7 de septiembre de 2026

Además de RAM y ROM también existe la WOM (Memoria de Sólo Escritura), que nació de una broma absurda y acabó siendo algo útil

Esquema de coña de la WOM de Signetics

La memoria de sólo-escritura (WOM, Write-Only Memory) nació como una broma: era un «invento» que resolvía elegantemente un problema que nadie tenía: una memoria en la que se pueden escribir datos pero que luego no se pueden leer. Exactamente lo contrario de la ROM (Read-Only Memory), vamos.

La ocurrencia se atribuye al ingeniero John G. «Jack» Curtis, de Signetics, un fabricante de circuitos integrados. En 1972 escribió una hoja de especificaciones falsa para la que denominó Signetics 25120 9046×N, Random Access Write-Only Memory. Y se publicó en el catálogo de la empresa, hasta el punto de que empezaron a llegar pedidos.

En vez de despedirle, la empresa decidió que aquello merecía trascender la broma interna y llegó a publicar una nota de prensa el día de los inocentes anglosajón, el 1 de abril de 1973, fecha tradicionalmente apropiada para anunciar grandes avances tecnológicos de dudosa utilidad.

La documentación parecía una ficha técnica auténtica, salvo por pequeños detalles como que tenía una línea de autodestrucción, un grifo goteante y un conector para «posponer» una supuesta alarma, cual despertador. Apple siguió con la broma (estando Woz allí, ya podemos imaginar quién lo aprobó) y recuperó la idea en el manual del Apple IIe de 1982, atribuyendo la WOM a un imaginario «profesor» Homberg T. Farnsfarfle. El concepto era perfecto: escribir cantidades enormes de información gubernamental en ella para garantizar que nadie pudiera volver a molestar a la humanidad.

Cuando la realidad volvió a superar a la ficción

El giro interesante de la historia es que la WOM acabó teniendo una versión real. O algo parecido. Eso sí, no se fabricó una memoria como la de Signetics, destinada a almacenar datos para perderlos eternamente. Lo que surgió en el campo del hardware fueron registros y direcciones donde la CPU puede escribir pero no leer, así que, en cierto modo, «son WOM». Un procesador puede, por ejemplo, escribir un valor en una dirección para controlar un dispositivo y decirle «haz esto», pero puede ser imposible leer después esa misma dirección, que quizá devuelva al hacerlo un valor indefinido o un error.

Este comportamiento aparece en microcontroladores, controladores gráficos y periféricos como la UART 16550, una interfaz serie, y puede ahorrar circuitería, porque no hace falta implementar una ruta de lectura dado que no se va a necesitar.

El conceto WOM resulta útil también en ciertos diseños de seguridad, donde interesa permitir que los datos lleguen a un dispositivo pero sin que la CPU pueda volver a leerlos. Por ejemplo, para mostrar información descifrada en un display o pantalla sin que la CPU pueda leerla a continuación, algo que puede ser útil en un DRM y otros escenarios.

Podría decirse que la WOM recorrió un camino bastante informático: empezó como una parodia de hardware completamente inútil en 1972 y terminó dando nombre a una característica de hardware que, para desgracia del chiste, tiene bastante sentido.

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Richard Feynman: “El primer principio es que no debes engañarte a ti mismo, y tú eres la persona más fácil de engañar”

Richard Feynman: “El primer principio es que no debes engañarte a ti mismo, y tú eres la persona más fácil de engañar”

Richard Feynman condensó en una frase pronunciada en Caltech en 1974 uno de los problemas más incómodos del pensamiento humano: “El primer principio es que no debes engañarte a ti mismo, y tú eres la persona más fácil de engañar”. Ocurre que no hablaba simplemente de mentir, sino de algo más difícil de detectar: nuestra capacidad para convencernos de que tenemos razón, seleccionar las pruebas que nos favorecen y encontrar explicaciones para las que nos contradicen. La historia de la ciencia ofrece ejemplos espectaculares de fraude, y la solución de Feynman era tan sencilla de formular como difícil de practicar.

El primer principio. La frase, como decíamos, procede del discurso de graduación que Feynman pronunció en el California Institute of Technology en 1974, posteriormente conocido como “Cargo Cult Science”. El Nobel de Física estaba intentando definir la integridad científica y llegó a una conclusión que iba mucho más allá del laboratorio: “El primer principio es que no debes engañarte a ti mismo, y tú eres la persona más fácil de engañar”. 

