25 de junio de 2026

LineShine, el nuevo superordenador chino Top #1 mundial que alcanza 2,2 exaFLOPS sostenidos

LineShine / NSCCSZ

El nuevo superordenador LineShine del Centro de Supercomputación Nacional en Shenzhen, China, ya está como número uno en la Lista Top 500 de junio de 2026 de los superordenadores más potentes del mundo.

Este coloso alcanza 2,2 exaFLOPS sostenidos en Linpack, una prueba clásica, lo que equivale a 2,2 trillones de operaciones matemáticas por segundo. Esto es aproximadamente un 21,5% más que El Capitan, el anterior número uno. Lo consigue gracias a usar 13.789.440 núcleos, unos 13,8 millones de cores, todos ellos basados en procesadores LX2 de 304 núcleos.

En semejante bestia de la computación todo es exagerado: tiene 1,45 petabytes de HBM, un tipo memoria ultrarrápida dentro de los procesadores, además de 11,6 PB de DDR5, lo que suma unos 13 PB de RAM en total. Dicho de forma más de andar por casa: unos 13.000 terabytes ya sólo de memoria.

Para guardar todos los datos procesados cuenta con 650 PB de almacenamiento, el equivalente a 650.000 discos SSD de 1 TB. No solo es el más rápido del mundo, sino que cualquier comparación con los ordenadores domésticos hace que todo parezca ridículo.

A todo esto, el animalico consume ni más ni menos que 42 MW de electricidad, que es más o menos como 20.000 hornos domésticos a potencia máxima encendidos a la vez. Esos 42.200 kWh supondrían aproximadamente unos 6.000 euros por hora de computación a los precios a los que va la electricidad en España.

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Italia plantó millones de abetos para proteger los Alpes. 90 años después han descubierto que la biodiversidad se ha reducido a la mitad

Italia plantó millones de abetos para proteger los Alpes. 90 años después han descubierto que la biodiversidad se ha reducido a la mitad

El ecólogo Aldo Leopold escribió una frase que acabaría marcando toda la conservación moderna en 1949: “mantener cada pieza es la primera regla de la inteligencia ecológica”. La dijo décadas antes de que la ciencia pudiera medirlo, pero hoy estudios como el de los Alpes italianos demuestran hasta qué punto quitar piezas de un ecosistema puede parecer invisible… hasta que pasan generaciones.

Un bosque que parecía una solución. En los años treinta, la Italia de Benito Mussolini decidió que la mejor manera de estabilizar los Alpes era cubrirlos de árboles. La lógica parecía impecable: frenar la erosión, asegurar madera para el futuro y exhibir una imagen de orden y productividad nacional. 

Para ello eligieron la pícea noruega, una conífera de crecimiento rápido, tronco recto y madera rentable. Miles de hectáreas de praderas alpinas y bosques autóctonos fueron arrasadas para plantar hileras densas y homogéneas de esta especie. Durante décadas, aquella decisión se vendió como un éxito de ingeniería forestal. Desde lejos, esos bosques verdes parecían saludables. Pero casi un siglo después, la ciencia ha descubierto que bajo esa apariencia se escondía un empobrecimiento silencioso.

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Noventa años después, la factura ecológica. El estudio, liderado por el ecólogo Gianalberto Losapio y publicado en la revista Ecology, analizó dos zonas de los Prealpes italianos, cerca del Lago de Como: Monte Bisbino y Alpe del Vicerè. Allí, los investigadores compararon tres hábitats vecinos: las plantaciones de pícea, bosques caducifolios nativos y pastizales alpinos tradicionales. 

Durante cinco meses de trabajo de campo identificaron 136 especies vegetales y 201 especies de artrópodos. Los resultados fueron demoledores. En las plantaciones había una mediana de solo siete especies de plantas por parcela, frente a 18,5 en bosques autóctonos y 37 en praderas. Traducido: más de un 50% menos diversidad que en los bosques naturales y casi un 75% menos que en los pastos.

El problema de plantar un solo tipo de árbol. El gran error fue creer que más árboles equivalía automáticamente a más naturaleza. La monocultura funciona bien para producir madera, pero es una trampa ecológica. Cuando un paisaje se llena de una sola especie, la complejidad desaparece, porque cada planta, insecto y microorganismo cumple un papel en el ecosistema. 

