30 de enero de 2026

Claude empieza a parecer imparable: la NASA ya lo ha usado para planificar rutas del rover Perseverance en Marte

Claude empieza a parecer imparable: la NASA ya lo ha usado para planificar rutas del rover Perseverance en Marte

Durante los últimos años, la inteligencia artificial se ha colado en nuestras rutinas como una herramienta práctica: genera imágenes, resume, analiza, programa. Pero en los últimos tiempos está cruzando una frontera más exigente, la de los sistemas que toman decisiones con consecuencias físicas en el mundo real. Y eso también incluye el espacio. El JPL de la NASA acaba de anunciar de que el rover Perseverance ha completado las primeras conducciones en otro mundo cuya ruta fue planificada por IA. En términos de exploración planetaria, no hablamos de un gran salto en distancia, sino de algo más delicado: probar que una tecnología pensada para interpretar información y proponer acciones puede empezar a integrarse, con supervisión, en la forma en la que se exploran otros mundos.

Qué hizo exactamente la IA. La prueba se materializó en dos conducciones realizadas el 8 y el 10 de diciembre de 2025, ambas dentro del cráter Jezero. En esos dos días, el equipo incorporó modelos de IA con capacidad visual para una tarea muy concreta: proponer waypoints, es decir, las ubicaciones intermedias sobre las que después se construye el plan de conducción que se envía al rover. Este tipo de planificación normalmente se hace de forma manual por especialistas que analizan imágenes y datos del terreno. En esta ocasión, la IA generó esos puntos de paso para que Perseverance pudiera navegar con seguridad por una zona compleja, bajo el liderazgo del propio centro de operaciones del rover en JPL y en colaboración con Anthropic.

Una limitación básica. Marte está lejos, y no se puede conducir un rover como si fuera un coche teledirigido. El propio JPL recuerda que el planeta rojo está, de media, a unos 225 millones de kilómetros de la Tierra, una distancia que genera retrasos en la comunicación y hace inviable el control en tiempo real. Por eso, las misiones operan con una lógica distinta: se analiza el terreno, se trazan rutas por tramos y se envían instrucciones a través de la Red del Espacio Profundo. El rover las ejecuta y el resultado se confirma con retraso. Es un flujo de trabajo muy probado, pero también lento, especialmente cuando el objetivo es avanzar por zonas complejas sin poner en riesgo el vehículo.

Las cifras del hito. El JPL detalla que, en la primera demostración del 8 de diciembre de 2025, Perseverance avanzó unos 210 metros. En la segunda, el 10 de diciembre, recorrió alrededor de 246 metros. En total, algo más de cuatrocientos metros en dos jornadas. No es una gesta épica ni pretende serlo. Lo relevante es que esos recorridos se apoyaron en un esquema distinto al habitual: la planificación se construyó a partir de los mencionados waypoints y el rover ejecutó después el plan sobre un terreno que exige precisión porque no perdona errores.

Claude Nasa

Una demostración de que la IA sigue ganando terreno. “Esta demostración muestra hasta qué punto han avanzado nuestras capacidades y amplía la forma en que exploraremos otros mundos.”, afirmó el administrador de la NASA, Jared Isaacman. Y remató con una idea que funciona como guía editorial de todo el experimento: “Tecnologías autónomas como esta pueden ayudar a las misiones a operar de manera más eficiente, responder a terrenos desafiantes y aumentar el rendimiento científico a medida que aumenta la distancia de la Tierra”. Por ahora, la demostración es limitada, pero es difícil no leerla como un aviso. La autonomía ya no se discute solo en los laboratorios, también se está probando en Marte.

En contexto. No hablamos de cualquier IA. Claude, los modelos Anthropic, llevan tiempo ganando terreno como herramienta para tareas de programación, convirtiéndose en una opción de referencia, incluso amenazando a ChatGPT. Y esa reputación no se ha quedado en la comunidad de desarrolladores: según Mark Gurman (Bloomberg), Apple lo estaría empezando a integrar de forma estructurada en su estrategia de IA para Xcode; y, de acuerdo con Insider, Meta ha incorporado Claude en “Devmate”, una herramienta interna orientada a depuración.

