2 de noviembre de 2026

Un nuevo estudio rastrea la famosa ‘Noche estrellada’ de Van Gogh hasta un cielo nocturno real de 1889

Un nuevo estudio rastrea la famosa ‘Noche estrellada’ de Van Gogh hasta un cielo nocturno real de 1889

El cielo de “La noche estrellada” parece responder a una noche concreta. Por ejemplo, el 22 de julio de 1889 en Saint-Rémy-de-Provence (sur de Francia). Un equipo surcoreano ha analizado el cielo que representa y lo ha comparado con el real de aquel verano. Se trata de la mejor opción que han encontrado. Es decir, que era el cielo que podía verse entonces, pero eso no implica que fuera el día en el que pintó el cuadro.

En el estudio publicado en Scientific Reports (22 de octubre de 2026) proponen una revisión de la cronología habitual. El primero de los autores es Elijah Jeong-hyun Kim; además de ser doctorando en la Universidad Kyung Hee, dirige una empresa dedicada a telescopios. ¿Cuánto de observación hay en este cielo?

Una de las claves es la luna. Los investigadores tienen en cuenta que en el cuadro aparece menguante. También que Venus ocupa una posición concreta y que las Híades (un grupo de estrellas de la constelación de Tauro) están juntas. Todo ello es consistente con amaneceres cercanos al 22 de julio. Además, han cruzado datos meteorológicos con las cartas de Van Gogh y proponen que el cielo se corresponde con un momento aproximadamente un mes después de lo habitualmente aceptado.

Elijah fue a Francia en dos ocasiones en 2019 (a mediados de junio y alrededor del 22 de julio) para ver en primera persona cómo era el cielo en esos momentos. “Los cielos nunca son iguales. Siempre hay algo diferente”, explica Kim. Dice que él cree que Van Gogh tuvo en cuenta estos cambios; de hecho, no es necesario que sea una sola noche, puede haber días cercanos.

Otra de las claves son las menciones que hace a las cigarras. Los autores relacionan estas menciones con el calor de julio. Su análisis de las cartas sitúa más adelante en ese mes el momento de una crisis que sufrió el artista. Estos son argumentos históricos (basados en una interpretación de los documentos y de las fechas) que se cruzan con la reconstrucción del cielo.

José Luis Aragón (Universidad Nacional Autónoma de México) es físico y ha estudiado el cuadro, pero no ha participado en esta investigación. “Aun así, vería la fecha de julio como una hipótesis intrigante más que como una respuesta definitiva”.

En la ficha del MoMA (donde se conserva el cuadro) sigue apareciendo junio de 1889. En el museo explican que se trata de un cuadro pintado durante el día (en varias sesiones) a partir de una visión nocturna. El pueblo que aparece en el fondo (bajo las colinas) es de otras vistas (no era visible desde su ventana).

El software para reconstruir el cielo de 1889

El software principal con el que han trabajado es TheSkyX 10.5.0. Han contrastado sus configuraciones con Stellarium 25.2.0. Las posiciones de los planetas y el Sol las han contrastado con las efemérides DE441 de la NASA. Los investigadores admiten que esto no permite saber cuándo comenzó a pintarse o si hubo algún retoque posterior.

Algunas de estas herramientas son accesibles a todo el mundo. Stellarium es un planetario (software) gratuito y de código abierto. Hay versiones para Windows, macOS y Linux. Permite mostrar cómo es el cielo en un momento dado e incluso es posible modificar la velocidad a la que pasa el tiempo (para simular el movimiento aparente de los astros).

Noche Estrellada Virtual

También existe un sistema de la NASA (Horizons) que permite obtener tablas de posición para un observador en un lugar concreto. Incluyen datos de visibilidad, documentan la altura sobre el horizonte, salidas y puestas e incluso tienen marcadores de crepúsculo. De esta manera podemos analizar si es cierta una afirmación más específica que el parecido global de dos imágenes. 

Este servicio está pensado también para el gran público (no solo para investigadores o planificadores de misiones). Una tabla de posiciones permite verificar esta posibilidad, aunque para la fecha de una pincelada hacen falta otros tipos de evidencias.

