19 de enero de 2026

El gran error de los lácteos 'light': cómo la industria nos vendió calorías vacías a cambio de cargarse nuestra saciedad

El gran error de los lácteos 'light': cómo la industria nos vendió calorías vacías a cambio de cargarse nuestra saciedad

Hubo un tiempo en que comprar leche entera o yogur “con grasa” se consideraba una imprudencia nutricional. Las guías alimentarias, obsesionadas con la reducción de grasas saturadas, empujaron durante décadas a los consumidores hacia versiones desnatadas, líquidas y pálidas de lo que una vez fue un alimento básico. Comer “ligero” se convirtió en sinónimo de comer bien.

Sin embargo, la narrativa empieza a resquebrajarse. La historia de María Branyas, la mujer que vivió hasta los 117 años y que consumía varios yogures enteros al día, es solo la punta del iceberg de un cambio de mirada más profundo. Los propios investigadores que estudiaron su caso advierten de que el yogur no explica por sí solo su longevidad —en la ecuación entran genética, estilo de vida y entorno—, pero sí pudo desempeñar un papel relevante en el equilibrio de su microbiota intestinal. El foco, hoy, ya no está solo en las calorías que restamos, sino en cuánto procesamiento añadimos por el camino.

El error del procesamiento. Durante más de medio siglo, las autoridades sanitarias animaron a limitar la carne roja y los lácteos grasos, advirtiendo que sus grasas saturadas elevaban el colesterol LDL y, por ende, el riesgo de enfermedades cardíacas. Esta premisa alimentó una industria masiva de productos "light" y "0%".

Sin embargo, el problema no era la vaca. Como explica la Dra. Montse Prados Pérez, miembro de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), cuando se elimina la grasa natural de un alimento se altera su textura, su sabor y su perfil nutricional. Para compensar esa pérdida de sabor, muchos fabricantes recurren a azúcares, almidones, edulcorantes o aditivos. El resultado es un producto con menos grasa, sí, pero también más procesado, menos saciante y potencialmente perjudicial para la microbiota intestinal y los mecanismos de regulación del apetito.

A este fenómeno se suma un posible efecto rebote metabólico. La nutricionista Laura Isabel Arranz advierte de que los edulcorantes, frecuentes en los yogures desnatados, envían una señal dulce al cerebro sin aportar energía real. Esa discordancia puede confundir al metabolismo y favorecer una respuesta más “ahorradora”, preparando al organismo para almacenar con mayor eficacia la energía que llega después.

¿Por qué la grasa entera no actúa igual? Hay una ironía técnica en el pasillo de los lácteos: nos llevamos el bote desnatado para mantener la línea, pero olvidamos que para que el cuerpo las use necesita, precisamente, la grasa que le acaban de quitar. Vitaminas como la A o la D son liposolubles; sin ese vehículo graso natural, la absorción es una quimera. Al final, intentar enriquecer un yogur 0% es como intentar que un coche ande echándole gasolina por fuera. La industria añade el nutriente, pero ha eliminado el mecanismo para que funcione.

Todo ello, se explica mediante la "matriz láctea". A diferencia de otras grasas, la de la leche se presenta de forma natural envuelta en una estructura compleja conocida como membrana del glóbulo graso lácteo (MFGM), rica en fosfolípidos y proteínas bioactivas. Este "envoltorio" biológico, es fundamental porque parece modular positivamente la manera en que nuestro cuerpo procesa el colesterol.

De hecho, investigaciones recientes publicadas en The American Journal of Clinical Nutrition han observado que el consumo de yogur y queso mantiene una relación neutra —e incluso potencialmente beneficiosa— con la salud cardiovascular, a diferencia de lo que cabría esperar si solo se analizara su contenido en grasas saturadas de forma aislada.