Imágenes | NASA | Anthropic

En Xataka | Anthropic ha reescrito su "Constitución" de 25.000 palabras para Claude. Es el manual de cómo debe comportarse la IA

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Los dermatólogos rompen el mito: los suplementos de colágeno no están cumpliendo lo que prometen

Los dermatólogos rompen el mito: los suplementos de colágeno no están cumpliendo lo que prometen

Durante años, nos han vendido el colágeno como una especie de atajo hacia la juventud. Parecía que bastaba con echar una cucharada de polvos al café, tomarse una cápsula al día o sumarse a la última rutina de moda en redes para, supuestamente, frenar el reloj. Cremas, suplementos y bebidas han acabado convirtiendo a esta proteína en el gran protagonista del discurso antienvejecimiento actual.

Sin embargo, esa narrativa empieza a resquebrajarse. Cada vez más evidencias científicas, respaldadas por dermatólogos, coinciden en que los suplementos de colágeno no funcionan como pensamos. En muchos casos, ni siquiera hay pruebas claras de que hagan algo. La brecha entre lo que nos promete el marketing y lo que realmente dice la ciencia es hoy más grande que nunca.

El colágeno, bajo revisión científica. El aviso no viene de un blog cualquiera ni de una crítica pasajera; viene directamente de la dermatología académica. Según recoge Science Daily, los especialistas insisten en que no hay pruebas contundentes que avalen el uso de estos suplementos para combatir de forma eficaz el envejecimiento de la piel.

La doctora Farah Moustafa, dermatóloga y profesora en la Universidad de Tufts, es muy clara al respecto: "Los suplementos orales de colágeno no están actualmente recomendados para tratar el envejecimiento de la piel, aunque pueden considerarse junto a otras intervenciones más efectivas y mejor estudiadas".

Se ha abierto un buen melón. El debate no se centra en si existen o no estudios favorables, sino qué tipo de estudios sustentan esas afirmaciones. Según explica Moustafa, tras revisar 23 ensayos clínicos, se detectó un patrón que da que pensar:

  • Los estudios con resultados positivos solían ser de baja calidad o estaban pagados por las propias marcas.
  • Los estudios más rigurosos y con financiación independiente no encontraron beneficios reales al tomar colágeno.

En otras palabras, cuando se eleva el nivel de exigencia científica, el efecto prometido se diluye.

Todo nace de un malentendido. Gran parte del éxito del colágeno se apoya en una idea que parece lógica pero es falsa: "Si pierdo colágeno, me lo como y lo recupero". Pero el cuerpo no es un depósito que se rellena así. Es cierto que el colágeno es clave ya que supone el 30% de nuestra proteína y sostiene piel, huesos y tendones, y también es verdad que con los años fabricamos menos, lo que trae arrugas y flacidez.

El error está en creer que ingerirlo significa enviarlo directo a la cara. En la Universidad de Tufts recuerdan que el sistema digestivo lo rompe todo en piezas pequeñas (aminoácidos) antes de absorberlo. Una vez dentro, el cuerpo reparte esas piezas según sus prioridades biológicas (como los órganos o los músculos), que no siempre coinciden con nuestras ganas de vernos mejor. No hay forma de garantizar que ese "material" acabe en la dermis.

La reformulación del mensaje. Viendo este obstáculo biológico, el mensaje ha ido mutando. Ya no solo venden colágeno a secas; ahora hablan de colágeno hidrolizado, péptidos, marino o incluso vegetal. La idea es venderte que, si el cuerpo no absorbe la proteína entera, quizás sí aproveche mejor estas piezas sueltas. 

Aun así, los datos siguen cogidos con pinzas. Aunque algunos estudios encuentran mejoras modestas en la hidratación o elasticidad de la piel, la mayoría de esos trabajos son de pequeño tamaño, analizan suplementos que contienen otros ingredientes añadidos (vitaminas, minerales) y no permiten aislar el efecto real del colágeno. Además, incluso en el mejor de los casos, no hay control sobre dónde se usará ese colágeno recién sintetizado.

