Es una escena que se repite en hogares de todo el país. Un dolor de cabeza persistente, un malestar menstrual más agudo de lo normal o un dolor muscular que no cede. El ibuprofeno de 400 mg, ese aliado habitual del botiquín, no parece ser suficiente, y la 'versión' de 600 mg solo se puede conseguir con una receta médica. Entonces surge la idea de partir un comprimido en dos y tomar 400 mg más de 200 mg que da 600 mg. Pero no es tan buena idea.
Una idea que ha tenido que desmentir un farmacéutico. A través de su cuenta de TilTok, @farmaceuticofernandez, respondía al vídeo de una chica que apuntaba a que se había tomado un ibuprofeno y medio. Su veredicto es bastante claro: la lógica matemática no es correcta. Y es que el principio del activo del medicamento está mezclado con otros excipientes y este no está repartido equitativamente en cada mitad del comprimido, por lo que no encontramos 200 mg de medicamento en cada lado de la pastilla. Es al final una lotería.
Además, apunta a que algunos de estos comprimidos tienen una película protectora que lo recubre con el objetivo de proteger nuestro estómago o para que se absorba en un lugar concreto de nuestro sistema. Si se parte, se pierde este efecto de protección y puede generar más problema que beneficio.
La anatomía de un comprimido. La suposición fundamental detrás de partir una pastilla es que el medicamento está distribuido de manera perfectamente uniforme por todo su volumen, como el azúcar disuelto en un café. La realidad, sin embargo, es mucho más compleja y se parece más a una galleta con pepitas de chocolate.
El principio activo (el ibuprofeno, en este caso) son las "pepitas", mientras que el resto de los componentes, llamados excipientes, son la "masa". Al partir la galleta por la mitad, nadie puede garantizar que cada trozo contenga la misma cantidad de chocolate.
El proceso de fabricación más común, conocido como granulación húmeda, implica mezclar el polvo del API con los excipientes y un aglutinante líquido para formar pequeños gránulos. Estos gránulos se secan y luego se comprimen a alta presión para formar el comprimido final. El objetivo final es asegurar la uniformidad de unidades de dosificación.
Se garantiza lo que dice la caja. Con este sistema lo que se garantiza únicamente en que cada comprimido entero de un lote contenga la cantidad declarada de principio activo, dentro de un margen de confianza. Sin embargo, esta garantía de uniformidad se aplica al comprimido como unidad, y no se asegura la distribución homogénea del principio activo dentro de cada comprimido individual.
Y demostrado científicamente. Un estudio realizado por técnicos de farmacia en condiciones controladas, fraccionaron 22 marcas diferentes de medicamentos genéricos. Los resultados fueron sorprendentes, pues solo el 32% de los comprimidos ranurados (diseñados para ser partidos) y un escaso 27% de los comprimidos no ranurados cumplieron con los criterios de uniformidad del peso que son aceptables.
De esta manera, si profesionales con herramientas adecuadas no pueden lograr una división precisa, la probabilidad de que un paciente lo haga en casa con un cuchillo de cocina es ínfima.
La ranura no es decorativa. Si la estructura interna de un comprimido es una lotería, la presencia o ausencia de una ranura en su superficie es la señal que nos indica si podemos jugar o no. Esa pequeña línea no es un elemento decorativo ni una simple guía visual. Es una declaración legal y científica del fabricante que certifica que ese comprimido ha sido diseñado para que sea partido por esa línea para tener seguridad de más o menos tomamos una dosis precisa.
Para que un comprimido pueda llevar una ranura, el laboratorio debe demostrar a las agencias reguladoras que las mitades cumplen con los mismos estándares de uniformidad de dosis y disolución que el comprimido entero.
El prospecto es importante leerlo. Este documento, que a veces odiamos porque una vez que lo abrimos ya no se puede volver a doblar correctamente, nos indica lo que podemos hacer con el medicamento. Si en este informe se detalla que se puede dividir un comprimido, es porque se ha demostrado. Por ejemplo, en el prospecto del paracetamol de 1 gramo se recoge "los comprimidos están ranurados lo que permite dividir el comprimido en dosis iguales". Pero no ocurre lo mismo en un prospecto de un ibuprofeno de 400 mg de la marca CINFA que es muy común
Incluso yo en casa tenía ibuprofeno de 400 mg y he podido comprobar que no tenía ningún tipo de división para partir la pastilla en dos. Algo que obviamente nos enfrenta a que sea algo impreciso.

El médico tiene la 'llave' para tener ibuprofeno de 600 mg. La distinción entre el ibuprofeno de 400 mg y el de 600 mg no es solo una cuestión de 200 mg más de potencia; es una frontera regulatoria y de seguridad. En España, la presentación de 400 mg puede dispensarse sin receta (aunque a menudo bajo el consejo del farmacéutico), mientras que la de 600 mg exige obligatoriamente una prescripción médica. Esta decisión, tomada por la AEMPS, no es arbitraria, sino que se basa en un análisis exhaustivo del balance entre beneficio y riesgo.
La cuestión en este caso es que tras comparar el efecto de la versión de 400 mg con la de 600 mg es casi el mismo. Este fenómeno se conoce como "efecto techo" analgésico, donde dosis mayores no producen un alivio adicional del dolor de manera significativa en casos leves. Pero lo que sí provoca es que aumenten los efectos secundarios de manera considerable. Algo que también corrobora el farmacéutico del principio.
Un efecto de sugestión. El problema que tenemos en este caso es la sugestión a la que estamos expuestos. Obviamente, una cantidad mayor se correlaciona con un mayor efecto analgésico según nuestra propia lógica. Y esto se puede trasladar posteriormente a la sensación que tenemos tras tomar este medicamento. Pero la evidencia científica es bastante clara con esto.
Efectos secundarios que no son una tontería. Los efectos secundarios de tomar de manera descontrolada ibuprofeno a altas dosis son muy importantes, y es por ello que requiere de la intervención de un especialista médico. Riesgo cardiovascular, gastrointestinal o incluso renal y hepático son algunos de los que nos enfrentamos según la dosis a la que se administre el medicamento.
Es por ello que siempre se debe seguir el consejo médico y farmacéutico y atender a las instrucciones que se incluyen en el prospecto (aunque a veces sea muy difícil de leer y entender).
Imágenes | danilo.alvesd Petr
-
La noticia Partir un ibuprofeno a la mitad para tomar 600 mg en vez de 400 es mala idea: destruye una pieza clave de su ingeniería fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .
☞ El artículo completo original de José A. Lizana lo puedes ver aquí