23 de mayo de 2026

Investigadores japoneses han transmitido datos a 112 Gbps sin cables: la clave está en una tecnología diminuta

Investigadores japoneses han transmitido datos a 112 Gbps sin cables: la clave está en una tecnología diminuta

La promesa del 6G lleva años sobre la mesa, pero hay una parte de esa historia que suele quedarse fuera del escaparate. No hablamos solo de móviles más rápidos, videollamadas sin cortes o descargas casi instantáneas, sino de algo bastante más complejo: conseguir que cantidades enormes de datos viajen por el aire con gran estabilidad. Ahí es donde la tecnología se encuentra con su propio techo. Y un equipo japonés acaba de colocar una pieza diminuta justo en el centro de ese problema.

112 Gbps. Lo que han conseguido los investigadores es enviar datos sin cables a 112 Gbps en la banda de 560 GHz. La demostración fue anunciada por Tokushima University y en ella participaron investigadores de esta universidad y de Gifu University. El dato importante no es solo la velocidad, que ya es enorme, sino el lugar donde se ha logrado: por encima de los 420 GHz. Según los investigadores, es la primera vez que se demuestra una comunicación inalámbrica de clase 100 Gbps por encima de los 420 GHz.

El muro de los 350 GHz. Para entender por qué este resultado importa hay que mirar el problema que venían arrastrando las comunicaciones de terahercios. Las redes móviles han ganado velocidad y capacidad elevando las frecuencias de trabajo, pero ese camino se complica cuando se entra en territorios extremos. Por encima de 350 GHz, las tecnologías electrónicas convencionales se enfrentan a una menor potencia de salida y a un aumento del ruido de fase. Dicho de otro modo: cuesta más generar una señal fuerte, estable y útil para transmitir datos a gran velocidad.

La pieza diminuta es un microcomb. La palabra puede sonar extraña, pero la idea de fondo es bastante visual. Un microcomb genera múltiples modos de frecuencia óptica separados de forma regular, como si fueran las púas de un peine. Tokushima University explica que esto permite obtener señales optoelectrónicas de muy alta frecuencia con una calidad superior a la de los enfoques electrónicos convencionales. En la configuración usada por el equipo, una fibra óptica va unida directamente al microresonador, lo que elimina la necesidad de realizar alineaciones ópticas extremadamente precisas como en sistemas convencionales.

El camino a seguir. Primero, el microcomb permite generar una señal de terahercios más limpia y estable que la que se obtiene con la electrónica convencional en esas frecuencias. Después entra en juego la modulación, que es la forma de codificar la información dentro de esa señal para que transporte más datos. La fuente oficial habla de técnicas de modulación de alto orden, como QPSK y 16QAM. Con QPSK, el sistema logró 84 Gbps; con 16QAM, alcanzó los 112 Gbps.

No es para el móvil de mañana. Conviene aterrizar el alcance del avance antes de imaginar teléfonos conectados directamente a 560 GHz. La propia universidad habla de una base tecnológica para enlaces de backhaul ultrarrápidos y redes integradas fotónica-inalámbricas en sistemas 6G. Dicho de forma sencilla, el backhaul es la parte de la infraestructura que conecta las estaciones base con la red principal. Ahí es donde una transmisión inalámbrica de muy alta capacidad puede tener sentido: mover grandes volúmenes de datos entre puntos fijos.

Queda camino por delante. Los investigadores quieren extraer aún más rendimiento de estas ondas reduciendo el ruido de fase, desarrollando antenas más avanzadas y elevando la potencia de salida. El objetivo es claro: que velocidades como estas no se queden en una demostración puntual, sino que puedan sostenerse a mayores distancias. Ahí estará una parte importante de la prueba de realidad. Lo que hemos visto ahora no es una red 6G terminada, sino una pieza tecnológica que ayuda a mostrar cómo se puede construir una parte de esa red.

Imágenes | Tokushima University

En Xataka | Reddit era uno de los últimos rincones de Internet libres de la quema. Ahora empieza a dar señales preocupantes

-
La noticia Investigadores japoneses han transmitido datos a 112 Gbps sin cables: la clave está en una tecnología diminuta fue publicada originalmente en Xataka por Javier Marquez .



