25 de julio de 2026

La cara más besada del mundo es la de una mujer

Lo de todas las veces, el conflicto de interés: no hay ninguno. Esto lo pagáis vosotros, los que estáis suscritos. Sois mi único jefe y sois estupendos. Gracias.


Corre 1890. Rescatan del Sena el cuerpo de una chica. Nadie la reclama. Al patólogo del morgue de París le pareció guapísima. Sonreía con los ojos cerrados, con una paz infinita, como si hubiera encontrado descanso muriendo. Le sacó una máscara de escayola de la cara. Sesenta años más tarde un juguetero noruego copia esa máscara para fabricar el primer maniquí de reanimación de la historia.

eiffel tower near body of water during daytime
Photo by Edgar Soto on Unsplash

Desde entonces, más de quinientos millones de personas hemos besado esa cara para aprender a salvar vidas. Es literalmente, la cara más besada del planeta. Y ahora te voy a contar por qué esa mujer, ochenta años después, sigue teniendo un problema muy serio con su propio cuerpo.

Pero primero, el dato que te arruina el día

Se publica el registro CARES. Es de Estados Unidos y analiza desde 2013 a 2019. Un total de 309.662 paradas cardiacas que suceden fuera del hospital. La analizan una por una.

Y ojo al dato, porque los resultados son para que no duermas (especialmente si eres mujer).

Porque cuando una mujer se desploma en un sitio público tiene un 14% menos de probabilidad de que un desconocido le haga RCP que si fuera un hombre.

Odds ratio 0,86, intervalo de confianza 0,82–0,89. Te traduzco esta estadística, simplemente significa “esto no es casualidad, ni de lejos”. Y hay más. En barrios de mayoría hispana, a las mujeres se les puso el desfibrilador un 26% menos de veces.

No estamos hablando de que la ambulancia tarda más tiempo en llegar. Tampoco estamos hablando de que tengan peor salud en general. Es que la gente que está delante no le pone las manos encima.

Y aquí es donde la cosa se pone rara

Cuando descubren esto, un equipo de la Universidad de Colorado hizo algo que casi nadie hace en medicina: en vez de inventar justificaciones rarísimas, preguntó. Encuesta nacional, 548 personas con una sola pregunta:

¿Se te ocurre por qué a una mujer puede que no le hagan la RCP cuando se desploma en público?

¿Se te ocurre cual puede ser el motivo? Los resultados de las respuestas no fueron para nada inesperados. En primer lugar, el evidente: el cuerpo de la mujer está sexualizado. Vamos, que no quiero que parezca que le estoy tocando una teta. Existe un miedo instaurado y real a la acusación de violencia sexual.

Muy por detrás en número de respuestas, la gente pensó en otras dos razones. Por un lado, que somos muy frágiles, que nos vamos a romper. Por otro, que no pensamos que a la mujer le pase algo de verdad. Se ha desmayado, será algo de la tensión, se pasará, ya se levantará.

Lo que me llama la atención no son las razones, salvo, quizás la primera. Sino que ninguna de ellas es una explicación médica. Y esto debe hacernos pensar bastante.

Rompes costillas, menos mal.

Una reanimación bien hecha rompe costillas. Lo sé porque me ha pasado, y si has hecho una reanimación bien hecha, te habrá pasado a ti también. Tienes que hundir el esternón alrededor de 5 cm una media de 100 veces por minuto. Tiene que crujir y suena terriblemente mal. Cuando esa persona despierte su pecho se va a acordar de ti.

Pero es el costo que hay que pagar por salvar vidas. Una costilla se cura en seis semanas. Un cerebro sin oxígeno se curará… nunca.

Volvamos a la chica del Sena

Se llama… bueno, es un nombre “extraoficial“ no es el suyo, pero todo el mundo la llama así L’Inconnue de la Seine. La desconocida del Sena.

En 1960, el noruego Åsmund Lærdal, que fabricaba juguetes de plástico blando, trabajaba con dos médicos, Peter Safar y Bjørn Lind, para crear un muñeco donde pudiéramos aprender el boca a boca y las demás maniobras de reanimación cardiopulmonar. Lærdal decidió que la cara fuera de mujer, y eligió esa máscara. Su razonamiento no podía se más de señoro de 1960. Pensaba que los caballeros se negarían a poner la boca sobre un maniquí con cara de hombre.

Pero la historia no termina aquí. Va a pasar una cosa más. Resusci Anne tiene cara de mujer, nombre de mujer, historia de mujer. Y si has visto al maniquí de RCP, seguramente te habrá llamado la atención el torso. Si es una mujer… ¿dónde está el pecho?