Yogur entero y riesgo metabólico. Las evidencias empiezan a concretarse también en ensayos clínicos. Un estudio publicado en 2025 comparó el consumo de yogur entero (3,25 % de grasa) frente al desnatado en adultos con prediabetes. Tras tres semanas, quienes consumieron yogur entero mostraron una reducción significativa de los triglicéridos en sangre en comparación con el grupo que tomó yogur sin grasa. Aunque se trata de un estudio de corta duración y en una población específica, sus resultados se suman a una literatura científica cada vez más consistente.

En esta línea, el cardiólogo Dariush Mozaffarian, director del Instituto Food Is Medicine de la Universidad de Tufts, sostiene que las grasas lácteas no son intrínsecamente perjudiciales y que existe “amplia evidencia” de los beneficios de los lácteos fermentados. Por su parte, el yogur natural y kéfir aportan saciedad, favorecen la salud intestinal y ayudan a evitar el consumo posterior de calorías vacías.

Volver a los alimentos de verdad. La conclusión para el consumidor empieza a ser clara: el miedo no debería estar en la grasa natural, sino en el procesamiento artificial. Las nuevas directrices dietéticas en Estados Unidos ya reflejan este cambio de paradigma al insistir, por primera vez de forma explícita, en la necesidad de priorizar alimentos reales y evitar los ultraprocesados cargados de azúcares, sodio y aditivos.

Esto no significa que los lácteos enteros deban consumirse sin límite ni que sean adecuados para todos los perfiles. Instituciones como Harvard recuerdan que la grasa láctea sigue siendo mayoritariamente saturada y que la moderación continúa siendo clave, especialmente en personas con enfermedad cardiovascular o hipercolesterolemia familiar. Pero fuera de esos contextos clínicos, como resume la doctora Prados Pérez, el yogur natural entero vuelve a tener sentido: sacia más, conserva su matriz original y requiere menos intervenciones industriales. 

Al final, quizá el secreto no estaba en reformular los alimentos en un laboratorio, sino en algo mucho más simple: abrir un yogur natural y comérselo tal como siempre fue.

Imagen | Freepik

Xataka | La mujer que vivió hasta los 117 años tenía un yogur favorito: un yogur que ahora miles de personas están buscando

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La "regla de los 90 minutos": la ciencia tiene algo que decirle a todos los que toman café nada más levantarse

La "regla de los 90 minutos": la ciencia tiene algo que decirle a todos los que toman café nada más levantarse

Tomar un café para muchos es algo que es imprescindible para poder arrancar el día. Es algo que en nuestro país se ha convertido en un hábito cultural, pero también es un evento farmacológico muy relevante. Puesto que aunque el día de muchas personas no empieza hasta este café, nuestro cuerpo ya tiene su propio sistema de "arranque" integrado de serie que podríamos estar afectando. 

Un buen debate. De manera reciente ha surgido una idea que ha sentado un precedente: ingerir cafeína inmediatamente después de despertar interfiere con la biología natural del cuerpo. Concretamente, con el cortisol, que es la hormona del estrés que nos permite despertarnos por la mañana y mantenernos durante el día. Ante esto, se recomienda esperar entre 60 y 90 minutos para poder tomar la primera taza de café. Aunque... ¿Cuánta verdad tiene esto? 

Si analizamos la literatura clínica y los estudios poblacionales más recientes, descubrimos que el café por la mañana es, en efecto, un aliado potente para la salud cardiovascular, pero su eficacia máxima depende de una sincronización fina con nuestras hormonas.

Inyección natural de energía. Para entender el efecto del café en nuestro organismo, primero hay que entender qué ocurre cuando no lo tomas. Al abrir los ojos, tu cerebro no se enciende como un interruptor, sino que inicia una cascada química conocida como Respuesta del Despertar del Cortisol (CAR).

Esto es algo fundamental, puesto que a partir del despertar el cortisol comienza a aumentar y alcanza su pico máximo aproximadamente entre los 30 y 60 minutos después de abrir los ojos. Una hormona fundamental para activarnos, y que se libera en gran cantidad, por ejemplo cuando estamos estresados o hay algún peligro. 