☞ El artículo completo original de Javier Marquez lo puedes ver aquí

Un problema matemático llevaba más de 80 años resistiéndose a los expertos. Una IA los ha superado a todos

Un problema matemático llevaba más de 80 años resistiéndose a los expertos. Una IA los ha superado a todos

En 1946 el matemático húngaro Paul Erdős formuló una pregunta aparentemente muy sencilla: si colocas n puntos en el plano, ¿cuántos pares de puntos pueden estar exactamente a distancia 1 entre sí? Este dilema se conoce como problema de la distancia unitaria en el plano, y ha mantenido a muchos matemáticos que investigan en el ámbito de la geometría enfrascados en su resolución durante nada menos que ochenta años.

La estrategia clásica propuesta por muchos de ellos para intentar resolverlo consistía en recurrir a una cuadrícula cuadrada. No tardaron en darse cuenta de que el número de pares a distancia unitaria crece al menos como n elevado a (1 + C/loglog(n)), donde C es una constante positiva que cuantifica en qué medida una construcción concreta puede ser mejor que una cuadrícula cuadrada básica. Es una idea complicada, es verdad, pero podemos intentar acercarnos a ella de una forma un poco más intuitiva.

Una cuadrícula cuadrada estándar produce aproximadamente 2n pares de puntos a distancia unitaria. Si la reescalamos de una forma ingeniosa eligiendo el factor de escala como un número que tenga muchos divisores (en teoría de números esta propiedad se conoce como un número con muchos factores primos pequeños), consigues que más pares de puntos caigan exactamente a distancia 1. El valor de C mide precisamente la eficiencia de esa elección. Esta es la clave.

Una IA de OpenAI ha logrado el primer avance importante en 80 años

Como estamos comprobando, la pregunta que formuló Erdős es muy fácil de enunciar, pero extraordinariamente difícil de resolver. Si desarrollamos un poco más el planteamiento clásico nos daremos cuenta de que como loglog(n) crece muy lentamente, el exponente se aproxima a 0. Esto significa que la cuadrícula cuadrada crece solo ligeramente más rápido que n, pero no lo suficiente para superar n a un ritmo fijo.

Este hito se lo ha apuntado un modelo de inferencia de uso general que OpenAI estaba probando internamente

Este es el motivo por el que durante décadas los matemáticos predijeron que la cota superior sería aproximadamente n^(1+o(1)), es decir, apenas algo mayor que n. Ahora sabemos que se equivocaron, y quien ha refutado esta conjetura no ha sido un matemático actual especialmente habilidoso; este hito se lo ha apuntado un modelo de inferencia de uso general que OpenAI estaba probando internamente. Y no una inteligencia artificial (IA) especializada en matemáticas.

Este modelo ha proporcionado una familia infinita de ejemplos que producen una mejora polinómica. De hecho, ha demostrado que es posible construir configuraciones de puntos con al menos n^(1+δ) pares a distancia unitaria, donde δ es un valor fijo mayor que 0 que no desaparece a medida que n crece. Cuando la IA entregó este resultado, los investigadores de OpenAI pidieron a un grupo de matemáticos de Princeton que lo revisase. Y su conclusión fue tajante.

La IA estaba en lo cierto. Este es el primer avance en la cota inferior del problema planteado por Erdős en 80 años. Y, curiosamente, el modelo de OpenAI lo ha alcanzado empleando herramientas avanzadas de teoría algebraica de números para un problema aparentemente elemental de geometría. Varios matemáticos reputados, como el ganador de la Medalla Fields Tim Gowers o el experto en teoría de números Arul Shankar, han declarado que el resultado que ha entregado la IA es un logro extraordinario que podría proporcionar a los matemáticos un puente para explorar otros problemas en el futuro.

Imagen | Jeswin Thomas

Más información | OpenAI

En Xataka | Estos dos problemas han desconcertado a los matemáticos durante décadas. Un genio los ha resuelto de un plumazo

-
La noticia Un problema matemático llevaba más de 80 años resistiéndose a los expertos. Una IA los ha superado a todos fue publicada originalmente en Xataka por Laura López .



