4 de septiembre de 2026

La cinta magnética parecía una reliquia. En la era de la IA, la capacidad LTO ha vuelto a dispararse

La cinta magnética parecía una reliquia. En la era de la IA, la capacidad LTO ha vuelto a dispararse

Si pensamos en almacenamiento sobre cinta, es fácil viajar varias décadas atrás, a salas llenas de grandes ordenadores, armarios técnicos y bobinas que giraban mientras aquellos sistemas procesaban cantidades de información que hoy parecerían diminutas. La evolución de los discos duros y, más tarde, de los SSD pudo hacer pensar que aquella tecnología había quedado relegada a los museos de informática. Sin embargo, nunca desapareció de los centros de datos. Y ahora que la inteligencia artificial está multiplicando las necesidades de almacenamiento, sigue teniendo un papel difícil de sustituir.

La capacidad vuelve a acelerar. Según el LTO Program, la capacidad enviada durante el primer trimestre de 2026 aumentó un 57% frente al mismo periodo de 2025. La cifra no equivale a un 57% más de cartuchos vendidos, porque mide cuántos datos pueden almacenar en conjunto los soportes despachados y también se ve favorecida por la llegada de generaciones más densas. El movimiento llega después del récord de 176,5 exabytes de capacidad comprimida alcanzado en 2024. El propio programa señala que la fortaleza de LTO-9 y el despliegue inicial de LTO-10 contribuyeron al repunte, dentro de un contexto marcado por el crecimiento de la IA, el archivo tradicional y las presiones sobre costes, energía y ciberresiliencia.

Una cinta ya no parece cinta. El estándar que domina este mercado profesional se llama LTO y utiliza cartuchos rectangulares que se introducen en unidades específicas o en grandes bibliotecas automatizadas capaces de gestionar miles de soportes. La generación LTO-9 ofrece 18 TB de capacidad nativa por cartucho, mientras LTO-10eleva ese máximo hasta 40 TB. También pueden aparecer cifras mucho mayores, como 100 TB, pero no se trata de su capacidad nativa: corresponden a una compresión de 2,5:1, es decir, a la posibilidad de guardar 2,5 veces más información si los archivos pueden comprimirse lo suficiente. 

Cada soporte tiene su sitio. Un centro de datos no tiene por qué elegir entre SSD, disco duro o cinta: puede utilizar los tres según la importancia y frecuencia de acceso de la información. El flash suele emplearse en cargas que necesitan respuestas rápidas y numerosas operaciones; el HDD permite mantener grandes volúmenes disponibles online con un coste inferior al de la memoria flash; y la cinta puede reservarse para aquello que debe conservarse, pero se consulta poco. A cambio, recuperarlo lleva más tiempo porque el soporte es secuencial y, en grandes bibliotecas, puede ser necesario localizar el cartucho, cargarlo físicamente en una unidad y avanzar hasta la posición adecuada. Esa latencia sería un problema para información activa, pero puede resultar asumible en un archivo.

El ahorro aparece con la escala. Cuando hablamos de petabytes que apenas se consultan, mantener toda esa información permanentemente disponible en soportes rápidos puede resultar innecesariamente costoso y consumir más energía. Un cartucho puede permanecer almacenado sin necesitar alimentación para conservar sus datos y, en despliegues de gran tamaño, miles de ellos pueden reunirse dentro de bibliotecas automatizadas. Esa separación también puede formar parte de una estrategia de air gap, al mantener determinadas copias desconectadas de los sistemas que un atacante podría comprometer. No es almacenamiento gratuito ni sencillo: exige unidades específicas y, según la escala, robots y software de gestión, además de migraciones periódicas conforme evolucionan las generaciones y sus compatibilidades.

Quién sigue comprando estas cintas. No es una tecnología pensada para el consumidor, sino para organizaciones que acumulan cantidades enormes de información y necesitan conservarla durante mucho tiempo. Ahí entran centros de supercomputación, instituciones científicas, grandes empresas, administraciones y entornos audiovisuales, entre otros. CERN y Fermilab mantienen archivos basados en cinta para datos científicos, mientras el Texas Advanced Computing Center combina flash, almacenamiento de objetos y bibliotecas de cinta dentro de una misma infraestructura. Es precisamente en esas escalas, donde los volúmenes se cuentan en petabytes o más, donde LTO sigue encontrando espacio.

