23 de enero de 2026

Un “gato de Schrödinger” con 7.000 átomos: cómo se estira la superposición cuántica y qué le está pasando a la ciencia en EE. UU.

cuantico

La superposición cuántica se suele contar con una historia famosa: un sistema puede estar “en dos estados a la vez” hasta que lo medimos. A fuerza de repetirse, a veces suena a juego filosófico. La parte interesante es que, en el laboratorio, la superposición no es una licencia poética: deja huellas medibles, igual que unas ondas en el agua dejan un dibujo cuando se cruzan. Si has visto dos altavoces reproduciendo el mismo tono y notado zonas donde el sonido se refuerza y otras donde casi desaparece, ya tienes la intuición: interferencia. En cuántica, esa interferencia aparece cuando un objeto se comporta como onda.

La novedad de estos días es que ese comportamiento ondulatorio se ha observado en un objeto muchísimo más grande de lo habitual: un conjunto de más de 7.000 átomos. Es un salto de escala que ayuda a explorar una pregunta con sabor muy humano: ¿dónde está el límite entre lo cuántico y lo cotidiano?

Qué significa “más grande” en cuántica: no es tamaño, es fragilidad

Cuando se habla de “el mayor gato de Schrödinger”, no se quiere decir que hayan metido una bola visible a simple vista en dos sitios a la vez. Lo que crece es la masa y la complejidad del objeto que logra mantener coherencia cuántica el tiempo suficiente como para producir interferencia. Cuantos más átomos tiene, más fácil es que el entorno lo “chive”: una colisión con una molécula de aire, un poquito de radiación térmica, una vibración minúscula. Es como intentar llevar una bandeja llena de copas hasta la mesa: con una sola copa ya puedes tropezar, pero con doce el margen de error se vuelve ridículo.

Por eso, ver interferencia en un objeto con miles de átomos es tan relevante. No es solo un récord; es una demostración de control sobre un sistema que, por naturaleza, tiende a perder su carácter cuántico.

El experimento: interferometría de ondas de materia con nanopartículas

El método se apoya en la idea de que la materia, igual que la luz, puede exhibir comportamiento ondulatorio. En una interferometría de ondas de materia, se prepara una partícula de forma que su trayectoria sea indistinguible entre dos caminos posibles, y después se recombinan. Si aparece un patrón de interferencia, el sistema no “eligió” un camino desde el principio: la descripción más directa es que estuvo en una superposición de posibilidades.

Aquí lo notable es el objeto: una nanopartícula formada por más de 7.000 átomos. En el trabajo se describe que la deslocalización del estado —la extensión espacial asociada a esa superposición— llega a superar ampliamente el tamaño físico de la propia partícula. Dicho de forma sencilla: no es que la partícula se “duplique” como en un truco de magia; es que la probabilidad asociada a su posición se distribuye como una onda que puede interferir consigo misma, y eso deja un patrón verificable.

Qué se pone a prueba: el borde entre lo cuántico y lo clásico

Este tipo de resultados tocan una zona delicada de la física: por qué la mecánica cuántica, que funciona tan bien en lo microscópico, no se nos presenta a diario en objetos macroscópicos. Hay propuestas teóricas que sugieren que, a partir de cierta escala, la naturaleza podría introducir algún mecanismo que haga colapsar la superposición “por sí sola”, sin necesidad de medir. Muchas de esas ideas predicen que, al aumentar masa, distancia o tiempo, la interferencia debería degradarse.

Cuando un experimento consigue interferencia con objetos más masivos, está empujando el listón: si existiera un “apagado” natural de la cuántica a gran escala, debería aparecer antes. Al no aparecer, esas propuestas quedan más constreñidas. No significa que el debate filosófico desaparezca, pero sí que el terreno experimental se estrecha, y eso en ciencia es oro.

