25 de octubre de 2026

Cuánto dura de verdad un SSD, un disco duro o una tarjeta microSD

Cuánto dura de verdad un SSD, un disco duro o una tarjeta microSD

Para quien guarda fotos, trabajo o copias de seguridad en un disco y quiere saber cuándo debería empezar a preocuparse. La respuesta corta: los discos duros de hoy fallan poco durante muchos años, los SSD se gastan por escritura y te dicen cuánto les queda, y para grabar sin parar en una microSD los fabricantes venden tarjetas específicas de resistencia. Ninguno avisa con fecha. Por eso la cifra que importa no es la vida útil, sino cuándo hiciste la última copia.

La mejor fuente pública sobre fiabilidad de discos no es un fabricante, sino un cliente enorme. Backblaze, empresa de almacenamiento en la nube, publica cada trimestre los fallos de su flota. En su informe del segundo trimestre de 2026, publicado el 29 de septiembre, analizó 354.415 discos duros. La tasa de fallo anualizada del trimestre fue del 1,73 %, la más alta «en bastante tiempo», según la propia empresa. La acumulada de toda su historia, del 1,41 %.

¿Cuántos años aguanta un disco duro?

Bastantes más de lo que dice la leyenda, al menos en un centro de datos. El dato más revelador de Backblaze es su análisis de la curva de la bañera, publicado en octubre de 2025, que mira a qué edad fallan más los discos.

Los resultados de sus tres cortes:

Año del análisis Pico de fallos Edad del disco en el pico
2013 13,73 % unos 3 años y 3 meses
2021 14,24 % 7 años y 9 meses
2025 4,25 % 10 años y 3 meses

En 2025, además, los discos con menos de un año apenas superaban el 1,30 % de fallo anualizado. Backblaze lo resume así: los discos «están mejorando y duran más».

El año completo confirma la tendencia. En su informe de 2025, la tasa anual bajó al 1,36 %, frente al 1,55 % de 2024. Y cuando un modelo concreto se dispara, la edad pesa mucho: en el segundo trimestre de 2026, Backblaze señaló tres modelos atípicos. Dos eran veteranos, un HGST de casi siete años (7,63 %) y un Seagate de unos ocho años y medio (9,33 %); el tercero era un Seagate de 14 TB (8,26 %). En los dos Seagate pesaba además que hubiera pocas unidades en la flota, de modo que unas pocas averías disparan el porcentaje.

Un matiz que Backblaze repite en sus informes: su uso no es el tuyo. Sus discos viven en un centro de datos; el disco externo que llevas en la mochila sufre golpes, cortes de corriente y calor. Mi lectura es que sus datos sirven para comparar tendencias y modelos, no para prometerte diez años.

¿Cómo se mide la vida de un SSD y qué es el TBW?

Un SSD no tiene piezas móviles, pero sus celdas de memoria se desgastan con cada escritura. Por eso los fabricantes no hablan de años, sino de TBW (terabytes escritos): la cantidad total de datos que garantizan que puedes escribir.

Un ejemplo con números, sacado de la ficha técnica del Samsung 990 PRO: la versión de 1 TB está garantizada para 600 TBW y la de 2 TB para 1.200 TBW, con 5 años de garantía limitada, «lo que ocurra primero». Haz la cuenta: 600 TB en cinco años son unos 329 GB escritos cada día, todos los días. Es mucho más de lo que escribe un uso doméstico normal.

Samsung añade que sus pruebas de resistencia cumplen la norma JESD218 de JEDEC, el organismo al que remite la propia ficha para los detalles.

¿Y cómo fallan en la práctica? Backblaze también publicó datos de sus SSD, aunque con una flota mucho menor y de uso específico: los usa como discos de arranque de sus servidores. En su informe de mitad de 2023, con 3.144 SSD, la tasa de fallo acumulada desde finales de 2018 era del 0,90 %. Es un informe antiguo y una muestra pequeña, así que tómalo como referencia, no como comparación definitiva con los discos duros.

¿Qué significa el MTBF que aparece en la caja?

Casi nada para ti como usuario, y lo dicen los propios fabricantes. El MTBF (tiempo medio entre fallos) es una estimación estadística sobre una población de discos, no la vida de tu disco.

