11 de enero de 2026

Hemos aceptado que el deporte es "medicina" para el cuerpo. Ahora la ciencia está descubriendo sus efectos secundarios

Hemos aceptado que el deporte es "medicina" para el cuerpo. Ahora la ciencia está descubriendo sus efectos secundarios

El ejercicio físico puede llegar a ser recetado como un fármaco en las consultas de los médicos, aunque no esté empaquetado en una simple pastilla que nos tomamos. Esto se debe a que la evidencia que tiene detrás ha dejado más que claro que hacer deporte puede prevenir una gran cantidad de enfermedades crónicas e incluso tener una muy buena vejez. Pero detrás de todo esto, también hay una parte negativa detrás de haecr ejercicio físico

Sus efectos secundarios. Si aceptamos el ejercicio como un fármaco, debemos aceptar también que todo fármaco tiene un prospecto, unas tomas concretas y por supuesto unos efectos adversos. 

Es por ello que como sociedad tenemos el problema de haber comenzado a vender el hecho de "hacer ejercicio" de manera genérica, ignorando la letra pequeña que tiene esta tarea, como reconoce la propia Fundación Española del Corazón. Y que tiene una solución muy sencilla: la personalización de los ejercicios físicos por paciente. 

El problema de la metáfora. El eslogan de "ejercicio como medicina" es sin duda una excelente campaña de marketing dentro del mundo de la salud pública, pero para la ciencia hay varios flecos importantes. Como apuntan diferentes estudios científicos, el ejercicio no actúa como un fármaco clásico, puesto que no tiene una respuesta predecible en un paciente como si ocurre como una pastilla. Esto obliga a pensar siempre que el efecto puede ser muy diferente en cada persona. 

De esta manera, al llamar el ejercicio como fármaco podemos invisibilizar la diversidad de las respuestas individuales. Y es que no hay una "pastilla de sentadillas" universal, puesto que hacer este ejercicio en una persona concreta puede ser muy beneficioso, pero en otra puede ser el origen de una patología por sobrecarga. Y todo porque nos arrojamos al ejercicio sin planificar cómo hacerlo, puesto que lo vemos muy sencillo coger unas pesas y comenzar a sacar bíceps.

Los números del daño. Solemos escuchar que es un gran peligro mantenerse sentado en el sillón, y es una verdad porque son muchas las enfermedades relacionadas con el sedentarismo. Pero según los diferentes estudios hechos en Estados Unidos, las personas que cumplen o exceden las recomendaciones de ejercicio moderado o vigoroso presentan entre un 44 y un 66% de probabilidades de presentar lesiones musculoesqueléticas que los sujetos que se mantienen inactivo. 

Además de esto, aunque la salud cardiovascular mejora con el ejercicio físico porque el corazón reduce su frecuencia cardiaca, por ejemplo, el "coste de mantenimiento" del cuerpo físico aumenta drásticamente con la cantidad de ejercicio hecho. 

Una cuestión de sesgos. Sin duda, este es uno o de los puntos más críticos que revela la literatura científica ante la falta de transparencia en los ensayos clínicos relacionados con el ejercicio. Esto es algo que se vio en un análisis donde se englobaron 103 ensayos sobre la artrosis de rodilla, donde se encontró que el 6% de los participantes sufrieron daños directos por este ejercicio. 

Pero lo más preocupante no es la cifra, sino la baja información: muchos pacientes que abandonan los estudios por dolor o malestar no son clasificados como "víctimas de efectos adversos", lo que genera una percepción de seguridad artificialmente alta. Este problema se repite en la oncología, donde el lema "exercise is medicine in oncology" convive con eventos adversos no triviales que han obligado a proponer sistemas de monitorización mucho más estrictos para proteger a los pacientes.

Nos pasamos a veces. El problema de fondo en este caso sin duda es recomendar programas intensivos o complejos sin una relación clara beneficio/daño frente a una alternativa que es mucho más simple. 

Pero, por otro lado, también caemos en el fenómeno de "prevención cuaternaria" haciendo que la medicina se centre en evitar el daño de sus propias intervenciones al medicalizar en exceso, anulando los beneficios del ejercicio físico.

