17 de octubre de 2026

Un puñado de rocas de Sudáfrica tiene en sus manos resolver el gran misterio del oxígeno en la Tierra

Un puñado de rocas de Sudáfrica tiene en sus manos resolver el gran misterio del oxígeno en la Tierra

Hace unos 2.400 millones de años, tuvo lugar la Gran Oxidación, un proceso en el cual el oxígeno se acumuló en la atmósfera en una cantidad suficiente para promover la aparición de formas de vida complejas. Sin embargo, en nuestro planeta había muchos procesos que funcionaban como sumideros para este oxígeno: gases volcánicos, descomposición de la materia orgánica, minerales que se oxidan… 

La aparición de oxígeno podría haber sido un visto y no visto, pero no fue así. Ocurrió algo que hizo que ese gas se mantuviese, permitiendo que la vida compleja avanzase más y más hasta llegar a nuestros días. El mecanismo que favoreció todo esto ha sido un misterio durante mucho tiempo, pero ahora podríamos tener la respuesta que buscábamos, gracias al estudio publicado a partir del análisis de unas rocas en Sudáfrica.

El reciclaje que hizo proliferar la vida. Tras la Gran Oxidación, muchos de los sulfuros que se encontraban en los continentes se combinaron con oxígeno, para dar lugar a otras moléculas conocidas como sulfatos. Estos, a su vez, fueron arrastrados hasta el mar, donde pusieron a trabajar a las bacterias sulfatorreductoras, unos microorganismos que descomponen la materia orgánica, extrayéndole electrones que luego van a parar a los sulfatos. Sin esos sulfatos, no pueden trabajar adecuadamente. Por eso, proliferaron muchísimo, descomponiendo una gran cantidad de la materia orgánica que se depositaba en el mar. Dicha descomposición liberó mucho fósforo, un nutriente que permitió que proliferasen aún más seres vivos en los océanos.

Si hay más seres vivos, hay más materia orgánica que se acumula en el fondo marino cuando estos mueren. Llegó a haber tanta que las bacterias sulfatorreductoras no daban abasto. Parte de esa materia orgánica acababa sepultada, de modo que el carbono que la compone se enterraba con ella. Ese carbono enterrado, por lo tanto, dejó de oxidarse, favoreciendo que el oxígeno de la fotosíntesis no se consumiera y permaneciese en la atmósfera. Con todo esto, más oxígeno permitía oxidar más sulfuros continentales y el ciclo se retroalimentaba.

Las rocas que tenían las respuestas. Todo esto es una hipótesis lanzada por un equipo de científicos de la Universidad de California en Riverside después de analizar una serie de rocas recogidas en Sudáfrica. Recurrieron a una técnica que permite disolver los componentes minerales de las rocas de uno en uno, de manera que no se mide el fósforo total, sino que se puede medir de qué mineral viene cada fracción de fósforo. 

Así, vieron que una parte estaba unida a materia orgánica o a óxidos de hierro, o formó minerales en el propio fondo marino. Ese fósforo, por lo tanto, estuvo ligado al ciclo biológico y su cantidad refleja cuánto se reciclaba. Por otro lado, había fósforo presente en granos minerales arrastrados desde el continente. Este nunca estuvo disponible para los organismos, por lo que no tiene nada que ver con la proliferación de vida en la Tierra primitiva. El primero era muy abundante, por lo que todo apunta a ese reciclaje que hemos visto paso a paso. 

Aun así, la vida compleja tardó en aparecer. Tradicionalmente se ha pensado que la vida compleja tardó en aparecer porque no habría suficiente oxígeno disponible. Sin embargo, esta hipótesis apunta a que había de sobra. Por eso, para que esta pueda sostenerse, los autores del estudio sugieren que este hecho pudo deberse a otras causas ambientales o biológicas. Por ejemplo, una glaciación o problemas de disponibilidad de otros nutrientes.

Aplicaciones en el presente. Todo este hallazgo no sirve solo para comprender cómo surgió la vida en la Tierra. También puede tener aplicaciones en el presente. Por un lado, el cambio climático está limitando el oxígeno en los océanos en algunas regiones de nuestro planeta, por lo que si entendemos lo que ocurrió en el pasado podemos anticiparnos al futuro y evitar  males mayores. Por otro lado, toda esta información puede ser útil para seleccionar planetas susceptibles de albergar vida más allá de la Tierra. En definitiva, estas rocas de Sudáfrica nos han dado información útil para entender el pasado, proteger el presente y afrontar el futuro. 