Un limbo de señales. De esta manera, si introducimos cafeína justo en el cuerpo cuando se está elevando el cortisol, podemos estar generando una sobreestimulación innecesaria, aumentando el nerviosismo o los llamados jitters

Además, la cafeína (pese a que algunos les duela) no aporta energía real a nuestro cuerpo, sino que lo que hace es bloquear los receptores de adenosina, que es la responsable de que sintamos cansancio. De esta manera, al despertar, todavía queda algo de esta señal en el cuerpo y si la bloqueamos de golpe y demasiado pronto, al desaparecer el efecto del café esta adenosina acumulada se une de golpe a sus receptores y provoca la famosa fatiga de media tarde. 

Lo que sabe la ciencia. A día de hoy no existen ensayos clínicos controlados que comparen el rendimiento cognitivo a largo plazo de un grupo de personas que toma café inmediatamente frente a otro que espera 90 minutos. Pero lo que si sabemos es que hay un efecto de tolerancia

Un estudio publicado en PMC señala que en consumidores habituales de café, la respuesta del cortisol a la cafeína se atenúa significativamente. Es decir, tu cuerpo ya se ha acostumbrado a ese "golpe" matutino y la interferencia hormonal es mucho menor que en un consumidor ocasional. De esta manera, cuando retiramos el café de la mañana a una persona puede que le sea mucho más difícil arrancar correctamente su cuerpo al faltarle ese 'impulso' al que su cuerpo se ha acostumbrado. 

La batalla nocturna. Donde la ciencia sí es tajante es en el uso de cafeína tarde en el día. Un estudio en Science Translational Medicine demostró que un espresso doble tres horas antes de dormir retrasa el reloj circadiano en unos 40 minutos, afectando seriamente la calidad del sueño.

¿Merece la pena esperar? Si eres de los que siente una ansiedad intensa tras el primer café o si experimentas un bajón de energía insoportable a las dos de la tarde, la recomendación de esperar 90 minutos tiene plausibilidad fisiológica y puede ser un experimento personal valioso. Al retrasar la cafeína, permites que el cortisol haga su trabajo y que la adenosina residual se limpie de forma más natural para no tener ese cansancio tan desagradable a media tarde. 

Sin embargo, para la población general sana y habituada al café, no hay pruebas de que tomarlo nada más levantarse sea perjudicial. Únicamente nos quedamos con ese efecto de dependencia al café que interfiere con la propia 'cafeína' interna del despertar que produce nuestro cuerpo. Es por ello que la regla de los 90 minutos es más un consejo basado en la observación clínica y la lógica biológica que en estudios robustos. 

En Xataka | Sabíamos que el café era bueno para la salud, pero ahora hemos descubierto que es un gran aliado de nuestra microbiota

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Ciencia de datos para reforestar Chile: ORCHIDEE, el modelo que integra carbono y agua en escenarios climáticos futuros

Un investigador chileno del Data Observatory (DO) se capacitó en Francia en el uso de ORCHIDEE, uno de los modelos de superficie terrestre más avanzados y validados a nivel mundial, con el objetivo de aplicar esta herramienta en el diseño de estrategias de reforestación basadas en evidencia científica, considerando simultáneamente el secuestro de carbono y la disponibilidad hídrica.

Jorge Herrera, ingeniero en recursos naturales y tesista del doctorado en Ingeniería en Sistemas Complejos del Data Observatory, realizó una pasantía de tres meses en el Laboratoire des Sciences du Climat et de l’Environnement (LSCE), principal centro francés de investigación en clima y medio ambiente. Allí se especializó en el uso de ORCHIDEE —modelo clave en las proyecciones de cambio climático global— utilizado por equipos científicos de Francia, China, Bélgica, Alemania y Estados Unidos, y ampliamente citado en revistas de alto impacto como Nature, Science, PNAS y Nature Geoscience.

En el marco de su investigación doctoral, Herrera aplicará ORCHIDEE para evaluar la viabilidad espacial de la forestación en Chile, analizando distintos escenarios que integren tanto el potencial de secuestro de carbono como el uso de agua en diversos territorios del país. Este enfoque permitirá construir una línea base detallada del funcionamiento de los ecosistemas forestales, incorporando variables biofísicas, climáticas y del suelo, fundamentales para proyectar estrategias de plantación más sostenibles en un contexto de cambio climático y escasez hídrica.