El consenso necesario. De esta manera, los autores que popularizaron el concepto de 'ejercicio como medicina' reconocen explícitamente que el ejercicio no está exento de riesgos. Incluso la propia OMS en sus guías mantiene que la inactividad es el mayor riesgo poblacional, pero hay letra pequeña que se debe tener en cuenta: 

  • El ejercicio se debe 'recetar' comenzando por una intensidad baja, y no optar por la máxima intensidad desde el primer día. Esto hace que una persona que ha pasado años en un sofá comience a cargar mucho peso, por ejemplo, y acabe lesionada. 
  • El dolor no siempre es malo, y hay que educar al paciente para que vea que la fatiga por el gimnasio no se tiene que medicalizar con pastillas. 
  • Hay que evaluar a los pacientes con riesgo cardiaco para evitar que el ejercicio incontrolado agrave la situación. 

Estar supervisados. La conclusión en este caso es que el ejercicio obviamente es necesario y sin duda es una de las prácticas que pueden prevenirnos la aparición de muchas enfermedades. Pero siempre hay que tener conocimiento de lo que hacemos. Cargar el cuerpo con una gran cantidad de ejercicio desde el minuto 0 puede provocar lesiones importantes o el agravamiento de enfermedades que ya haya presentes. 

De esta manera, la posibilidad de estar en un gimnasio con entrenadores que puedan asesorar sobre la curva de progresión que se debe seguir puede ser una interesante idea para tener el beneficio del ejercicio sin las consecuencias de hacerlo de manera agresiva. 

Imágenes | Jonathan Borba

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La red eléctrica de EEUU no soporta tantos centros de datos así que han tenido una idea: desconectarlos para evitar apagones

La red eléctrica de EEUU no soporta tantos centros de datos así que han tenido una idea: desconectarlos para evitar apagones

Un tercio de todos los centros de datos del mundo están en EEUU y eso está suponiendo una enorme carga para la red eléctrica. Una de las consecuencias que los consumidores están notando son las subidas de precio en la factura, pero los operadores eléctricos ya prevén otro problema: apagones. 

Qué está pasando. Lo cuentan en WSJ. La red eléctrica estadounidense está empezando a tensionarse y los operadores de red prevén que se produzcan apagones durante los periodos de alta demanda. La solución que proponen para evitarlo es hacer que los centros de datos se desconecten de la red y usen sus propias reservas energéticas temporalmente. A las tecnológicas no les ha hecho ninguna gracia y hablan de "medidas discriminatorias". 

Por qué es importante. En 2023 los centros de datos ya consumían el 4% de toda la electricidad del país y las previsiones es que para 2028 ese porcentaje aumente hasta el 12%. La red eléctrica no está preparada para soportar tanta demanda y, aunque ya se está ampliando, el ritmo de construcción de nuevos centros de datos va más rápido. Los operadores de red se enfrentan a un dilema de difícil solución: dar energía a los centros de datos y a la vez mantener el suministro a los consumidores.

'Kill switch'.  PJM Interconnection es la organización que supervisa el mercado energético en el medio oeste, donde ya han sufrido el problema de las subidas de precios. La preocupación de que se produzcan apagones está sobre la mesa y PJM ha propuesto que las tecnológicas creen sus propias fuentes de energía o acepten que se les corte el suministro si la red se satura demasiado. 

No son los únicos que han planteado algo así. Ante la previsión de que la demanda se duplique para 2035, Texas se aprobó una ley el año pasado que contempla un 'interruptor de apagado' que permita desconectar a grandes consumidores, como los centros de datos, en momentos en los que la red esté bajo un "estrés extremo".

Qué dicen las tecnológicas. Como decíamos, a las empresas propietarias de estos centros de datos no les ha hecho mucha gracia la propuesta. La Coalición de Centros de Datos, de la que forman parte empresas como Google, Microsoft y AWS, han afirmado que la propuesta es discriminatoria ya que los centros de datos necesitan una red fiable y estable. También alertan que el hecho de depender de sus propias reservas energéticas podría tener un impacto medioambiental negativo, al obligarles a usar soluciones como generadores diésel. 