Millones hemos aprendido a reanimar sobre un cuerpo que no existe. De esa manera, cuando te surge hacer una maniobra de reanimación en la vida real, en el suelo, con pecho y un sujetador, tu cerebro no tiene ninguna referencia. Tienes dudas. Lo malo es que en una parada cardíaca, dudar es la causa de muerte.

Finalmente llega 2019 una campaña estadounidense sacó el Womanikin: un accesorio de silicona con forma de pecho para encajarlo en los maniquíes. Lo hicieron de código abierto. Los planos son gratis.

Han pasado siete años desde entonces. Ahora yo te pregunto: ¿cuántos has visto en un curso de primeros auxilios en España?

No es solo que no te toquen: es que te miran mal

Seguramente habrás oído por infinidad de sitios que a los médicos nos encanta la serie The Pitt. En abril de 2026 dedicó una escena entera a esto. Te cuento más o menos lo que pasó. Una mujer llega a Urgencias con dolor en el pecho. El electrocardiograma sale limpio: no tiene un infarto.

Sin embargo, el médico mira un poco más y ve que los electrodos están pegados demasiado abajo. Los técnicos de la ambulancia los habían colocado por debajo del pecho. La mujer tenía los pechos grandes y no quisieron levantárselos para ponerlos donde tocaba. El electro no estaba viendo las ondas eléctricas del infarto. La paciente entra en taquicardia ventricular delante de todos. La reviven de milagro.

Te dejo el vídeo con el momento estrella:

Es ficción, me diréis, pero coincidiréis conmigo en que no está nada mal traída conociendo las cifras que hemos comentado… Y sinceramente, no descarto que algo parecido no haya sucedido en la vida real.

Mujeres de la sala, ¿qué preferís: morir con pudor, o vivir con una desnudez breve?

Yo lo tengo claro, aunque parece que toda la publicidad institucional, redes sociales y medios de comunicación apuntan a perpetuar el problema. Y es uno que tiene difícil solución.

La moraleja

Esta historia me ha dejado con un sabor bastante agridulce, porque es un problema que traspasa fronteras y culturas. Creo que el miedo a la acusación de comportamiento sexista es real y cuesta vidas.

Si puedo cerrar con algunas reflexiones, en mujeres: el sujetador no se quita para comprimir. Se comprime igual, por encima de la ropa. Solo hace falta apartar prenda si vas a pegar los parches del desfibrilador.

Cada día hay mujeres que se mueren en el suelo rodeadas de gente educadísima. La desconocida del Sena lleva 136 años con los ojos cerrados y esa media sonrisa. Igual va siendo hora de mirarle también el pecho.

¿Has hecho un curso de RCP? ¿Cómo era el maniquí? Cuéntamelo en los comentarios. Y si conoces a alguien que trabaja de socorrista, en un gimnasio o de camarero, mándaselo sin pedir permiso.

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Fuentes

La brecha de sexo en la reanimación

  • Blewer AL, Starks MA, Malta-Hansen C, et al. Sex Differences in Receipt of Bystander Cardiopulmonary Resuscitation Considering Neighborhood Racial and Ethnic Composition. J Am Heart Assoc. 2024;13(5):e031113. https://doi.org/10.1161/JAHA.123.031113

  • Perman SM, Shelton SK, Knoepke C, et al. Public Perceptions on Why Women Receive Less Bystander Cardiopulmonary Resuscitation Than Men in Out-of-Hospital Cardiac Arrest. Circulation. 2019;139(8):1060–1068. https://doi.org/10.1161/CIRCULATIONAHA.118.037692

  • Matsuyama T, Okubo M, Kiyohara K, et al. Sex-Based Disparities in Receiving Bystander Cardiopulmonary Resuscitation by Location of Cardiac Arrest in Japan. Mayo Clin Proc. 2019;94(4):577–587. https://doi.org/10.1016/j.mayocp.2018.12.028

Qué pasa después

(Referencias localizadas y verificadas en PubMed.)


Nota de la autora: en internet está demasiado difundida la afirmación de que “un 15% más de mujeres muere de infarto porque nadie las reanima”. No he encontrado esa cifra en las fuentes, así que no lo voy a repetir. Lo que sí está medido es el 14% menos de RCP en vía pública. Si tienes una fuente que diga lo otro, mándamela y la publico.



☞ El artículo completo original de La traumatóloga geek lo puedes ver aquí

Siempre hemos temido al robot autoconsciente: hay argumentos técnicos y filosóficos para dotarles de "razón"

Siempre hemos temido al robot autoconsciente: hay argumentos técnicos y filosóficos para dotarles de "razón"

Uno de los grandes temas de la ciencia ficción se ha convertido hoy en objeto de debate en el sector de la robótica. Que las máquinas tengan consciencia aumentaría su utilidad en ciertas circunstancias y algunos investigadores trabajan para lograr esta meta. Aunque el concepto no se aplica en los robots como se aplica en las personas.