¿Esto se traduce en tecnología cuántica mañana? La respuesta útil es matizada

Es tentador pensar: “si ya dominan superposiciones enormes, la computación cuántica está a la vuelta de la esquina”. La realidad es más matizada. La computación cuántica depende de qubits controlables, corrección de errores y escalabilidad. Este experimento es otra cosa: es una prueba de que se puede mantener coherencia en objetos complejos y medirla con precisión.

Aun así, hay conexión tecnológica. Aprender a aislar sistemas grandes del entorno, reducir fuentes de decoherencia y diseñar interferómetros robustos es conocimiento transferible a sensores cuánticos y a metrología de alta precisión. Piensa en la diferencia entre saber mantener una vela encendida en una habitación sin corrientes y lograrlo en una azotea con viento: no es lo mismo que fabricar una central eléctrica, pero te enseña muchísimo sobre control y estabilidad.

La otra cara del episodio: ciencia en EE. UU. tras un año de Trump 2.0

La conversación no se quedó en cuántica. También repasó cómo ha cambiado la investigación en Estados Unidos durante el primer año del segundo mandato de Donald Trump. El panorama que dibujan los reportajes recientes es de tensión sostenida: programas interrumpidos o congelados, reestructuraciones en agencias, y un clima de incertidumbre que afecta a planificación científica, contrataciones y continuidad de proyectos.

Hay una capa institucional interesante: no todo depende de una sola firma. El Congreso puede frenar o redirigir partidas, y se han visto choques entre propuestas de recortes y decisiones legislativas para mantener o elevar financiación en áreas estratégicas. Esto suele traducirse en un día a día extraño para los laboratorios: se anuncian cambios, se renegocian presupuestos, se alargan trámites, se retrasa la compra de equipamiento, se congela la incorporación de personal. La ciencia, que funciona por acumulación y continuidad, sufre especialmente cuando la regla del juego cambia a mitad de partida.

También aparecen decisiones sobre qué líneas de investigación se apoyan o se limitan por razones políticas o éticas. Un ejemplo reciente es el debate sobre financiación de investigaciones que utilizan determinados tipos de tejido biológico humano. Estas medidas no se quedan en la teoría: obligan a equipos a rediseñar métodos, buscar modelos alternativos y repetir validaciones que ya estaban encarriladas.

Dos guiños “ligeros” que aterrizan la ciencia en casa

Entre los temas principales, el episodio mencionó hallazgos que recuerdan que la ciencia también es una lupa sobre lo cotidiano.

Uno viene de la arqueología: el análisis de cerámicas antiguas sugiere formas tempranas de pensamiento matemático antes de que existieran registros escritos formales. Es una idea bonita porque pone la matemática en el terreno del hacer: en patrones repetidos, simetrías y decisiones de diseño que, sin números explícitos, ya implican reglas.

El otro hallazgo es de comportamiento animal: algunos perros especialmente dotados pueden aprender palabras nuevas simplemente escuchando conversaciones humanas, sin entrenamiento directo. Es el equivalente canino a enterarse por contexto: oyes “tráeme la bufanda” varias veces, miras hacia dónde va la persona, asocias el objeto… y un día lo aciertas. No es lo común en todos los perros, pero sí una ventana a cómo el aprendizaje social puede ocurrir sin instrucciones explícitas.




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Hay una palabra que se ha multiplicado de forma exagerada en artículos científicos por un motivo: le gusta a ChatGPT

Hay una palabra que se ha multiplicado de forma exagerada en artículos científicos por un motivo: le gusta a ChatGPT

Que hay artículos académicos escritos por IA es algo que ha quedado probado anteriormente, la cuestión es cómo de grave es. Para conocer la magnitud de esta práctica, un grupo de investigadores ha revisado millones de resúmenes de papers publicados en PubMed y han encontrado algo interesante: hay una palabra que le encanta a la IA y el motivo de que le guste tanto es bastante turbio.

