27 de enero de 2026

Peligros de Clawdbot y cómo protegerte de ellos antes de decidir utilizarlo

Peligros de Clawdbot y cómo protegerte de ellos antes de decidir utilizarlo

Vamos a darte algunos consejos de seguridad en el caso de que estés pensando en usar Clawdbot. Este es un agente de IA, un bot que toma el control de tu ordenador, y luego puedes usarlo para decirle que haga cosas en él. Esto es algo que está teniendo mucho éxito, puesto que es capaz de acelerar muchos procesos y hacer muchas cosas por ti.

Pero claro, cuando estás utilizando esta herramienta le estás dando a un sistema de inteligencia artificial acceso total a la máquina donde lo instalas, y esto tiene algunos peligros que debes conocer.

Qué peligros hay para tus datos

Estos son los peligros a los que te expones cuando vas a utilizar esta herramienta. Incluso los creadores del bot han asegurado que no hay una configuración perfectamente segura, o sea que conviene tenerlo en cuenta.

  • Exposición del gateway en la web: Si no tienes bien configurada la manera en la que se accede a tu bot, puede que algún tercero tenga acceso o que incluso se filtre la página de acceso. Esto permitiría que un tercero tome el control de tu ordenador.
  • Políticas de acceso demasiado abiertas: Si tú no tienes cuidado a la hora de configurar el acceso al bot y puedes permitir que otros interactúen con él, les estarás dando las llaves a tu ordenador para que lo controlen.
  • Inyección de prompts: Si haces que el bot interactúe con archivos que has bajado de Internet, quizá alguno de ellos tenga textos ocultos con comandos que le pidan ignorar lo que le has ordenado y hacer otra tarea que pueda ser peligrosa para ti.
  • Plugins o extensiones: Cuando instalas un plugin en este agente de IA para darle más posibilidades, este se ejecuta junto al gateway. Esto quiere decir que si instalas un plugin o extensión maliciosos, pueden tener código que tome el control de tu ordenador o realice acciones no deseadas.
  • Malos funcionamientos del bot: Como todo bot basado en inteligencia artificial, puede que falle a la hora de interpretar órdenes o que realice acciones no deseadas sin querer. Esto podría poner en peligro el contenido del ordenador donde lo ejecutes.

En definitiva, el principal peligro es exponer tu bot y el acceso a él, permitiendo que otros puedan controlarlo. Si otra persona tiene acceso a tu bot, simplemente podrá tomar el control de todo tu ordenador y los datos que tienes en él.

Cómo mantener Clawdbot seguro

Lo primero de todo, y lo más recomendable es no usar Clawdbot en tu ordenador o máquina principal. Simplemente no lo tengas donde guardas tus datos y archivos más privados, y así evitarás que un acceso no deseado o un malfuncionamiento pueda ponerte en riesgo. Y si no tienes un equipo secundario, utiliza un modo de sandbox, instala una máquina virtual con archivos limitados.

Instalando Clawdbot en una máquina secundaria o virtual, puedes decidir qué archivos quieres que haya en ella, qué aplicaciones tienes instaladas y qué contraseñas hay en el navegador a utilizar, así como datos bancarios. Simplemente, es recomendable tener solo los accesos y aplicaciones que vayas a utilizar, no todo.

Además, para cada uno de los peligros que hemos mencionado arriba hay también unos consejos específicos a seguir.

  • Peligros del gateway: Para evitar que otros accedan a tu bot, tienes que asegurarte de que la autenticación del Gateway esté habilitada siempre con un token o contraseña. Además, debes usar Tailscale o HTTPS seguro para el acceso. Si usas una interfaz web para el bot desactiva ajustes que permitan autenticaiones inseguras, y si lo controlas mediante el chat de una app de mensajería cuida al máximo la privacidad de esa aplicación y el acceso a ella. Ponle contraseña.
  • Políticas de acceso demasiado abiertas: Ten cuidado al emparejar nodos con permisos elevados, y evita compartir el acceso en grupos si no confías plenamente en todos los usuarios. También es recomendable configurar el bot para que solo responda a usuarios concretos o a mensajes donde se le mencionen explícitamente.
  • Inyección de prompts: Intenta no interactuar con archivos que no hayas creado tú, eliminando los que hayas descargado de internet en la máquina. También debes diseñar tu configuración para un acceso limitado y validado antes de procesar comandos.
  • Plugins o extensiones: Para evitar cualquier peligro de plugins o extensiones maliciosas, solo debes instalar esos en los que confíes explícitamente, y solo de fuentes totalmente fiables. Lo mejor es revisar manualmente el código del plugin antes de activarlo.

