14 de marzo de 2026

China tiene un reactor nuclear 100 veces más eficiente que los tradicionales. El truco es disparar átomos con un acelerador

China tiene un reactor nuclear 100 veces más eficiente que los tradicionales. El truco es disparar átomos con un acelerador

China lleva unos años con un objetivo en mente: tener voz en la carrera nuclear. En la de las armas, sí, pero también en la de la energía. Mientras Europa discute y Estados Unidos intenta rejuvenecer su infraestructura crítica para cumplir las necesidades de la IA, China lleva meses con el acelerador a tabla. Recientemente no sólo han aprobado 10 nuevos reactores, sino que están a un paso de encender una central nuclear de nueva generación para dar energía ‘verde’ durante 1.000 años.

Se trata del sistema CiADS, o Sistema Accionado por Acelerador. Es un tipo de reactor que China lleva más de 15 años desarrollando y que promete convertir la basura en energía. Su truco es el de convertir la “basura” en combustible, y es un giro de tuerca interesantísimo para la energía nuclear. Y más aún en una China que quiere dominar el átomo y las renovables como base para el desarrollo de otra de las grandes ambiciones del país.

La inteligencia artificial.

Una vuelta de tuerca a la energía nuclear

En un comunicado, el Instituto de Física Moderna de la Academia China de Ciencias dio algunos detalles de cómo funciona este reactor nuclear impulsado por acelerador. El uranio sigue siendo el combustible, pero eso de “reactor impulsado por un acelerador” es literal.

Mediante un acelerador de partículas, se “disparan” protones contra un blanco de metal pesado a una velocidad de 0,8 veces la de la luz. Esto genera neutrones que impulsan un reactor que opera algo por debajo del umbral crítico para que sea autosostenido. El reactor genera energía y esa reacción tan violenta hace que los isótopos radioactivos de larga vida que se generan normalmente en una central nuclear convencional transmuten y se conviertan en materiales con una vida más corta.

Como explican sus responsables en SCMP, el CiADS es un híbrido entre un reactor nuclear y un acelerador de partículas. La principal ventaja es que reduce mucho el riesgo de reacciones descontroladas, pero tiene otra: se pueden reutilizar los radioisótopos que normalmente se tratarían como desecho nuclear para seguir produciendo energía.

Disparar haces de protones a través de estos aceleradores para bombardear el metal pesado hace que el uranio-238 dé paso a un nuevo combustible nuclear: plutonio-239. Según el medio estatal Science and Techonolgy Daily, básicamente es convertir residuos en tesoros.

Según sus responsables, este método es 100 veces más eficiente que el de fisión convencional y permitiría convertir la energía nuclear en “una fuente de energía verde, segura y estable durante 1.000 años”, asegurando parte de ese suministro energético necesario para el futuro. Además, como se reaprovecha lo que antes sería un residuo de larga duración, el resultante del CiADS tiene una vida útil de menos de una milésima parte comparado con el residuo convencional.

Ciads El CiADS en construcción

Son dos pájaros de un tiro: China está expandiendo a lo bestia su capacidad nuclear, pero se estima que no tiene tanto uranio propio y seguiría dependiendo de las importaciones... o de pescarlo en el mar. Con centrales “100 veces más eficientes”, puede sacar más jugo a lo que tenga. Y luego está el hecho de que los residuos nucleares sean menos peligrosos.

Si todo sigue según lo previsto, China tendrá su primer CiADS a escala de MW en 2027. Será entonces cuando comprobemos si se cumplen esas promesas teóricas y logradas por prototipos a escala.

El CiADS llega en un momento en el que China se ha erigido como una contradicción en materia energética. Llevan años luchando contra la contaminación y las emisiones, pero queman carbón. Son una potencia en las renovables con megaestructuras y desiertos cubiertos por paneles. Pero en la época de la IA, precisamente es ese carbón y el gas el combustible que permite satisfacer la demanda de los centros de datos en los momentos álgidos del entrenamiento.