Su advertencia partía de una paradoja fascinante: solemos preocuparnos por detectar las mentiras de los demás, cuando una de nuestras mayores vulnerabilidades está dentro de nosotros mismos. Podemos interpretar selectivamente los datos, restar importancia a aquello que contradice nuestras expectativas o incluso aferrarnos a una explicación simplemente porque llevamos demasiado tiempo creyendo en ella, todo ello sin necesidad de mentir conscientemente.

Porque ser honesto no basta. La integridad científica que defendía Feynman exigía algo más incómodo que decir la verdad: obligarse a mencionar también los datos que podrían invalidar una teoría, las explicaciones alternativas y cualquier circunstancia que hiciera dudar de una conclusión. De ahí que su consejo pueda entenderse como una especie de inversión del sesgo de confirmación: en lugar de acumular razones para demostrar que tenemos razón, buscar deliberadamente aquellas que podrían demostrar que estamos equivocados. 

La confianza tampoco garantiza nada, principalmente porque una persona puede estar absolutamente convencida de una idea falsa. Precisamente por eso, admitir “puedo estar equivocado” no representa para Feynman una debilidad intelectual, sino una condición para acercarse a la verdad.

Richard Feynman Nobel Feynman en 1965

La paradoja del fraude científico. David Goodstein, físico y antiguo vicerrector de Caltech encargado de investigar casos de mala conducta científica, encontró un patrón revelador: quienes falseaban investigaciones no siempre pretendían introducir conscientemente una mentira en la ciencia, sino que con frecuencia estaban convencidos de conocer de antemano cuál debía ser la respuesta correcta. Goodstein identificó tres circunstancias recurrentes: investigadores sometidos a presión profesional, convencidos de saber qué resultado obtendrían si realizaran correctamente todo el trabajo y trabajando en ámbitos donde los experimentos no eran fácilmente reproducibles. 

Esa combinación ayuda a explicar cómo alguien puede empezar considerando un dato discordante como un error, continuar seleccionando los resultados que parecen razonables y terminar cruzando la frontera de la manipulación convencido de estar corrigiendo el camino hacia una verdad que ya conoce. Casos históricos como datos inventados, resultados manipulados o incluso injertos de piel de ratones retocados con rotulador muestran el extremo deliberado del fenómeno, pero Goodstein subrayaba otro territorio más ambiguo: científicos que terminan “convenciéndose de que poseen un conocimiento que en realidad no existe”.

La mesa que hablaba con los muertos. Mucho antes de Feynman, Michael Faraday encontró una demostración extraordinariamente visual de ese problema en las sesiones espiritistas del siglo XIX. Los participantes colocaban las manos sobre mesas que aparentemente comenzaban a moverse hacia determinadas letras para transmitir mensajes del más allá, y muchos estaban sinceramente convencidos de no ser ellos quienes provocaban esos movimientos. 

Los experimentos de Faraday y del químico Michel Eugène Chevreul mostraron que detrás estaba lo que terminaría denominándose efecto ideomotor: pequeños movimientos musculares involuntarios provocados por nuestras expectativas, capaces de mover una mesa, un péndulo o una varilla sin que la propia persona sea consciente de estar haciéndolo. Lo fascinante es que no hacía falta ningún impostor: alguien podía producir físicamente el fenómeno, observarlo con sus propios ojos y utilizarlo como prueba de aquello que esperaba encontrar.

El autoengaño es más peligroso que una ouija. Décadas después, el mismo mecanismo reapareció bajo una apariencia mucho más científica con la llamada comunicación facilitada, que prometía permitir expresarse a personas con graves dificultades comunicativas mediante un facilitador que ayudaba a mover su brazo sobre un teclado. Las historias de pacientes aparentemente incapaces de hablar que de pronto escribían pensamientos complejos resultaban extraordinariamente convincentes, pero experimentos controlados descubrieron un problema devastador.

Cuando paciente y facilitador veían imágenes diferentes, los mensajes describían sistemáticamente aquello que había visto el facilitador. Este no tenía necesariamente que estar falsificando nada, de hecho, podía estar guiando inconscientemente el movimiento mientras permanecía convencido de que procedía del paciente. La creencia llegó a arraigar tanto que ni siquiera las pruebas experimentales bastaron siempre para abandonarla, y en algunos casos produjo falsas acusaciones de abusos y consecuencias judiciales gravísimas.