☞ El artículo completo original de Laura López lo puedes ver aquí

Imprimir herramientas metálicas en Marte usando su propia atmósfera: de idea de un estudiante a investigación real

Imprimir herramientas metálicas en Marte usando su propia atmósfera: de idea de un estudiante a investigación real

Hacer un viaje de una semana con una maleta de cabina en invierno es un arte que no todo el mundo puede igualar. Viajar a Marte con una nave espacial en la que cada kilo extra puede suponer cantidades carísimas de combustible, es un problema. Por eso, no basta con meter los calcetines dentro de los zapatos y sustituir por camisetas el relleno del cojín cervical. 

En estos casos es mejor viajar ligeros de equipaje e intentar aprovechar luego los recursos del destino. Un destino que, no lo olvidemos, es de lo más inhóspito. Aun así, la ciencia está desarrollando propuestas tan interesantes como la que publicó este año un estudiante de grado de la Universidad de Arkansas: imprimir herramientas en 3D directamente en Marte.

Un estudiante brillante. Zane Mebruer era estudiante de grado de ingeniería cuando tuvo una idea interesante. ¿Se podría imprimir herramientas metálicas en una impresora en 3D, aprovechando el gas principal de la atmósfera marciana? Le comunicó la idea a su profesor Wan Shou y juntos se pusieron en marcha para comprobarlo. Normalmente, cuando se hacen impresiones en 3D con materiales metálicos, es necesario utilizar una cámara con una atmósfera protectora de argón, ya que este gas previene la oxidación. Sin embargo, hemos dicho que no queremos llevar mucho equipaje a Marte: ni las herramientas, ni el argón. 

La atmósfera marciana está compuesta por un 95% de dióxido de carbono, por lo que podría ser que ese gas fuese un buen sustituto del argón. Hicieron las pruebas pertinentes y, efectivamente, podría ser una buena opción. Es cierto que el argón daba mejores resultados, pero el dióxido de carbono también resultó ser una opción bastante aceptable. 

Antecedentes. Cabe destacar que estos científicos no han sido los primeros en proponer la impresión en 3D para no tener que llevar mucho equipaje a Marte. De hecho, es algo que preocupa tanto a la NASA que en 2015 lanzó un reto a empresas y universidades para intentar imprimir un hábitat completo. Se les ofreció un suculento premio de 800.000 dólares, que al final fue para un equipo de la compañía IA Space Factory. En su caso, utilizaron como materiales una mezcla de fibras de basalto extraído de roca marciana y bioplásticos. Ellos también querían aprovechar los materiales del planeta vecino.

Lo nuevo. Los materiales propuestos por aquel equipo no serían tan útiles para imprimir herramientas. En ese caso, los metales serían una mejor opción. Mebruer y Shou propusieron para ello utilizar una técnica de impresión conocida como fusión de láser selectiva. 

Para empezar, esta consiste en extender una capa de polvo metálico sobre una placa. Después, un haz de láser calienta el polvo y lo fusiona en la placa. Cuando esto está listo, la placa desciende, se deja caer una nueva capa de polvo y se repite el procedimiento. Capa a capa, se va endureciendo y agrandando la pieza de metal. El problema es que, en este proceso, el material está muy expuesto a la oxidación. Si se oxida, no se fusiona adecuadamente, por lo que el resultado no es tan bueno. Por eso hace falta un gas protector.

A prueba de microscopio. Estos dos científicos llevaron a cabo la impresión en 3D en tres condiciones distintas: con argón, con dióxido de carbono o con aire ambiental. Después, se analizó el resultado a microscopio en busca de cualquier imperfección. Se vio que el mejor resultado se obtuvo con el argón, pero que con el dióxido de carbono también se consiguió un material endurecido, resistente y con pocas imperfecciones. Mucho mejor que con aire ambiental.

Solo faltarían los metales. Ya tenemos el método de impresión y el gas protector. Solo faltaría el metal. Para eso, otros científicos han propuesto recientemente viajar al cinturón de asteroides y usarlo como mina. Esa ya es otra historia. De momento, se ha querido comprobar si la impresión es viable en el planeta rojo y la respuesta es clarísimamente un sí.

Imagen | Mebruer et al/Magnific

En Xataka |Cultivar lechugas en Marte es el gran reto de la NASA para colonizar el planeta. Ya tenemos un "atajo" para conseguirlo




-
La noticia Imprimir herramientas metálicas en Marte usando su propia atmósfera: de idea de un estudiante a investigación real fue publicada originalmente en Xataka por Azucena Martín .



