17 de julio de 2026

La ciencia creía que las tormentas geomagnéticas tenían un límite. Un error de cálculo llevaba décadas ocultando la verdad

La ciencia creía que las tormentas geomagnéticas tenían un límite. Un error de cálculo llevaba décadas ocultando la verdad

Es bien sabido que las tormentas geomagnéticas y los vientos solares pueden afectar notablemente a los dispositivos de telecomunicaciones en la Tierra. Sin embargo, siempre hemos tenido un dato que nos tranquilizaba bastante en ese aspecto: la saturación de las tormentas geomagnéticas. Esto significa que hay un límite a partir del cual, por mucho que aumente la intensidad de la tormenta, las corrientes eléctricas dañinas que normalmente se generan en nuestra atmósfera no siguen intensificándose. Significaría que ya hemos visto la peor cara de este fenómeno solar y, si bien ha sido bastante preocupante, no ha resultado desolador. 

El problema es que ahora un equipo de científicos de la NASA y la Universidad de Lancaster ha observado que, en realidad, este fenómeno de saturación era el resultado de un fallo estadístico conocido como regresión a la media. Parece que la intensidad de las corrientes eléctricas sí que puede seguir aumentando. Y claro, eso es muy preocupante.

Demasiado lejos. La intensidad de los vientos solares se mide mediante naves que está en el punto 1 de Lagrange (L1), mucho más cerca del Sol que de la Tierra. Esto no es casualidad. Se hizo a propósito, porque permite detectarlos con algo de margen de actuación antes de que impacten sobre nuestro planeta. Sin embargo, hay un problema, ya que la intensidad con la que realmente llegan esos vientos solares no es la misma que se midió en L1. 

Para saber la intensidad real con la que llegan a la Tierra se hace un cálculo extrapolando con la distancia. Esto nos da datos aproximados, pero nunca exactos. Para que realmente fuesen exactos, la intensidad de los vientos solares debería mantenerse constante todo el camino hacia la Tierra y eso no es así. Pueden intensificarse o debilitarse. Todo esto conduce a un margen de error en los cálculos. Además, la propia magnitud que se mide en las naves en L1 ya puede llevar a errores de cálculo, que aumentarían aún más ese margen. 

Regresión a la media. Cuando se hacen muchos cálculos que contienen errores, se da algo conocido como regresión a la media, donde los valores más extremos posiblemente estén sobredimensionados. Es decir, los vientos solares que se consideraron más extremos posiblemente no lo fuesen tanto. Por otro lado, los efectos de las tormentas geomagnéticas en la Tierra sí son fáciles de medir con exactitud, ya que se miden directamente en la Tierra. Y es aquí donde empiezan los problemas. 

Estamos relacionando unos valores en la Tierra con unos datos del Sol sobredimensionados. Lo que consideramos una respuesta máxima en la Tierra, en realidad se debe a que las tormentas solares no eran tan grandes como parece. Por eso se aplana la curva. Los científicos del estudio que se acaba de publicar consideran que con datos más reales de la intensidad de los vientos solares la curva no se aplanaría. Seguiría subiendo. 

Vientos solares y corrientes eléctricas. El Sol está rodeado de un gas formado por partículas cargadas eléctricamente, conocidas como plasma. Estas se encuentran continuamente en movimiento, dando lugar a lo que se conocen como vientos solares. El problema es que, a veces, cuando la actividad solar es muy alta, estos se mueven con mucha más intensidad. Tanto, que pueden llegar disparados hacia la Tierra. 

Por suerte, nuestro planeta cuenta con un campo magnético que, en principio, actúa como una burbuja, protegiéndonos de esas partículas cargadas. Hace lo que puede, pero si los vientos solares son muy intensos, porque la gran actividad solar ha desencadenado una tormenta geomagnética, las partículas acaban superando esa barrera y llegan a nuestra atmósfera. Ahí, se forman las corrientes eléctricas que son medidas para analizar los efectos de esta actividad en la Tierra.

Aurora Las auroras son resultado de esas corrientes eléctricas que se forman en la atmósfera

De auroras boreales a fallos en los satélites. Cuando estas partículas cargadas llegan a la Tierra pueden producirse dos tipos de efectos. Por un lado, las auroras boreales, que son el resultado de la emisión de luz en distintos colores cuando los átomos presentes en las moléculas de gas atmosféricas se excitan. Por otro lado, esas corrientes pueden afectar a nuestros sistemas eléctricos y de telecomunicaciones, causando problemas de diversa gravedad. Ya ha habido algunos fenómenos muy graves, como el Evento Carrington de 1859, en el que fallaron las comunicaciones telegráficas de todo el mundo. Ya en la época de los satélites, el más grande fue el apagón de Quebec de 1989, con el que toda la red eléctrica de esta provincia canadiese colapsó en apenas 92 segundos.