Reducir esa variedad implica reducir resistencia frente a enfermedades, plagas o fenómenos extremos. En los Alpes italianos, los paisajes diversos fueron sustituidos por bloques uniformes de coníferas, y el resultado fue una simplificación brutal de la red ecológica. Lo que parecía reforestación acabó siendo una sustitución de biodiversidad por productividad.

D A: Ubicación de los sitios de estudio. B: Imagen satelital del sitio de Monte Bisbino. C: Imagen satelital del sitio de Alpe del Vicerè. Las imágenes satelitales B y C representan la ubicación de las parcelas fijas. «SM» = plantaciones de monocultivo de abeto rojo, «DF» = bosque caducifolio nativo y «GR» = pastizal (pradera/pastizal de montaña). Datos del mapa: Google, Maxar Technologies

La oscuridad como arma silenciosa. La pícea noruega tiene una característica clave: es perenne. Mientras hayas, arces o castaños pierden la hoja y permiten que la luz llegue al suelo en primavera, la pícea mantiene una cubierta cerrada todo el año. 

No es baladí. De hecho, esa diferencia lo cambia todo. Muchas plantas alpinas florecen precisamente en esa ventana de luz temprana, antes de que el dosel forestal se cierre. Bajo una plantación de píceas, esa oportunidad desaparece porque el suelo permanece en sombra constante y muchas especies simplemente no pueden sobrevivir. Es decir, no es una competencia abierta, es una exclusión física y permanente.

El suelo también se transformó. Hay más, porque el daño no se quedó en la superficie. Las agujas de la pícea acidifican el suelo al acumularse durante décadas. Los investigadores encontraron un 25% más de carbono orgánico en estas plantaciones, aunque eso no significaba mayor fertilidad. Era justo lo contrario: la materia orgánica se descomponía más despacio, señal de menor actividad biológica. 

No solo eso. El equilibrio entre carbono y nitrógeno también estaba alterado, indicando un ciclo de nutrientes más lento y menos eficiente. En términos simples, el bosque seguía acumulando restos porque el sistema había perdido capacidad para reciclarlos. Era un ecosistema atascado.

Picea Jezoensis Mt Oakan

Un bosque más pobre y frágil. Más allá del número de especies, los científicos midieron algo aún más importante: la “uniformidad funcional”, es decir, cómo se reparten los papeles ecológicos dentro de la comunidad vegetal. En las plantaciones de pícea, este índice era un 30% más bajo que en los bosques naturales. 

Eso significa menos equilibrio y más vulnerabilidad. No se trata solo de que haya menos especies, sino más bien de que faltan funciones enteras dentro del sistema. Algunos nichos quedaron vacíos y muchos trabajos ecológicos dejaron de hacerse. Dicho de otra forma, el bosque sigue ahí, pero funciona peor.

Ni siquiera creó un ecosistema nuevo. Contaban los investigadores del estudio que uno de los hallazgos más reveladores fue comprobar que estas plantaciones no generaron una comunidad nueva adaptada a la pícea. De hecho, no aparecieron especies boreales especializadas ni se construyó un nuevo equilibrio. 

No, lo que encontraron fue una versión mutilada del bosque original: las mismas especies de siempre, pero menos numerosas y diversas. La pícea no trajo una nueva vida, simplemente erosionó la que ya existía.

Los insectos resistieron mejor, pero con matices. El único dato menos alarmante apareció en los artrópodos del suelo. Su diversidad apenas variaba entre plantaciones y bosques naturales. ¿Razones? Los científicos creen que esto se debe a su movilidad y a su capacidad para moverse entre hábitats cercanos. 

Sea como fuere, incluso aquí hay cautela entre los expertos. La química del suelo apunta a que la actividad microbiana y la red más fina de vida subterránea también han cambiado, aunque no se midieran directamente. La superficie puede dar una imagen de recuperación parcial, pero el subsuelo sigue contando otra historia.

La lección global que llega demasiado tarde. Si se quiere también, lo ocurrido en Italia no es una rareza histórica. Hoy, buena parte de los compromisos mundiales de reforestación siguen exactamente este modelo: plantar rápido, barato y uniforme para cumplir objetivos climáticos y contables. Según estudios previos citados por los autores, la mitad de las áreas comprometidas para restauración forestal en el mundo son monocultivos de especies no nativas. 

Aunque es una fórmula eficiente en el corto plazo y tentadora para gobiernos y empresas, la experiencia de los Alpes italianos demuestra que el coste ecológico tarda décadas en aparecer, y que cuando lo hace, ya es demasiado tarde. Los árboles siguen en pie y la sombra sigue bloqueando la vida. 