Ricardo Sanz, profesor de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), acude a congresos de consciencia en las máquinas desde hace más de dos décadas. Recuerda su primera convención sobre consciencia artificial como una reunión variopinta: “Era en Suecia, éramos 250 personas y había más monjas que ingenieros”. Allí estaban representadas una amalgama de disciplinas, desde la metafísica a la biología pasando por la computación.

Sanz, que fundó y coordina el Laboratorio de Sistemas Autónomos de la UPM, aclara que existe una diferencia entre lo que los anglosajones llaman ‘conciousness’, que apela a la consciencia vinculada a lo metafísico, y ‘awarness’, que consiste en la autopercepción propia y del entorno, más relacionada con la realidad palpable. En castellano el lenguaje no hace esa distinción.

“Yo me dedico a las máquinas conscientes, pero me dedicó fundamentalmente a investigar cómo conseguir máquinas que se den cuenta de las cosas y entiendan lo que está pasando para ser más eficaces. Que sepan reconocer qué es importante y qué no es importante en un momento determinado”, apunta Sanz. “No estoy interesado en replicar consciencia humana ni consciencia animal. No tocamos lo que los filósofos llaman qualia, la naturaleza de las sensaciones y la experiencia”.

Nada que ver con lo que ocurre en los relatos de Isaac Asimov, como El hombre bicentenario (1976), donde un robot con nombre y apellido (Andrew Martin) anhela volverse humano, o en la afamada película Blade Runner. Aunque la cinta ha eclipsado al libro en el que se basó, la novela de Philip K. Dick tiene un título arrollador: ‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’. Bajo esta frase antiestética y poco inteligible hay un planteamiento estimulante: los robots han alcanzado un nivel de autoconsciencia que se acerca demasiado a aspectos considerados terreno exclusivo de los humanos.

El camino hacia la inteligencia

El trabajo de Sanz y su equipo pretende dotar a las máquinas de una capacidad para manejar cualquier incidencia con soltura. Por ejemplo, si un robot se va a quedar sin batería porque está al 7% y le queda aún ir con una mercancía y volver a su puesto, debería ser capaz de preverlo y poner una solución. Esto ya se hace con sistemas específicos de tolerancia a fallos, que evitarían en este caso que el robot se quedase a medio camino. 

Pero se hace de una forma artesanal, a mano. Se escribe un programa para evitar que se quede sin batería, otro por si se topa con una persona en su camino. Pero no hay un sistema unificado capaz de solucionar todos estos problemas.

Robots Autoconscientes

“Nosotros investigamos de qué manera se pueden manejar todas estas situaciones de una forma integral. Un sistema que le permita al robot incorporar cualquier cosa que necesite comprender. Se trata de que las representaciones mentales del robot sean más adecuadas para las realidades a las que se enfrenta”, expone el profesor de la UPM.

Hay quienes van más allá. A lo largo de décadas, la consciencia en las máquinas ha sido un tema recurrente. En 1995, el profesor de la Universidad de Stanford John MacCarthy, que fuera uno de los pioneros en inteligencia artificial en los años 50, avanzó el trabajo ‘Making Robots Conscious of their Mental States’. Años después, en 2002, lo revisó y publicó con un enfoque que identificaba la consciencia de las máquinas como un conocimiento introspectivo.

Para el autor del ensayo, los robots necesitan esta capacidad para operar en el mundo real y llevar a cabo tareas propias de los humanos. Un robot, por ejemplo, debería ser capaz de inferir que no sabe algo —tener conocimiento de su ignorancia respecto a una cuestión— para tomar decisiones. Así podría buscar la información que le falta fuera o seguir su proceso de razonamiento hasta estar seguro de haber dado con una solución al problema planteado. 

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“La consciencia se define más o menos como sintiencia”, agrega el profesor de Filosofía y divulgador Santiago Sánchez-Migallón. “Es tener un campo fenoménico. Una máquina tendría que tener un espacio subjetivo en el cual perciba colores, perciba sonidos, tenga sensaciones táctiles, incluso tenga emociones y recuerdos”. ¿También se necesitan emociones? La respuesta es clara: “Consciencia es la capacidad captar el mundo y muchas veces captamos el mundo emocionalmente. Así que las emociones entrarían”, afirma el profesor de Filosofía.