Richard Feynman Undated

Poder equivocarse. Si se quiere también, la gran aportación del método científico no consiste en haber encontrado personas inmunes a estos mecanismos, sino en haber desarrollado procedimientos para dificultar que sobrevivan. Revisión por pares, replicación de resultados, experimentos controlados, colaboración entre investigadores y exposición pública de métodos y datos funcionan como barreras frente al fraude, pero también frente al investigador perfectamente honrado que ha terminado enamorándose de su propia hipótesis. 

Esa es también la razón por la que un resultado aislado, una experiencia personal extraordinariamente convincente o una correlación que encaja perfectamente con nuestras expectativas no constituyen necesariamente una demostración. La ciencia parte de una premisa mucho menos cómoda: quien realiza el experimento también forma parte del problema que el experimento debe controlar.

Feynmann iba más allá. La potencia de aquella frase de 1974 está en que funciona igualmente fuera de un laboratorio. Una vez que nos hemos identificado con una opinión, hemos invertido tiempo en defenderla o deseamos con todas nuestras fuerzas que algo sea cierto, resulta más sencillo prestar atención a aquello que la confirma y construir excepciones para todo lo demás. 

Feynman no proponía desconfiar una y otra vez de nuestros pensamientos, sino adoptar una especie de humildad intelectual: preguntarnos qué tendría que ocurrir para que cambiáramos de opinión y buscar las pruebas que podrían obligarnos a hacerlo. 

Porque engañar a otra persona requiere normalmente conseguir que crea algo falso, y para engañarnos a nosotros mismos basta muchas veces con creer demasiado en algo que queremos que sea verdad.

Imagen | Wikimedia,  The Nobel Foundation

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☞ El artículo completo original de Miguel Jorge lo puedes ver aquí

Windows 11 Will Auto-Enable Memory Integrity Starting in October, With Possible Gaming Impact on Older CPUs

Microsoft will start automatically turning on Memory Integrity for eligible Windows 11 devices via regular quality updates beginning in October 2026.

The feature is already enabled by default on fresh installations of Windows 11 and on Secured-core PCs, and the October update will bring it to systems that have been upgraded from previous versions of Windows or that originally had the feature turned off.

Memory Integrity includes a security measure that checks kernel-mode code, although it could lead to a decrease in gaming performance on older processors. For devices on which the feature had been disabled manually, that setting will be retained.

Microsoft makes the change via the usual monthly quality-update channel rather than through a feature update.

Windows 11 Memory Integrity and Possible Gaming Performance Impact

Memory Integrity, also referred to as Hypervisor-protected Code Integrity (HVCI), compares kernel-mode code and drivers against a list of trusted software before they are executed, the verification process being kept separate from the rest of Windows by the hypervisor. Malicious code cannot be loaded directly into the kernel unless it passes this check.

Microsoft already makes use of a Windows Defender Application Control policy in order to block vulnerable drivers, the policy preventing legitimately signed drivers that have known flaws from being loaded into the kernel, and Memory Integrity provides an additional level of screening at that same point of entry.

HVCI makes use of Virtualization-based Security (VBS), a feature that employs the computer's virtualization hardware to create an environment which the rest of Windows cannot access directly. If VBS is not already enabled, the October updates will enable it.

Peter Waxman of the Microsoft group program management team stated that "memory integrity protection will start to be enabled by Windows quality updates on qualifying devices, and if it has not already been enabled, the updates will also turn on Virtualization-based Security (VBS), thereby making further security features available and demonstrating our commitment to making Windows secure by design and secure by default."

The extent of the effect on performance varies according to the processor; those current-generation CPUs which have hardware support for virtualization features are able to carry out the additional verification step with only a small impact on frame rates, while older CPUs, which depend on software emulation to carry out the same checks, may experience lower and more erratic frame rates in some games.

Driver compatibility has usually been the main obstacle to turning on Memory Integrity. In the past, users have encountered a "driver can't load on this device" error when they turned the feature on, and incompatible drivers are still the primary reason why it is not active on all eligible PCs at present.

How to Check Memory Integrity Settings and What Changes in October

Microsoft has stated that the current settings will stay as they are when the rollout gets under way. For devices on which Memory Integrity has already been switched off manually via the registry, Group Policy, or Intune, the existing setting will be retained.