Pero hay un problema añadido. Más allá de la eficacia, los dermatólogos advierten sobre otro aspecto menos visible: la seguridad y el control de los suplementos. Según señala la doctora Moustafa, los suplementos de colágeno, especialmente los de origen marino, pueden estar contaminados con metilmercurio. 

A esto se suma un problema estructural, los suplementos no pasan por los mismos controles que los medicamentos. De acuerdo con la American Academy of Dermatology, citada por Science Daily, muchos de los suplementos disponibles no cuentan con verificación de terceros, no detallan claramente sus ingredientes y no han sido evaluados previamente por su seguridad o eficacia. No obstante, este vacío regulatorio no es exclusivo del colágeno, también lo podemos observar en los suplementos de células madre en una estrategia conocida como scienceploitation.

Entonces, ¿qué recomiendan realmente los dermatólogos? Los expertos no dicen que dejes de cuidarte, sino que vuelvas a lo que sí está demostrado. Según los dermatólogos consultados por Science Daily, las mejores bazas son las de siempre:

  • Uso diario de protector solar para prevenir el daño UV.
  • Aplicación regular de retinoides tópicos por la noche. 
  • Dieta equilibrada, rica en proteínas y vitamina C.
  • Evitar el tabaco y reducir la exposición solar.

El colágeno como fenómeno cultural. El auge del colágeno no puede entenderse solo desde la biología. Este boom responde también a una presión estética creciente, amplificada por redes sociales, filtros y discursos de autooptimización constante. La obsesión por “mantenerse joven” no afecta a todos por igual. La industria del antienvejecimiento se dirige de forma desproporcionada a las mujeres, reforzando la idea de que el envejecimiento es un fallo que debe corregirse. En ese contexto, el colágeno se convierte no solo en un suplemento, sino en un símbolo de una exigencia social.

Mientras la ciencia avanza con cautela, el mercado acelera. La industria global del cuidado de la piel mueve cientos de miles de millones de dólares, y necesita constantemente nuevos ingredientes, promesas y narrativas para sostener su crecimiento.

El final de un mito (o al menos, de una promesa exagerada). El consenso médico actual no afirma que el colágeno sea inútil, sino que no es el milagro que se ha vendido. No rejuvenece la piel por sí solo, no llega directamente a donde promete y, en muchos casos, ofrece beneficios difíciles de distinguir de una buena alimentación general.

Al final, la salud real es menos glamurosa que un bote de polvos brillantes: se trata de constancia, buenos hábitos y entender que envejecer no es un error que se solucione a base de cápsulas. Quizás el problema no sea el colágeno en sí, sino nuestra necesidad de creer que la juventud se puede comprar y embotellar.

Imagen | Unsplash y Freepik

Xataka | La industria que quiere venderte "juventud" en polvo: cómo el colágeno se ha convertido en una obsesión global

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Que un coche eléctrico tenga cambio manual no tiene sentido: Toyota y Subaru tienen otra opinión

Que un coche eléctrico tenga cambio manual no tiene sentido: Toyota y Subaru tienen otra opinión

La electrificación en el sector del automóvil se está llevando consigo uno de los elementos que nos han estado acompañando prácticamente toda la vida: el cambio manual. Para mucha gente no supone un problema muy grave, ya que un coche automático realmente es más cómodo de conducir. Pero para aquellos que añoran las sensaciones de un cambio manual, supone el fin de una era. ¿O no?

Quizás no está del todo perdido. Hay fabricantes que llevan un tiempo explorando en la idea de desarrollar transmisiones con un cambio manual virtual en vehículos eléctricos. Algunos de los fabricantes que más han aportado en esta dirección han sido firmas como Toyota o Subaru, quienes parece que no están dispuestos a renunciar a una de las experiencias de conducción más valoradas por los entusiastas del motor (y por muchas otras personas corrientes que han conducido durante toda su vida).

¿Lo virtual ahora es lo auténtico? Hace unos días, la gente de CarBuzz se hizo eco de que Subaru había registrado una patente en Estados Unidos para un sistema de transmisión manual completamente simulado en coches eléctricos. El diseño incluye tanto una palanca de cambios con patrón en H como un pedal de embrague, aunque ninguno de los dos estaría conectado mecánicamente a nada. En su lugar, utilizan sensores que detectan la posición de cada elemento y transmiten esa información al ordenador del vehículo, que ajusta el par motor según la "marcha" seleccionada y la presión sobre el acelerador y el embrague.