Además de esto, los creadores de Clawdbot tienen una guía de seguridad avanzada donde se te dicen las audiciones de seguridad que debes realizar periódicamente para asegurarte de que todo está funcionando correctamente. 

Y para terminar, el mejor consejo que te puedo dar es que no uses Clawdbot si no tienes unos conocimientos mínimos para saber configurarlo. Si no te suenan términos como "API de administración remota", "sandboxing", "localhost" o "proxy inverso", lo mejor es que no lo instales en tu ordenador.

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Meta, Google y TikTok han condenado a toda una generación al "doomscrolling". Y ahora van a ser juzgadas por ello

Meta, Google y TikTok han condenado a toda una generación al "doomscrolling". Y ahora van a ser juzgadas por ello

Hoy empieza en Los Ángeles la selección del jurado que juzgará a Meta, TikTok y YouTube por adicción infantil a las redes sociales. Es la primera vez que estos gigantes tecnológicos deben defender su modelo de negocio ante un tribunal por daños a menores.

Por qué es importante. No se trata de un caso más sobre contenido inapropiado o moderación deficiente. Esta demanda ataca directamente el diseño de las plataformas: scroll infinito, reproducción automática, notificaciones push y algoritmos que maximizan el tiempo de pantalla.

Si los demandantes ganan, se establece un precedente que puede ser devastador para toda la industria.

Los hechos. La demandante es una joven de 19 años identificada como K.G.M. Ella alega haber desarrollado adicción a las redes desde la adolescencia. Sostiene que el diseño de estas aplicaciones fue lo que alimentó su depresión, ansiedad, dismorfia corporal y pensamientos suicidas. Meta, TikTok y YouTube han negado estas acusaciones y argumentan que han invertido en herramientas de seguridad.

Durante las seis semanas del juicio declararán Mark Zuckerberg, CEO de Meta, y Adam Mosseri, responsable de Instagram. Snap, inicialmente también acusada, llegó a un acuerdo extrajudicial la semana pasada por una cantidad no revelada públicamente.

Entre líneas. El argumento clave de los demandantes esquiva la protección tradicional de las tecnológicas: la famosa Sección 230, que las exime de responsabilidad por el contenido que suben los usuarios. Pero aquí no se cuestiona qué se publica, sino cómo se diseñó la experiencia para enganchar a los menores.

La demanda la compara abiertamente con las máquinas tragaperras y la industria tabacalera: "Los acusados incrustaron deliberadamente en sus productos una serie de características diseñadas para maximizar el engagement juvenil y aumentar los ingresos publicitarios".

La amenaza. Esta es solo la punta del iceberg. Hay más de 3.000 demandas adicionales en California y 2.000 casos federales pendientes contra estas mismas empresas. Varios irán a juicio este año. Los paralelismos con los juicios contra las tabacaleras en los años 90 son claros y aquello acabó en un acuerdo de 206.000 millones de dólares repartidos en 25 años.

Un veredicto favorable a los demandantes no solo les costaría miles de millones sino que les obligaría a rediseñar sus productos prácticamente desde cero, eliminando las mecánicas adictivas que sostienen sus espectaculares cifras de uso y por tanto sus modelos publicitarios.

El contexto. La presión regulatoria global ha aumentado mucho en los últimos años:

  • Australia prohibió las redes sociales para menores de 16 años en diciembre.
  • Francia está estudiando hacer lo mismo con los menores de 15.
  • Otros países como Reino Unido y Egipto de momento evalúan medidas similares.

Según una encuesta reciente del Wall Street Journal, el 71% de los estadounidenses apoyaría prohibir la mayoría de redes sociales a menores de 16 años.

Sí, pero. Las tecnológicas no se quedan de brazos cruzados:

  • Meta, TikTok y YouTube han lanzado una ofensiva de relaciones públicas organizando talleres para padres en colegios y promoviendo los controles parentales.
  • Meta ha contratado a los mismos abogados que defendieron a McKesson en el escándalo de los opioides.
  • Y TikTok ha fichado a quienes representaron a Activision Blizzard en demandas anteriores sobre la adicción a los videojuegos.

