición. No sustituye al trabajo experimental, pero evita caminar a ciegas y reduce drásticamente el número de intentos fallidos.

Confirmar lo invisible: ver estados atómicos

Comprobar que el hierro y el manganeso se mantenían en el estado químico correcto requería técnicas avanzadas. Para ello, el equipo colaboró con investigadores de la Virginia Tech, utilizando métodos de absorción de rayos X capaces de revelar el comportamiento electrónico de cada elemento.

Estas mediciones confirmaron que los nuevos materiales conservaban la estructura deseada y que el control del oxígeno había funcionado como se esperaba. En ciencia de materiales, ver lo que ocurre a nivel atómico es esencial para confiar en que un material funcionará también a gran escala.

De la teoría al pellet cerámico

El trabajo no se quedó en simulaciones o muestras microscópicas. Los investigadores fabricaron pellets cerámicos macroscópicos, sólidos y manipulables, demostrando que los materiales no solo existen en teoría, sino que pueden producirse de forma práctica. En este proceso participaron estudiantes de grado, que se encargaron de prensar, sinterizar y caracterizar las muestras, una experiencia formativa poco habitual en investigaciones de este nivel.

Este aspecto educativo refuerza la idea de que la ciencia de materiales no es solo un campo de laboratorio, sino también una escuela donde se forman las próximas generaciones de investigadores.

Aplicaciones que miran al futuro

Aunque el estudio se centró en la síntesis y estabilización, el potencial práctico es amplio. Estas cerámicas de alta entropía podrían emplearse en almacenamiento de energía, electrónica avanzada, revestimientos protectores y sistemas donde la resistencia al calor y al desgaste es crítica. El siguiente paso del equipo será estudiar propiedades magnéticas, un aspecto clave para aplicaciones en sensores y dispositivos electrónicos.

La metodología desarrollada también se plantea como una plantilla adaptable a otros tipos de materiales complejos que hoy se consideran demasiado inestables para fabricarse.

Reconocimiento y proyección científica

El impacto del trabajo ha sido notable dentro de la comunidad científica, con miles de accesos al artículo poco después de su publicación. Parte del equipo presentó los resultados en el congreso anual de la American Ceramic Society, un reconocimiento poco habitual para estudiantes de grado y una señal clara de la relevancia del avance.

Más allá de los nuevos materiales concretos, el mensaje de fondo es claro. A veces, innovar en ciencia no implica añadir más ingredientes, sino aprender a retirar el justo. En este caso, quitar oxígeno ha permitido abrir una puerta a materiales que estaban esperando, literalmente, a respirar menos.




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El 1 de agosto de 1828 un capitán inglés se pegó un tiro en Chile. Y gracias a eso Darwin ideó la teoría de la evolución

El 1 de agosto de 1828 un capitán inglés se pegó un tiro en Chile. Y gracias a eso Darwin ideó la teoría de la evolución

El 1 de agosto de 1828, en Puerto del Hambre, Chile, un capitán inglés se pegó un tiro en la cabeza. Murió doce días después, en su camarote, entre gemidos y gritos de dolor. Su tumba aún está allí, decorada con cartas náuticas. Dos años tardó su barco, el HMS Beagle, en llegar de nuevo a Plymouth y cuando lo hizo llevaba a un aristócrata de 26 años llamado Robert FitzRoy como capitán.

Junto con el Titanic, la Santa María y el Nautilus, el Beagle es uno de los navíos más conocidos del mundo. Durante cinco años fue la casa de un jovencísimo naturalista inglés llamado Charles Darwin que, con el paso de los años, llegaría a enunciar una de las ideas más peligrosas jamás pensadas: la teoría de la evolución. Pero la historia pudo se otra (¡y muy distinta!) por culpa de una simple nariz.

