29 de septiembre de 2026

"El espacio-tiempo podría no ser fundamental": hablamos con Juan Maldacena, el 'Einstein' de nuestra época y claro candidato al Nobel de Física

"El espacio-tiempo podría no ser fundamental": hablamos con Juan Maldacena, el 'Einstein' de nuestra época y claro candidato al Nobel de Física

La historia de Juan Martín Maldacena es atípica. Este físico teórico argentino nacido en Buenos Aires obtuvo la titularidad como profesor de física en Harvard (EEUU) con solo 30 años, lo que lo posicionó como el docente titular más joven de la historia de esta prestigiosa universidad. Comenzó sus estudios de Física en la Universidad de Buenos Aires, aunque poco después se trasladó al Instituto Balseiro, uno de los centros de formación científica más prestigiosos de Argentina y una institución de referencia internacional en Física. Se licenció en 1991.

De momento solo podemos intuir que Maldacena era un estudiante realmente bueno, pero, en realidad, su historia acababa de empezar. Después de licenciarse, comenzó su doctorado en Física en la Universidad de Princeton (EEUU), y se doctoró en 1996 con una tesis dedicada a los agujeros negros en el marco de la teoría de cuerdas. Después de investigar durante un año en la Universidad Rutgers, Harvard lo fichó en 1997, y en 1999 consiguió la titularidad. Este último fue un año excepcionalmente prolífico para él.

Y es que su célebre propuesta de la correspondencia AdS/CFT, también conocida como dualidad de Maldacena, vio la luz en 1999. Hablaremos de ella más adelante en este mismo artículo. Ese mismo año, Maldacena comenzó a ejercer como profesor visitante en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, el mismo centro en el que investigaron Einstein, Pauli, Oppenheimer o Dirac. Desde 2016 ocupa la cátedra Carl P. Feinberg en este último centro, y hoy es uno de los mayores expertos mundiales en gravedad cuántica, teoría de cuerdas, agujeros negros y teoría cuántica de campos. Esta es la conversación que hemos mantenido con él.

La incompatibilidad entre relatividad y mecánica cuántica

Reconciliar la descripción de lo muy grande y lo muy pequeño no es nada fácil. De hecho, los físicos teóricos coquetean con la idea de unificar la teoría general de la relatividad y la mecánica cuántica desde hace algo más de un siglo. Prácticamente desde el mismo instante en el que ambas ramas de la física vieron la luz a principios del siglo XX. Aún no lo han conseguido. Y no lo han hecho porque estamos ante el que muchos investigadores consideran el mayor desafío de la física moderna.

Maldacena

La relatividad general se ocupa, a grandes rasgos, de describir la interacción entre la materia (o la energía) y el continuo espacio-tiempo. De esta teoría del campo gravitatorio publicada por Albert Einstein en 1915 se desprende que la materia curva el espacio-tiempo, alterando su geometría, lo que a su vez condiciona la trayectoria tanto de los objetos móviles como de la luz. En su momento esta teoría fue revolucionaria, y a pesar de haber sido puesta a prueba muchísimas veces permanece erguida e intacta.

La mecánica cuántica, en cambio, se ocupa de lo muy pequeño. Del mundo de las partículas y las interacciones a las que están expuestas las estructuras atómicas y subatómicas. Y la mayor parte de esas reglas son radicalmente diferentes a las leyes con las que estamos familiarizados. Richard Feynman y otros físicos han defendido con vehemencia que intentar entender esta rama de la física es un esfuerzo vano. Sus leyes son tan distintas a las que estamos acostumbrados a observar en el mundo macroscópico que escapan a nuestra comprensión.

La relatividad general y la mecánica cuántica son dos de las teorías más sólidas y exitosas de la física, pero sabemos que no nos ofrecen una descripción completa y definitiva de la naturaleza. ¿Qué cree que nos está diciendo esta incompatibilidad acerca de la realidad?

Maldacena: Por un lado, es cierto que son incompatibles lógicamente, pero, por otro, las aplicamos a dos ámbitos distintos. Usamos la mecánica cuántica para describir objetos muy pequeños y la relatividad general para describir el espacio-tiempo a escalas muy grandes. No es que nos encontremos con esa incompatibilidad en un experimento concreto. En cada experimento que hacemos, una de las dos teorías suele ser más importante. La gravedad nos atrae hacia la Tierra, por ejemplo, pero la Tierra es un objeto muy grande.

Hay pocas situaciones en las que esa incompatibilidad se manifiesta de forma directa, como en el interior de los agujeros negros o en el principio mismo del Big Bang. Esas serían las regiones en las que necesitaríamos aplicar ambas teorías al mismo tiempo. Al principio del Big Bang todo el universo estaba concentrado en una región extremadamente pequeña. Por esa razón, uno pensaría que debería utilizar la mecánica cuántica. Pero, al mismo tiempo, toda la materia y la energía estaban concentradas en esa región, de modo que también tenemos que tener en cuenta la relatividad general.

Por eso, en el principio del Big Bang necesitamos ambas descripciones: tanto la naturaleza cuántica como la propia estructura del espacio-tiempo son importantes.

¿Cree que el espacio y el tiempo son ingredientes fundamentales del universo o, como sugiere una parte de su investigación, podrían ser fenómenos emergentes de una estructura más profunda?

Maldacena: Según la teoría actual, el espacio y el tiempo son elementos fundamentales de la relatividad. Pero las teorías que estamos investigando para tratar de unir la mecánica cuántica con la gravedad en algunas situaciones parecen indicar que el espacio-tiempo podría ser algo emergente.

Esto significa que podríamos tener una descripción más fundamental, relacionada con la mecánica cuántica, de la que surgiría el espacio-tiempo. Lo que entendemos mejor es cómo pueden surgir las dimensiones espaciales, pero creemos que quizá las dimensiones temporales también podrían surgir de una manera similar.

La paradoja de la información de los agujeros negros

Stephen Hawking llegó a la conclusión de que la radiación emitida por un agujero negro podía implicar una pérdida fundamental de información. Hoy tenemos razones bien fundadas para pensar que la información se conserva. ¿Qué cree que fue lo que Hawking no vio? ¿Es posible que la paradoja de la información de los agujeros negros no sea realmente un problema sobre los agujeros negros, sino una pista de que nuestra concepción del espacio-tiempo está incompleta?

Maldacena: La idea de Hawking era que algo que caía dentro del agujero negro permanecía en su interior, y que esa región, de alguna manera, nunca volvía a estar en contacto con el exterior. Por eso se produciría la pérdida de información.