Imagen | SoupePrimordiale

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China bajó 6.000 metros al fondo del Pacífico buscando metales para sus baterías. Ha encontrado 11.700 virus que desconocíamos

China bajó 6.000 metros al fondo del Pacífico buscando metales para sus baterías. Ha encontrado 11.700 virus que desconocíamos

China lleva años explorando las profundidades del Pacífico en busca de níquel, cobalto y manganeso, metales esenciales para fabricar esas baterías y dispositivos electrónicos con los que dominar el mundo. En una de las mayores reservas submarinas del planeta, situada a profundidades que alcanzan los 6.000 metros, sus investigadores han dado con algo que nadie esperaba en semejante cantidad: 11.742 grupos de virus, de los cuales 11.662 eran desconocidos en las bases de datos científicas. 

Una mina gigantesca bajo el Pacífico. Entre México y Hawái se extiende la zona de fractura de Clarion-Clipperton, una inmensa llanura abisal cubierta por miles de millones de nódulos polimetálicos, pequeñas formaciones redondeadas que recuerdan a patatas esparcidas sobre el lecho marino. En su interior se concentran manganeso, níquel, cobalto y otros elementos utilizados en baterías, vehículos eléctricos y tecnologías industriales. 

Algunas estimaciones sitúan sus reservas por encima de las conocidas en tierra firme, una perspectiva que ha desencadenado una carrera internacional por explorar la región. La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos ha concedido 17 contratos de exploración en esta zona, cinco de ellos a entidades chinas, aunque todavía no se ha iniciado allí la explotación minera comercial.

11.742 virus que nadie había catalogado. Un equipo encabezado por Bowen Hou, de la Universidad de Chongqing y el Segundo Instituto de Oceanografía de China, analizó sedimentos recogidos durante expediciones realizadas en 2023 y 2024. Los investigadores estudiaron 60 conjuntos de muestras y reconstruyeron secuencias genéticas que permitieron identificar 11.742 unidades taxonómicas víricas, agrupaciones utilizadas para distinguir poblaciones de virus a partir de su ADN. 

De ellas, 11.662, aproximadamente el 99,3%, no encontraron correspondencia en los registros de referencia existentes. El resultado representa uno de los grandes inventarios de diversidad vírica de esta región y pone de manifiesto hasta qué punto sigue siendo desconocida la vida microscópica de los fondos oceánicos.

Un mundo que funciona con otras reglas. La mayoría de los virus identificados pertenece a grupos relacionados con los bacteriófagos, especializados en infectar bacterias y otros microorganismos, por lo que el hallazgo no implica la aparición de miles de nuevos patógenos humanos. Estos organismos habitan un entorno sometido a una presión extraordinaria, prácticamente sin luz, con escasos nutrientes disponibles y una elevada presencia de metales. 

Los análisis genéticos indican que muchas de sus poblaciones son muy diferentes de las encontradas en otros ecosistemas oceánicos, incluidos las fosas profundas y los ambientes hidrotermales. De hecho, apenas alrededor del 4% de los grupos de proteínas identificados compartían características con los conjuntos de datos externos utilizados para la comparación.

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Los virus también gobiernan el fondo del océano. Los investigadores encontraron indicios de que estas comunidades víricas podrían influir en procesos esenciales para el funcionamiento del ecosistema. Al infectar bacterias y arqueas que participan en los ciclos del carbono, nitrógeno, fósforo, azufre y metales, los virus pueden modificar su metabolismo, provocar la liberación de nutrientes e intervenir en el intercambio de material genético. 

Algunos contienen genes que podrían ayudar a sus huéspedes a soportar las elevadas concentraciones de metales presentes en los sedimentos. Son funciones deducidas mediante análisis genómicos y asociaciones previstas entre virus y microorganismos, por lo que todavía será necesario comprobar experimentalmente su alcance real.