Hay que acortar distancias. Los autores del estudio que se acaba de publicar señalan que, para entender la verdadera magnitud de las tormentas geomagnéticas y los vientos solares, hay que colocar naves que midan su intensidad mucho más cerca de la Tierra. Ellos ya han analizado un millón de datos cercanos y los resultados no han sido alentadores. Por eso, la prevención es más esencial que nunca. Y es que, teniendo en cuenta que el fenómeno de saturación que tanto nos tranquilizaba no es real, lo de Carrington y Quebec se quedaría pequeño ante lo que podría llegar en un futuro. 

Imagen | Nithin Sivadas Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA

En Xataka | Las auroras se dejan ver en toda Europa, incluido el sur, durante la mayor tormenta geomagnética desde 2005


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¿Por qué dos ríos atmosféricos con la misma humedad pueden provocar lluvias muy distintas en los Andes?

Un estudio analizó 50 ríos atmosféricos —grandes corredores de humedad que llegan desde el océano Pacífico— para responder ¿por qué algunas tormentas generan precipitaciones mucho más intensas que otras, aun cuando transportan cantidades similares de humedad? La investigación fue liderada por Dipjyoti Mudiar, durante su postdoctorado en la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), y contó con la participación del académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias UAI e investigador titular de Data Observatory, Cristian Martínez-Villalobos.

Un nuevo estudio revela que la cantidad de humedad transportada por un río atmosférico no es suficiente para anticipar la intensidad de las lluvias que producirá al llegar a Chile. La investigación demuestra que las precipitaciones también dependen de la interacción entre esa masa de aire húmedo, la temperatura y el relieve abrupto de la cordillera de los Andes.

El trabajo, liderado por Dipjyoti Mudiar y desarrollado junto a Cristian Martínez-Villalobos, doctor en Ciencias Atmosféricas y Oceánicas, entrega una respuesta a una interrogante relevante para la meteorología y la gestión de riesgos: ¿por qué dos ríos atmosféricos con características similares pueden generar lluvias completamente diferentes?

Este conocimiento adquiere especial relevancia ante el sistema frontal que afecta actualmente a gran parte del territorio nacional, asociado precisamente a un río atmosférico zonal del mismo tipo que fue analizado en la investigación.

El estudio también contó con la participación de los investigadores Raúl Valenzuela y Roberto Rondanelli, en colaboración con la Universidad de Chile y la Universidad de O’Higgins. Sus resultados fueron publicados en la revista científica Geophysical Research Letters.

Qué descubrieron

Los investigadores analizaron 50 ríos atmosféricos zonales registrados entre 1980 y 2023 utilizando principalmente ERA5, una reconstrucción atmosférica de alta resolución que combina observaciones meteorológicas con modelos numéricos. El análisis se complementó con registros de rayos y observaciones satelitales de nubes.

Entre las variables estudiadas destacaron la cantidad de humedad transportada; la humedad relativa cerca de la superficie; la intensidad del ascenso del aire; y la pendiente del terreno.

Los resultados muestran que la lluvia no depende únicamente del vapor de agua disponible, sino también de las condiciones atmosféricas locales y de la interacción del flujo de aire con la cordillera.

«Encontramos que no basta con saber cuánta humedad trae una tormenta. Cuando ese aire húmedo llega a las laderas abruptas de los Andes, la cordillera lo obliga a ascender y enfriarse. Si el aire cercano a la superficie ya está muy húmedo, este proceso favorece un ascenso más intenso, la formación de nubes profundas y precipitaciones mucho mayores», explica Cristian Martínez-Villalobos.

Además de explicar mejor los eventos extremos en Chile, el estudio propone un marco conceptual que podría aplicarse a otras grandes cordilleras del mundo, donde la interacción entre los ríos atmosféricos y el relieve también favorece precipitaciones intensas.

Aportes para el pronóstico y la gestión del riesgo

Los hallazgos tienen implicancias directas para mejorar los pronósticos meteorológicos y la prevención de desastres asociados a lluvias extremas, como inundaciones y remociones en masa.

Según los autores, incorporar de mejor manera las condiciones locales —como la humedad cercana a la superficie y la topografía— en los modelos meteorológicos permitiría anticipar con mayor precisión cuándo y dónde un río atmosférico tiene mayor potencial de generar precipitaciones peligrosas.