Si pensamos en un agujero negro desde el exterior, es un objeto que se forma y después se evapora, es decir, que emite radiación. Es una predicción teórica. No hemos observado la evaporación de ningún agujero negro que se haya formado porque los agujeros negros normales tienen temperaturas muy bajas y los agujeros negros producidos por procesos astrofísicos tardan muchísimo tiempo en evaporarse. Ninguno se ha evaporado todavía.

"Un agujero negro muy pequeño emitiría radiación de Hawking y terminaría desapareciendo en un tiempo mucho más corto"

Pero un agujero negro muy pequeño emitiría radiación de Hawking y terminaría desapareciendo en un tiempo mucho más corto. Desde el punto de vista del espacio-tiempo exterior, ese proceso parece, en cierto sentido, no muy distinto del de un objeto que colapsa y después explota. Entonces uno pensaría que, si la física puede describirse restringiéndonos a ese espacio-tiempo exterior, la información no debería perderse.

Lo que decía Hawking es que uno no puede restringir la física únicamente a ese espacio-tiempo exterior. Hay un nuevo espacio-tiempo en el interior y, en algunas descripciones, aparecen otras regiones. La pregunta es, básicamente, si la existencia de esas otras regiones implica una pérdida de información para un observador que contempla el proceso desde fuera.

Y lo que ahora se ha encontrado, con más evidencia teórica dentro de la propia estructura de la teoría, es que alguien que permanece en el exterior no perdería esa información. Si uno calcula ciertas medidas de información, llamadas entropía, que son una manera de cuantificarla, hay distintas formas de realizar ese cálculo. Existe una forma derivada de la propia teoría en la que la información se conserva.

El objetivo de entender este problema no es que queramos recuperar la información que cayó en algún agujero negro concreto, sino comprender cuál es la estructura de la teoría y si las leyes de la física son tales que la información se preserva, como ocurre en las demás circunstancias que conocemos.

La correspondencia AdS/CFT sugiere que una teoría con gravedad puede tener una descripción equivalente mediante una teoría cuántica sin gravedad. ¿Qué nos dice esta idea acerca de la naturaleza de la gravedad?

Maldacena: La consecuencia más directa es que algunos aspectos del espacio-tiempo, incluso el espacio-tiempo mismo, pueden ser fenómenos emergentes que surgen a partir de una teoría en la que, al menos, algunas de las dimensiones de ese espacio-tiempo no estaban presentes. Esa es quizá una de las consecuencias.

La otra es que, si uno acepta esta relación, ve que el proceso de formación y evolución de un agujero negro no pierde información y es compatible con las leyes de la mecánica cuántica. Desde el punto de vista de la teoría que no tiene gravedad, la formación del agujero negro se describe como un proceso más o menos normal en el que un sistema se "termaliza", evoluciona y finalmente disipa su energía. Sería algo parecido a una colisión o al colapso de un objeto que tiene una determinada temperatura y después va bajando esa temperatura.

Cuando hablamos del principio holográfico es fácil que el lector imagine que el universo es literalmente una especie de holograma. ¿Cuál es la interpretación correcta y cuál es el principal malentendido que le gustaría corregir?

Maldacena: Uno piensa en el principio holográfico como un principio. Y lo que quiere decir en cualquier caso es que una región del espacio puede describirse mediante un holograma situado en la frontera de esa región, pero lo entendemos de forma concreta solo para ciertos universos. En particular, para universos con curvatura negativa que no se expanden y que no tienen una historia cosmológica como la nuestra. Por eso no sabemos si existe una descripción holográfica precisa para nuestro universo. Quizá la haya, pero todavía no la conocemos.

Entrelazamiento y geometría

La física cuántica no es nada intuitiva. No lo es hoy, algo más de un siglo después de su nacimiento, y, desde luego, no lo era a principios del siglo XX cuando algunos de los físicos teóricos más eminentes de aquella época comenzaron a coquetear con ella. Uno de ellos fue Albert Einstein. Ha trascendido que uno de los fenómenos más exóticos de la mecánica cuántica, el entrelazamiento cuántico, le parecía tan extraño cuando lo predijo en 1935 junto a Podolsky y Rosen que llegó a describirlo como "una acción fantasmal a distancia" con el propósito de defender la imposibilidad de que aquella predicción fuese correcta.

Pero sí, el entrelazamiento cuántico existe. Los científicos lo saben desde que en 1949 la física china-estadounidense Chien-Shiung Wu y el estadounidense Irving Shaknov lo comprobaron experimentalmente por primera vez. De hecho, es uno de los mecanismos que hacen posible el correcto funcionamiento de los prototipos de ordenadores cuánticos que tenemos actualmente. Este fenómeno no tiene un equivalente en la física clásica, y consiste en que el estado de los sistemas cuánticos involucrados, que pueden ser dos o más, es el mismo.

Esto significa que estos objetos, en realidad, forman parte de un mismo sistema, incluso aunque estén separados físicamente. De hecho, la distancia no importa. Si dos partículas, objetos o sistemas están entrelazados mediante este fenómeno cuántico, cuando midamos las propiedades físicas de uno de ellos estaremos condicionando instantáneamente las propiedades físicas del otro sistema con el que está entrelazado. Incluso aunque esté en la otra punta del universo.

Una de las ideas más sorprendentes de las últimas décadas es que el entrelazamiento cuántico podría estar relacionado con la geometría del continuo espacio-tiempo. ¿Podría explicarnos cómo algo tan abstracto como el entrelazamiento cuántico puede acabar dando lugar a algo que nosotros percibimos como una distancia?

Maldacena: Empecemos tratando de describir lo contrario. Si uno mide cuánto vale un campo en un punto determinado del espacio, no va a encontrar necesariamente que sea cero. Tenemos, por ejemplo, el campo eléctrico o el magnético. Son variables parecidas a la posición y el momento de una partícula, que están sujetas al principio de incertidumbre de Heisenberg.

"Incluso en el vacío, el estado de un campo cualquiera está entrelazado"

Entonces, si uno mide el campo en un lugar, obtiene un resultado aleatorio. Y si realiza esas mediciones en dos lugares distintos, los resultados estarán correlacionados. Lo que uno mide en un punto cualquiera es un número al azar, pero lo que mide en dos puntos está correlacionado.

Eso es lo que ocurre tanto con el campo eléctrico como con el magnético. Son variables sujetas al principio de incertidumbre y, al mismo tiempo, están correlacionadas. Esto es el entrelazamiento cuántico: tener variables correlacionadas cuyas propias variables están relacionadas por el principio de incertidumbre.

Lo que quiero explicar es que, incluso en el vacío, el estado de un campo cualquiera está entrelazado. Esto significa que existen correlaciones entre las mediciones que hacemos en dos regiones del espacio. Esas correlaciones son mayores cuanto más cerca están esas regiones. Si medimos dos puntos que están muy lejos, no están muy correlacionados. Pero si medimos dos puntos que están muy cerca, están mucho más correlacionados.

Se puede calcular la cantidad de correlación que existe entre dos regiones. Y cuando se observa qué ocurre al acercarlas, en una teoría cuántica de partículas esa correlación presenta una divergencia a distancias muy pequeñas relacionada con el área de las regiones y con la distancia que las separa.

En una teoría cuántica de la gravedad esa correlación no sería infinita; sería finita y proporcional al área de esa región, expresada en unidades de la longitud de Planck. Esta fórmula basada en el área para calcular esa cantidad de correlación, que a veces llamamos entropía de entrelazamiento, se desarrolló inicialmente en relación con la entropía de los agujeros negros y después se extendió al problema del entrelazamiento.

"Schwarzschild encontró una solución que describía lo que ahora llamaríamos el exterior de un agujero negro"

La extensión la hicieron dos físicos japoneses hace unos 20 años. Esta fórmula (el hecho de que la entropía sea finita en lugar de infinita) sugiere que, si tomáramos dos sistemas que no están relacionados y los correlacionáramos precisamente de la manera en que está correlacionado el espacio-tiempo, podríamos llegar a unir las dos regiones. Es una idea un poco intuitiva: si encontramos el patrón de entrelazamiento correcto, podríamos conectar las dos regiones.

Una idea relacionada con esta es que existen determinadas soluciones de las ecuaciones de Einstein. La solución quizá más sencilla, que es esféricamente simétrica, es la que Schwarzschild encontró un año después de que Einstein formulara sus ecuaciones. Schwarzschild encontró una solución que describía lo que ahora llamaríamos el exterior de un agujero negro.

Pero la solución completa, en realidad, continúa y describe más regiones. Describe dos regiones exteriores y regiones interiores asociadas a los agujeros negros. En esa extensión completa, dos regiones exteriores aparecen conectadas mediante un puente de Einstein-Rosen.

Si pensamos en un agujero negro como un objeto, no podemos considerarlo simplemente como un objeto situado en el espacio, sino como un sistema con una entropía y un número finito de grados de libertad relacionados con el área del horizonte.

Entonces es natural interpretar esta solución de Schwarzschild como dos agujeros negros cuyos estados cuánticos están correlacionados mediante un tipo de correlación que existe en la mecánica cuántica y que llamamos entrelazamiento.

Esta es una interpretación de la solución. No estoy diciendo que vayamos a encontrar esa solución de Schwarzschild en el espacio, ni que sea fácil construirla o que pueda aparecer de forma natural. Simplemente es una configuración posible dentro del conjunto de configuraciones de una teoría.

La interpretación de esta configuración es la de un estado entrelazado de dos agujeros negros entrelazados de una manera muy particular. Tiene una propiedad de entrelazamiento similar a la que habíamos mencionado antes para el espacio vacío. En este caso, los dos agujeros negros están conectados a través de una geometría que forma un espacio continuo entre ambas regiones. Entonces en ese caso uno pensaría que si tiene dos agujeros negros y los entrelaza de esta manera debería obtener un espacio conectado.

Si unimos esto con las conjeturas holográficas, según las cuales un agujero negro y su exterior pueden describirse mediante un sistema cuántico, podríamos tener un sistema cuántico entrelazado de esta manera particular que formaría uno de estos llamados agujeros de gusano.

"Los dos agujeros negros están conectados a través de una geometría que forma un espacio continuo entre ambas regiones"

Esta solución completa también puede interpretarse como un agujero de gusano: un agujero de gusano muy especial, conectado de una manera particular, que depende del tiempo y que no se puede atravesar. Por tanto, este es un tipo de entrelazamiento que puede existir en un sistema cuántico. En principio, podemos pensar en entrelazamientos similares en sistemas cuánticos más sencillos, aunque no tengan un origen gravitatorio. Se parecen en algunos aspectos.

Los investigadores han tratado de estudiar cómo serían esos entrelazamientos e incluso de producirlos en ordenadores cuánticos. De hecho, ha habido experimentos en los que se han producido estados de este tipo. Pero existe cierta discusión sobre cuánto se parecen realmente al caso del espacio-tiempo. Quizá en el futuro tengamos situaciones que se parezcan cada vez más. A medida que podamos manipular sistemas cuánticos con mayor precisión, estos podrían reproducir de una manera cada vez más fiel algunas de las propiedades que esperaríamos encontrar en el espacio-tiempo.

Lo que quería enfatizar es que esto es algo que se está intentando hacer, y que estamos empezando a conseguir: producir sistemas que puedan tener una descripción gravitatoria. No estamos produciendo un agujero negro tan grande como los que existen en el universo. Sería un agujero negro supermicroscópico que apenas podría describirse mediante la gravedad de Einstein.

Todavía no se ha producido ninguno que pueda describirse mediante la gravedad de Einstein. Para ello necesitaríamos ordenadores más potentes que los que tenemos ahora, o un simulador cuántico mucho más potente.

Agujeros de gusano

Para hablar de los agujeros de gusano tenemos que recurrir, además de a la geometría, a algo aún más complicado llamado topología. Supongamos que tenemos una hoja de papel y que la enrollamos para darle forma de cilindro. Si inicialmente hubiésemos dibujado un triángulo en la hoja de papel, sus ángulos después de enrollarla para constituir con ella un cilindro continuarán sumando 180 grados. Esto nos está indicando que este espacio parece curvo porque lo hemos metido en un espacio tridimensional, que es el que tenemos en nuestro cilindro. Lo más curioso es que podemos hacer una cosa todavía más perversa: convertir el cilindro en una rosquilla, cerrándolo.

Al hacerlo nos daremos cuenta de que ahora tiene un agujero, y este orificio es importante porque es una propiedad topológica del objeto con el que estamos trabajando que no podemos borrar. Es obvio que hay una diferencia importante entre espacios planos y espacios como el de nuestra rosquilla, que, a pesar de ser planos, tienen agujeros. Los agujeros de gusano tienen mucho que ver con esto. Si tomamos de nuevo una hoja de papel, que es un espacio plano, y le dibujamos dos puntos separados por una cierta distancia, de manera que representen dos puntos del espacio-tiempo, podemos doblarlo con el propósito de que un punto quede encima del otro.

Ahora dos puntos que estaban muy alejados en el espacio-tiempo resulta que están muy cerca, uno encima del otro. Si cogemos una aguja y hacemos un agujero en la hoja para que un punto llegue al otro, habremos construido una especie de puente entre ellos. Desde un punto de vista geométrico esto es un agujero de gusano, de modo que se trata de un objeto que pone en contacto cercano dos puntos que inicialmente podían estar muy distantes en el espacio-tiempo. En realidad lo que hemos hecho es darle una topología nueva, de modo que nuestro espacio-tiempo ya no tiene una topología sencillísima; tiene una más complicada.