En juego. Si K.G.M. gana, la Sección 230 va a dejar de ser el escudo impenetrable que ha sido hasta ahora, ya que se cuestiona cómo están hechas las aplicaciones, no el contenido que se sube a ellas. Es de esperar que este caso acabe en el Tribunal Supremo, sea cual sea el veredicto.

Las próximas seis semanas van a determinar si el scroll infinito y otras prácticas habituales de estas redes tienen los días contados, o si hay engagement para rato.

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Imagen destacada | Solen Feyissa 

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Átomos que se quedan quietos en un metal fundido: el “corral” invisible que desafía cómo entendemos los líquidos

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Cuando pensamos en un metal completamente fundido, lo imaginamos como una multitud en movimiento continuo: nadie se queda parado, todos se empujan, se apartan, se reacomodan. Esa imagen funciona bien para explicar por qué un líquido fluye y se adapta al recipiente. Lo inesperado es que, en ciertos metales líquidos a escala nanométrica, una parte de esa multitud puede quedarse literalmente clavada en el sitio.

Un equipo de la Universidad de Nottingham y la Universidad de Ulm ha observado algo que, a primera vista, parece contradictorio: incluso estando el metal en estado líquido, algunos átomos permanecen inmóviles. El hallazgo, publicado en ACS Nano y difundido por SciTechDaily, no es solo una curiosidad; cambia el guion de cómo un metal pasa de líquido a sólido cuando se trabaja con nanopartículas y superficies reales, con defectos y “imperfecciones” que, en la práctica, nunca desaparecen del todo.

Por qué importa tanto la solidificación

La solidificación es una especie de “momento fundacional” en muchos procesos naturales y tecnológicos. En la naturaleza la vemos en la formación de minerales, el crecimiento del hielo o en cómo ciertas proteínas pueden plegarse y agregarse. En industria, controlar cómo algo se solidifica puede ser la diferencia entre un material resistente y otro frágil, entre un fármaco estable y uno que se degrada antes de tiempo.

En metales, este control es crucial en sectores como aviación, construcción o electrónica. No hablamos solo de “que solidifique”, sino de cómo lo hace: si forma cristales bien ordenados, si queda amorfo, si aparecen tensiones internas, si se crean defectos. Es como hornear pan: con los mismos ingredientes, el resultado cambia si controlas temperatura, tiempos y el entorno del horno. Aquí el “horno” puede ser una lámina de grafeno, y el “pan” una gota nanométrica de platino.

Cómo se puede ver un metal fundido átomo a átomo

El grupo utilizó microscopía electrónica de transmisión (TEM) para observar nanogotas de metales como platino, oro y paladio mientras se calentaban y luego se enfriaban. Trabajaron con un soporte extremadamente fino: grafeno, una capa de carbono de un átomo de grosor. Esto permite ver y seguir el movimiento atómico con una precisión difícil de lograr en otros contextos.

La expectativa era clara: al fundirse, los átomos del metal deberían volverse móviles, como canicas en una bandeja que se agita. Eso sucede en gran parte del material, pero el equipo detectó algo desconcertante: un subconjunto de átomos quedaba “anclado” al soporte, inmóvil incluso a temperaturas muy altas. En términos cotidianos, es como si en una pista de baile la música subiera de volumen y todos empezaran a moverse, salvo algunas personas pegadas al suelo por un imán invisible.

Defectos en el grafeno: el punto de anclaje de los átomos inmóviles

La explicación no está en un capricho del metal, sino en el lugar donde se apoya. Esos átomos inmóviles se encontraron vinculados a defectos específicos en el grafeno. Los defectos actúan como “ganchos” o “puntos de velcro” atómico: sitios donde el enlace con el metal es tan fuerte que ni el calor logra despegarlo.

Hay otro detalle importante: el propio haz de electrones del microscopio puede influir en el sistema. Según describen los investigadores, al enfocar el haz se podían crear más defectos en el soporte y, con ello, ajustar cuántos átomos quedaban fijados. Esto convierte el experimento en algo más que observación: pasa a ser una forma de control del comportamiento del líquido, como quien mueve unas piezas para redirigir el flujo de personas en un pasillo estrecho.

La profesora Ute Kaiser, vinculada al centro SALVE en Ulm, subraya un matiz físico interesante: el haz electrónico se usa como “onda” para visualizar, pero los electrones también actúan como “partículas” capaces de transferir impulsos. Esa doble faceta, en este contexto, no es solo una frase de manual, sino un efecto con consecuencias visibles en el material.

El “corral” atómico y el superenfriamiento que no debería durar

Lo más llamativo llega cuando los átomos inmóviles no son pocos y quedan distribuidos de manera que rodean la región líquida. El equipo describe que pueden formar una especie de anillo: un corral atómico que encierra a los átomos más móviles en el centro. La metáfora funciona bien: imagina un parque infantil con una valla. Dentro, los niños corren y cambian de dirección; fuera, la valla no se mueve. La diferencia es que aquí la valla está hecha de átomos del propio metal.

Ese “corral” cambia por completo la forma en que el metal se solidifica. Si hay pocos átomos fijados, la solidificación ocurre de manera relativamente normal: los cristales crecen y la partícula termina sólida. Si hay muchos, la cristalización puede quedar bloqueada. El líquido queda atrapado en un estado peculiar descrito como líquido superenfriado confinado: sigue siendo líquido incluso por debajo de su punto de congelación esperado.

En el caso del platino, los autores señalan que el metal puede permanecer líquido a temperaturas tan bajas como unos 350 °C, muy por debajo de lo que se esperaría en condiciones habituales para ese material. No es que el platino “olvide” su punto de fusión; es que el camino hacia el cristal se interrumpe porque el borde inmóvil impone condiciones distintas, como si intentaras ordenar una fila de personas mientras las puertas de salida se cierran justo donde deberían alinearse.

Cuando por fin solidifica: un metal amorfo, tenso y frágil

Si la temperatura sigue bajando, el sistema termina solidificando, pero lo hace de una manera poco convencional. En lugar de construir un cristal con patrón repetitivo, aparece un metal amorfo, sin una estructura periódica clara. Esta fase resulta extremadamente inestable y, según se describe, existe gracias al confinamiento creado por los átomos inmóviles.

La idea de “tensión acumulada” ayuda a entenderlo: si fuerzas a un grupo a quedarse en una posición incómoda, la incomodidad se acumula. En materiales, esa incomodidad es energía interna y estrés estructural. Si el confinamiento se perturba, esa tensión se libera y el material puede reorganizarse rápidamente hacia su forma cristalina más estable. Es un recordatorio de que, a escala nanométrica, el estado de un material no depende solo de temperatura y composición, sino del entorno inmediato y de cómo se “sujetan” ciertos átomos clave.

Catalizadores de platino: implicaciones prácticas y preguntas nuevas

Este trabajo toca un terreno muy práctico: el platino sobre carbono es uno de los sistemas más usados en catálisis, incluyendo aplicaciones relacionadas con conversión de energía. El equipo plantea que este comportamiento de fase “no clásico” podría obligar a revisar cómo se entiende la actividad y la degradación de estos catalizadores, en línea con lo que comenta el especialista en catálisis Jesum Alves Fernandes (Universidad de Nottingham).

Una lectura prudente sería esta: si parte del material puede quedar en un estado líquido confinado o en una fase híbrida bajo ciertas condiciones, la superficie activa del catalizador podría comportarse de formas que hoy no se modelan bien. Eso abre la puerta a ideas como catalizadores autolimpiables o más duraderos, aunque todavía es pronto para traducir un fenómeno observado en condiciones de microscopía a un diseño industrial listo para fábrica. Aun así, el valor científico es claro: muestra un mecanismo tangible por el que la microestructura, los defectos del soporte y la movilidad atómica se entrelazan.

El estudio se enmarca, según se indica, en un programa financiado por EPSRC centrado en metales en superficies e interfaces, lo que encaja con la dirección del hallazgo: los bordes, los defectos y la interacción con el soporte ya no son “detalles”, son protagonistas.

Hacia materiales “acorralados” átomo a átomo

Hasta ahora se hablaba de corrales para fotones y electrones en nanoestructuras. Aquí el salto conceptual es que el corral lo forman átomos y encierra a otros átomos del mismo material. El objetivo declarado por el equipo es aprender a colocar esos átomos fijados de manera más precisa para construir corrales mayores y más complejos.

