25 de mayo de 2026

Científicos alertan en Science que la política ambiental de Chile está en riesgo tras la retirada de 43 decretos

Una carta publicada en la revista Science advierte que la paralización de normas ambientales impulsada por el Gobierno de José Antonio Kast compromete avances en biodiversidad, acción climática y certeza regulatoria. Los autores de la misiva sostienen que la medida debilita la gobernanza ambiental del país y pone en entredicho su capacidad para cumplir metas internacionales.

La advertencia llega a una de las principales revistas científicas del mundo

La preocupación por el rumbo ambiental de Chile alcanzó esta semana visibilidad internacional. En una carta publicada en Science, los investigadores Juan G. NavedoHugo A. BenítezCristina Dorador, y Luis Vargas-Chacoff advirtieron que la retirada de 43 decretos ambientales impulsada por el Ejecutivo representa una amenaza para la continuidad de políticas públicas desarrolladas durante varios años en materias como conservación, cambio climático y salud ambiental.

El texto, titulado “Chile’s environmental policy at risk”, sostiene que la decisión adoptada al inicio de la nueva administración no solo afecta procedimientos regulatorios concretos, sino que además instala una señal de inestabilidad institucional en un ámbito que requiere planificación de largo plazo, coordinación intersectorial y cumplimiento sostenido de compromisos internacionales. Según la carta, seis de los decretos retirados fueron reingresados a tramitación, mientras que otros 37 continúan en evaluación.

La publicación se suma a las alertas ya planteadas en Chile por parte de la comunidad científica y recogidas por medios nacionales. Varios investigadores calificaron la medida como “un retroceso sustancial para la conservación”, al considerar que sus efectos podrían ir más allá del ámbito administrativo y repercutir sobre ecosistemas estratégicos, políticas climáticas y herramientas de protección ambiental.

Qué normas están en juego

Uno de los puntos centrales de la carta es el impacto de esta decisión sobre la Ley Marco de Cambio Climático y la implementación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP). Los autores explican que siete de los decretos retirados estaban vinculados precisamente a instrumentos contemplados en esa ley, entre ellos mecanismos como los mercados de compensación de gases de efecto invernadero y disposiciones necesarias para poner en marcha la nueva institucionalidad de biodiversidad.

A juicio de los investigadores, el retraso de estas normas puede debilitar los marcos legales que permiten desarrollar certificados transables asociados a reducción de dióxido de carbono, gestión de biodiversidad y servicios ecosistémicos. Esa dimensión es especialmente sensible porque conecta la regulación ambiental con mecanismos de financiación pública y privada destinados a apoyar resultados verificables de conservación. Si esos instrumentos se frenan, advierten, también se dificulta cerrar la brecha de financiación para la biodiversidad en línea con el Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal.

En términos prácticos, lo que está en disputa no es únicamente la vigencia de una serie de decretos, sino el andamiaje normativo que permite traducir compromisos ambientales en políticas operativas, incentivos económicos y reglas estables para la acción pública y privada. Esa estabilidad, sostienen, es indispensable para que la transición ecológica no dependa de cambios coyunturales de gobierno.

Salares protegidos y presión por el litio

La carta pone además especial atención sobre los ecosistemas altoandinos. Entre los decretos retirados se encontraban propuestas orientadas a establecer una red de salares protegidos, con el objetivo de resguardar al menos un 30% de estos ecosistemas frente a la extracción de litio, en coherencia con la meta global de proteger el 30% de la superficie terrestre y marina para 2030.

El punto no es menor. Chile figura entre los países con mayores reservas de litio del mundo, por lo que enfrenta crecientes presiones para expandir la explotación de este recurso en un contexto de demanda global asociada a la transición energética. Sin embargo, los salares son ecosistemas frágiles, con equilibrios hidrológicos delicados y una biodiversidad altamente especializada. Para los autores, cualquier retroceso en su protección supone un riesgo doble: por un lado, para la conservación de ecosistemas únicos; por otro, para la credibilidad del país en materia de sostenibilidad.

Esa tensión entre desarrollo extractivo y resguardo ambiental influiría en la paralización regulatoria, afectando directamente iniciativas de conservación y mecanismos orientados a limitar los impactos de actividades productivas sobre especies, áreas protegidas y salud ambiental.