Respecto al contexto actual, Martínez-Villalobos señala que «hay antecedentes que sugieren que El Niño puede favorecer una mayor ocurrencia o intensidad de ríos atmosféricos, aunque hay que ser cautos al atribuirle directamente un evento particular. Lo que sí sabemos es que el sistema frontal que afecta a Chile durante estos días está asociado a un río atmosférico zonal del mismo tipo que analizamos en este estudio».

En definitiva, la investigación demuestra que estimar la intensidad y distribución de las precipitaciones requiere mucho más que medir la humedad transportada por una tormenta. Comprender cómo interactúan la humedad, la temperatura y el relieve andino resulta clave para mejorar la predicción de eventos extremos y fortalecer la preparación frente a sus impactos.

DOI https://doi.org/10.1029/2025GL119839

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El calentamiento global tiene un efecto secundario que no esperábamos: nos está dejando sin sueño

El calentamiento global tiene un efecto secundario que no esperábamos: nos está dejando sin sueño

Con el aumento de las temperaturas, es normal comenzar a dar vueltas en la cama, buscar desesperadamente el lado frío de la almohada o rendirnos al aire acondicionado a las tres de la madrugada porque por la ventana no entra nada de fresco. Lo que hasta hace poco considerábamos una simple molestia veraniega se ha convertido en un fenómeno medible, cuantificable y respaldado por la ciencia, ya que literalmente el calentamiento global nos está robando horas de sueño. 

Se ha analizado. Esta no es una exageración basada en unas cuantas noches malas, sino que la comunidad científica ha cruzado millones de datos biométricos con registros meteorológicos globales para confirmar que el calor nocturno está erosionando nuestra calidad de vida. A esta conclusión no se ha llegado con simples encuestas, sino que se ha optado en un estudio por analizar más de 7 millones de registros de sueño obtenidos a través de pulseras de actividad en 68 países. 

La conclusión apuntaba que, a medida que las temperaturas nocturnas suben, la duración y la calidad del descanso caen en picado. Y es lo más normal, puesto que nuestro cuerpo necesita reducir su temperatura central para iniciar y mantener el sueño y, cuando el ambiente exterior es demasiado cálido, este proceso fisiológico se bloquea.

Más pruebas. Otra investigación publicada en Nature, que analizó 23 millones de días de registros de sueño, le puso cifras exactas al problema. Aquí vieron que, por cada aumento de 10 °C en la temperatura ambiente, los problemas de sueño se disparan, reduciéndose drásticamente tanto la duración total del descanso como, lo que es peor, la fase de sueño profundo, la encargada de la restauración física y cognitiva de nuestro organismo.

Muchos factores. Aunque la temperatura aumenta para todos por igual, no nos afecta de la misma manera, como apunta una revisión publicada en Sleep Medicine. Una de sus conclusiones es que en las personas mayores la capacidad de autorregulación es naturalmente menor, y es por ello que a un cuerpo envejecido le cuesta mucho más disipar el calor y adaptar su temperatura central, haciéndolos mucho más vulnerables a las noches tropicales.

El sexo también influye, puesto que los estudios apuntan que el impacto en la pérdida de sueño por cada grado extra de temperatura es significativamente mayor en mujeres que en hombres, debido en parte a diferencias fisiológicas en la regulación térmica y factores hormonales.

Socialmente. Si cruzamos todos estos datos con el nivel económico, se puede ver que en las regiones en vías de desarrollo la pérdida de sueño es mucho mayor, lo que nos hace rescatar el término "brecha del aire acondicionado". Y es que quienes no pueden permitirse sistemas de refrigeración o viven en zonas con infraestructuras deficientes sufren el impacto del calor a pleno pulmón.

El cambio climático. No podemos culpar simplemente al verano, puesto que organizaciones como Climate Central han comenzado a calcular exactamente cuántas de estas horas de sueño perdidas llevan la firma directa del cambio climático antropogénico. Su análisis reciente demuestra que el calentamiento global está multiplicando la frecuencia de estas noches anormalmente cálidas, y no es solo que haga calor en julio, sino que las temperaturas mínimas nocturnas están subiendo a un ritmo más rápido que las máximas diurnas.

Es decir, estamos ante un problema de salud pública de primer orden, puesto que la pérdida crónica de sueño no solo nos hace estar de mal humano al día siguiente. Está demostrado que no dormir correctamente se vincula con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, problemas de salud mental, deterioro cognitivo y un aumento de accidentes laborales y de tráfico.