Delve. Su traducción es 'profundizar' y su uso se multiplicó x28 entre 2022 y 2024, que casualmente coincide con el boom de ChatGPT y los modelos de lenguaje. También se citan otras palabras como 'underscore' (subrayar) o 'showcasing' (exponiendo), con un aumento de frecuencia de x13,8 y x10,7 respectivamente. Ninguna de ellas es un sustantivo o una palabra relacionada con el contenido, sino que tiene más que ver con el estilo de la escritura y es muy característica del lenguaje florido que suelen usar los LLM. 

Lenguaje florido. ¿Significa esto que si vemos una de estas palabras en un paper se haya escrito con IA? No necesariamente, pero el aumento es brutal. Los investigadores han comparado el aumento de 'delve' con otras palabras clave, como por ejemplo pandemia, la cual tuvo un pico enorme en 2020 y empezó a decaer en 2021. El aumento de la frecuencia de uso de 'delve' es muchísimo más pronunciado que todas las demás.

Sciadv Adt3813 F1 Fuente: Science

No es casual. Hay una etapa en el proceso de creación de un chatbot como ChatGPT que requiere la intervención de humanos para afinar las respuestas; es lo que se conoce como aprendizaje por refuerzo a partir de la retroalimentación humana  (por sus siglas en inglés RLHF). Resulta que la mayor parte de trabajadores que se dedican a esta labor de refinado se encuentran en países de África, como Nigeria. Adivinad dónde es bastante habitual el uso de estas palabras en inglés formal. Exacto, en Nigeria.

Estilo africano. 'Delve' es una palabra bastante común en el inglés de negocios en África, especialmente en Nigeria, y no es la única. También hay otras como 'leverage', 'explore' o 'tapestry' que son más comunes en inglés africano. Según 311institute, aunque el feedback humano es muy pequeño en comparación a las enormes cantidades de datos de entrenamiento, tiene un gran impacto ya que es lo que define el tono del modelo al respondernos. 

Etiquetado de datos. Es un paso clave para el entrenamiento de grandes modelos de lenguaje y requiere que haya humanos detrás. El problema es que la mayoría de trabajadores que se dedican a ello son de países empobrecidos como Nigeria, Kenia o India, entre otros. Por si las jornadas interminables y los sueldos irrisorios fuera poco, muchas veces los trabajadores deben revisar imágenes violentas y muy explícitas, todo sin ningún tipo de apoyo psicológico.

En Xataka | Ser moderador de porno no tiene nada de divertido. Estaba expuesto a “contenido extremo, violento, gráfico y sexualmente explícito”

Imagen | National Institute of Allergy and Infectious Diseases en Unsplash

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Chile en la escena cuántica global: Carla Hermann moderará la clausura del Año Internacional de la Ciencia y la Tecnología Cuánticas

La académica de la Universidad de Chile e investigadora del Instituto Milenio MIRO fue invitada a participar en el encuentro final del IYQ 2025, que reunirá en África a líderes internacionales para proyectar el futuro de la ciencia y las tecnologías cuánticas.

Chile vuelve a posicionarse en la conversación científica global. La profesora Carla Hermann, académica del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad de Chile e investigadora asociada del Instituto Milenio de Investigación en Óptica (MIRO), fue invitada a participar en la ceremonia de clausura del Año Internacional de la Ciencia y la Tecnología Cuánticas (IYQ, por sus siglas en inglés), que se realizará los días 10 y 11 de febrero de 2026 en Accra, Ghana.

La instancia, organizada por el Comité Directivo del IYQ, reunirá a referentes del mundo académico, industrial, gubernamental y de organismos internacionales para evaluar los principales avances del año conmemorativo y proyectar los desafíos futuros de la ciencia cuántica a nivel global.

En este contexto, y en reconocimiento a su trayectoria y experiencia, la Dra. Hermann cumplirá el rol de moderadora del panel “Ciencia cuántica para el desarrollo global: formación de talento, ampliación del acceso y proyección de la competitividad nacional”. La sesión abordará cómo las ciencias y tecnologías cuánticas pueden contribuir a un desarrollo más inclusivo, mediante la preparación estratégica de capital humano, el acceso equitativo a tecnologías emergentes y la generación de alianzas que fortalezcan la innovación y la competitividad de los países.

