19 de agosto de 2026

Operation Blue Skies: Google y el Gobierno británico lanzan el primer ensayo de reducción de estelas de condensación a escala de espacio aéreo oceánico

Operation Blue Skies: Google y el Gobierno británico lanzan el primer ensayo de reducción de estelas de condensación a escala de espacio aéreo oceánico

Las estelas blancas que dejan los aviones en el cielo son mucho más que un efecto visual curioso. Según los datos más recientes, las estelas de condensación (contrails) son responsables de aproximadamente un tercio del impacto climático total de la aviación — una cifra que supera al efecto directo de las emisiones de CO₂ de los vuelos. El problema es que nadie las había abordado nunca a escala de un corredor aéreo completo. Hasta ahora.

Este martes, una coalición liderada por Google UK, el Departamento de Transporte del Reino Unido, el Met Office, NATS (el controlador de tráfico aéreo civil del Reino Unido), Contrails.org, el Imperial College London y la Universidad de Cambridge ha lanzado Operation Blue Skies — el primer ensayo estatal de evitación de estelas de condensación a escala de espacio aéreo oceánico del mundo. Lo cuentan fuentes como AP y el propio blog de Google este 18 de agosto.

¿Qué son las estelas de condensación y por qué son tan importantes para el clima?

Los contrails se forman cuando el agua del escape de los motores se congela alrededor de las partículas de hollín en zonas de la atmósfera frías y húmedas. El resultado son nubes cirrus artificiales que atrapan calor en la atmósfera, calentando el planeta. No todos los contrails son iguales: los persistentes (los que duran más de 15 minutos) son los climáticamente relevantes, y representan una fracción del total de horas de vuelo, pero sus efectos se acumulan.

La buena noticia es que la solución es relativamente barata: pequeños ajustes de altitud — en el orden de los 610 metros (2.000 pies) — en determinados vuelos permiten evitar las zonas donde los contrails persistentes se formarían. Un estudio publicado en 2020 por el Prof. Marc Stettler del Imperial College London ya estimaba que cambios mínimos de ruta podían reducir significativamente el impacto climático de los contrails. Operation Blue Skies es la primera prueba real a escala de corredor completo.

Cómo funciona el ensayo: altitudes, vuelos y el papel concreto de la IA de Google

El programa se desarrolla en el espacio aéreo Shanwick, la zona de control oceánico que cubre la mitad este del Atlántico Norte — el corredor más transitado del mundo entre Europa y Norteamérica. Es también, según los datos de Google, la zona responsable de aproximadamente el 5% del calentamiento global por contrails.

El programa de 30 meses incluye dos ventanas de prueba operativas: los inviernos 2026/7 y 2027/8, cuando hay menos tráfico aéreo. Habrá entre 20 y 40 días de prueba por invierno. Durante esos días, alrededor de 10.000 vuelos pasarán por el espacio aéreo Shanwick, y una fracción de ellos — entre el 1 y el 5% — recibirá instrucciones de los controladores aéreos de NATS para desviar su altitud y evitar zonas de formación de contrails.

El rol de Google es proporcionar las predicciones. El equipo de Paul Hodgson, director técnico de Operation Blue Skies en Google, ha desarrollado modelos de IA que identifican con antelación qué zonas de la atmósfera son «sensibles a contrails» en un momento dado — combinando datos meteorológicos, de humedad y de temperatura a altitud de crucero. Es la misma investigación que Google integró en Google Earth para análisis de cambio climático y que representa la evolución natural de trabajos previos como Google Weather Lab para la predicción de ciclones.

La IA no pilota los aviones ni decide las rutas. Informa a los controladores con tiempo suficiente para que puedan comunicar el ajuste de altitud a las tripulaciones a través de los canales estándar de control aéreo.

Por qué este ensayo es diferente a todo lo que se había hecho antes

Individual airline trials ya existían. American Airlines había colaborado previamente con Google en el Atlántico Norte, y EUROCONTROL’s MUAC había hecho pruebas similares en espacio aéreo europeo. La diferencia de Operation Blue Skies es la escala y el respaldo estatal.

El Prof. Steven Barrett de Cambridge lo resume así: «La evitación de contrails podría reducir drásticamente el impacto climático global de la aviación, a un coste mínimo para pasajeros y compañías». El matiz importante es que los costes en combustible de los desvíos son pequeños — el ajuste es de altitud, no de ruta horizontal — y las compañías afectadas son compensadas dentro del marco del programa.

Desde una perspectiva de política industrial, hay algo especialmente interesante en que sea el Gobierno británico quien respalde el primer programa de este tipo. El Reino Unido lleva años desarrollando regulación medioambiental de aviación más agresiva que la media europea, y Operation Blue Skies se enmarca en los compromisos de net-zero del sector para 2050. La IA aplicada a sostenibilidad urbana ya tiene un historial de resultados verificables; aplicarla al espacio aéreo es el siguiente paso lógico.

El ensayo tiene una elegancia metodológica que merece subrayarse: no pide que la aviación vuele menos, no requiere cambios de flota ni nuevos combustibles, y no impone costes significativos. Pide que una fracción mínima de vuelos ajuste su altitud unos cientos de metros durante un período limitado. Si los resultados del 2026/7 son estadísticamente significativos, el argumento para escalar a nivel global será difícil de refutar. La pregunta que quedará es si la industria querrá escucharlo.

El precedente de las pruebas con aerolíneas individuales es alentador. American Airlines colaboró con Google en el corredor transatlántico norte y los resultados preliminares mostraron reducciones medibles en la formación de contrails persistentes con desviaciones de altitud de entre 300 y 600 metros. Lo que faltaba era la escala: un solo vuelo que desvía no cambia el patrón general de un corredor aéreo. Cien vuelos coordinados sí podrían hacerlo.

La IATA ha declarado objetivos de cero emisiones netas para el sector en 2050, y los contrails representan un problema distinto al del CO₂: mientras el dióxido de carbono permanece siglos en la atmósfera, el efecto de calentamiento de los contrails es inmediato pero también más reversible. Si se deja de formarlos, el efecto desaparece rápido. Eso hace que la evitación de contrails sea una de las palancas de mitigación más atractivas en el corto plazo — si funciona a escala, y si la industria lo adopta de forma coordinada.




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China expulsa Windows 10 de sus organismos estatales antes de lo previsto y los fabricantes locales de SO se disparan en bolsa

China expulsa Windows 10 de sus organismos estatales antes de lo previsto y los fabricantes locales de SO se disparan en bolsa

Pekín lo ha vuelto a hacer. El Ministerio de Seguridad del Estado chino ha ordenado a algunas entidades vinculadas al Estado que desinstalen Windows 10 Government Edition de sus equipos — una versión personalizada del sistema operativo de Microsoft que nunca llegó al mercado general — acelerando en varios meses un calendario de retirada que estaba previsto para febrero de 2027. La información la publica Bloomberg este 18 de agosto citando fuentes con conocimiento directo del asunto.

La noticia tiene un efecto inmediato en los mercados: Hunan Kylinsec y Archermind, dos de los principales fabricantes chinos de sistemas operativos alternativos, subieron un 20% en la bolsa de Shanghái (el límite diario permitido), mientras que China National Software se apreció un 10%. El mercado está interpretando la orden como una señal de que la sustitución de software occidental se va a acelerar, con todo lo que eso implica para el sector de desarrolladores locales.

¿Qué es Windows 10 Government Edition y por qué China llevaba años usándolo?

No es el Windows 10 que cualquiera puede comprar. CMIT (C&M Information Technologies) es una joint venture creada en 2016 entre Microsoft y China Electronics Technology Group Corp (CETC), el gigante estatal de electrónica. Su misión fue específica: desarrollar una versión de Windows 10 Enterprise que cumpliera con los requisitos de seguridad de Pekín. Eso implicó desactivar ciertas funciones nativas, integrar cifrado chino propietario y establecer un canal de actualizaciones y soporte gestionado localmente.

La idea era que China pudiera usar el sistema operativo más extendido del mundo — Windows mantiene un 87,64% de cuota global de PC según StatCounter — sin depender completamente de la infraestructura de Microsoft en EE.UU. Un equilibrio que ahora Pekín ha decidido que ya no es suficiente. Microsoft, interrogado por Bloomberg, ha respondido que «no tiene conocimiento de ningún incidente de seguridad que afecte a este producto» y que continúa recibiendo actualizaciones regulares.

En nuestra experiencia siguiendo la política tecnológica china desde hace más de quince años, la aceleración del calendario no suele responder a un único incidente concreto sino a una acumulación de señales geopolíticas. Microsoft dejó de dar soporte general a Windows 10 en octubre de 2025 con el lanzamiento de Windows 11 — aunque el programa de Extended Security Updates (ESU) extiende el soporte hasta octubre de 2027 — y ese punto de inflexión ha dado a Pekín el argumento perfecto para justificar la transición.

¿Qué opciones tiene China para sustituir Windows en sus administraciones?

El sector alternativo de software llevaba años preparándose para este momento. Kylin V10 (de Kylin Software), UOS (de UnionTech/Tongxin) y HarmonyOS 5 de Huawei para portátiles son las tres plataformas Linux más maduras para uso gubernamental en China. Los laptops Qingyun de Huawei ya corren con el chip Kirin 9000X de fabricación doméstica, cerrando el círculo de soberanía hasta el silicio.

El movimiento chino no está solo. Como analizamos en detalle cuando Francia anunció en abril su plan de migrar 2,5 millones de ordenadores de la administración a Linux, la soberanía digital está pasando de ser un eslogan a política de Estado en varios países simultáneamente. La diferencia es el origen de la preocupación: Europa teme la dependencia tecnológica de Silicon Valley en un contexto de tensiones arancelarias; China teme el acceso del gobierno americano a sus sistemas críticos.

China lleva mucho más tiempo en este camino que cualquier país europeo. El Ejército Popular de Liberación ya eliminó Windows de sus equipos militares por temor a espionaje en 2019. En 2014, Pekín prohibió la compra de Windows 8 para uso gubernamental. En 2019, ordenó la sustitución de todos los PC de marca extranjera en las administraciones centrales en tres años. En 2022 extendió esa orden a empresas estatales. La retirada de Windows 10 es la siguiente fase de un proceso que lleva una década en marcha.

¿Qué dice esto del estado de la guerra tecnológica EE.UU.-China?

Lo que llama la atención de esta noticia no es la dirección — esa era previsible — sino la velocidad. El hecho de que el Ministerio de Seguridad del Estado acelere el calendario por «vulnerabilidades de ciberseguridad» sin especificar cuáles sugiere que la presión política está superando la evaluación técnica. O bien que hay algo que Pekín no quiere explicar públicamente.

Para Microsoft, el impacto directo es limitado: el Gobierno chino nunca fue el cliente de mayor volumen. Lo que sí importa es el precedente que crea para las empresas estatales chinas y para otros países que observan cómo Pekín gestiona su desacoplamiento tecnológico. Como señalaba Andreas Prins, de SUSE, en una entrevista sobre soberanía digital que publicamos el pasado julio, estamos ante una reorganización estructural del mercado de software que tardará años en completarse pero que ya está cambiando los flujos de capital y los contratos públicos.

La paradoja es que Microsoft sigue ganando dinero en China: ByteDance y Tencent son clientes relevantes de Azure y de sus modelos de IA. El desacoplamiento del software de escritorio no implica un desacoplamiento de la nube. Pekín parece estar haciendo distinciones quirúrgicas — qué es tolerable depender de Occidente en tecnología — que revelan que el objetivo no es el aislamiento total sino la resiliencia selectiva. Un matiz importante en un debate que tiende a pintarse en blanco y negro.

Para el sector tecnológico global, la noticia de este martes es un recordatorio de que la fragmentación del mercado de software no va a ralentizarse; es un proceso que lleva casi una década acelerándose de forma sostenida. Lo que empezó como una decisión política — China instalando su propio software en sus propios ordenadores — se ha convertido en un mercado multimillonario de alternativas locales que ahora tiene tracción propia. El salto en bolsa de Hunan Kylinsec y Archermind no es solo una reacción a la noticia: es el mercado apostando por que este proceso se va a acelerar, con o sin orden ministerial.