Imágenes | Ron Lach 

En Xataka | El calentamiento global ha pisado el acelerador a un ritmo sin precedentes y cada vez estamos más cerca del punto de no retorno

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Miel de Ulmo chilena inspira parche inteligente para regenerar heridas

La miel de Ulmo, un producto nativo del sur de Chile, podría convertirse en la base de una nueva generación de biomateriales para el tratamiento de heridas complejas y quemaduras. Un equipo interdisciplinario de la Universidad Técnica Federico Santa María (USM) está desarrollando un parche nanoestructurado que combina las propiedades antimicrobianas de esta miel con una matriz biodegradable capaz de favorecer la regeneración de la piel.

La investigación es liderada por el académico del Departamento de Física de la USM, Dr. Tomás Corrales, junto a investigadores del Centro de Biotecnología «Dr. Daniel Alkalay Lowitt» (CB-DAL), quienes buscan desarrollar una alternativa más eficiente que los apósitos convencionales.

Un biomaterial que imita a la piel

El parche se fabrica mediante una técnica conocida como electrospinning o electrohilado, un proceso que permite producir nanofibras ultrafinas a partir de un polímero biodegradable que encapsula la miel de Ulmo.

El resultado es una membrana que reproduce la estructura de la matriz extracelular, la red tridimensional que rodea a las células en los tejidos humanos y que desempeña un papel fundamental en la cicatrización.

«Nuestra tecnología imita la matriz extracelular de los tejidos humanos. Es un material biomimético que se aplica sobre la piel y luego simplemente se lava con agua, porque el polímero es biodegradable. Estructuralmente es muy parecido a un tejido biológico», explicó el Dr. Tomás Corrales.

A diferencia de los apósitos tradicionales, cuyo principal objetivo es proteger la herida, este biomaterial busca crear un entorno favorable para que las células crezcan, migren y aceleren la regeneración del tejido dañado.

¿Por qué utilizar miel de Ulmo?

La miel ha sido utilizada durante siglos por sus propiedades antimicrobianas y cicatrizantes. Sin embargo, en medicina moderna la referencia internacional ha sido la miel de Manuka, originaria de Nueva Zelanda.

El equipo de la USM quiso evaluar si la miel de Ulmo —producida naturalmente en los bosques templados del sur de Chile y Argentina— podía ofrecer resultados comparables.

Los análisis preliminares muestran que la miel chilena presenta una viabilidad igual o incluso superior para el cultivo de fibroblastos humanos, células esenciales en los procesos de reparación de la piel.Equipo de investigación USM desarrolla parche a base de miel de Ulmo para la regeneración de heridas

Además, ofrece una ventaja importante: su costo es considerablemente menor. Mientras un kilogramo de miel de Manuka puede alcanzar alrededor de 400 dólares, la miel de Ulmo tiene un valor cercano a 6 dólares por kilogramo, lo que abre la posibilidad de desarrollar tratamientos más accesibles.

Ciencia hecha desde distintas disciplinas

El desarrollo del biomaterial combina conocimientos de física, nanotecnología y biotecnología, además de integrar activamente a estudiantes de pre y postgrado.

Una de ellas es Catalina Navarrete, estudiante del Magíster en Física de la USM, quien participa en la fabricación de las soluciones poliméricas y en la operación del equipo de electrohilado construido por la propia universidad.

«La solución está compuesta por un polímero que sirve de soporte para la miel. Se mezcla con agua y miel, logrando que el material final conserve las propiedades medicinales del producto natural. Actualmente estamos enviando muestras a cultivos celulares para seguir validando el avance de la investigación», señaló.

Proyección clínica y transferencia tecnológica

Aunque la investigación continúa en fase experimental, los resultados obtenidos permiten proyectar futuras evaluaciones clínicas y, posteriormente, avanzar hacia procesos de transferencia tecnológica.

El objetivo es desarrollar una solución innovadora para pacientes con heridas de difícil cicatrización o quemaduras, al mismo tiempo que se agrega valor a un recurso natural característico del sur de Chile.

Para el equipo investigador, esta tecnología también representa una oportunidad para impulsar futuros emprendimientos basados en biomateriales avanzados, fortaleciendo el vínculo entre investigación científica, innovación y desarrollo productivo.

Este desarrollo demuestra cómo un recurso natural chileno puede transformarse, mediante nanotecnología y biomateriales, en una solución con potencial para mejorar la atención de pacientes y, al mismo tiempo, generar innovación de alto valor agregado a partir de la biodiversidad nacional.