Y es que definir bien la consciencia es clave para decidir si las máquinas la necesitan. “Si equiparamos con lo que es la consciencia humana, en mi opinión, no necesitamos consciencia en las máquinas”, señala el catedrático de la Universitat Politècnica de València (UPV) Vicent Juan Botti Navarro, que dirige el Instituto Universitario Valenciano de Investigación en Inteligencia Artificial (VRAIN). “Creo que no es necesario en ese sentido para resolver problemas, para poder automatizar procesos, tanto industriales como administrativos o de otro tipo”.

Para Botti, el término tiene un carácter filosófico inapelable. En cuanto a los debates sobre si los modelos de lenguaje de hoy en día tienen o no consciencia, su opinión es categórica: no se pueden considerar conscientes.

Más allá de las ramificaciones filosóficas, Sanz se centra en el pragmatismo: “Si hacemos robots que se mueven y que utilizan láseres de barrido para medir la distancia entre los objetos y, de repente, el láser falla, el robot tiene que darse cuenta de eso y tomar decisiones correctas. Porque si un robot se mueve con un láser que está fallando, va a chocar con las cosas”.

Hay otro escenario en el que las máquinas se benefician de un entendimiento más profundo del entorno. “Si una persona habla a un robot, este tiene que entender que esta persona le dice algo por un motivo. Tiene que entender que hay una intención detrás. Además, el robot ve los gestos y debe saber interpretarlos. Cuando la persona le ofrece un objeto, el robot debe saber que lo tiene que coger”, explica el profesor de la UPM. “Los seres humanos entendemos este tipo de cosas de forma natural. Pero en los robots hay que programar cada una de ellas muy en detalle y de forma poco flexible”. 

¿Para qué queremos máquinas conscientes?

Un sistema universal, equivalente a la capacidad que desarrollamos las personas para tratar con la realidad física, permitiría que no hubiera que programar cada aspecto de una máquina, cada posible excepción. Esto permitiría robots que se muevan mejor en las fábricas, capaces de trabajar al lado de personas y moverse entre ellas.

Esta capacidad para generalizar de manera acertada sería importante en cualquier sistema que reciba información mediante sensores y tome decisiones. Sanz pone un ejemplo ilustrativo: “Un coche autónomo que va por la autopista ve un anuncio de una hamburguesería que dice ‘pare aquí’ y tiene pintada una señal de ‘Stop’ en el cartel. El autopiloto puede ver la señal de ‘Stop’ y frena en seco en la autopista. Este tipo de situaciones demuestran que las máquinas no entienden a fondo la realidad aunque la vean”.

La percepción del entorno existe hoy de forma compartimentada. “Un robot que tiene que ir desde A hasta B puede tener en su conocimiento un mapa del mundo por donde se tiene que mover. Como conoce los distintos caminos que hay, toma el camino más corto. Pero ve que hay una puerta cerrada. Es reactivo y percibe el entorno. Por tanto, busca otro camino. Replanifica con la información que tiene”, plantea Botti. Es un ejercicio parecido al que podría hacer un GPS recalculando ruta si obtiene información sobre una carretera cortada.

Esta capacidad de reacción procede, en primer lugar, de la percepción. Y se busca desde hace tiempo. “En la teoría de los agentes autónomos, en la que se trabaja desde los años 90, una de las propiedades que tiene que tener un software para llamarse agente es que sea reactivo. Esto quiere decir que tiene que percibir el entorno y actuar sobre él. Pero no lo llamamos consciencia”, asevera el catedrático de la UPV.

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¿Y qué hay de la consciencia en un sentido introspectivo, similar a la humana? También hay motivaciones para intentar reproducirla. “A nivel de investigación, si se consiguiera, sería un logro increíble. Al que lo hiciera le caerían seis premios Nobel”, comenta el profesor de Filosofía Sánchez-Migallón, y añade: “Para construir una consciencia artificial deberíamos entender muy bien cómo el cerebro, nuestro tejido nervioso, genera consciencia”.

Intentar desarrollar un cerebro artificial es una forma de conocer mejor el nuestro. “Si te acuerdas de tu abuela y te pones feliz lo que ocurre en tu cerebro es que ciertas neuronas se activan y liberan neurotransmisores, como serotonina o dopamina. Esos neurotransmisores hacen que te sientas contento. Te crean la experiencia subjetiva de la felicidad. Pero ahora mismo no tenemos ni idea de cómo esas moléculas provocan esa sensación cuando piensas en tu abuela”, cuenta Sánchez-Migallón. Y recalca que los intentos de reproducir artificialmente estos procesos aumentan el conocimiento sobre nuestros propios mecanismos naturales.

En busca del factor que define la consciencia

El fenómeno de la consciencia es un misterio. Ese es el punto de partida. Y la eventual creación de una consciencia artificial solo añade complejidad al asunto. Un paper publicado en la revista Sicence en 2017, antes del boom de los LLMs, se planteaba si las máquinas serían conscientes alguna vez.