Tiempos de espera. Hay un escenario intermedio en el que las tecnológicas pueden obtener beneficios si aceptan estas condiciones. Como la infraestructura eléctrica no soporta tanta demanda,  los centros de datos tienen que esperar varios años a ser conectados a la red, normalmente entre 3 y 5 años, aunque ha habido casos de hasta 8 años. Southwest Power Pool, el operador de red en Texas, ha propuesto a los centros de datos un trato: darles acceso a la red más pronto a cambio de aceptar ser desconectados en momentos de alta demanda. 

Según un estudio reciente financiado por Google, los centros de datos que tienen conexiones más flexibles (es decir, aquellos que construyen sus propias fuentes de energía y aceptan las desconexiones temporales) suelen conectarse a la red varios años más rápido que aquellos que no lo hacen. 

Traiga su propia energía. A pesar de la reticencia ante ese botón de apagado, generar su propia energía es la solución más realista y hacia la que parece que se va a mover la industria. Google compró hace poco una empresa eléctrica con el fin de obtener su propia energía. Otras big tech Amazon, Microsoft, Oracle o xAI también están explorando crear sus propias soluciones energéticas como gas natural y placas solares.

Imagen | Google

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Hemos vivido engañados con las distancias del Sistema Solar: el vecino más cercano a Neptuno es Mercurio

Hemos vivido engañados con las distancias del Sistema Solar: el vecino más cercano a Neptuno es Mercurio

Hay información que atesoramos en nuestra cabeza de carrerilla desde que la aprendimos, como las preposiciones o los planetas que conforman el Sistema Solar. Y eso tiene sus hándicaps: tener que enumerar la lista para llegar a lo que te interesa o si ya vas teniendo unos añitos, terminar la retahíla de planetas con Plutón. Spoiler viejuno: Plutón fue degradado en 2006, pese a que hay científicos que cuestionan la definición de planeta y por ende, su aparición o no en esa lista.

¿Cuál es el planeta más cercano a la Tierra? Ante esa pregunta y con la tentación de recitar la lista grabada a fuego, probablemente mucha gente dirá Venus y otra tanta dirá Marte. La realidad tiene su enjundia y aunque la situación cambia con frecuencia, de forma generalizada se considera que la respuesta correcta es Venus. De hecho, echando un vistazo a las distancias entre cada par de planetas llegaríamos a esa misma conclusión. Bueno, sí, pero no.

Mercurio es el caballo ganador. Hasta la NASA se refiere a Venus como "nuestro vecino planetario más cercano" y aunque es cierto si nos ceñimos a qué planeta se acerca más a la Tierra, no es así si lo que nos interesa saber qué planeta es el más cercano en promedio. Aquí la cosa cambia y tiene un nuevo ganador: Mercurio. Mercurio es el planeta más interior del sistema solar, pero de media pasa más tiempo cerca de la Tierra que Venus. Es más, Mercurio es en promedio el planeta más cercano a todos los demás planetas del Sistema Solar.

Cómo se considera la cercanía entre planetas. El método habitual se limita a restar el radio medio de la órbita interior al de la exterior. Así, la distancia media entre la Tierra (1 UA) y Venus (0,72 UA) sería de 0,28 UA. Cuando están más alejados, Venus llega a estar a 1,72 UA de la Tierra. Aunque es intuitivo considerar la distancia promedio entre cada punto de dos elipses concéntricas como la diferencia de sus radios, en realidad esa diferencia solo determina la distancia promedio de los puntos más cercanos de las elipses. 

Un método matemático más preciso que considera el tiempo. El promedio de ambos escenarios anterior mejora el cálculo, pero sigue siendo impreciso, explican los científicos Tom Stockman, Gabriel Monroe y Samuel Cordner. Así que el Instituto Americano de Física ideó un método matemático más preciso que promedia la distancia a lo largo del tiempo de los planetas y en este escenario todo cambia y no solo para la Tierra, también para todos los planetas. 

El método en cuestión se llama punto-círculo (PCM) y modela las órbitas como círculos concéntricos y coplanares. Dado que los planetas pasan el mismo tiempo en cada punto de su órbita, se puede calcular la distancia media integrando todas las posiciones posibles. Con este método, Venus está a una media de 1,14 UA de la Tierra y Mercurio está a solo 1,04 UA. Según explican: 

"Observamos que la distancia entre dos cuerpos en órbita es mínima cuando la órbita interior es la más pequeña. Esa observación da lugar a lo que llamamos el corolario whirly-dirly (una referencia a un episodio de la serie Rick y Morty): para dos cuerpos con órbitas aproximadamente coplanares, concéntricas y circulares, la distancia media entre ambos disminuye a medida que disminuye el radio de la órbita interior."