As Microsoft said, "Existing administrator and user decisions and policies remain in effect." However, devices that have never had the feature altered will have it turned on.

The update is sent via the usual monthly quality-update channel and does not involve a new version of the operating system. If IT administrators are in charge of enterprise fleets, the update will be installed automatically on the devices that are managed unless current policies counter this action.

Checking and adjusting Memory Integrity takes a few seconds:

  1. To open the appropriate page in the Windows Security app, type 'Core Isolation' into the Windows search bar.
  2. Find the Memory Integrity toggle in Device security.
  3. You can turn it on or off without needing to use any command-line tools or modify the registry.

Microsoft advises gamers who wish to prioritize frame rates to switch off Memory Integrity at the start of a session and then reenable it afterward.

The automatic rollout will start in October 2026 via the usual monthly quality updates. Memory Integrity is based on the hardware requirements that Microsoft established when Windows 11 was launched, namely the need for TPM 2.0 and Secure Boot support.

People using current hardware should not notice any difference, as the extra verification effort will remain within the normal range of frame-rate variation on modern processors.

Those using older CPUs can look at the Core Isolation setting before the update comes out and choose whether to keep Memory Integrity on or turn it off in advance.

Thank you for being a Ghacks reader. The post Windows 11 Will Auto-Enable Memory Integrity Starting in October, With Possible Gaming Impact on Older CPUs appeared first on gHacks.



☞ El artículo completo original de Arthur Kay lo puedes ver aquí

UNICEF: 20 millones de niños sufrieron abuso sexual online en un año; el 60% de los casos ocurrió en redes sociales

UNICEF: 20 millones de niños sufrieron abuso sexual online en un año; el 60% de los casos ocurrió en redes sociales

Veinte millones de niños y adolescentes de entre 12 y 17 años —aproximadamente uno de cada cinco de los que usan internet en los 21 países analizados— experimentaron alguna forma de explotación o abuso sexual online en el transcurso de un año. Ese es el dato central del informe «Through Children’s Eyes: How Digital Technologies Enable Child Sexual Abuse», publicado hoy por UNICEF junto a ECPAT International e INTERPOL bajo el proyecto Disrupting Harm, y descrito por la organización como uno de los estudios más grandes de su tipo. Reuters adelantó los datos hoy.

La metodología es lo que da peso al número: encuestas representativas a nivel nacional de aproximadamente 21.000 niños en dos rondas de trabajo de campo —12 países entre 2020 y 2021, otros 9 entre 2024 y 2025— más 100 entrevistas en profundidad con supervivientes. Los países incluyen casos de África, Asia, América Latina y Europa del Este. Estados Unidos, el Reino Unido y la UE no están en la muestra, lo que significa que el número de 20 millones es un suelo, no un total global.

¿Dónde ocurre y quién lo hace?

El desglose de los incidentes da datos específicos. Más de 15 millones de niños se vieron expuestos a material sexual no deseado. Más de 9 millones fueron presionados para participar en conversaciones sexuales o para compartir imágenes. 4 millones tuvieron imágenes íntimas compartidas sin su consentimiento. Un mismo niño puede haber experimentado más de una de estas situaciones, por lo que las categorías se solapan.

Casi el 60% de los incidentes ocurrió en redes sociales, con Facebook, Instagram, Snapchat, TikTok y WhatsApp mencionados explícitamente en el estudio. Otro 14% tuvo lugar en videojuegos online. Esa concentración en plataformas específicas es el dato más directamente relevante para el debate regulatorio: las mismas empresas que están enfrentando mandatos de verificación de edad en Europa y prohibiciones de acceso para menores de 16 en varios países son las que concentran la mayoría de los incidentes documentados.

La Unión Europea publicó en julio el informe Child Safety Online, hoja de ruta para una propuesta regulatoria que llegará a finales de 2026. El estudio de UNICEF llega en el momento preciso en que los reguladores europeos y americanos están elaborando esas regulaciones: el número de 20 millones de niños en un año, con metodología representativa nacional, es exactamente el tipo de evidencia de prevalencia que antes faltaba para justificar intervenciones legislativas agresivas.