Los autores describen la consciencia como cálculos de procesamiento de información que el cerebro realiza. Lo hace de forma física y según una solución arquitectónica para resolver problemas de integración de datos. De manera que el fenómeno sería reproducible con una arquitectura de computación, según el paper.

Además, fijaban varios niveles de consciencia. El C0 sería el nivel que corresponde al grueso de la inteligencia humana, que reconoce objetos, comprende el lenguaje y realiza aprendizaje por refuerzo. El siguiente, C1, implica una relación entre el sistema cognitivo y los objetos, que permite generar una representación mental. Mientras que el último nivel, C2, consiste en la capacidad de un sistema para observar sus propios procesos que deriva en la metacognición.

Pese a todo, no está claro dónde poner el listón para afirmar que una máquina es consciente. Un debate del que también se ha nutrido la ciencia ficción. La serie Westworld narra un despertar de la consciencia en los robots, mientras en la película de Alex Garland, Ex Machina, el objetivo es desentrañar hasta qué punto es consciente la androide Ava. Estas historias entran en un terreno especulativo que por ahora no ha abandonado la ficción.

Para Sánchez-Migallón quizá nunca lo haga: “No creo que una máquina como las que tenemos hoy en día, que son solo cómputo, pueda generar consciencia. Es solo código informático, es código que puede hacer cálculos. A esa máquina habría que incorporarle algo más para que tenga consciencia”.

Filosofia

Aunque en ese caso surgirían otros problemas. “Si las máquinas son conscientes, ¿van a ser responsables de sus actos?, ¿van a tener responsabilidad legal? Son temas que trascienden lo técnico y también lo metafísico”, cuestiona Sanz, y desarrolla su reflexión: “Las máquinas se van acercando a ese punto en que se parecen a un adulto capaz. En algún momento las máquinas serán responsables y habrá que ver cómo se las va a penalizar, porque meter un coche autónomo en la cárcel porque ha atropellado a alguien es absurdo”.

Es imposible no pensar en escenarios planteados en el cine, como en Blade Runner o en Yo, robot (basado en relatos de Asimov). En ellas la reprobación de las máquinas es simple: se eliminan (o “se retiran”, como ocurre con los replicantes). Pero en la realidad el escarmiento se quedaría cojo.

“Si la máquina no puede sufrir, el castigo no tiene ningún sentido”, apunta Sánchez-Migallón. “El límite estaría en la capacidad de sentir dolor. Si podemos crear una máquina que sufre, ahí hay un sujeto de derechos. A esa máquina hay que darle protección legal. Tú no puedes crear algo que sufre y dejarlo al libre albedrío, para que hagan con él lo que quieran”.

De la misma forma, esa capacidad de sufrir permitiría ejercer un castigo potencial directamente contra la máquina. Sin que esto borre la responsabilidad del propio fabricante del sistema autónomo o de su dueño. “Para hacer una acción moral no hace falta ser consciente. Una máquina inteligente puede tomar acciones morales. Por ejemplo, un dron de combate puede escoger su blanco”, advierte el profesor de Filosofía.

Es un campo muy abierto donde la referencia es la comparación con los humanos. “Está claro que los modelos de IA pueden imitar ciertas capacidades humanas. Pero si planteas dilemas éticos, ¿esa IA va a resolverlos?”, se pregunta Botti, para responder de inmediato: “No tienen experiencia. Los humanos, sin embargo, acabamos dándoles vueltas y resolviéndolos”. Este es uno de los signos distintivos claros entre las personas y los robots autónomos. De momento.

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PsiQuantum quiere fabricar un ordenador cuántico imposible: uno que calcule con partículas de luz

PsiQuantum quiere fabricar un ordenador cuántico imposible: uno que calcule con partículas de luz

En el sur de Chicago, sobre los terrenos de una antigua planta siderúrgica, se está levantando un edificio de 6.000 metros cuadrados que podría albergar el primer ordenador cuántico tolerante a fallos y de escala útil del mundo. Sus responsables son PsiQuantum, una startup de Palo Alto que ha decidido apostar por algo que casi nadie más está intentando: construir esta máquina usando partículas de luz.

Por qué es importante. La computación cuántica lleva décadas prometiendo resolver problemas que a los ordenadores actuales les llevarían millones de años, desde diseñar nuevos fármacos hasta simular materiales o baterías. El problema es que, hasta ahora, los prototipos existentes son demasiado pequeños y propensos a errores para resultar útiles.

PsiQuantum quiere saltarse esa fase intermedia y construir directamente una máquina a gran escala, según explicaba su CEO, Victor Peng, en una entrevista con Fast Company.