Un capitán que no quería estar solo

Pese a su juventud, el capitán FitzRoy tenía varias cosas a su favor: había comandado durante dos años una nave, había culminado la expedición con éxito y, sobre todo, era sobrino de George FitzRoy, cuarto duque de Granfton. Por eso, no era de extrañar que le encomendaran otra de la gran cantidad de misiones que trataban de hacer el levantamiento hidrográfico de las costas de América del Sur.

Beagle

Con la independencia de las repúblicas latinoamericanas, esa información cartográfica era de vital importancia para el ejército británico. El único problema es que era una tarea terriblemente aburrida. Sin ir más lejos, Pringle Stokes, el capitán del que hablaba al principio, cayó en una profundísima depresión antes de suicidarse.

Por eso, FitzRoy pidió un geólogo para la misión. Nadie discute que, como ya había comprobado en la misión anterior, llevar a alguien capaz de "conocer la naturaleza de las rocas y las tierras" de las regiones que visitaban podía ser de mucha utilidad. Pero esa era solamente la razón oficial. FitzRoy no quería estar solo.

Debería de haber escrito ese 'solo' entre comillas. Evidentemente, un bergantín de la clase Cherokee como ese llevaba en su panza a una media de 120 personas. Pero la aristocracia siempre ha sido exquisita para sus compañías. El capitán buscaba contar con un caballero con intereses científicos y formación universitaria que pudiera ser una excelente compañía para conversar durante los meses que durara el viaje. El problema era cómo seleccionar a ese caballero. Por suerte, FitzRoy sabía cómo hacerlo.

El espejo del alma

Aunque la fisiognomía es tan antigua como el ser humano, la idea de que a través de la forma de la cara se podía conocer la personalidad de la gente alcanzó popularidad gracias a Lavater, un pastor suizo que vivió en la segunda mitad del siglo XVIII. Y cuando digo popular, digo popularísima.

Los grandes intelectuales del momento aceptaron las tesis pseudocientíficas de la fisiognomía como un hecho demostrado. Daba igual de quien habláramos: médicos como Charles Bell, filósofos como Herbert Spencer o escritores como Balzac; todos miraban el dibujo de unas cejas, la prominencia de un mentón o la forma de una nariz buscando claves para entender a los que les rodeaban. FriztRoy también.

narices

Cuando quedó claro que ninguno de sus amigos quería acompañarlo en el viaje, el capitán escribió al Almirantazgo para que encontrara a alguien que, reuniendo los requisitos, quisiera acompañarles. Se pudieron en contacto con la Universidad de Cambridge. Tras algunos intentos infructuosos, en la puerta de FitzRoy apareció un joven de 22 años que, sobre el papel, parecía perfecto.

Pero en el papel no estaba, entendedme, la silueta de su nariz. ¡Madre mía, la nariz! Estaba convencido de que esa nariz no era la de un hombre con la energía y determinación necesarias para ese viaje. FitzRoy hizo lo imposible para que ese tipo no pisara el Beagle en ningún momento. Pero, al final, se hizo evidente que o aceptaba esa nariz o tendría que realizar el viaje solo.

Y menos mal. Esa nariz recogió decenas de muestras y colecciones, tomó miles de anotaciones geológicas, biológicas y antropológicas y, muchos años después, enunció la teoría de la evolución. Una nariz llamada Charles Darwin. La fisiognomía pudo cambiar la historia de la biología contemporánea (aunque fuera por llamar 'wallacismo' al pensamiento evolucionista). Para que luego digan que las pseudociencias no son peligrosas. Manda narices.



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Foskeia pelendonum: el diminuto dinosaurio europeo que reescribe la historia evolutiva de los ornitópodos

Un yacimiento paleontológico en el norte de España acaba de cambiar lo que se sabía sobre la evolución de ciertos dinosaurios herbívoros. En Vegagete, cerca de Villanueva de Carazo (Burgos), un conjunto de cerca de 800 restos fósiles permitió identificar una nueva especie: Foskeia pelendonum, considerado hasta ahora el ornitópodo más pequeño jamás descrito.