La IA genera mucho más que respuestas. ChatGPT, Gemini o Claude son la cara visible de sistemas que dependen de enormes cantidades de información antes, durante y después de entrenar un modelo. Mientras una carga activa necesita memorias y almacenamiento de alto rendimiento, alrededor de ella pueden quedar datasets, resultados y distintas versiones que una organización quiera conservar durante años sin mantenerlas en la capa más cara de su infraestructura. Ese es precisamente el tipo de archivo para el que la cinta puede tener sentido. Lo importante es no confundir ambos usos: un modelo no necesita consultar constantemente una biblioteca LTO para responder y no tenemos base para afirmar que esos productos concretos almacenen sus datos de esa manera.

Aquí no hay la misma crisis. La carrera por la IA está ejerciendo una presión documentada sobre HBM, DRAM y NAND, mientras los fabricantes reorganizan inversiones y prioridades hacia productos destinados a centros de datos y aceleradores. Esa dinámica puede terminar afectando a la memoria y al almacenamiento que sí llegan a nuestros ordenadores y teléfonos. LTO depende de una cadena industrial distinta, basada en soportes magnéticos y procesos diferentes de los utilizados para fabricar memoria semiconductor, y por ahora la IA no parece estar detrás de una escasez general de cartuchos o una subida global de sus precios. Lo que sí está documentado es un fuerte repunte de la capacidad enviada en el primer trimestre de 2026. 

Imágenes | IBM 

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La fusión de agujeros negros que rompió todas las reglas tenía truco: una lente gravitacional pudo haber inflado su tamaño

La fusión de agujeros negros que rompió todas las reglas tenía truco: una lente gravitacional pudo haber inflado su tamaño

En 2023 se detectó la mayor fusión de agujeros negros registrada hasta el momento. Fue, sin duda, colosal. Dos agujeros negros cuyas masas rozan el límite de lo que puede formarse a partir de una supernova se fusionaron para dar lugar a otro agujero negro aún más gigante, con una masa que supera dicho límite más que de sobra. Desde ese momento, los científicos han tratado de desentrañar cómo pudieron formarse estos fenómenos tan excepcionales. Ahora, un equipo de investigadores del Instituto Max Planck de Física Gravitacional ha dado una respuesta que no nos esperábamos: a lo mejor el Universo nos ha estado engañando todo este tiempo. Pero no el Universo en plan Paulo Coelho. El de verdad.

La lupa que nos engañó a todos. Según el estudio que se acaba de publicar, los dos agujeros negros inusualmente grandes que colapsaron en 2023 no eran tan grandes. Posiblemente, los vimos magnificados por un efecto de lente gravitacional. Esto ocurre cuando un objeto muy masivo distorsiona el espacio tiempo, como una pelota que cae sobre una tela y la hunde hacia abajo, provocando un efecto lupa que hace que veamos más grandes los objetos que hay detrás. 

Dos agujeros negros en el límite. Generalmente, cuando una estrella masiva colapsa en forma de explosión de supernova, el agujero negro que se forma como remanente suele tener un límite de masas. Para ciertas masas estelares, el núcleo se contrae tanto cuando la estrella llega a sus fases finales que se desencadena un estallido termonuclear que desintegra la estrella. No se forma un agujero negro. Por eso, existe un vacío de masas situado aproximadamente entre 50 y 130 masas solares para el que prácticamente no existen agujeros negros surgidos directamente de estrellas. Sin embargo, los dos agujeros negros que se fusionaron en el evento detectado en 2023 tenían 103 y 137 masas solares. Uno estaba de lleno dentro del vacío y otro lo rozaba. Eso, ya de por sí, está bastante cerca del límite, aunque quizás podría ser plausible para una fusión jerárquica de agujeros negros. Sin embargo, no es la única discrepancia que ha llamado la atención de los científicos durante todo este tiempo. También se ha visto que tenían un espín muy alto. 

Lo del espín. Esta cifra hace referencia al giro del agujero negro. Va de 0 a 1, donde 0 hace rerferencia a un agujero negro que no está girando y 1 a un agujero negro que ha llegado a su límite de giro antes de romperse el horizonte de sucesos. Cuando dos agujeros negros se fusionan, el agujero negro resultante hereda parte del momento angular de su giro, por lo que su espín aumenta. Sin embargo, para esto también hay un límite, que se encuentra en torno al espín 0,7

La hipótesis de la fusión jerárquica indica que los dos agujeros negros que se fusionaron en 2023 serían el resultado de una fusión anterior. Es decir, dos agujeros negros se fusionaron par dar lugar al de 103 masas solares, otros dos se fusionaron para formar el de 137 masas solars y, a su vez, estos dos se volvieron a fusionar. El problema es que ya hemos visto que hay un límite de espín para la fusión de agujeros negros y los dos que se fusionaron en 2023 tenían espines de 0,8 y 0,9. La hipótesis no cuadra.