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Claude diseñó proteínas contra 15 objetivos. Cuando las fabricaron en un laboratorio, funcionaron contra 14

Claude diseñó proteínas contra 15 objetivos. Cuando las fabricaron en un laboratorio, funcionaron contra 14

La IA ya nos ha asombrado en el ámbito de las matemáticas, y ahora quiere hacerlo en el de la química. Es desde luego lo que ha logrado Anthropic, que puso a trabajar a Claude de forma autónoma durante unas 48 horas para resolver un problema clásico del desarrollo de nuevos medicamentos: el diseño de proteínas. Los resultados son prometedores, aunque solo resuelven parte del problema.

Claude, diséñame unas proteínas. Anthropic, que inauguró recientemente su programa Claude Science, le dio a su modelo de IA acceso a literatura científica, internet y recursos hardware, además de varios modelos especializados en diseño, secuenciación y plegamiento de proteínas. El modelo  analizó todos los datos para decidir dónde tenía que atacar cada diseño de proteínas. Luego generó candidatos, los optimizó, descartó los peores y eligió cuáles debían mandarse al laboratorio para sintetizarlos. Lo hizo además de forma totalmente autónoma.

Buenos resultados. Las firmas farmacéuticas Adaptyv Bio y Twist Bioscience crearon físicamente los diseños propuestos y comprobaron si realmente cumplían con el objetivo. De los 15 diseños que dieron resultados válidos, Claude Opus 4.8 y Mythos Preview consiguieron binders para 14, produciendo 354 proteínas funcionales a partir de 1.320 diseños. Según esas pruebas, entre el 22,6% y el 35,1% de los candidatos funcionaron, cuando según Anthropic las cifras convencionales están entre el 10 y el 15%. 

¿Qué es exactamente un binder? En estos experimentos el objetivo no es crear directamente un medicamento, sino encontrar proteínas capaces de unirse de forma muy precisa a otras proteínas concretas, como si fueran las llaves que abren una cerradura específica. A esas proteínas se las denomina protein binders. Los investigadores eligen distintas proteínas objetivo —algunas relacionadas con procesos biológicos o enfermedades— y tratan de diseñar binders que se adhieran fuertemente a ellas. Conseguirlo puede servir después para bloquear o modificar su actividad y también para contribuir al desarrollo de un tratamiento, pero encontrar un buen binder es solo un primer paso: un binder no es todavía un fármaco.

Director de orquesta científico. EL modelo no descubrió nada especial por sí mismo, y en realidad se convirtió en el orquestador de herramientas científicas que ya existían y que los investigadores utilizan. Aprovechó los datos y las herramientas para plantear sus soluciones, y eso es interesante porque Claude no necesita ser un modelo especializado, sino que le basta con saber qué herramienta usar, cuándo usarla y como continuar el proceso.

Éxitos y algún que otro fracaso. En uno de los experimentos llamado RBX1, Mythos Preview logró un 40% frente al 3,7% obtenido por los participantes de una competición organizada por Adaptyv Bio, y su mejor diseño superó en afinidad a sus competidores. Opus 4.8 también logró varios binders contra TNFa, una proteína muy interesante terapéuticamente y que había planteado problemas a diversos expertos. Aun así, también hubo fracasos: ninguno de los 90 diseños creados contra MBP produjo un binder confirmado.

Captura De Pantalla 2026 08 19 A Las 12 24 06 Algunos de los binders creados por los modelos de IA de Anthropic durante los experimentos.

Un segundo experimento revelador. Cuando un químico sintetiza una molécula, tiene que comprobar después si ha fabricado realmente lo que pretendía y qué porcentaje de la muestra corresponde al compuesto correcto. Para eso utiliza técnicas como NMR y LC-MS, que generan archivos en bruto que luego se procesan con software especializado. Anthropic le entregó esos archivos a Opus 5 y le pidió que hiciera ese trabajo, y tras apenas 20 minutos para cada técnica calculó una pureza del 96,4%, prácticamente idéntica al 96,33% del laboratorio. Lo que logró Claude en esencia fue automatizar una tarea de análisis que es tediosa y que requiere la experiencia de un químico especializado.

Investigadores de IA. Estos logros plantean que un modelo de IA puede convertirse en un agente investigador que logre documentarse con literatura científica especializada, y luego use esos datos para utilizar software específico para decidir próximos pasos en el proceso de investigación. De las matemáticas pasamos aquí al diseño y creación de fármacos, y aunque estamos lejos de poder decir que la IA puede diseñar nuevos fármacos, el avance de Anthropic con Claude es llamativo.

En Xataka | Los microscopios llevaban casi un siglo dependiendo de operadores humanos. China quiere cambiar eso con IA

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Estudio entre Chile y Tasmania revela cómo los bosques de huiro gigante modifican la química del agua de mar

Una investigación internacional, con participación de los investigadores del Núcleo Milenio MASH, Dra. Pamela Fernández y Dr. Alejandro Buschmann, ambos académicos del centro i~mar de la Universidad de Los Lagos, analizó cómo los bosques de huiro gigante (Macrocystis pyrifera) pueden modificar localmente el pH y el oxígeno disuelto del agua de mar bajo distintas condiciones ambientales.

Los bosques de macroalgas cumplen funciones fundamentales en los ecosistemas costeros: proporcionan hábitat y alimento para numerosas especies y contribuyen a modificar las condiciones ambientales de las zonas donde se desarrollan. Una nueva investigación realizada entre Chile y Tasmania profundizó en este último aspecto, evaluando cómo los bosques de huiro gigante influyen en el pH y la concentración de oxígeno disuelto en ambientes con condiciones oceanográficas contrastantes.

El estudio, titulado “Giant kelp-associated variation in coastal seawater chemistry across contrasting sites in Chile and Tasmania” y publicado en Annals of Botany, tiene como co-primeras autoras a la Dra. Pamela Fernández, investigadora de MASH y académica del centro i~mar de la Universidad de Los Lagos, y a la Dra. Elisabeth M. A. Strain, de la Universidad de Tasmania. En la investigación también participó el Dr. Alejandro Buschmann, investigador de MASH y académico del centro i~mar, junto a investigadores de la Universidad de Tasmania y la Universidad de Concepción.

La investigación constituye la primera evaluación en múltiples sitios sobre la influencia local de los bosques de huiro gigante en el pH y el oxígeno disuelto bajo condiciones ambientales contrastantes del hemisferio sur. Para ello, el equipo realizó mediciones en siete sitios: cuatro en Tasmania, uno en Concepción y dos en el sur de Chile, ubicados en Ilque y Metri, en la Región de Los Lagos.

De acuerdo con la Dra. Fernández, los resultados “muestran que los bosques de huiro gigante pueden aumentar localmente el pH y el oxígeno disuelto del agua, aunque este efecto varía considerablemente entre sitios y depende de factores como la densidad del bosque y las condiciones oceanográficas. Los efectos más claros se observaron en Concepción y en uno de los sitios estudiados en Tasmania”.

En Chile central, durante un intenso evento de surgencia, las diferencias fueron especialmente evidentes. Fuera del bosque se registraron valores mínimos de pH de 7,40 y de 0,43 mg/L de oxígeno disuelto, mientras que dentro del bosque estos valores alcanzaron 7,52 y 3,92 mg/L, respectivamente.

“Esto sugiere que la actividad fotosintética del huiro puede moderar temporal y localmente condiciones ambientales adversas”, señaló la investigadora.

Aunque este efecto no es permanente ni se presenta de la misma manera en todos los ambientes, los investigadores plantean que, bajo determinadas condiciones, los bosques de huiro podrían funcionar como refugios locales de corto plazo para organismos expuestos a bajos niveles de pH y oxígeno disuelto.

Los resultados ponen de relieve el papel que pueden desempeñar los bosques de huiro gigante en la regulación de las condiciones químicas del agua y refuerzan la importancia de comprender y conservar estos ecosistemas frente a los cambios que están experimentando los océanos.