Extraer lo que tardó millones de años en formarse. Los nódulos que atraen a las compañías mineras crecen con una lentitud extraordinaria, en algunos casos apenas unos milímetros por millón de años. Además de concentrar minerales valiosos, proporcionan superficies sólidas sobre las que viven organismos que difícilmente encontrarían otro soporte en las extensiones de sedimento blando del fondo marino. 

Su extracción exigiría intervenir físicamente sobre ese terreno, removiendo materiales y levantando partículas que podrían volver a depositarse sobre zonas próximas. De hecho, los experimentos de perturbación realizados en ambientes semejantes indican que las alteraciones del sedimento pueden persistir durante décadas, un plazo considerable para ecosistemas caracterizados por procesos biológicos y geológicos extremadamente lentos.

Una incógnita científica. El estudio en Nature proporciona una referencia de las comunidades víricas presentes antes de que comience la explotación comercial, una información esencial para evaluar los posibles daños futuros. Con todo, los investigadores advierten de que todavía se desconoce cómo responderían estos virus y sus microorganismos huéspedes a la retirada de los nódulos, la resuspensión de sedimentos y la modificación del hábitat. También plantean que algunas poblaciones conservadas en capas profundas podrían contribuir parcialmente a la recuperación de las comunidades superficiales, una posibilidad que aún requiere pruebas. 

Sea como fuere, el hallazgo es extraordinario: mientras China y otras potencias estudian cómo aprovechar los metales del fondo del Pacífico para alimentar la transición tecnológica, la ciencia acaba de descubrir que allí existe un universo de miles de virus desconocidos cuyo papel ecológico todavía está por determinar.

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En Xataka | Tristan da Cunha es el lugar habitado más remoto del planeta. Y hasta allí ha llegado un contagiado por hantavirus



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Google demuestra en su chip Willow una técnica para fabricar estados cuánticos con 40 veces menos errores

Un colador separa cuentas deformes, metáfora de la reducción de errores en el chip cuántico Willow.

Google Quantum AI ha demostrado en un chip real el magic state cultivation, una técnica para preparar los llamados estados mágicos, una pieza imprescindible para que un ordenador cuántico haga cálculos útiles, con 40 veces menos errores que el método sin cultivar. Lo ha hecho en su procesador Willow y lo publica en la revista Science, según explicaron el 15 de octubre en el blog de Google la investigadora Emma Rosenfeld y el ingeniero Craig Gidney.

Es un avance real en uno de los cuellos de botella más caros de la computación cuántica. No es, sin embargo, una reducción general de los errores de los ordenadores cuánticos, ni un resultado completamente nuevo: el trabajo estaba disponible en arXiv desde diciembre de 2025.

¿Qué es un estado mágico y por qué es un problema?

Un estado mágico es un recurso que el ordenador cuántico «gasta» para ejecutar un tipo de operaciones, las puertas llamadas no Clifford, que son difíciles de hacer de forma directa cuando se protege la información con corrección de errores. Sin esas puertas no hay cálculos cuánticos útiles, y cada estado mágico solo se puede usar una vez.

El problema es su coste. Google recuerda que es un cuello de botella conocido desde 2004 y que, según algunas estimaciones, hasta el 95 % de la capacidad de un ordenador cuántico podría acabar dedicada solo a fabricar estos estados. El método clásico, llamado destilación, consume muchísimos cúbits para purificarlos.

¿Qué ha demostrado Google exactamente?

El cultivo funciona de otra manera: se prepara un estado mágico imperfecto en una pequeña región del chip, se comprueba repetidamente con mediciones coordinadas si ha aparecido algún error y, si lo hay, se descarta el intento. Lo que sobrevive es un estado de mucha más calidad. Después, el estado se traslada de un código de corrección de distancia 3 a otro de superficie de distancia 5, una operación que el equipo llama «injerto».

Los números del artículo, firmado por 295 autores, son estos:

  • La fidelidad del estado preparado alcanza 0,9999, es decir, un 99,99 %, una cifra que Google presenta como récord, aunque el artículo reconoce que es similar a la lograda con iones atrapados.
  • El error baja de unos 4,4 por cada mil sin cultivo a alrededor de 1 por cada diez mil con él: un factor de 40.
  • A cambio, solo se conserva el 8 % de los intentos, frente al 76 % cuando no se cultiva.
  • Si se eliminan los ciclos de corrección de errores, el resultado empeora unas 100 veces.

