24 de agosto de 2026

Investigadores logran una red cuántica de 13 millas en pleno aire de Nueva York sin cables de fibra

Investigadores logran una red cuántica de 13 millas en pleno aire de Nueva York sin cables de fibra

El principal obstáculo para construir redes cuánticas a escala ha sido, durante décadas, la fragilidad de las señales cuánticas cuando viajan por los cables de fibra óptica. Investigadores del Laboratorio Nacional de Brookhaven y la Universidad de Stony Brook han dado un paso relevante para sortear ese obstáculo: han demostrado la transmisión de información cuántica a través de 13 millas (unos 21 kilómetros) de espacio abierto en el área de Nueva York, sin cables físicos de por medio.

El resultado, publicado esta semana, demuestra que los fotones entrelazados pueden mantenerse coherentes en su estado cuántico lo suficiente como para transmitir información entre dos puntos separados por esa distancia usando el aire como medio, no la fibra. Es un resultado significativo porque la alternativa al aire libre para redes cuánticas metropolitanas es la fibra especializada, que tiene costes de instalación prohibitivos y limitaciones de distancia propias.

¿Por qué es difícil hacer esto?

Las redes cuánticas transmiten información usando las propiedades cuánticas de la luz, específicamente fotones en estados de entrelazamiento cuántico. El entrelazamiento es una correlación entre partículas que persiste independientemente de la distancia, pero que es extremadamente sensible a cualquier perturbación del entorno.

En fibra óptica, esa perturbación viene de las imperfecciones del material, la temperatura, la vibración mecánica y la absorción de fotones. Las señales cuánticas se degradan con la distancia, y aunque existen técnicas como los repetidores cuánticos para extender el alcance, su implementación práctica es compleja y costosa.

En el aire libre, el problema es diferente pero igualmente desafiante: la turbulencia atmosférica, la dispersión por partículas y las variaciones de temperatura crean fluctuaciones en el índice de refracción que distorsionan el camino de los fotones. A 13 millas en el área metropolitana de Nueva York —con su densidad de tráfico, edificios, fuentes de calor y variaciones climáticas— mantener esa coherencia es un logro de ingeniería óptica.

Los investigadores de Brookhaven y Stony Brook no han publicado todos los detalles técnicos de cómo lo consiguieron, pero el resultado sugiere que han conseguido compensar las perturbaciones atmosféricas de forma suficientemente eficiente para mantener el entrelazamiento en la distancia demostrada.

¿Para qué sirve una red cuántica en el aire?

La aplicación más directa es la distribución cuántica de clave (QKD, Quantum Key Distribution): un método de cifrado cuyas claves son físicamente imposibles de interceptar sin alterar el estado cuántico del fotón, lo que haría detectable cualquier espionaje. Una red QKD metropolitana que no requiera cable de fibra podría conectar instituciones financieras, oficinas gubernamentales, hospitales o centros de investigación con un nivel de seguridad de las comunicaciones que los sistemas convencionales de criptografía no garantizan frente a ordenadores cuánticos futuros.

La segunda aplicación es la computación cuántica distribuida: conectar nodos de computación cuántica separados físicamente para que puedan compartir estados cuánticos y colaborar en problemas que ninguno podría resolver solo. Eso requiere redes cuánticas de baja pérdida y alta fidelidad, exactamente lo que este resultado está demostrando en entornos reales.

La tercera aplicación es más de infraestructura que de producto: la posibilidad de tender internet cuántica sobre ciudades sin necesidad de excavar zanjas para cables. Una red cuántica inalámbrica metropolitana a escala sería mucho más fácil de desplegar y mantener que su equivalente en fibra.

¿Cuánto falta para que esto sea una red real?

