5 de septiembre de 2026

Pensábamos que las siestas largas eran inofensivas. Un nuevo estudio revela que en realidad son el síntoma de un problema mayor

Pensábamos que las siestas largas eran inofensivas. Un nuevo estudio revela que en realidad son el síntoma de un problema mayor

En España, la siesta es casi una institución cultural que supone un pequeño placer diario que tradicionalmente se ha asociado con un buen descanso y una recarga de energía. Sin embargo, la ciencia lleva tiempo afinando sobre este hábito y un reciente estudio acaba de confirmar lo que muchos investigadores sospechaban y es que no todas las siestas son iguales. 

Bajo investigación. Un estudio publicado este mismo año ha conseguido analizar a 1338 adultos de 56 años o más a través de una pulsera de actigrafía durante catorce días. Además, definieron la siesta como cualquier periodo de sueño detectado entre las 9:00 y las 19:00 horas, y realizaron un seguimiento de los participantes durante 19 años. 

Los resultados. Lo que vieron es que el tiempo que se dedica a la siesta importa mucho, puesto que por cada hora adicional de siesta diaria se aumentó un 13% la probabilidad de morir. Si hablamos de la frecuencia, cada siesta diaria adicional se relacionó con un 7% más de riesgo de mortalidad.

Además, aquellas personas que dormían principalmente por la mañana presentaron un 30% más de mortalidad en comparación con las que lo hacían a primera hora de la tarde, que es la clásica siesta de sobremesa. 

Hay un matiz. Al leer estos porcentajes, es fácil asustarse y pensar que dormir la siesta nos está quitando años de vida. Pero la ciencia apunta a que esto no significa que la siesta causa la muerte, ya que estamos ante un estudio observacional. 

En otras palabras, una persona no enferma por dormir muchas horas de siesta, sino que duerme mucho durante el día porque ya existe un problema de salud subyacente. Las siestas prolongadas o muy frecuentes suelen ser una señal de alerta, un síntoma de que el cuerpo está lidiando con dolencias como apnea del sueño, dolor crónico, depresión, alteraciones del ritmo circadiano o enfermedades cardiopulmonares. Es el cuerpo pidiendo un descanso extra porque el sueño nocturno es deficiente o porque la salud se está deteriorando.

La siesta matutina. Uno de los hallazgos más interesantes del estudio es el riesgo asociado a las siestas por la mañana, puesto que fisiológicamente es normal sentir somnolencia a primera hora de la tarde después de comer, pero dormir por la mañana indica que la persona presenta una somnolencia diurna excesiva. 

De hecho, estudios previos ya habían encontrado que una mayor proporción de siestas matutinas se asociaba con un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer, apuntando a una posible relación bidireccional entre el deterioro cognitivo y la necesidad constante de dormir.

La buena siesta. La evidencia que tenemos encima de la mesa apunta a que las siestas cortas o power naps son positivas para nuestra salud. Los estudios apuntan a que dedicar 30 minutos a dormir no muestra asociaciones significativas con riesgos para la salud. Además, dormir entre 1 y 29 minutos se ha asociado en cohortes de personas mayores con un menor riesgo de deterioro cognitivo, además de proporcionar beneficios experimentales demostrados a corto plazo, como una mejora temporal del estado de alerta y una reducción de la somnolencia.

Por otro lado, la ciencia lleva años advirtiendo de la línea roja de los 30-60 minutos, puesto que se ha visto que las siestas largas suponen un mayor riesgo de mortalidad por razones cardiovasculares. 

Imágenes | Timur Weber 

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Francia y Alemania lloran distinto desde bebés: los científicos descubrieron que imitamos el idioma antes de nacer

Francia y Alemania lloran distinto desde bebés: los científicos descubrieron que imitamos el idioma antes de nacer

Cuando un bebé llega a este mundo, es normal que buena parte de sus primeras semanas se las pase llorando, y para mucha gente el llanto de un bebé, pues, es el mismo en todos ellos. Pero la realidad es que hay diferencias muy interesantes dependiendo del lugar de nacimiento, puesto que se ha visto que los bebés franceses lloran con una melodía ascendente, mientras que los alemanes lo hacen con una descendente. 