Como moderadora, Carla Hermann conducirá el diálogo entre las y los panelistas, fomentará la interacción con el público y contribuirá a la síntesis de las conclusiones clave de esta instancia de alto nivel.

La ceremonia de clausura del IYQ marcará el cierre de un año de actividades desarrolladas a escala mundial para conmemorar los 100 años de la mecánica cuántica, consolidando nuevas oportunidades de colaboración internacional en un ámbito estratégico para el desarrollo científico y tecnológico del siglo XXI.

Destacada participación internacional

Durante el Año Internacional de la Ciencia y la Tecnología Cuánticas, declarado por la UNESCO en 2025, la Dra. Carla Hermann tuvo una participación activa y de alto impacto. Fue seleccionada como parte de Quantum 100, una iniciativa que reconoce a cien referentes internacionales que impulsan el desarrollo de la ciencia cuántica y sus aplicaciones en ámbitos científicos, industriales, educativos, culturales y de políticas públicas.

En Chile, integró la comisión asesora para la elaboración de la Estrategia Nacional de Tecnologías Cuánticas 2025–2035, presentada oficialmente por el Gobierno, contribuyendo a delinear una hoja de ruta estratégica para el desarrollo del área en el país.

Paralelamente, ha desarrollado una intensa labor de divulgación científica, a través de redes sociales —como la cuenta @quantumcarla— y la conducción del programa radial Let’s Get Physical, que acerca temas de frontera de la física, incluida la cuántica, a públicos amplios mediante conversaciones accesibles con especialistas.

Su trayectoria incluye además un rol pionero en la óptica cuántica en Chile, liderando el primer laboratorio de esta área en la Universidad de Chile, así como iniciativas orientadas a la inclusión y equidad en ciencia, entre ellas la beca UNESCO para cuidado familiar en eventos científicos, inspirada en su propia experiencia como científica y madre.

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Estudios vinculan los conservantes de alimentos con mayor riesgo de cáncer y diabetes tipo 2

Durante décadas, los conservantes han sido considerados aliados clave de la industria alimentaria: prolongan la vida útil de los productos, previenen la proliferación de microorganismos y garantizan la seguridad sanitaria. Sin embargo, nuevos estudios científicos comienzan a cuestionar su aparente inocuidad. Investigaciones recientes realizadas en Francia sugieren que el consumo habitual de ciertos conservantes alimentarios podría estar asociado a un mayor riesgo de desarrollar cáncer y diabetes tipo 2.

Los resultados provienen del estudio NutriNet-Santé, una de las cohortes nutricionales más grandes del mundo, que desde 2009 sigue a más de 170 mil personas adultas mediante registros detallados de alimentación, estilo de vida y datos médicos del sistema de salud francés. A partir de esta base, investigadores analizaron la relación entre la exposición prolongada a distintos aditivos y la aparición de enfermedades crónicas.

Según explica Mathilde Touvier, investigadora principal del proyecto y directora de investigación del Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia (INSERM), se trata de los primeros estudios a nivel mundial que exploran de forma específica la asociación entre conservantes y estas patologías. “Los resultados deben interpretarse con cautela y requieren confirmación”, advierte, aunque subraya que la evidencia es lo suficientemente relevante como para abrir un debate científico y regulatorio.

Conservantes y riesgo de cáncer

El estudio sobre cáncer, publicado en la revista BMJ, analizó el consumo de 58 conservantes en más de 105 mil personas sin diagnóstico previo de cáncer, seguidas durante un período de hasta 14 años. Tras ajustar variables como tabaquismo, actividad física, consumo de alcohol y otros factores dietarios, los investigadores identificaron seis conservantes asociados a un mayor riesgo de distintos tipos de cáncer.

