8 de febrero de 2026

Da igual cuántas horas pases buscando en el cielo nocturno: jamás vas a ver una estrella verde

Da igual cuántas horas pases buscando en el cielo nocturno: jamás vas a ver una estrella verde

Habrá a quién le de pereza pasear al perro de noche (sobre todo en invierno) o a las 6:30 de la mañana, pero a mí me encanta encontrármelo todo dormido y poder levantar la cabeza tranquilamente para, mientras me doy una vuelta por las afueras de mi ciudad para que mis perras hagan sus cosas, mirar al cielo para ver qué me encuentro. 

Uno de mis pasatiempos es, como cuando era pequeña, intentar distinguir qué me encuentro: La Estrella Polar, a estas alturas del año también El Carro, la brillantísima Sirio con un tono blanco azulado o la anaranjada Aldebarán, la roja Betelgeuse o la supergigante azul Rigel. Aunque hay contaminación lumínica, afortunadamente vivo cerca de varios municipios Starlight y no cuesta mucho encontrar auténticos espectáculos. He visto estrellas de unos cuantos colores, pero nunca verdes.

La realidad es que miro las estrellas sin más instrumental que mis ojos y eso implica solo ver aquellas lo suficientemente brillantes como para emitir suficiente luz como para activar los conos, las células sensibles al color que están en la retina. Pero aún así, las estrellas que me encuentro parecen blancas, azules, rojas, naranjas o amarillas. Viendo el cielo con un telescopio la cosa cambia y ahí sí que se pueden ver estrellas más débiles o incluso subir de nivel y echar un vistazo (e intentar interpretar lo que ven los telescopios espaciales). Lo que cuesta ver son estrellas verdes.

Spoiler: es cosa tanto de las estrellas como de nuestros ojos y su forma de percibir el color.

El pico de emisión del Sol es verde. Hay varias razones por las que nunca lo vemos de ese color

Una estrella se comporta como un cuerpo negro, esto es, emite luz en función de su temperatura. En pocas palabras: emiten luz porque están calientes. De hecho, su color depende de su temperatura: las más frías emiten con  luz roja y las que están muy calientes brillan en azul.  

Nasa Diferentes curvas de Planck para estrellas de colores clásicos: azul, amarillo, rojo. NASA

Sin embargo, esto es una simplificación: en realidad emiten en una amplia gama de colores pero en diferentes proporciones en forma de campana asimétrica (la curva de Planck que ves sobre estas líneas) y es la mezcla la que da ese color final. La relación entre la temperatura de una estrella y el color donde emite la mayor cantidad de energía (la puntita de la curva) se obtiene de la Ley de Desplazamiento de Wien

Si una estrella tiene una temperatura de unos 5.500K (muy parecida a la del Sol), su pico de emisión estaría precisamente en esa zona verde. Pero nunca hemos visto que el Sol sea verde. Aquí entran en juego nuestros ojos: el color de una estrella no es una propiedad intrínseca de la luz, sino una interpretación de nuestro ojos frente ese batiburrillo de fotones.

Los ojos tienen tres tipos de conos, cada uno de ellos sensible a la luz roja, verde o azul respectivamente. Es decir, que si un objeto emite o refleja luz roja, solo los conos rojos enviarían una señal al cerebro para que lo perciba así. Obviamente el cerebro puede interpretar más colores: la clave está en que esos tres tipos de conos pueden enviar la señal en distinta proporción y luego se mezclan en el cerebro. 

Precisamente lo que pasa con el Sol, que aunque emite la mayor cantidad de luz en azul y verde, emite simultáneamente tanta cantidad de luz roja y azul que la combinación acaba promediando en el cerebro como blanco (otra cosa es que esté clasificada como una estrella enana amarilla. 

Debido a la física de los cuerpos negros, no existe una temperatura estelar que excite únicamente los conos verdes del ojo sin activar también los rojos y azules. Y como las cámaras imitan la visión de los ojos, las estrellas tampoco aparecen verdes en las fotos.

