30 de agosto de 2025

Partir un ibuprofeno a la mitad para tomar 600 mg en vez de 400 es mala idea: destruye una pieza clave de su ingeniería

Partir un ibuprofeno a la mitad para tomar 600 mg en vez de 400 es mala idea: destruye una pieza clave de su ingeniería

Es una escena que se repite en hogares de todo el país. Un dolor de cabeza persistente, un malestar menstrual más agudo de lo normal o un dolor muscular que no cede. El ibuprofeno de 400 mg, ese aliado habitual del botiquín, no parece ser suficiente, y la 'versión' de 600 mg solo se puede conseguir con una receta médica. Entonces surge la idea de partir un comprimido en dos y tomar 400 mg más de 200 mg que da 600 mg. Pero no es tan buena idea.

Una idea que ha tenido que desmentir un farmacéutico. A través de su cuenta de TilTok, @farmaceuticofernandez, respondía al vídeo de una chica que apuntaba a que se había tomado un ibuprofeno y medio. Su veredicto es bastante claro: la lógica matemática no es correcta. Y es que el principio del activo del medicamento está mezclado con otros excipientes y este no está repartido equitativamente en cada mitad del comprimido, por lo que no encontramos 200 mg de medicamento en cada lado de la pastilla. Es al final una lotería.

Además, apunta a que algunos de estos comprimidos tienen una película protectora que lo recubre con el objetivo de proteger nuestro estómago o para que se absorba en un lugar concreto de nuestro sistema. Si se parte, se pierde este efecto de protección y puede generar más problema que beneficio.

La anatomía de un comprimido. La suposición fundamental detrás de partir una pastilla es que el medicamento está distribuido de manera perfectamente uniforme por todo su volumen, como el azúcar disuelto en un café. La realidad, sin embargo, es mucho más compleja y se parece más a una galleta con pepitas de chocolate.

El principio activo (el ibuprofeno, en este caso) son las "pepitas", mientras que el resto de los componentes, llamados excipientes, son la "masa". Al partir la galleta por la mitad, nadie puede garantizar que cada trozo contenga la misma cantidad de chocolate.

El proceso de fabricación más común, conocido como granulación húmeda, implica mezclar el polvo del API con los excipientes y un aglutinante líquido para formar pequeños gránulos. Estos gránulos se secan y luego se comprimen a alta presión para formar el comprimido final. El objetivo final es asegurar la uniformidad de unidades de dosificación.

Se garantiza lo que dice la caja. Con este sistema lo que se garantiza únicamente en que cada comprimido entero de un lote contenga la cantidad declarada de principio activo, dentro de un margen de confianza. Sin embargo, esta garantía de uniformidad se aplica al comprimido como unidad, y no se asegura la distribución homogénea del principio activo dentro de cada comprimido individual.

Y demostrado científicamente. Un estudio realizado por técnicos de farmacia en condiciones controladas, fraccionaron 22 marcas diferentes de medicamentos genéricos. Los resultados fueron sorprendentes, pues solo el 32% de los comprimidos ranurados (diseñados para ser partidos) y un escaso 27% de los comprimidos no ranurados cumplieron con los criterios de uniformidad del peso que son aceptables.

De esta manera, si profesionales con herramientas adecuadas no pueden lograr una división precisa, la probabilidad de que un paciente lo haga en casa con un cuchillo de cocina es ínfima.

La ranura no es decorativa. Si la estructura interna de un comprimido es una lotería, la presencia o ausencia de una ranura en su superficie es la señal que nos indica si podemos jugar o no. Esa pequeña línea no es un elemento decorativo ni una simple guía visual. Es una declaración legal y científica del fabricante que certifica que ese comprimido ha sido diseñado para que sea partido por esa línea para tener seguridad de más o menos tomamos una dosis precisa.

Para que un comprimido pueda llevar una ranura, el laboratorio debe demostrar a las agencias reguladoras que las mitades cumplen con los mismos estándares de uniformidad de dosis y disolución que el comprimido entero.

El prospecto es importante leerlo. Este documento, que a veces odiamos porque una vez que lo abrimos ya no se puede volver a doblar correctamente, nos indica lo que podemos hacer con el medicamento. Si en este informe se detalla que se puede dividir un comprimido, es porque se ha demostrado. Por ejemplo, en el prospecto del paracetamol de 1 gramo se recoge "los comprimidos están ranurados lo que permite dividir el comprimido en dosis iguales". Pero no ocurre lo mismo en un prospecto de un ibuprofeno de 400 mg de la marca CINFA que es muy común

Incluso yo en casa tenía ibuprofeno de 400 mg y he podido comprobar que no tenía ningún tipo de división para partir la pastilla en dos. Algo que obviamente nos enfrenta a que sea algo impreciso.

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El médico tiene la 'llave' para tener ibuprofeno de 600 mg. La distinción entre el ibuprofeno de 400 mg y el de 600 mg no es solo una cuestión de 200 mg más de potencia; es una frontera regulatoria y de seguridad. En España, la presentación de 400 mg puede dispensarse sin receta (aunque a menudo bajo el consejo del farmacéutico), mientras que la de 600 mg exige obligatoriamente una prescripción médica. Esta decisión, tomada por la AEMPS, no es arbitraria, sino que se basa en un análisis exhaustivo del balance entre beneficio y riesgo.

La cuestión en este caso es que tras comparar el efecto de la versión de 400 mg con la de 600 mg es casi el mismo. Este fenómeno se conoce como "efecto techo" analgésico, donde dosis mayores no producen un alivio adicional del dolor de manera significativa en casos leves. Pero lo que sí provoca es que aumenten los efectos secundarios de manera considerable. Algo que también corrobora el farmacéutico del principio.

Un efecto de sugestión. El problema que tenemos en este caso es la sugestión a la que estamos expuestos. Obviamente, una cantidad mayor se correlaciona con un mayor efecto analgésico según nuestra propia lógica. Y esto se puede trasladar posteriormente a la sensación que tenemos tras tomar este medicamento. Pero la evidencia científica es bastante clara con esto.

Efectos secundarios que no son una tontería. Los efectos secundarios de tomar de manera descontrolada ibuprofeno a altas dosis son muy importantes, y es por ello que requiere de la intervención de un especialista médico. Riesgo cardiovascular, gastrointestinal o incluso renal y hepático son algunos de los que nos enfrentamos según la dosis a la que se administre el medicamento.

Es por ello que siempre se debe seguir el consejo médico y farmacéutico y atender a las instrucciones que se incluyen en el prospecto (aunque a veces sea muy difícil de leer y entender).

Imágenes | danilo.alvesd Petr

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El hígado graso afecta a uno de cada cuatro adultos: así es como el café y el té verde se han colado en la lista de aliados

El hígado graso afecta a uno de cada cuatro adultos: así es como el café y el té verde se han colado en la lista de aliados

Antes de mirar el móvil, antes de hablar con nadie, hay un gesto casi sagrado: preparar café. Más allá de espantar el sueño, esa taza podría tener un beneficio inesperado para tu salud: proteger tu hígado.

Un enemigo invisible. Cada vez más personas conviven con un diagnóstico que suele pasar desapercibido durante años: el hígado graso. Una enfermedad que en España afecta a uno de cada cuatro adultos, según la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH). ¿No se puede detectar antes? El punto es que el hígado acumula grasa de forma silenciosa. Al principio no duele, no molesta y no avisa. Solo cuando avanza ya deviene en problemas más graves como fibrosis, cirrosis o cáncer hepático.

La acumulación puede deberse principalmente a dos causas: la enfermedad hepática alcohólica, vinculada al consumo de alcohol, o la esteatosis hepática metabólica (EHMET o MASLD), relacionada con obesidad, resistencia a la insulina y alteraciones metabólicas. Y un actor clave en la ecuación: el azúcar, sobre todo la fructosa añadida presente en refrescos, bollería o cereales ultraprocesados. A diferencia de la glucosa, la fructosa se metaboliza casi en exclusiva en el hígado, lo que dispara la fabricación de grasa.

Un aliado inesperado. Entre las recomendaciones clásicas —evitar azúcares simples, grasas trans y alcohol—, la ciencia ha empezado a fijarse en el café. Según el doctor Javier Escalada, endocrinólogo y Director del Departamento de Endocrinología y Nutrición de la Clínica Universidad de Navarra, lo ha explicado así para la revista Hola: “El café no solo es seguro, sino que su consumo se asocia a menor riesgo de progresión del daño hepático. Incluso puede reducir las transaminasas y proteger frente al carcinoma hepatocelular”.

Distinto estudios, recogidos por Cleveland Clinic, también demuestran que el café ayuda a reducir la inflamación y previene la acumulación de grasa en el hígado gracias a sus antioxidantes. Como ha señalado el doctor Jamile Wakim-Fleming al mismo medio se activa un proceso llamado autofagia, una especie de limpieza interna que elimina células dañadas y protege al órgano frente a la fibrosis.

Otro tipo de taza aliada. En paralelo, el té verde también se consolida como otro aliado. Sus catequinas y antioxidantes ayudan a reducir la grasa hepática, mejorar el perfil lipídico y ejercer un efecto antiinflamatorio. La evidencia es más sólida en el té verde que en el negro o el rojo. Eso sí, con un matiz importante: los beneficios se observan en la infusión tradicional, no en extractos concentrados en cápsulas, que en dosis elevadas pueden dañar el hígado.

Un gran estudio poblacional en los Países Bajos, publicada por Journal of Hepatology, analizó a más de 2.400 personas y encontró que quienes tomaban tres o más tazas de café al día tenían menor rigidez hepática —un indicador de fibrosis— frente a quienes no lo consumían. El efecto también se observó en consumidores de infusiones de hierbas.

Aunque no todo depende de una taza. Conviene poner las cosas en contexto. Ni el café ni el té verde son una pócima mágica. Funcionan, sí, pero dentro de un estilo de vida saludable. Los médicos insisten en que la base del tratamiento del hígado graso es cambiar el estilo de vida. Eso significa seguir una dieta mediterránea, hacer ejercicio, nada de alcohol o tabaco, domir bien y controlar el estrés. Como ha detallado la nutricionista Isabel Higuera a la revista española: “El conjunto de la dieta es más importante que los alimentos de manera aislada. En estos pacientes es clave consumir suficiente fibra, proteínas magras y grasas saludables, pero siempre adaptado a cada persona”.

Más allá de la taza. El hígado graso no avisa, pero tampoco es un destino inevitable. No existe un remedio milagroso, aunque la ciencia apunta a que los pequeños hábitos cotidianos pueden marcar la diferencia. Entre ellos, algo tan simple como el café o el té verde, que no solo despejan el sueño, también parecen proteger al hígado. Un recordatorio de que la salud empieza en gestos tan sencillos como lo que comemos, bebemos y repetimos cada día.

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Este gráfico ilustrado muestra los inventos que más vidas han salvado de todos: y un ranking con sus respectivos científicos

Este gráfico ilustrado muestra los inventos que más vidas han salvado de todos: y un ranking con sus respectivos científicos

Un fertilizante sintético que ha permitido alimentar a dos mil millones de personas. Una vacuna contra el COVID-19 desarrollada en tiempo récord. Técnicas quirúrgicas que convirtieron operaciones mortales en rutinarias. Detrás de cada uno de estos avances hay nombres y apellidos de científicos cuyas innovaciones han salvado millones de vidas a lo largo de la historia.

El ranking que cuantifica el impacto. La web Science Heroes ha creado una curiosa clasificación que estima cuántas vidas han salvado los principales descubrimientos médicos y científicos de la historia moderna. Desde los fertilizantes sintéticos de Fritz Haber y Carl Bosch (más de dos mil millones de vidas) hasta la cirugía para el síndrome del bebé azul desarrollada por Helen Taussig, Vivien Thomas y Alfred Blalock. El sitio permite explorar la biografía de cada científico y entender cómo sus trabajos transformaron la medicina y la sociedad.

Scientists Who Saved Lives Imagen: Our World in Data

Por qué importan estas cifras. Aunque las estimaciones son aproximadas y sujetas a incertidumbre, estos datos visibilizan sobre todo el impacto que tiene la investigación científica en nuestras vidas. Como explican desde Our World in Data, "es inspirador recordar que personas creativas, emprendedoras y tenaces pueden contribuir enormemente a nuestras vidas".

Más allá de los números. Science Heroes funciona como una especie de mini Wikipedia centrada exclusivamente en científicos cuyas investigaciones han tenido un impacto masivo en la salud pública. Al hacer clic en cada nombre, los usuarios puede acceder a la biografía de cada científico donde se explica, además de lo que descubrieron, cómo lo hicieron y en qué contexto. Como reconocen desde Our World in Data, "ninguno de estos científicos trabajó de forma aislada", sino que sus innovaciones se lograron gracias a esfuerzos colaborativos y al trabajo previo de otros investigadores, de ahí que sea difícil cuantificar su éxito.

La dificultad de medir vidas salvadas. Cuantificar el impacto real de un descubrimiento científico no es sencillo. Como advierte la propia fuente, todas estas estimaciones deben tomarse "con cautela" debido a la complejidad de aislar el efecto de una innovación específica. Sin embargo, estos ejercicios ayudan a comprender la magnitud del progreso científico y médico. Lo más habitual es contar las muertes, pero también es importante reconocer las vidas que se han salvado, aunque calcularlo acabe siendo más complejo.

Imagen de portada | Ousa Chea

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La noticia Este gráfico ilustrado muestra los inventos que más vidas han salvado de todos: y un ranking con sus respectivos científicos fue publicada originalmente en Xataka por Antonio Vallejo .



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Tecnología biodegradable: circuitos que desaparecen sin dejar rastro

La urgencia ecológica

Empecemos por el contexto: el mundo genera montañas de basura electrónica —según datos recientes, los residuos electrónicos podrían alcanzar entre 62 y 82 millones de toneladas en los próximos años—, y apenas una fracción se recicla correctamente. Este panorama ha impulsado a la ciencia a repensar el diseño de la electrónica desde su origen: hacerla útil pero transitoria.

Materiales que hacen ‘crack’… y se van

La magia ocurre gracias a materiales tan improbables como celulosa (como hoja de papel), seda, polímeros solubles, y metales biodegradables como el magnesio. Por ejemplo, se han fabricado circuitos sobre sustratos de celulosa estables hasta cierto grado térmico, capaces de soportar procesos de fabricación antes de disolverse. Luego están los conductores de magnesio, que mantienen la electricidad el tiempo justo y después desaparecen, ideal para aplicaciones médicas. También aparecieron polímeros conductivos como el PEDOT, modificados para que se degraden con control y sean biocompatibles.

Innovaciones que parecen sacadas de ciencia ficción

En Alemania, un grupo desarrolló lo que llaman leaftronics: placas de circuito que imitan las hojas y se biodegradan, reduciendo residuos electrónicos en el campo. Et voilà: tecnología sustentable inspirada en la naturaleza.

Y en Corea del Sur lograron algo increíble: fibras electrónicas conductoras que pueden integrarse en prendas o wearables y luego descomponerse en el suelo o mediante enzimas, sin dejar toxinas. Al combinar tungsteno con polímeros biodegradables, crearon fibras que resisten lavados, doblamientos y hasta 10 metros de tirada continua. Después de cumplir su función, se autodesintegran en pocos meses.

Medicina (y su bisturí que no hace falta)

Si te parece poco, escucha esto: se han diseñado circuitos implantables en el cuerpo que funcionan el tiempo necesario (como un sensor o un estimulador) y luego se disuelven solos, sin requerir cirugía para sacarlos. Imagina no tener que operar para quitar un implante, porque ya no está: simplemente desapareció cuando dejó de ser útil.

Otros enfoques chulos en reciclaje electrónico

Hay ideas como DissolvPCB, donde las placas electrónicas de prototipos están hechas con PVA (un plástico soluble) y metal líquido conductor. Al meterlo en agua, el sustrato se disuelve y el metal se recupera. Incluso puedes reutilizar los componentes. Es convertir lo complejo en algo que vuelve a ser materia prima.

¿Y qué aporta todo esto?

En mi opinión, esta tendencia representa una forma radical de armonizar tecnología y naturaleza. No basta con reciclar: mejor que lo que diseñemos no tenga impacto permanente. Imagínate sensores ambientales que desaparezcan tras monitorear la tierra; o patches médicos que dejan de existir cuando acaban su trabajo. Eso sí es un ciclo de vida consciente.


Con todo, estamos apenas rascando la superficie de un futuro donde tus dispositivos dejan de ser un problema cuando mueren. Ojalá este tipo de electrónica se vuelva la norma, no la excepción.


Fuentes utilizadas:

  • Sobre montañas de e‑waste y soluciones biodegradables con celulosa, magnesio y PEDOT  Altium 

  • Leaftronics desde hojas como circuitos biodegradables Revista de Sostenibilidad 

  • Fibras electrónicas biodegradables y rendimiento en textiles Tech Xplore 

  • Electrónica implantable que se disuelve en el cuerpo nature.com 

  • DissolvPCB: placas prototipo reciclables en agua arXiv


La noticia Tecnología biodegradable: circuitos que desaparecen sin dejar rastro fue publicada originalmente en Wwwhatsnew.com por Juan Diego Polo.


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La gramática de los emojis: cómo los algoritmos aprenden el idioma más joven del mundo

¿Alguna vez te has parado a pensar si los emojis tienen gramática? Es decir, si hay reglas detrás de cómo los ponemos o de cómo se entienden. Y, más aún, ¿pueden los algoritmos realmente “entenderlos”? Te cuento lo que la ciencia y la tecnología nos están mostrando, con ejemplos reales y mi toque personal.

Los emojis como vocabulario, no como lenguaje completo

Según investigaciones del neurocientífico Neil Cohn, los emojis funcionan como unidades expresivas: sirven para transmitir emociones o responder con gestos visuales. Pero su secuencia es bastante sencilla: tiende a estar compuesta por elementos repetidos o listados desordenados, y apenas toman roles gramaticales como «sujeto» o «verbo». En general no siguen un orden fijo ni reglas de sintaxis elaboradas, especialmente si se usan solos sin texto 

Cuando sustituimos una palabra por un emoji en una frase, estos tienden a reemplazar sobre todo sustantivos o adjetivos, no verbos, y suelen aportar información nueva a lo que ya se dice, más que repetirlo 

No son un lenguaje completo, sino complementario

Para muchas personas, los emojis son como gestos que acompañan a las conversaciones, no reemplazan las palabras. No tienen la complejidad de las lenguas habladas o escritas, pero sí añaden un matiz emocional. En ese sentido, funcionan como un sistema visual complementario, donde más que expresarnos con estructuras gramaticales, exprimimos emociones y tonos 

El papel de los algoritmos inteligentes

Ahora, imagina que un algoritmo aprende cómo usamos los emojis. Por ejemplo, las apps de teclado con inteligencia artificial como CleverType analizan nuestros patrones de escritura y pueden cambiar automáticamente entre textos informales cargados de emojis y correos más serios. Detectan el contexto de la aplicación y adaptan sus sugerencias acorde a tu estilo y al momento  

Además, los modelos de lenguaje como DeepMoji, entrenados con miles de millones de emojis en redes sociales, han superado a humanos en tareas como detectar sarcasmo en tweets, aprendiendo matices de sentimiento gracias a la estadística y al contexto 

EmojiNet y representaciones algorítmicas

Desde el lado técnico, existen herramientas como EmojiNet, una base de datos que mapea cada emoji con sus significados y contexto de uso, ayudando a las máquinas a interpretar mejor el sentido de cada uno 

También hay modelos como emoji2vec, que representan cada emoji como vectores numéricos basados en su descripción textual. Estos vectores son útiles en tareas como el análisis de sentimientos, donde el uso de estas representaciones mejora la interpretación en comparación con los métodos basados únicamente en texto 

Y para predecir qué emoji usarás, se ha aplicado aprendizaje federado en teclados móviles: modelos recurrentes que se entrenan directamente en tu dispositivo, preservando tu privacidad y mejorando la capacidad de anticipar tus elecciones de emoji según lo que escribes 

¿Y si los emojis fueran algo más que adorno?

El lingüista Vyvyan Evans argumenta que los emojis cumplen funciones tipo lenguaje: refuerzan, sustituyen, enfatizan o incluso gestionan el discurso digital. Y aunque hoy no tienen una gramática formal, podrían evolucionar algún día hacia algo parecido 


En mi opinión, los emojis son como fragmentos de lenguaje visual: funcionan mejor cuando acompañan texto, como pequeños aliados emocionales más que como sujetos gramaticales. Y los algoritmos modernos los tratan como vocabulario con contexto, aprendiendo patrones y matices sin esperar que sigan reglas estructuradas como un lenguaje tradicional—y eso, en su simplicidad, es lo que los hace tan fascinantes.




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