24 de octubre de 2026

Una startup dice haber tratado a un paciente con un virus diseñado con ayuda de IA, y eso es casi lo único que ha contado

Un vial y un brazo con una tirita representan la prueba en un paciente de un virus diseñado con IA.

Radical Numerics, una empresa que salió del anonimato en junio de 2026 con 50 millones de dólares de ronda semilla, afirma haber administrado a un paciente con una infección bacteriana multirresistente un cóctel de bacteriófagos —virus que infectan bacterias, no células humanas— cuyas variantes generó su propio modelo de IA. Lo publicó el 20 de octubre en un informe técnico en su blog, y la historia la contó The New York Times el mismo día.

Lo que no ha publicado es casi todo lo demás: no hay revisión por pares, no hay resultado clínico, no hay fecha de la autorización y la FDA no ha confirmado nada.

¿Con qué permiso se hizo esto?

Con una vía de uso compasivo, no un ensayo clínico. La empresa lo describe como una «vía de uso compasivo autorizada y dirigida por un médico», sujeta a «la supervisión y los requisitos de seguridad establecidos por las autoridades reguladoras pertinentes», sin nombrar ninguna. Un portavoz concretó después, al Daily Caller, que se trata del acceso expandido para un solo paciente de la FDA, a petición de un médico.

Conviene insistir en lo que eso no es: no hay ensayo registrado, no hay número de expediente en ningún registro público, no hay fase 1 y no consta ningún comité de ética. Varios titulares en inglés han hablado de «trial». No lo hay.

Y hay dos cosas que no cuadran. La primera: la empresa invoca la vía de la FDA, estadounidense, pero la infectóloga que The New York Times presenta como colaboradora, Marisa Azad, trabaja en el Ottawa Hospital, en Canadá, donde la vía equivalente sería otra. Ninguna fuente dice dónde se trató al paciente. La segunda: la empresa se niega a decir cuándo se autorizó. «No estamos compartiendo la fecha concreta de autorización en este momento», respondió su portavoz. Preguntada por la prensa, la FDA no hizo declaraciones.

¿Qué hizo exactamente la IA?

Menos de lo que sugiere el titular, y la propia empresa lo aclara: su modelo no diseñó un genoma viral desde cero. Partió de un bacteriófago ya conocido y bien caracterizado, y generó variantes modificando regiones seleccionadas de su genoma «involved in particular biological functions». El modelo también priorizó candidatos prediciendo qué fagos funcionarían contra qué bacterias.

Antes de administrarlo, ese cóctel eliminó en laboratorio el aislado bacteriano resistente del paciente.

La empresa es clara en que los fagos administrados son suyos: habla de «designs generated by Omnii-1» y de un cóctel «containing Omnii-1-designed phage variants». Lo que no publica es nada que permita a un tercero juzgar cuánto se apartan realmente esos virus del original: ni el número de variantes del cóctel, ni las secuencias, ni comparación alguna. Es justo la reserva que plantea el único especialista independiente que ha opinado.

¿Funcionó?

No se sabe, y ese es el punto. La empresa no publica el desenlace clínico y alega privacidad del paciente. No hay datos de eficacia, no hay datos de seguridad de este caso más allá de una afirmación genérica —que los fagos no infectan células humanas y que la terapia se considera «en general segura»— y no hay tiempo de seguimiento declarado.

Un dato de contexto que el Times aporta y que coloca todo en su sitio: en terapia con fagos, el tratamiento dura días o semanas y los pacientes se siguen meses por posibles rebrotes. Es decir, al anunciarlo puede ni haber terminado.

La frase más honesta del informe es de la propia empresa: «las observaciones de un solo paciente no pueden establecer la seguridad o la eficacia generales». Suscribo cada palabra, y es exactamente por eso que anunciarlo así resulta llamativo.

El escepticismo lo pone Michael Baym, microbiólogo de Harvard ajeno al trabajo, con una frase que resume el estado del asunto: «Si funciona, es increíble». Y a continuación: «Mi impulso es ser escéptico». Prefiere esperar a que acabe el tratamiento y a poder examinar hasta qué punto esos virus son realmente nuevos. El consejero delegado, Eric Nguyen, dice que publicarán «los hallazgos científicos mediante investigación revisada por pares».