Las comprobaciones. Este equipo de investigación ejecutó una simulación que calculaba la posición de los ocho planetas a lo largo de 10.000 años y registró su distancia. Los resultados diferían en un 300% respecto al método tradicional, pero menos de un 1% frente al método de punto-círculo.

Mercurio es el más cercano a todos. Este hallazgo no solo afecta a la Tierra. De hecho, puede generalizarse a cualquier par de cuerpos con órbitas aproximadamente circulares, concéntricas y coplanares. Con este método, la distancia media entre dos cuerpos depende del radio de la órbita interior y cuanto más pequeña es la órbita interior, menor es la distancia media. Resumiendo: que Mercurio es el planeta más cercano a la Tierra, pero también a Neptuno y hasta al degradado Plutón. Este hallazgo, más allá de cambiar el paradigma de cómo considerar las distancias entre planetas también puede tener utilidad para estimar comunicaciones con satélites. 


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Un simple cacharro está haciendo que una especie evolucione en vivo y en directo: los colibríes

Un simple cacharro está haciendo que una especie evolucione en vivo y en directo: los colibríes

Durante los últimos años de la década de los 1820s, René Lesson visitó muchas veces la colección ornitológica de François Victor Masséna. Cada mañana, atravesaba las puertas del palacete parisino de los duques de Rivoli y se sumergía entre las más de 12.000 especies que tenían allí acumuladas. Algunos dicen que allí se enamoró.

A veces, justo antes de sumergirse en el trabajo, se cruzaba con una jovencísima Anna d'Essling, la mujer de Masséna. Lesson, que era muy consciente de su situación social, nunca dijo nada; pero en sus papeles describió a Anna como "una mujer de belleza excepcional, elegancia y educación".

Imagino que, por ello, cuando descubrió el colibrí de cabeza color amatista entre los especímenes del Duque, pensó en ella. Imagino que, por ello, Lesson le puso su nombre. Lo que no puedo imaginar es qué pensaría el ornitólogo francés si le contáramos que estamos haciendo "evolucionar" al colibrí que le regaló a Anna hasta cambiarlo para siempre.

Pero es así.

La evolución en vivo y en directo. Llegué a esta historia (y al estudio de Global Change Biology que lo avala) gracias a un bluit de Carlos Cabido. Es, como dice el ecólogo evolutivo, "otro caso de evolución rápida que ha generado cambios adaptativos observables en un periodo brevísimo".

La "pistola humeante". Pero, empecemos por el principio: los investigadores de la Universidad de California Berkeley analizaron la expansión de poblacional y los cambios morfológicos del pico de los colibríes en relación a un cacharro muy concreto: los comederos que, desde los años 30, llevan usándose en la costa oeste de EEUU. 

Se trata de sencillos dispensadores de agua azucarada, pero (siempre según los investigadores) han provocado una serie de cambios muy llamativos. 

¿Qué cambios? A escala regional y temporal, "la densidad/uso de comederos aparece como el mejor predictor de la expansión poblacional"; muy por encima de otras variables analizadas. Eso quiere decir que la instalación de estos dispensadores es la clave de la expansión de los colibríes. 

Vinculado con eso, los investigadores observaron cambios significativos en la morfología del pico: se ha ido haciendo más largo (para acceder mejor al comedero) y afilado (en un contexto donde la territorialidad se está haciendo más importante por estar vinculada aun recurso muy concentrado). 

Y todo esto en un par de décadas. Es decir, en unas diez generaciones. 

¿Por qué es importante? Sobre todo, porque es una muestra más de que un dispositivo barato, masivo y estandarizado (si crea un nuevo entorno alimentario) puede reconfigurar estructuras corporales y repertorios comportamentales.

Y, más allá de todo eso, porque demuestra que, si el cambio ambiental es intenso y sostenido, la selección natural va como un tiro.

Sin embargo, no es colibrí todo lo que resplandece. De hecho, el colibrí de Anna es casi una excepción. Por lo que sabemos, un sinfín de especies de colibrí están sufriendo (y a lo grande) los cambios ligados al antropoceno: pese a que el Anna está creciendo, sus primos hermanos están en clara decadencia. Y sí, es por nuestra culpa.

