Vivimos con el vino desde el Neolítico y hemos descubierto que nos gusta o no en función de nuestra genética. También que aumenta la mortalidad, si bien tomarlo con moderación no perjudica a la salud… si estás sano. Por Eduardo Costas (*).

Desde hace milenios los humanos consumimos el zumo fermentado del fruto de la Vitis vinifera: lo llamamos vino.
En Oriente Medio abundan los restos arqueológicos que demuestran la importancia del vino para nuestros ancestros. Por ejemplo, en las montañas Zargos (en la actual Irán) se encontró cerámica de hace 7.400 años conteniendo restos de vino.
Pero seguro que se consumió desde mucho antes: las vides silvestres abundan en la zona. Y el hongo Botrytis cinerea ataca las uvas fermentándolas en la propia planta.
Cazadores-recolectores del paleolítico pudieron empezar probando algo parecido al vino de botrytis, que en la actualidad sigue siendo muy apreciado.
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En Oriente Medio abundan los restos arqueológicos que demuestran la importancia del vino para nuestros ancestros. Por ejemplo, en las montañas Zargos (en la actual Irán) se encontró cerámica de hace 7.400 años conteniendo restos de vino.
Pero seguro que se consumió desde mucho antes: las vides silvestres abundan en la zona. Y el hongo Botrytis cinerea ataca las uvas fermentándolas en la propia planta.
Cazadores-recolectores del paleolítico pudieron empezar probando algo parecido al vino de botrytis, que en la actualidad sigue siendo muy apreciado.
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Tendencias 21 (Madrid). ISSN 2174-6850
☛ El artículo completo original de Eduardo Costas. lo puedes ver aquí.

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