Posibles lentes gravitacionales. Los científicos del Instituto Max Planck han hecho cálculos que apuntan a que, lo que mejor explica todos los parámetros medidos, es el efecto de una lente gravitacional causada por un objeto de entre 190 y 850 masas solares. Este podría ser otro agujero negro mucho más grande formado por la fusión de muchos agujeros negros o, quizás, un cúmulo estelar muy poblado. No es seguro, pero haría que todos los datos cuadren y nos demostraría que, básicamente, hemos vivido engañados durante 3 años por algo tan aparentemente simple como una lupa en medio del camino. 

Imagen | ESA

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New Horizons tendrá que apagar dos de sus instrumentos en octubre porque la NASA no le da los 2 millones de dólares anuales que necesita

New Horizons tendrá que apagar dos de sus instrumentos en octubre porque la NASA no le da los 2 millones de dólares anuales que necesita

La sonda New Horizons se lanzó en 2006 con el objetivo de estudiar Plutón, el objeto reconvertido en planeta enano que en su día fue el noveno planeta de nuestro sistema solar. En el viaje, como pasa con la mayoría de sondas que van así de lejos, hizo varios altos en el camino. Por ejemplo, tomó datos muy interesantes de Júpiter. Una vez en su destino, descubrió que la actividad en la superficie de Plutón es mucho mayor de lo que se pensaba y aportó muchísima información relevante al respecto. Seguía en plena forma, así que, a pesar de haber superado su objetivo, puso rumbo a Arrokoth, un objeto de dos lóbulos situado en el cinturón de Kuiper. 

Llegar tan lejos fue un hito tan grande que el mismísimo Brian May le compuso una canción. Había llegado el momento de seguir adelante. New Horizons no parecía tener límites, así que los científicos del proyecto decidieron dirigirlo a estudiar los límites de la heliosfera. Cuenta con instrumentos esenciales para poder analizarla. Sin embargo, es posible que estos se apaguen de forma inminente por falta de financiación. 

No hay dinero para los científicos. New Horizons está en plena forma. Esa no es la razón por la que tendrán que apagarse sus instrumentos, como sí ha pasado con otras naves. En este caso, el problema es que la NASA ha retenido 2 millones de dólares de su presupuesto anual, justamente el dinero con el que se tendría que hacer frente a los sueldos de los científicos que se encargan de analizar los datos de New Horizons aquí en la Tierra. No importa lo bien que funcione la sonda. Si nadie puede trabajar con sus datos, eso no sirve de nada.

Mejor que las sondas Voyager. La New Horizons no será la primera en viajar cerca de los límites de la heliosfera. Ese ha sido también territorio de Voyager 1 y Voyager 2. Sin embargo, la sonda que se lanzó con rumbo a Plutón cuenta con instrumentos mucho más específicos para su estudio: el Pluto Energetic Particle Spectrometer Science Investigation (conocido por el acrónimo angustiante PEPSSI) y el Solar Wind Around Pluto (SWAP). El primero se encarga de analizar partículas energéticas de varios tipos, incluidos los iones de captación, que son átomos del medio interestelar que se ionizan y son captados por el campo magnético del viento solar. El segundo analiza precisamente ese viento.

Un análisis necesario. La heliosfera es una especie de burbuja que rodea el Sol y el sistema solar y protege a este último de las radiaciones cósmicas del medio interestelar. Entender cómo funciona es esencial para la protección de los astronautas que viajarán en el futuro al espacio y que, en planetas como Marte, emprenderán estancias largas. En algún momento entre 2027 y mediados de la década de 2030, New Horizons llegará al punto donde el viento solar comienza a interactuar con el medio interestelar local, ralentizándolo.  Es un punto ideal para tomar esos datos tan útiles de cara a la futura colonización espacial. Sin embargo, el apagado de SWAP y PEPSSI podría ser tan pronto como en un mes.

Firmas para salvar New Horizons. El ex científico jefe de la NASA James L. Green ha iniciado una recogida de firmas en Change.org para salvar a New Horizons. El actual administrador de la agencia, Jared Isaacman, también ha señalado que se están buscando soluciones. Pero la cuestión es que, con lo que sabemos hasta ahora, una de las mejores sondas que se han lanzado jamás al espacio podría dejar de funcionar por algo tan simple y a la vez complejo como la financiación. Ya lo decía Quevedo. Poderoso caballero es Don Dinero. 