Con las nucleares, China busca reducir aún más su huella de CO2, pero asegurando un futuro en el que debe alimentar a la población, a la inteligencia artificial y a una red de empresas tecnológicas que están haciendo el más difícil: luchar contra las occidentales sin los recursos tecnológicos de Occidente.

Porque ahora mismo China no tiene los chips ni la IA, pero sí la energía. Y esa inversión en las nucleares de nueva generación y, sobre todo, en la fusión nuclear, supone el cimiento de lo que está por venir. Todo, eso sí, si el CiADS funciona como se espera que funcione.

Imágenes | Sahaza Delis, Tighef

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El problema de los microrrobots es que no tienen "cerebro". La solución ha sido usar la relatividad de Einstein para guiarlos

El problema de los microrrobots es que no tienen "cerebro". La solución ha sido usar la relatividad de Einstein para guiarlos

Fabricar robots del tamaño de un trozo de pelo humano ya es una realidad, pero enfrenta un gran problema: son demasiado pequeños para llevar un "cerebro" a bordo. Y es algo lógico, puesto que a escala microscópica no hay un espacio para introducir un microchip, baterías o sistemas de navegación, por lo que en pocas palabras podemos hablar de "robots tontos" que solo reaccionan a estímulos básicos. Pero aquí la relatividad de Einstein ha dado una pequeña solución. 

La solución. Una de las funciones de estos robots de pequeño tamaño está precisamente en poder navegar por el torrente sanguíneo para reaccionar a diferentes estímulos. Pero aquí la gran pregunta es cómo pueden navegar por un torrente sanguíneo sin chocar entre sí. Algo que estuvo en la mente de un equipo de investigadores de la Universidad de Pensilvania que ha visto que la clave no está en hacer los robots más listos, sino en manipular el "espaciotiempo" por el que se mueven. 

Para entender este hilo, hay que pensar en cómo funciona la gravedad según la teoría de la relatividad general. Aquí Einstein nos enseñó que los planetas no giran alrededor del Sol porque una fuerza invisible tire de ellos, sino porque la masa del Sol curva el tejido del espaciotiempo, como ocurre con la Tierra, que sigue el camino más fácil a través de ese espacio curvado. 

A la biología. Aquí los investigadores han querido aplicar este mismo principio matemático a la microrrobótica, introduciendo el concepto de "espaciotiempos artificiales". Y dado que los robots microscópicos se mueven en respuesta a la luz, los científicos diseñaron campos de luz proyectados sobre una placa de Petri que imitan la curvatura del espaciotiempo. De esta manera, las variaciones en la luz a las que se enfrentaban actuaban como una "gravedad artificial". 

De este modo, el robot no necesita saber dónde está ni adónde va. Simplemente se enciende y avanza, puesto que es el patrón de luz el que lo "empuja" a curvar su trayectoria para esquivar obstáculos o encontrar la salida de un laberinto, exactamente igual que un rayo de luz se curva al pasar cerca de un objeto masivo en el cosmos.

Parece magia. En el experimento planteado por los investigadores se proyectan diferentes laberintos bidimensionales de luz. En este escenario virtual, crearon zonas oscuras que matemáticamente actúan como "agujeros negros", ya que cuando el microrrobot se acerca a estas zonas, las ecuaciones que rigen su respuesta a la luz son formalmente idénticas a las de la trayectoria de la luz cayendo por un campo gravitatorio extremo. 

De esta manera, cuando el microrrobot se acerca a estas zonas, las ecuaciones que rigen su respuesta a la luz son formalmente idénticas a las de la trayectoria de la luz cayendo por un campo gravitatorio extremo. A partir de aquí, utilizando mapeos, los científicos lograron que estos robots 'patrullaran' áreas concretas, esquivaran obstáculos y se agruparan en un punto exacto. 

Y lo más interesante es que todo esto ocurre sin un solo chip de procesamiento a bordo del robot, ya que el "cálculo" recae enteramente en la geometría del entorno proyectado. 