El resultado de 13 millas es una demostración de principio. Entre ese resultado y una red cuántica metropolitana funcional hay múltiples brechas de ingeniería: estabilidad en condiciones climáticas variables, alineamiento continuo de los haces ópticos, escalado a múltiples nodos, y verificación de la fidelidad del entrelazamiento en condiciones de uso real en lugar de condiciones de laboratorio. La urgencia de comunicaciones más seguras tiene ejemplos concretos en el mundo de la IA: la vulnerabilidad de sandbox en Claude Cowork, que reveló cómo un agente con acceso a archivos compartidos puede leer datos sensibles en tránsito, es exactamente el tipo de ataque que el cifrado cuántico —basado en fotones entrelazados, no en matemáticas factorizables— haría computacionalmente inviable de interceptar. La carta Pax Silica enviada a 35 países refleja exactamente esa urgencia a escala de estado. Las preferencias y patrones de trabajo que hoy configuras en la IA integrada en Google Docs con instrucciones personalizadas son exactamente el tipo de datos sensibles que una red cuántica metropolitana protegería: información que viaja cifrada convencionalmente y que quedaría expuesta ante ordenadores cuánticos futuros capaces de factorizar el cifrado actual. Y la carrera de chips en China tiene su equivalente en la carrera cuántica: ambas definen qué infraestructura define el poder tecnológico en la próxima década.

¿Cuánto falta para una internet cuántica metropolitana funcional?

Los propios investigadores de Brookhaven y Stony Brook son cuidadosos en no sobreprometer. La demostración de 21 km al aire libre es un resultado de laboratorio riguroso, pero está a considerable distancia de una red cuántica metropolitana que funcione en condiciones operativas reales. Los pasos siguientes son: demostrar la misma coherencia bajo variaciones climáticas reales (lluvia, niebla, temperatura extrema), construir un nodo de red con múltiples fuentes y destinos (no solo punto a punto), demostrar la integración con sistemas de criptografía convencional para entornos híbridos, y reducir el coste de los equipos de generación y detección de fotones hasta niveles que hagan la infraestructura comercialmente viable. Cada uno de esos pasos representa años de investigación y desarrollo. La estimación más optimista de investigadores del sector sitúa las primeras redes cuánticas metropolitanas funcionales —con usos reales, no solo demostraciones— en el rango de cinco a diez años. China tiene un programa de red cuántica muy avanzado que ya conecta ciudades con fibra (no al aire libre); EE.UU. está invirtiendo en el campo a través del Departamento de Energía y sus laboratorios nacionales, de los que Brookhaven es uno de los más activos. El resultado de hoy posiciona a EE.UU. como actor relevante en la carrera por la infraestructura cuántica inalámbrica.

El resultado de 21 km al aire libre tiene implicaciones prácticas para la estrategia de red cuántica nacional. Las redes cuánticas metropolitanas que dependen de fibra óptica enfrentan costes de despliegue de infraestructura que pueden ser prohibitivos en zonas urbanas densas. La alternativa de transmisión al aire libre —si la coherencia puede mantenerse en condiciones climáticas variables— reduciría la necesidad de cableado costoso entre nodos cuánticos en edificios clave como bancos centrales, centros de datos gubernamentales y hospitales.




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CISA exige parchear un fallo de Zimbra que ya se explota para ejecutar comandos sin autenticación

CISA ha incluido la vulnerabilidad CVE-2026-73570 de Zimbra Collaboration Suite en su catálogo de fallos explotados, y ha marcado una ventana de mitigación inmediata. El defecto permite ejecutar comandos de forma remota sin autenticación en servidores con zimbra-snmp y notificaciones SNMP activadas.

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La Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras de Estados Unidos, CISA, ha ordenado aplicar con urgencia la corrección de CVE-2026-73570, un fallo de Zimbra Collaboration Suite (ZCS) con evidencias de explotación activa. La directiva afecta de forma directa a los organismos federales civiles estadounidenses, pero en la práctica coloca en máxima prioridad a cualquier organización que mantenga servidores Zimbra expuestos a Internet y que procese correo entrante desde redes no confiables.

El problema abre la puerta a ejecución remota de comandos sin necesidad de autenticación. El vector no aparece en todas las instalaciones: la explotación se activa cuando el administrador instaló el paquete opcional zimbra-snmp y además habilitó las notificaciones SNMP. En ese escenario, un atacante puede enviar solicitudes SMTP manipuladas para desencadenar una inyección de comandos a nivel de sistema operativo, con ejecución de órdenes arbitrarias con los permisos del usuario zimbra. En un servidor de correo, esa posición resulta especialmente delicada, porque combina exposición constante, capacidad de procesar entradas externas y acceso a componentes críticos del servicio.