Por qué es relevante. Los coches eléctricos prescinden de transmisiones tradicionales porque sus motores entregan el 100% del par motor desde cero revoluciones. Esto hace que las cajas de cambios sean innecesarias desde un punto de vista técnico, pero también elimina este elemento que nos ha estado acompañando desde siempre y que perdura como un signo de un control mucho más activo del coche. 

Fabricantes como Toyota y Subaru están convencidos de que hay un nicho de mercado dispuesto a pagar por recuperar esa sensación, aunque sea de forma artificial.

Toyota ya tiene un prototipo funcionando. La idea no es nueva para el grupo. Toyota lleva años trabajando en este concepto y ya cuenta con un prototipo operativo basado en un Lexus UX 300e eléctrico. Según InsideEVs, que pudo probarlo en 2023, la experiencia acaba siendo sorprendentemente realista. En aquel momento, el vehículo incorporaba cambios simulados de seis velocidades, sonidos de motor artificial e incluso replicaba el tirón característico al cambiar de marcha.

De hecho, desde el medio contaban que el sistema permitía "calar" el coche si no pisas el embrague correctamente y también simulaba el freno motor al reducir marchas. Lo mejor de todo es que el prototipo permitía activar y desactivar este tipo de funciones con un solo interruptor, permitiendo al conductor elegir entre el modo manual o el funcionamiento eléctrico convencional.

Lo que ha ideado Subaru. La patente de Subaru va un paso más allá en este sentido, pues incorpora un "dispositivo de supresión de arranque brusco" que replica el sistema de seguridad de los coches manuales tradicionales, haciendo que el vehículo solo arranque si el pedal de embrague está completamente pisado.

Curiosamente, el sistema está diseñado para activar el modo manual por defecto cada vez que se enciende el coche, independientemente del modo en que se dejara anteriormente. Según describe CarBuzz, esta decisión parece buscar evitar que el conductor olvide en qué modo dejó el vehículo, aunque resulta llamativo que el modo manual sea la opción predeterminada.

La conexión entre ambas marcas. Que Subaru patente un sistema prácticamente idéntico al prototipo que Toyota ya tiene funcionando tiene todo el sentido, pues Subaru forma parte del grupo Toyota y colabora estrechamente con la marca en el desarrollo de vehículos eléctricos, como demuestran el Subaru Solterra y sus modelos hermanos. 

Es posible que la idea de ambos fabricantes sea desarrollar un modelo deportivo que cuente con este tipo de sistemas de transmisión manual virtual. No quiere decir que veamos este sistema en todos sus vehículos, pero sí en aquellos con un enfoque más prestacional.

Más opciones en camino. Tal y como cuenta CarBuzz, Hyundai y Kia también han dado el primer paso con sistemas de transmisión simulada de ocho velocidades en modelos como el Ioniq 5 N y el EV6 GT, aunque sin pedal de embrague. Por otro lado, Honda también ofrece ocho "marchas" falsas en el nuevo Prelude. No obstante, ninguno de los mencionados se acerca al nivel que aspiran alcanzar Toyota o Subaru con sus sistemas. Veremos si finalmente acaban llegando modelos comerciales con este sistema y si hay demanda para ellos.

Imagen de portada | CHUTTERSNAP

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La noticia Que un coche eléctrico tenga cambio manual no tiene sentido: Toyota y Subaru tienen otra opinión fue publicada originalmente en Xataka por Antonio Vallejo .



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Moltbot, el asistente de IA con alma de langosta que promete “hacer cosas” y plantea preguntas incómodas

Una imagen minimalista y divertida que muestra una interfaz digital con un icono de inteligencia artificial (IA) y un globo de chat, representando un asistente virtual en aplicaciones de mensajería como WhatsApp. El diseño destaca por su simplicidad y un estilo abstracto y amigable. Ideal para ilustrar artículos sobre la integración de IA en la comunicación digital.

La última fiebre por los asistentes personales de IA tiene un icono inesperado: una langosta. El proyecto que empezó llamándose Clawdbot y ahora se conoce como Moltbot se volvió viral en cuestión de semanas, empujado por una idea muy concreta: no ser otro chatbot que conversa, sino una herramienta que ejecuta acciones reales. Según contó TechCrunch, su promesa es directa: gestionar el calendario, enviar mensajes mediante tus aplicaciones habituales o incluso ayudarte con tareas como el check-in de un vuelo. Esa diferencia —pasar de “hablar sobre hacer” a “hacer”— es la que ha encendido la curiosidad de miles de personas.

La historia también suma puntos por lo humana que resulta. Detrás está Peter Steinberger, desarrollador austríaco conocido como @steipete, que venía de una etapa larga de desconexión creativa tras apartarse de su proyecto anterior. En su propio blog ha explicado cómo retomó el entusiasmo de “construir” al meterse de lleno en esta ola de IA agentica. Es un relato reconocible: a veces el mejor motor no es la ambición de mercado, sino la necesidad cotidiana de ordenar el caos digital propio.

Qué es Moltbot y por qué no se parece a “otro ChatGPT más”

Conviene imaginar Moltbot como un mayordomo tecnológico que no solo toma nota, sino que abre puertas, enciende luces y mueve objetos. Un chatbot clásico se queda en la conversación: responde, sugiere, redacta, resume. Un agente de IA pretende ir un paso más allá: puede interactuar con sistemas y aplicaciones para completar tareas, como si tuviera manos. Esa es la esencia del eslogan que recoge TechCrunch: la “IA que realmente hace cosas”.

La versión pública del proyecto deriva de una herramienta previa que Steinberger creó para sí mismo, una especie de asistente “doméstico” para gestionar su vida digital y experimentar con la colaboración humano-IA. Esa base personal explica dos rasgos que hoy conviven en tensión. Por un lado, el enfoque práctico: acciones concretas, automatización real, integración con servicios. Por otro, el carácter de “cacharro para manitas”: no es una app pulida para el gran público, sino un sistema que atrae a gente dispuesta a trastear, ajustar y asumir incomodidades.

El cambio de nombre: de Clawdbot a Moltbot sin perder la langosta

El primer nombre no fue inocente. Steinberger se declaraba “Claudoholic” y bautizó el proyecto en referencia a Claude, el modelo estrella de Anthropic. Según relató en X, Anthropic le obligó a cambiar el branding por motivos legales. El resultado fue Moltbot, un guiño coherente con la temática crustácea: mudar el caparazón sin cambiar el animal.

Aquí hay una lectura útil para cualquiera que lance herramientas en tiempos de viralidad. Un nombre pegadizo ayuda a despegar, pero cuando entra en juego el terreno de marcas registradas, la realidad se impone con rapidez. Moltbot ha mantenido su “alma de langosta”, pero el episodio recuerda que la identidad de un producto no es solo estética: también es un asunto jurídico y comercial.

De la comunidad a la espuma: GitHub, hype y señales de mercado

Lo que más llama la atención no es solo el meme, sino la tracción. TechCrunch señalaba que el proyecto superó rápidamente las decenas de miles de estrellas, un indicador imperfecto pero revelador del interés de la comunidad. Esa velocidad suele aparecer cuando coinciden tres ingredientes: una promesa clara, un momento cultural favorable y una base de usuarios que disfruta montando cosas aunque no vengan “listas para usar”.

El fenómeno incluso rozó el parqué. Siempre según TechCrunch, Cloudflare llegó a reaccionar en bolsa con un repunte en el premarket, alimentado por el ruido social alrededor de este tipo de agentes y por el papel de la infraestructura que Cloudflare ofrece a desarrolladores para ejecutar herramientas de este estilo. Que el mercado se emocione por una herramienta joven no significa que exista un negocio consolidado detrás; a veces el mercado responde a narrativas. Aun así, es una señal de lo rápido que se contagia el entusiasmo cuando se habla de automatización y agentes autónomos.

El punto delicado: seguridad cuando la IA puede ejecutar acciones

La frase que mejor resume el riesgo la aportó el emprendedor e inversor Rahul Sood en X, citado por TechCrunch: si la IA “hace cosas”, en la práctica significa que puede ejecutar comandos en tu ordenador. Es como darle llaves de casa a alguien muy capaz… y pedirle que no abra la puerta equivocada. El salto de utilidad viene acompañado de un salto de superficie de ataque.

Uno de los escenarios más inquietantes es la inyección de prompts a través de contenido cotidiano. Imagina que recibes un mensaje aparentemente inocente en una app de mensajería; ese texto, si el sistema está mal protegido, podría ser interpretado por el agente como instrucciones y desencadenar acciones no deseadas. Es el equivalente digital a dejar una nota falsa en la nevera que tu “mayordomo” obedece sin preguntarte, solo porque está escrita con el tono correcto.

Moltbot intenta compensar con decisiones de arquitectura: es open source, cualquiera puede auditar su código, y se ejecuta localmente (en tu máquina o en tu propio servidor) en lugar de depender de un servicio centralizado en la nube. Eso mejora la transparencia y reduce ciertos riesgos de dependencia externa, pero no elimina el problema principal: el agente sigue teniendo capacidad de actuar. La pregunta no es solo “¿qué modelo uso?”, sino “¿qué permisos le estoy dando y cómo controlo lo que puede tocar?”.

Configuración y barreras: la herramienta no es para todo el mundo

A día de hoy, Moltbot exige soltura técnica. No se trata únicamente de instalar un programa, sino de entender conceptos, permisos, claves, entornos y, en muchos casos, cómo aislar un sistema. TechCrunch lo dejaba caer con una regla simple: si nunca has oído hablar de un VPS (un servidor privado virtual, un ordenador remoto alquilado para ejecutar software), quizá no sea el momento de lanzarte.

Aquí aparece un dilema práctico: para ejecutar Moltbot de forma más segura, lo ideal es ponerlo en una “habitación aparte” con cuentas desechables y sin acceso a tus credenciales más sensibles. Pero entonces se desinfla la propuesta de valor. Un asistente personal sirve porque vive cerca de tus calendarios, tus apps, tus cuentas; si lo encierras para que no toque nada importante, se convierte en un experimento interesante pero poco útil. Resolver ese equilibrio entre seguridad y utilidad no es un parche rápido: requiere diseño de permisos finos, buenas barreras, verificaciones y quizá estándares compartidos por toda la industria.

La otra cara del hype: estafas, suplantaciones y ruido alrededor

La viralidad trae visitantes no deseados. Steinberger contó en X que, durante el proceso de renombrado, “crypto scammers” aprovecharon el caos para apropiarse de un nombre de usuario en GitHub y crear proyectos falsos asociados a su identidad. También advirtió sobre cuentas impostoras en redes. Es un patrón que se repite: cuando un proyecto se convierte en tendencia, aparecen copias, tokens “milagro” y suplantaciones. Para el usuario común, distinguir lo legítimo de lo fraudulento se vuelve parte del “coste” de probar algo nuevo.

Este contexto refuerza la idea de que Moltbot no es un juguete inocuo. No solo por lo que el software puede hacer, sino por el ecosistema que se forma alrededor. Si la curiosidad te empuja a probarlo, el primer filtro no debería ser “¿qué tan impresionante es?”, sino “¿qué tan claro tengo qué versión estoy instalando y con qué permisos?”.

Lo que Moltbot revela sobre el futuro inmediato de los asistentes

Aunque todavía está lejos de ser una herramienta masiva, Moltbot funciona como una linterna que apunta hacia un posible rumbo. La comunidad quiere IA que no se quede en texto bonito, sino que reduzca fricción: organizar, reservar, mover, sincronizar, ejecutar. Cuando sale bien, se siente como delegar recados. Cuando sale mal, se parece a dejar que un desconocido navegue tus cajones “para ayudarte a ordenar”.