Partículas de luz. Mientras gigantes como IBM, Google o Amazon construyen sus qubits (la unidad básica de información cuántica) con circuitos superconductores, y otras empresas usan iones o átomos atrapados, PsiQuantum ha optado por los fotones, las partículas de luz. Es una vía que comparte solo con la canadiense Xanadu entre los grandes actores del sector, según recoge MIT Technology Review.

La ventaja, según Terry Rudolph, uno de los cuatro físicos que fundaron la compañía en 2016, es que los fotones pueden mantener su estado cuántico durante mucho tiempo. El inconveniente es que apenas interactúan entre sí, algo imprescindible para hacer cálculos. La solución a este problema llegó en 2001, cuando un equipo de Los Alamos y la Universidad de Queensland descubrió que se podían "simular" esas interacciones enviando la luz a través de una red de espejos y detectores. Ese hallazgo es la base sobre la que se sostiene toda la tecnología de PsiQuantum.

Un proyecto de grandes dimensiones. A diferencia de sus competidores, que van ampliando poco a poco ordenadores cada vez más grandes, PsiQuantum ha centrado casi todo su esfuerzo en desarrollar de golpe la tecnología y la capacidad de fabricación necesarias para un sistema enorme, de alrededor de un millón de qubits físicos. La empresa necesita tener listo "casi todo el proceso funcionando" antes de construir su primera máquina, lo que alarga los tiempos iniciales, según admite Peng al medio. Sin embargo, defiende que esto facilita después la réplica a mayor escala.

Para lograrlo, PsiQuantum fabrica sus propios chips junto al gigante de semiconductores GlobalFoundries, grabados con canales que dirigen la luz en lugar de cables, e incorpora un compuesto cerámico llamado titanato de bario que permite conmutar los fotones con gran precisión. Otra ventaja de apostar por la luz es que solo una parte de la máquina, los detectores que miden los fotones, necesita enfriarse a temperaturas cercanas al cero absoluto, mientras que otras tecnologías cuánticas requieren refrigerar el sistema entero, según cuentan desde MIT Technology Review.

Respaldo político. El gobernador de Illinois, JB Pritzker, ha impulsado el Illinois Quantum and Microelectronics Park con 500 millones de dólares de fondos estatales para convertir la zona en un polo de la computación cuántica, similar a lo que fue el Stanford Research Park para Silicon Valley. Pritzker explicaba a Fast Company que no quiere repetir el error de los años noventa, cuando talento formado en universidades de Illinois, como los creadores del navegador Mosaic, acabó marchándose a California. El parque ya cuenta con otros seis inquilinos comprometidos, entre ellos IBM, y albergará también un programa de pruebas de la agencia de defensa DARPA.

Y ahora qué. PsiQuantum, que ya ha levantado más de 1.000 millones de dólares en financiación y ha recibido 100 millones del Gobierno de EEUU a través de la CHIPS Act, también construye una segunda planta en Brisbane, Australia. La compañía ha rebajado las expectativas sobre los plazos, pues ya no promete tener listo un ordenador cuántico funcional en 2027, sino que sus instalaciones estén "operativas", es decir, con los sistemas de refrigeración preparados para instalar el hardware, según afirman desde el medio. 

DARPA, que lleva desde 2023 evaluando la tecnología de la empresa, se ha mostrado cada vez más optimista sobre el sector. Y es que su responsable actual, Micah Stoutimore, ha llegado a afirmar que alguien podría construir un ordenador cuántico de escala útil "hacia 2033". Si PsiQuantum cumple sus plazos, Chicago podría convertirse en el lugar donde nazca esa máquina.

Imagen de portada | Winni Wintermeyer (MIT Technology Review)

En Xataka | Microsoft prometió un ordenador cuántico para 2029. Nature publica una crítica que pone en duda su promesa

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La noticia PsiQuantum quiere fabricar un ordenador cuántico imposible: uno que calcule con partículas de luz fue publicada originalmente en Xataka por Antonio Vallejo .



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"Depender únicamente de modelos cerrados no es seguro": 25 empresas tecnológicas salen en defensa de la IA abierta

"Depender únicamente de modelos cerrados no es seguro": 25 empresas tecnológicas salen en defensa de la IA abierta

Ayer 24 de julio, 25 empresas y organizaciones tecnológicas estadounidenses (y Mistral, que es francesa) tan potentes como Nvidia, Microsoft o Meta publicaron una carta abierta con destino la Casa Blanca que posteriormente compartieron en sus redes Jensen Huang o Satya Nadella, CEOs respectivamente de Nvidia y Microsoft. Todas estas entidades tienen un objetivo común: pedir al gobierno estadounidense que no restrinja los modelos de IA de pesos abiertos. El documento advierte que esas restricciones podrían "frenar la competencia o llevar la innovación fuera del país"