Está respaldado. Esta afirmación puede parecer una exageración, pero la realidad es que tiene una base sólida y revisada por la ciencia ya que los recién nacidos no solo lloran por instinto, sino que también lloran imitando la prosodia del idioma de su madre. 

El experimento. Para entender este fenómeno, tenemos que viajar hasta el año 2009, cuando un equipo de investigadores de la Universidad de Würzburg decidió poner a prueba la idea de que el aprendizaje del lenguaje comienza mucho antes de articular la primera palabra. 

Aquí los científicos reunieron una muestra muy específica de 30 recién nacidos franceses y 30 recién nacidos alemanes, todos de entre dos y cinco días de vida. Y el requisito era simplemente grabar sus llantos en momentos donde tuvieran hambre o necesitaran atención, siempre en entornos donde no hubiera ningún dolor que provocara el llanto. 

Se analizaron con estos audios miles de llantos utilizando software acústico para medir un parámetro clave que es el contorno melódico, y en concreto, el momento en el que se producía el pico de frecuencia fundamental. Y a partir de estos resultados simplemente se comenzó a comparar según la nacionalidad del recién nacido para ver si había diferencias. Y tanto que las había. 

Las diferencias. Lo que los investigadores encontraron fue un patrón claro que reflejaba la entonación típica de los idiomas de sus madres. De esta manera, los bebés franceses mostraron un pico de frecuencia más tardío y sus llantos tendían a empezar graves y subir de tono hacia el final. 

Por contra, los bebés alemanes mostraron el patrón inverso, puesto que su pico de frecuencia era más temprano, comenzando con agudos y cayendo hacia el final, lo que se considera un contorno melódico descendente. 

¿Por qué? Para entender por qué ocurre esto, hay que fijarse en cómo suenan el francés y el alemán. En francés, las palabras y las frases suelen tener el acento o la elevación del tono al final, mientras que en alemán, la entonación predominante tiende a caer. De esta manera, los bebés estaban, literalmente, reproduciendo la "banda sonora" que llevaban meses escuchando.

Y tiene todo el sentido, porque durante el tercer trimestre de gestación, el sistema auditivo del feto ya está lo suficientemente desarrollado como para escuchar lo que ocurre en el exterior. Sin embargo, el líquido amniótico y los tejidos actúan como un filtro acústico, lo que provoca que las palabras no suenen nítidas, pero la melodía, el ritmo y la entonación sí traspasan el vientre materno con total claridad. 

Su limitación. Como suele ocurrir en la ciencia, es importante no sobreinterpretar los datos, ya que los análisis lingüísticos rigurosos apuntan a que la significancia estadística del estudio es altísima, pero se trata de tendencias poblacionales y no de una regla absoluta. De esta manera, no todos los bebés franceses lloran siempre "hacia arriba" ni todos los alemanes "hacia abajo", sino que hablamos de probabilidad. 

Imágenes | Dream_ maKkerzz

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Los árboles y la vegetación tienen un "interruptor" para hacer frente al calor. No siempre fue así

Los árboles y la vegetación tienen un "interruptor" para hacer frente al calor. No siempre fue así

Está demostrado que los árboles ayudan a reducir la temperatura en las ciudades, pero ¿quién les ayuda a bajar su propia temperatura a ellos, que no tienen patitas? Porque a diferencia de los animales y los humanos, los árboles no pueden moverse a zonas más frescas cuando aprieta el calor.

Sin embargo, eso no significa que no tengan sus propios mecanismos para combatirlo. De hecho, lo hacen: abren sus estomas (algo así como unos poros), lo que les permite evaporar agua y así enfriar las hojas como si sudasen. Este mecanismo de refrigeración es esencial para su supervivencia, y más ahora con el cambio climático. Aunque esto es sabido, muchos de los mecanismos internos siguen sin comprenderse del todo.

El descubrimiento. Un equipo de investigación del VIB, la Universidad de Gante y la KU Leuven ha descubierto una innovación evolutiva que ayuda a las plantas a sobrellevar las altas temperaturas. Lo que han encontrado es una vía antes desconocida que ayuda a que esos estomas se abran en momentos de estrés térmico, en la que la proteína UBP24 tiene un papel fundamental. Con el calor, esta proteína se estabiliza y, como un efecto dominó, se estabilizan otras proteínas que mantienen abiertos esos poros y, por tanto, el sistema de refrigeración de la planta. Vamos, funciona como una válvula de escape ante el calor extremo.