La lección más interesante no es que una langosta se haya vuelto mascota de la IA, sino que el debate vuelve a lo esencial: qué autonomía queremos conceder, cómo la controlamos y qué garantías necesitamos antes de invitar a un agente a nuestra vida digital. Moltbot no responde todas esas preguntas, pero las pone sobre la mesa con un ejemplo tangible y con una comunidad dispuesta a explorar límites.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

Hemos estado midiendo mal la muerte: la ciencia cree ahora que nuestra fecha de caducidad biológica es más hereditaria de lo que creíamos

Hemos estado midiendo mal la muerte: la ciencia cree ahora que nuestra fecha de caducidad biológica es más hereditaria de lo que creíamos

Durante años, el consenso científico y la cultura popular nos ha repetido un mantra tranquilizados: los genes solo determinan el 20 o 25% de la esperanza de vida. El resto de esto hacía que cayera sobre nuestros hombros de manera directa con el estilo de vida, la dieta o incluso el entorno del que nos rodeamos. Pero esta cifra, que correspondía a estudios antiguos, ha cambiado radicalmente. 

El estudio. Un estudio publicado esta semana en Science ha venido a sacudir los cimientos de la biogerontología. Liderado el biólogo molecular Uri Alon del Instituto Weizmann en Israel, la investigación sugiere que hemos estado subestimando masivamente el papel del ADN. Algo que han podido saber tras limpiar los datos del "ruido" estadístico con conclusión muy rotunda detrás: la heredabilidad de la esperanza de vida humana ronda el 55%. 

Lo que sabíamos. El porcentaje de participación de la genética actual se basaba en las investigaciones hechas en los años 90 y que tenían como clave la definición de "morir". Los estudios más antiguos analizaban cohortes de gemelos daneses  suecos tomando la mortalidad como un todo. 

De esta manera, si un gemelo moría de cáncer a los 90 y el otro atropellado a los 30, la estadística interpretaba que la genética influía bastante poco. 

La actualidad. Pero ahora, el equipo de Alon ha aplicado un nuevo modelo matemático para separar dos conceptos que solían mezclarse. Uno de estos concretos era la mortalidad extrínseca, es decir, las muertes causadas por factores externos y aleatorios como por ejemplo los accidentes, las pandemias o las guerras. 

Por otro lado, se tiene la mortalidad intrínseca, que es el verdadero envejecimiento biológico y que no se debe a un accidente, sino al 'desgaste' del organismo con el paso del tiempo. De esta manera, al eliminar el ruido de la mortalidad extrínseca de los datos históricos, el peso de la genética comienza a dispararse. 

Los resultados. El nuevo estudio, publicado a finales de enero, no se basa solo en una simulación sino que ha analizado décadas de registros. Por un lado, se han vuelto a analizar los datos de gemelos nacidos entre 1870 y 1900 que son los estudios originales donde se contaba el factor extrínseco. Al eliminarlo, nuevamente la correlación genética se volvía mucho más fuerte. 

El equipo cruzó sus modelos con datos de hermanos de 444 centenarios estadounidenses confirmando que la longevidad extrema se agrupa en familias mucho más de lo que el azar o el ambiente compartido podrían explicar. De esta manera, el estudio corrige lo que los expertos llaman sesgos de estimación previos. Es decir, las cifras del 20-25% no eran erróneas per se, pero incluían demasiada "mala suerte". 

El estilo de vida importa. Que el peso de la genética sea mucho superior de lo que pensamos, no significa que debamos abandonar el gimnasio y la dieta equilibrada. Y es que aunque la genética determina el 55% del envejecimiento, la otra casi mitad sigue siendo del ambiente y el estilo de vida. Y esto hay que seguir manteniéndolo. 

Por otro lado, esto tiene implicaciones enormes para la medicina personalizada. Si la "fecha de caducidad" de nuestros tejidos está más programada de lo que creíamos, las terapias antienvejecimiento deberán enfocarse mucho más en editar o modular esa carga genética, y no solo en decirnos que comamos más verdura (que también).

Imágenes | LOGAN WEAVER | @LGNWVR 

En Xataka | En España hay ya 148 mayores de 64 años por cada 100 jóvenes. Y eso es una bomba de relojería para la economía


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La noticia Hemos estado midiendo mal la muerte: la ciencia cree ahora que nuestra fecha de caducidad biológica es más hereditaria de lo que creíamos fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .



☞ El artículo completo original de José A. Lizana lo puedes ver aquí