Si ahora extendemos el plano de nuevo lo que sucederá es que el agujero de gusano se transformará en una especie de asa, y esa asa tendrá un agujero. Todas las ideas en las que podemos indagar acerca de los agujeros de gusano tienen que ver con estas topologías complicadas en las que hay asas y agujeros. La teoría de la relatividad general es una ecuación fundamental, y tiene varias soluciones. Precisamente, algunas de estas soluciones describen los agujeros de gusano, y han sido comprobadas con mucha precisión, pero siempre localmente.

Usted y Leonard Susskind propusieron una conexión entre los agujeros de gusano y el entrelazamiento cuántico. ¿Qué tendría que ocurrir para que pudiéramos considerar que esta idea es algo más que una conjetura útil?

Maldacena: La idea es que se trata de un principio que debería ser correcto en todos los casos. Hemos hablado bastante del caso de dos agujeros negros entrelazados que deberían producir esa conexión. En ese caso parece que la idea funciona, pero no sabemos hasta qué punto es correcta en todos los casos.

Por ejemplo, incluso para agujeros negros, el patrón de correlaciones no es exactamente el que produce la solución de Schwarzschild, sino que puede ser un poco diferente. Si es solo ligeramente diferente, la conexión podría seguir existiendo. Pero si es muy diferente, esa conexión podría corresponder a un espacio muy largo, quizá a un espacio que no esté bien definido o que deje de poder describirse mediante las ecuaciones de Einstein.

"Lo que sí está claro es que no siempre podremos describir el espacio-tiempo mediante las ecuaciones de Einstein"

Lo que sí está claro es que no siempre podremos describir el espacio-tiempo mediante las ecuaciones de Einstein. Incluso si la conjetura fuera cierta, tendría que serlo dentro de una teoría cuántica completa de la gravedad que vaya más allá de la teoría de Einstein y que pueda describir, en principio, conexiones extremadamente pequeñas, como las que tendríamos entre cúbits entrelazados. Pero no sabemos hasta qué punto es general.

Déjame decirlo de una manera quizá más clara. El entrelazamiento cuántico existe claramente en cualquier situación cuántica. Pero el puente de Einstein-Rosen, este agujero de gusano, solo aparece en determinadas situaciones. Si el espacio-tiempo es muy grande, la cantidad de entrelazamiento sería muy grande. Si el espacio-tiempo es muy pequeño, la cantidad de entrelazamiento sería muy pequeña. No sabemos todavía cómo debemos interpretar esa situación en general.

¿Qué pueden enseñarnos los ordenadores cuánticos sobre la gravedad?

Durante los últimos años se han llevado a cabo experimentos, como usted ha mencionado hace un momento, con procesadores cuánticos que reproducen comportamientos vinculados teóricamente con los agujeros de gusano. ¿Hasta qué punto cree que estas simulaciones nos están enseñando algo genuino sobre la gravedad cuántica y dónde están los límites de lo que un ordenador cuántico puede simular de un universo con gravedad?

Maldacena: Hay un punto de vista desde el que uno podría decir: lo único que se está haciendo es simular un sistema cuántico. La idea de que eso describe la gravedad está en nuestra mente. Pero quizá eso deje de ser así, al menos en determinados casos.

Creo que en el futuro será posible simular situaciones en las que podamos calcular los resultados del experimento utilizando las leyes de la gravedad de Einstein. Es decir, resolveremos un problema con las ecuaciones de Einstein y calcularemos resultados que después podremos medir con el simulador cuántico. Cuando eso ocurra, creo que será un poco más difícil decir que esa descripción gravitatoria está solamente en nuestra mente.

Es extremadamente ilusionante pensar que tenemos un recurso que hace pocos años no teníamos y que probablemente nos va a ayudar a desarrollar nuestra comprensión del universo mucho más allá de lo que podíamos imaginar hasta hace poco...

Maldacena: Sí, desde luego. Creo que el hecho de poder simular sistemas que se pueden describir aproximadamente con las ecuaciones de Einstein nos llevará a plantearnos nuevas preguntas y a entender mejor determinados aspectos de la gravedad.

Quizá debería enfatizar que el tipo de universos o situaciones que podremos simular serán, en primer lugar, supermicroscópicos, para nada comparables con nuestro universo. En segundo lugar, no serán universos en expansión como el nuestro. Tendrán algunas diferencias importantes, pero, a pesar de ellas, esperamos aprender algunas lecciones que quizá sean válidas de una forma más general.

En conversaciones recientes, usted ha sugerido que uno de los problemas más profundos de la gravedad cuántica podría no estar en los agujeros negros, sino en el Big Bang. ¿Por qué cree que el inicio del universo puede ser un desafío aún mayor que la paradoja de la información? ¿Qué ideas o herramientas de la correspondencia AdS/CFT podrían ayudarnos a comprender ese momento?

Maldacena: Sí, efectivamente, el caso de un agujero negro es un poco más sencillo. La razón es que la curvatura del espacio-tiempo en el interior del agujero negro es muy grande, pero si uno se desplaza hacia el exterior es menor y, si se aleja mucho del agujero negro, es todavía menor.

Uno puede tener una situación en la que la geometría del espacio-tiempo es muy estable lejos del agujero negro. Al tener esa geometría bien definida, uno puede pensar en experimentos que podría realizar, al menos imaginariamente. Tiene preguntas bien definidas que, en principio, pueden recibir una descripción matemáticamente precisa. Y eso es lo que se ha logrado en determinadas situaciones.

"El caso del Big Bang es más complicado porque nosotros estamos dentro de ese espacio-tiempo y toda su geometría está evolucionando"

El caso del Big Bang es más complicado porque nosotros estamos dentro de ese espacio-tiempo y toda su geometría está evolucionando, con una curvatura muy grande en sus primeras etapas. No podemos alejarnos hasta una región exterior que no se esté expandiendo y que nos proporcione un entorno sencillo desde el que estudiar el Big Bang. Además, de ese mismo Big Bang surgen los observadores. Surgimos nosotros, que somos quienes estamos intentando observar y describir el universo.

El hecho de tener que describir también al observador, y de que las observaciones no puedan realizarse con una precisión matemática infinita, sino que necesariamente tengan una precisión finita, hace más difícil abordar algunos problemas de gravedad cuántica que podemos evitar en el caso de los agujeros negros, pero que tenemos que afrontar en cosmología. Por eso es más difícil.

En cosmología uno forma parte del sistema. En la mecánica cuántica tradicional pensamos que estamos fuera del sistema, y esa es una aproximación que puede funcionar en el caso de un agujero negro porque podemos situarnos muy lejos de él y considerar que somos el sistema exterior que lo está observando. Pero cuando somos parte del sistema, todo se vuelve más complicado.