Zimbra corrigió el fallo en Zimbra Collaboration Suite 10.1.20, publicada el 20 de julio de 2026. Más tarde, CISA añadió la vulnerabilidad al catálogo Known Exploited Vulnerabilities (KEV) el 21 de agosto de 2026, un paso que suele reservar para defectos con explotación constatada. La agencia fijó como fecha límite de mitigación para el entorno FCEB el 24 de agosto de 2026, un margen muy corto que funciona como termómetro del riesgo operativo.

La actualización, aun siendo prioritaria, no debería cerrar el incidente por sí sola. Se han descrito indicios que obligan a mirar a los registros y al estado del servidor: reinicios inesperados del servicio de Zimbra, actividad anómala del usuario zimbra y creación reciente de ficheros en rutas sensibles como /opt/zimbra/jetty/webapps/, /opt/zimbra/jetty_base/webapps/ y /tmp/. La recomendación práctica pasa por confirmar primero si zimbra-snmp está instalado y si SNMP envía notificaciones, para medir la exposición real, y después aplicar 10.1.20 o superior.

Tras parchear, conviene validar que la versión ha cambiado, reiniciar el servicio de forma controlada y comprobar que todo queda estable. Si hay sospecha de intrusión, el siguiente paso consiste en ampliar la respuesta: búsqueda de persistencia, revisión de anomalías de autenticación, análisis de conexiones salientes inusuales y, si procede, rotación de credenciales asociadas al servidor. En fallos preautenticación como este, llegar tarde no significa solo ‘actualizar’, también implica confirmar que nadie entró antes.

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El CEO de Flock Safety pide «compromiso» mientras los vecinos destrozan sus cámaras en 36 estados

El CEO de Flock Safety pide "compromiso" mientras los vecinos destrozan sus cámaras en 36 estados

La empresa de vigilancia más grande de EE.UU. tiene un problema de relaciones públicas tan gordo como su red de cámaras. Flock Safety, la startup de Atlanta valorada en 7.500 millones de dólares que opera más de 120.000 lectores automatizados de matrículas en 7.000 ciudades de todo el país, ha pasado los últimos meses bajo un escrutinio creciente que ha derivado en algo inusual: ciudadanos norteamericanos destrozando físicamente equipamiento de vigilancia policial en calles, avenidas y barrios residenciales de al menos 36 estados.

La respuesta del CEO, Garrett Langley, en una entrevista en Fox News el sábado 22 de agosto es la que le ha dado nombre al debate: «Lo que tenemos que priorizar como país es el compromiso. ¿Cómo tenemos seguridad y cómo equilibramos la privacidad?» La frase captura perfectamente la tensión que define el caso Flock: una empresa que construyó la infraestructura de vigilancia pública más extensa del país sin que nadie votara explícitamente si quería vivir bajo ella.

¿Qué hace Flock Safety y por qué se ha convertido en un símbolo?

Los sistemas de Flock leen la matrícula de cada vehículo que pasa, registran el tiempo, la ubicación y la imagen del coche, y almacenan esa información en una base de datos centralizada accesible para los departamentos de policía locales. En 2026, Flock también opera cámaras en drones y sistemas de detección de disparos. Sus clientes son los propios cuerpos de seguridad: Flock no vende a particulares, pero sí tiene contratos con asociaciones de vecinos.

El modelo generó apoyo inicial precisamente porque funciona. Langley cita un millón de crímenes resueltos y 10.000 personas desaparecidas localizadas como resultado del sistema. Los departamentos de policía que usan Flock reportan casos donde el lector de matrículas identificó un vehículo sospechoso en 33 minutos después de un asesinato.

El problema es lo que ocurre con los datos cuando se usan fuera del propósito declarado. The Washington Post identificó 46 casos documentados de abuso policial del sistema, incluyendo agentes usando los datos de Flock para localizar y acosar a ex parejas románticas. ICE (Inmigración y Control de Aduanas) ha accedido a las bases de datos de Flock de jurisdicciones locales para operaciones de deportación, incluso en estados donde los gobiernos locales habían prometido no cooperar con ICE.