Si se consigue, podría tener consecuencias en cómo se usan metales escasos: si la estructura y el comportamiento se controlan mejor, tal vez se necesite menos cantidad para lograr el mismo rendimiento en tecnologías limpias de conversión y almacenamiento de energía. De nuevo, esto es una promesa razonable, no una garantía, pero es el tipo de hipótesis que suele impulsar años de investigación en nanotecnología y ciencia de materiales.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

Microsoft ha empezado 2026 con mal pie en Windows 11: parches de emergencia para arreglar problemas de otros parches

Microsoft ha empezado 2026 con mal pie en Windows 11: parches de emergencia para arreglar problemas de otros parches

Los usuarios de Windows 11 posiblemente arrancaron 2026 con una expectativa sencilla: que la primera actualización del año fuese un trámite más, de esos que se instalan y se olvidan. Pero las cosas no han sido tan simples: Microsoft ha tenido que publicar parches “fuera de banda” para corregir problemas detectados tras esa actualización inicial. Lo interesante de este episodio no es solo el error en sí, sino lo que refleja sobre la experiencia real de actualizar.

El origen del problema. Todo comenzó con la actualización de seguridad de enero de 2026 para Windows 11. Tras detectarse incidencias en algunos equipos, la compañía publicó durante el fin de semana una actualización de emergencia para corregir fallos relacionados con el apagado del sistema. Apenas unos días después, y exactamente una semana más tarde, llegó una segunda corrección fuera del ciclo habitual para abordar un nuevo frente: cuelgues y bloqueos en apps vinculadas a sincronización y almacenamiento en la nube.

Los inconvenientes a la hora de apagar algunos equipos se dieron con Windows 11 23H2, concretamente en la versión Enterprise, lo que apunta a un alcance más acotado. La segunda actualización de emergencia se centró en fallos distintos y afectaba a máquinas con Windows 11 24H2 y 25H2, donde se habían detectado bloqueos y problemas de estabilidad en apps relacionadas con OneDrive o Dropbo. Además, en una alerta a administradores, Microsoft dijo que estaba investigando informes de fallos de arranque en 24H2 y 25H2 tras instalar la actualización de enero, sin cerrar todavía el diagnóstico.

Un asunto difícil de ignorar. Hay una realidad estructural detrás el sistema operativo de Microsoft que puede ayudar a entender por qué este tipo de problemas aparecerían con frecuencia. Windows no opera en un ecosistema controlado, sino como un sistema operativo universal que debe funcionar en millones de combinaciones de hardware. Es el lo que muchos denominan como “el problema de fragmentación del ecosistema PC”, que incluye desde portátiles básicos hasta equipos de alta gama, desde ordenadores recientes hasta otros con más de diez años.

Riesgo de erosionar la confianza. Los fallos en el software son inevitables, más aún en un sistema como Windows, obligado a funcionar en millones de configuraciones de hardware diferentes. El problema llega cuando esos tropiezos se repiten con demasiada frecuencia, porque entonces lo que se resiente no es solo la experiencia puntual, sino la confianza del usuario. Y ese es un golpe difícil de encajar justo ahora, cuando Microsoft necesita que Windows 11 se perciba como el reemplazo lógico tras el fin de soporte de Windows 10, y no como una transición llena de dudas que empuje a algunos a mirar hacia otras plataformas.

Imágenes | Andrey K | Rui Silvestre

En Xataka | El Office de Schrödinger: a estas alturas es imposible saber si Microsoft lo mantiene vivo o si todo es IA y Copilot

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La noticia Microsoft ha empezado 2026 con mal pie en Windows 11: parches de emergencia para arreglar problemas de otros parches fue publicada originalmente en Xataka por Javier Marquez .



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El as en la manga del coche eléctrico para comerse al de combustión: vas a gastar mucho, mucho menos en reparaciones

El as en la manga del coche eléctrico para comerse al de combustión: vas a gastar mucho, mucho menos en reparaciones

¿Y si el motor de tu coche se rompe a los 10 años? ¿Qué haces con el coche? Con lo caro que tiene que ser cambiar un motor entero... ¿tiras el coche al desguace? Y si no lo haces, ¿inviertes miles de euros en él?