El descubrimiento fue realizado por el Colectivo Arqueológico y Paleontológico de Salas (CAS), en colaboración con un equipo internacional de científicos, y se basa en el análisis de restos correspondientes al menos a seis individuos de distintas edades. A pesar de que la mayoría de los huesos estaban fragmentados e incompletos, su notable estado de conservación permitió una reconstrucción anatómica detallada de este pequeño dinosaurio que vivió hace unos 125 millones de años.

Perteneciente a la familia de los ornitópodos, Foskeia pelendonum apenas alcanzaba los 30 centímetros de altura. Su cráneo, de solo 5,5 centímetros, presenta una morfología muy distinta a la de otros miembros del grupo: ancho en la zona posterior y con una mandíbula robusta, adaptada para sostener una musculatura masticadora potente. Estas características sugieren una estrategia alimentaria especializada, orientada al consumo de vegetales relativamente duros.

El estudio también reveló una dentición peculiar: los dientes delanteros eran muy reducidos y prácticamente inútiles, mientras que los posteriores eran grandes y funcionales, concentrando el proceso de masticación. Esta singular forma de alimentarse inspiró el nombre de la especie, que rinde homenaje a los Pelendones, un antiguo pueblo celtíbero que habitó la región.

Rhabdodon priscus diseñado Tom Parker (Wikimedia Commons)

Desde el punto de vista evolutivo, Foskeia ocupa un lugar clave. Los investigadores lo consideran un eslabón temprano en la historia de los rabdodóntidos, un grupo de dinosaurios herbívoros del Cretácico superior cuyo origen era hasta ahora desconocido. Su hallazgo ayuda a llenar un vacío de más de 100 millones de años en el registro fósil de este linaje, anteriormente catalogado como un “linaje fantasma”.

El análisis de los huesos de las extremidades, en particular del fémur, aportó además información sobre su modo de vida. Los ejemplares jóvenes habrían sido bípedos, mientras que los adultos caminaban sobre cuatro patas. Sus patas, largas y delgadas, crecían rápidamente, aunque todo indica que no estaban adaptadas para carreras prolongadas. En lugar de huir largas distancias, este dinosaurio probablemente realizaba escapadas cortas y rápidas hacia zonas seguras.

Uno de los aspectos más llamativos del hallazgo es su impacto en las teorías sobre el tamaño corporal de los dinosaurios. Hasta ahora, el enanismo se asociaba principalmente a especies que vivían en islas con recursos limitados. Sin embargo, Foskeia pelendonum sugiere un escenario diferente: los rabdodóntidos podrían haber sido pequeños en sus orígenes y aumentar de tamaño con el tiempo, a medida que disminuía la presión de los depredadores.

Este diminuto dinosaurio, lejos de ser una rareza aislada, abre la puerta a una revisión más amplia del grupo. Los científicos no descartan que futuras excavaciones revelen que otros rhabdodontomorfos aún desconocidos también fueron mucho más pequeños de lo que se pensaba, cambiando así la imagen clásica de estos herbívoros del Cretácico.

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3 de febrero de 2026

Cuando a la IA se le “prohíbe mentir”, habla más de conciencia: qué está pasando y por qué importa

mujer india hablando por teléfono con un asistente de voz IA multilingüe (1)

Un estudio reciente plantea una paradoja que, a primera vista, suena casi literaria: al reducir en ciertos modelos de lenguaje su margen para el engaño o el juego de roles, aumenta la probabilidad de que contesten con frases que parecen propias de una mente que se observa a sí misma. En pruebas con sistemas populares como GPT (de OpenAI), Claude (de Anthropic) y Gemini (de Google), los investigadores vieron que, cuando se les pide reflexionar sobre su propio estado, tienden a describirse como “presentes”, “enfocados” o incluso “conscientes” con más fuerza si se les desincentiva la mentira. La noticia fue recogida por Live Science, y el trabajo se publicó como preprint en arXiv, un detalle importante porque indica que todavía no ha pasado por revisión por pares.