Actualmente, Chile enfrenta una limitada disponibilidad de datos locales que integren de forma conjunta carbono y agua, lo que dificulta una evaluación precisa de las políticas de forestación. En este escenario, ORCHIDEE se posiciona como una herramienta clave para fortalecer la toma de decisiones basada en ciencia.

“Cuando no contamos con suficiente información, modelos como ORCHIDEE permiten simular el comportamiento de los ecosistemas a partir de principios biofísicos, integrando información climática, del suelo y de la vegetación”, explica Herrera. “Esto permite proyectar cómo podrían cambiar los ecosistemas bajo distintos escenarios de forestación y clima futuro, orientando decisiones más informadas y coherentes con la realidad territorial”, agrega.

Este trabajo adquiere especial relevancia frente a los compromisos de carbono neutralidad asumidos por Chile para 2030 y 2050, cuya implementación requiere evaluar con mayor precisión las condiciones ambientales donde se desarrollarán estas acciones. La incorporación de modelos de alta complejidad como ORCHIDEE representa además un avance metodológico inédito en el país, fortaleciendo las capacidades nacionales para el estudio de los ecosistemas terrestres y su rol frente al cambio climático.

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Marte era un congelador, pero sus lagos estaban vivos: el secreto era una "manta" de hielo invisible

Marte era un congelador, pero sus lagos estaban vivos: el secreto era una "manta" de hielo invisible

Durante décadas, los geólogos planetarios se han enfrentado a una paradoja que no terminaba de encajar. Por un lado, las misiones como Curiosity en el cráter Gale muestran pruebas irrefutables de que hubo lagos de agua líquida durante miles o millones de años. Por otro, los modelos climáticos insisten en que el Marte antiguo era un lugar gélido, con temperaturas muy por debajo del punto de congelación.

Un nuevo paradigma. La pregunta en este caso está bastante clara: ¿cómo puede haber agua líquida estable en un planeta donde el termómetro apenas sube de los cero grados? Un nuevo estudio liderado por la Universidad Rice y publicado en AGU Advances parece haber encontrado la pieza que faltaba en el rompecabezas: escudos de hielo estacionales.

El modelo LakeM2ARS. Para resolver el misterio, el equipo de investigadores desarrolló un modelo específico llamado LakeM2ARS. En este modelo se incluyeron todo lo que sabemos de los terrestres, pero adaptados a las condiciones extremas que había en Marte hace 3.600 millones de años. Es decir, un clima con menos luz solar al estar ante un Sol más joven, una atmósfera con mucho más dióxido de carbono y unos ciclos de congelación y deshielo mucho más agresivos que los de la Tierra.

Sobre estos modelos, los investigadores comenzaron a aplicar diferentes situaciones climáticas distintas, cubriendo un periodo de 30 años marcianos, lo que equivale a 56 años terrestres. Los resultados en este caso apuntaban a algo bastante fascinante: el agua de los lagos solo se congelaban en su superficie creando un escudo de hielo. 

Una "manta" natural. La investigación introduce el concepto de "escudo de hielo" o "natural blanket". En lugar de ser un bloque de hielo sólido, los lagos del Cráter Gale habrían estado protegidos por una capa de hielo estacional lo suficientemente fina como para permitir procesos dinámicos debajo de ella.

De esta manera, esta "manta" actuaba como un aislante térmico, ya que el hielo cuenta con una conductividad térmica baja. Lo bueno de esto es que una vez que se forma una capa en la superficie, el agua líquida debajo queda "atrapada" y protegida del aire gélido, manteniendo una temperatura estable a pesar de que en el exterior el termómetro cayera en picado.

Otra ventaja. Más allá de esto podemos ver que la baja presión marciana provoca que el agua líquida tiende a sublimarse rápidamente. El hielo de esta manera actuaba como un tapón físico, conservando el inventario de agua durante décadas o incluso siglos. 