Por otro lado, también hay que considerar la visibilidad. En Genbeta ya hablamos del mapa de contaminación lumínica para saber dónde es posible ver bien el cielo. En una reconstrucción histórica hay que considerar por separado dónde está la estrella (calculado) y las condiciones de visibilidad.

Imágenes | Facebook con edición, Xataka

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Google ha mejorado tanto su buscador con IA que se ha encontrado con un problema: necesita empeorarlo para ganar dinero

Google ha mejorado tanto su buscador con IA que se ha encontrado con un problema: necesita empeorarlo para ganar dinero

Que todas las empresas se han volcado en la IA no es algo que a estas alturas nos sorprenda, ya que basta con abrir casi cualquier app, servicio o plataforma para ver que está ahí. Los chatbots son omnipresentes, las herramientas generativas también. Y pocas empresas la han abrazado de manera tan intensa como Google, que ha llevado la IA a la mayor parte de su catálogo. Con resultados dispares.

La empresa que domina, dominada. Google es un peso pesado de la inteligencia artificial. Lo es por la importancia que siempre le dio a lo largo del tiempo y porque gran parte de las mecánicas de entrenamiento e inferencia fueron planteadas por Alphabet y sus divisiones, en especial DeepMind. Por ejemplo, la arquitectura Transformer, nacida en Google, es la piedra angular de la IA actual.

La paradoja de Google fue que la pillaron fuera de juego justo en el partido que, como equipo, dominaba. No supo anticipar el segmento de consumo que sí vio OpenAI con ChatGPT. Este chatbot acabó marcando el estándar y el camino para todos los que vinieron detrás, incluida la propia Google, que llevaba desde 2016 presumiendo de ser AI first. En 2022 Alphabet pulsó el botón de código rojo.

Dame más IA. Chatbots, modelos, herramientas... Y, para rematar, Google ha ido colando la IA en todos sus productos. ¿Buscar correos en Gmail? Ahí está Gemini. ¿Y Google Sheets? Con IA hasta puedes crear macros en las hojas de cálculo. Tampoco podía quedarse fuera la joya de la corona: el buscador se ha rebozado en IA como ningún otro producto.

Las vistas creadas con IA en el buscador (AI Overviews) y el Modo IA (AI Mode) fueron la solución de Google a un problema que arrastraba la plataforma desde hace años: los resultados de búsqueda eran malos. Costaba encontrar algo decente en según qué búsquedas, por eso la IA encaja tan bien aquí: resuelve cualquier duda sin tener que leer nada más. Y esto es un problema, no solo para los que vivimos creando contenido.

El buscador con IA es bueno para el usuario, no para Google. Parece una contradicción, pero es tal que así: Alphabet reportó una importante caída en el crecimiento de ingresos a través de la búsqueda (no hubo apenas diferencia con respecto al segundo trimestre, que ya había sido menor en referencia al primero). Uno de los motivos, según la propia Google, es que el Modo IA monetiza peor que la búsqueda tradicional.

Google ha conseguido un buscador "tan bueno", que los usuarios no necesitamos pasar de la interacción con la IA para encontrar la solución. Ergo, hay menos espacio para los anuncios, o anuncios que valen menos. Y eso pone en riesgo lo que era la gallina de los huevos de oro para Google.

La solución: añadir más anuncios. Es el razonamiento lógico. Si ganas menos porque no se ven los anuncios, lo que debes hacer es elevar su número. O lo que es lo mismo: si hemos pasado de un buscador ineficiente a uno más o menos preciso gracias a la IA, Google debe ahora desandar los pasos. Como diría Ricky Martin: "Un pasito p'alante, María,...".

Según explicó Philipp Schindler, director de negocio de Google:

"Cabe señalar que el fuerte crecimiento de las consultas en el Modo IA tuvo un impacto debido a la menor monetización que estábamos viendo en este modo".

Y añadió:

"Para que quede claro, estamos muy satisfechos con nuestra trayectoria. Nuestros experimentos con anuncios han dado resultados prometedores, y ahora estamos ampliando los anuncios tanto en las vistas con IA como en el Modo IA a más usuarios y más consultas, incluidos mercados internacionales y anuncios en conversaciones de varios turnos en Estados Unidos”.