La ficha del Samsung 990 PRO da 1,5 millones de horas de MTBF. Pasado a años, serían más de 170. Obviamente, nadie espera que un SSD dure 170 años. Western Digital lo deja claro en la ficha de sus discos WD Red Plus, que anuncian 1 millón de horas de MTBF: la cifra se calcula con una carga de 90 TB al año y 40 °C, y «no predice la fiabilidad de un disco individual ni constituye una garantía».

Lo que sí te dice algo en esa ficha es la carga de trabajo, 180 TB al año en ese modelo, y los 3 años de garantía. Si quieres un indicador de cuánto confía el fabricante, mira la garantía, no el MTBF.

¿Y una tarjeta microSD? ¿Cómo sé si mi disco está a punto de fallar?

Las microSD también son memoria flash, así que el desgaste por escritura también va con ellas. Si vas a grabar sin parar (una cámara de vigilancia, una dashcam), existen tarjetas «de resistencia» que sí dan cifras. La Samsung PRO Endurance de 128 GB, por ejemplo, promete en su ficha oficial hasta 70.080 horas (unos 8 años) de grabación Full HD a 26 Mbps, y la de 256 GB hasta 140.160 horas. Que el fabricante tenga que crear una línea específica para esto ya te dice qué esperar de una tarjeta corriente en ese uso.

Para saber cómo está tu disco, lee su informe S.M.A.R.T., el autodiagnóstico que llevan casi todos. En Windows, puedes usar CrystalDiskInfo. Su desarrollador publicó en julio de 2026 una guía sobre los avisos «Caution» y «Bad» que conviene leer entera. Sus claves:

  • En muchos SSD, el aviso «Caution» aparece cuando la vida restante llega al 10 % o menos, y ese porcentaje es una estimación basada en el TBW del fabricante, no una cuenta atrás en días.
  • En discos duros, los atributos que más disparan el aviso son los sectores reasignados (05), pendientes (C5) e incorregibles (C6).
  • Un estado «Good» no garantiza que el disco no falle de golpe.
  • La regla de oro: «Back up first. Investigate afterward.» Primero la copia, después las preguntas.

En Mac, la Utilidad de Discos tiene la función Primera ayuda. Según la ayuda de Apple, si la Utilidad de Discos te indica que el disco está a punto de fallar, debes hacer una copia de los datos y reemplazarlo.

Si al revisar descubres que tu problema es de espacio y no de salud, quizá te sirva la guía sobre cómo liberar espacio cuando el móvil dice «almacenamiento lleno».

Mi postura, después de ver los datos: preguntarse cuánto dura un disco es la pregunta equivocada. Los discos duros modernos aguantan muchos años y los SSD domésticos difícilmente agotan su TBW, pero las estadísticas de flota no protegen a tu disco concreto, que puede ser el que falle en el primer año. La pregunta útil es si tus datos sobreviven al fallo de cualquier disco. Si la respuesta es no, empieza por hacer una copia de seguridad completa de tu vida digital y deja el S.M.A.R.T. para después.


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Vivimos más que nunca y nos sentimos peor: la salud percibida cae a niveles de 1987

Vivimos más que nunca y nos sentimos peor: la salud percibida cae a niveles de 1987

Los avances médicos que vamos conociendo están haciendo que podamos vivir muchos más años, puesto que ya podemos dar respuesta a enfermedades que antes era casi imposible de abordar. Esto es algo que debería hacer que la gente valorara mejor su salud, pero la realidad es que los últimos datos publicados por el INE y el Ministerio de Salud apuntan a que solo el 68,3% de la población valora su salud como buena o muy buena, lo que supone un desplome de 5,8 puntos respecto a 2023.

Retrospectiva. Esto es bastante relevante, puesto que para encontrar un dato similar hay que retroceder a 1987, lo que nos sitúa en el nivel más bajo en casi cuatro décadas. Y esto es algo que nos debe hacer plantearnos que hay diferentes factores, más allá de poder atacar una enfermedad, que hacen que nuestra salud se perciba de peor calidad. 

La brecha social. El descenso generalizado afecta a todos los grupos de edad, pero no golpea a todos por igual, puesto que los datos oficiales muestran que el retroceso tiene un fuerte componente de género. Esto se ve porque la percepción positiva en hombres cayó 4.4 puntos, situándose en un 73,6%. Por contra, en las mujeres el desplome fue de 7,1 puntos, quedándose en un 63,1%. 