Si este estudio demuestra que tenemos un gran poder para cambiar la naturaleza, la visión general nos recuerda que "un gran poder conlleva una gran responsabilidad".

Imagen | Robert Bottman

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La noticia Un simple cacharro está haciendo que una especie evolucione en vivo y en directo: los colibríes fue publicada originalmente en Xataka por Javier Jiménez .



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Llevábamos décadas buscando una alternativa al cemento. La acabamos de encontrar en las conchas marinas

Llevábamos décadas buscando una alternativa al cemento. La acabamos de encontrar en las conchas marinas

La búsqueda de elementos de construcción que se aleje de materiales clásicos como el acero, el hormigón o el cemento tiene sentido desde diferentes frentes que van desde la economía a la sostenibilidad pasando por limitaciones técnicas. Sin ir más lejos, ya podemos ver rascacielos hechos de madera y algunos hasta compiten por ser el más alto del mundo. Sí, la madera se postula como una seria alternativa, pero también se puede dar una vuelta de tuerca al cemento tal y como lo conocemos con un nuevo viejo conocido: las conchas de la playa.

De residuo a ingrediente de hormigón. Las conchas marinas que normalmente se tratan como residuos pueden convertirse en una suerte de sustituto del cemento empleado para el hormigón, como ha concluido un estudio de la Universidad de East London publicado en la revista Construction Materials

De hecho, pueden actuar tanto como material de relleno como sustituto parcial del cemento. Así, el análisis microestructural desvelo que las conchas, que son ricas en calcio, ayudan a refinar la estructura porosa del hormigón y favorecen la formación de compuestos adicionales de unión, es decir, que hasta proporciona beneficios adicionales en términos de rendimiento.

Bajo el microscopio. Las conchas de las vieiras están compuestas por una horquilla del 95 al 99% de carbonato de calcio (como la piedra caliza, materia prima del cemento) presentado en dos formas cristalinas, la calcita y el aragonito. El otro 1-5% es la fracción orgánica, que sirve como cemento para unir los cristales de calcio. Las conchas es una suerte caliza biogénica, químicamente compatible con el cemento, que no deja de ser un aglomerante hidráulico de caliza y arcilla.

Hasta un 36% menos de cemento. El proceso además es bastante "simple": moler conchas de vieira para convertirlas en polvo fino apto para sustituir parte de la mezcla de cemento. ¿Cuánto? Hasta un 36% sin alterar sustancialmente las características del hormigón.

Por qué es importante. La sustitución parcial del cemento mediante un material de desecho natural como las conchas es una solución inesperada y novedosa para reducir el impacto ambiental del cemento, en la actualidad responsable de aproximadamente el 7% de las emisiones globales de carbono. Este porcentaje es tan alto no solo por el combustible requerido para calentar los hornos, sino también por la propia química del proceso. De hecho, ya se ha experimentado con mortero ecológico.

El responsable del estudio, el profesor asociado de Ingeniería Estructural en la UEL y doctor Ali Abass aporta más contexto: "El hormigón está en todas partes y, en consecuencia, su huella de carbono es enorme." Respecto a su aplicabilidad más allá del estudio, Abass es optimista: "Con niveles moderados de sustitución, el hormigón se comporta muy bien, lo que significa que esta solución podría escalarse en entornos reales". Además, se resuelven dos problemas a la vez: 

"Cada año se generan millones de toneladas de residuos de conchas en todo el mundo, y la mayoría no tiene un destino útil. Si logramos desviar siquiera una fracción hacia materiales de construcción de bajas emisiones, los beneficios ambientales podrían ser significativos. Es una idea sencilla con un verdadero potencial para transformar parte del sector."

Un paso de gigante hacia una construcción más sostenible. En pocas palabras, el empleo de conchas permitiría recortar cantidades significativas de CO₂ de uno de los materiales más contaminantes del mundo y avanzar hacia una construcción más sostenible. A falta de que futuros ensayos industriales respalden la fiabilidad a gran escala, su potencial de adopción es notable, especialmente en un momento en el que cada vez se aboga más por normas ambientales más estrictas y hay escrutinio sobre el cálculo de la huella de carbono.


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