La continuidad de la política ambiental no debería depender del ciclo político

Más allá del detalle técnico de cada decreto, el mensaje de fondo de la carta es político e institucional: el avance de Chile hacia una economía sostenible no debería quedar supeditado a los cambios de administración. Los investigadores advierten que una gobernanza ambiental robusta exige continuidad, previsibilidad y respeto por marcos regulatorios construidos a lo largo del tiempo, especialmente cuando esos marcos responden a obligaciones legales previas y a compromisos internacionales vigentes.

De hecho, los autores señalan que en 21 de los decretos retirados ya existían plazos establecidos por leyes anteriores para su redacción y promulgación. Si esos plazos no se cumplen sin una justificación explícita, las normas podrían incluso perder fuerza legal. Desde esa perspectiva, el problema no se limita al retraso administrativo, sino que afecta la capacidad del Estado para sostener políticas ambientales basadas en evidencia y con proyección de largo plazo.

La carta plantea que este tipo de reversas resulta difícil de conciliar tanto con el interés social como con los compromisos asumidos por Chile en acuerdos internacionales sobre clima y biodiversidad. En otras palabras, la señal que proyecta el país no solo se observa internamente: también es leída por organismos multilaterales, inversores, empresas y actores internacionales que siguen de cerca la consistencia de su trayectoria ambiental.

Transparencia y certeza regulatoria

Frente a este escenario, los firmantes piden que el Gobierno transparente los criterios con los que está evaluando los 37 decretos pendientes y explique con claridad las razones de sus decisiones finales. A su juicio, una comunicación pública oportuna y fundamentada permitiría reducir la incertidumbre y entregar señales más consistentes tanto a los actores nacionales como a las comunidades internacionales interesadas en la sostenibilidad y la inversión verde.

El llamado apunta a un aspecto clave del debate ambiental contemporáneo: la certeza regulatoria. En un contexto global en el que clima, biodiversidad, inversión y desarrollo productivo están cada vez más entrelazados, la fortaleza de las instituciones ambientales se ha convertido en un factor estratégico. Cuando esa fortaleza se debilita o se vuelve impredecible, no solo se ralentizan políticas públicas; también se erosiona la confianza de quienes deben planificar proyectos, orientar financiación o evaluar el cumplimiento de estándares internacionales.

Más que una controversia administrativa

La publicación de esta carta en Science amplifica una discusión que ya venía instalándose en Chile, pero la sitúa en un plano de mayor alcance. No se trata únicamente de una controversia administrativa sobre decretos retirados o reingresados, sino de una disputa sobre el tipo de gobernanza ambiental que el país quiere sostener en un momento decisivo para su futuro ecológico y productivo.

En un país con ecosistemas únicos, alta presión extractiva y un rol creciente en la economía verde global, la estabilidad de la política ambiental no aparece como un asunto secundario. Para los autores, su debilitamiento compromete simultáneamente la protección de la biodiversidad, la acción climática y la capacidad del Estado para actuar con coherencia frente a desafíos de largo plazo. La advertencia, por tanto, trasciende el caso puntual de los 43 decretos: pone sobre la mesa la pregunta de si Chile mantendrá una política ambiental como política de Estado o si esta quedará expuesta a los vaivenes de cada ciclo político.

La entrada Científicos alertan en Science que la política ambiental de Chile está en riesgo tras la retirada de 43 decretos se publicó primero en Revista Ecociencias.



☞ El artículo completo original de Revista Ecociencias lo puedes ver aquí

Los astrónomos tienen clarísimo que hay vida extraterrestre. También que tardaremos 1.500 años en encontrarla

Los astrónomos tienen clarísimo que hay vida extraterrestre. También que tardaremos 1.500 años en encontrarla

Llevamos casi un siglo enviando señales hacia el cosmos a través de transmisiones de radio de alta potencia o incluso con los radares militares que hay alrededor de todo el planeta. Poco a poco, la humanidad ha ido creando una "burbuja" electromagnética que se expande a la velocidad de la luz, pero para desgracia de algunos, todavía no hemos recibido una respuesta a todas estas señales, y es fácil caer en el pesimismo sobre la ausencia de otros seres vivos más allá de nuestra atmósfera.