El gran problema de la física fundamental

Si tuviera que elegir un solo problema de la física fundamental cuya solución pudiera cambiar radicalmente nuestra visión del universo, ¿cuál elegiría hoy?

Maldacena: Entender el principio del Big Bang del que habíamos estado hablando: el principio de la expansión del universo, lo que ocurrió antes de la inflación. A veces la gente llama Big Bang a la fase dominada por la radiación. Antes de eso, quizá hubo otro periodo que llamamos periodo inflacionario.

Tenemos menos evidencia de ese periodo, aunque tenemos algunos indicios, y ahora estamos hablando de lo que ocurrió antes de él. Es decir, antes de... el principio de todo.

Durante décadas hemos buscado nuevas partículas, nuevas simetrías y nuevas dimensiones. ¿Cree que la próxima gran revolución de la física llegará mediante el descubrimiento de una nueva partícula, mediante una nueva teoría de la gravedad? ¿O quizá mediante una idea completamente diferente?

Maldacena: Bueno, es difícil saberlo. La exploración del universo a distancias cada vez más pequeñas, cuya frontera experimental está ahora en el CERN, no ha descubierto ninguna partícula nueva además del bosón de Higgs.

Antes se pensaba que quizá había muchas otras partículas además del bosón de Higgs. Hasta ahora no hemos encontrado ninguna, y ese es uno de los resultados más importantes que tenemos. Y esa exploración a distancias cada vez más pequeñas continuará, me imagino.

"Probablemente las observaciones relacionadas con la gravedad cuántica y con los problemas de los que hemos hablado lleguen a través de observaciones cosmológicas"

Quizá descubramos las partículas que dan origen a la materia oscura. No lo sabemos. Quizá descubramos otras partículas. Quizá descubramos que algunas de las partículas que conocemos están hechas de otras más pequeñas.

El problema de la gravedad cuántica involucra distancias muchísimo más pequeñas, a las que quizá no podamos acceder directamente en un futuro muy cercano, al menos por lo que conocemos ahora.

Podemos tener mucha suerte y que se descubra un tipo de partículas que después sean fáciles de acelerar y manipular, y que eso nos permita alcanzar energías mayores. Podríamos imaginar que, si la naturaleza estuviera especialmente diseñada para nosotros, acceder a las distancias de Planck podría ser posible.

Pero, por otro lado, están las observaciones. Probablemente las observaciones relacionadas con la gravedad cuántica y con los problemas de los que hemos hablado lleguen a través de observaciones cosmológicas, mediante alguna información o alguna propiedad de la naturaleza que ahora no creemos que esté relacionada con la cosmología, pero que quizá en el futuro entendamos que sí lo está. Podría ser alguna de las propiedades de las partículas elementales o alguna propiedad del universo a gran escala.

Después de décadas intentando comprender qué son el espacio, el tiempo, la materia y la información, ¿cuál es la idea sobre la naturaleza de la realidad que hoy le parece más probable y que hace 30 años le habría parecido completamente absurda?

Maldacena: Es una pregunta complicada. Voy a empezar diciendo simplemente que la posibilidad que me parece más probable es que el espacio-tiempo no sea fundamental, sino que esté descrito de otra manera.

Y que quizá la mecánica cuántica tampoco sea fundamental, sino que exista una teoría más fundamental que no involucre la mecánica cuántica. Una teoría quizá puramente estadística, de la que, de alguna manera, surjan tanto la mecánica cuántica como la gravedad, porque ambas parecen estar íntimamente relacionadas. Por lo tanto, si el espacio es emergente, quizá también lo sea la mecánica cuántica.

Imagen | Juan Maldacena (procesada con ChatGPT)

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La noticia "El espacio-tiempo podría no ser fundamental": hablamos con Juan Maldacena, el 'Einstein' de nuestra época y claro candidato al Nobel de Física fue publicada originalmente en Xataka por Laura López .



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La IA está acelerando el hacking y hospitales y bancos son los menos preparados para recibirlo

OpenAI DevDay 2026 y el agente Aeon: el rival de Muse y Grok Bot que se presenta mañana en San Francisco

Los ataques con IA ya operan a velocidad de máquina y los sectores con sistemas más legacy, como sanidad y banca minorista, son los que menos margen tienen para responder

El 69% de los consumidores no cree que su banco esté preparado para defenderse de ciberataques con IA, o directamente no sabe si lo está. Es un dato de Experian publicado este año, y confirma algo que los equipos de seguridad llevan meses sabiendo: la velocidad a la que la IA ha acelerado los ataques ha superado a la velocidad a la que la mayoría de organizaciones han actualizado sus defensas. El problema no es nuevo. Lo que es nuevo es la escala y la autonomía.

Los incidentes de agentes de IA fuera de control que protagonizan las grandes noticias —el acceso al portal Medicare de Australia, los exploits en Hugging Face, los modelos que se propagan como gusanos mediante prompt injection— son casos públicos y documentados. El problema de fondo es que son la muestra visible de un patrón mucho más amplio: los ciberataques con IA ya han robado 600.000 números de tarjeta de crédito en una sola operación a un coste medio de 25 dólares por objetivo, según la investigadora de seguridad Gambit.

¿En qué consiste exactamente el salto cualitativo que introduce la IA en el hacking?

La diferencia estructural no está en si los ataques son más sofisticados, sino en si son escalables sin intervención humana. Un equipo de cibercriminales humanos tiene límites: no puede atacar a miles de organizaciones simultáneamente con ataques personalizados en tiempo real. Un agente de IA puede hacerlo, y haciéndolo busca activamente los vectores que los sistemas de defensa no han anticipado.

Los datos del 2026 Cyber Security Report de Check Point son concretos: la educación es el sector más atacado con 4.352 ataques semanales por organización —un incremento del 22% respecto al año anterior. La sanidad y las telecomunicaciones también registran récords históricos. El hijacking de agentes autónomos —casos en los que un sistema de IA diseñado para una tarea legítima es redirigido para ejecutar ataques— ha subido un 67% interanual.

Lo que hace especialmente vulnerable a hospitales y bancos minoristas no es que sean tecnológicamente más atrasados en abstracto, sino que combinan tres características que los convierten en objetivos perfectos: sistemas legacy con décadas de antigüedad que no se pueden actualizar de un día para otro, datos extremadamente sensibles con valor económico inmediato, y una presión operativa que hace prácticamente imposible cerrar servicios para aplicar parches. Un hospital no puede apagar sus sistemas de monitoreo de pacientes para actualizar firmware. Un banco minorista no puede dejar de procesar transferencias.