Y noventa años después, muchas de las especies que fueron expulsadas siguen sin volver.

Imagen | Bernini123, PXHere, Google, Maxar Technologies

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24 de junio de 2026

"Hay un lugar para las matemáticas no escolares": para la investigadora Amber Simpson, los padres sí pueden ayudar a enseñarlas en casa

"Hay un lugar para las matemáticas no escolares": para la investigadora Amber Simpson, los padres sí pueden ayudar a enseñarlas en casa

En la mente de la mayor parte de las personas el aprendizaje de las matemáticas reside en los colegios, los institutos y las universidades. Es una asociación tan consolidada que resulta difícil cuestionarla. Sin embargo, una investigación publicada en Mathematical Thinking and Learning demuestra que el aprendizaje matemático no empieza ni termina en el colegio: ocurre también en casa, de una forma espontánea y a menudo completamente inadvertida para las propias familias.

La investigadora que ha liderado este estudio es Amber Simpson, profesora asociada del Departamento de Enseñanza, Aprendizaje y Liderazgo Educativo de la Universidad de Binghamton, en Nueva York (EEUU). Su punto de partida fue una pregunta concreta: ¿qué sucede con el aprendizaje STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics o Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) cuando los niños vuelven a casa? Para responderla, Simpson y su equipo diseñaron doce kits de ingeniería denominados MAKEngineering destinados a niños de entre segundo y sexto curso.

Cada kit planteaba un reto abierto utilizando materiales domésticos. Uno de ellos, por ejemplo, proponía construir el prototipo de una vivienda capaz de proteger a los animales de un fenómeno meteorológico extremo propio de su región. Siete familias de EEUU participaron en el estudio y entregaron grabaciones en las que se las veía abordar los retos juntas. Los datos fueron muy reveladores. Los niños emplearon el razonamiento geométrico, la medición informal y el razonamiento proporcional de una forma natural durante este experimento.

Las matemáticas también están en casa

La mayor sorpresa del estudio no tiene nada que ver con los niños. Tiene que ver con los padres. Existe la asunción generalizada de que los progenitores carecen de los conocimientos necesarios para apoyar el aprendizaje matemático de sus hijos. Sin embargo, Simpson lo desmiente: los cuidadores sí disponen de ese conocimiento, pero lo ejercen de una manera enraizada en sus formas habituales de actuar, y no en el formato escolar. Son matemáticas escondidas en la práctica cotidiana, y precisamente por eso pasan desapercibidas.

La participación de unos gemelos proporcionó una perspectiva muy reveladora acerca de sus dinámicas de interacción

El estudio también identificó otro hallazgo muy importante: el papel de los hermanos. Los que trabajaron juntos en los kits asumieron roles tanto de apoyo como dominantes, pero permanecieron implicados en el diseño en todo momento. Amber Simpson tiene un artículo independiente que actualmente está en revisión dedicado a este fenómeno. Curiosamente, la participación de un par de gemelos proporcionó una perspectiva muy reveladora acerca de sus dinámicas de interacción.

Simpson defiende que las matemáticas no escolares tienen un lugar legítimo junto a las del aula, por lo que ambas deberían tenerse en cuenta de una forma igualitaria. El desafío ahora es trasladar estos descubrimientos a la práctica. Para lograrlo, estos investigadores han desarrollado kits de formación para docentes y han comprobado que es fundamental que los propios profesores se enfrenten primero a estas tareas antes de proponérselas a sus alumnos.

La implementación generalizada de estos kits en el aula no se ha producido todavía, pero es precisamente lo que proponen Simpson y sus colegas. Y es que su estudio no es solo un argumento académico que revela dónde se lleva a cabo el aprendizaje; es ante todo una reivindicación del valor de lo que las familias ya están haciendo sin siquiera saberlo. En cualquier caso, la pregunta que deja en el aire Simpson tiene más alcance del que parece: si las matemáticas ya están ocurriendo en casa, quizá el problema no sea enseñar más, sino aprender a ver lo que ya está ahí. A nuestro alcance.

Imagen | Kampus Production

Más información | Mathematical Thinking and Learning

En Xataka | La llegada de la IA a las matemáticas va más allá de una "revolución": está llegando a donde los matemáticos humanos no soñaron

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Oziroë imbricata: la nueva especie del Desierto Florido que revela la biodiversidad oculta de Atacama

Descubierta durante las floraciones excepcionales de 2025, esta nueva especie endémica de la costa de Atacama amplía el conocimiento sobre la biodiversidad del desierto más árido del mundo. Sin embargo, su distribución restringida y la presión de actividades humanas ya la sitúan entre las plantas que requieren medidas urgentes de conservación.

El Desierto de Atacama vuelve a sorprender a la ciencia. En medio de uno de los eventos de Desierto Florido más intensos de los últimos años, investigadores identificaron una nueva especie de planta que permanecía oculta entre las planicies costeras de la Región de Atacama. Se trata de Oziroë imbricata, una especie bulbosa endémica que no solo amplía la diversidad conocida de la flora chilena, sino que también evidencia cuánto queda por descubrir en uno de los ecosistemas más singulares del planeta.

El hallazgo fue realizado por los investigadores Arón Cádiz-Véliz, del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) y la Universidad de Concepción, junto a Jean-François Casale, durante expediciones botánicas efectuadas en octubre de 2025 en las cercanías de Totoral. Las prospecciones formaban parte del Plan RECOGE de la Garra de León, iniciativa impulsada por el Ministerio del Medio Ambiente para fortalecer la conservación de especies y ecosistemas costeros de alto valor biológico.

La especie fue descrita formalmente en la revista científica Phytotaxa, convirtiéndose en la sexta especie reconocida del género Oziroë, un pequeño grupo de plantas bulbosas adaptadas a ambientes áridos y semiáridos de Sudamérica.

En los paisajes del desierto costero de Atacama, hábitat de Oziroë imbricata, una zona influenciada por la camanchaca donde ocurre el fenómeno del Desierto Florido. Foto: Aron Cádiz.

Lo que inicialmente llamó la atención de los investigadores fue su calendario de floración. Mientras especies cercanas, como Oziroë biflora, florecen al inicio del fenómeno del Desierto Florido, durante septiembre, los ejemplares observados comenzaron a emerger recién hacia finales de octubre. Esta diferencia fenológica fue la primera señal de que se encontraban frente a algo inusual.

Al comparar ambas plantas en terreno, las diferencias se hicieron evidentes. Oziroë imbricata presenta flores considerablemente más grandes y vistosas, con tépalos blancos fuertemente recurvados hacia atrás. Sin embargo, la característica que la distingue de todas sus parientes es la disposición de sus estambres. Los filamentos se encuentran superpuestos entre sí, formando una estructura tubular que protege el ovario y el estilo de la flor. Esta disposición «imbricada» inspiró el nombre científico de la especie y constituye un rasgo único dentro del género.

Más allá de su singularidad morfológica, la nueva planta representa una pieza importante para comprender la evolución de la flora del desierto costero chileno. Los investigadores destacan que el género Oziroë corresponde a un linaje antiguo dentro de la familia Asparagaceae, por lo que cada nueva especie aporta información valiosa sobre los procesos evolutivos que han permitido la adaptación de las plantas a condiciones extremas de aridez.

Actualmente, Oziroë imbricata solo se conoce en una estrecha franja costera ubicada entre la cuenca del río Totoral y el río Huasco, donde crece en matorrales xerofíticos influenciados por la camanchaca. Su área de ocupación se estima en apenas 28 kilómetros cuadrados, una superficie extremadamente reducida que la convierte en una especie particularmente vulnerable frente a las alteraciones del territorio.

Precisamente por esta distribución restringida, los autores de la investigación propusieron clasificarla en la categoría Vulnerable de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Entre las principales amenazas identificadas figuran la expansión de proyectos mineros y fotovoltaicos, el desarrollo inmobiliario en sectores costeros, la ganadería caprina y la fragmentación progresiva del hábitat.

A estos factores se suma una amenaza de alcance global: el cambio climático. La supervivencia de muchas especies asociadas al Desierto Florido depende de lluvias excepcionales que ocurren de manera irregular. Alteraciones en los patrones de precipitación podrían modificar la frecuencia e intensidad de estos eventos, afectando directamente los ciclos reproductivos de plantas altamente especializadas como Oziroë imbricata.

El descubrimiento de esta nueva especie demuestra que el Desierto de Atacama aún guarda secretos biológicos por revelar. También recuerda que la exploración científica y la conservación deben avanzar de manera conjunta. En un territorio sometido a crecientes presiones por el desarrollo de infraestructura y la explotación de recursos, cada nuevo hallazgo refuerza la necesidad de proteger ecosistemas únicos que albergan especies que no existen en ninguna otra parte del planeta.