Por qué importa. Con el calentamiento global, la vegetación se enfrenta a olas de calor cada vez más frecuentes e intensas que amenazan tanto su supervivencia como su productividad, algo esencial, por ejemplo, para la agricultura. Porque necesitamos las plantas por su papel en la fotosíntesis y la producción de oxígeno, pero también porque nos nutrimos directa o indirectamente de ellas. En pocas palabras, ayuda a reforzar la seguridad alimentaria en este escenario de cambio climático, ya que puede servir para identificar nuevas formas de fortalecer la resistencia de los cultivos frente al calor.

Evolucionando para adaptarse. Este trabajo es el último de un equipo que lleva tiempo estudiando esta área de gestión del calor en los vegetales: en 2024, el profesor Ive De Smet y su equipo ya habían publicado cómo se regula la apertura y cierre de estomas ante calor y sequía, destacando que ambas señales pueden oponerse, ya que el calor favorece la apertura de los estomas mientras la sequía favorece su cierre.

Este nuevo estudio añade un paso más: la evolución. Al comparar UBP24 en decenas de especies vegetales, han descubierto que el interruptor molecular que permite a la proteína responder al calor apareció en las plantas vasculares justo cuando surgió el control activo de la apertura y cierre de los estomas. O sea que su sensor térmico y el control de los poros surgieron a la vez.

Como las levaduras. Curiosamente, un mecanismo similar se da también en levaduras como Saccharomyces cerevisiae, un organismo tremendamente distinto a las plantas y muy alejado desde el punto de vista evolutivo. Es decir, que la regulación por carga eléctrica es un principio antiguo y eficaz para responder al calor, tan eficaz que se ha conservado en reinos biológicos completamente distintos.

La letra pequeña. Este estudio se llevó a cabo en una única planta modelo, la Arabidopsis thaliana de la familia de la coliflor, no en cultivos agrícolas directamente. De hecho, la asignatura pendiente es validar este mecanismo en especies con interés agronómico y, a partir de ahí, estudiar cómo aplicarlo para beneficiar a la agricultura. Por otro lado, y como ya se descubrió en 2024, en escenarios de calor y sequía combinados esta estrategia puede resultar contraproducente a nivel fisiológico.



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El mapa de los GLOF que hay en el mundo deja algo claro: hay 15 millones de personas bajo la amenaza de los lagos glaciares

El mapa de los GLOF que hay en el mundo deja algo claro: hay 15 millones de personas bajo la amenaza de los lagos glaciares

La semana pasada Nepal recordó por las malas el poder de la naturaleza de forma  trágica: con un desprendimiento de hielo y roca en el Himalaya que arrasó todo lo que tenía por delante. Sin ir más lejos, borró del mapa el paso fronterizo entre Nepal y China en apenas siete minutos. Y aunque esta vez se trató de un colapso glacial directo, el riesgo extremo en la alta montaña no es nuevo ni es la primera vez que golpea la zona (ese mismo paso fronterizo sufrió un devastador GLOF el verano pasado). La amenaza de los glaciares y sus lagos es tan grande que un equipo científico ya ha calculado cuántas personas en el mundo viven cerca de lagos glaciares peligrosos y ha creado un mapa.

Lo que ha pasado en Nepal es precisamente la confirmación de algo que ya adelantaba el paper: que las altas montañas de Asia (HMA) es la región con más riesgo del planeta y que allí hay núcleos urbanos y personas que viven extremadamente cerca de lagos glaciares, por lo que su margen de reacción es mínimo.

El mapa de la distribución global de la exposición a los GLOF es obra de un equipo de investigación compuesto por personas de universidades del Reino Unido y Nueva Zelanda y combina tres capas de datos: el inventario global de lagos glaciares 1990-2018, la población mundial y varios índices de vulnerabilidad normalizados para clasificar las cuencas hidrográficas por sus índices de peligro. Es decir, combina cuánta gente vive cerca de los lagos (exposición) y cuánto daño podrían causar esos lagos si colapsan (peligro). Ojo, el mapa no registra la probabilidad de que un lago colapse, solo la magnitud potencial. 

Su importancia radica precisamente en que es la primera herramienta que permite comparar de forma homogénea qué cuencas concentran más lagos peligrosos, la población cercana y la capacidad de respuesta, algo esencial para diseñar sistemas de alerta temprana, planes de acción y hasta restricciones urbanísticas. En pocas palabras, para evitar que lo que pasó la semana pasada en Nepal vuelva a suceder.

El mapa de la exposición global a los GLOF

Mapa Distribución global de la exposición a GLOF. Caroline Taylor, Tom R. Robinson, Stuart Dunning, J. Rachel Carr & Matthew Westoby

De los 15 millones de personas potencialmente en riesgo, 9,3 millones están concentrados precisamente en esas altas montañas de Asia, donde hay 2211 lagos. Dentro de la zona, India y Pakistán son los países con más gente en riesgo, pero si entra en juego el peligro, China sustituye a India porque tiene muchos más lagos glaciares y de mayor tamaño.

América concentra dos realidades muy distintas: por un lado están Perú, Bolivia y Ecuador con los Andes como segunda región con mayor peligro GLOF tras las montañas de Asia. De hecho, Perú es el tercer país con más peligro a nivel mundial y las cuencas del Santa (Perú) y la del Beni (Bolivia) están entre las tres más peligrosas. Y el equipo advierte de algo: en los Andes hay poca investigación científica. En el otro lado de la balanza, Norteamérica: Groenlandia tiene el mayor número y área de lagos glaciares, pero al no tener población expuesta, el peligro es nulo. Estados Unidos y Canadá tienen calificaciones de peligro moderadas - altas por sus numerosas cuencas glaciares.

El viejo continente también tiene su cuota de riesgo: está en los Alpes y es la menor de las cuatro coordilleras analizadas porque tienen relativamente pocos lagos glaciales y además son pequeños. Asimismo, Suiza, que es el país más en riesgo de Europa, es a su vez el estado individualmente menos vulnerable de todo el ranking (0.194 sobre 1) gracias a su desarrollo, pero no es nulo: el equipo documenta 393 muertes vinculadas a los GLOF a lo largo de los últimos mil años.

En cualquier caso, este mapa es de 2023 y usa datos de lagos de hasta 2018-2020 ya inventariado, pero resulta que lo que pasó en Nepal hace unos días se produjo por un colapso de hielo que las imágenes satelitales previas no habían registrado, por lo que el peligro real es mayor de lo que calculado. Respecto a la causa: si bien es cierto que el cambio climático está en todas las quinielas de la ciencia, es algo que todavía se está estudiando.

 

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4 de septiembre de 2026

La cinta magnética parecía una reliquia. En la era de la IA, la capacidad LTO ha vuelto a dispararse

La cinta magnética parecía una reliquia. En la era de la IA, la capacidad LTO ha vuelto a dispararse

Si pensamos en almacenamiento sobre cinta, es fácil viajar varias décadas atrás, a salas llenas de grandes ordenadores, armarios técnicos y bobinas que giraban mientras aquellos sistemas procesaban cantidades de información que hoy parecerían diminutas. La evolución de los discos duros y, más tarde, de los SSD pudo hacer pensar que aquella tecnología había quedado relegada a los museos de informática. Sin embargo, nunca desapareció de los centros de datos. Y ahora que la inteligencia artificial está multiplicando las necesidades de almacenamiento, sigue teniendo un papel difícil de sustituir.

La capacidad vuelve a acelerar. Según el LTO Program, la capacidad enviada durante el primer trimestre de 2026 aumentó un 57% frente al mismo periodo de 2025. La cifra no equivale a un 57% más de cartuchos vendidos, porque mide cuántos datos pueden almacenar en conjunto los soportes despachados y también se ve favorecida por la llegada de generaciones más densas. El movimiento llega después del récord de 176,5 exabytes de capacidad comprimida alcanzado en 2024. El propio programa señala que la fortaleza de LTO-9 y el despliegue inicial de LTO-10 contribuyeron al repunte, dentro de un contexto marcado por el crecimiento de la IA, el archivo tradicional y las presiones sobre costes, energía y ciberresiliencia.