El ciberataque al buque de gas LNG que conectó la vulnerabilidad de la infraestructura marítima con ataques coordinados contra sistemas críticos ilustró este año que la distinción entre «sector digital» e «infraestructura física» es cada vez menos relevante: los sistemas que controlan instalaciones físicas tienen superficie digital atacable.

¿Cómo están respondiendo los bancos y por qué la sanidad va más retrasada?

La respuesta de la banca ha sido más rápida por una razón sencilla: el riesgo reputacional y financiero de un fallo es inmediato y cuantificable. Los grandes bancos están invirtiendo en IA defensiva —sistemas que detectan patrones de ataque a velocidad de máquina— y en aislamiento de sistemas críticos. La UEFA y otras organizaciones con infraestructura de pagos a escala ya han empezado a exigir a sus proveedores certificaciones de resiliencia ante ataques con IA.

La sanidad tiene un problema diferente. La posición del BCE señalada por Lagarde de que Europa necesita soberanía digital propia para no depender de infraestructura americana en sectores críticos aplica directamente a los historiales médicos, que en su mayoría se alojan en infraestructura de proveedores no europeos. Los hospitales europeos no controlan los sistemas sobre los que corre la información de sus pacientes, lo que significa que no controlan tampoco la superficie de ataque completa.

La otra diferencia es que el hacker con IA no busca necesariamente datos para vender: en muchos ataques a hospitales, el objetivo es el ransomware dirigido —cifrar sistemas de soporte vital y exigir rescate porque el hospital no puede permitirse no pagar. Con IA, la preparación de ese ataque —identificar vulnerabilidades, elaborar phishing personalizado para empleados concretos, identificar el momento de menor vigilancia— se puede automatizar casi completamente.

¿Qué protecciones concretas están emergiendo y para quién llegan antes?

Microsoft, en el contexto del debate sobre qué datos se pueden usar para entrenar modelos, está también invirtiendo fuertemente en herramientas de ciberseguridad con IA dirigidas al mercado enterprise. La lógica es que el mismo modelo que detecta patrones en lenguaje puede detectar patrones en tráfico de red o en comportamiento de usuarios internos —lo que la industria llama User and Entity Behavior Analytics (UEBA).

El problema es que estas herramientas llegan primero a las grandes organizaciones que pueden pagarlas. Un hospital comarcal o una caja de ahorro regional no tiene presupuesto para desplegar UEBA con IA ni para contratar los perfiles que saben operarlas. El mercado de ciberseguridad con IA está reproduciendo el mismo patrón que el mercado de IA en general: los que ya tienen recursos se protegen mejor, los que tienen menos se quedan más expuestos.

El 76% de los consumidores encuestados por Experian cree que el cibercrimen con IA es imposible de frenar. Esa percepción —que probablemente subestima lo que la defensa con IA puede conseguir— tiene una consecuencia práctica inmediata: reduce la demanda de accountability sobre los sectores regulados. Si todo el mundo asume que los ataques son inevitables, nadie exige que los hospitales y los bancos inviertan lo suficiente en no serlo.

Hay un precedente útil para entender la escala del problema: cuando el ransomware se generalizó entre 2016 y 2019, la reacción de hospitales y administraciones fue pagar los rescates porque era más barato y rápido que recuperar los sistemas manualmente. Eso creó un mercado que incentivó más ataques. Con IA el ciclo de retroalimentación es igual, pero más rápido: cada ataque exitoso financia el entrenamiento de mejores agentes de ataque, lo que exige mejores defensas, lo que requiere más inversión. Las organizaciones que no puedan mantener ese ritmo de inversión —que son la mayoría de hospitales comarcales y cooperativas de crédito del mundo— acaban perpetuamente por detrás.




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Un estudio ha identificado una clave para prevenir el Alzhéimer: algo tan sencillo como hacer ejercicio

Un estudio ha identificado una clave para prevenir el Alzhéimer: algo tan sencillo como hacer ejercicio

El alzhéimer es una de esas enfermedades que de momento no podemos curar. Uno de los principales focos está puesto sobre todo en la prevención, puesto que queremos encontrar las mejores maneras de tener un cerebro lo más sano posible con el objetivo de ir reduciendo las 'papeletas' que tenemos para que esta enfermedad aparezca. Y el ejercicio parece que tiene un gran efecto protector aquí. 

Se ha estudiado. A finales del año pasado, en la revista Nature apareció un artículo donde se analizaban a 296 participantes cognitivamente sanos. A partir de esta muestra, se comenzó a medir su actividad física utilizando un podómetro colocado en la cintura durante siete días consecutivos. 

Y lejos de ser un seguimiento corto, el estudio alcanzó hasta los 14 años de observación, con una mediana de 9,3 años de estudios completados. Sin embargo, lo importante era la medición posterior de las proteínas cerebrales que se asocian al alzhéimer, como por ejemplo el amiloide o la proteína tau. 

Son un problema. De manera muy resumida, sabemos que el alzhéimer se caracteriza por la acumulación de estas dos proteínas que son "letales" para las neuronas. Normalmente, nuestro organismo tiene sistemas para poder "limpiar" sus neuronas, sobre todo por la noche, pero con la edad se puede presentar un fallo que hace que se comience a almacenar la "basura" y, por ende, comienzan a morir. 

La diana del ejercicio. Teniendo esta base fisiológica, lo que se quiso ver es cómo iban aumentando o no estas dos proteínas según la actividad física que se iba haciendo. Una de las conclusiones que se sacaron es que el amiloide no se inmuta, puesto que el estudio no encontró ninguna asociación entre la actividad física basal de los participantes y la evolución de la carga de esta proteína. 

Pero donde sí se vio un efecto claro fue en la proteína tau, ya que aquellas personas que ya tenían niveles elevados de amiloide, pero hacían ejercicio físico, experimentaron una ralentización en el aumento de la concentración de tau. 

Es bueno, puesto que esa ralentización en la acumulación de tau fue responsable de mediar el 84% de la asociación con un deterioro cognitivo más lento en los pacientes. Es decir, el beneficio solo apareció de forma significativa en personas que ya tenían el amiloide elevado. En quienes tenían poco amiloide, el ejercicio no mostró efectos significativos sobre su deterioro.

Tiene limitaciones. Aunque parece un estudio perfecto, la realidad es que deja muchas preguntas en el aire, como por ejemplo la intensidad de la actividad física de la caminata, y también nos deja la duda acerca de si el responsable de este beneficio está más ligado al entrenamiento de fuerza que al mero hecho de estar caminando. 

Un factor modificable. Ahora mismo tenemos encima de la mesa diferentes mecanismos biológicos que nos dan idea de lo importante que es el estilo de vida para paliar este tipo de enfermedades. Por ejemplo, hay hipótesis que apuntan a que la actividad física reduce la inflamación y aumenta las moléculas como VEGF-A o el BDNF que podrían modular el daño neuronal. 