Lo mejor, peor. Google no echará marcha atrás quitando la IA del buscador, por lo que debe encontrar la manera de armonizar los anuncios con los textos de Gemini. No es fácil, porque no es lo mismo ver un anuncio entre los resultados de búsqueda que una recomendación explícita de producto en un texto que debería ser imparcial. Para la IA, perder la credibilidad es demasiado fácil.

Google no está en apuros, más bien al contrario: sigue creciendo a doble dígito. El problema es que cada búsqueda que se muda al Modo IA deja menos dinero que la anterior, y la única palanca que tiene Google a mano es la de siempre: más publicidad. Por tanto, corre el riesgo de concluir donde empezó, con un buscador más orientado a los anunciantes que a los usuarios.

Imagen de portada | Iván Linares editada

En Xataka | La IA ya no se paga sola: ni siquiera negocios gigantes como los de Meta o Google sirven para financiarla

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Hace 50 años, Viking 2 grabó dos misteriosas señales. Hoy unos científicos apuntan a la grabación más antigua de un terremoto marciano

Hace 50 años, Viking 2 grabó dos misteriosas señales. Hoy unos científicos apuntan a la grabación más antigua de un terremoto marciano

En 1975, la NASA envió a Marte las sondas Viking 1 y Viking 2 con el objetivo de buscar posibles signos de vida. Para saber si es o fue en algún momento un planeta habitable, era importante estudiar tanto su composición geológica como la posible aparición de terremotos. Para esto último, ambas sondas contaban con un sismómetro. Sin embargo, la primera lo desplegó mal y la segunda captó demasiadas interferencias como para determinar si realmente se estaban detectando terremotos. Era muy difícil analizar sus señales de forma fiable, así que estas cayeron en el olvido. Ahora, 50 años después, un equipo de científicos chinos ha decidido rescatarlas y ha encontrado la que podría ser la grabación más antigua existente de un terremoto marciano. 

El problema de Viking 2. El sismómetro de Viking 2 estaba montado directamente sobre el módulo de aterrizaje. Este se movía por efecto del viento, transmitiendo las vibraciones al sismómetro como si de una vela se tratase. Por lo tanto, era imposible determinar si las señales que captaba procedían del suelo o del viento. Además, el único contacto de Viking con el suelo eran sus patas. Eran estas las que transmitían las vibraciones hacia el sismómetro, por lo que podrían generarse muchas interferencias por el camino.

La NASA aprendió de sus errores. En 2018, la NASA envió a Marte la sonda InSight. De nuevo, dotaron a un módulo de aterrizaje de un sismómetro, pero en este caso había una gran diferencia. Y es que el vehículo disponía de un brazo robótico que, una vez en el planeta rojo, sacó hacia fuera el sismómetro y lo colocó directamente sobre el suelo. Así, las vibraciones que captaba serían mayormente subterráneas, sin tantas interferencias del viento.

Más de mil terremotos. Entre 2018 y 2022, InSight detectó 1.319 terremotos, demostrando que el planeta rojo tiene más actividad sísmica de lo que se pensaba. Si el sismómetro de las sondas Viking hubiese funcionado mejor, quizás habría detectado algunos. Ahora bien, ¿realmente habría que dar por perdidas las grabaciones de Viking 2?

Sol 80. Los días marcianos se conocen como soles. Viking 2 realizó dos grabaciones sospechosas, una en el Sol 53 y otra en el Sol 80. La primera se terminó catalogando como una racha de viento, pero la segunda en su día se vio como buena candidata a albergar un terremoto. Desgraciadamente, había demasiadas dudas a causa de las interferencias. Medio siglo después, los autores del estudio que se acaba de publicar pensaron que se podrían volver a estudiar teniendo en cuenta todo lo aprendido con InSight. Las analizaron minuciosamente y vieron que en la grabación del Sol 80 había algo muy parecido tanto a los terremotos de California como a los martemotos detectados por InSight. 

La vibración se parecía; pero, además, se había detectado de madrugada, cuando los vientos suelen ser menos intensos, y justo 20 minutos después de un periodo de vientos débiles. Era poco probable que fuese una interferencia del viento marciano. 

Otras opciones. En realidad, no se puede descartar que la grabación se corresponda con otro tipo de evento, como el impacto de un meteorito. De hecho, nunca lo sabremos con seguridad. Pero sí que es cierto que estos científicos han hecho bien en rescatar la grabación, pues podría albergar la señal del terremoto marciano más antiguo que se ha grabado jamás. Aunque no lo sepamos con seguridad, la incertidumbre es una parte importante de la investigación del espacio, por lo que sigue siendo interesante.