Las matemáticas. La cuestión aquí no es si conectaremos con la inteligencia extraterrestre, sino cuándo. Y aquí la comunidad científica cuenta con un gran optimismo, puesto que la comunidad astronómica no se basa en avistamiento de ovnis, sino en la estadística pura. Aquí instituciones como el SETI llevan décadas escaneando el cielo, y aunque todavía no hay evidencia de interferencia o señales de origen artificial, la convicción de que no estamos solos es más fuerte que nunca. 

La burbuja. Para entender por qué los científicos están tan seguros de esto, primero hay que mirar la escala del problema que está en nuestra Vía Láctea, que cuenta con 100.000 años luz de diámetro. Esta cifra tan monstruosa choca contra nuestra burbuja de radio que apenas roza los 100 años luz, por lo que a escala galáctica, ni siquiera hemos cruzado la calle. 

Aquí es donde entra en juego la famosa paradoja de Fermi, que apunta a que, si el universo es tan vasto y antiguo, debería haber alguien a nuestro alrededor, y es por eso que la pregunta que se hizo este investigador pasó a la historia: ¿dónde está todo el mundo? La respuesta más respaldada por la astrobiología moderna se apoya en el "Principio de Mediocridad", un concepto astronómico que sostiene que la Tierra no tiene nada de especial y apunta a que, si la vida surgió aquí bajo ciertas condiciones físicas y químicas, es estadísticamente inevitable que haya surgido en una fracción de los miles de millones de exoplanetas que orbitan zonas habitables en nuestra galaxia.

Se sigue investigando. En 2016, un influyente estudio de la Universidad de Cornell puso números a esta paradoja. Para ello, se cruzó la ecuación de Drake con la expansión de nuestra burbuja de radio con el objetivo de calcular cuánto tendría que viajar nuestra señal para alcanzar un número suficiente de estrellas que garantizara, por pura probabilidad estadística, una respuesta.

El resultado arrojó una cifra que se ha convertido en una referencia recurrente en la divulgación espacial: el contacto no debería esperarse antes de unos 1.500 años. Según este modelo matemático, que nuestras señales lleguen a oídos extraterrestres requiere que abarquemos al menos la mitad de la galaxia. Hasta entonces, parecerá que estamos solos, aunque el universo rebose de vida.

¿Dónde buscamos? Mientras que el reloj de los 1.500 años sigue corriendo, los científicos no se quedan de brazos cruzados, y es por eso que tenemos iniciativas como la del SETI que no solo buscan escuchar algo, sino entender cómo deberíamos escucharlo. Y es que durante décadas, la búsqueda de vida se ha centrado en frecuencias de radio muy específicas, destacando la famosa línea de emisión de hidrógeno de 1420 MHz, asumiendo que cualquier civilización avanzada usaría esa frecuencia universal para comunicarse. Pero... ¿Y si no es así?

Nuevos enfoques apuestan por diversificar la búsqueda hacia tecnofirmas más amplias, puesto que ya no se trata solo de buscar un "hola" intencionado en forma de onda de radio, sino de detectar la contaminación electromagnética de otras civilizaciones, el uso de láseres ópticos para comunicación interplanetaria, o incluso buscar señales en frecuencias de radio de baja frecuencia que hasta ahora habían sido ignoradas o descartadas por la interferencia terrestre.

Imágenes | Graham Holtshausen 

En Xataka | Si queremos encontrar vida extraterrestre, ya sabemos en qué punto del espacio debemos buscar: la "zona terminator"

-
La noticia Los astrónomos tienen clarísimo que hay vida extraterrestre. También que tardaremos 1.500 años en encontrarla fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .



☞ El artículo completo original de José A. Lizana lo puedes ver aquí

Llevamos años preocupados por los "falsos positivos". El problema es otro: encontrar vida extraterrestre e ignorarla

Llevamos años preocupados por los "falsos positivos". El problema es otro: encontrar vida extraterrestre e ignorarla

Estamos acostumbradísimos a escuchar que alguien ha encontrado posibles signos de vida en el espacio. Luego nunca se encuentra vida, pero el rastro parece estar ahí. Todos esos hallazgos suelen acabar siendo falsos positivos, algo con lo que los astrobiólogos están más que familiarizados. Sin embargo, según un estudio que se acaba de publicar en Nature Astronomy, podrían estar pasando por alto los falsos negativos y eso sí que sería grave.

Pasar la vida de largo. Lo que señalan los autores de este estudio es que los falsos negativos podrían ser más comunes de lo que pensamos. Es decir, muchas de las veces que se concluye claramente que no hay vida en un lugar del espacio, podría ser que sí existiese, pero se hubiese pasado de largo sin detectarla. 