¿Y el problema de bioseguridad?

Existe, es anterior a este caso y lo plantean los propios investigadores del campo. En agosto, un equipo de Stanford, el Arc Institute y el Broad Institute publicó en Science el diseño de genomas completos de fago con modelos de lenguaje genómico, usando ΦX174 como modelo: de 285 genomas sintetizados y ensamblados, dieciséis resultaron viables, y algunas combinaciones vencieron a cepas de E. coli resistentes. Los autores advirtieron en el mismo trabajo de que esto «raises important biosafety, biocontainment, and biosecurity considerations», y su discusión de salvaguardas gira en torno a excluir secuencias de los datos de entrenamiento.

En la misma revista, Thomas Inglesby y Moritz Hanke, de Johns Hopkins, escribieron que el diseño generativo de genomas plantea «cuestiones urgentes de bioseguridad y bioprotección» y que la gobernanza para encauzarlo no existe. Son ellos, y no los autores del paper, quienes sostienen que usar esos datos de entrenamiento para generar genomas de patógenos que infectan eucariotas no debería perseguirse. El infectólogo Isaac Bogoch, del Toronto General Hospital, fue más directo en público: en las manos equivocadas, esto «podría tener consecuencias catastróficas».

Hay contrapunto, y lo da el propio paper: las exclusiones en los datos «successfully prevent the pretrained Evo 2 models from designing eukaryotic viruses». Pero esa es hoy la única salvaguarda documentada, y es una decisión de cada laboratorio, no una norma. La gobernanza que piden los de Johns Hopkins no existe.

Mi lectura es que el problema de este anuncio no es científico, es de forma, y la forma importa mucho cuando hay un paciente de por medio. Una empresa que se presentó al mundo hace cuatro meses publica en su propio blog que ha hecho historia clínica, retiene el resultado, retiene la fecha, no identifica la jurisdicción y no aclara si su modelo generó o solo eligió los virus que se administraron. Eso no es comunicación científica: es un comunicado de producto con un paciente dentro.

Y hay un detalle que me parece el más incómodo de todos. La misma empresa vende su modelo también como herramienta de biodefensa y presume de detectar patógenos generados o manipulados por IA. Es juez y parte: fabrica la capacidad y vende la alarma. Que además justifique el silencio apelando a la vez a la privacidad del paciente y al carácter propietario de un tratamiento que quiere monetizar es una combinación que conviene no normalizar.

Nada de esto significa que el trabajo sea falso ni que la fagoterapia asistida por IA no sea una vía prometedora: la resistencia a antibióticos es un problema real y encontrar fagos a mano es lentísimo, como recuerda la infectóloga que colabora con la empresa. Significa que, hasta que haya un paper, un desenlace y una autorización verificable, lo único demostrado es que alguien lo ha anunciado. Es el mismo criterio que aplicamos cuando un riñón de cerdo recuperó función tras un año congelado sin que nadie demostrara que pudiera mantener vivo a un animal, o cuando un implante retinal devolvió a un paciente la capacidad de leer una palabra: un caso es una noticia, no una prueba. La diferencia es que en aquellos había datos publicados que mirar, y en el conjunto de la IA aplicada al diagnóstico y al tratamiento esa distinción va a decidir qué merece crédito.




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La IA ya está cambiando la predicción del tiempo: con el huracán Isaías acertó su trayectoria cuando los modelos tradicionales fallaron

La IA ya está cambiando la predicción del tiempo: con el huracán Isaías acertó su trayectoria cuando los modelos tradicionales fallaron

Durante décadas, predecir el tiempo que hará en los próximos días ha sido un auténtico reto que pasaba por el uso de supercomputación bruta y física pura con un equipo de meteorólogos detrás. Hoy, la inteligencia artificial está reescribiendo esas reglas, puesto que los modelos basados en machine learning ya no son una promesa de laboratorio, sino que están operando en tiempo real, brindando apoyo a estos profesionales. 

El caso de Isaías. Para comprobar la potencia que tiene esta tecnología en el campo de la meteorología, el usuario en X Packie Young compartía cómo un modelo de DeepMind había anticipado la aparición del huracán Isaías con una precisión casi mágica. En concreto, el modelo FNV3 de Weather Labs es una de estas grandes promesas. 