El dato más perturbador del estudio puede ser el de quién comete el abuso. En el 57% de los casos, la persona involucrada ya era conocida por el niño —un compañero, una pareja, un amigo, un familiar—. El 38% restante implicó contactos únicamente online que usaban cuentas falsas. Esto contradice el marco «stranger danger» que domina la mayoría de los consejos parentales, que pone el acento en el desconocido en internet cuando la mayoría de los incidentes implican a personas del entorno del menor.

Las consecuencias físicas y psicológicas son severas. Los niños que experimentaron este tipo de abuso mostraron tasas de pensamientos suicidas y autolesiones aproximadamente cuatro veces superiores a las de sus iguales, además de niveles elevados de ansiedad. Y prácticamente nada de ello llega a los sistemas formales de apoyo: menos del 1% de los casos fue reportado a la policía o a cualquier servicio de apoyo.

Meta llegó a amenazar con cerrar Facebook e Instagram en Nuevo México antes que implantar verificación de edad obligatoria. Esa misma Meta aparece en el estudio de UNICEF como una de las plataformas donde se concentran los incidentes. La recomendación de UNICEF para las plataformas es directa: «deben incorporar la seguridad en los productos desde el diseño, en lugar de depender de que los niños y los padres gestionen los riesgos después de que se produzca el daño», dijo John Livingstone, responsable de política digital de UNICEF Australia.

Lo que el estudio revela sobre la IA generativa es el aspecto más nuevo. En nueve de los 21 países —los de la segunda ronda de trabajo de campo, 2024-2025— se estimó que 1,1 millones de niños habían visto material sexual generado con IA usando su imagen. La categoría no existía de forma significativa cuando empezó el primer trabajo de campo en 2020. No hay línea base para medir cuánto ha crecido el problema, solo la certeza de que existe a escala real.

En wwwhatsnew.com cubrimos regularmente la intersección entre tecnología y seguridad infantil. Los datos de este informe son los más concretos que hemos visto sobre prevalencia en países en desarrollo, donde la penetración de smartphones ocurrió más rápido que los marcos legales de protección. El número de 20 millones no es una proyección: es la suma de encuestas representativas nacionales. Que menos del 1% se reporte formalmente significa que el sistema de detección y respuesta que tienen actualmente esos países captura menos del 1% del problema real.

La publicación del informe en septiembre de 2026 no es coincidental. La Comisión Europea tiene previsto presentar su propuesta legislativa sobre seguridad de menores online «a la vuelta del verano». El informe llega como evidencia empírica masiva exactamente cuando los legisladores están escribiendo la exposición de motivos.

El 1,1 millón de niños que reportó imágenes generadas con IA —un número que en la primera ronda de encuestas de 2020 era inexistente— es el argumento más poderoso para regular específicamente la IA generativa en contextos de protección de menores. El informe también es honesto sobre sus limitaciones geográficas: los 21 países no incluyen EEUU, UK ni ningún estado miembro de la UE. Los 20 millones son un suelo, no un techo.

El número de países que legislan restricciones de acceso de menores a redes sociales ya supera los 20 en 2026: Australia, Indonesia y Malasia con leyes en vigor; UK, Grecia y Turquía en proceso legislativo. El informe de UNICEF llegará esta semana a las mesas de trabajo de los reguladores de todos esos países como el respaldo empírico más sólido hasta la fecha. Si el 60% de los incidentes ocurre en redes sociales, la responsabilidad de las plataformas es el eje central de cualquier respuesta legislativa efectiva.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

La teoría médica de los cuatro humores estuvo vigente durante siglos. Lo raro es que a veces sí funcionaba

La teoría médica de los cuatro humores estuvo vigente durante siglos. Lo raro es que a veces sí funcionaba

Durante más de un milenio, la medicina occidental se sustentó sobre un pilar fundamental que, a la luz de la ciencia moderna, ha quedado totalmente enterrado y olvidado. Hablamos de la teoría de los cuatro humores, un sistema que explicaba la salud y la enfermedad humana no por un virus, una bacteria o un fallo genético, como un delicado equilibrio entre cuatro fluidos corporales que componían el organismo. 

Funcionó. Pese a que hoy en día esta premisa ha sido desterrada de la medicina, no debemos olvidarnos de que nuestros antepasados sobrevivieron durante muchos siglos con tratamientos que se centraban en estos cuatro humores. Y es que, aunque hoy veamos esta teoría como algo sin fundamento biológico bajo nuestros conocimientos, la realidad es que a veces parecía funcionar. 