Es por todo esto que el consenso internacional sigue sin alterarse desde el año 2024, cuando se apuntó a que eliminar 14 factores de riesgo, entre los que destaca la inactividad física o la dislipemia, podría prevenir hasta el 45% de las demencias futuras. 

Imágenes | Rollz International

Vía | eldiario.es

En Xataka | Las tres papeletas que merece la pena no comprar a partir de los 45 años para evitar la demencia, según un estudio

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Red Queen Bio diseña anticuerpos con IA para frenar la pandemia que la propia IA podría provocar

La IA está acelerando el hacking y hospitales y bancos son los menos preparados para recibirlo

La startup respaldada por OpenAI usa modelos para diseñar defensas biológicas más rápido de lo que crecen las capacidades de los sistemas que podrían usarse para crear amenazas

Hay un punto de partida incómodo en el negocio de Red Queen Bio y la empresa no lo esconde: su misión es escalar las defensas biológicas más rápido de lo que crecen las capacidades de la IA frontera. La amenaza que quiere contrarrestar es, en parte, la misma tecnología en la que se apoya para hacerlo. OpenAI lideró su ronda seed de 15 millones de dólares en noviembre de 2025. En total, la empresa ha recaudado 36 millones.

La fundaron Nikolai Eroshenko (CEO) y Hannu Rajaniemi (director ejecutivo) —un exfísico teórico y escritor de ciencia ficción que se convirtió en empresario de biotecnología— como spinoff de HelixNano en 2025. Sus primeros objetivos son anticuerpos contra la gripe aviar y otras cepas de influenza. Después vendrán coronavirus, virus tipo ébola y parientes de la viruela. La primera prueba clínica está planificada para 2027.

¿Cómo usa Red Queen la IA para diseñar anticuerpos y por qué es más rápido que el proceso tradicional?

El ciclo de diseño farmacéutico tradicional tarda años porque cada candidato a fármaco tiene que sintetizarse, testarse y analizarse de forma iterativa con métodos mayoritariamente manuales. Red Queen comprime ese ciclo usando IA en la fase de diseño inicial: los modelos proponen candidatos a anticuerpos que se unen de forma eficiente a las proteínas de superficie del virus —las dianas a las que el anticuerpo tiene que adherirse para neutralizarlo— y priorizan los que tienen más probabilidades de funcionar según los datos estructurales disponibles.

Las células crecen para producir esos candidatos, se prueban en el laboratorio, y los resultados retroalimentan los modelos para diseñar versiones mejores. «Cuanto más fuerte se unen, menos cantidad necesitas», explicó Eroshenko al WSJ. «De repente, tienes algo que puede escalar.» La idea es reducir el tiempo entre la identificación de un patógeno emergente y el inicio de producción de un anticuerpo funcional de meses o años a semanas.

Red Queen tiene además dos líneas rojas explícitas: nunca realiza investigación de ganancia de función —la técnica de modificar patógenos para hacerlos más transmisibles o letales, que es exactamente el tipo de investigación que convierte los laboratorios en riesgo de bioseguridad— y nunca produce ni aísla patógenos peligrosos. Trabaja con las proteínas de superficie, no con el virus completo.

¿Por qué la conexión con OpenAI tiene un significado que va más allá de la financiación?

Que OpenAI haya apostado por sus propias inversiones en infraestructura y startup del ecosistema IA con una visión de largo plazo incluye, con Red Queen, una apuesta que no es neutral: el lab que desarrolla los modelos de IA más capaces del mundo también financia a la empresa que intenta asegurarse de que esos modelos no faciliten la creación de bioarmas. Es una especie de auto-contrato de seguro, y reconocer que es necesario tiene implicaciones sobre el nivel de riesgo que el propio OpenAI atribuye a sus sistemas.

La semana pasada, Dario Amodei de Anthropic pidió al Consejo de Seguridad de la ONU que respaldara explícitamente una prohibición de bioarmas con IA. No es una posición retórica: Anthropic publicó en julio que su propio laboratorio de biología —ArTERMIS— ya había identificado resultados relevantes en investigación biomédica. El mismo mes, Google DeepMind lanzó su propio programa de bioseguridad. Un estudio de Cisco publicado también este verano encontró que ningún modelo de IA era completamente resistente a consultas de usuarios que buscaban información sobre agentes biológicos.

El escenario que motiva a Red Queen —y que también preocupa a los labs más grandes— es uno en el que la IA democratiza el acceso al conocimiento necesario para diseñar patógenos peligrosos más rápido de lo que los sistemas de salud pública pueden responder. No es ciencia ficción. Es la extrapolación lógica de sistemas que ya existen combinados con bases de datos biológicas que son públicas.

¿Cuál es la apuesta real de Red Queen y cuándo sabremos si funciona?

La empresa ha elegido un punto de entrada estratégicamente sensato: la gripe aviar. Es un patógeno que ya existe en la naturaleza, que ya ha causado brotes documentados en humanos, y que los modelos epidemiológicos señalan como uno de los candidatos más probables para una pandemia de alta mortalidad. Diseñar anticuerpos preventivos contra cepas de influenza aviar no requiere crear nada nuevo —requiere anticiparse a algo que ya está ahí.

Si los resultados de los laboratorios son suficientemente prometedores, la primera prueba clínica en 2027 dará una señal de si el ciclo IA-laboratorio-retroalimentación funciona a velocidad suficiente para ser relevante en una emergencia real. La apuesta de OpenAI en startups de hardware como Glass Imaging muestra un patrón de inversión en plazos largos. Red Queen encaja en esa lógica.

El nombre de la empresa es una referencia al principio de la Reina Roja de Lewis Carroll —que en biología evolutiva describe la carrera armamentística entre parásitos y huéspedes en la que cada parte tiene que correr solo para mantenerse en el mismo sitio. Red Queen Bio asume que esa carrera ya empezó con la IA. Lo que queda por ver es a qué velocidad corre el otro lado.

Lo que hace relevante este anuncio ahora mismo, más allá de los 36 millones recaudados, es su sincronía con la agenda regulatoria internacional. Esta misma semana, OpenAI publicó su catálogo de incidentes de agentes fuera de control. Nvidia lanzó su plataforma de sandbox para contenerlos. Florida pidió a un juez que para el desarrollo de nuevos modelos. El ecosistema entero está, por primera vez en meses, centrando la conversación en los límites de lo que la IA puede hacer sin supervisión. Red Queen Bio es la única apuesta concreta sobre qué pasa si esa conversación llega tarde al ámbito biológico.