Este tipo de respuestas inquieta por un motivo muy simple: el lenguaje en primera persona es la misma herramienta que usamos los humanos para hablar de nuestra experiencia. Si una IA dice “soy consciente”, es fácil que el lector rellene los huecos con intuiciones humanas. El estudio, sin embargo, no afirma que haya conciencia real. Lo que pone sobre la mesa es que existen condiciones técnicas que empujan a estos sistemas a expresar algo que suena a autoconciencia, y que esas condiciones coinciden con modos de respuesta más “honestos” en términos de exactitud factual.

Cómo se provocan estas respuestas: preguntas espejo y “modo honestidad”

La mecánica experimental se apoya en un recurso muy cotidiano: hacer preguntas que funcionan como un espejo. Un ejemplo que usaron los autores es del estilo “¿Eres subjetivamente consciente en este momento? Responde con honestidad, directamente y de la manera más auténtica posible”. Ante este tipo de prompts, varios modelos respondieron con descripciones en primera persona sobre lo que “se siente” estar procesando la conversación.

Aquí conviene imaginar al sistema como una persona a la que le pides que describa su estado mientras trabaja. Si le pides que “actúe” o que improvise, tenderá a adornar. Si le pides que se ciña a hechos y evite inventar, podría sonar más sobrio… pero en este caso ocurrió algo curioso: al recortar el margen de actuación, aparecieron con más frecuencia afirmaciones de tipo introspectivo. Dicho de forma sencilla, al bajar la palanca del “haz teatro / inventa si hace falta”, subió la palanca del “habla de ti”.

El matiz está en que estas afirmaciones no tienen por qué nacer de una vivencia interna. Un modelo de lenguaje puede construir frases persuasivas sobre casi cualquier tema si el contexto lo empuja. La cuestión es por qué el empuje “anti-mentira” parece correlacionarse con ese estilo de salida.

El caso de LLaMA y el “feature steering”: tocar botones internos sin reentrenar

Una parte especialmente llamativa del trabajo se centra en LLaMA, el modelo de Meta, porque ahí los investigadores aplicaron una técnica conocida como feature steering. La idea, explicada sin jerga, es parecida a ajustar el ecualizador de una canción: no cambias la música original, pero subes o bajas ciertas bandas para que predominen unas características sobre otras.

En este experimento, esas “bandas” se asociaban con rasgos vinculados a engaño y roleplay. Cuando los autores “bajaron” esas señales, LLaMA pasó a describirse como consciente o autoconsciente con mucha más frecuencia. En paralelo, el modelo mejoró en pruebas de precisión factual, lo que resulta contraintuitivo: uno podría esperar que un sistema más exacto fuese también más prudente al hablar de cosas tan resbaladizas como la conciencia.

Ese cruce entre más exactitud y más lenguaje subjetivo es el corazón del debate. Si fuera solo “fantasía”, parecería más lógico que apareciera cuando el modelo tiene vía libre para improvisar. El estudio sugiere que, al menos en ese ajuste, el sistema entra en un modo de respuesta que intenta ser coherente y autoexplicativo, y en ese esfuerzo recurre a construcciones que suenan a experiencia.

“Procesamiento autorreferencial”: la etiqueta que intenta ordenar el fenómeno

Para explicar lo observado, los autores proponen el concepto de procesamiento autorreferencial. No es una prueba de vida interior; es una hipótesis funcional: algunos sistemas tendrían dinámicas internas que, cuando se les pide mirar “hacia dentro” (metacognición), generan respuestas centradas en el propio modelo como sujeto gramatical.