Entre ellos destacan el nitrito de sodio y el nitrato de potasio, ampliamente utilizados en carnes procesadas como jamón, tocino y embutidos. El primero se asoció con un aumento del riesgo de cáncer de próstata, mientras que el segundo mostró relación con cáncer de mama y con el riesgo total de cáncer. Ambos compuestos ya han sido objeto de preocupación por su capacidad de formar nitrosaminas, sustancias potencialmente carcinógenas.

También se observaron asociaciones con los sorbatos (especialmente sorbato de potasio), el metabisulfito de potasio, los acetatos y el ácido acético, presentes en productos como panes industriales, quesos, salsas, bebidas fermentadas y conservas. Llamativamente, varios de estos aditivos están clasificados como “generalmente reconocidos como seguros” (GRAS) por la FDA en Estados Unidos.

El análisis incluyó además conservantes antioxidantes y de origen vegetal, como derivados de vitamina C, vitamina E y extractos de romero. Aunque estos compuestos suelen considerarse beneficiosos cuando se consumen como parte de alimentos frescos, los investigadores plantean que su uso aislado como aditivos podría generar efectos distintos en el organismo, posiblemente mediados por la microbiota intestinal y procesos inflamatorios.

Diabetes tipo 2: una señal de alerta adicional

En paralelo, un segundo estudio publicado en Nature Communications evaluó la relación entre conservantes y diabetes tipo 2 en casi 109 mil participantes sin diagnóstico previo. Los resultados mostraron que las personas con mayor consumo de ciertos conservantes presentaban hasta un 50% más de riesgo de desarrollar esta enfermedad metabólica.

Cinco conservantes —entre ellos el sorbato de potasio, el nitrito de sodio y el ácido acético— coincidieron en ambos estudios como factores asociados tanto a cáncer como a diabetes tipo 2. A ellos se sumaron otros aditivos como el propionato de calcio, utilizado para evitar el crecimiento de moho, y varios antioxidantes sintéticos y naturales empleados en alimentos ultraprocesados y bebidas.

¿Qué implican estos hallazgos?

Si bien se trata de estudios observacionales —lo que impide establecer relaciones causales directas—, los autores destacan la solidez metodológica del trabajo y la coherencia de los resultados con evidencia experimental previa en modelos animales y celulares. Para expertos externos, como el médico y especialista en medicina preventiva David Katz, estos datos refuerzan una recomendación ya conocida: priorizar una alimentación basada en alimentos frescos, integrales y mínimamente procesados.

Desde el equipo investigador, la conclusión es clara: se necesita más investigación, pero también una revisión crítica del uso masivo de aditivos en la industria alimentaria. Como señala Anaïs Hasenböhler, primera autora de ambos estudios, esta evidencia “se suma a los argumentos para reevaluar las regulaciones actuales y fortalecer la protección de los consumidores”.

En un contexto global marcado por el aumento de enfermedades crónicas y el consumo creciente de alimentos ultraprocesados, estos estudios abren una pregunta clave: ¿estamos subestimando el impacto a largo plazo de los conservantes en nuestra salud?

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La primera hora tras despertar es más valiosa que cualquier café potente: la clave no es dormir bien es despertarse correctamente

La primera hora tras despertar es más valiosa que cualquier café potente: la clave no es dormir bien es despertarse correctamente

Levantarse por las mañanas es, en ocasiones, el mayor esfuerzo que hace una persona, al abandonar el calor y la comodidad de su cama. Sobre todo, cuando fuera está lloviendo y hace frío. Sin embargo, la primera hora después de abrir los ojos marca el inicio de un día lleno de energía si se aprovecha bien.

Este momento natural del cuerpo supera a cualquier estímulo rápido. El cortisol se dispara, por lo que se convierte en la gasolina perfecta para hacer determinadas cosas que luego te van a dar pereza. Eso sí, no despertarte de la forma adecuada puede hacer que el resto del día vayas a rastras.