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"La IA cambia el modo de trabajar y cómo se sienten las personas": el 30% de los trabajadores se sienten menos útiles

"La IA cambia el modo de trabajar y cómo se sienten las personas": el 30% de los trabajadores se sienten menos útiles

Según el último estudio de Ionos, el 41% de las pymes en España ya usa alguna herramienta de IA en sus procesos diarios. Eso, sobre el papel debería implicar un incremento de la productividad en esas tareas. Sin embargo, la realidad es bastante más obstinada.

El informe anual 'People at Work 2026' que elabora la consultora ADP Research señala que pese a ese incremento en el uso de las herramientas de IA para la automatización, los empleados sienten que rinden menos.

El espejismo de la productividad. El informe de ADP preguntó a 39.000 empleados de 36 países sobre cómo les afecta la IA en su día a día. El resultado muestra que entre quienes usan la IA a diario, el 30% dice sentirse muy comprometido con su trabajo. Pero ese mismo grupo también afirma sentirse menos productivo que antes.

Los usuarios habituales de IA tienen cuatro veces más probabilidades de sentir que rinden poco. El propio estudio admite que no hay forma sencilla de medir la productividad real de estas personas. En realidad, es posible que trabajen más como ya se ha demostrado en otros ámbitos como en los ingenieros de software, pero sienten que logran menos por sí mismas.

El miedo a perder el puesto sigue ahí. Según la misma encuesta, en España, el 15% de los trabajadores usa IA todos los días, y el 11% cree que esa herramienta acabará por sustituirle en su puesto. Solo el 14% de los participantes en nuestro país ve el avance con buenos ojos.

El temor no se reparte igual entre generaciones. Casi dos de cada diez jóvenes de 18 a 26 años usan la IA a diario. Entre los mayores de 55, el 33% jamás la ha probado. Un informe de Funcas calcula que, entre 2025 y 2035, la IA podría acabar con hasta 2,3 millones de empleos en España. Sobre todo, en tareas administrativas y de gestión de datos.

Lo que dicen los datos oficiales. El Banco Central Europeo lleva meses observando el fenómeno de cerca y, según su propio análisis, las empresas que más invierten en IA no son las que luego despiden más. De hecho, tienden a incrementar el número de contrataciones. Por ahora, la tecnología actúa como complemento del trabajo humano, no como su sustituto. Por mucho que algunas empresas la pongan como excusa.

Otro estudio, del Banco Europeo de Inversiones, calcula que la IA ha subido la productividad laboral europea un 4%. La subida viene sobre todo de la inversión en herramientas y formación, no de recortes de plantilla. No obstante, pese a estos indicios, los expertos apuntan a que todavía es pronto para ver el posible incremento de la IA en los datos de productividad por su baja implantación y atribuyen ese incremento al otro gran impacto en el mercado laboral de los últimos años: el teletrabajo.

Compromiso sí, rendimiento no siempre. Bárbara Gómez, directora de operaciones de ADP Iberia asegura en un comunicado de la compañía que " la IA está transformando la forma de trabajar, pero su sola adopción no garantiza una mayor productividad. Los trabajadores deben mejorar sus habilidades y familiarizarse con las herramientas de IA, comprendiendo cómo se integran en sus flujos de trabajo". La tecnología cambia y automatiza los procesos, pero no cambia resultados por sí sola.

Nela Richardson, economista jefe de ADP, va un poco más allá. "La IA cambia el modo de trabajar pero también el cómo se sienten las personas que están en las empresas", explica en el informe. Su receta pasa por dejar de ver la IA como una amenaza y tratarla como "un compañero, un miembro más del equipo".

Del dicho al hecho. España no es una excepción en el sentir improductivo de los empleados que usan IA. El patrón se repite en casi todos los países de la encuesta de ADP. Los usuarios habituales de IA muestran menos estrés, mejor relación con sus compañeros de equipo, pero casi ninguno afirma sentirse más eficiente en su trabajo.

Puede que la clave esté en la curva de aprendizaje de estas herramientas. Cambiar de herramienta cuesta tiempo, aunque a la larga compense y las empresas necesitan un plazo de implementación para mejorar sus procesos. Mientras tanto, millones de trabajadores siguen atrapados entre dos sensaciones: usar más tecnología que nunca y sentir que rinden menos que antes.

En Xataka | Bill Gates: "A medida que la IA asuma más trabajos, podrás jubilarte antes y trabajar semanas laborales más cortas"

Imagen | Unsplash (Flipsnack)

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