Imagen | NASA

En Xataka | El sueño espacial era gastarnos miles de millones de euros en ir a Marte para acabar comiendo grillos

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Los expertos en psicología coinciden: quienes eligen guardar silencio durante una discusión presentan una mejor inteligencia emocional

Los expertos en psicología coinciden: quienes eligen guardar silencio durante una discusión presentan una mejor inteligencia emocional

Para la psicóloga Olga Albaladejo, este tipo de silencio puede ser un recurso de regulación emocional. Es lo que ella llama silencio regulador. Es decir, el individuo decide callarse para recobrar la calma. De esta manera podrá hablar y decir algo más útil que lo primero que se le ha venido a la cabeza. También se podría ver como un indicativo de mayor inteligencia emocional.

El secreto está en cómo se maneja. Por ejemplo, en este caso, el que utiliza el silencio dice lo que quiere comunicar. Que quiere unos minutos para recuperarse. Y que va a volver a hablar.

Por cierto, tiene su cara B. Por ejemplo, si se utiliza para castigar o escapar de la situación, deja de ser regulador para convertirse en un obstáculo para el diálogo.

Por qué el cuerpo necesita una pausa

Hay un motivo fisiológico. El Instituto Gottman (que lleva décadas estudiando parejas) explica que aquellos que quedan en blanco o se cierran en banda suelen estar inundados. El cuerpo entra en modo lucha o huida. Aumenta el pulso y se liberan hormonas de estrés. Ya no es posible continuar la discusión de manera tranquila y respetuosa.

Hay unas normas para utilizarlo. Por un lado, debe ser suficientemente largo. El mínimo son 20 minutos. Es el tiempo que tarda el cuerpo en tranquilizarse. Además, es recomendable establecer un código (palabra o gesto) previamente.

Otro tema es qué hacer en esos minutos. En otro texto del mismo instituto se recomienda salir a pasear o ir a otra habitación. Además, evitar dar vueltas al conflicto. Tampoco es correcto utilizar el silencio hosco como neutralidad. Esto no es poner un límite (que sería decir dónde está el límite y mantenerlo).

El opuesto (el no avisar de que uno se va) tiene mal presagio en la literatura. Un metaanálisis (que agrupa 74 estudios con más de 14.000 participantes) liderado por Paul Schrodt (Universidad Cristiana de Texas) y publicado en Communication Monographs encontró que el patrón de exigencia y retirada (uno de los miembros exige y el otro se retira) estaba asociado a menor satisfacción en la pareja, menor intimidad y peor comunicación. (Aunque no es solo el silencio).

Una Pareja Discutiendo

Cuando la discusión es en el móvil

¿Qué pasa si la discusión es en el móvil? Otro estudio de la Universidad Brigham Young analizó a 276 jóvenes americanos en pareja. Asociaron el uso de mensajes de texto para pedir perdón, arreglar diferencias o tomar decisiones con una peor calidad de la relación en las mujeres. En los hombres, ya el envío de muchos mensajes estaba asociado a menor calidad.

En el caso de chats, hay un término técnico. Se trata de silenciar la conversación. En los grupos de WhatsApp podemos hacerlo por ocho horas, una semana o siempre. De esta forma no tendremos notificaciones en nuestro móvil. Nosotros tenemos que escribir el mensaje de que volvemos en un rato.

El otro lado de la moneda lo contamos en Genbeta. El psicólogo Luis Miguel Real Kotbani escribía que “Guardar silencio no nos hace maduros, sino sumisos”. Hablaba de silencio como hábito de no molestar. Con el riesgo de acabar explotando. No es contradictorio con lo que decía Albaladejo. Se trata de dos tipos de silencio.

Uno es de unos minutos. Se avisa. Y se abre a conversación. El otro no tiene fecha de regreso.

Imágenes | Pexels

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El satélite Suncatcher de Google ya ejecuta IA en órbita y ha enviado un haiku como primera señal de vida

Un satélite envía una hoja hacia la Tierra, metáfora de la IA que funciona en órbita.