☞ El artículo completo original de Azucena Martín lo puedes ver aquí

Cada vez más estudios confirman algo que sospechamos desde hace años: las leches vegetales tienen menos nutrientes que la de vaca

Cada vez más estudios confirman algo que sospechamos desde hace años: las leches vegetales tienen menos nutrientes que la de vaca

En los últimos años las bebidas de origen vegetal se han convertido en una alternativa a la leche convencional. "Arrasan" han dicho algunos expertos. Y es que, estas bebidas han dejado de ser solo el recurso de quienes evitan los productos de origen animal y o la lactosa presente en la leche y se han convertido en una opción más para muchos.

La cuestión sobre hasta qué punto estas alternativas son nutricionalmente equiparables, es muy distinta.

Toda una serie de estudios. Toda una serie de análisis de propiedades nutricionales de algunas alternativas a la leche de origen vegetal (PBMA por sus siglas en inglés) están dibujando un horizonte claro. El equipo responsable del estudio observó que algunas reacciones químicas en el proceso de estas bebidas reducían el aporte nutricional del producto final. Hay más estudios en los últimos años, pero todos van en la misma línea.

Que este tipo de alternativas sean menos nutritivas que la leche no es una gran sorpresa, solo basta con comparar los valores nutricionales de ambos alimentos. El estudio en cuesitón nos muestra el por qué de esta diferencia y señala que su magnitud podría incluso ser mayor de lo que creíamos.

La reacción de Maillard. La clave está en la reacción de Maillard. Esta es una reacción química que suele darse al calentar algunos alimentos y solemos asociar al color ya que es la reacción que se da, por ejemplo, al tostar pan. Los cambios en la composición química del alimento asociados a esta reacción también afectan a los sabores y al aporte nutricional del producto.

La cuestión sobre hasta qué punto estas alternativas son nutricionalmente equiparables, es muy distinta.

Diferentes procesos. Tanto la leche que bebemos como las bebidas PBMA son alimentos procesados, aunque la diferencia es importante. Mientras la leche pasa por un procesamiento mínimo, generalmente la ultrapasteurización (UHT); las alternativas vegetales son alimentos procesados que incluyen pasos que buscan asemejar el resultado final a la leche animal. Estas alternativas también son sometidas a un proceso UHT, como explica el equipo responsable del estudio.

12 “leches”. El equipo comparó 12 bebidas distintas: dos bebidas lácteas y 10 bebidas vegetales. El equipo comparó las bebidas en función de sus nutrientes y las examinó en busca de la presencia de productos de la reacción de Maillard o MRP en estas bebidas.

El equipo cuantificó la cantidad de proteínas presentes en la leche en 3,4 gramos por litro. De las 10 bebidas alternativas estudiadas tan solo dos superaban esta cantidad, mientras que el resto contenía entre 1,4 y 1,1 gramos por litro. La cantidad de aminoácidos esenciales presentes en estas plantas también era inferior en las leches vegetales. También hallaron una mayor cantidad de azúcar en siete de las diez bebidas vegetales.

En su análisis, el equipo halló diversos MRP en las leches vegetales. Entre estos compuestos se encontraban las acrilamidas, halladas en las leches de avena y almendra. El equipo señala que su escasa presencia no resultaba alarmante, y que el probable origen de estas estuviera en el proceso previo de tueste al que se sometían almendras y avena. Los detalles del estudio fueron publicados en un artículo en la revista Food Research International.

Interpretando los datos. ¿Quiere decir esto que debemos evitar las alternativas vegetales a la leche? Pues probablemente no. Los motivos para elegir un tipo de bebida u otra pueden variar y no depender siempre del aporte nutricional. Por ejemplo, la decisión puede estar basada en criterios ambientales. En cualquier caso, para este tipo de decisiones es conveniente contar con información precisa.

Sobre todo, porque como digo 'composición nutricional' y 'peor salud' no siempre van de la mano. A veces, es incluso bueno.  En marzo de 2026 se publicó en Advances in Nutrition el primer metaanálisis sobre el impacto cardiometabólico de las bebidas vegetales y los resutlados son claros: la sustitución de leche de vaca por bebida de soja reduce el colesterol LDL y puede reducir la presión arterial; la bebida de avena muestra efectos favorables sobre el colesterol total, etc, etc, etc.