Las causas. Podría haber tres motivos por los que se dan esos falsos negativos. Por un lado, que no se preserven huellas de vida. Es decir, existe o ha existido, pero no ha dejado un rastro detectable. También podría ser que esa huella sea difícilmente detectable. O, quizás, que los métodos que se usan para detectarla tengan limitaciones. 

En esa línea, los autores del estudio ponen un ejemplo. Imaginemos que hay un ser vivo que, a través de sus reacciones metabólicas, genera algún gas que se entienda como rastro de vida. Quizás oxígeno o metano. Pero imaginemos también que hay una actividad geológica en ese lugar que capta ese gas del ambiente. No daría tiempo a medirlo. Por eso, habría que abarcar la detección de vida desde otros puntos.

Los riesgos. Hay dos riesgos principales de no prestar atención a los falsos negativos. Por un lado, se le estaría restando prioridad a instrumentos que ayudarían a encontrar aún más rastros de vida. Si no encontramos nada que justifique su desarrollo, limitamos las posibilidades de seguir buscando. Por otro lado, si no se busca vida adecuadamente, se podrían explotar recursos de otros planetas en los que se encuentre dicha vida. La destruiríamos antes de saber ni siquiera que existió. 

Soluciones. Estos científicos creen que la búsqueda de patrones mediante inteligencia artificial podría ser una opción. Si hasta ahora los métodos habituales no han funcionado, quizás habría que pedirle a un algoritmo que detecte patrones que nos han pasado desapercibidos para encontrar nuevas vías de búsqueda. 

En esa misma línea, también habría que estudiar mejor el terreno y prestar atención a anomalías. Por ejemplo, si en un planeta se detecta un tipo de oxidación poco convencional, inexplicable con lo que conocemos en la Tierra, podría ser que estuviese asociada a alguna forma de vida. Quizás no se parezca a la oxidación que llevan a cabo los seres vivos terrestres, ¿pero quién dice que deba ser igual? Hay que pensar fuera de la caja.

Combinar distintos tipos de trabajo. En definitiva, estos científicos consideran que para buscar vida adecuadamente hay que combinar experimentos de laboratorio con modelización y trabajo de campo. Pero, sobre todo, es importante cambiar las preguntas que nos hacemos. 

¿Y si se ha encontrado ya? En 2019, un ex científico de la NASA contó en un artículo para Scientific American que, según él, su agencia encontró vida en Marte, pero la destruyó sin querer. Supuestamente, todo ocurrió en la década de 1970, en un experimento que formaba parte de la misión Viking. Este consistía en depositar nutrientes en el suelo y comprobar si se producían gases típicos de la descomposición microbiana. Después, para asegurar que no fuese casualidad, repetirían el proceso, pero añadiendo al suelo una sustancia letal para organismos vivos. En ese caso, no se deberían producir los gases. Y no, no se produjeron, así que había algo vivo generando los gases. 

Fue una gran noticia, pero la NASA no llegó a publicar ese resultado, porque al intentar replicar el experimento dio negativo. En ciencia es muy importante replicar los resultados, así que concluyeron que debió ser un falso positivo. Sin embargo, este ex miembro de la NASA, Gilbert V. Levin, considera que destruyeron la vida sin querer y por eso no pudieron replicarlo. Esta no deja de ser una anécdota. Lo más probable es que, efectivamente, no hubiesen encontrado vida. Sin embargo, esta historia demuestra que siempre estamos más predispuestos al falso positivo que al falso negativo. Habría que cambiar un poco el foco. Quizás así encontremos por fin algo de vida más allá de nuestro propio planeta. 

Imágenes | Eric Erbe y Christopher Pooley (imagen ilustrativa de E.coli, no tiene que ver con el estudio)/ Brett Ritchie (Unsplash)

En Xataka |  La vida en la Tierra vivió un espectacular cambio hace 540 millones de años. Tenemos una nueva explicación del porqué


-
La noticia Llevamos años preocupados por los "falsos positivos". El problema es otro: encontrar vida extraterrestre e ignorarla fue publicada originalmente en Xataka por Azucena Martín .