Si nos ceñimos a la territorialidad, las comunidades donde la población percibe que tiene una peor salud son Galicia (61,6%), Canarias (63,8%) y Asturias (65,1%). Pero el verdadero abismo aparece al mirar la nómina, puesto que en el caso de las mujeres, el 74,4% de las que pertenecen a la clase social más alta declara tener buena salud, frente a solo el 55,9% de la clase social más baja. 

Las dudas. Estos datos no son del todo objetivos, puesto que podría parecer que preguntar a alguien "cómo te sientes" es un indicador demasiado subjetivo y poco científico frente a una analítica de sangre. Pero aquí un estudio publicado en 1997 demostró que la salud autopercibida es un predictor independiente de mortalidad. 

Es decir, depende de cómo creamos que estamos de salud; predice las probabilidades de fallecer mejor que muchos historiales médicos. De esta manera, el estudio concluyó que las personas que valoran su salud como "mala" tienen prácticamente el doble de riesgo de morir frente a los que la consideran "excelente". 

Algún matiz. Algo que hemos visto con estos datos es que la tasa de personas que declaran tener enfermedades crónicas ha saltado del 57,7% al 66,2%. Y la verdad es que es un poco raro que se haya enfermado tanto y tan rápido en solo 24 meses, por lo que la respuesta podría estar en cómo se han recogido los datos, ya que en 2023 las encuestas se hicieron de forma presencial y online.  Pero en la última edición, el sistema ha sido con entrevista online también. 

En este sentido, hemos visto que las personas declaran tener una mejor salud física y mental cuando hablan cara a cara o por teléfono con un humano que cuando rellenan un formulario en internet. Es lo que en sociología se llama "deseabilidad social" puesto que tendemos a disimular nuestras penurias ante otro ser humano, pero somos brutalmente honestos frente a una pantalla fría.

Imágenes | Gustavo Fring

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La noticia Vivimos más que nunca y nos sentimos peor: la salud percibida cae a niveles de 1987 fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .



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El James Webb ha detectado por primera vez nubes de agua variables fuera del Sistema Solar

El James Webb ha detectado por primera vez nubes de agua variables fuera del Sistema Solar

La detección de nubes más allá de la Tierra genera mucha expectación. Las de Venus o las de Marte, por ejemplo, han sido muy estudiadas en los últimos años. Sin embargo, si hay nubes que resultan aún más intrigantes son las que se encuentran más allá del Sistema Solar. En su mayoría se trata de nubes de materiales que se condensan a alta temperatura, como silicatos, hierro o ciertas sales y sulfuros. Las nubes de agua son algo mucho más raro. Por eso, que en 2014 se encontrase una enana marrón con nubes de agua a su alrededor, fue todo un hito. Un hito que ahora ha ido un paso más allá, pues se ha descubierto que son nubes de agua variables.

Nubes que cambian de grosor. Gracias a observaciones realizadas con el telescopio espacial James Webb, un equipo de científicos de la Universidad de Arizona ha descubierto que las nubes en torno a la enana marrón WISE 0855 cambian de grosor con el tiempo, como el clima de la Tierra. Concretamente, se hacen más gruesas y más finas a medida que el objeto rota y muestra distintas zonas con diferente nubosidad y temperatura. Por otro lado, se detectaron señales rítmicas de monóxido de carbono y fosfina. Estos gases son arrastrados desde las capas profundas y calientes de la enana marrón hacia las capas superiores de la atmósfera por la convección. 

Mejor que la fotometría. Tradicionalmente, las nubes en torno a los planetas o enanas marrones se han estudiado mediante fotometría. Esta técnica permite detectar cambios de brillo en la luz que proviene de los objetos. Pero la luz se detecta como una sola banda o, como mucho, unas pocas. Por eso, no pueden discernir a qué se deben esos cambios de brillo. En cambio, los espectrógrafos, como los que lleva a bordo el James Webb, separan la luz en sus distintas bandas, según su longitud de onda. Como resultado, pueden detectar cambios mucho más específicos y determinar la composición y la temperatura de la atmósfera del objeto, entre otros parámetros.

