29 de agosto de 2025

¿Puede tu perro oler tus emociones? La bioquímica del miedo y la alegría en el aire

El aire no está vacío

A veces pensamos que nuestras emociones son algo abstracto, como si solo existieran dentro de nuestra cabeza. Pero la verdad es que cada emoción tiene una firma química. Cuando sentimos miedo, por ejemplo, liberamos hormonas como el cortisol y la adrenalina, que alteran nuestro sudor y hasta nuestra respiración. Y cuando estamos alegres, segregamos otras sustancias, como endorfinas, que también cambian nuestro olor corporal.

En pocas palabras: las emociones “se escapan” al ambiente en forma de moléculas invisibles que viajan en el aire. Y aquí entra en juego el olfato prodigioso de los perros.

Narices de superhéroe

El olfato de un perro es un mundo aparte. Mientras nosotros apenas distinguimos olores fuertes, ellos cuentan con más de 200 millones de receptores olfativos (nosotros solo unos 5 millones). Es decir, viven en un océano de olores donde cada molécula es un mensaje.

Por eso los perros son capaces de detectar drogas, explosivos, enfermedades como el cáncer e incluso cambios en el nivel de azúcar de una persona con diabetes. Si pueden hacer todo eso, ¿cómo no iban a notar la diferencia entre el miedo y la alegría en nuestro sudor?

Una escena muy común

Imagina esto: estás caminando por la calle de noche y de pronto escuchas un ruido extraño. Tu cuerpo reacciona: la respiración se acelera, las palmas sudan y sientes ese nudo en el estómago. Si en ese momento tu perro está contigo, no necesita que hables. Reconoce tu estado emocional a través del olor. Tal vez se ponga alerta, ladre o se acerque para protegerte.

En cambio, si estás de fiesta, riendo y bailando, tu olor es distinto. Transmites otra química, y tu perro puede responder moviendo la cola, saltando o simplemente relajándose a tu lado porque sabe que todo está bien.

Lo que dicen los estudios

No es solo intuición de quienes tenemos mascotas. Experimentos científicos han demostrado que los perros reaccionan de manera diferente cuando huelen muestras de sudor de personas asustadas frente a muestras de personas felices. Cuando huelen miedo, suelen mostrar signos de estrés y buscar protección en su dueño. Cuando huelen alegría, se muestran más relajados y juguetones.

Para mí, esto confirma lo que muchos ya sentimos en la vida diaria: que los perros están conectados con nosotros a un nivel mucho más profundo de lo que pensábamos.

Más que un mejor amigo

Yo creo que lo bonito de todo esto es que nos recuerda que la comunicación con los perros no es solo con palabras o gestos. Es algo más instintivo, más biológico. Ellos nos leen como un libro abierto, y no podemos ocultarles lo que sentimos porque lo llevamos literalmente en el aire.

Eso también me hace pensar que convivir con un perro nos obliga, de alguna manera, a ser más honestos con nuestras emociones. Puedes fingir una sonrisa frente a otras personas, pero tu perro sabrá si estás triste o ansioso aunque intentes disimularlo.

La próxima vez que lo mires…

Así que la próxima vez que tu perro se acerque a ti sin motivo aparente, quizá no sea un misterio. Tal vez está oliendo algo que tú mismo no habías reconocido aún. Y en mi opinión, eso es lo que hace tan especial la relación con ellos: no nos ven solo como humanos, nos perciben como un todo, emociones incluidas.

Al final, tener un perro no es solo tener compañía, es compartir la vida con un ser que sabe quién eres por dentro, incluso antes de que tú mismo lo notes.




☞ El artículo completo original de Juan Diego Polo lo puedes ver aquí

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