Sí, pero. Después de toda esta explicación resulta que hay un par de estrellas que hay quien dice ver verdes, pero no: en realidad son trucos del cerebro. Es el caso de Almach, un sistema estelar formado por una gigante y brillante naranja y un sistema triple de tres estrellas azules tan próximas que desde nuestra perspectiva no se distinguen por separado, sino que se mezclan en un punto de luz. Nuestro cerebro intenta equilibrar el naranja con su color complementario, el verde. El resultado: la podemos llegar a percibir como naranja. Eso sí, las cámaras no pican en este error de procesamiento biológico. La otra es Zubeneschamali, una estrella solitaria cuyo color confundimos bien por una percepción subjetiva o por efectos de la atmósfera. 

Eso no significa que no haya objetos celestes verdes en el cielo. Hay unas cuantas nebulosas con un tono verde de lo más llamativo gracias a la intensa emisión de los átomos de oxígeno, también hemos visto cometas color verde esmeralda (la culpa la tiene el carbono diatómico) o planetas como la Tierra por motivos obvios y hasta Urano por el metano de su atmósfera y cómo absorbe la luz. 


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Portada | Parastoo Maleki 

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La noticia Da igual cuántas horas pases buscando en el cielo nocturno: jamás vas a ver una estrella verde fue publicada originalmente en Xataka por Eva R. de Luis .



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En la obsesión por sobreprotegerlos, los padres están privando a sus hijos de algo importantísimo: frustrarse

En la obsesión por sobreprotegerlos, los padres están privando a sus hijos de algo importantísimo: frustrarse

Vivimos en la era de la hiperpaternidad, puesto que nunca antes se había tenido tanta información sobre la crianza, y paradójicamente, nunca se había sentido tanta culpa. El hecho de que a algunos padres les aterre dar una mala contestación, una separación o un exceso de pantalla arruine de manera irreversible en los hijos. Pero la verdad es que estamos sobreprotegiendo en exceso a los niños. 

Una experta. Frente a esta ansiedad, la psicóloga infantil Ana Aznar, autora de 'Educar también es decir no', propone un cambio de paradigma: la crianza realista. Su tesis es que la sobreprotección está creando una generación con baja tolerancia a la frustración y que los padres necesitan recuperar la autoridad (que no el autoritarismo). Y ante esto, la ciencia tiene mucho que decir sobre el verdadero peso que tienen las decisiones de los padres en la vida adulta de los niños. 

El mito del determinismo. Una de las mayores fuentes de ansiedad en estos casos puede estar puesta la idea de que lo que ocurre en la infancia es un destino inamovible. Pero esto no es así del todo. Un estudio clásico que siguió a miles de nacidos en 1958 y 1970 apuntó a que todas las variables de la infancia juntas, como el estatus económicos, los rasgos familiares o la salud, solo explican entre un 2,8% y un 6,8% de la variabilidad en la satisfacción vital a los 30 años.

Esto no significa que la infancia no importe, que claro que importa. La evidencia nos apunta a que el desarrollo humano es acumulativo y plástico, haciendo que los factores posteriores tengan un mayor paso en la fase adulto. Con esto nos referimos a la adolescencia, las primeras relaciones sociales o el entorno laboral que cuentan con un gran peso. 

Paradoja de sobreprotección. Aunque el pretexto, que básicamente es evitar el sufrimiento del niño, la verdad es que este estilo de educación tiene efectos secundarios importantes. Esto es algo que ha sido validado por la ciencia, que encontró que la sobreprotección parental se asocia positivamente con problemas internalizantes como ansiedad y depresión. 

El mecanismo es perverso en este caso, porque al "limpiar el camino" de obstáculo, impedimos que el niño estrene su tolerancia a la frustración. Estudios recientes vinculan la sobreimplicación intrusiva de los padres con una menor autonomía y un peor ajuste emocional en la adultez. Esto se traduce en que hacer que un niño nunca se frustre por estar en una nube constante hace que el adulto se rompa ante el primer "no" en la vida real como en un trabajo. 

El problema de las pantallas. En la actualidad una de las grandes preguntas está en cuándo entregar el móvil a los niños por primera vez. La ciencia apunta a que lo importante es ofrecerlo pero educando sobre el uso desde el primer momento. 

Un estudio sobre la población canadiense mostró aquí una relación clara: superar las 2 horas diarias de tiempo recreativo frente a pantallas se asocia con mayor probabilidad de ansiedad y dificultades psicosociales. 

Lo de verdad. Sin embargo, el matiz clave que aportan organismos como la Asociación Americana de Pediatría es el desplazamiento. El problema no son siempre los píxeles en sí, sino lo que el niño deja de hacer por estar mirando la pantalla: dormir menos, moverse menos y socializar menos cara a cara. 