☞ El artículo completo original de Azucena Martín lo puedes ver aquí

Vigilabebés espía: 1,1 millones de cámaras Meari accesibles desde internet sin contraseña ni hackeo

Vigilabebés espía: 1,1 millones de cámaras Meari accesibles desde internet sin contraseña ni hackeo

Un investigador de seguridad independiente llamado Sammy Azdoufal publicó en mayo de 2026 uno de los casos de vulnerabilidad en cámaras domésticas más documentados y perturbadores de los últimos años. Simplemente analizando la aplicación de Android de la marca Meari Technologies, extrajo una clave única que le permitió acceder a 1,1 millones de cámaras distribuidas en 118 países, incluidos vigilabebés activos en habitaciones de niños. El ataque no requería hackear nada: la clave estaba en la app, visible para cualquiera que supiera dónde buscar. La investigación completa está documentada en su repositorio de GitHub bajo el título «Nobody puts baby in a corner».

Lo que encontró Azdoufal al otro lado de esa llave no era solo imágenes de seguridad de aparcamientos. Eran habitaciones infantiles decoradas con Hello Kitty, bebés mirando directamente a la cámara, momentos familiares privados. Y cualquiera con los conocimientos técnicos básicos podía verlos.

Meari Technologies: el fabricante que nadie conoce pero que fabrica para todos

Meari es una empresa china de fabricación de marca blanca. Su nombre no aparece en las cajas de la mayoría de sus productos: fabrica cámaras para docenas de marcas que venden en Amazon bajo sus propios nombres. Las marcas identificadas como usuarios de la plataforma Meari incluyen Arenti, Anran, Boifun, ieGeek, Wyze, Petcube, COCOCAM, PetTec, SV3C, Joystek, Luvion y Vimar. Según el análisis de eSecurity Planet, la vulnerabilidad afecta a más de 300 marcas que usan la misma plataforma tecnológica de Meari. El vector de identificación más fiable: si tu cámara usa la aplicación CloudEdge para visualizar el feed, está en la plataforma afectada, independientemente del nombre de la marca impreso en el hardware.

El problema no era un fallo en un modelo concreto sino en toda la arquitectura compartida. Meari usa una infraestructura cloud común para todas sus marcas cliente. Las fallas identificadas incluyen el CVE-2026-33356, que describe la ausencia de controles de acceso individuales por dispositivo en el broker MQTT (un protocolo de mensajería de máquina a máquina usado en plataformas IoT) de Meari. Cualquier cuenta gratuita en la plataforma CloudEdge podía suscribirse a notificaciones de todos los dispositivos de una región y monitorizar actividad en tiempo real. Azdoufal observó mensajes de más de 2.000 cámaras en cuestión de minutos desde una sola cuenta.

Las cinco capas de negligencia de seguridad

La investigación de Azdoufal documentó no uno sino varios fallos independientes, todos simultáneos:

Contraseñas por defecto: Las cámaras se enviaban con contraseñas de acceso predeterminadas como «admin» o «public» que la mayoría de usuarios nunca cambiaban.

Imágenes sin cifrar en la nube: Las fotos de alerta —las que la cámara envía cuando detecta movimiento— estaban almacenadas en servidores de Alibaba sin ningún tipo de control de acceso. Eran accesibles simplemente introduciendo la URL correcta en un navegador, sin necesidad de autenticación.

Servidor interno expuesto: Azdoufal encontró un servidor de Meari completamente desprotegido que contenía las credenciales de 678 empleados de la empresa —incluyendo el CEO— junto con datos operativos de la infraestructura. Nadie había protegido ese acceso.

Marcas sin aislamiento entre sí: Las distintas marcas que usaban la misma plataforma Meari compartían servidores y en algunos casos credenciales, sin ningún tipo de segregación. Una vulnerabilidad en la plataforma de Arenti exponía también las cámaras de Petcube y viceversa.

MQTT no autenticado: El sistema de mensajería de IoT que coordinaba las cámaras no tenía las protecciones estándar del protocolo, permitiendo acceso no autorizado en tiempo real.

La respuesta de Meari: amenazas primero, parches después

La respuesta inicial de Meari a las comunicaciones de Azdoufal fue, según el investigador y múltiples medios que verificaron el intercambio, amenazarle. La empresa le indicó que sabía dónde vivía y sugirió que su investigación era ilegal. Solo después de que el caso atrajera atención pública y los propios datos de empleados de Meari quedaran expuestos, la compañía reaccionó con medidas técnicas: cerrar la plataforma EMQX vulnerable, rotar las credenciales comprometidas y publicar actualizaciones de firmware para algunos modelos afectados.