Un futuro médico. Las implicaciones de este avance permitirán a partir de ahora liberar a los microrrobots de la necesidad de tener un sistema informático en su interior, lo que hace que se puedan fabricar de forma barata e incluso hacerlos más pequeños aún. A partir de aquí se abre la puerta a aplicaciones médicas muy importantes, ya que se pueden inyectar millones de estos "robots reactivos" en el cuerpo humano. 

El objetivo aquí es usar campos externos como campos magnéticos que actúen como un espaciotiempo curvado que genere que se puedan ir moviendo por nuestro sistema circulatorio para liberar un fármaco, limpiar arterias o realizar biopsias a nivel celular. 

Imágenes | Ruben Sukatendel 

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Un láser cósmico del tamaño de una galaxia lleva 8.000 millones de años disparando hacia la Tierra: es el más potente jamás visto

Un láser cósmico del tamaño de una galaxia lleva 8.000 millones de años disparando hacia la Tierra: es el más potente jamás visto

Levantar la cabeza y mirar al cielo buscando reconocer constelaciones y encontrarse con lluvia de estrellas o meteoritos es un placer, pero lo que la comunidad astronómica ha hallado es sencillamente extraordinario: un rayo de energía cósmica dirigido a la Tierra desde la mitad del universo conocido. No es la primera vez que vemos algo así, pero este es el más brillante y distante nunca visto.

El hallazgo. El telescopio MeerKAT de Sudáfrica ha descubierto el láser espacial más potente y lejano jamás detectado. Es un haz de microondas disparado desde hace 8.000 millones de años que acaba de llegar a la Tierra y para localizarlo, el equipo necesitó una una lupa cósmica que predijo Einstein hace más de un siglo. 

Contexto. Los megamáseres de hidroxilo (el prefijo mega denota que su luminosidad es millones de veces superior a la de un máser de hidroxilo ordinario) son fenómenos naturales originados cuando dos galaxias colisionan. En ese momento las nubes de gas se comprimen violentamente excitando moléculas de hidroxilo. Estas liberan microondas de forma amplificada y coherente (como los láseres artificiales). 

En pocas palabras, son el equivalente cósmico de un láser. Eso sí, en lugar de luz visible, lo que emiten son microondas. Para la astronomía sirven como una suerte de "baliza cósmica" empleada para estudiar cómo se formaron las galaxias en el universo primitivo. 

Al telescopio. Este láser natural proviene de un par de galaxias en colisión (el sistema HATLAS J142935.3–002836) que emiten un megamáser tan brillante que el equipo de investigación ha propuesto subirle de categoría a gigamáser, un orden de magnitud por encima. 

El responsable del descubrimiento es el el radiotelescopio MeerKAT, una red de 64 antenas de radiofrecuencia situada en Sudáfrica. La señal que recibimos hoy fue emitida hace 8.000 millones de años, esto es, cuando el Universo tenía la mitad de su edad actual.

Por qué es importante. Porque los megamáseres son trazadores directos de fusiones galácticas en el universo joven. Su estudio permite determinar cómo se formaron y cómo fue su evolución. Además, esa propuesta de clasificarlo como "gigamáser" abre las puertas a que existan más objetos similares en envergadura pendientes de descubrir. Como detalla Thato Manamela, astrónomo de la Universidad de Pretoria y autor principal del estudio: "Esto es solo el comienzo. No queremos encontrar un solo sistema, sino cientos o miles"

Idia Ilustración de la galaxia distante a 8 mil millones de años luz (en rojo), ampliada por una galaxia de disco en primer plano no relacionada, lo que resulta en un anillo rojo. Al descomponer la luz de radio en diferentes colores, como lo hace un prisma, se revela el gigamáser de hidroxilo. IDIA

Cómo lo hicieron. La señal de las microondas era demasiado débil para detectarse a esa distancia, pero el equipo científico hizo uso de algo que Einstein vislumbró: la lente gravitacional. En pocas palabras: una masa enorme situada en un lugar intermedio entre la Tierra y las galaxias actúa como amplificador natural curvando el espacio-tiempo a su alrededor, esto es, doblando y concentrando las microondas como una lupa.