¿Qué medidas ha tomado la empresa en respuesta?

Después de meses de presión mediática, Flock anunció el 14 de agosto una revisión integral de sus protocolos: reducción del período de retención de datos de 30 días a 7 días, implementación de controles anti-abuso automáticos que detectan comportamientos de búsqueda anómalos, y un sistema de auditoría de acceso más estricto.

Langley también llamó a los reguladores estatales a «enfocarse menos en prohibir esta tecnología y más en responsabilizar a las fuerzas del orden». Es un movimiento defensivo clásico de empresa tecnológica bajo presión: autorregulación anunciada antes de que llegue la regulación externa, con la esperanza de que la segunda nunca llegue.

No está convenciendo a todo el mundo. El senador Bernie Sanders ha propuesto prohibir directamente la tecnología. El representante Tim Burchett ha impulsado recortar la financiación federal a instalaciones locales. Alrededor de 100 ciudades han desactivado cámaras, rechazado propuestas o cancelado contratos. Amazon canceló su alianza con Flock en febrero de 2026 después de que un anuncio del Super Bowl que mostraba la tecnología para encontrar perros perdidos desencadenara un boicot viral.

La campaña de Halloween y el «movimiento deFlock»

El episodio más revelador del estado del debate es la campaña que está circulando en redes sociales: el Halloween de 2026 como «noche de acción» contra las cámaras Flock. El movimiento propone que el 31 de octubre se convierta en una jornada coordinada de sabotaje simbólico. The Register contactó al equipo de medios de Flock para preguntar por la campaña y recibió una respuesta automática: «El equipo de medios se está tomando un descanso y recuperando la capacidad de formar frases coherentes.»

Los competidores de Flock, encabezados por Axon, están viendo una oportunidad. La empresa, que ya provee cámaras corporales y armamento a fuerzas del orden, dice estar posicionada para reemplazar los sistemas de Flock en las ciudades que han cancelado contratos. Los expertos en privacidad advierten que cambiar de Flock a Axon no resuelve el problema estructural: es cambiar de un sistema de vigilancia masiva a otro.

El caso Flock es el argumento más concreto disponible sobre qué ocurre cuando una infraestructura de vigilancia se despliega a escala sin marcos regulatorios claros que precedan al despliegue. La tecnología funciona. También produce abusos documentados. Y la pregunta sobre si el primer argumento es suficiente para aceptar el segundo es exactamente el tipo de pregunta que la democracia tendría que responder antes del despliegue masivo, no años después. El debate sobre quién controla las herramientas de IA en el espacio público tiene en Flock su caso más concreto y más cotidiano: no es hipotético, ya está en las calles. La combinación de seguridad online y privacidad que los ciudadanos negocian en el mundo digital tiene ahora una extensión física que nadie votó. Y la pregunta de quién supervisa a quienes tienen acceso a los datos es tan relevante para Flock como para cualquier sistema de vigilancia conectado.

¿Cuál es el marco legal actual?

El debate sobre las cámaras Flock pone de manifiesto un vacío regulatorio notable en EE.UU.: no existe legislación federal que regule el despliegue masivo de lectores automáticos de matrículas. La regulación es estatal y fragmentada. California, por ejemplo, exige que los departamentos de policía que usan ALPR públicos publiquen políticas de uso y datos de acceso anuales. Nueva York tiene restricciones similares. Pero en decenas de estados, Flock puede desplegarse sin ningún requisito de auditoría o notificación pública. El contraste con la Unión Europea —donde el Reglamento General de Protección de Datos exige consentimiento o interés legítimo documentado para cualquier tratamiento de datos de localización— es marcado. Los defensores de la privacidad argumentan que una red que registra la ubicación de cada coche en 7.000 ciudades con retención de 30 días (ahora reducida a 7 tras el escándalo) equivale a geolocalización masiva sin ningún proceso judicial. El uso de Flock por ICE para operaciones de deportación en jurisdicciones «santuario» —que habían prometido no cooperar con las autoridades federales de inmigración— es el episodio que más ha erosionado la confianza: documenta que los datos recogidos con un propósito pueden usarse para propósitos radicalmente diferentes por actores que la ciudad no eligió autorizar.