En cuanto a la trayectoria, la IA lo bordó. Según el análisis de HurriLab el modelo de IA situó el momento de tocar tierra con un margen de error de pocas horas a más de tres días vista, y fue el modelo que más se acercó al punto real de impacto, que fue en Florida. Mientras tanto, el sistema tradicional, tanto europeo como americano, se desvió demasiado al oeste. 

Pero con matices. Pese a que funcionó bastante bien, el propio director del Centro Nacional de Huracanes matizó que el pronóstico oficial del NHC tuvo entre un 20 y un 40% más de habilidad que la IA a la hora de predecir la fuerza del huracán. Aquí, sin duda, los modelos clásicos como HWRF y HMON, siguieron siendo los mejores en pronósticos de intensidad a largo plazo.

Una revolución. Más allá de este caso tan peculiar, hay bastante literatura científica que nos apunta a las bondades de usar estos modelos de IA. Por ejemplo, un artículo publicado en Nature este mismo año sobre el modelo WeatherNext Cyclones demostró que, tras evaluarse con ciclones entre 2023 y 2025, se consiguió ofrecer de media un día o más de ventaja de anticipación frente a los principales modelos que hay operando ahora mismo. 

Pero la prueba más importante que tenemos la dio el NHC en su informe de 2025, que fue el primer año en el que incorporaron modelos de IA en sus operaciones en tiempo real. Aquí el modelo de DeepMind superó el pronóstico del NHC en trayectoria entre 12 y 72 horas, logrando una habilidad comparable en intensidad. Unos resultados que ahora han hecho que se integre perfectamente en las operaciones diarias. 

El cambio institucional. Durante Isaías, los meteorólogos estadounidenses ajustaron sus pronósticos oficiales para que se parecieran a los del modelo de DeepMind, relegando a un segundo plano a colosos históricos como el modelo europeo o el GFS estadounidense. Este nivel de confianza explica también lo ocurrido con el huracán Melissa, donde el NHC logró anticipar su intensificación rápida casi tres días antes de que llegara a Jamaica, apoyándose en la IA.

Por su parte, el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio  ya tiene la IA plenamente operativa con su modelo AIFS listo desde el 25 de febrero del año pasado junto al modelo físico IFS. Aquí la principal diferencia radica en su eficiencia, puesto que la IA consume unas 1.000 veces menos energía por pronóstico. 

En España, la AEMET no se queda atrás, pero mantiene un enfoque más pragmático con sus avances dentro del marco europeo con el modelo ANEMOI-ML. Aquí la agencia pública apunta a que a día de hoy los resultados con IA son peores que los de los modelos tradicionales, siendo el principal problema la suavización de los extremos meteorológicos, que es un factor de riesgo importante cuando se tienen que emitir alertas por las precipitaciones torrenciales. 

Los meteorólogos son necesarios y a priori no van a ser sustituidos por la IA como se puede llegar a pensar. A día de hoy, la mayoría de los modelos necesitan a la meteorología tradicional para arrancar y tomar toda la información con complejos cálculos físicos, siendo de momento un sistema de apoyo. Esto no quita que, en el momento en que la IA logre comerse todo el proceso para llevar los datos desde un sensor hasta el mapa del tiempo, los modelos físicos tradicionales puedan quedar obsoletos. 

Imágenes | Josias Salinas 

En Xataka | En 2023, veinte camiones cruzaron Países Bajos cargados con 400 toneladas de marisma frisia. Su destino era un canal capaz de fabricar tormentas

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La noticia La IA ya está cambiando la predicción del tiempo: con el huracán Isaías acertó su trayectoria cuando los modelos tradicionales fallaron fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .



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Una técnica nueva del Webb encuentra una línea de luz en el Campo Ultraprofundo del Hubble donde no hay ningún objeto visible

Un telescopio observa una fuente de luz aislada en una región aparentemente vacía del espacio.

Un equipo de dieciséis investigadores encabezado por la Universidad de Minnesota ha detectado con el James Webb una única línea de emisión en una posición del cielo donde ni una de las imágenes más profundas jamás obtenidas muestra nada. El trabajo se publicó el 22 de septiembre en The Astrophysical Journal, y ha empezado a circular un mes después convertido en misterio.