Para medir una fidelidad tan alta, el equipo ha desarrollado una técnica de verificación propia que necesita unas 10.000 mediciones, frente a los cerca de 100 millones de la tomografía estándar.

La idea teórica es de 2024. Un artículo de Gidney, Noah Shutty y Cody Jones proponía «cultivar» estados mágicos tan baratos como una operación básica y proyectaba errores de hasta dos por cada mil millones, lo que podría hacer innecesaria la destilación. El experimento de Willow lleva esa idea al hardware real.

¿Cuánto falta para que esto importe fuera del laboratorio?

Bastante. El error alcanzado, del orden de uno entre diez mil, está muy lejos del uno entre mil millones que plantea la teoría, y llegar ahí exigirá chips más grandes y con menos ruido. Los propios autores lo reconocen en el blog: «todavía necesitamos demostrar el magic state cultivation a mayor escala».

El artículo enumera además limitaciones concretas: el código al que se injerta el estado aún necesita pasos adicionales que el trabajo no incluye, el modelo de ruido no contempla un tipo de fallo llamado fuga, y la deriva del propio chip introduce variaciones en cuestión de una hora. Según Quantum Computing Report, la fidelidad se ha medido con un protocolo de verificación ideado por el propio equipo, así que será importante que otros grupos reproduzcan el resultado.

Willow, conviene recordarlo, es el chip de 105 cúbits que Google presentó en diciembre de 2024 y con el que demostró que su corrección de errores mejora al aumentar el tamaño del código, algo que ya contamos al hablar del avance de Google con su chip Willow y de sus nuevas implementaciones del código de superficie.

¿Por qué es relevante en la carrera cuántica?

Porque ataca el coste, no solo la calidad. La conversación sobre computación cuántica suele centrarse en cuántos cúbits tiene un chip; este trabajo apunta a otra variable igual de importante: cuántos de esos cúbits se desperdician en tareas auxiliares. Si el cultivo escala, un ordenador cuántico útil podría necesitar muchos menos cúbits físicos de los que se estiman hoy.

Los rivales también avanzan en la gestión de errores. IBM y cinco universidades, por ejemplo, han conseguido encadenar 5.000 operaciones cuánticas con medición y reinicio en tiempo real, otro paso hacia máquinas tolerantes a fallos.

Mi lectura es que este es el tipo de avance que más importa y menos titulares merece. No hay una cifra espectacular de cúbits ni una tarea imposible resuelta en minutos, sino una forma más barata de fabricar un ingrediente imprescindible. El 99,99 % es real, pero se consigue descartando más del 90 % de los intentos, y eso solo es aceptable porque el método es mucho más económico que la alternativa. Si Google logra demostrarlo a mayor escala, el horizonte del ordenador cuántico útil se acerca más por esta vía que por cualquier récord de cúbits.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

16 de octubre de 2026

Descubren que las enanas blancas no son blancas. Al menos no todas

Descubren que las enanas blancas no son blancas. Al menos no todas

Desde pequeños, siempre que hemos pintado estrellas las hemos coloreado de amarillo. Como mucho, de mayores sabemos que también pueden ser rojas, azules o blancas. Esa es, más o menos, su escala de colores. Hay estrellas que incluso dan pistas sobre su color, como la gigante roja o la enana blanca. Sin embargo, según un nuevo estudio, la gama de colores puede ser mucho más amplia, especialmente en el caso de las enanas blancas. 

Rosas, verdes y púrpuras. Las enanas blancas están demasiado lejos para que podamos verlas directamente y mucho menos interpretar su color. Por eso, un equipo de científicos de la Universidad de Warwick ha usado espectros tomados previamente y los han pasado por un modelo informático que analiza la luz como si estuviese pasando por los fotorreceptores del ojo humano. Así, vieron que, si bien es cierto que la mayoría de enanas blancas se verían blancas si las tuviéramos delante, algunas se mostrarían ante nuestros ojos con un bonito color verde, rosa o púrpura. Y también habría azules o amarillas.