Qué piden. Que el gobierno estadounidense fomente y proteja el ecosistema de la IA abierta en lugar de ponerle trabas y lo hacen con peticiones claras:

  • Sin prohibiciones ni restricciones prematuras a los modelos abiertos. 
  • Garantizar el acceso a la capacidad de cómputo para la investigación académica y startups, no solo a grandes empresas.
  • Inversión en recursos compartidos de entrenamiento como bases de datos, herramientas o marcos de evaluación y seguridad.
  • Legislar basándose en daños reales y probados, no sobre riesgos hipotéticos. Que la normativa se centre en el uso indebido concreto, en lugar de asumir que lo cerrado es por defecto más seguro.

Por qué es importante. Porque este debate sobre los modelos abiertos o cerrados de inteligencia artificial determinará quién controla la IA en la próxima década, es decir, si se concentrará en un oligopolio reducido de grandes empresas o en un ecosistema conformado por miles de organizaciones. Esto afectará directamente a los costes de adopción de la IA para pymes, la capacidad competitiva de Estados Unidos frente a China o cómo se reparten los beneficios del pastel.

En la carta se menciona la seguridad y es un tema esencial: depender exclusivamente de modelos cerrados no es una garantía de seguridad, ya que están sujetos a fallos o ataques que pueden pasar desapercibidos fuera de la empresa. La transparencia de los modelos abiertos permite que una comunidad más amplia identifique y corrija errores. 

Contexto. El momento elegido para publicar esta carta llega poco después de que la startup china Moonshot AI lanzase Kimi K3, un auténtico misil a la línea de flotación de los principales modelos estadounidenses (atendiendo a las pruebas) que trae de la mano una realidad: China puede ganar la batalla de la IA y hacerlo con un modelo abierto. 

La respuesta de Estados Unidos es matar moscas a cañonazos: valora restringir el acceso a modelos chinos de IA por motivos de seguridad nacional y propiedad intelectual. Además, Kimi K3 llegó con una acusación bajo el brazo: el director de política tecnológica Michael Kratsios acusó a Moonshot AI de haber "destilado" el modelo Fable de Anthropic para desarrollar Kimi K3.

En detalle. Los 25 firmantes son Nvidia, Microsoft, Meta, Palantir, Dell Technologies, IBM, Hugging Face, Mozilla, Mistral, Andreessen Horowitz, Y Combinator, American Innovators Network, Arcee AI, Arena, Black Forest Labs, Box, CrowdStrike, Emergence Capital, The Linux Foundation, Mariana Minerals, Perplexity, Reflection, Replit, ServiceNow y Telnyx. Tan importante como quién está en la lista es quién no lo está: OpenAI y Anthropic, ambas valoradas en casi un billón de dólares y valorando la salida a bolsa, no aparecen. Tampoco está Google. Porque este debate no trata solo de seguridad nacional, sino también de dos formas de entender el negocio y quién siente que está ganando.

Un apartado en el que merece detenerse es el de la destilación ilegal, una técnica que permite transferir conocimiento de un modelo grande y complejo a uno más pequeño y ligero para conseguir un rendimiento similar con menos recursos. Los firmantes reconocen sus preocupaciones, pero piden a los políticos que no confundan técnicas legítimas con el robo de propiedad intelectual. 

Sí, pero. Indudablemente abrir los modelos permite repartir mejor el poder tecnológico y democratizan el acceso de la IA, pero conviene recordar que ese listado de firmantes no es neutral: hay empresas fabricantes de componentes como Nvidia o fondos de capital que tienen intereses directos en que prosperen los modelos abiertos porque su negocio depende de la infraestructura y herramientas para desplegarlos. 


En Xataka | Las empresas de IA están comprando toneladas de libros viejos porque están libres de IA Slop. Luego los destruyen

En Xataka | Cada vez más empresas estadounidenses utilizan modelos IA como Kimi K3. Estados Unidos no está nada contenta

Portada | Gemini



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24 de julio de 2026

Universidad de Chile desarrolla innovador sistema para recuperar agua de relaves mineros y avanzar hacia una minería sostenible

La tecnología, desarrollada por el Advanced Mining Technology Center (AMTC) de la Universidad de Chile en el marco de un proyecto FONDEF IDeA I+D, combina nanofiltración, nanotecnología y biorreactores para tratar las aguas acumuladas en tranques de relaves, con el objetivo de posibilitar su reutilización segura en riego agrícola o en la recarga de acuíferos.