Hay un objeto sin identificar, eso es cierto. Lo que no hay es ni un destello ni un enigma sin hipótesis: los autores discuten nueve identificaciones posibles, agrupadas en cinco familias de escenarios, y explican una por una por qué cada una cojea.

¿Qué se ha detectado exactamente?

Una línea de emisión a 16.004 ángstroms —1,6 micras, infrarrojo cercano—, con un flujo de 2,5 por 10⁻¹⁸ ergios por segundo y centímetro cuadrado, y una anchura no resuelta que implica menos de unos 300 kilómetros por segundo. Sin continuo detectable. Sin ninguna otra línea acompañante en todo el rango cubierto, de 0,97 a 1,89 micras.

Aquí hay que corregir dos cosas de cómo se ha contado. La primera: no hay ningún destello. La línea se detectó en dos épocas separadas 88 días —23 y 24 de agosto y 19 de noviembre de 2023— con flujos estadísticamente iguales entre sí, y el paper usa justamente esa estabilidad como argumento contra un objeto del sistema solar en movimiento rápido. La segunda: la región no está «vacía» por ser un trozo cualquiera de cielo. Es el Campo Ultraprofundo del Hubble, una de las zonas más observadas del universo. «Vacío» significa, con precisión, que en esa posición exacta no hay ningún objeto catalogado.

Y hay una tercera trampa, esta semántica. El abstract dice que la línea aparece en cuatro posiciones de dither y dos ángulos de observación y que, por tanto, «cannot be artificial». En jerga de reducción de datos, «artificial» ahí significa «artefacto del instrumento», no «de origen inteligente». Alguna traducción al español ya lo ha convertido en «descartó que la señal fuera artificial», frase que invita a leer lo que el paper no dice. Ni el trabajo ni ninguno de los medios consultados mencionan vida extraterrestre.

¿Cómo se encontró, si nadie apuntaba ahí?

Con una técnica que es, para mí, la mitad interesante de la noticia. Se llama MOCSS, coronografía multiobjeto para espectroscopia sin rendija: en lugar de seleccionar galaxias conocidas y abrir solo sus micro-obturadores, se abren casi todos y se cierran únicamente los que caen sobre objetos ya catalogados. Eso convierte el NIRSpec en un espectrógrafo sin rendija con resolución en torno a 1.000, capaz de encontrar cosas que nadie estaba buscando.

El cribado dio 42 líneas candidatas, de las que siete sobrevivieron al requisito de aparecer en ambas orientaciones. Seis tenían galaxia anfitriona identificada en el catálogo JADES. La séptima es esta.

¿Por qué es raro que no se vea nada?

Porque debería verse, y ese es el dato que falta en toda la cobertura. La posición está cubierta por una imagen de JADES con NIRCam en el filtro F150W, que incluye la longitud de onda de la línea, con una profundidad de 4,6 nanojanskys a cinco sigma. Los autores escriben: «It is clear that there is no source at the position of the shutters […] despite the image being among the deepest images ever obtained by JWST».

Lo llamativo no es que no haya estrella ni galaxia detrás. Es que la línea sola, simulada a través de la curva de transmisión de ese filtro, daría 5,5 nanojanskys, unas siete décimas de magnitud por encima del límite de la imagen. Debería haber salido en la foto. No sale. El flujo máximo compatible con esa no detección es menos de la mitad del medido.

De ahí sale la anchura equivalente monstruosa que complica las explicaciones: por encima de 7.620 ángstroms. Con una advertencia que cambia mucho: ese límite solo vale si la fuente es persistente. Si fue un fenómeno transitorio, la no detección en la imagen deja de restringir nada y el paper rebaja la exigencia a unos 41 ángstroms observados. Y de ahí sale también la pista temporal: la imagen de JADES se tomó en octubre de 2022, un año antes de la espectroscopia. Cuidado con no confundir ese año con los 88 días entre las dos épocas espectroscópicas: el primero es el que permite pensar en un fenómeno transitorio, el segundo es el que lo complica, porque el flujo no varió.

¿Qué puede ser?

Nueve identificaciones en cinco familias, y ninguna encaja del todo. La conclusión del paper es explícita, y conviene leerla entera: «none of the plausible line identifications, [O ii], [O iii], Hα, or Lyα, provide a fully satisfactory explanation, whether or not an AGN is invoked. Transient scenarios also face significant challenges, although they would naturally explain the lack of an imaging counterpart and would relax the extreme equivalent width constraints».

Si la línea es [O ii], el objeto está a redshift 3,29, pero la anchura equivalente en reposo que haría falta no se ha observado nunca en emisores de ese tipo, y la línea estrecha exigiría una densidad electrónica a la que el propio [O ii] se suprime. Si es [O iii], a redshift 2,20, debería verse su línea hermana a 15.864 ángstroms con una relación señal-ruido en torno a 2,9, y no hay nada. Si es Hα, a redshift 1,44, la anchura equivalente roza el máximo teórico para un brote estelar de edad cero, y falta la línea de Hβ.

Y si es Lyα, el objeto sería una galaxia a redshift 12,16, lo que explicaría de forma natural por qué no se ve ninguna otra línea: ninguna caería en el rango cubierto. Es la hipótesis de los titulares, y la más atractiva. Pero exigiría una anchura equivalente en reposo por encima de 580 ángstroms, frente al límite inferior de unos 40 del único comparable que citan, JADES-GS-z13-1-LA, y a ese redshift el medio intergaláctico está neutro en más del 90 %, de modo que haría falta una burbuja ionizada grande que una fuente tan débil no puede sostener sola. Ninguna de las tres galaxias vecinas, todas a menos de un segundo de arco, tiene un redshift fotométrico compatible.

La quinta vía son los fenómenos transitorios. Una estrella fulgurante de la Vía Láctea queda descartada: exigiría una segunda línea de Brackett que no aparece. Una supernova de tipo IIn pediría otra línea de Paschen que debería verse, aunque el paper concede una salida: el polvo que producen las supernovas la atenuaría preferentemente. La opción más cómoda es un evento de disrupción de marea, una estrella desgarrada por un agujero negro: a tiempos tardíos muestran Hα fuerte con continuo débil, el gas ópticamente grueso suprime las líneas prohibidas y el polvo debilita Hβ, lo que explicaría ver una línea sola. Y explica también por qué no había nada en la imagen de un año antes. Lo que no explica es que el flujo no varíe en 88 días, aunque los autores apuntan que «some TDEs evolve on longer timescales».

También queda abierta una variante bonita: que un núcleo activo en una de las vecinas esté iluminando una nube de gas separada, como en los voorwerps. La fuente ionizante no sería co-espacial, lo que permitiría anchuras equivalentes enormes. Pero Hα y [O iii] seguirían exigiendo líneas ausentes.

Lo que falta para resolverlo es medir el redshift, y sin distancia no hay identificación posible. Los autores proponen usar el NIRSpec en modo de unidad de campo integral, «particularly powerful, enabling simultaneous spectroscopy of both this line-emitter and nearby galaxies». No anuncian ningún programa aprobado, solo que «follow-up observations are essential».

Mi lectura es que el paper es exactamente lo contrario de lo que se ha publicado sobre él. Su título es deliberadamente aburrido —habla de un emisor de línea única identificado en una búsqueda sin sesgos— y su contenido es un ejercicio sistemático de eliminación donde cada hipótesis tiene una objeción cuantificada. Convertir nueve identificaciones discutidas con números en «los astrónomos no tienen idea» es perder justo la parte que hace bueno el trabajo. La frase con la que los autores cierran es más honesta que cualquier titular: «Regardless of its true nature […] this object is highly unusual and probes extreme physical conditions». No saben qué es. Saben con bastante precisión qué no puede ser, y eso es ciencia funcionando.

Conviene no sacar de contexto el valor de estos hallazgos. Lo que hay aquí es un objeto raro y una técnica nueva, en la línea de lo que el telescopio viene dando desde que se calibró: desde la evidencia más sólida hasta ahora de las estrellas de agujero negro hasta el faro de luz encontrado en el corazón de la galaxia Calamar. Y si al final resulta que esa línea es Lyα a redshift 12,16, pasaría a formar parte de la discusión sobre las primeras estrellas del universo y el amanecer cósmico. Para eso hace falta la medición que nadie ha programado todavía.