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China tenía un Windows 10 hecho a medida para su Gobierno. Ahora Pekín ha ordenado retirarlo antes de lo previsto

China tenía un Windows 10 hecho a medida para su Gobierno. Ahora Pekín ha ordenado retirarlo antes de lo previsto

En 2017 Microsoft le presentó a China su Windows 10 China Government Edition, una versión de su sistema operativo desarrollado específicamente para que la pudieran usar los organismos públicos y empresas estatales. Casi diez años después, China se quiere deshacer totalmente de Windows en sus agencias gubernamentales. Es otra decisión que deja claro que tanto desde un lado como  desde el otro el objetivo es minimizar dependencias de terceros al máximo

Windows 10 fuera cuanto antes. Según Bloomberg, el Ministerio de Seguridad del Estado ha ordenado a varias entidades gubernamentales que dejan de usar esta versión especial de Widows. Ya había una hoja de ruta para dejar de usarlo, pero ahora Pekín quiere acelerar ese proceso dando como agumento la seguridad de los datos. En Microsoft indican que no ha habido incidentes de seguridad específicos que justifiquen la decisión. 

Un esfuerzo baldío. Satya Nadella participó activamente en el desarrollo de esa versión especial de Windows 10 y colaboró con responsables del Ministerio de Finanzas chino para poenrlo en marcha. De hecho Microsoft llegó a tener una relación muy estrecha con China, algo que no es común en otras grandes tecnológicas estadounidenses. Aun así, esa versión especial de Windows 10 no consiguió cuajar, y pese a las concesiones, ningún sistema operativo extranjero ha logrado cumplir los requisitos de seguridad y fiabilidad que imponen los funcionarios de gobierno chinos.

Control total. China primero quiso controlar todo lo posible la tecnología extranjera que utilizaban sus organismos. Ahora el objetivo es precisamente el de no necesitar esa tecnología. Desde 2017 China no ha parado de impulsar el uso de software "nacional" tanto en sus administraciones como en las empresas públicas. En Reuters revisaron seis guías de contratación de tecnología entre 2023 y 2026: en cinco ni siquiera recomendaban Microsoft, y la única que lo permitía lo hacía solo si se cumplían requisitos adicionales.

Microsoft también mueve ficha. En los últimos cinco años Microsoft ha cerrado al menos 15 oficinas y joint ventures en el país, y de hecho llegó a plantearse una retirada aún mayor en 2023, según una de las fuentes citadas en Reuters. Algunos directivos de la empresa argumentaban que el riesgo geopolítico era demasiado alto en comparación con el retorno económico. Microsoft indicó que en 2024 China representaba aproximadamente un 1,5% de sus ingresos mundiales, una cifra casi anecdótica teniendo en cuenta la dimensión del país.

Adiós, globalización. Hace tiempo que EEUU intenta impedir que China acceda a chips avanzados y a diversas tecnologías relacionadas con la IA, pero el gigante asiático ha reaccionado reduciendo cada vez más su dependencia de esas tecnologías occidentales para crear sus propias alternattivas. Windows era solo una pieza de ese "desacoplamiento", y una cosa es evidente: las alternativas locales chinas en el ámbito de la tecnología cada vez tienen más calidad, pero también más respaldo político.

Windows siempre será Windows. El esfuerzo de Microsoft por adaptar una versión de Windows 10 a las necesidades del gobierno chino fue notable, pero la situación geopolítica ha dejado claro el gran problema para China: Windows sigue siendo Windows, y este sistema operativo está controlado por Microsoft.

¿Con qué sustituirán a Windows 10? En China no se han dado detalles sobre el sistema operativo que sustituirá a Windows 10, pero lleva años construyendo un ecosistema propio en este ámbito. Hay alternativas como Kylin o UnionTech OS, basados en Linux y adaptados para funcionar en PCs con procesadores totalmente chinos.

En Xataka | China se vuelve terreno hostil para Microsoft: su primera ‘joint venture’ deja de operar y arrastra miles de despidos

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