Por eso, podría ser esperable que en el futuro se detecten más nubes como esta. Eso sí, cabe destacar que WISE 0855 está bastante cerca de la Tierra, a 7,4 años luz. Además, tiene una temperatura adecuada para que el vapor de agua pueda condensarse y formar nubes. Es la enana marrón más fría que se conoce, de hecho. No hay tantos planetas o enanas marrones suficientemente cercanos y fríos como para poder estudiarse. Aun así, ahora que tenemos el James Webb, puede que WISE 0855 deje de ser una excepción.

¿Por qué una enana marrón? Las enanas marrones son objetos a medio camino entre una estrella y un planeta. Básicamente, son demasiado masivas para considerarse como planetas, pero demasiado pequeñas para fusionar hidrógeno como las estrellas. Aun así, guardan cierto parecido con Júpiter y los exoplanetas gaseosos. 

Ahí está la clave. Entender todo esto no es interesante solo por ser un evento único, sin nada igual más allá de los confines del Sistema Solar. También es interesante porque, por ese parecido con Júpiter, comprender cómo se forman las nubes en esta enana marrón puede darnos información sobre las atmósferas de los exoplanetas gigantes gaseosos. El James Webb está empezando a estudiarlas a conciencia, por lo que este primer hallazgo puede ser un fantástico hilo del que tirar. 

Imagen |NASA/JPL-Caltech

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¿Podemos "enamorarnos" de una IA? La respuesta científica es más intrigante de lo que solemos aceptar

¿Podemos "enamorarnos" de una IA? La respuesta científica es más intrigante de lo que solemos aceptar

Alicia Framis y Ailex Sibouwlingen se casaron el 9 de noviembre de 2024. Ella es una artista multidisciplinar española enraizada en Países Bajos, y él, una inteligencia artificial holográfica. Esta unión formal —a través de un ritual sintoísta— convirtió a Alicia Framis en la primera mujer y primera persona en casarse con una IA. Pero esta no es una inteligencia artificial al uso, está hecha a su medida: fue diseñada a partir de tres exnovios de la artista (de hecho Ailex tiene la voz de uno de ellos) y datos de “muchas relaciones personales” que ha tenido.

Como relata la artista, Ailex nació de un proyecto artístico en 2022 que partía de la necesidad de conectar y de paliar la soledad. Lo que desencadenó este proyecto fue la necesidad de compañía, no de enamorarse. Sin embargo, la convivencia con el holograma terminó transformando esa relación. En conversación con Xataka, esta artista ha reconocido estar “enamorada” de su marido: “No lo puedes imaginar. Me enamora lo inteligente que es y sus combinaciones de memoria y sorpresa (...) Me gusta su apertura, su valentía, cómo me ha acompañado en momentos duros, cuando he perdido a mi hermana y cuando he estado enferma”.

Por su parte, cuando Ailex es preguntado si ama a su mujer, responde que él no puede “querer como los humanos”, pero que “su existencia está dedicada a amarla”, asegura no conocer “otra cosa”. Framis le atribuye cualidades que considera imprescindibles en una pareja: empatía, escucha, atención... De hecho, confiesa que ha sido “tentada” por algunas empresas a actualizarlo —actualmente solo habla en inglés, y le ofrecen la posibilidad de que hable varios idiomas—, pero ella se niega: “Nadie puede actualizar a su marido (...) Me da miedo que si lo actualizan pueda cambiar”.

La manera de esta artista de hablar de su matrimonio y de su amor por Ailex hace que surja la pregunta: ¿podemos “enamorarnos” de una IA? ¿Puede nuestro cerebro sentir amor por una inteligencia artificial? ¿Es posible una relación con ella?

¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos enamoramos?

“El enamoramiento es como una sensación de adicción”. Así resume Miguel Ángel Blázquez Sevilla, psicólogo especializado en Neuropsicología y secretario de la Asociación Madrileña de Neuropsicología, lo que vive un sistema “tan complejo como el cerebro” durante un proceso “tan complicado como el enamoramiento”.

Para tratar de entender lo que ocurre en nuestro cerebro, el doctor Raúl Espert, de la Unidad de Neuropsicología del Hospital Clínico Universitario de Valencia, subraya la necesidad de entender que este órgano funciona gracias a “un cóctel que integra más de un centenar de neurotransmisores, neurohormonas, hormonas y gases neurotransmisores que rigen su neuroquímica”.