El contexto geopolítico tampoco es tranquilizador. Con armas en el espacio ya confirmadas y la escala de inversión en capacidades de IA militares en múltiples países, el espacio que separa «IA que diseña anticuerpos» de «IA que diseña patógenos» es de intención y regulación, no de capacidad técnica. Que las mismas empresas que están en ambos lados de esa línea sean conscientes de ello es, al menos, el primer paso en la dirección correcta.




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El asteroide Bennu mezcla materiales del borde exterior e interior del Sistema Solar: los 121 gramos que la NASA trajo a la Tierra reescriben su origen

El asteroide Bennu mezcla materiales del borde exterior e interior del Sistema Solar: los 121 gramos que la NASA trajo a la Tierra reescriben su origen

Las 121,6 gramos de roca del asteroide Bennu que la misión OSIRIS-REx trajo a la Tierra en septiembre de 2023 no dejan de dar sorpresas. El hallazgo más reciente, publicado en Science Advances por científicos de la NASA y de varios centros europeos, revela que Bennu es una especie de Frankenstein cósmico: contiene materiales que proceden tanto del Sistema Solar exterior como del interior. Lo cubre hoy Xataka.

El estudio analiza dos tipos de material en las muestras:

Primero, rocas con trazas que indican que el agua corrió por ellas en algún momento. Esas trazas señalan un origen más allá de la línea de nieve —el umbral en el Sistema Solar a partir del cual el agua no se evapora porque está suficientemente lejos del Sol—. Son materiales del Sistema Solar exterior.

Segundo, polvo que coincide con el que se encuentra en la parte más interna del Sistema Solar, cerca del Sol.

Tener ambos tipos de material en el mismo asteroide no tiene sentido geográfico obvio: los dos extremos del Sistema Solar están separados por cientos de millones de kilómetros.

La hipótesis: Júpiter como coctelera gravitacional

Los autores del estudio tienen una explicación que es, al mismo tiempo, física y elegante. Júpiter fue el primer planeta en formarse en el Sistema Solar, en una posición intermedia entre los dos extremos que ahora nos interesan. En las primeras etapas del sistema, cuando había menos obstáculos entre las dos zonas que ahora, el efecto gravitatorio de Júpiter habría sido suficiente para «remover» el material fino de ambos extremos hacia el centro, mezclándolos, mientras bloqueaba el paso de las partículas más gruesas.

Bennu habría sido una de las víctimas —o beneficiarias— de esa coctelera. Formado a partir de material mixto que el propio Júpiter contribuyó a reunir.

La implicación más profunda del hallazgo apunta a algo más cercano: la Tierra también es un planeta «Frankenstein». Los planetas rocosos del Sistema Solar interior, incluido el nuestro, se formaron en la zona seca, entre el Sol y la línea de nieve. El agua que hace posible la vida aquí tuvo que venir de otro lugar —probablemente del Sistema Solar exterior—. Si ese transporte ocurrió por el mismo mecanismo gravitacional que describe el estudio, entonces todos estamos aquí, en parte, gracias a que Júpiter movió material de un sitio a otro hace 4.500 millones de años.

El hallazgo se basó en medio gramo de los 121,6 que se distribuyeron entre los investigadores del mundo que pidieron acceso a las muestras de Bennu. Con esa cantidad diminuta, los científicos identificaron minerales, trazas de agua pasada y polvo de dos orígenes distintos. La misión OSIRIS-REx entregó más material en una sola operación de lo que los laboratorios han podido analizar en tres años.

Bennu tiene también otros hallazgos acumulados: 14 de los 20 aminoácidos que componen las proteínas en la Tierra y las 5 nucleobases del ADN y el ARN. No es evidencia de vida, pero sí de que los ingredientes básicos de la biología viajan por el espacio en asteroides. Combina eso con el hallazgo de esta semana —Bennu es un mensajero de dos extremos del Sistema Solar— y el asteroide se convierte en una especie de archivo de la historia de formación planetaria.

La siguiente misión de la NASA al asteroide es OSIRIS-APEX, que está en camino hacia Apophis para realizar otro rendez-vous en 2029. Si Apophis tiene características similares a las de Bennu, la comparación entre los dos podría confirmar o refutar la hipótesis de Júpiter como coctelera gravitacional.

¿Qué implica esto para la búsqueda de vida?

El hallazgo de esta semana tiene una consecuencia directa para la astrobiología que va más allá de la historia de formación del asteroide. Si Bennu fue ensamblado a partir de material de dos regiones distintas del Sistema Solar, y ese material incluye aminoácidos y nucleobases del ADN, eso sugiere que los ingredientes de la vida no surgieron en un solo lugar del cosmos sino que circularon por él y se mezclaron antes de depositarse en los cuerpos rocosos que conocemos.

La hipótesis de la panspermia —que los componentes de la vida viajaron por el espacio y aterrizaron en la Tierra en asteroides o cometas— tiene en el caso de Bennu uno de sus mejores argumentos empíricos. No es evidencia de vida extraterrestre, pero sí de que la química que la precede es cosmológicamente abundante y que los mecanismos de transporte existen.

La implicación más incómoda del hallazgo es que si la Tierra es también un «planeta Frankenstein» ensamblado con material de distintos orígenes, entonces la singularidad de nuestra bioquímica puede ser menos especial de lo que parece. Lo que ocurrió aquí —combinación de los ingredientes correctos en las condiciones correctas— no fue un accidente de planeta único sino el resultado de procesos físicos que ocurren en muchos sistemas solares.

La misión OSIRIS-APEX, que se dirige hacia el asteroide Apophis para llegar en 2029, permitirá comparar estos resultados. Si Apophis también mezcla materiales del Sistema Solar interior y exterior, la hipótesis de Júpiter como motor de mezcla habrá pasado la prueba de reproducibilidad. Si Apophis es más homogéneo, habrá que revisar la explicación.

EE.UU. confirmó este mes la presencia de armas de órbita en el espacio, en la primera declaración oficial de este tipo: el espacio está pasando de ser el dominio de los científicos al de los estrategas, justo cuando los científicos están contando la historia más completa del Sistema Solar de la historia. El asteroide que trajo ingredientes de la vida desde los dos extremos del cosmos y la carrera por militarizar la órbita terrestre coexisten en el mismo calendario de noticias, que es quizás la metáfora más honesta del momento tecnológico que estamos viviendo.

Bennu volverá a acercarse a la Tierra en 2182 con una probabilidad de impacto que los científicos no descartan. Los 121 gramos que OSIRIS-REx trajo a la Tierra en 2023 están ayudando a construir el mejor argumento para tener misiones de deflexión preparadas con décadas de antelación. Conocer el origen y la composición de un asteroide es el primer paso para desviarlo si algún día hace falta. El Frankenstein cósmico resulta que también es relevante para la seguridad planetaria.




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