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23 de agosto de 2026

Llevamos medio siglo intentando demostrar con la ciencia que existe el "más allá". Los resultados apuntan a otra parte

Llevamos medio siglo intentando demostrar con la ciencia que existe el "más allá". Los resultados apuntan a otra parte

Una de las grandes preguntas que tiene la humanidad está en el más allá y en cómo podemos probar su existencia. Y aunque recurrimos a la ciencia para poder saber qué ocurre cuando morimos, de momento no tenemos una respuesta que dar. Aunque sí es cierto que la neurociencia sigue avanzando en el campo de las experiencias cercanas a la muerte (ECM), apuntando a un proceso que es sin duda muy complejo. 

Faltan estudios robustos. Uno de los principales problemas al abordar este tema en la divulgación es la confusión entre correlación, causalidad y autoridad. Que figuras eminentes como el cardiólogo Valentín Fuster o el premio Nobel de Física Robert W. Wilson prologuen libros sobre "supraconciencia" o supuestas "pruebas de Dios" no equivale a una validación científica de sus tesis. 

Del mismo modo, se suele recurrir a casos impactantes como el de Eben Alexander, el neurocirujano de Harvard que relató su viaje "al más allá" durante un coma. Sin embargo, desde el rigor científico, esto no deja de ser una experiencia completamente aislada, sin que exista una verificación independiente que demuestre que su cerebro estuviera totalmente inoperativo. 

Y hay más argumentos. El conocido "ajuste fino" del universo, que es la idea de que las constantes cosmológicas parecen diseñadas para albergar vida, también se suele esgrimir como prueba científica. No obstante, como señala el filósofo Carlos Blanco, esto es un debate filosófico que incurre en la falacia de afirmación del consecuente, puesto que existen explicaciones alternativas (como el multiverso o el azar) que no requieren intervención divina.

La luz al final del túnel. Si nos centramos en los que dice la ciencia sobre las ECM, hay diferentes estudios que apuntan a que entre un 10 y un 20% de los pacientes críticos que han sobrevivido a un paro cardiaco han tenido estas experiencias. 

Sin embargo, el hecho de que la experiencia sea real para quien la vive no implica que su origen sea sobrenatural. El modelo científico más robusto en la actualidad lo ha propuesto el equipo de Charlotte Martial en una reciente revisión sistemática. Este trabajo, de máximo rigor, postula un modelo neurocientífico que explica las ECM como el resultado directo de procesos neurobiológicos en cerebros sometidos a un estrés extremo.

Tiene una explicación. Son diferentes análisis neurofuncionales los que apuntan a que la sensación de ver una luz al final de un túnel, la paz y el hecho de ver momentos vitales pasar por la cabeza son por "culpa" de los estados alterados de conciencia y la falta de oxígeno en el cerebro. De hecho, perspectivas neurocientíficas previas ya advertían sobre las graves limitaciones metodológicas de aquellos estudios que intentan afirmar que existe percepción sin un sustrato fisiológico.

Mucho por investigar. En 2025 se analizaron 775 artículos que se han hecho a lo largo de casi 50 años sobre las ECM, y lo que se concluyó fue que este sigue siendo un campo teóricamente fragmentado que necesita marcos integradores y un mayor rigor metodológico. Pero los que la ciencia sí avala sin reservas es el impacto transformador a largo plazo de estas experiencias.

Aquí, un estudio de 2024 comparó a 834 personas que vivieron una ECM frente a 42 que enfrentaron situaciones mortales sin experimentarlas, encontrando transformaciones espirituales y psicológicas significativas en el primer grupo. De esta manera, podemos saber que una ECM cambie la vida, pero que eso demuestre que el alma viaja a otra dimensión es una deducción que la ciencia actual no respalda.