Los humores. La formulación canónica de esta teoría, atribuida a la tradición de Hipócrates y sistematizada siglos después por Galeno, sostenía que el cuerpo humano estaba gobernado por cuatro sustancias: la sangre, la flema, la bilis amarilla y la bilis negra.

La salud era sinónimo de equilibrio entre estos fluidos, mientras que la enfermedad aparecía cuando uno de ellos se acumulaba en exceso o escaseaba. Este esquema fue un avance histórico crucial, puesto que buscaba causas naturales y observables para las enfermedades, alejándose de explicaciones mágicas o demoníacas de la antigüedad. Sin duda, fueron las bases de la medicina que tenemos ahora mismo en nuestras manos. 

Y evolucionó. Años después de la teoría de Hipócrates llegó Galeno, que vinculó cada humor con cualidades como el frío, el calor, la sequedad o la humedad, y relacionó el cuerpo con la dieta, el sueño, las estaciones y el entorno. Esto fue algo fundamental porque dislumbró que todo lo que rodeaba a un paciente podía interferir con su salud y su enfermedad. 

Y su autoridad fue tan aplastante que consolidó este sistema como el estándar médico indiscutible durante siglos. Pero si la teoría para muchos era falsa, ¿por qué los pacientes y los médicos confiaban ciegamente en sus tratamientos?

La naturaleza. La gran mayoría de las enfermedades agudas y los síntomas tienen algo en común, y es que fluctúan o mejoran por sí solos sin ninguna intervención médica. Es lo que conocemos como la historia natural de la enfermedad.

Por lo general, un paciente acude al médico en el peor momento de sus síntomas y si en ese pico de dolor o malestar se le aplica un tratamiento humoral, y a los pocos días el sistema inmunitario hace su trabajo, la mejoría se atribuirá al tratamiento. A esto se le suma un fenómeno estadístico conocido como regresión a la media, que consistía en que, si un síntoma es excepcionalmente intenso un día, lo más probable es que al día siguiente sea más leve, independientemente de lo que hagamos. 

La prevención. Algo que arrastramos hasta el día de hoy es que la medicina humoral no se limitaba a aplicar intervenciones agresivas, puesto que también tenía una importante variante preventiva y de estilo de vida. Aquí los médicos recomendaban a sus pacientes moderar los excesos, descansar, mantener una actividad física razonable y comer de forma equilibrada. Algo que para el momento de la época podía ser difícil en las clases sociales más bajas. 

El poder del ritual. El llamado "efecto placebo" es mucho más complejo que tomarse una pastilla de azúcar pensando que es otra cosa. Incluye el ritual clínico, la atención del médico, la imposición de manos y las expectativas del paciente. 

Todo este contexto terapéutico tiene la capacidad de modificar de forma muy real la percepción de los síntomas, especialmente aquellos relacionados con el dolor, el malestar general o la ansiedad. Ser atendido por una figura de autoridad que te explica qué te pasa, incluso basándose en los humores, reduce el estrés fisiológico y genera un alivio sintomático evidente.

La sangría. Si hay una práctica asociada a los humores, es la sangría. Durante siglos se extrajo sangre a pacientes de todo tipo para "liberar el exceso de calor" o equilibrar los fluidos del cuerpo. Pero el tiempo pasó y en el siglo XIX los médicos empezaron a analizar los datos de forma rigurosa en pacientes con neumonía hasta ver que la sangría no solo tenía una utilidad nula, sino que probablemente era perjudicial. 

Sin embargo, en situaciones muy, muy concretas, extraer sangre funcionaba sobre un problema biológico real de forma rudimentaria. Hoy en día, la flebotomía terapéutica sigue siendo un tratamiento de primera línea para la hemocromatosis, que es una sobrecarga grave de hierro en el cuerpo, o la policitemia vera, que es un exceso de glóbulos rojos que aumenta el riesgo de trombos.

Evidentemente, los médicos antiguos no sabían qué era el hierro o el hematocrito, pero al sangrar indiscriminadamente a la población, de vez en cuando tropezaban con un paciente que casualmente padecía una de estas dolencias. Y lógicamente, su mejoría servía para justificar la práctica para todos los demás.

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La noticia La teoría médica de los cuatro humores estuvo vigente durante siglos. Lo raro es que a veces sí funcionaba fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .



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