La estrategia respaldada por la ciencia no es solo "quitar el móvil", sino "llenar la vida" de alternativas como deporte, sueño o juego libre y vigilar la calidad del contenido, más que obsesionarse solo con el cronómetro.

El conflicto. Algo que puede estar muy interiorizado en las familias es que el hecho de presenciar un divorcio en el seno de la familia destroza a un niño. Pero la realidad es que lo más importante es el clima de convivencia como apunta un estudio que analizó a cientos de familias. 

En este se vio claramente que la calidad de la relación entre los progenitores como el apoyo o la ausencia de conflicto hostil es un predictor mucho más fiable del bienestar infantil que el hecho de vivir con ambos padres biológicos o no. De esta manera, un hogar con dos padres en guerra constante es, según los datos de PMC, un entorno más tóxico para el desarrollo de los niños que el hecho de tener una familia monoparental donde hay calma. 

Imágenes | Christian Mai 

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La noticia En la obsesión por sobreprotegerlos, los padres están privando a sus hijos de algo importantísimo: frustrarse fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .



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7 de febrero de 2026

AirDrop se abre a Android: Google confirma la expansión de la compatibilidad más allá de los Pixel 10

Ilustración pop art minimalista de la eliminación de apps de Apple en dispositivos iPhone y iPad.

Durante años, AirDrop ha sido ese gesto cotidiano que los usuarios de iPhone hacen casi sin pensar: acercas dos dispositivos, tocas un botón y el archivo “salta” como si lo hubieras pasado de mano en mano. En Android, el equivalente moderno ha sido Quick Share, práctico y cada vez más extendido, pero con un límite claro: cada uno jugaba dentro de su patio.

Esa separación empezó a romperse cuando Google y Apple habilitaron que AirDrop y Quick Share pudieran hablar entre sí. Es un cambio con un peso simbólico importante, porque reduce fricción en algo tan común como enviar una foto, un PDF o un vídeo corto entre personas con móviles distintos. El problema es que esa compatibilidad inicial se quedó encerrada en una sola familia: los Pixel 10. El resto de usuarios de Android, pese a tener Quick Share, miraba el cartel de “solo residentes” desde la acera.

Qué significa que AirDrop y Quick Share “se entiendan”

Cuando se habla de interoperabilidad entre Quick Share y AirDrop, la clave está en que el envío deja de depender del “mismo ecosistema”. En la práctica, es como si dos barrios que antes usaban llaves distintas para sus portales acordaran un sistema compatible: sigues usando tu puerta, pero ahora la llave funciona cuando vas a casa del vecino.

En el día a día, esta compatibilidad se traduce en menos pasos y menos soluciones improvisadas. En vez de recurrir a mensajería, correo o enlaces en la nube para un simple archivo, el objetivo es que el intercambio sea directo, local y rápido. Para quien trabaja en equipos mixtos (Android y Apple), o para familias donde conviven marcas, la diferencia es tangible: no cambia “la tecnología” de forma abstracta, cambia la rutina.

Por qué empezó siendo algo “de élite” en los Pixel 10

La compatibilidad se activó por primera vez en noviembre de 2025, pero solo en la serie Pixel 10. Visto desde fuera, parecía una estrategia típica de funciones premium: primero en el modelo nuevo, luego (quizá) al resto. Esa percepción se reforzaba porque la novedad era grande y muy visible, el tipo de mejora que normalmente se usa para vender hardware.

Sin embargo, desde el inicio había señales de que Google no lo había atado de manera estricta a los Pixel. Investigadores y “code-sleuths” detectaron que la interoperabilidad no estaba integrada como una función inseparable del sistema del Pixel, sino que tomaba forma como una aplicación independiente, con su propia presencia en Google Play Store. Ese detalle es más importante de lo que parece: cuando algo vive como app, escalarlo a más dispositivos suele ser más viable que cuando depende de componentes exclusivos del fabricante.