El bug bounty final fue de 24.000 euros. Para una vulnerabilidad que afectaba a 1,1 millones de dispositivos en 118 países, es una cifra modesta según los estándares del sector. Por comparación, Google paga hasta 150.000 dólares por vulnerabilidades críticas en Chrome, y Apple hasta 2 millones por exploits zero-click en iOS.

La seguridad IoT en el hogar tiene un problema estructural que va más allá de Meari: el 57% de los dispositivos IoT tienen vulnerabilidades conocidas que sus fabricantes nunca parchean, según Palo Alto Networks. Las cámaras de seguridad domésticas, bien configuradas, son una herramienta legítima, pero la selección del fabricante y la configuración inicial marcan la diferencia entre protección real y agujero de privacidad. Mejorar la seguridad del hogar con cámaras inteligentes empieza siempre por verificar que el fabricante tiene historial de actualizaciones de seguridad, algo que Meari claramente no había priorizado.

Mi valoración

Este caso tiene la combinación más preocupante posible: dispositivos diseñados explícitamente para vigilar a los miembros más vulnerables de una familia —bebés y niños pequeños— con una arquitectura de seguridad que parece diseñada activamente para fallar. No un bug aislado: cinco capas de negligencia simultáneas, incluyendo el almacenamiento de imágenes de menores en servidores sin protección.

Lo que más me preocupa es el patrón de respuesta de Meari: amenazas al investigador antes que parches. Esa reacción dice mucho más sobre la cultura de seguridad de la empresa que el propio bug. Una empresa que se toma la seguridad en serio agradece a los investigadores de buena fe y paga bounties proporcionales. Meari hizo exactamente lo contrario, al menos hasta que la presión fue insostenible.

La solución práctica para quienes tienen cámaras de estas marcas: verificar si usan la app CloudEdge, actualizar el firmware a la versión más reciente, cambiar las contraseñas por defecto, y valorar migrar a cámaras de fabricantes con historial auditado de respuesta a vulnerabilidades (Apple HomeKit, Google Nest o Arlo tienen mejores credenciales en este sentido).

Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si mi cámara está afectada?

El indicador más fiable es la app que usas para ver el feed. Si la aplicación se llama CloudEdge, tu cámara está en la plataforma Meari y podría haber estado afectada. La lista de marcas confirmadas incluye Arenti, Boifun, ieGeek, Wyze, Petcube, Luvion, Vimar, y más de 300 marcas adicionales según las investigaciones.

¿Ya está solucionado el problema?

Meari cerró la plataforma EMQX vulnerable, rotó credenciales comprometidas y publicó actualizaciones de firmware para algunos modelos. Sin embargo, las actualizaciones de firmware requieren que el usuario las instale manualmente o que la cámara tenga activada la actualización automática. Verifica en la app que tu dispositivo tiene la versión de firmware más reciente.

¿Debo tirar mi cámara Meari?

No necesariamente. Actualiza el firmware, cambia las contraseñas predeterminadas por contraseñas robustas y revisa que no tienes activado el acceso remoto innecesariamente. Si la app CloudEdge tiene una actualización disponible, instálala. Si no tienes confianza en el fabricante tras este incidente, existen alternativas con mejor historial de seguridad.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

Creíamos tener claro cómo se formaron los continentes, hasta que unos investigadores encontraron una piedra en Australia

Creíamos tener claro cómo se formaron los continentes, hasta que unos investigadores encontraron una piedra en Australia

La Tierra funciona con la mecánica de la tectónica de placas, es decir, las placas tectónicas se mueven, chocan y se hunden unas bajo las otras. La pregunta que lleva sobre la mesa de la ciencia es cuándo empezó a funcionar así y la respuesta es complicada, simple y llanamente porque no se conserva ninguna roca de más de 4.030 millones de años que permita reconstruir ese periodo (spoiler: es el gneis de Acasta y está en Canadá). 

La única pista que tenemos son los circones, unos cristales tan resistentes que casi lo aguantan todo: sobreviven hasta cuando la roca que los alberga desaparece, así que funcionan como una suerte de cápsula del tiempo. Los más antiguos del mundo están en las colinas de Jack Hills, en Australia Occidental y tienen hasta 4.400 millones de años.