En Chile, millones de metros cúbicos de agua permanecen almacenados en los tranques de relaves, grandes depósitos donde se acumulan residuos de la actividad minera. En un escenario marcado por la crisis hídrica y la necesidad de avanzar hacia una minería más sostenible, recuperar este recurso y reincorporarlo de forma segura al ciclo productivo o al medio ambiente representa uno de los principales desafíos tecnológicos para la industria.

Con ese propósito, el Advanced Mining Technology Center (AMTC) de la Universidad de Chile, centro financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), presentó los resultados del proyecto «Prototipo de un novedoso y sustentable sistema integrado de tratamiento y recuperación de aguas desde tranques de relaves con fines de riego agrícola y/o descarga en acuíferos», iniciativa que desarrolla una solución tecnológica para recuperar y reutilizar de manera segura el agua contenida en estos depósitos.

La iniciativa es liderada por la Dra. Andreina García, responsable de la Línea de Investigación en Tratamiento y Valorización de Residuos Mineros del AMTC, y forma parte del proyecto FONDEF IDeA I+D 2024 de ANID (ID24I10113). También participan la Dra. Yasna Tapia, como directora alterna, junto a los investigadores Santiago Montserrat, Ayleen Celedón y Rodrigo Quezada, además de las entidades asociadas Codelco Innovación y Glauben Ecology.

Según explica la Dra. García, Chile es el tercer país del mundo con mayor número de depósitos de relaves, los que almacenan enormes volúmenes de agua. La nueva tecnología busca transformar ese recurso en un activo estratégico que contribuya a disminuir la huella hídrica de la minería y promover una gestión más eficiente del agua.

«El principal desafío de este proyecto es demostrar que es posible tratar aguas químicamente complejas provenientes de los tranques de relaves mediante un proceso sostenible e integrado. Buscamos recuperar este recurso generando agua con la calidad necesaria para su reutilización en agricultura o para su descarga segura en acuíferos y otros cuerpos de agua, contribuyendo así a una minería más circular y con una huella ambiental positiva», señala la investigadora.

Tres tecnologías para recuperar agua

El sistema desarrollado por el AMTC integra tres tecnologías que actúan de manera complementaria para eliminar los principales contaminantes presentes en las aguas de relaves, caracterizadas por altas concentraciones de sulfatos, metales y, en algunos casos, metaloides como el arsénico.

La primera etapa emplea nanofiltración, una tecnología de separación por membranas capaz de remover principalmente sulfatos. Aunque este proceso genera un flujo concentrado de contaminantes, dicho rechazo también es tratado por el sistema integrado.

Posteriormente, tanto el agua permeada como la solución concentrada ingresan al sistema Solarsenic, una tecnología patentada por el AMTC en la que nanomateriales absorbentes capturan y encapsulan metales y arsénico. Estos materiales pueden regenerarse y reutilizarse, además de recuperar metales de valor presentes en el agua, como molibdeno, manganeso, cobre y hierro, abriendo nuevas posibilidades de valorización.

Finalmente, el agua pasa a un biorreactor que utiliza una mezcla reactiva elaborada a partir de residuos agrícolas y mineros para eliminar los sulfatos remanentes.

«La innovación del biorreactor es que no solo permite remover los sulfatos presentes en el agua, sino que además transforma el residuo generado en un biocompost validado para la fitorremediación de relaves. De esta forma avanzamos hacia una solución basada en los principios de la economía circular, donde los residuos dejan de ser un problema para convertirse en un nuevo recurso», explica la Dra. Yasna Tapia, investigadora del AMTC y académica de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Chile.

Hacia una minería más sostenible

Además de recuperar agua, el proyecto busca minimizar la generación de residuos durante todo el proceso mediante la regeneración de los materiales utilizados por las distintas tecnologías y la valorización de los subproductos obtenidos, en línea con los principios de la economía circular.

Hasta ahora, el prototipo ha sido validado a escala de laboratorio utilizando aguas reales provenientes de tranques de relaves. El siguiente paso será avanzar hacia pruebas en condiciones representativas de operación para facilitar su escalamiento tecnológico y validación en entornos reales, etapa en la que la colaboración con la industria será fundamental.

La iniciativa se alinea con los objetivos del Plan Nacional de Depósitos de Relaves para una Minería Sostenible, impulsando soluciones que promuevan una gestión más eficiente de estos pasivos ambientales mediante la recuperación de agua, la reducción de residuos y el desarrollo de tecnologías con potencial de transferencia a la industria.

El equipo espera continuar avanzando hacia nuevas etapas de desarrollo para consolidar una tecnología capaz de contribuir a uno de los principales desafíos ambientales de la minería chilena: transformar los tranques de relaves en una fuente estratégica de recuperación de agua y generación de valor para otros sectores productivos.

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