Es muy probable que cuando le hayas comentado a un amigo, a un primo o a un compañero de trabajo que estás pensando en comprarte un coche de gasolina jamás te hayan hecho estas preguntas. ¿Y si fuera eléctrico? ¿Te preguntarían que pasa si te estropea la batería cuando tiene el coche 10 años? En ese caso, las preguntas ya no son tan raras. 

Ahora, la respuesta será menos incómoda si eres de estos últimos, de los que está pensando en saltar al coche eléctrico. Al menos no tanto si lo comparas con un coche de combustión.

Tan caro... como uno de combustión

¿Cuánto cuesta una avería grave de una caja de cambios?

¿Cuánto cuesta una avería grave generada por la correa de distribución?

¿Cuánto cuesta una avería grave en la culata de un motor?

A estas preguntas, y a muchas otras, da respuesta el RACE. Bien por la cantidad de tiempo que hay que invertir, bien porque las piezas sustituidas son costosas o bien por una combinación de ambas, las tres averías antes mencionadas se pueden ir fácilmente por encima de los 5.000 euros. 

Un coche eléctrico, lo más habitual, es que no tenga caja de cambios. Tampoco tendrá correa de distribución ni un motor con culatas, bielas o inyectores. De hecho, su mantenimiento es tan sencillo que hay quien se estaba preguntando si los coches eléctrico llevan aceite y si es necesario cambiarlo

Sin embargo, hay un amplio público que se sigue preocupando por la salud de la batería y a cuánto puede ascender la factura en caso de cambio obligado. 

A esta pregunta ya daba respuesta un estudio de Recurrent apoyado por Goldman Sachs. En él se afirmaba que en 2030 cambiar una batería de un coche eléctrico será tan caro como enfrentar una avería grave de un motor de combustión. Según sus cálculos, recogidos por Híbridos y Eléctricos, en menos de un lustro el cambio de baterías costará entre 3.200 y 4.800 euros en las baterías de mayor tamaño. Para coches de batería inferiores, la previsión es que se sitúe por debajo de los 3.000 euros. 

El grueso del cálculo para hacer estas estimaciones se basa en el precio de sus minerales y su impacto en las celdas y los paquetes de baterías. Según los datos de Bloomberg NEF, el coste total de la batería se situó en 2025 en 108 dólares/kWh. Es decir, una batería de un coche con acumulador de 80 kWh (para el que se prevé una autonomía en autopista de entre 350 y 450 kilómetros habitualmente) costaría ahora mismo 8.640 dólares, algo más de 7.200 euros. 

La cifra, sin embargo, ha caído en picado en una década. En 2015 calculaban que el coste era de 475 dólares/kWh y en 2013 de 827 dólares/kWh. La evolución es prometedora. En aquel informe de Recurrent ya se anticipaba un precio de 65 dólares/kWh de coste para una sustitución de batería completa en 2030. Es decir, que un coche con la ya mencionada batería de 80 kWh se movería en unos 5.200 dólares (unos 4.380 euros).

El estudio menciona la química utilizada (las NMC son previsiblemente más caras que las LFP) pero no se señala si habría algún sobre coste entre los coches que utilizan baterías CTC o CTB. Las primeras son baterías que van instaladas sobre el chasis del vehículo pero en las segundas se utiliza el propio chasis como carcasa del vehículo y las celdas van unidas al mismo. Así se consigue aumentar la densidad energética y que, por tanto, haya mayor cantidad de energía eléctrica disponible en el mismo espacio. 

Lo que sí es seguro es que el precio del cambio de baterías debe ir cayendo con el paso de los años. La propia economía de escala abaratará el que sigue siendo el principal coste de un vehículo eléctrico. A esto hay que sumar que firmas como Toyota están ofreciendo ya garantías a diez años o un millón de kilómetros si se realiza el mantenimiento en sus talleres oficiales. 

A lo anterior también hay que añadir que algunos estudios apuntan a que apenas el 2,5% de coches eléctricos sustituyen la batería por averías. Eso sí, hay que tener en cuenta que la cifra puede haber estado distorsionada por el alto coste que, hasta ahora, tiene esta operación. 

Foto | Seat

En Xataka | El arma de Toyota para dominar el coche eléctrico son baterías de 1.200 kilómetros. Y ya les ha puesto fecha

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La noticia El as en la manga del coche eléctrico para comerse al de combustión: vas a gastar mucho, mucho menos en reparaciones fue publicada originalmente en Xataka por Alberto de la Torre .



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