El satélite experimental de Google ha ejecutado un modelo de IA en el espacio y ha devuelto a la Tierra un haiku sobre estar en órbita, lo que la compañía presenta como la primera respuesta de una IA generada por un chip de centro de datos en el espacio. El prototipo, parte del proyecto Suncatcher, se lanzó el 1 de octubre y hizo correr su modelo Gemma 4 a bordo. Lo anunció Travis Beals, director sénior de Google, en el blog de Google Research, y lo recoge The Next Web.

Es un gesto simbólico, un «Hola, mundo» espacial. Pero detrás hay una apuesta seria: llevar los centros de datos de IA a la órbita para alimentarlos con energía solar directa.

¿Qué ha hecho exactamente el satélite?

Ha recibido una orden desde tierra, la ha procesado con un modelo de IA a bordo y ha devuelto el resultado. Durante un paso sobre una estación terrestre, el equipo envió a Gemma 4, un modelo abierto de Google, la petición de escribir un haiku sobre estar en el espacio. La respuesta llegó cuando el satélite sobrevolaba Svalbard, en Noruega.

El poema, traducido del inglés, decía algo así: «Canica azul abajo; fluyen datos en silencio; la luz de estrellas alimenta mi núcleo». Después, el equipo probó limericks espaciales y órdenes para que el satélite informara del estado de sus propios sistemas. Beals lo resumió con una frase: sus chips se han ganado oficialmente sus alas espaciales.

Según The Next Web, el satélite lleva cuatro chips TPU de Google y genera hasta un kilovatio de potencia, lo que obliga a usar solo un TPU cada vez, durante unos veinte minutos. Omar Sanseviero, que trabaja en Gemma dentro de Google DeepMind, apuntó en X que el modelo corrió con energía solar almacenada.

¿Por qué quiere Google poner centros de datos en el espacio?

Porque en órbita el sol pega sin interrupciones y sin ocupar suelo ni agua. La idea de Suncatcher es alimentar la computación de IA con paneles solares que, fuera de la atmósfera y en la órbita adecuada, reciben luz de forma casi continua. Es una respuesta a un problema cada vez más físico: los centros de datos terrestres chocan con el límite de la red eléctrica, del agua y del territorio.

No es una idea exclusiva de Google. En agosto, la empresa Starcloud recaudó 250 millones de dólares (≈ 224 millones de euros) para construir centros de datos en órbita con GPU. Y Google ya firma en tierra contratos de energía enormes para la IA, como el mayor acuerdo nuclear de la historia tecnológica, 890 megavatios con Constellation Energy. La órbita es otra vía para el mismo cuello de botella.

¿Qué falta para que esto sea algo más que un haiku?

Demostrar que los chips aguantan el calor y la radiación, y que lanzar todo esto sale a cuenta. El siguiente paso de Google es probar cómo se comportan los TPU bajo estrés térmico y radiación en órbita. La radiación puede alterar bits en la memoria, aunque, según las pruebas en tierra de la compañía, eso afecta menos a ejecutar modelos que a entrenarlos.

Si los chips resisten, Google planea lanzar en 2027 dos satélites conectados entre sí para generar más potencia y probar enlaces láser entre ambos, una técnica en la que ya hay avances, como el primer enlace láser bidireccional Tierra-Luna que estableció China. El plan depende además de que SpaceX logre que su cohete Starship sea totalmente reutilizable, porque sin lanzamientos baratos la cuenta no sale. La propia SpaceX, según The Next Web, ha dicho a sus inversores que sus centros de datos orbitales quizá nunca funcionen.

Mi lectura: es fácil quedarse con la anécdota del poema, pero lo interesante es lo que no se ve. Google está tratando el espacio como la próxima frontera de la infraestructura de IA, no por épica, sino porque en la Tierra se está quedando sin energía y sin sitio. El experimento ha funcionado en su parte fácil, que es encender un chip y recibir una respuesta. La parte difícil, la radiación, el calor, el coste de lanzar toneladas de hardware y mantenerlo, sigue sin resolverse. Que uno de los mayores defensores de la computación espacial, SpaceX, dude en privado de su propia viabilidad dice bastante. Por ahora, Suncatcher es una prueba de concepto cara que ha escrito un haiku bonito.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí