14 de julio de 2026

Cuántas personas han vivido en la historia: 117.000 millones, y los 8.000 millones actuales somos solo el 7%

Cuántas personas han vivido en la historia: 117.000 millones, y los 8.000 millones actuales somos solo el 7%

Estamos acostumbrados a escuchar que vivimos en la era más poblada de la historia. Es cierto: nunca ha habido tantos humanos vivos a la vez. Pero hay una pregunta diferente, más inquietante, que pocas veces se formula en esos términos: ¿cuántas personas han existido en total desde que el Homo sapiens apareció sobre la Tierra? La respuesta cambia completamente la perspectiva.

Según la estimación más citada, la del Population Reference Bureau, la cifra total es de aproximadamente 117.000 millones de personas. Los 8.000 millones que habitamos el planeta en 2026 representamos alrededor del 7% de todos los seres humanos que alguna vez existieron. Por cada persona viva hoy, hay unas 14 que ya no están.

Ese dato desmonta el mito popular de que «hay más gente viva hoy que muertos en toda la historia», una frase que circula en conferencias y presentaciones desde hace décadas. La realidad es exactamente la inversa: los muertos superan a los vivos en proporción de 14 a 1.

El año cero: 300 millones de personas en todo el planeta

Para poner cifras al tamaño de la humanidad a lo largo del tiempo, hay que empezar por puntos de referencia concretos. En el año 1 d.C., la población mundial era de aproximadamente 300 millones de personas. Es decir, toda la humanidad de entonces cabría holgadamente dentro de los límites actuales de Estados Unidos.

Las estimaciones para el año 1 d.C. oscilan entre 170 y 400 millones, porque los únicos datos razonables de ese período proceden de Roma y China —que sumaban entre 50 y 60 millones cada una— y el resto se reconstruye con modelos demográficos. El rango de incertidumbre es amplio, pero el orden de magnitud —pocos cientos de millones— es sólido.

Lo que resulta más llamativo es el ritmo del cambio. La humanidad tardó aproximadamente 190.000 años en llegar a esos 300 millones del año 1 d.C. Luego tardó otros 1.800 años más en alcanzar los primeros 1.000 millones (hacia 1804). Los últimos 1.000 millones se han añadido en poco más de una década.

Por qué explotó la población en los últimos 200 años: los 10 factores

La clave del crecimiento explosivo reciente no está en que nacieran más personas sino en que dejaron de morir tan pronto. Durante milenios, la mitad de los niños moría antes de los cinco años. Hoy, la mortalidad infantil global es inferior al 4%. Estos son los diez factores que lo hicieron posible:

Caída de la mortalidad infantil. El factor número uno. Que los niños nacidos sobrevivan es, en términos demográficos, lo que más mueve el marcador.

Vacunas. Desde la viruela (Jenner, 1796) hasta los programas masivos del siglo XX, eliminaron las enfermedades que más niños mataban históricamente.

Teoría microbiana de la enfermedad. Pasteur y Koch demostraron que los gérmenes causan infecciones. La medicina pasó de superstición a ciencia con consecuencias inmediatas en la supervivencia.

Agua potable y saneamiento. El alcantarillado y el agua tratada acabaron con el cólera y el tifus en las ciudades. Probablemente salvó más vidas que ningún avance médico aislado.

Antibióticos. Desde la penicilina (1928), infecciones antes mortales pasaron a resolverse en días.

Revolución agrícola. Rotación de cultivos, mecanización y cultivos americanos como la patata y el maíz multiplicaron los alimentos disponibles por persona.

Fertilizantes sintéticos. El proceso Haber-Bosch (1909) permite fijar nitrógeno atmosférico en fertilizante. La estimación más citada es que la mitad de la humanidad actual existe gracias a él.

Revolución Verde. Las variedades de alto rendimiento de los años 60-70 evitaron las hambrunas masivas que se predecían para Asia. Norman Borlaug recibió el Nobel de la Paz por ello en 1970.

Transporte y refrigeración. El ferrocarril, los barcos frigoríficos y la logística global terminaron con las hambrunas locales por malas cosechas. El problema de la distribución desapareció cuando la comida pudo moverse.

Higiene básica. Jabón, lavado de manos y antisepsia hospitalaria: medidas baratas cuyo impacto en la mortalidad materna e infantil fue brutal.

La paradoja estadística es esta: la natalidad no subió, de hecho lleva décadas cayendo en casi todos los países del mundo. El crecimiento de la población fue posible simplemente porque, por primera vez en la historia, los nacidos sobreviven en su mayoría.

Los 117.000 millones: cómo se calcula y qué incertidumbre tiene

El Population Reference Bureau publicó su estimación de 117.000 millones tomando como punto de partida la aparición del Homo sapiens anatómicamente moderno, hacia el 190.000 a.C., aunque hay estimaciones que sitúan la aparición algo más tarde, alrededor del 150.000 a.C. El cálculo combina tasas de natalidad estimadas —altísimas en la prehistoria, donde se necesitaban muchos nacimientos para mantener la población estable ante una mortalidad brutal— con estimaciones de población en cada período.

El margen de error en los períodos prehistóricos es enorme —decenas de miles de millones de personas— porque no hay registros y todo se basa en modelos. Pero el orden de magnitud (algo más de 100.000 millones) es bastante consensuado entre los demógrafos.

El ADN humano antiguo preservado en las paredes de cuevas de España y Portugal, un hallazgo publicado esta semana en Nature Communications, es exactamente el tipo de evidencia que complementa estas estimaciones: cada nuevo hallazgo arqueogenómico permite calibrar mejor quiénes eran las poblaciones prehistóricas, cuántas eran y cómo se movían. La demografía histórica y la genómica antigua están construyendo juntas un mapa cada vez más preciso de nuestra historia como especie.

La distribución geográfica de esos 8.000 millones actuales puede verse con precisión a 30 metros de resolución en herramientas como el mapa de población mundial calculado con IA a partir de imágenes satelitales: un contraste fascinante entre lo que sabemos del pasado con márgenes de error enormes y lo que podemos medir del presente con precisión sub-kilométrica.

Mi valoración

La cifra de 117.000 millones tiene algo de filosóficamente humillante. Toda la civilización registrada —Sumer, Egipto, Grecia, Roma, el Renacimiento, la Ilustración, la Revolución Industrial— representa menos del 15% de todos los humanos que han existido. Los 185.000 años anteriores a la escritura también tienen su historia, aunque no la hayamos escrito.

Lo que más me convence de este marco es que desmonta dos mitos populares simultáneamente: el de que somos pocos comparados con los muertos históricos (somos el 7%, no menos de la mitad), y el de que el crecimiento explosivo reciente se debe a que nacen más personas (se debe a que mueren muchas menos).

Lo que más me parece digno de reflexión es el factor Haber-Bosch. Que un proceso químico industrial desarrollado en 1909 para fabricar fertilizantes haya hecho posible la existencia de aproximadamente 4.000 millones de personas que de otro modo no habrían nacido —porque no habría suficiente comida para sostenerlas— es el tipo de conexión entre ciencia aplicada y demografía que pocas veces se explica con claridad fuera de los manuales especializados.

Preguntas frecuentes

¿Es verdad que hay más gente viva hoy que muertos en toda la historia?

No. Es un mito que se repite con frecuencia pero que las estimaciones demográficas desmienten. Según el Population Reference Bureau, unos 117.000 millones de personas han vivido desde la aparición del Homo sapiens. Los 8.000 millones actuales representan aproximadamente el 7% de ese total, lo que significa que por cada persona viva hay unas 14 que ya fallecieron.

¿Cuándo llegó la humanidad a 1.000 millones de personas?

Aproximadamente en 1804. La humanidad tardó unos 190.000 años en llegar a los 300 millones que había en el año 1 d.C., y luego otros 1.800 años más en cuadruplicar esa cifra hasta el primer millardo. Desde entonces, el crecimiento se aceleró dramáticamente: el segundo millardo llegó hacia 1927 (123 años después), el tercero hacia 1960 (33 años), y los más recientes en períodos de poco más de una década.

¿Llegará a frenarse el crecimiento de la población mundial?

Sí, y ya está frenándose. Las proyecciones actuales sugieren que la población mundial podría alcanzar su pico máximo alrededor de 2050, en torno a los 9.000-10.000 millones de personas, antes de comenzar a decrecer lentamente. El motor es la transición demográfica: a medida que aumentan la educación, el nivel de vida y el acceso a la planificación familiar, las tasas de natalidad caen por debajo del nivel de reemplazo, como ya ocurre en Europa, Japón y China.




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Cometa interestelar 3I/ATLAS sería más antiguo que el Sol, revela estudio realizado con el Very Large Telescope del ESO

Astrónomos utilizaron el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral (ESO) para estudiar la composición química del objeto interestelar más brillante jamás observado. Los resultados indican que este cometa se habría formado hace más del doble del tiempo que tiene el Sol, en los confines de un antiguo sistema estelar.

El cometa interestelar 3I/ATLAS continúa sorprendiendo a la comunidad científica. Un equipo internacional de investigadores logró analizar por primera vez, con un nivel de detalle sin precedentes, la composición química de un cometa formado fuera del Sistema Solar. El estudio, publicado en la revista Nature Astronomy, sugiere que este visitante cósmico se originó en las regiones externas de un antiguo sistema estelar y que podría ser más de dos veces más antiguo que el Sol.

Para realizar el análisis, los científicos utilizaron el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO), ubicado en el desierto de Atacama, Chile. Gracias a la extraordinaria luminosidad de 3I/ATLAS —el objeto interestelar más brillante detectado hasta la fecha— fue posible medir con precisión las denominadas proporciones isotópicas, una especie de «huella química» que permite reconstruir el ambiente donde se formó un objeto celeste.

Un fósil de otro sistema planetario

Los cometas interestelares son cuerpos helados que se forman alrededor de estrellas distintas al Sol y que, ocasionalmente, atraviesan nuestro Sistema Solar. Para los astrónomos representan auténticos fósiles de la formación planetaria, ya que conservan información sobre las condiciones existentes cuando nacieron.

«Son una especie de fósiles de un proceso de formación planetaria que ocurrió muy lejos de nosotros, pero que tenemos la oportunidad de estudiar desde mucho más cerca», explicó la astrónoma Cyrielle Opitom, de la Universidad de Edimburgo y autora principal del estudio.

Comet 3I/ATLAS
Observación del cometa realizada el 1 de julio de 2025 por el telescopio ATLAS-4, operado en Chile y financiado por la NASA. Créditos: ATLAS / Universidad de Hawái / NASA.

3I/ATLAS es apenas el tercer objeto interestelar identificado hasta ahora, después de 1I/’Oumuamua, descubierto en 2017, y 2I/Borisov, observado en 2019. Sin embargo, a diferencia de sus predecesores, este cometa permaneció el tiempo suficiente cerca del Sol y mostró un brillo excepcional, permitiendo realizar observaciones mucho más detalladas.

Una composición química fuera de lo común

Mediante el instrumento UVES del VLT, los investigadores analizaron las moléculas de cianuro presentes en la nube de gas que rodea al cometa. En particular, midieron las proporciones de distintos isótopos de carbono y nitrógeno.

Los resultados revelaron que 3I/ATLAS posee concentraciones inusualmente altas de isótopos de carbono y nitrógeno, muy diferentes a las observadas en los cometas del Sistema Solar.

«Este visitante interestelar presenta proporciones isotópicas de carbono y nitrógeno excepcionalmente elevadas», señaló Aravind Krishnakumar, investigador de la Universidad de Lieja y coautor del trabajo.

Estos valores son especialmente relevantes porque permanecen prácticamente inalterados durante millones de años de viaje por el espacio, convirtiéndose en una evidencia directa del entorno donde nació el cometa.

Un mensajero de un Universo más joven

Los científicos concluyen que estas características apuntan a que 3I/ATLAS se formó alrededor de una estrella antigua y pobre en metales, es decir, una estrella que contiene muy pocos elementos más pesados que el helio.

Este tipo de estrellas surgieron cuando el Universo era mucho más joven y todavía no existía la abundancia de elementos químicos producidos por generaciones posteriores de estrellas.

«3I/ATLAS representa una oportunidad extraordinaria para estudiar la composición de un sistema planetario que se formó mucho antes de que existieran nuestro Sol y el Sistema Solar», afirmó Rosemary Dorsey, investigadora de la Universidad de Helsinki.

Los resultados coinciden con otro estudio independiente, realizado con el Telescopio Espacial James Webb, que también detectó una composición isotópica inusual y una elevada presencia de deuterio, conocido como hidrógeno pesado. En conjunto, ambas investigaciones respaldan la hipótesis de que 3I/ATLAS tendría una edad superior a los 9.000 millones de años, mientras que el Sol posee aproximadamente 4.600 millones de años.