Una cinta ya no parece cinta. El estándar que domina este mercado profesional se llama LTO y utiliza cartuchos rectangulares que se introducen en unidades específicas o en grandes bibliotecas automatizadas capaces de gestionar miles de soportes. La generación LTO-9 ofrece 18 TB de capacidad nativa por cartucho, mientras LTO-10eleva ese máximo hasta 40 TB. También pueden aparecer cifras mucho mayores, como 100 TB, pero no se trata de su capacidad nativa: corresponden a una compresión de 2,5:1, es decir, a la posibilidad de guardar 2,5 veces más información si los archivos pueden comprimirse lo suficiente. 

Cada soporte tiene su sitio. Un centro de datos no tiene por qué elegir entre SSD, disco duro o cinta: puede utilizar los tres según la importancia y frecuencia de acceso de la información. El flash suele emplearse en cargas que necesitan respuestas rápidas y numerosas operaciones; el HDD permite mantener grandes volúmenes disponibles online con un coste inferior al de la memoria flash; y la cinta puede reservarse para aquello que debe conservarse, pero se consulta poco. A cambio, recuperarlo lleva más tiempo porque el soporte es secuencial y, en grandes bibliotecas, puede ser necesario localizar el cartucho, cargarlo físicamente en una unidad y avanzar hasta la posición adecuada. Esa latencia sería un problema para información activa, pero puede resultar asumible en un archivo.

El ahorro aparece con la escala. Cuando hablamos de petabytes que apenas se consultan, mantener toda esa información permanentemente disponible en soportes rápidos puede resultar innecesariamente costoso y consumir más energía. Un cartucho puede permanecer almacenado sin necesitar alimentación para conservar sus datos y, en despliegues de gran tamaño, miles de ellos pueden reunirse dentro de bibliotecas automatizadas. Esa separación también puede formar parte de una estrategia de air gap, al mantener determinadas copias desconectadas de los sistemas que un atacante podría comprometer. No es almacenamiento gratuito ni sencillo: exige unidades específicas y, según la escala, robots y software de gestión, además de migraciones periódicas conforme evolucionan las generaciones y sus compatibilidades.

Quién sigue comprando estas cintas. No es una tecnología pensada para el consumidor, sino para organizaciones que acumulan cantidades enormes de información y necesitan conservarla durante mucho tiempo. Ahí entran centros de supercomputación, instituciones científicas, grandes empresas, administraciones y entornos audiovisuales, entre otros. CERN y Fermilab mantienen archivos basados en cinta para datos científicos, mientras el Texas Advanced Computing Center combina flash, almacenamiento de objetos y bibliotecas de cinta dentro de una misma infraestructura. Es precisamente en esas escalas, donde los volúmenes se cuentan en petabytes o más, donde LTO sigue encontrando espacio.

La IA genera mucho más que respuestas. ChatGPT, Gemini o Claude son la cara visible de sistemas que dependen de enormes cantidades de información antes, durante y después de entrenar un modelo. Mientras una carga activa necesita memorias y almacenamiento de alto rendimiento, alrededor de ella pueden quedar datasets, resultados y distintas versiones que una organización quiera conservar durante años sin mantenerlas en la capa más cara de su infraestructura. Ese es precisamente el tipo de archivo para el que la cinta puede tener sentido. Lo importante es no confundir ambos usos: un modelo no necesita consultar constantemente una biblioteca LTO para responder y no tenemos base para afirmar que esos productos concretos almacenen sus datos de esa manera.

Aquí no hay la misma crisis. La carrera por la IA está ejerciendo una presión documentada sobre HBM, DRAM y NAND, mientras los fabricantes reorganizan inversiones y prioridades hacia productos destinados a centros de datos y aceleradores. Esa dinámica puede terminar afectando a la memoria y al almacenamiento que sí llegan a nuestros ordenadores y teléfonos. LTO depende de una cadena industrial distinta, basada en soportes magnéticos y procesos diferentes de los utilizados para fabricar memoria semiconductor, y por ahora la IA no parece estar detrás de una escasez general de cartuchos o una subida global de sus precios. Lo que sí está documentado es un fuerte repunte de la capacidad enviada en el primer trimestre de 2026. 

Imágenes | IBM 

En Xataka | China quiere firmar una tregua con EEUU en IA

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