El hallazgo. Un equipo de investigación internacional liderado por John W. Valley de la Universidad de Wisconsin-Madison ha analizado la composición química de estos circones australianos y la ha comparado con otros circones de aproximadamente la misma edad encontrados en Barberton, Sudáfrica. Lo que encontraron fue sorprendente: mientras que los sudafricanos apuntan a una corteza terrestre quieta e inmóvil, los australianos indican que en ese lugar, una capa se hundía sobre otra (subducción).

La conclusión a la que llegaron es que hace 4.400 millones de años distintas partes de la Tierra funcionaban con mecanismos tectónicos diferentes al mismo tiempo: en algunos sitios había algo parecido a la tectónica de platas y en otros, la corteza permanecía estancada, como si fuera una tapa rígida. 

Por qué es importante. Hasta ahora, la historia oficial de la geología de la Tierra cuenta que el planeta pasó de tener una corteza inmóvil a tener tectónica de placas en torno a los 3.800 millones de años y que el cambio fue más o menos global y simultáneo. Pues no, este estudio lo desmonta: la subducción ya sucedía en algunas partes 600 millones de años antes, lo que significa que los continentes empezaron a formarse mucho antes de lo que se pensaba. Y que había terremotos por aquel entonces.

Esto también tiene su importancia para entender el origen de la vida. La subducción produce granito y corteza continental estable, que genera tierra firme, nutre los océanos con minerales y crea los entornos donde, según los registros más antiguos disponibles, la vida empezó a desarrollarse hace 3.700 - 4.100 millones de años. Si la subducción data de antes, esas condiciones favorables para la vida ya estaban también antes.

Contexto. Este debate no es nuevo y de hecho, la conclusión tampoco. Hay estudios que sostienen que la tectónica de placas empezó en el Hadeano temprano, otros que antes de que las placas empezaran a moverse, la corteza terrestre era una capa rígida e inmóvil, como una tapa, y el calor del interior salía a través de columnas de roca fundida que ascendían desde el manto, no mediante el movimiento y la colisión de placas. 

Y ojo, porque en ambos casos usaban esos mismos circones de Jack Hills para defender posturas opuestas, lo que da una idea de lo difícil que es interpretarlos. De hecho, ya hay estudios anteriores que usan los circones de Barberton para identificar un cambio de régimen tectónico en torno a los 3.800 millones de años. Este nuevo trabajo lo que hace es añadirle un matiz en forma de complejidad: el cambio estaba presente en Barberton, pero en Australia en Jack Hills la historia era diferente y más antigua.

Cómo lo han hecho. Con una técnica llamada espectrometría de masas de iones secundarios (SIMS), lo que permite medir con alta precisión algunos elementos químicos presentes en el circón (escandio, iterbio, niobio y uranio) porque sus proporciones varían según el tipo de entorno geológico en que se formó el mineral. Un circón formado en una zona de subducción tiene proporciones muy distintas a uno formado en una zona de tapa rígida. Además, analizaron la edad de los circones y por sus isótopos de hafnio y de oxígeno, que indican tanto el origen del manto o si había agua involucrada en el proceso. La foto completa con estos cuatro datos permite reconstruir el entorno geológico.

Sí, pero. El gran talón de Aquiles del estudio es que estos circones son granos sueltos arrastrados por la erosión, no muestras de roca en su lugar original.  Es decir, que pudieron viajar miles de kilómetros desde su origen. En resumen: no se sabe de dónde proceden. El segundo gran problema es que el método usado para identificar entornos tectónicos se calibró con rocas modernas, porque no hay rocas del Hadeano. Esto implica asumir que la química de entonces era similar a la de hoy, algo que nadie puede garantizar.


En Xataka | 4.500 millones de años de historia de la Tierra, resumidos en un espectacular vídeo-mapa

En Xataka | Creíamos tener una foto precisa de cómo era la Tierra hace 4.000 millones de años. Los circones están contando una historia distinta

Portada | Museo Virtual de Mineralogía y Gemini con IA


-
La noticia Creíamos tener claro cómo se formaron los continentes, hasta que unos investigadores encontraron una piedra en Australia fue publicada originalmente en Xataka por Eva R. de Luis .



☞ El artículo completo original de Eva R. de Luis lo puedes ver aquí