Según recalca el equipo del estudio origical, la clave debería estar en un mejor etiquetado que ayude a los consumidores a elegir el producto que más se ajuste a sus necesidades. “Si hubiera requerimientos a los productores a especificar en los cartoes cuántos aminoácidos esenciales contiene la bebida, se daría a los consumidores una imagen más clara de la calidad de las proteínas”, explicaba en una nota de prensa Marianne Nissen Lund, coautora del estudio.

Lund y sus compañeros también destacaban la importancia de reducir nuestro consumo de productos procesados y ultraprocesados de manera general. No solo como forma de alimentarnos de manera más sana sino también por hacerlo de forma más sostenible.

Una versión de este artículo se publicó en Xataka de 2025

En Xataka | Leche de pescado, la idea de Indonesia para crear un sustituto de la leche de vaca. Y no son los únicos

Imagen | Alexas Fotos

-
La noticia Cada vez más estudios confirman algo que sospechamos desde hace años: las leches vegetales tienen menos nutrientes que la de vaca fue publicada originalmente en Xataka por Pablo Martínez-Juarez Javier Jiménez .



☞ El artículo completo original de Pablo Martínez-Juarez, Javier Jiménez lo puedes ver aquí

AtLAST: el telescopio de 50 metros que podrá ver las galaxias que el polvo del universo oculta, y que funcionará 100% con energías renovables

AtLAST: el telescopio de 50 metros que podrá ver las galaxias que el polvo del universo oculta, y que funcionará 100% con energías renovables

Hay partes del universo que los telescopios ópticos no pueden ver porque el polvo interestelar es tan denso que bloquea completamente la luz visible. Son las galaxias «emborronadas»: fuentes masivas de formación estelar, fusiones galácticas y actividad de agujeros negros que permanecen ocultas no porque estén lejos, sino porque hay demasiada materia entre ellas y nosotros. El telescopio AtLAST (Atacama Large Aperture Submillimeter Telescope) va a cambiar eso. Un consorcio internacional liderado desde Europa, con participación de Chile, Sudáfrica, Canadá, Taiwán, Tailandia, Nueva Zelanda, Japón y Estados Unidos, está poniendo en marcha el proyecto. Lo publica Xataka el 21 de mayo de 2026, a partir de un artículo en phys.org. AtLAST constará de una única antena parabólica de 50 metros de diámetro, un espejo secundario de 12 metros, paneles de aluminio y una estructura masiva de acero. Toda su operación usará exclusivamente energías renovables. Y su capacidad diferenciadora frente a los telescopios actuales es geométrica: donde ALMA (el gran array de radiotelescopios en Atacama) tiene un campo de visión pequeño y enfocado, AtLAST funciona como un gran angular capaz de analizar regiones enormes de cielo en una sola observación.

Por qué las ondas submilimétricas y no la luz visible

El universo emite en todo el espectro electromagnético, pero nuestra ventana habitual —la luz visible— tiene una limitación fundamental: el polvo la bloquea. Las galaxias en formación activa, las regiones donde nacen estrellas en masa, y muchos núcleos galácticos activos están envueltos en capas de polvo que absorben la luz visible y ultravioleta antes de que llegue a nuestros telescopios.

Sin embargo, ese mismo polvo, al absorber la energía, se calienta. Y el polvo caliente emite radiación en el rango submilimétrico e infrarrojo lejano. Construir un telescopio capaz de detectar esa longitud de onda es, literalmente, construir una cámara térmica para galaxias: en lugar de la luz que emiten sus estrellas, capturamos el calor que emite su polvo.

El telescopio James Webb, que opera en infrarrojo cercano y medio, ya demostró en 2026 que puede «asomar la linterna» en galaxias tapadas por polvo y encontrar química inesperada en su interior. AtLAST opera en un rango espectral complementario —el submilimétrico— donde el polvo frío en formación de estrellas emite con más intensidad. Juntos, James Webb y AtLAST cubrirían el espectro completo del universo oculto.

El problema que AtLAST resuelve frente a ALMA

ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array) es actualmente el mejor instrumento del mundo en su rango espectral. Sus 66 antenas funcionando como interferómetro producen imágenes de resolución sin precedentes. Pero esa misma resolución tiene un coste: el campo de visión es microscópico. Puede estudiar una región del tamaño de la Luna llena en el cielo en horas; estudiar la estructura global de una galaxia cercana lleva semanas de observación.