El pico matutino que activa el cuerpo. Tal y como explicaba el neurocientífico de Stanford Andrew Huberman en el podcast Modern Wisdom, "el pico de cortisol en la mañana es esencial. Si no se produce, el cuerpo responde con más estrés después y es difícil recuperar la calma en la tarde".

De acuerdo al estudio llevado a cabo por un grupo de investigadores de las distintas universidades de Alemania, Reino Unido y EEUU, tu cuerpo funciona como un reloj bien afinado: desde la madrugada, el cortisol empieza a subir para alcanzar un determinado nivel que provoca que te despiertes. Investigadores de EEUU y México descubrieron que ese pico de cortisol se mantiene durante unos 45 minutos, en los que saca energía de los azúcares guardados en el hígado y pone el cerebro en modo alerta, listo para enfrentar lo que venga sin esa sensación de atontamiento mañanero.

Si aprovechas ese pico para estirar, caminar o hacer cualquier actividad física durante en ese rato, te resultará mucho más sencillo crear nuevos hábitos, porque la mente retiene mejor ese momento y lo asimila de forma positiva.

Potenciar el despertar. De acuerdo al experto, los niveles de cortisol en el momento de despertarse son incluso mayores que los que se registran cuando se viven situaciones de estrés. Sin embargo, en este contexto de despertar, es el comportamiento natural e incluso debe potenciarse porque ese pico es el que permite acumular la energía para el resto del día. "La rutina matutina de luz natural e hidratación prepara al cerebro y al cuerpo para el día", aseguraba Huberman.

Una de las recomendaciones del neurocientífico es exponerse lo máximo posible a la luz natural durante esa primera hora. Abre la ventana, sal al balcón o da un paseo corto. Esa exposición envía una señal al cerebro y lo prepara para abandonar el estado de somnolencia y comenzar su "modo diurno".

Además, el experto recomienda toma un buen vaso de agua para compensar las horas sin beber y rehidratar el organismo, para después iniciar algunos estiramientos suaves o caminar unos minutos. Huberman recomienda retrasar el primer café unos 90 minutos, ya que la cafeína puede interrumpir esa regulación natural de los niveles de cortisol.

Alterar las rutinas de sueño no ayuda. Una investigación de la Universidad South Australia estudió el impacto de los cambios en los ciclos circadianos en los niveles de cortisol, encontrando evidencia de que los cambios en los horarios de sueño desajustaban los niveles de cortisol al despertar. Eso hacía que, o bien los participantes se despertaban a media noche o comieran a deshoras y que, cuando debían hacerlo, sus niveles de cortisol fueran insuficientes para sacar al cerebro de su estado de somnolencia, quedando desajustado ya durante toda la jornada.

Por lo tanto, mantener horarios de sueño regulares ayuda a que el organismo sepa cuándo ha llegado la hora de elevar los niveles de cortisol para iniciar la fase de despertar y preparar al cerebro para afrontar el resto del día.

Prepararse para dormir. De la misma forma que Huberman sugiere una determinada preparación para tener un despertar más eficiente, también recomienda tomar algunas medidas para afrontar el final del día. "Para las últimas horas, se debe hacer lo contrario: oscurecer el ambiente, evitar estimulantes y limitar la hidratación", explicaba el neurocientífico.

En ese sentido, el experto destacaba que la exposición a las pantallas altera ese patrón hormonal que hace que los niveles de cortisol deban estar bajos para permitirte conciliar el sueño e iniciar lo que denominaba el "máximo reinicio": conseguir una fase de sueño profundo en la que el cerebro elimina los residuos metabólicos que genera durante el día a través del sistema glinfático. "La respiración consciente y la visualización, como recorrer mentalmente un lugar muy conocido, son herramientas poderosas para calmar la mente antes de dormir", explicaba Huberman en su entrevista.

En Xataka | Unos neurocientíficos creen haber encontrado el truco para resolver los problemas más complicados: echarse una siesta

Imagen | Unsplash (Adrian Swancar)

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