DragonFire: precisión quirúrgica a bajo costo
Desarrollado por la empresa europea MBDA, este sistema láser de alta energía ha demostrado ser capaz de derribar drones que alcanzan velocidades de hasta 650 km/h, el doble de lo que alcanza un coche de Fórmula 1. Durante las pruebas realizadas en una instalación en Escocia, el láser logró impactar con una precisión tal que, según el video difundido por UK Defense Journal, puede acertar a una moneda de una libra desde un kilómetro de distancia.
Este nivel de exactitud no solo aumenta la efectividad del sistema, sino que también reduce el riesgo de daños colaterales, un aspecto crucial en operaciones militares modernas. Además, su eficiencia económica lo convierte en una alternativa altamente atractiva: cada disparo cuesta aproximadamente 13 dólares, una fracción del costo de los misiles tradicionales que pueden superar el millón de dólares por unidad.
Contraste con otros escenarios bélicos
El conflicto en el mar Rojo es un ejemplo claro de las limitaciones de las estrategias actuales. La Marina de Estados Unidos ha tenido que gastar cerca de mil millones de dólares en misiles para interceptar drones de bajo costo lanzados por los rebeldes hutíes de Yemen. Esta desproporción entre el costo de ataque y el de defensa ha despertado alarmas en todo el mundo y ha impulsado el desarrollo de soluciones más rentables y sostenibles, como DragonFire.
Un contrato millonario y una promesa tecnológica
Tras los éxitos de las pruebas, el Ministerio de Defensa británico ha adjudicado a MBDA un contrato por 413,7 millones de dólares para la producción e implementación del sistema en buques de la Royal Navy. Este paso no solo consolida el compromiso del Reino Unido con las nuevas tecnologías defensivas, sino que también marca una etapa clave en la adopción de armas láser como parte habitual del arsenal militar.
De promesas fallidas a soluciones funcionales
Durante años, los sistemas de láser de combate fueron vistos como promesas que nunca terminaban de cumplirse. Su complejidad, falta de fiabilidad y requerimientos energéticos hacían inviable su uso en condiciones reales. Pero el panorama ha cambiado. Los avances en ingeniería, gestión térmica y generación eléctrica han permitido que estas tecnologías pasen del laboratorio al campo de batalla con un nivel de eficacia que ya no se limita a la teoría.
El sistema DragonFire se inscribe en esta nueva generación de láseres que no solo pueden apuntar y disparar con rapidez, sino que también operan con un consumo energético razonable y una confiabilidad mucho mayor.
Implicaciones para la guerra moderna
El uso masivo de drones en la guerra de Ucrania ha demostrado cómo esta tecnología puede alterar el equilibrio en el campo de batalla. Desde el reconocimiento hasta el ataque directo, los drones representan una forma de guerra asimétrica que puede ser explotada incluso por grupos no estatales con recursos limitados.
Ante este nuevo contexto, los métodos tradicionales para neutralizar drones, como armas de red o interferencias electromagnéticas, se quedan cortos. Un sistema como DragonFire ofrece una solución rápida, precisa y de bajo costo, que podría cambiar las reglas del juego en zonas de conflicto.
Mirando hacia el futuro
El desarrollo de DragonFire también abre la puerta a otras aplicaciones. Aunque hoy su foco está en derribar drones, no es difícil imaginar usos contra misiles, proyectiles o incluso en tareas defensivas en zonas urbanas. También hay interés en adaptarlo a plataformas móviles y vehículos de tierra, lo que aumentaría aún más su versatilidad.
En un entorno geopolítico cada vez más incierto, contar con tecnologías que permitan responder de forma efectiva y económica a amenazas cambiantes no es solo una ventaja: es una necesidad.
☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

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