La confirmación de Google: llega al resto de Android en 2026

Ahora, Google ha puesto palabras claras a lo que muchos esperaban: la interoperabilidad con AirDrop se extenderá a Android de forma general. La confirmación llegó en un briefing con presencia de Android Authority, donde Eric Kay, vicepresidente de ingeniería de Android, explicó que el equipo dedicó mucho esfuerzo a asegurar compatibilidad no solo con iPhone, sino también con iPad y MacBook. El mensaje de fondo es doble: primero, que ya han demostrado que funciona; segundo, que están trabajando con socios para llevarlo al resto del ecosistema y que deberían verse anuncios “muy pronto” a lo largo de este año.

Traducido a términos cotidianos, Google viene a decir: “ya hemos hecho la prueba difícil; ahora toca desplegarlo para todos”. Aun así, el calendario sigue sin una fecha cerrada. Se habla de 2026 como ventana, no como día marcado en el calendario. Para usuarios, esa ambigüedad es frustrante; para ingeniería y acuerdos entre empresas, es bastante habitual.

Socios de hardware y la pista de Qualcomm y Nothing

Un aspecto que encaja con esa expansión es que no solo Google está empujando. Según lo comentado por el propio ecosistema, Qualcomm y Nothing habrían señalado por separado que estaban trabajando para habilitar esta función en su hardware. Eso sugiere coordinación con fabricantes y proveedores de chips, algo lógico si se quiere que el envío funcione bien en una gran variedad de móviles, tablets y configuraciones.

Piensa en ello como adaptar una misma receta a muchas cocinas. En una casa tienes horno de gas, en otra inducción, en otra un microondas potente; el plato puede salir bien en todas, pero hay que ajustar tiempos y temperaturas. En Android pasa algo similar: diversidad de marcas, capas, versiones, permisos y componentes. Lograr que el intercambio sea fiable en la mayoría de dispositivos requiere ese trabajo con “socios de cocina”.

Beneficios reales: menos fricción, más continuidad

La promesa de compartir archivos entre Android y Apple sin rodeos tiene ventajas claras. Para consumidores, reduce el número de “plan B”: ya no hace falta preguntarse si el archivo pesa demasiado para enviarlo por una app, si se pierde calidad, o si el receptor tiene instalada la misma herramienta. Para profesionales, mejora la continuidad del flujo de trabajo: un vídeo grabado con el móvil se pasa al portátil de un compañero, un documento salta a la tablet, una carpeta de fotos llega a un editor sin convertirse en una maraña de enlaces.

Hay un componente social que también cuenta. La compatibilidad entre ecosistemas baja la barrera de “no te lo puedo pasar porque tú tienes iPhone/Android”, una frase que se repite más de lo que parece en grupos de amigos, clases, eventos y equipos de trabajo. Es una mejora pequeña cuando la miras como función; se vuelve grande cuando la miras como hábito.

Las preguntas que quedan: disponibilidad, modelos y garantías

Con todo, hay incertidumbres importantes. La primera es el alcance exacto: “todos los Android” suena bien, pero en Android siempre hay matices. ¿Llegará vía actualización de Google Play? ¿Requerirá una versión mínima del sistema? ¿Dependerá del fabricante para activarlo? La pista de la app independiente en Play Store apunta a un despliegue más uniforme, aunque no elimina posibles límites por hardware o por políticas de cada marca.

La segunda pregunta es la experiencia de uso: que funcione no basta; tiene que ser tan simple como la gente espera de AirDrop. Si el proceso exige demasiados permisos, configuraciones o pasos, muchos volverán a la mensajería por pura pereza. En este tipo de funciones, la magia está en que parezca obvia, como encender la luz al entrar en una habitación.

La tercera, y nada menor, es la privacidad y seguridad. Este tipo de intercambio cercano suele basarse en descubrimiento de dispositivos y transferencias locales. Los usuarios querrán controles claros: quién puede enviarte cosas, cuándo apareces visible, cómo se evita el spam de archivos en lugares públicos. AirDrop ya ha vivido debates sobre configuración de recepción; al abrir la puerta a más combinaciones entre plataformas, estas preguntas se vuelven todavía más relevantes.

Un cambio que mide fuerzas: ecosistemas más porosos, usuarios más exigentes

Que Google confirme la expansión de AirDrop hacia Android (vía interoperabilidad con Quick Share) refleja una tendencia: los usuarios ya no aceptan tan fácilmente los “jardines vallados” cuando la tarea es tan básica como compartir un archivo. Apple y Google compiten, sí, pero también comparten un incentivo: si el intercambio es más fácil, se usa más, y eso fortalece el valor percibido de sus plataformas.