Preparando el estudio de futuros visitantes interestelares

A medida que 3I/ATLAS se aleja del Sol, su brillo disminuye y las posibilidades de seguir observándolo también se reducen. Sin embargo, los investigadores consideran que este descubrimiento marca el inicio de una nueva etapa en el estudio de objetos interestelares.

En el futuro, el Extremely Large Telescope (ELT) del ESO permitirá detectar y analizar visitantes aún más pequeños y débiles que 3I/ATLAS, ampliando las oportunidades para comprender cómo se formaron otros sistemas planetarios de la galaxia.

«El campo de los objetos interestelares todavía es muy reciente y realmente no sabemos qué esperar. Cada nuevo descubrimiento trae consigo nuevas sorpresas», concluyó Opitom.

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Once shims antiguos firmados por Microsoft abren la puerta a saltarse UEFI Secure Boot en Linux

Once cargadores UEFI shim antiguos, pese a ir firmados por Microsoft, pueden permitir eludir UEFI Secure Boot en equipos que aún confían en Microsoft Corporation UEFI CA 2011. Microsoft ya ha distribuido revocaciones en DBX y la prioridad pasa por aplicarlas sin romper el arranque, actualizando antes los componentes a versiones modernas con SBAT.

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El problema no está en un bug exótico del kernel ni en una cadena de exploits sofisticada, sino en algo más incómodo: binarios viejos que siguen siendo válidos por la firma que llevan. Un total de once UEFI shim antiguos, en versiones 0.9 o anteriores, pueden usarse para saltarse UEFI Secure Boot en sistemas cuyo firmware todavía confía en el certificado Microsoft Corporation UEFI CA 2011. El riesgo aparece cuando un atacante consigue colocar uno de esos shims vulnerables en la ruta de arranque y logra ejecutar código antes de que arranque el sistema operativo.

La técnica se parece a un BYOVD llevado a la fase pre OS: en vez de ‘traer tu propio driver vulnerable’, el atacante aporta un cargador vulnerable pero correctamente firmado. Eso cambia la lógica de defensa. No hace falta que el equipo tenga instalado el software original que incluyó ese shim, basta con que el firmware acepte la firma y el atacante pueda modificar el proceso de arranque, por ejemplo tocando el disco, una partición EFI o un medio de arranque.

El alcance es especialmente delicado porque el código se ejecuta antes del SO. Ahí resulta más fácil lograr persistencia, desplegar un bootkit UEFI o colar componentes maliciosos que acaben en el kernel. También se reduce la visibilidad: parte de la telemetría típica de un EDR empieza a funcionar cuando el sistema ya está en marcha, no cuando el firmware decide qué binario considera ‘de confianza’.

Las referencias públicas reparten el conjunto de shims entre varias entradas, con CVE-2026-8863 y CVE-2026-10797 cubriendo distintas porciones del problema. En la lista aparecen implementaciones asociadas a Red Hat Enterprise Linux 7.2, CentOS 7.2, Oracle Linux 7.2, openSUSE, y también herramientas de terceros como baramundi Management Suite hasta 2024R1, WipeDrive 8.0.0 a 8.1.3, PC Doctor Service Center o Abitti 1.

La mitigación principal ya está encima de la mesa: revocar esos shims mediante actualizaciones de la lista DBX de Microsoft. Tras aplicar la revocación, el firmware deja de considerarlos válidos durante el arranque, aunque estén firmados. Esto también aclara una confusión habitual: la caducidad del certificado Microsoft UEFI CA 2011, fechada el 27 de junio de 2026, no invalida automáticamente los binarios firmados en el pasado. Mientras el certificado siga presente en la base DB y el hash no entre en DBX, el arranque puede aceptarlos.

Aquí viene la parte delicada para administradores: tocar DBX puede dejar equipos sin arrancar si conviven componentes antiguos. La receta prudente pasa por actualizar primero shim, GRUB y el resto de piezas de la cadena de arranque a versiones actuales con protecciones SBAT, y después desplegar las revocaciones. Conviene probar antes en un subconjunto representativo, verificar el estado final de DBX con utilidades como Check UEFISecureBootVariables en Windows o uefi dbx audit en Linux, e inventariar medios de rescate y USB de mantenimiento. Si esos soportes usan shims antiguos, pueden quedar inservibles justo cuando más falta hacen.

Más información

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Los niveles de testosterona se han desplomado a la mitad en los últimos 50 años. El misterio es por qué está pasando

Los niveles de testosterona se han desplomado a la mitad en los últimos 50 años. El misterio es por qué está pasando

Si analizamos la sangre de un hombre promedio de hoy y la comparamos con la de su abuelo a la misma edad, los resultados revelan que los niveles de testosterona se han reducido a la mitad. Esto es algo que durante años ha sido un rumor o un hallazgo aislado en estudios locales, pero que ahora un importante estudio le ha dado mucho más rigor. 

Está probado. El estudio, presentado en la reunión anual de la European Society of Human Reproduction and Embryology, arroja luz sobre lo que los científicos consideran una "epidemia silenciosa". Y es que la investigación se ha centrado en analizar los datos de 118.593 hombres procedentes de seis estudios longitudinales en Israel, Estados Unidos, Brasil, Finlandia y Dinamarca entre 1972 y 2019. 

Tras analizar la progresión de los niveles de testosterona, se ha visto claramente una caída del 54% de media en los niveles de testosterona total. Estamos hablando de un descenso superior al 1% anual de media que se ha ido acelerando a partir del año 2000. 

El envejecimiento. La primera reacción lógica al leer estos datos es pensar en la esperanza de vida. Si vivimos más, es normal que la media poblacional de testosterona baje, pero los investigadores se adelantaron a esta hipótesis.

En sus resultados ha quedado claro que el declive detectado es independiente del envejecimiento, puesto que los datos han sido ajustados por edad. Esto quiere decir que un hombre de 30 años en 2019 tiene niveles significativamente más bajos de testosterona que los que tenía un hombre de 30 años en 1980. Y si no es la edad, la ciencia apunta directamente a nuestro entorno y a cómo vivimos.

La obesidad. Si buscamos a los culpables, este es uno de ellos, y sin duda uno de los más determinantes. Debemos saber que el tejido adiposo no es inerte, sino que funciona casi como un órgano endocrino que convierte la testosterona en estrógeno a través de una enzima llamada aromatasa que está presente en la grasa. De esta manera, a más grasa habrá una mayor conversión y, por tanto, una menor cantidad de testosterona. 

Sin embargo, los estudios más recientes van un paso más allá y advierten que la diabetes tipo 2 ha superado a la obesidad como factor de riesgo principal para tener un nivel bajo de testosterona en suero. La razón está en que la resistencia a la insulina crea un círculo vicioso que bloquea la producción normal de esta hormona. 

Disruptores endocrinos. Vivimos rodeados de químicos y sustancias presentes en plásticos (como los bisfenoles), envases alimentarios, pesticidas y productos de cuidado personal que actúan como "hackers" de nuestro sistema endocrino. Y aunque la evidencia sobre sustancias específicas sigue construyéndose debido a la dificultad de aislar sus efectos, la comunidad científica asume que la exposición crónica a estos químicos está interfiriendo en la fertilidad y en la síntesis de testosterona a nivel global.

El estilo de vida. En la actualidad estamos viviendo en una sociedad donde el sedentarismo está a la orden del día, y esta falta de ejercicio y el exceso de horas en una silla frenan la producción hormonal. Pero además, la privación de sueño es también un gran problema, puesto que dormir poco o mal destruye los ritmos circadianos necesarios para segregar testosterona, que ocurre principalmente de noche. 

Más allá de la reproducción. Solemos asociar la testosterona a la fertilidad o al desarrollo muscular, pero su papel es sistémico. Aquí es importante saber que niveles crónicamente bajos se asocian con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, osteoporosis, depresión y deterioro cognitivo. Es por ello que un cambio de vida es fundamental para mantener unos niveles altos de testosterona que actúen con ese perfil protector para conseguir tener una salud mucho más fuerte con el paso del tiempo. 

Imágenes | Julia Larson

En Xataka | Durante años culpamos a la testosterona de que los hombres vivieran menos. Ahora sabemos que el culpable es un cromosoma

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La noticia Los niveles de testosterona se han desplomado a la mitad en los últimos 50 años. El misterio es por qué está pasando fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .



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Fósiles chilenos podrían revelar cómo evolucionó el tiburón blanco hace millones de años

La investigación, financiada por el programa Horizon Europe de la Unión Europea, contará con la participación del investigador de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Dr. Jaime Villafaña, y buscará aportar nuevas evidencias sobre la historia evolutiva y ecológica de uno de los depredadores marinos más emblemáticos del planeta.

¿Cómo evolucionó el tiburón blanco moderno (Carcharodon carcharias)? Esa es una de las preguntas que busca responder un nuevo proyecto internacional que analizará fósiles de dientes de tiburón provenientes de Chile, con el propósito de reconstruir la historia evolutiva de esta especie y comprender los cambios ecológicos que marcaron su aparición.

La investigación forma parte del proyecto SHARKS, financiado por el programa Horizon Europe de la Unión Europea mediante un ERC Starting Grant, adjudicado al Dr. Jeremy McCormack, de Goethe University Frankfurt (Alemania). En el estudio participará el Dr. Jaime Villafaña Navea, investigador de la Facultad de Ciencias de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), quien aportará su experiencia en paleontología de vertebrados y evolución de peces marinos.

El proyecto centrará parte importante de sus análisis en fósiles recuperados de la Formación Bahía Inglesa, en la Región de Atacama, uno de los yacimientos paleontológicos marinos más relevantes de Sudamérica por la riqueza y diversidad de su registro fósil.

Chile, una pieza importante para entender la evolución del tiburón blanco

Durante más de un siglo, el origen evolutivo del tiburón blanco ha sido motivo de debate científico. Una de las hipótesis más aceptadas plantea que la especie actual surgió gradualmente a partir de formas fósiles cercanas, proceso que quedó registrado en la transformación progresiva de la morfología de sus dientes.

En este contexto, los fósiles chilenos representan una oportunidad excepcional para estudiar esa transición, ya que en la Formación Bahía Inglesa se conservan ejemplares que muestran distintas etapas evolutivas del linaje: desde dientes sin aserraciones hasta piezas con bordes completamente aserrados, característica distintiva del tiburón blanco moderno.

«Los dientes de tiburón blanco de la Formación Bahía Inglesa de Chile nos muestran esta transición en la morfología dental, lo que los convierte en ideales para rastrear la variabilidad ecológica del tiburón blanco a través del tiempo», explicó el Dr. Jeremy McCormack.

El valor científico del patrimonio paleontológico chileno

Para el Dr. Jaime Villafaña, esta investigación también pone de relieve la importancia del patrimonio fósil nacional para responder preguntas científicas de alcance global.

«El patrimonio paleontológico chileno posee un enorme valor para comprender la historia de la vida marina y los cambios que han experimentado los ecosistemas a través del tiempo. Su estudio no solo permite responder preguntas científicas de alcance global, sino también relevar la importancia de proteger, investigar y poner en valor estos registros únicos que forman parte de nuestra historia natural», señaló el investigador de la UCSC.

Una colaboración científica entre Chile, Alemania y Suiza

La participación del Dr. Villafaña fortalecerá la cooperación entre investigadores europeos y chilenos en el estudio de la evolución de los grandes depredadores marinos y de los antiguos ecosistemas oceánicos.

Desde Alemania, el Dr. McCormack destacó el valor de esta colaboración internacional. «Me entusiasma colaborar con mis colegas chilenos en el proyecto y unir nuestras experticias», afirmó.

El equipo también contará con la participación de la Dra. Catalina Pimiento, investigadora de la University of Zurich (Suiza), especialista en paleobiología y evolución de grandes depredadores marinos.

Bahía Inglesa: un archivo natural de la vida marina del pasado

Ubicada en la Región de Atacama, la Formación Bahía Inglesa es reconocida como una de las unidades fosilíferas marinas más importantes del Neógeno en Chile. Sus depósitos preservan restos de tiburones, rayas, peces óseos, aves y mamíferos marinos, constituyendo un verdadero archivo natural para reconstruir la evolución de los ecosistemas del Pacífico suroriental.

Con este nuevo proyecto, los fósiles chilenos volverán a ocupar un lugar central en la investigación internacional, aportando evidencia clave para comprender la evolución del tiburón blanco y los cambios ambientales que han modelado a los grandes depredadores marinos durante millones de años.

Más allá de reconstruir la historia de una especie icónica, el estudio reafirma el valor del patrimonio paleontológico chileno como una fuente única de conocimiento para entender la evolución de la vida en los océanos y fortalecer la colaboración científica entre instituciones de distintos países.

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