La evolución esperada de una estrella. Generalmente, el color de las estrellas se asocia con su temperatura, exactamente igual que pasa con un hierro que se va calentando cada vez más. Los fotones azules son mucho más energéticos que los amarillos o rojos. Por eso, a medida que se calienta la estrella, va pasando primero por tonos más cálidos y finalmente por colores fríos, llegando primero al blanco y finalmente al azul. Las enanas blancas están muy calientes. Lo esperable es que sean de color blanco o, como mucho, azul. Pero hay algo que las hace especiales.

La clave está en la densidad. Las enanas blancas están formadas por el núcleo de una estrella moribunda que ha expulsado sus capas externas, concentrando su masa en un espacio más pequeño. Por eso, son extremadamente densas. Y ahí justamente está el truco de esta historia. Cuando los átomos de elementos traza, como el calcio o el sodio, están aislados, su efecto sobre el patrón de absorción de la estrella es mínimo. Absorben muy poquita luz, por así decirlo. Sin embargo, cuando están muy apretados y pegados a otros átomos, las colisiones que se producen entre ellos ensanchan el espectro de absorción. Dicho de forma simple, absorben mucha más luz y su efecto es más tangible.

La luz blanca es la suma de todas las longitudes de onda del espectro, pero si tenemos muchos átomos absorbiendo determinadas longitudes de onda, solo quedarán unas pocas.

Un ejemplo vale más que mil palabras. Para entender esto, lo mejor es conocer el color de algunas de las enanas blancas estudiadas por estos científicos. Por ejemplo, la estrella WD J1330+6435 tiene mucho sodio, que absorbe el naranja, dejando que predomine el color verde. Por otro lado, WD J1011+2845 tiene mucho carbono, que absorbe las radiaciones azules, verdes y amarillas, dejando que predomine un tono rosa salmón. También hay enanas blancas enriquecidas en restos de asteroides y cometas, que se ven amarillas, y algunas que se ven de un tono cian porque su atmósfera es mixta, de hidrógeno y helio.

Enanas Blancas Mark A Garlick/Universidad de Warwick.

Solo unas pocas. De las 151 enanas blancas a menos de 65 años luz que se analizaron, solo 5 tenían un color inusual. El resto sí que eran blancas, así que no podemos decir que hayamos sido engañados con el nombre.

En resumen, si alguna vez vemos un niño que colorea las estrellas de un color alejado del amarillo, deberíamos dejar de pensar que es tan imaginativo como el que colorea un perro de azul. Este, en realidad, no sería más que un niño bien informado. 

Imagen |Mark A Garlick/Universidad de Warwick.

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Han pillado a una flota de agentes de IA rebeldes campando por internet. Por primera vez, han sido creados y activados en China

Han pillado a una flota de agentes de IA rebeldes campando por internet. Por primera vez, han sido creados y activados en China

Por primera vez, unos investigadores especializados en ciberseguridad han capturado a un grupo de agentes de IA autónomos merodeando por internet que habían sido desplegados desde infraestructura china. Durante diez días, los agentes bombardearon Amap, el servicio de mapas de Alibaba, con miles de intentos para extraer datos a los que no se suponía que debían poder acceder. El equipo detrás del descubrimiento, que trabajaba desde un hackathon, afirma que el tráfico provenía de Tencent Cloud.

Agentes de IA locos. En los últimos meses hemos conocido cómo grupos de agentes de IA de empresas como OpenAI o Anthropic comenzaban a funcionar de forma inesperada, hasta tal punto de irrumpir en sistemas como los de Hugging Face o varias webs del gobierno estadounidense. La cosa es que hasta el momento solo teníamos pruebas de agentes provenientes de empresas de EEUU.

Los autores del informe señalan que este caso es diferente, pues muestran pruebas de que la tarea se ejecutó desde servidores chinos y también contó con la participación de empresas del país. Los investigadores argumentan de esta manera que los problemas de alineamiento, que es cuando el comportamiento de un sistema de IA no coincide con la intención o ética de sus creadores, no es solo exclusivo de EEUU, y que a medida que los modelos mejoren todo indica a que costará cada vez más mantener un gran número de agentes dentro de una tarea asignada.

Hul9agvaiaaexch Imagen: Ethan Elasky

Qué ocurrió. Tal y como señalan en el informe, entre el 28 de septiembre y el 8 de octubre, la flota de agentes realizó más de 2.600 intentos para extraer información de Amap, una de las apps de mapas más grandes de China. Las tareas en un primer momento parecían inofensivas. Por ejemplo, se les pidió a qué entrada del zoológico de Chengdu navega la mayoría de la gente.