Imágenes | Adrien Olichon

En Xataka | Hemos creído toda la vida que "morir de pena" era un mito romántico. La ciencia tiene claro que hay algo de verdad

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Ni "detox digital" extremo ni apología de la pereza: lo que la ciencia dice de verdad sobre cómo desconectar

Ni "detox digital" extremo ni apología de la pereza: lo que la ciencia dice de verdad sobre cómo desconectar

En un mundo hiperconectado como el que vivimos ahora mismo, donde las notificaciones de los móviles casi que rigen nuestras vidas, la idea de desconectar de manera abrupta parece la mejor solución para mejorar nuestra propia salud. Pero la realidad es mucho más compleja de lo que imaginamos y la ciencia apunta que no es necesario hacer una 'desconexión total', sino que basta con poner unos límites claros. 

El 'detox digital'. Es innegable que la sobredosis tecnológica nos pasa factura. Un reciente estudio publicado en JAMA demostró que, en adultos jóvenes de entre 18 y 24 años, reducir drásticamente el uso de redes sociales durante una semana lograba disminuir la ansiedad en un 16,1%, la depresión casi un 25% y el insomnio un 14,5%. Y con estas cifras encima de la mesa, parece lógico querer poner el modo avión en nuestro dispositivo y dejarnos llevar hacia una desconexión total. 

Hay algunos 'peros'. Aquí la ciencia apunta que el 'detox' temporal no es una panacea como nos quieren vender. En este caso, una revisión publicada este mismo año en Scientific Reports analizó diez estudios con más de 4.600 participantes y llegó a una conclusión incómoda para los defensores de la desconexión total: dejar las redes temporalmente no mejora de forma clara ni consistente el bienestar emocional ni la satisfacción vital.

Lo que sí sabemos es que el impacto de la tecnología no es "todo bueno" o "todo malo", sino que depende del tipo de uso, del contexto y de cada persona. El detox extremo intermitente suele ser un parche a corto plazo, pero no es una solución estructural para toda una vida. 

La importancia de la pausa. Cuando pensamos en el hecho de que necesitamos estar haciendo el vago y desconectado de todo, es común citar el famoso texto homónimo de Paul Lafargue de 1880. Pero aquí hay varios puntos importantes, puesto que Lafargue escribía un brillante manifiesto político contra la explotación laboral en plena Revolución Industrial, no un paper sobre fisiología o salud mental.

De esta manera, traducir hoy esa pereza como "inactividad total" en el sofá es un error metabólico. Lo que la ciencia sí respalda sin fisuras no es el sedentarismo, sino la pausa activa, puesto que aquí un contundente estudio con cerca de 20.000 participantes demostró que caminar apenas 5 minutos cada media hora durante nuestras largas jornadas de silla y pantalla reduce los picos de glucosa postprandial en un 60%, baja la presión arterial y mejora drásticamente la fatiga y el estado de ánimo.

Lo correcto. Si la solución no es tirar el router por la ventana, ¿entonces qué? Aquí la evidencia clínica es tajante al apuntar que la gestión y el uso consciente aplastan al detox completo. Por ejemplo, un ensayo de 12 semanas comprobó qué ocurría al enfrentar el uso consciente guiado frente a la abstinencia total y los resultados apuntaron que el grupo que aplicó un uso consciente redujo el uso problemático en un 34%, aumentó su bienestar un 28% y mejoró su calidad de sueño un 41%. 

Por contra, el grupo que desconectó completamente de su mundo digital experimentó mejoras iniciales importantes que se esfumaron a las tres semanas, sufriendo un duro efecto rebote. 

El control. En pocas palabras, la tecnología no es un veneno del que debemos desintoxicarnos completamente, sino que hay que regularse. Un punto aquí bastante importante es que el problema no es el dispositivo en sí, sino el uso pasivo y el consumo compulsivo con el famoso doomscrolling. 

Para poder tener una relación más sana con la tecnología, lo correcto es aplicar diferentes límites, como, por ejemplo, un tiempo máximo de uso en algunas apps, apagar las notificaciones, sacar el móvil de la habitación al dormir y fomentar la autorregulación propia. 

Imágenes | Brett Sayles 

En Xataka | Ni es un bulto ni te impide respirar: lo que la medicina sabe hoy sobre el angustioso 'nudo en la garganta'

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