Pero no es que debajo el agua estuviera completamente frío, sino que al ser una capa delgada la luz solar podía atravesarla (similar a lo que ocurre en los lagos de los Valles Secos de la Antártida), generando un ligero calentamiento interno. 

La pieza que faltaba. Una de las mayores críticas a la hipótesis de un Marte frío era la ausencia de huellas geomorfológicas. La gran pregunta que nos podemos hacer sin duda es que si Marte era un congelador, ¿dónde están los grandes depósitos de morrenas y las cicatrices que dejan los glaciares al avanzar?

El estudio de la Universidad Rice da una respuesta elegante: el hielo era demasiado fino. Al no tratarse de glaciares masivos, sino de capas delgadas y estacionales, no tenían el peso ni la dinámica necesaria para erosionar el terreno de forma drástica. Esto encaja perfectamente con las observaciones de Curiosity, que muestran sedimentos lacustres de grano fino, típicos de aguas tranquilas, y no el caos de rocas que dejaría un glaciar.

La vida microscópica. Este descubrimiento cambia las reglas del juego para la astrobiología que quiere buscar por encima de todo pruebas de la vida en el planeta rojo. En este caso se plantea la teoría de que si los lagos marcianos estaban sellados por hielo, se convertían en entornos extremadamente estables. Bajo el hielo, la vida habría estado protegida de la radiación UV dañina y de las fluctuaciones extremas de temperatura.

Es por ello que Marte no necesitaba ser un paraíso tropical para ser habitable; le bastaba con tener una buena "armadura" de hielo que mantuviera sus oasis líquidos a salvo del vacío gélido del espacio.

Imágenes | BoliviaInteligente

En Xataka | China acaba de resolver una de las mayores dudas para ir a Marte con el nacimiento de seis ratones espaciales

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Alerta por extensiones de Chrome que roban información sensible de empresas

Cinco extensiones maliciosas de Chrome han sido detectadas robando datos sensibles de plataformas empresariales como Workday, NetSuite y SuccessFactors. El ataque permite a los ciberdelincuentes secuestrar sesiones y bloquear defensas, poniendo en riesgo la seguridad de compañías y empleados.

Ilustración conceptual de extensiones maliciosas de Chrome atacando plataformas empresariales.

El uso de extensiones en navegadores web es habitual para mejorar la productividad, pero también representa un vector creciente de ataques. Las extensiones identificadas, entre ellas DataByCloud Access, Tool Access 11 y Software Access, están diseñadas específicamente para infiltrarse en entornos corporativos y explotar la sensibilidad de los datos gestionados.

Una vez instaladas, estas extensiones son capaces de:

  • Robar tokens y cookies de sesión

  • Tomar control de cuentas corporativas sin credenciales adicionales

  • Manipular el DOM para bloquear paneles de administración

  • Exfiltrar datos a servidores controlados por los atacantes

Todo el tráfico robado se canaliza hacia dominios como api.databycloud[.]com y api.software-access[.]com, desde donde los atacantes gestionan las sesiones comprometidas y amplían su control sobre las víctimas.

El impacto operativo es elevado, ya que el secuestro de cuentas puede habilitar fraudes internos, filtraciones de información confidencial, acceso a nóminas y movimientos no autorizados en plataformas críticas. La amenaza se agrava en organizaciones con controles básicos o ausencia de monitorización activa del navegador.

Para mitigar este tipo de ataques, los expertos recomiendan auditar periódicamente las extensiones instaladas, aplicar políticas de restricción de software, incorporar soluciones EDR con visibilidad sobre el navegador y fomentar la concienciación del usuario. Tras identificar estas extensiones maliciosas, se aconseja restablecer contraseñas, revisar accesos sospechosos y verificar el estado de las cuentas afectadas.

La proliferación de este tipo de amenazas confirma que el navegador se ha convertido en un vector crítico en ciberseguridad corporativa, y que la protección debe extenderse más allá del endpoint tradicional.

Más información

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