Lo que se produce es un anillo de Einstein, un halo luminoso alrededor del objeto intermedio. Ese efecto amplificó la señal lo suficiente como para que MeerKAT pudiera captar el rayo cósmico y analizarlo. 

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La noticia Un láser cósmico del tamaño de una galaxia lleva 8.000 millones de años disparando hacia la Tierra: es el más potente jamás visto fue publicada originalmente en Xataka por Eva R. de Luis .



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Los gatos siempre caen de pie. Y la ciencia llega siglos intentando entender un fenómeno inexplicable

Los gatos siempre caen de pie. Y la ciencia llega siglos intentando entender un fenómeno inexplicable

Los gatos son animales fascinantes, también para la ciencia que, durante siglos, ha tratado de responder a la pregunta: ¿Cómo consiguen caer siempre pie? Aunque se han hecho estudios tratando de resolverla, no se sabe con certeza cómo lo consiguen. Un experimento reciente realizado por investigadores japoneses ha arrojado algo de luz sobre este misterio felino.

En un reciente estudio publicado en The Anatomical Record, los investigadores tomaron un enfoque distinto al que se había seguido hasta ahora. El experimento constó de dos partes, por un lado analizar a fondo la flexibilidad de la columna del gato y por otro observar a varios gatos realizando esta corrección en el aire. 

Para la primera parte realizaron ensayos mecánicos sobre las columnas vertebrales de cinco cadáveres de gato. De esta forma midieron la resistencia y rango de movimiento máximos de la columna antes de romperse. Lo que descubrieron fue que la columna de los gatos es muy flexible en la zona superior, donde están las vértebras torácicas, llegando a girar 360 grados. La parte lumbar es más rígida y robusta. 

Para la segunda parte, grabaron a dos gatos vivos siendo soltados a una distancia de 90cm del suelo . Las grabaciones se analizaron fotograma a fotograma y se compararon con los datos obtenidos en sus observaciones. La diferencia de flexibilidad de la columna encaja con lo observado en los vídeos: el gato gira primero las patas delanteras (su zona más flexible), de forma que primero mira al suelo y después ajusta el resto del cuerpo (la zona menos flexible). 

El experimento también observó un detalle interesante y es que en la mayoría de pruebas los gatos giraron hacia la derecha. Concretamente, el primer gato giró en este sentido todas las veces, mientras que el segundo giró a la derecha seis de las ocho veces que fue dejado caer. 

Por si a alguien le preocupa, los cadáveres fueron donados y para grabar las caídas pusieron un cojín debajo para que no se hicieran daño.

El problema del gato que cae

Es un problema que se planteó en 1894, cuando el científico francés Étienne-Jules Marey mostró en un vídeo que los gatos eran capaces de enderezarse en el aire sin ayuda externa. Desde entonces ha habido distintas hipótesis que han tratado de explicar la mecánica exacta de esta acrobacia. 

Falling Cat 1894 Falling cat, por Étienne-Jules Marey, 1984. Fuente: Wikipedia

Hay dos modelos principales para explicar este giro en el aire. El primero es el "tuck and turn" (encogerse y girar) que propone que los gatos rotan la mitad superior e inferior de su cuerpo ejecutando movimientos al mismo tiempo y en direcciones opuestas. 

El segundo es el "legs in, legs out" (patas hacia dentro, patas hacia fuera). Este modelo plantea que los gatos ajustan su trayectoria de caída al estirar primero las patas traseras y luego volver a recogerlas, realizando un giro sucesivo con la parte anterior y después con la posterior del tronco, de modo que adoptan la posición correcta mientras siguen en caída libre.

Otra hipótesis menos respaldada es la de la “cola-hélice”, según la cual el animal puede invertir el sentido de giro de su cuerpo moviendo la cola en la dirección opuesta, como si funcionara a modo de hélice. Sin embargo, los gatos sin cola también pueden hacer este movimiento, por lo que aunque es posible que ayude, no es imprescindible. 