Imagen | Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Southwest Research Institute

En Xataka | Hay muchas menos galaxias en el Universo de lo que pensábamos: así nos lo está descubriendo New Horizons a 6.400 millones de km

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Google corrige un día cero de V8 en Chrome que se explota de forma activa

Google ha distribuido una actualización urgente de Chrome para corregir CVE-2026-85046, un zero-day en V8 con explotación activa. La solución pasa por actualizar a Chrome 152.0.7977.82 o superior y reiniciar el navegador para aplicar el parche.

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Google ha lanzado una actualización urgente para Chrome tras detectar la explotación activa de CVE-2026-85046, un día cero de severidad alta en V8, el motor de JavaScript y WebAssembly del navegador. El fallo permite que un atacante remoto ejecute código arbitrario dentro del sandbox si la víctima visita una página HTML manipulada, un escenario típico en campañas que combinan enlaces, malvertising o páginas comprometidas.

El defecto se encuadra en una confusión de tipos en V8, una clase de vulnerabilidad que suele abrir la puerta a primitivas peligrosas, como lectura y escritura arbitrarias en memoria dentro del heap de JavaScript. En este caso, el análisis técnico apunta al compilador Maglev y a optimizaciones asociadas a Array.prototype.sort, donde ciertas decisiones de inlining y especialización pueden dejar al motor en un estado inconsistente. Ese desajuste acaba traduciéndose en un comportamiento explotable, con el que un atacante puede construir una cadena de explotación fiable.

Google ha corregido el problema en la rama estable de escritorio con las versiones 152.0.7977.82 y 152.0.7977.83 para Windows y macOS, y 152.0.7977.82 para Linux. La actualización no solo tapa este agujero: también incluye correcciones para un total de 12 vulnerabilidades, lo que refuerza el carácter de parche recomendado cuanto antes.

La compañía mantiene su política de limitar los detalles de algunos fallos hasta que una mayoría de usuarios se actualiza, con el objetivo de frenar la explotación adicional. El investigador Salvatore Gulizia, conocido como Serotav, reportó el fallo el 4 de agosto de 2026 y recibió una recompensa de 1.000 dólares. El vector CVSS publicado marca 8.8, con interacción del usuario requerida, algo coherente con un ataque que necesita que la víctima cargue contenido web preparado.

Para los usuarios, la mitigación práctica es sencilla: actualizar Chrome y, sobre todo, reiniciar el navegador para que la versión parcheada quede realmente en ejecución. En entornos corporativos conviene acelerar la gestión de parches, comprobar el inventario de versiones desplegadas y priorizar equipos con mayor exposición. También deben estar atentos los navegadores basados en Chromium, como Microsoft Edge, Brave, Opera o Vivaldi, que necesitan integrar la corrección en sus propias actualizaciones cuando sus fabricantes las publiquen.

Más información

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Fracasada su misión de rescate, la NASA pone de nuevo en funcionamiento el observatorio espacial Swift para aprovechar el tiempo que le quede, que no es mucho

La descripción
Impresión artística del Observatorio Neil Gehrels Swift en órbita – NASA

Fracasada la misión que tenía como objetivo aumentar la altitud de su órbita para prorrogar su misión la NASA ha decidido volver a poner de nuevo en funcionamiento el observatorio espacial Swift para aprovechar el tiempo que le quede.

La agencia lo había dejado prácticamente parado desde el 11 de febrero de 2026 para mantener el observatorio en una orientación de mínima resistencia atmosférica y frenar su descenso orbital a la espera de que Link pudiera hacer lo suyo.

Link era –es, porque aún está en órbita– un satélite diseñado por la empresa Katalyst Space Technologies que iba a agarrarse al Swift para empujarlo con sus motores a una órbita más alta. Pero al final no hubo forma de controlar su actitud con la suficiente precisión ni fiabilidad como para que tan siquiera fuera viable intentar la captura del Swift y la NASA decidió abandonar la misión de rescate.

Así que ahora el telescopio espacial, que cada vez orbita más bajo por el rozamiento con la atmósfera, volverá a recoger datos científicos hasta que se precipite en la atmósfera. La NASA estima que eso ocurrirá en octubre, cuando baje de los 300 kilómetros, altitud a partir de la que ya será prácticamente imposible controlar su actitud, lo que lo llevará a una reentrada no controlada.

El fallo de la misión de rescate es una faena, sí. Pero tampoco hay que olvidar que Swift fue lanzado en 2004 para una misión de dos años y que al final ha durado más de diez veces más.

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☞ El artículo completo original de wicho@microsiervos.com (Wicho) lo puedes ver aquí