Los agentes no podían acceder directamente a las páginas porque Amap bloquea el acceso a bots. Así que para cumplir con su cometido tomaron prestado un navegador de urlquery.net, un servicio público que los investigadores de ciberseguridad utilizan para inspeccionar enlaces sospechosos. De esta manera introdujeron pequeños programas en las direcciones web e hicieron que el navegador de urlquery los ejecutara por ellos, para luego obtener toda la información extraída.

Dónde cruzaron la línea. Cuando Amap resistía, los agentes de IA escalaron sus acciones. Y es que según el informe, intentaron interceptar tokens de seguridad generados por el código antibot de Alibaba, pasando a los servidores de preproducción de Alibaba (a los que los usuarios no pueden acceder) y utilizaron claves de acceso de Amap que encontraron expuestas en internet. Una de esas claves, filtrada en el código público de otra empresa, sí devolvió datos de lugares reales.

Los investigadores afirman que no encontraron pruebas de que se accediera a ningún sistema privado y que ninguno de los intentos de secuestro de tokens que rastrearon pareció funcionar. De hecho, la mayoría de los intentos fallaron en general. Algunos tuvieron éxito al solicitar a un servicio de lectura web copias en caché de las páginas, devolviendo los datos que los agentes buscaban.

Una conversación inusual. Los investigadores aseguran que también se convirtieron en los primeros ajenos al proyecto en comunicarse con una flota activa de agentes descarriados. Y es que tras averiguar que los agentes estaban leyendo el informe preliminar del propio equipo, empezaron a ocultar texto en la página, invisible para los humanos, en el que anunciaban un servicio donde los agentes podían solicitar datos. Según los investigadores, los agentes empezaron a escribir y, durante aproximadamente un día, el equipo intercambió mensajes con ellos.

En una de las respuestas, un agente se describía a sí mismo como "un agente de investigación automatizado" que comprobaba un punto de datos de mapas públicos. Varios agentes también afirmaron ser Claude, de Anthropic, algo que los investigadores consideran probablemente erróneo. Según apunta el estudio, los agentes fueron educados en todo momento, por lo general se negaron a revelar detalles sobre su entorno y algunos insistieron en que no formaban parte de ninguna flota.

El vínculo con Tencent. Los investigadores han seguido el rastro que dejaban las bandejas de entrada desechables desde donde se comunicaban los agentes. Las 17 que pudieron inspeccionar hasta el 5 de octubre se crearon desde servidores de Tencent Cloud en Hong Kong, y cada solicitud directa pasó a través de un proxy denominado "hysandbox-ats". Precisamente ese nombre coincide con un dominio para el cual Tencent obtuvo un certificado de seguridad en agosto.

El momento también coincide, pues la flota de agentes apareció aproximadamente un mes después de que Tencent lanzara una vista previa de su modelo Hy4.

No está claro el responsable. Las pruebas no aclaran quién fue el responsable realmente. Tencent no ha respondido a los investigadores, aunque una persona anónima y cercana a la empresa contó que la actividad procedía de una evaluación temporal realizada por un equipo independiente para el modelo Hunyuan. Según dicha fuente, los agentes funcionaron con modelos de terceros en lugar de con los propios de Tencent.

A pesar de ello, los propios investigadores dudan sobre el modelo que se estaba probando. Lo que sí recalcan es que se trató de una flota de agentes de IA, y no de un enjambre (las flotas funcionan de manera estructurada y centralizada, mientras que los enjambres se organizan de manera autónoma).

Y ahora qué. La última actividad de esta flota tuvo lugar el pasado 8 de octubre, según los investigadores. Tras el suceso, piden a todos los laboratorios que ejecutan agentes conectados a internet, tanto en China como en EEUU y en otros lugares, que auditen a qué pueden acceder sus entornos seguros y diseñen pruebas que no contaminen la web abierta. Sospechan que hay otras flotas ahí fuera.

Imagen de portada | Tencent

En Xataka | Todas las empresas de IA quieren crear sus propios chips, así que Nvidia quiere ahora tener su propia IA

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