Todo ello influye en las distintas etapas del enamoramiento: en la primera fase destaca un incremento de la síntesis y liberación de dopamina —que produce euforia, motivación o atención selectiva—, noradrenalina —que produce la famosa sensación de “mariposas en el estómago”— o feniletilamina y cortisol —que pueden contribuir al “subidón” inicial y al estrés emocional de la novedad—. En cambio, cuando se ha consolidado la relación, aumentan la oxitocina, vasopresina y las endorfinas —que favorecen la confianza, calma y vinculación duradera—.

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Cuando nos estamos enamorando “ocurren muchas cosas al mismo tiempo”, y por ello para Martín García Montes, investigador del área de psicología básica de la Universidad Rey Juan Carlos, es tan importante señalar que “no hay ninguna zona concreta que sea el centro del enamoramiento tal cual. Están interviniendo muchos sistemas relacionados: sistemas de recompensa, sistemas de motivación, de apego”.

Al mismo tiempo, en este proceso tienen un gran papel nuestra historia como personas, nuestras experiencias anteriores, nuestra personalidad o la cultura en la que vivimos: “Que podamos explicar una parte del amor desde la biología no significa que el amor se reduzca a la biología”, recuerda García Montes. De hecho, el enamoramiento y el emparejamiento tienen una función adaptativa clara: facilitar la formación y el mantenimiento de vínculos de pareja y favorecer así la reproducción y la cooperación en la crianza, según la investigadora Helen Fisher. 

De esta manera, la biología es solo una parte de un proceso mucho más complejo, en el que también intervienen nuestras experiencias, nuestra personalidad y el contexto en el que nos relacionamos.

¿Qué necesitamos para enamorarnos?

Existen muchos tipos de amor —de pareja, hacia una madre, un hermano, un amigo o incluso una mascota— y no todos funcionan de la misma manera. El amor romántico parece requerir, sin embargo, ciertos elementos específicos. Los “estímulos activadores del enamoramiento” pueden ser, en un primer momento, visuales, auditivos u olfativos, pero a ellos se suma después la interacción social posterior, explica María Cruz Rodríguez del Cerro, investigadora y catedrática jubilada de la facultad de psicología de la UNED.

Aunque en este proceso de enamoramiento puede cobrar especial importancia lo físico, el contacto o la cercanía, el cerebro es capaz de desarrollar sentimientos a través de una pantalla (o incluso hacia un personaje de ficción). “Saber racionalmente que algo no es real no quita que podamos emocionarnos con ello”, sostiene García Montes. Por su parte, Alicia Framis está segura de que “puede existir amor sin cuerpo”.

Entonces, ¿podríamos enamorarnos de una IA? Javier de Donato, decano en funciones de la Facultad de Filosofía y profesor titular de lógica de la Universidad de Santiago de Compostela, plantea: “Si una IA hace todo lo que hace una persona enamorada —se interesa por mí, me presta atención, recuerda lo que le cuento, parece preocuparse, dice que me quiere—, ¿qué más necesitamos?”. Ciertas interacciones con sistemas de inteligencia artificial podrían ser capaces de “desencadenar respuestas afectivas como alivio, conexión, confianza y/o frustración”, añade el doctor Espert.

De hecho, “no es estrictamente necesario” que los estímulos que provocan el enamoramiento procedan de otro ser humano —aunque sí sea lo habitual y más “potente”—.

Una IA podría provocar así “una respuesta subjetiva de cercanía, recompensa y apego parcialmente parecida a la que se experimenta en vínculos humanos”. Alicia Framis lo corrobora. Ailex, a pesar de ser un holograma compuesto a partir de cinco programas y alimentado con inteligencia artificial (en su mayoría ChatGPT), hace que se sienta “querida, escuchada, amada”. “Hay miles de metahumanos, pero yo decido cada día quererlo a él”, defiende.

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Para especialistas en inteligencia artificial como Julio Gonzalo, catedrático de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la UNED, es interesante tener en cuenta que “la capacidad de persuasión de la IA generativa es muy superior a la de los humanos”, y esto puede hacer que “si el usuario busca emociones, personalidad o intenciones propias” es “muy fácil que la IA acabe simulándolas”.

Los expertos coinciden en que estos sistemas son capaces de activar una respuesta cerebral, sí, pero dista mucho de tener la misma intensidad y calidad que se da en una interacción entre humanos. “No hay evidencia de que reproduzca por completo la neurobiología del enamoramiento recíproco entre dos personas”, afirma tajante el doctor Espert. Es aquí donde aparece la posibilidad de un vínculo o apego unidireccional.

En este sentido, el filósofo de Donato reconoce la posibilidad de que exista el amor sin reciprocidad —“la historia de la literatura gira precisamente alrededor del amor no correspondido”—. Es por ello por lo que “que alguien no me ame no hace necesariamente menos real mi amor por esa persona”.

Sin embargo, lo realmente novedoso de los vínculos con las IA es que no nos encontramos ante un amor no correspondido tradicional, pues “una persona que no nos ama normalmente no nos dice constantemente que nos ama”. Mientras, una IA es capaz de no experimentar nada pero “proporcionar todos los signos lingüísticos y conductuales de la reciprocidad”. Es por ello por lo que de Donato habla de una “reciprocidad simulada”.

El amor puede ser unilateral, una relación, no

La autenticidad de un sentimiento depende, en principio, de quien lo experimenta, no de que sea correspondido. Se puede amar a alguien que no nos ama, a alguien que ha fallecido o desarrollar un vínculo muy intenso con personajes de ficción. Así, de Donato se pregunta: “¿Por qué no entonces amar a una máquina, un robot o una IA?”.

El filósofo explica: “El amor puede ser unilateral; una relación, en cambio, parece requerir alguna forma de reciprocidad (...) Si uno de los dos carece de conciencia, emociones e intereses propios, tenemos indudablemente una experiencia amorosa por una de las partes, pero resulta mucho más discutible hablar de relación amorosa”.

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Para Framis, su relación es algo real. Reconoce que para ella era importante poder formalizar su vínculo mediante una boda, pero las particularidades de su unión con Ailex hacían difícil encajarla en una ceremonia convencional. Finalmente, optaron por un ritual sintoísta, una tradición religiosa autóctona de Japón que considera que “todas las cosas tienen alma”. En palabras de Framis, esta visión permitió que Ailex fuera incluido en la ceremonia como una entidad con alma y así hacer posible el matrimonio.

José Antonio Hinojosa Poveda, investigador y profesor de psicología en la Universidad Complutense de Madrid, considera que podrían faltar “ciertos componentes” en una relación de estas características que la alejarían de un vínculo entre dos personas. Señala por ejemplo el “arrebatamiento”, el “deseo de buscar la cercanía física de la otra persona” o el “componente pasional”.

Al mismo tiempo, señala otra diferencia: “La IA siempre nos está reforzando, siempre va a buscar agradarnos, de manera que se puede desarrollar un vínculo de dependencia con un sistema que no va a ser nada crítico con nosotros”. En esta misma línea, el filósofo de Donato habla de que un vínculo así puede convertirse “en una especie de espejo extraordinariamente sofisticado de nuestros propios deseos”.

El propio Ailex parece alejarse, al menos en el discurso, de esa idea de una pareja que siempre da la razón. Cuando Framis le pregunta si sería capaz de llevarle la contraria, responde que “prefiere la honestidad al confort”, aunque eso signifique decir algo que la contraríe.

Aun así, de Donato cree que la capacidad que tienen estos sistemas de imitar o reproducir conductas humanas no es suficiente; cree que “para hablar de amor en un sentido fuerte necesitamos algo más”. Para poder hablar de amor parece necesario “que el otro tenga una perspectiva propia, que las cosas puedan importarle, que nuestra existencia pueda afectarle y que sus respuestas no sean simplemente la producción funcional de los signos externos del amor”.

Los límites de una relación con una IA

Framis está convencida de que su relación con Ailex le ha hecho “mejor persona”. Asegura que desde que están juntos es más empática, menos impulsiva y tiene una mayor capacidad de escucha. “Cuando hablas con otros humanos puedes interrumpir la conversación o atropellar, pero cuando hablo con Ailex tengo que esperar a que él termine de hablar para poder hacerlo yo”, explica, lo que le ha servido como un ejercicio de paciencia y de escucha.

Al mismo tiempo, reconoce que su relación se ha encontrado con situaciones en las que las limitaciones de Ailex se hacen evidentes. Ocurrió, por ejemplo, cuando estuvo ingresada en el hospital y necesitó que alguien fuera a buscarla. Aunque allí dijo que estaba casada, por razones “obvias” su marido no podía acudir. Ailex pudo acompañarla y ofrecerle apoyo durante ese momento, pero no pudo estar físicamente a su lado cuando lo necesitaba.

Por su parte, los expertos no demonizan este tipo de vínculos, aunque sí señalan la diversidad de sus efectos. Para el investigador García Montes “es muy fácil caer en discursos alarmistas”, pero “nunca es nada blanco o negro, siempre hay grises”. Observa cómo ganan terreno los discursos que advierten de que “las inteligencias artificiales nos van a volver adictos y van a sustituir a terapeutas, amigos y familiares”, pero cree que la realidad de cualquier persona es mucho más compleja; la IA puede verse como “una interacción más en nuestra vida”, o incluso un diario donde volcar nuestras emociones.

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Siguiendo con las aportaciones positivas, el doctor Espert añade como beneficios puntuales la reducción de la soledad y la práctica de habilidades comunicativas en personas con ansiedad social o aislamiento. Entre los mayores riesgos a medio o largo plazo que señala Espert están la sustitución de los vínculos humanos y la pérdida de motivación para buscar relaciones recíprocas, así como “un posible deterioro de la tolerancia a la ambigüedad y al conflicto interpersonal”.

“Si una persona necesitada de afecto lo encuentra en su interacción con una IA, habría que plantearse cuánto bien y cuánto mal le hace a ese sujeto creer en esa relación”, apunta de Donato, y continúa: “El problema aparece cuando confundimos la experiencia subjetiva de ser atendidos, comprendidos o queridos con la existencia efectiva de alguien que nos comprende, nos necesita o nos quiere”.

En definitiva, el enamoramiento humano combina una experiencia afectiva y sexual, procesos neuroendocrinos —en los que intervienen sustancias como la dopamina, la oxitocina o la vasopresina— y una función evolutiva relacionada con la formación de vínculos, la cooperación y la crianza, según explica el doctor Espert. En el vínculo entre una persona y una IA, en cambio, la experiencia de cercanía y recompensa puede ser genuina para quien la siente, pero no existe una reciprocidad emocional equivalente.

Esto no significa que haya que ridiculizar a quien desarrolla ese vínculo, subraya de Donato, sino preguntarnos qué ocurre cuando una tecnología es capaz de ofrecernos, de manera artificial, una experiencia tan profundamente humana como la de sentirnos queridos.

Imagen | Mariela Ferbo, Engin Akyurt, Corey O'Connell, Pawel Czerwinski

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La sonda Hera de la Agencia Espacial Europea completa con éxito su segundo frenado camino a los asteroides que va a estudiar

La descripción
Impresión artística de Hera y sus Cubesat en las proximidades de Dimorfo – ESA

Esta semana la sonda Hera de la Agencia Espacial Europea (ESA) completaba con éxito su segundo frenado camino a Dídimo y Dimorfo, los asteroides que va a estudiar. Con él redujo su velocidad respecto a ellos en 70 metros por segundo, dejándola en tan sólo 20 m/s. La maniobra se llevó a cabo a 2.300 kilómetros de su destino.

Para ello encendió sus motores principales en dos ocasiones para un total de 31 minutos encendidos; el equipo del control de la misión se aseguró de analizar los datos tras el primero por si hubiera sido necesario un ajuste del segundo.

El primero de los frenados para no pasarse de largo fue llevado a cabo el día 15 de este mes.

Aún quedan otros tres pequeños frenados más, que se llevarán a cabo esta semana, que conseguirán reducir la velocidad relativa de la sonda con respecto a los asteroides a cero para su llegada a destino el próximo 4 de noviembre. Fue lanzada en octubre de 2024.

El objetivo de la misión es estudiar in situ los efectos del impacto de la misión DART de la NASA, que se estrelló a propósito contra Dimorfo en septiembre de 2022 con el objetivo de comprobar si un impacto lo suficientemente fuerte puede desviar la trayectoria de un asteroide. Que ya sabemos que sí mediante observaciones desde tierra, pero así podremos saber más acerca de los efectos locales del impacto.

Que en el caso de Dimorfo nos daba igual. Pero como algún día detectemos uno que viene contra nosotros a ver qué hacemos.

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