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Diez billones de diamantes por disparo que juntos no llegan a un microgramo: qué hay de verdad en convertir plástico en nanodiamantes

Un haz de luz transforma una lámina de plástico en pequeñas gemas de nanodiamante.

Un equipo del HZDR y la Universidad de Rostock ha conseguido recuperar intactos nanodiamantes creados comprimiendo PET —el plástico de las botellas— con pulsos de láser de alta energía. El trabajo está publicado en Diamond and Related Materials, revisado por pares y en acceso abierto, y el resultado es sólido: partículas de 3 nanómetros de media con una desviación por debajo del nanómetro —3,23 ± 0,79 nm en la medida detallada de la tesis doctoral que documenta estos experimentos—, sin usar explosivos.

Conviene decir de entrada que esto no es reciclaje de plástico, aunque lo parezca por el material de partida. Y que la cantidad obtenida merece una lupa.

¿De dónde sale este experimento?

De la física de interiores planetarios, no de la gestión de residuos. El programa nació para recrear en laboratorio las condiciones del interior de Urano y Neptuno: presiones por encima del megabar y miles de kelvin, el régimen que se llama materia densa y templada. El PET se eligió porque su composición de carbono, hidrógeno y oxígeno imita esos interiores, y porque es un precursor barato y fácil de dopar.

El antecedente directo es un trabajo publicado en Science Advances en septiembre de 2022, con 44 firmantes y el mismo grupo detrás, que observó formación de diamante entre 72 y 125 gigapascales y sugirió que el oxígeno favorece la precipitación de diamante en los gigantes helados. Ya entonces apuntaba, de pasada, a la posibilidad de producir nanodiamantes comprimiendo PET con láser.

Así que no se procesa ningún residuo: se consume cinta de PET comercial, de 75 micras en la campaña de la que salieron los nanodiamantes según la tesis, aunque el comunicado hable de una película de 100. El plástico es aquí un simulador de Neptuno que, de paso, deja diamantes.

¿Qué se ha logrado en realidad?

El primer rescate de nanodiamantes intactos a partir de compresión por choque láser. Suena menor y es el núcleo del trabajo. Los parámetros que vienen a continuación proceden de la tesis, que detalla la campaña con mucho más grano que el paper.

El problema era el aterrizaje. Cuando la onda de compresión llega al final de la muestra y entra en el vacío, la eyección sale a más de 10 kilómetros por segundo. Las simulaciones de dinámica molecular del propio grupo muestran que los nanodiamantes solo sobreviven al impacto por debajo de 11 km/s, así que hacía falta frenarlos con algo muy blando. Los captadores de aluminio y cobre fallaron: se analizaron láminas de captadores con 51 y 54 disparos y no apareció ni un nanodiamante.

La solución fue un gel iónico compatible con el vacío y soluble en agua, sintetizado con un líquido iónico y alcohol polivinílico, desarrollado como parte de un trabajo de fin de grado por uno de los coautores. La muestra que dio la evidencia clara acumuló la eyección de 133 disparos.

Los parámetros: pulso cuadrado de 5 nanosegundos a 3 teravatios por centímetro cuadrado, en la estación L4n-P3 de ELI Beamlines, al sur de Praga. Presión y temperatura, unos 100 gigapascales y 4.000 kelvin según el abstract; en la muestra de la que realmente se recuperaron los nanodiamantes, unos 80 gigapascales y 3.800 kelvin.

¿Cuántos diamantes son «diez billones»?

Los suficientes para que la aritmética sea el dato más honesto del asunto. La nota de prensa dice que cada disparo lanza al cilindro captador «approximately ten trillion» nanodiamantes de tamaño casi idéntico. En español, diez billones: 10¹³.

Cada uno tiene unos 3.000 átomos de carbono. Multiplicando, eso da del orden de 0,6 microgramos de diamante por disparo, estimación compatible con lo que dice la tesis: «the amount of NDs per shot is in the order of µg».

Y aquí la fuente no cuadra consigo misma. El comunicado dice que hicieron falta alrededor de cien disparos para obtener «unos cientos de microgramos», lo que implicaría dos o tres microgramos por disparo: cuatro o cinco veces más de lo que sale de multiplicar sus propias cifras de partículas y átomos. Una de las dos no encaja.

Tomando la estimación conservadora, un gramo pediría del orden de millón y medio de disparos. Y ahí aparece una segunda contradicción: la nota de prensa dice que el láser dispara «tres veces por minuto», pero la tesis del primer autor afirma lo contrario, «un disparo cada tres minutos», y el paper de diseño de la instalación fija el objetivo máximo en un disparo por minuto. Con el ritmo de la tesis, ese millón y medio de disparos son más de nueve años de funcionamiento continuo; incluso con el ritmo optimista de la nota, más de un año sin parar.

Y falta un número que el paper no publica: la fracción de masa convertida. No hay cifra de rendimiento ni en el abstract ni en las 187 páginas de la tesis. Tampoco hay ninguna cifra de coste energético, en ninguna fuente.

¿Es escalable, entonces?

El comunicado del HZDR dice que probablemente sí, y lo argumenta con algo razonable: la investigación en fusión está empujando el desarrollo de láseres de alta energía eficientes y con mucha más cadencia, de modo que el proceso sería realmente escalable; cuantos más pulsos de alta energía puedan generarse en poco tiempo, mejor el rendimiento. Conviene precisar que ese argumento es texto del comunicado, no una cita de ninguno de los autores: Dominik Kraus, catedrático en Rostock y director del instituto de física de altas densidades de energía del HZDR, sí habla en el comunicado, pero de otra cosa. La meta declarada es pasar de cientos de microgramos al rango de los miligramos.

Nótese el objetivo. Miligramos. Y nótese el tiempo verbal en el propio abstract del paper: «our results point to a potential path to a relatively clean, scalable and sustainable approach». Condicional, no logro.

La competencia a batir produce a otra escala. La síntesis por detonación, que cubre en torno al 65 % del mercado de nanodiamantes, usa una mezcla de explosivos deficiente en oxígeno, da partículas de unos 5 nanómetros y su rendimiento llega al 90 % respecto del hollín obtenido. El mercado entero, según una consultora, rondaría los 464 millones de dólares en 2026, unos 413 millones de euros: pequeño y creciente, con la salud y la farmacia como principal destino.

Mi lectura es que el titular del reciclaje le hace un flaco favor a un trabajo que es mejor de lo que parece por otro motivo. La baza del método láser no es el volumen y nunca lo fue: es el tamaño ultrapequeño con una distribución muy estrecha, la ausencia de explosivos y, sobre todo, la posibilidad de dopar el precursor para obtener nanodiamantes a medida. Eso sí interesa a quien quiera sensores cuánticos, agentes de contraste médico o catalizadores, que son las aplicaciones que los autores citan frente al pulido y el abrasivo de hoy.

Conviene añadir un matiz que la nota de prensa no subraya y su propia tesis sí: la señal de los nanodiamantes recuperados se parece a la de los comerciales de detonación pero con un pre-pico grafítico aumentado, lo que apunta a mayor grafitización. Es decir, «alta pureza» es más rotundo que el dato.

No hay ninguna voz externa valorando este trabajo: toda la cobertura localizada es el comunicado reescrito. El contraste disponible es el propio documento y la aritmética. El siguiente paso del grupo es más interesante que el reciclaje imaginario: intentar producir BC8, una fase de carbono predicha teóricamente, más densa que el diamante y menos quebradiza, con presiones mayores. El primer experimento está previsto para noviembre. Si sale, eso sí es una noticia de materiales, y encaja con lo que ya se vio en los siete materiales cerámicos que nacieron al quitar oxígeno: la física de los extremos da compuestos nuevos antes que procesos industriales.

Para lo demás, dos lecturas laterales que ayudan a situarlo: el modelo que pone en duda cuánto hielo tienen de verdad Urano y Neptuno, que es el problema que este grupo intenta resolver, y por qué el sol artificial de China está acelerando la carrera de la fusión, que es de donde saldrían los láseres que harían falta para que el proceso dejara de medirse en microgramos.




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China lo tiene claro: no hay nada como un buen microdrama en el móvil para que las leyes lleguen a la gente

China lo tiene claro: no hay nada como un buen microdrama en el móvil para que las leyes lleguen a la gente

Cuando un gobierno quiere iniciar una campaña, como por ejemplo para que dejes de fumar o no uses el móvil mientras conduces, lo normal es encontrarse carteles físicos o anuncios. Antaño solo en la radio o en la tele, pero ahora también puedes encontrártelos en redes sociales. ¿El problema? No se tú, pero yo en cuanto veo un anuncio de cualquier tipo, mi vista está entrenada para esquivarlo. Así que en China han ido un paso más allá y pasan de los anuncios: se montan su propio microdrama, un formato que causa furor en el país.

Que viva el microdrama. El estado chino ha convertido los microdramas en un canal de comunicación pública. Así, en enero de 2025 la Administración Nacional de Radio y Televisión (NRTA) lanzó su plan "Microdramas+", que lleva el formato a sectores de lo más variopintos, que van desde el turismo o el derecho hasta la ciencia, el deporte o el patrimonio inmaterial. Y este abril publicó su primera lista de 2026 con 116 títulos recomendados: 50 de turismo, 22 para aprender derecho, 8 para fomentar el deporte o 7 para divulgar ciencia, entre otros, como cuenta Sina.

Y desde el 1 de septiembre, el sector tiene su propia norma ministerial, que define el formato como una serie de episodios en la que la duración de cada uno sea inferior a veinte minutos, con un tema claro y una trama principal definida, una historia continua y completa y personajes destacados. Una curiosidad: igual que la UE exige señalar los deepfakes y marcar el contenido generado con IA, en China los microdramas hechos con IA deben llevar un aviso visible en cada episodio.

Ya tienen vídeos virales. Ese formato corto dramatizado con experiencia que podrían ser reales engancha y el gobierno del gigante asiático ya ha conseguido algunos éxitos de visionado, como "¡Señor Bao, ahora es 2025!", una serie de divulgación jurídica sobre las nuevas modalidades de estafas en redes y telecomunicaciones. Lanzada durante las vacaciones del Festival de Primavera de 2025, llegó a superar los 210 millones de visualizaciones en la plataforma Kuaishou, como detalla la página oficial del Tribunal Popular Supremo de la República Popular China.

El gobierno va donde está la audiencia. Para que una campaña funcione hacen falta muchas cosas, pero la primera es ir a donde está la audiencia y el gobierno chino ha acertado de pleno: según el "Informe de Investigación sobre el Desarrollo Audiovisual online de China (2025) recogido por Beijing News, el 59,7% de los internautas chinos es espectador habitual de microdramas. 

Y eso sin hablar del cambio de registro: pasar de carteles, charlas o notas a una narración con conflicto, emoción y algoritmo. Por supuesto, también hace falta dinero: este mayo la NRTA presentó un plan para impulsar mil microdramas en 2026, y seis grandes plataformas se comprometen a invertir al menos 6.000 millones de yuanes, unos 800 millones de euros, en producciones con actores reales. Además, el filón no es solo a nivel concienciación, la industria también gana respaldo y tiempo delante de la pantalla con esas producciones destacadas.

La otra cara de la moneda.El modelo ha ido depurándose por temas: a principios de 2024 la NRTA propuso 100 microdramas de turismo, en agosto de ese año dio el salto al aprendizaje del derecho con la colaboración de la Fiscalía Popular Suprema, el Tribunal Popular Supremo y el Ministerio de Seguridad Pública para, a principios de 2025, integrar estas líneas en el plan “Microdramas+”, que fija seis direcciones prioritarias, entre ellas la ciencia. La adicción a las pantallas y las redes sociales es una realidad, pero también pone en bandeja un formato de lo más aprovechable para que llegue el mensaje.

Esta concienciación a través del canal y el formato de moda también conlleva mayor control. Así, la campaña de salud de Suzhou va acompañada de la regulación de las cuentas de aquellos profesionales de la salud que se dedican a la divulgación, con autorizaciones, registros y revisión. No obstante, a escala nacional la salud pesa poco y hay otros con categoría de "especiales" que tienen mayor control, como política, diplomacia, seguridad nacional, justicia o seguridad pública.

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La noticia China lo tiene claro: no hay nada como un buen microdrama en el móvil para que las leyes lleguen a la gente fue publicada originalmente en Xataka por Eva R. de Luis .



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