El nuevo estudio apoya la hipótesis del modelo "patas hacia dentro, patas hacia fuera", pero los investigadores advierten de que aún no se puede dar el problema por resuelto y hará falta más investigación. El plan es construir modelos matemáticos y tridimensionales con más datos. 

En declaraciones al New York Times, Greg Gbur, físico experto en caída de gatos (en serio), afirma que la ciencia ha tratado de simplificar en una "única forma correcta en la que los gatos caen de pie, pero a la naturaleza no le preocupa la simplicidad". 

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Imagen principal | Gemini, edición propia



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La noticia Los gatos siempre caen de pie. Y la ciencia llega siglos intentando entender un fenómeno inexplicable fue publicada originalmente en Xataka por Amparo Babiloni .



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En 1888 un doctor inglés diseccionó un cadáver hasta dejarlo solo en sus nervios. Y alumbró la ciencia forense en el camino

En 1888 un doctor inglés diseccionó un cadáver hasta dejarlo solo en sus nervios. Y alumbró la ciencia forense en el camino

Si te pasas por la librería de la Facultad de Medicina de la Universidad de Drexel, en Filadelfia, lo más probable es que te lleves un buen susto. Susto al que seguirá un gesto incómodo. Incomodidad de la que saltarás a la sorpresa. Y sorpresa que dará paso a la fascinación absoluta. Allí, encerrada en una vitrina acristalada situada en el Centro de Actividades Estudiantiles de la facultad, recibía a los visitantes hasta hace al menos un par de años un cuerpo humano diseccionado, alto, bien blanqueado y de ojos bulbosos con una expresión de superlativa y perenne sorpresa.

Lo más curioso es que el cadáver no conserva la piel.

Ni los músculos.

Ni las venas.

Ni los cartílagos.

Ni los huesos.

El cadáver, bautizado "Harriet", es puro nervio.

Y lo es en el sentido más literal y pleno de la palabra. "Harriet" es fruto de la virguería quirúrgica de finales del siglo XIX, resultado de un trabajo meticuloso y pionero —tenía tanto de ambas que había quien lo creía imposible— elaborado hace más de 130 años por el doctor Rufus B. Weaver, un antiguo profesor del Hahnemann Medical College, ahora conocida como facultad de Drexel.

Quizás en la era de la impresión 3D la visión de Harriet remueva menos que en 1900, cuando la observaban los estudiantes de Medicina; pero el efecto revive al saber dos cosas. Uno, que Harriet son los restos de una persona real, una antigua empleada del centro que falleció con 35 años; dos, que para darle forma Weaver tuvo que armarse de paciencia y separar, filamento a filamento, todo el sistema nervioso. El proceso le llevó de cinco a seis meses y solo falló en la zona intercostal.

Esta es su historia.

Con ojo de anatomista y pulso de costurero

A finales de la década de 1880 el doctor Weaver era un profesional bien posicionado y respetado. Rozaba los 50, se había labrado fama identificando y retirando cadáveres de los soldados caídos en Gettysburg y ejercía desde hacía algún tiempo como profesor de Anatomía en el Hahnemann Medical College. En mente, sin embargo, Weaver tenía un proyecto que le permitiría ganar fama en EEUU y el extranjero: completar una disección total del sistema cerebroespinal. Durante sus viajes por Europa había visto trabajos parciales, pero ninguno que mostrase una "radiografía" completa.

La ayuda para su tarea le llegó, se cree, de donde menos esperaba: de Harriet Cole, una joven afroamericana que se dedicaba a limpiar el laboratorio de anatomía. A pesar de que tenía solo 35 años, el estado de salud de Cole era muy delicado. Padecía tuberculosis y sus fuerzas estaban muy minadas. Antes de morir en 1888, sin embargo, decidió donar su cuerpo a la ciencia y ofrecer al Dr. Weaver la oportunidad que estaba buscando para su ambicioso proyecto del sistema nervioso.