Más que una nueva planta para los registros botánicos, Oziroë imbricata se transforma en un símbolo del patrimonio natural oculto del norte de Chile y de la urgencia de conservarlo antes de que desaparezca.

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Ducharse con agua fría antes de dormir en una ola de calor parece la mejor idea. La ciencia avisa de que es un gran error

Ducharse con agua fría antes de dormir en una ola de calor parece la mejor idea. La ciencia avisa de que es un gran error

Las olas de calor ya están con nosotros y en muchos sitios en los últimos días hemos visto cómo se ha superado con creces los 40 ºC en muchos puntos de nuestro país. Pero el problema ya no es solo que sea difícil salir de casa, sino que dormir se hace prácticamente imposible para muchas personas, teniendo un sueño muy fragmentado con diferentes despertares o incluso padeciendo insomnio al no poder conciliar el sueño. 

Una solución. Ante este gran problema, el sentido común y la desesperación nos empujan a meternos bajo la ducha para poder enfriar nuestro cuerpo al máximo justo antes de entrar en la cama para al menos tener un poco más frescos y tratar de conciliar el sueño. 

Pero el problema aquí es que la ducha activa nuestro cuerpo y puede tener un efecto bastante diferente al que estamos buscando, haciendo que sea muy difícil conciliar el sueño. 

El mecanismo del sueño. Algo que debemos tener muy presente es que para que nuestro cerebro entienda que ha llegado la hora de dormir, necesita una señal fisiológica muy concreta, que es el descenso de la temperatura central del organismo. 

Pero cuando nos damos una ducha de agua helada, conseguimos un alivio instantáneo en la piel, pero provocamos que nuestros vasos sanguíneos se contraigan con el objetivo de que nuestra sangre no baje de sus preciados 36-37 ºC. En otras palabras, los vasos sanguíneos se cierran para proteger el calor interno del cuerpo al enviar menos sangre a nuestra piel. 

El resultado. Pese a que conseguimos una piel muy fresquita, unos minutos después de salir de la ducha, el cuerpo experimenta un efecto rebote, reteniendo el calor central y manteniéndose en un estado de alerta porque para el organismo hay una amenaza ante la que ha tenido que responder. 

En cambio, el agua tibia o caliente hace justo lo contrario, ya que, según explica el grupo de investigadores de la Universidad de Texas en Austin, el agua caliente estimula el sistema termorregulador, provocando que la sangre viaje desde el núcleo interno del cuerpo hacia las extremidades. Esto facilita una disipación del calor corporal masiva una vez que salimos del baño, y esa caída posterior de la temperatura central es el interruptor biológico que nos induce al sueño.

El agua tibia. Sabiendo todo esto, podemos sacar como conclusión que no hay que usar agua ni ardiendo ni tampoco helada a la hora de ducharnos, sino que el punto medio es lo que debemos buscar. Esto es a lo que apunta una exhaustiva revisión publicada en la revista Sleep Medicine, donde se analizó miles de datos para llegar a la conclusión de que la temperatura óptima del agua para mejorar la calidad del sueño se sitúa entre los 40 y los 42,5 ºC. 

Pero en un contexto de gran calor como el que estamos viviendo, los expertos matizan que lo ideal es buscar el punto de agua templada, puesto que el objetivo no es asarnos, sino relajar los vasos sanguíneos para favorecer esa pérdida de calor del interior del organismo. 

El tiempo. Ducharse y al momento meterse en la cama (o ponerse encima de las sábanas) no funciona del todo, puesto que el cuerpo necesita tiempo para poder enfriarse. Este mismo estudio al que hacíamos referencia demostró que el momento óptimo para tomar esta ducha es entre 1 y 2 horas antes de irse a la cama. Y lo mejor de todo es que es algo que demostró que se reduce el tiempo en el que se tarda en conseguir dormirse. 

Estos datos se ven reforzados por un estudio observacional a gran escala publicado en el Journal of Clinical Sleep Medicine, donde, tras analizar a más de 1.000 adultos, los investigadores confirmaron que bañarse en una franja de entre 61 y 180 minutos antes de acostarse se asocia directamente con una mayor rapidez para conciliar el sueño, gracias a los cambios fisiológicos que tienen relación con el calor corporal. 

Imágenes | Slaap

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La noticia Ducharse con agua fría antes de dormir en una ola de calor parece la mejor idea. La ciencia avisa de que es un gran error fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .



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