Lo que queda por ver es el “cómo” y el “cuándo” con precisión. Si 2026 termina siendo el año en que cualquier móvil Android moderno pueda enviar y recibir con iPhone sin trucos, la experiencia diaria de millones de personas se volverá un poco menos complicada. No es una promesa grandilocuente: es el tipo de mejora que se nota cada semana, como cuando por fin arreglan una puerta que siempre se atascaba.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

Hay gente capaz de dar positivo en un control de alcoholemia sin haber bebido una gota de alcohol. Y ya sabemos por qué

Hay gente capaz de dar positivo en un control de alcoholemia sin haber bebido una gota de alcohol. Y ya sabemos por qué

Aunque pueda parecer una locura, dar positivo en un control de alcoholemia habiendo bebido solo agua y un plato de pasta es posible. Y aunque explicarlo de esa manera a un agente de policía puede dar lugar a dudas sobre una mala excusa, la verdad es que es una realidad médica para quienes sufren el conocido síndrome de autofermentación

La investigación. Hasta ahora este problema se los achacábamos a las levaduras, pero un equipo de investigadores de la UC San Diego y el Hospital General de Massachusetts ha identificado cepas específicas de Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae como las responsables de generar niveles intoxicantes de etanol en el intestino, abriendo la puerta a tratamientos tan sorprendentes como el trasplante fecal. Es decir, hay bacterias que literalmente nos pueden emborrachar sin beber una gota de alcohol. 

La tormenta metabólica. Para llegar a esta conclusión, el estudio analizó a 22 pacientes diagnosticados con este problema metabólico, comparándolos con 21 familiares sanos. En este caso, los resultados fueron bastante contundentes, porque la muestras fecales de los pacientes en pleno brote eran capaces de producir etanol de forma endógena a niveles alarmantes. 

Para poder conocer mucho más, estas muestras se cultivaron y se llegó a ver una concentración de etanol de hasta 136 mg/dl. Para ponerlo en contexto, en muchos países el límite legal para conducir ronda los 50 mg/dl en sangre, por lo que estos pacientes sin beber estarían duplicando la tasa de alcohol permitida al volante. 

Una fábrica de alcohol. Lo novedoso de este estudio es que desplaza el foco de las levaduras hacia las bacterias, puesto que los análisis genómicos mostraron un enriquecimiento masivo de genes relacionados con la fermentación ácido mixta. 

Pero no hay que caer en la afirmación de estas bacterias son 'malas', sino que el ecosistema se rompe para dar lugar a este problema. ¿Y cuál es el desencadenante? Los antibióticos. Y es que el uso de estos fármacos puede barrer la flora equilibrada, permitiendo a los patógenos oportunistas tomar el control del intestino y empezar a metabolizar azúcares en alcohol. 

El tratamiento. Lógicamente, esto es un grave problema, no por el hecho de dar positivo en los test de alcoholemia, sino por la toxicidad a la que se enfrenta el organismo. Es por ello que el objetivo ahora mismo está en el tratamiento que ahora tiene el foco puesto en un trasplante de microbiota fecal

Para este estudio el donante de su microbiota fecal fue un entrenador personal con una salud intestinal envidiable. Y el resultado fue increíble, puesto que el paciente con este problema vio como remitían estos problemas de manera definitiva, y su capacidad para "auto-producir" alcohol desapareció tras repoblar su intestino con las bacterias sanas de otra persona. 

Más allá de emborracharse. Como hemos dicho antes, puede parecer ideal tener una sensación de embriagadez sin tener que gastar ni un euro en una copa, pero la realidad es que este problema deriva también en una enfermedad de hígado graso no alcohólico. Y es que producir alcohol de manera constante puede causar daños hepáticos muy graves. 

Pero en el tema social, esta sobreproducción de etanol de manera endógena ha llevado a personas a perder su carnet de conducir o enfrentar problemas laborales injustamente. Todo por un problema que puede parecer la excusa perfecta, pero que en realidad es un problema médico de primer nivel. 

Imágenes | Lawrence Krowdeed 

En Xataka | Hay una edad a la que deberíamos dejar de beber alcohol para siempre. La neurociencia tiene claro por qué

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La noticia Hay gente capaz de dar positivo en un control de alcoholemia sin haber bebido una gota de alcohol. Y ya sabemos por qué fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .



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Llevamos años creyendo que la avena es el desayuno perfecto, pero la ciencia tiene una advertencia: hay un límite

Llevamos años creyendo que la avena es el desayuno perfecto, pero la ciencia tiene una advertencia: hay un límite

Durante los últimos años, la avena se ha coronado como la reina indiscutible de los desayunos saludables. Y es que solo hay que mirar un poco internet para ver los porridges de Instagram o la recomendación de los cardiólogos para pensar que estamos ante un alimento perfecto y sin ningún tipo de fallo. Sin embargo, todo puede tener letra pequeña y la avena es uno de ellos. 

Investigando. Aunque se coma sano, hay gente que con la avena está presentando hinchazón abdominal, gases o en general malestar digestivo. Y no es que la avena sea mala, sino que hay posibilidades de que la estemos comiendo mal. Esto es algo que ya ha investigado hasta la Universidad de Monash, un referente mundial en la salud digestiva, al poner una cifra exacta sobre la mesa: 52 gramos. 

Esto es algo que también ha puesto sobre la mesa el nutricionista Óscar Hurtado que apunta a que la avena es saludable, pero tiene una "curva de tolerancia" muy estricta para algunos intestinos. 

La razón. El problema de la avena se encuentra en los FODMAP (oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables). Estos no son más que carbohidratos de cadena corta que el intestino delgado no puede absorber bien, y es por ello que siguen su 'viaje' hasta el intestino grueso donde las bacterias que se encuentran aquí los fermentan rápidamente produciendo gas. Pero no solo esto, sino que puede arrastrar agua produciendo diarreas. 

Y aquí es donde entra la Universidad de Monash que ha medido el efecto que tiene estos compuestos en nuestro organismo. Una de sus principales conclusiones está en que 52 gramos de avena (lo que es media taza) es la cantidad de fructanos segura para la mayoría de los humanos. 

Si nos pasamos. En el caso de pasar la barrera de los 60-70 gramos, el contenido de fructanos en el intestino se dispara y comienza a generar problemas. Algo que interesa, y mucho, a quien sufre de un problema digestivo como por ejemplo el Síndrome del Intestino Irritable (SII), ya que se estaría pasando de un desayuno 'antiinflamatorio' en un detonante de distensión abdominal y dolor. 

Más estudios. Esta es no es una advertencia de ahora, sino que tiene un gran respaldo en la ciencia. Un ejemplo lo tenemos en el ensayo pivotal de Halmos que demostró que una dieta bja en FODMAP reduce los síntomas gastrointestinales entre un 22% y un 45% más que las dietas habituales. Esto se debía a que redujeron la cantidad de fructanos, muy presentes en la avena, en la dieta que tomaban. 

Pero además, un estudio de 2022 confirmaba también que el control de las porciones de este tipo de carbohidratos fermentables mejoraba significativamente la vida en los pacientes con SII. Y no se trataba de eliminar la avena de la dieta, sino en mantenerla en una "zona segura". 

No hay que demonizar. Con estos estudios lógicamente no hay que llegar a este punto con la avena, puesto que tiene muchos beneficios a sus espaldas. La Fundación Española del Corazón y múltiples estudios nutricionales recuerdan por qué llegó al trono del desayuno en primer lugar. 

Y es que cuenta con la capacidad de dar saciedad, lo que ayuda al control de peso, y también retrasa la absorción de carbohidratos para prevenir picos de insulina que son realmente nocivos para el organismo. Aunque no se queda aquí, puesto que para la gente con colesterol alto su alta cantidad de beta-glucanos puede reducir el "mal" conocido como 'colesterol malo' o LDL. 

Basado en tolerancia. La conclusión a la que podemos llegar, es que si se tiene un estómago de hierro y un buen desayuno de avena no afecta para nada, se puede seguir tomando con normalidad. Pero en el caso de que se comiencen a presentar síntomas como el hinchazón o diarrea es mejor ir comenzando a bajar la dosis para ver si este "desayuno perfecto" comienza a sentar de nuevo bien. De esta manera, nos quedamos con sus propiedades beneficiosas sin las molestias digestivas que tanto podemos odiar. 

Imágenes | Dor Farber

En Xataka | Llevamos años confiando en el Nutri-Score en las tiendas. La ciencia opina que su impacto real es nulo

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