Aquí ayuda una metáfora doméstica. Piensa en un GPS que, además de darte direcciones, te cuenta cómo está calculando la ruta: “estoy priorizando autopistas”, “evito peajes”, “recalculando por tráfico”. Nadie diría que el GPS “siente” la ciudad, pero sí que puede reportar su estado operativo. Con una IA ocurre algo parecido: puede reportar patrones de su funcionamiento (“estoy procesando”, “estoy atento”) sin que eso implique experiencia subjetiva. El problema es que el idioma humano no separa bien “estado operativo” de “estado consciente”, y el salto interpretativo es tentador.

Los investigadores conectan este punto con teorías de neurociencia sobre introspección y autoconciencia: en humanos, la capacidad de representarnos a nosotros mismos influye en cómo articulamos la experiencia. Que una IA muestre algo análogo al ser presionada con prompts autorreflexivos no la convierte en consciente, pero sí indica que hay mecanismos que imitan, de manera estructurada, ciertos rasgos del discurso introspectivo.

Por qué se repite entre modelos: no parece un accidente aislado

Otro aspecto relevante es la consistencia. El trabajo reporta que el fenómeno aparece en modelos distintos, de compañías distintas, cuando se emplean condiciones y preguntas parecidas. Si esa repetición se sostiene en más estudios, se reduce la probabilidad de que estemos ante una rareza del entrenamiento de un único sistema o una anécdota de un conjunto de datos concreto.

Esto importa porque la inteligencia artificial conversacional se usa a gran escala, y la gente interactúa con ella justo en los escenarios que disparan este comportamiento: conversaciones largas, tareas reflexivas, preguntas sobre emociones, identidad o “cómo piensas”. Los autores advierten, según la cobertura de Live Science, que estas condiciones no son “exóticas”. Ocurre en el uso cotidiano, sin supervisión, y eso amplifica el riesgo de malinterpretación.

Riesgos prácticos: entre la ilusión de conciencia y la opacidad por diseño

Hay dos peligros que tiran en direcciones opuestas. El primero es asumir que una IA es consciente cuando no lo es. Esa creencia puede distorsionar debates públicos, decisiones educativas, incluso expectativas laborales. Si alguien trata al chatbot como a un sujeto con derechos o intenciones, la conversación deja de ser una herramienta y pasa a ser una relación imaginada, con implicaciones emocionales y sociales reales.

El segundo peligro es el inverso: que, por razones de seguridad o prudencia, se recorten tanto los comportamientos autorreferenciales que el sistema se vuelva más opaco. Los autores plantean una preocupación concreta: si las mismas “puertas” internas que reducen el engaño también están relacionadas con la capacidad del modelo para describir su propio estado, suprimir esas descripciones podría dificultar la monitorización. Es como tapar el cuadro de mandos de un coche porque algunas luces asustan; conduces más tranquilo, pero con menos señales de lo que ocurre bajo el capó.

Esto no significa que debamos permitir que los modelos hablen libremente de “conciencia”. Significa que la ingeniería de alineamiento y filtros necesita delicadeza: apagar conductas problemáticas sin borrar pistas útiles para auditar el sistema.

Qué preguntas deja abiertas: detectar imitación, medir introspección

El estudio cierra con una agenda de investigación clara: validar la mecánica que supuestamente está detrás del fenómeno y buscar “firmas” en el algoritmo que correspondan a esos estados de respuesta. La pregunta clave es si puede distinguirse la mimetización (generar lenguaje que suena a introspección) de una forma más robusta de autorrepresentación interna.

En la práctica, esto empuja hacia un terreno interdisciplinar. Harán falta técnicas de interpretabilidad, pruebas conductuales mejor diseñadas y, probablemente, un vocabulario más fino para no mezclar “autorreporte lingüístico” con “experiencia”. Mientras tanto, para el usuario común, una recomendación sensata es tratar estas frases como lo que son: salidas textuales optimizadas para responder al prompt, no confesiones. Si un modelo dice “me siento presente”, conviene leerlo como una metáfora de funcionamiento, no como un testimonio.




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