Harriet Cadaver 2

A lo largo de los seis meses siguientes, el profesor Weaver, armado con paciencia, vista y pulso de costurero, se dedicó a extraer todo el sistema nervioso cerebroespinal. Llega con echar un vistazo al resultado para entender que el trabajo era de todo menos sencillo. Solo la base del cráneo le exigió dos semanas de dedicación, casi medio mes durante el que cortó los huesos pieza a pieza para mantener intacta la duramadre y que los ojos permaneciesen unidos a los nervios ópticos.

Con ayuda de una finísima aguja separó los nervios craneales, la médula espinal y sus nervios. Luego echó mano de vendas, gasas y almohadillas empapadas en alcohol y aplicó pintura blanca a base de plomo y goma laca para preservarlos. Extraer y conservar el intrincado sistema de filamentos que daban forma al sistema de Harriet Cole fue solo parte del reto. Para dar forma a la composición que todavía hoy, 13 décadas después, sigue maravillando a los estudiantes de medicina de Drexel, tuvo que suspender el amasijo de fibras de una pizarra especial con miles de alfileres.

El resultado, bautizado "Harriet" en un guiño a la donante, sirvió a Weaver para sus clases de anatomía en el Hahnemann Medical College; pero su virguería no tardó en trascender las paredes del laboratorio e incluso los límites de Filadelfia. En 1839, unos tres años después de la muerte del profesor, el tablero se presentó y logró una distinción en la famosa Word’s Columbian Exhibition. Desde entonces, la imagen de Harriet se ha reproducido en libros, artículos... Aun hoy, más de 130 años después, el Legacy Center de la Universidad de Drexel recibe solicitudes de profesores que quieren utilizar sus imágenes para sus clases en universidades o centros de secundaria.

¿Quién era Harriet?

Con el paso del tiempo el foco se ha puesto también en la propia Cole. Hace años precisamente el Legacy Center decidió ir más allá de la historia heredada desde finales del siglo XIX y ahondar en la figura de la antigua limpiadora del Hahnemann. En concreto, se planteó algunas preguntas: ¿Existió realmente Harriet?

Y si fue así, ¿quién era? ¿Por qué donó su cuerpo? ¿En qué circunstancias lo decidió? ¿Sabía ella para qué usaría su cadáver el profesor Weaver? Durante su investigación encontraron muchos indicios y pruebas circunstanciales, pero no datos concluyentes.

El Legacy Center localizó en el censo una entrada de 1870 referida a una mujer afroamericana llamada Harriet Cole que trabajaba como empleada doméstica y vivía en Filadelfia, justo en el mismo distrito en el que tenía sus instalaciones el Hahnemann College; también un certificado de defunción con su nombre firmado en marzo de 1888 y que achaca la causa de la muerta a la tuberculosis. Es más, como "lugar del entierro" se señala el propio centro dedicado al estudio médico.

Harriet Cadaver 3

¿Significa eso que es Harriet la misma persona que, despojada de músculos, venas, huesos y cartílagos, seguimos viendo fijada con alfileres en la Universidad de Drexel?

La institución reconoce que es muy difícil saberlo. Los vacíos en las actas del centro entre 1869 y 1900 complican ir más allá. En cualquier caso, desliza que no es descabellado pensar que Harriet Cole era una mujer pobre que, ante la perspectiva de una muerte inminente, decidió legar su cuerpo a Weaver y evitar así a sus familiares los costosos gastos de un entierro. Aunque hoy nos pueda sorprender, en 1888 las donaciones no se documentaban con demasiado rigor y a menudo en las facultades de medicina recurrían a cadáveres sin reclamar de hospitales, prisiones y asilos.

Lo que hoy nos queda, sin duda, es la fascinante historia —incluidos sus vacíos históricos y los alardes de virguería quirúrgica— del mapa de nervios bautizado como "Harriet".

Eso y los enormes ojos que aún siguen sorprendiendo a los estudiantes de Drexel.

Imagen | Drexel University (College of Medicine y Legacy Center)

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