AtLAST resuelve ese problema siendo una sola antena de apertura grande. A diferencia de un array interferométrico, una antena única de 50 metros puede captar un campo de visión mucho mayor, a costa de algo de resolución fina. La combinación ideal —resolución de ALMA + visión panorámica de AtLAST— abre tipos de ciencia que ahora mismo son computacionalmente imposibles por el tiempo de observatorio que requerirían.

El mapa galáctico más grande de la historia, elaborado por el James Webb con más de 800.000 galaxias, ya demostró que hay más galaxias de lo que los modelos teóricos preveían: las «galaxias emborronadas» probablemente están subrepresentadas en ese mapa porque los telescopios ópticos que lo construyeron no pueden verlas. AtLAST existe para corregir ese sesgo.

Los tipos de ciencia que AtLAST habilitaría de forma prioritaria:

  • Estadísticas de formación estelar a escala cósmica: cuántas estrellas se están formando en el universo en diferentes épocas, incluyendo los episodios masivos de formación escondidos por el polvo
  • Historia de los agujeros negros supermasivos: muchos AGN (núcleos galácticos activos) están enterrados en polvo y sus emisiones solo son detectables en submilimétrico
  • Evolución de galaxias en el universo temprano: las más activas en formación estelar a alto redshift son precisamente las más opacas ópticamente

Sostenibilidad como principio de diseño desde el principio

Un aspecto inusual de AtLAST como proyecto es que la sostenibilidad no es un añadido posterior sino un criterio de diseño desde el primer momento. El consorcio ha intentado minimizar la huella de carbono en la obtención del aluminio y el acero para la estructura —algo que raramente se menciona en proyectos de telescopios— y toda la energía de operación provendrá de fuentes renovables, coherente con la disponibilidad de energía solar y eólica en el Atacama.

La comparación con proyectos de infraestructura científica paralelos como el ELT (Extremely Large Telescope) europeo —que no ha priorizado de la misma forma la sostenibilidad de materiales— es inevitable y positiva para AtLAST.

El James Webb sigue explorando el disco galáctico de la galaxia Sextans A como una «máquina del tiempo» hacia el universo primitivo: galaxias con poca metalicidad como la que AtLAST podrá estudiar a escalas mucho mayores y con mucho más contexto estadístico.

Mi valoración

AtLAST es exactamente el tipo de proyecto científico que desaparece en los titulares del I/O de Google pero que importa más a escala de décadas. No tiene demo en vivo ni fecha de disponibilidad inmediata. Pero cuando entre en operación, cambiará nuestra comprensión de cómo se forman las galaxias en el universo temprano de una forma que ningún telescopio óptico puede hacer.

Lo que más me convence es el complemento con James Webb: los dos telescopios observan el universo oculto en rangos espectrales diferentes y mutuamente informativos. Lo que uno no puede ver, probablemente el otro sí. Esa complementariedad entre infraestructura científica es el tipo de coordinación internacional que produce física de primer nivel.

Lo que me genera más incertidumbre es el calendario. Los proyectos de telescopios de esta escala tienen cronogramas que se miden en décadas y presupuestos que se renegocian. ALMA tardó 14 años desde el primer acuerdo hasta la operación plena. AtLAST está en una fase muy temprana.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se construirá AtLAST?

AtLAST está en fase de diseño y consolidación del consorcio. No hay fecha de construcción ni de operación publicada. El proyecto es una propuesta científica activa, no un telescopio en construcción.

¿Por qué se llama «Atacama»?

El Atacama es el desierto más árido del mundo y tiene una de las atmósferas más secas y transparentes del planeta, ideal para observaciones en ondas submilimétricas (que el vapor de agua absorbe fácilmente). ALMA ya está ahí por la misma razón, a unos 5.000 metros de altitud.

¿En qué se diferencia AtLAST del ELT europeo?

El ELT (Extremely Large Telescope, en construcción) es un telescopio óptico e infrarrojo de 39 metros de espejo. AtLAST opera en submilimétrico, un rango espectral completamente diferente. No compiten: son complementarios.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí