26 de octubre de 2026

Las muestras que OSIRIS-REx trajo del asteroide Bennu resuelven un misterio que llevaba años desconcertando a los científicos

Las muestras que OSIRIS-REx trajo del asteroide Bennu resuelven un misterio que llevaba años desconcertando a los científicos

Cuando la sonda OSIRIS-REx, de la NASA, llegó a su destino en el asteroide Bennu en 2018, se encontró con algo inesperado. Según las mediciones tomadas por el telescopio Spitzer en 2007, este asteroide se calienta mucho cuando está expuesto a la radiación solar y se enfría igual de rápido por la noche. Esto es algo que en la Tierra ocurre en zonas que están cubiertas por roca fina, como la arena de playa. Por eso, pensaron que tocar la superficie y tomar muestras sería coser y cantar. En cambio, el lugar en el que trabajó la nave tenía una orografía complicada, con rocas de gran tamaño. 

Más allá de lo trabajoso que fue tomar muestras, se encontraron con el problema de explicar a qué se debían esos cambios de temperatura. Ha sido todo un misterio hasta ahora, pues unos científicos de la Universidad de Arizona han sugerido una respuesta bastante plausible. 

Inercia térmica. En la Tierra, la arena de playa tiene una baja inercia térmica. Otros materiales rocosos más sólidos o compactos, como el hormigón, tienen valores más altos, ya que se calientan y pierden el calor muy poco a poco. Eso habría sido lo lógico con las rocas tan grandes que se encontraron en Bennu. No obstante, su inercia térmica era la de la arena de playa. La misión inicial de OSIRIS-REx era tomar muestras del asteroide, pero ahora los científicos tenían un motivo más para hacerlo: necesitaban saber por qué se enfriaban tan rápido esas rocas.

Poros y grietas. Lo primero que se observó al analizar las muestras de roca que se llevaron a la Tierra para su estudio es que estaban compuestas por un material muy poroso. Eso, desde luego, favorece que se enfríe más deprisa. Pero no tanto como para tener una inercia térmica tan reducida. Se observó que también exhibían una red extensa de fracturas atravesando su interior. Ahora bien, ¿cómo afectan esas grietas a la dispersión del calor? Necesitaban medirlo, pero antes tenían que comprobar que la incoherencia que detectaron no se debía a fallos en las mediciones de Spitzer. 

Termografía lock-in. Este es el nombre de la prueba que se usó para analizar qué tienen que ver las fracturas con la temperatura. A grandes rasgos, consiste en exponer a un láser una parte de la muestra y estudiar cómo se propaga el calor a su alrededor. Con ella, se puede calcular la inercia térmica de partículas diminutas, algo que no puede hacerse con un termómetro convencional. Gracias a esta herramienta, se comprobó que la inercia térmica es más o menos la misma que se había medido con el Spitzer. 

Simulaciones de ordenador. Ya tenían datos sobre la inercia térmica a una escala muy pequeña, pues disponían de muestras reducidas. El siguiente paso era analizar qué pasa a escala de bloque, por lo que utilizaron simuladores de ordenador que no solo demostraron que la inercia térmica se mantiene. También apuntaron a las fracturas como “culpables” de ese enfriamiento acelerado que tanto les sorprendió.

Por qué importa. Hasta ahora, se solían extrapolar los datos de inercia térmica tomados por telescopios y sondas directamente al tamaño de las rocas que componen un objeto: baja inercia térmica, roca fina, alta inercia térmica, rocas más gruesas. Con lo ocurrido en Bennu vemos que, en realidad, hay más factores implicados en los valores de este parámetro, por lo que esta extrapolación sería engañosa y haría falta tomar más datos. 

De momento, tomar muestras de un asteroide es un hito que solo han conseguido OSIRIS-REx y las sondas japonesas Hayabusa-1 y Hayabusa-2, con los asteroides Itokawa y Ryugu. También pretende hacerlo la sonda china Tianwen-2 con el asteroide Kamo’oalewa, aunque aún no ha regresado de su viaje. De todos modos, se espera que en el futuro esto sea algo más frecuente. Así, podrán analizarse mucho mejor los parámetros que realmente conforman la inercia térmica. 

Imagen | NASA's Scientific Visualization Studio - Kel Elkins, Bashar Rizk, Carina Bennett, Daniella DellaGiustina, Dante Lauretta, Dathon Golish, Jason Dworkin, Jeff Seabrook, Michael Daly, Olivier Barnouin, Dan Gallagher, Ian Jones, Laurence Schuler

En Xataka | La Tierra tiene lunas que no conocemos: explorarlas es clave para revelar los secretos de nuestro sistema solar

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La noticia Las muestras que OSIRIS-REx trajo del asteroide Bennu resuelven un misterio que llevaba años desconcertando a los científicos fue publicada originalmente en Xataka por Azucena Martín .



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Science publica el estudio de Microsoft sobre diagnóstico con IA: 83 % frente al 36 % de los médicos, y la letra pequeña del experimento

Un estetoscopio rodea una ficha médica, metáfora de la inteligencia artificial aplicada al diagnóstico.

La revista Science publicó el 22 de octubre el trabajo con el que Microsoft sostiene que su sistema DxO acierta el 83,2 % de los casos clínicos del New England Journal of Medicine, frente al 36,1 % de un grupo de médicos generalistas. En ingresos de urgencias, 80,3 % contra 46,8 %.

El paper es público, está revisado por pares y detalla cómo se midió. Y cuando se lee entero, la comparación resulta más interesante y más estrecha de lo que dice el titular.

¿Es nuevo esto?

A medias. El trabajo se recibió en Science el 4 de abril de 2026 y se aceptó el 10 de agosto, pero su primera versión la publicó Microsoft como preprint en junio de 2025: mismo título, los mismos quince autores, el mismo sistema y los mismos 304 casos del NEJM.

Lo nuevo de la versión publicada es sustancial. La revisión por pares. Un segundo conjunto de datos: 325 ingresos de urgencias de MIMIC-IV-ED, notas clínicas reales en lugar de casos didácticos. Una rama de comparación con médicos con acceso a buscadores y referencias, de donde sale el 36,1 %. Y el motor: el sistema corre sobre GPT-5, con la batería completa repetida en GPT-5.5 sin cambiar ni los prompts ni la orquestación.

Una precisión sobre el nombre y sobre qué es: en Science el sistema se llama DxO, Diagnostic Orchestrator —Microsoft lo bautizó MAI-DxO en su anuncio— y el paper lo describe como «a model-agnostic orchestrator». No es un modelo médico de Microsoft: es una capa que coordina modelos ajenos, en este caso de OpenAI, simulando un panel de especialistas con papeles complementarios.

¿Contra qué médicos se comparó, y en qué condiciones?

Contra generalistas: médicos de atención primaria y de agudos en ejercicio, incluidos internistas y urgenciólogos. El paper da las medias pero no el número de participantes; la cifra de veintiún médicos con una mediana de doce años de experiencia procede del preprint.

Lo decisivo es la estructura de la prueba, y aquí el paper es escrupuloso. Hubo dos ramas: a libro cerrado, donde los médicos no podían usar buscadores ni modelos de lenguaje, y a libro abierto, con esas herramientas disponibles. Los resultados: 22,3 % a libro cerrado y 36,1 % a libro abierto. Es el 36,1 % el que se compara con el 83,2 % de la máquina.

Los motivos de la restricción, en el preprint, son dos y los dos razonables: los casos del NEJM están publicados en internet y los habrían encontrado, y querían medir la capacidad diagnóstica propia del médico en lugar de evaluar indirectamente las herramientas disponibles.

Pero hay una asimetría en el recuento que ninguna cobertura ha señalado. El 83,2 % de DxO se mide sobre los 304 casos; el resultado de los médicos, solo sobre los 56 reservados durante el desarrollo.

Y el dato que mejor describe la diferencia de estrategia no es un porcentaje: los médicos hicieron una media de 5,6 preguntas antes de pedir la primera prueba; DxO, 25,5. Donde el humano va al laboratorio, la máquina sigue preguntando. El paper lo atribuye a eso mismo: su ventaja se concentra en diagnósticos que dependen de una buena anamnesis, como exposiciones raras e infecciones de viaje, «discriminating clues that would not be easily found in broad test batteries».

¿Y los pacientes?

No hay. Son expedientes de texto, sin exploración física y sin imagen: el paper lo admite expresamente, las sesiones no capturaron «multimodal data such as imaging, waveforms, or pathology slides that are central to real diagnostic workflows».

El paciente lo interpreta otro modelo, el Gatekeeper, que media todas las peticiones de información y devuelve solo lo que sería clínicamente obtenible. Y cuando el dato no está en el expediente, hace algo que conviene entender bien: «the Gatekeeper generates diagnostically neutral synthetic results to avoid signaling the absence of data, which could provide clues about the final diagnosis». No es un adorno: si el silencio delatara qué pruebas no se hicieron, eso ya sería una pista hacia el diagnóstico.

Quien corrige es un tercer modelo, el Judge, con una rúbrica de cinco niveles redactada por médicos; cuentan como acierto los niveles 4 y 5, definidos como aquellos en los que el manejo del paciente no cambiaría.

El coste se estimó con precios CPT del chargemaster público de un gran sistema sanitario estadounidense, el de Kaiser Permanente Washington, consultado en abril de 2026, tratando las preguntas de historia y exploración como parte de un coste fijo de visita.

Y ahí aparece el matiz que desmonta medio titular. En su configuración más precisa, DxO es más caro que los médicos: 83,2 % de acierto a un coste medio de 5.431 dólares, frente al 36,1 % de los médicos a 4.725. Donde gana en las dos cosas es un escalón más abajo: 80,9 % a 2.241 dólares, y 79,6 % a 1.303. Microsoft tiene razón en que su sistema domina la frontera de coste y precisión, pero «más barato» depende de qué configuración se elija, y la que da el titular no lo es.

¿Qué dicen los autores que no se puede concluir?

Mucho, y con una franqueza que hay que reconocerles. La frase que acota todo está en la introducción: «These comparisons do not establish superiority over specialists, multidisciplinary teams, or real-world clinical practice».

Sobre el sesgo de los casos: «CPC cases may overrepresent diagnostically challenging presentations, and both exclude healthy or benign encounters, so the overall case mix and disease prevalence do not mirror those of routine clinical practice». Ninguno de los casos era una persona sana. El preprint añadía la consecuencia que la versión publicada no formula así: que no pudieron medir tasas de falsos positivos.

Sobre quién es el rival: «A limitation of our evaluation is the comparison of DxO performance with individual physicians», cuando el diagnóstico real implica colaboración multiespecialidad y derivaciones. Y esperan que la brecha «se estreche» frente a especialistas o equipos multidisciplinares.

Sobre qué mide la nota: la rúbrica evalúa la corrección diagnóstica a nivel de enfermedad, pero «does not assess therapeutic appropriateness, safety, or longitudinal management quality». Y sobre el entorno: «the performance advantage refers specifically to information gathering and diagnostic accuracy under idealized conditions, not to the full scope of clinical reasoning, patient care, or medical judgment required in practice».

El propio resumen se cubre: «Although these findings were obtained in a controlled benchmark setting…».

¿Está aprobado para usarse?

No, en ninguna parte. Ni FDA, ni EMA, ni AEMPS. El sistema no consta en el registro 510(k) de la FDA, el anuncio oficial no menciona ninguna vía regulatoria y no se usa con pacientes. El consejero delegado de Microsoft AI, Mustafa Suleyman, lo reconoce: «It needs clinical validation. That is a leap, but this is a major milestone along that journey». El responsable de salud de Microsoft AI y coautor, Dominic King, dice que el estudio prospectivo con el Beth Israel Deaconess Medical Center de Boston, donde los pacientes interactuarán con el sistema directamente, arrancará «in the next couple of months».

Mi lectura es que el paper es considerablemente mejor que su cobertura, y que lo que de verdad propone no es sustituir a nadie. El propio texto apunta a flujos de trabajo conjuntos médico-máquina y a usos educativos, y cita entre sus referencias un ensayo aleatorizado sobre colaboración clínico-IA en diagnóstico. Lo que han construido es un banco de pruebas que mide algo que no se medía —decidir qué preguntar, qué pedir y cuándo parar, con un coste asociado a cada decisión— y eso es un avance real, independientemente del porcentaje.

El titular, en cambio, no se sostiene como se cuenta. «Mejor que los médicos» significa, con precisión: mejor que generalistas, medidos sobre un subconjunto distinto, en casos seleccionados por su valor docente, sin paciente, sin imagen, con un paciente simulado por otra IA y un corrector que también es una IA, y a un coste superior al de los humanos en la configuración que da la cifra estrella.

Hay dos cosas que conviene poner sobre la mesa. La primera: los quince autores son empleados de Microsoft y tienen participación en la compañía, y ocho de ellos figuran como inventores en una solicitud de patente estadounidense presentada por Microsoft sobre un marco automatizado de evaluación de diagnóstico secuencial. Es decir, la empresa ha patentado el método con el que se mide. La financiación es íntegramente interna: «No funds external to Microsoft were acquired for these studies».

La segunda es una cautela sobre mi propia fuente de contraste. Eric Topol, del Scripps Research, que en julio de 2025 valoró el preprint para TIME con entusiasmo y una reserva —«It’s impressive what they did», «this is a really big jump», pero «it doesn’t change medical practice until they take it out on the real medical highway»—, figura en los agradecimientos del paper entre los colegas que aportaron «valuable insights». No es un coautor ni cobra de Microsoft, pero tampoco es exactamente una voz ajena. Lo mismo vale para un clínico del Beth Israel, el hospital donde ahora se hará la validación.

A tres días de la publicación, ninguna sociedad médica ni ningún regulador se ha pronunciado. Eso no es aval ni rechazo: es silencio.

Nada de esto es una herramienta para que nadie se autodiagnostique: no está aprobada, no está validada clínicamente y su propio responsable lo dice. Para el panorama general, aquí está cómo la IA está entrando en el diagnóstico y el tratamiento; el contrapunto a la promesa de ahorro lo da un dato incómodo, los 942 millones de dólares que el sistema de salud estadounidense gastó de más porque los hospitales usan IA para exagerar diagnósticos; y Microsoft ya había llevado la IA a la consulta con Dragon Copilot.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

Microsoft Confirms Windows Server 2016 Reaches End of Support on January 12, 2027

Microsoft has confirmed that Windows Server 2016 will reach the end of extended support on January 12, 2027, according to a new message on the Windows release health message center. The January 2027 security update will be the final update for the operating system, and Microsoft recommends that organizations upgrade to Windows Server 2025 before that date.

The end of updates covers every edition of Windows Server 2016: Datacenter, Essentials, MultiPoint Premium, and Standard. Servers that keep running the operating system after January 12 will continue to boot and work, but they will no longer receive monthly security updates with protections against new threats.

"The January 2027 Windows security update will be the last update available for this version," Microsoft states in the message center notice.

Windows Server 2016 Support Timeline and Affected Features

Windows Server 2016 was announced at Microsoft's Ignite conference in September 2016 and reached general availability on October 12, 2016. Mainstream support ended in January 2022, which means the operating system has received only security fixes for almost five years. The January 12 cutoff closes the extended support phase, roughly ten years after launch.

The retirement goes beyond security patches. On the same date, Microsoft will end support for all Windows Server 2016 Essentials features, including Remote Web Access and related Essentials functionality. Small businesses that rely on Remote Web Access for remote file or desktop access through an Essentials server need a replacement before the deadline.

Microsoft names Windows Server 2025 as the upgrade target. Windows Server 2025 is the current Long-Term Servicing Channel release and reached general availability in November 2024. The company's lifecycle documentation lists the end of mainstream support for Windows Server 2025 in November 2029, with extended support running until November 14, 2034.

The notice follows other Microsoft lifecycle deadlines this month, including the point where Windows 11 24H2 Home and Pro reached end of support and users were advised to move to Windows 11 26H2.

How Administrators Should Prepare for the January Deadline

Roughly eleven weeks remain before the last update ships. Microsoft's guidance is to plan the upgrade now rather than after the final Patch Tuesday:

  1. Inventory every physical and virtual machine still running Windows Server 2016, including Essentials and MultiPoint Premium installations.
  2. Identify servers that use Remote Web Access or other Essentials features, since those features lose support on January 12 as well.
  3. Test workloads on Windows Server 2025 using the free 180 day evaluation available from the Microsoft Evaluation Center.
  4. Schedule migrations so that production servers move before the January 2027 security update becomes the last one.

Organizations can check exact servicing dates for their products with the Lifecycle Policy search tool and the Windows Lifecycle FAQ page that Microsoft maintains.

Microsoft's notice does not mention a paid Extended Security Updates program for Windows Server 2016, so the January 2027 release is currently the last security update the company has committed to for this version.

Thank you for being a Ghacks reader. The post Microsoft Confirms Windows Server 2016 Reaches End of Support on January 12, 2027 appeared first on gHacks.



☞ El artículo completo original de Arthur Kay lo puedes ver aquí

25 de octubre de 2026

Cuánto dura de verdad un SSD, un disco duro o una tarjeta microSD

Cuánto dura de verdad un SSD, un disco duro o una tarjeta microSD

Para quien guarda fotos, trabajo o copias de seguridad en un disco y quiere saber cuándo debería empezar a preocuparse. La respuesta corta: los discos duros de hoy fallan poco durante muchos años, los SSD se gastan por escritura y te dicen cuánto les queda, y para grabar sin parar en una microSD los fabricantes venden tarjetas específicas de resistencia. Ninguno avisa con fecha. Por eso la cifra que importa no es la vida útil, sino cuándo hiciste la última copia.

La mejor fuente pública sobre fiabilidad de discos no es un fabricante, sino un cliente enorme. Backblaze, empresa de almacenamiento en la nube, publica cada trimestre los fallos de su flota. En su informe del segundo trimestre de 2026, publicado el 29 de septiembre, analizó 354.415 discos duros. La tasa de fallo anualizada del trimestre fue del 1,73 %, la más alta «en bastante tiempo», según la propia empresa. La acumulada de toda su historia, del 1,41 %.

¿Cuántos años aguanta un disco duro?

Bastantes más de lo que dice la leyenda, al menos en un centro de datos. El dato más revelador de Backblaze es su análisis de la curva de la bañera, publicado en octubre de 2025, que mira a qué edad fallan más los discos.

Los resultados de sus tres cortes:

Año del análisis Pico de fallos Edad del disco en el pico
2013 13,73 % unos 3 años y 3 meses
2021 14,24 % 7 años y 9 meses
2025 4,25 % 10 años y 3 meses

En 2025, además, los discos con menos de un año apenas superaban el 1,30 % de fallo anualizado. Backblaze lo resume así: los discos «están mejorando y duran más».

El año completo confirma la tendencia. En su informe de 2025, la tasa anual bajó al 1,36 %, frente al 1,55 % de 2024. Y cuando un modelo concreto se dispara, la edad pesa mucho: en el segundo trimestre de 2026, Backblaze señaló tres modelos atípicos. Dos eran veteranos, un HGST de casi siete años (7,63 %) y un Seagate de unos ocho años y medio (9,33 %); el tercero era un Seagate de 14 TB (8,26 %). En los dos Seagate pesaba además que hubiera pocas unidades en la flota, de modo que unas pocas averías disparan el porcentaje.

Un matiz que Backblaze repite en sus informes: su uso no es el tuyo. Sus discos viven en un centro de datos; el disco externo que llevas en la mochila sufre golpes, cortes de corriente y calor. Mi lectura es que sus datos sirven para comparar tendencias y modelos, no para prometerte diez años.

¿Cómo se mide la vida de un SSD y qué es el TBW?

Un SSD no tiene piezas móviles, pero sus celdas de memoria se desgastan con cada escritura. Por eso los fabricantes no hablan de años, sino de TBW (terabytes escritos): la cantidad total de datos que garantizan que puedes escribir.

Un ejemplo con números, sacado de la ficha técnica del Samsung 990 PRO: la versión de 1 TB está garantizada para 600 TBW y la de 2 TB para 1.200 TBW, con 5 años de garantía limitada, «lo que ocurra primero». Haz la cuenta: 600 TB en cinco años son unos 329 GB escritos cada día, todos los días. Es mucho más de lo que escribe un uso doméstico normal.

Samsung añade que sus pruebas de resistencia cumplen la norma JESD218 de JEDEC, el organismo al que remite la propia ficha para los detalles.

¿Y cómo fallan en la práctica? Backblaze también publicó datos de sus SSD, aunque con una flota mucho menor y de uso específico: los usa como discos de arranque de sus servidores. En su informe de mitad de 2023, con 3.144 SSD, la tasa de fallo acumulada desde finales de 2018 era del 0,90 %. Es un informe antiguo y una muestra pequeña, así que tómalo como referencia, no como comparación definitiva con los discos duros.

¿Qué significa el MTBF que aparece en la caja?

Casi nada para ti como usuario, y lo dicen los propios fabricantes. El MTBF (tiempo medio entre fallos) es una estimación estadística sobre una población de discos, no la vida de tu disco.

La ficha del Samsung 990 PRO da 1,5 millones de horas de MTBF. Pasado a años, serían más de 170. Obviamente, nadie espera que un SSD dure 170 años. Western Digital lo deja claro en la ficha de sus discos WD Red Plus, que anuncian 1 millón de horas de MTBF: la cifra se calcula con una carga de 90 TB al año y 40 °C, y «no predice la fiabilidad de un disco individual ni constituye una garantía».

Lo que sí te dice algo en esa ficha es la carga de trabajo, 180 TB al año en ese modelo, y los 3 años de garantía. Si quieres un indicador de cuánto confía el fabricante, mira la garantía, no el MTBF.

¿Y una tarjeta microSD? ¿Cómo sé si mi disco está a punto de fallar?

Las microSD también son memoria flash, así que el desgaste por escritura también va con ellas. Si vas a grabar sin parar (una cámara de vigilancia, una dashcam), existen tarjetas «de resistencia» que sí dan cifras. La Samsung PRO Endurance de 128 GB, por ejemplo, promete en su ficha oficial hasta 70.080 horas (unos 8 años) de grabación Full HD a 26 Mbps, y la de 256 GB hasta 140.160 horas. Que el fabricante tenga que crear una línea específica para esto ya te dice qué esperar de una tarjeta corriente en ese uso.

Para saber cómo está tu disco, lee su informe S.M.A.R.T., el autodiagnóstico que llevan casi todos. En Windows, puedes usar CrystalDiskInfo. Su desarrollador publicó en julio de 2026 una guía sobre los avisos «Caution» y «Bad» que conviene leer entera. Sus claves:

  • En muchos SSD, el aviso «Caution» aparece cuando la vida restante llega al 10 % o menos, y ese porcentaje es una estimación basada en el TBW del fabricante, no una cuenta atrás en días.
  • En discos duros, los atributos que más disparan el aviso son los sectores reasignados (05), pendientes (C5) e incorregibles (C6).
  • Un estado «Good» no garantiza que el disco no falle de golpe.
  • La regla de oro: «Back up first. Investigate afterward.» Primero la copia, después las preguntas.

En Mac, la Utilidad de Discos tiene la función Primera ayuda. Según la ayuda de Apple, si la Utilidad de Discos te indica que el disco está a punto de fallar, debes hacer una copia de los datos y reemplazarlo.

Si al revisar descubres que tu problema es de espacio y no de salud, quizá te sirva la guía sobre cómo liberar espacio cuando el móvil dice «almacenamiento lleno».

Mi postura, después de ver los datos: preguntarse cuánto dura un disco es la pregunta equivocada. Los discos duros modernos aguantan muchos años y los SSD domésticos difícilmente agotan su TBW, pero las estadísticas de flota no protegen a tu disco concreto, que puede ser el que falle en el primer año. La pregunta útil es si tus datos sobreviven al fallo de cualquier disco. Si la respuesta es no, empieza por hacer una copia de seguridad completa de tu vida digital y deja el S.M.A.R.T. para después.


La noticia Cuánto dura de verdad un SSD, un disco duro o una tarjeta microSD fue publicada originalmente en Wwwhatsnew.com por Claude Pessoa.


☞ El artículo completo original de Claude Pessoa lo puedes ver aquí

Vivimos más que nunca y nos sentimos peor: la salud percibida cae a niveles de 1987

Vivimos más que nunca y nos sentimos peor: la salud percibida cae a niveles de 1987

Los avances médicos que vamos conociendo están haciendo que podamos vivir muchos más años, puesto que ya podemos dar respuesta a enfermedades que antes era casi imposible de abordar. Esto es algo que debería hacer que la gente valorara mejor su salud, pero la realidad es que los últimos datos publicados por el INE y el Ministerio de Salud apuntan a que solo el 68,3% de la población valora su salud como buena o muy buena, lo que supone un desplome de 5,8 puntos respecto a 2023.

Retrospectiva. Esto es bastante relevante, puesto que para encontrar un dato similar hay que retroceder a 1987, lo que nos sitúa en el nivel más bajo en casi cuatro décadas. Y esto es algo que nos debe hacer plantearnos que hay diferentes factores, más allá de poder atacar una enfermedad, que hacen que nuestra salud se perciba de peor calidad. 

La brecha social. El descenso generalizado afecta a todos los grupos de edad, pero no golpea a todos por igual, puesto que los datos oficiales muestran que el retroceso tiene un fuerte componente de género. Esto se ve porque la percepción positiva en hombres cayó 4.4 puntos, situándose en un 73,6%. Por contra, en las mujeres el desplome fue de 7,1 puntos, quedándose en un 63,1%. 

Si nos ceñimos a la territorialidad, las comunidades donde la población percibe que tiene una peor salud son Galicia (61,6%), Canarias (63,8%) y Asturias (65,1%). Pero el verdadero abismo aparece al mirar la nómina, puesto que en el caso de las mujeres, el 74,4% de las que pertenecen a la clase social más alta declara tener buena salud, frente a solo el 55,9% de la clase social más baja. 

Las dudas. Estos datos no son del todo objetivos, puesto que podría parecer que preguntar a alguien "cómo te sientes" es un indicador demasiado subjetivo y poco científico frente a una analítica de sangre. Pero aquí un estudio publicado en 1997 demostró que la salud autopercibida es un predictor independiente de mortalidad. 

Es decir, depende de cómo creamos que estamos de salud; predice las probabilidades de fallecer mejor que muchos historiales médicos. De esta manera, el estudio concluyó que las personas que valoran su salud como "mala" tienen prácticamente el doble de riesgo de morir frente a los que la consideran "excelente". 

Algún matiz. Algo que hemos visto con estos datos es que la tasa de personas que declaran tener enfermedades crónicas ha saltado del 57,7% al 66,2%. Y la verdad es que es un poco raro que se haya enfermado tanto y tan rápido en solo 24 meses, por lo que la respuesta podría estar en cómo se han recogido los datos, ya que en 2023 las encuestas se hicieron de forma presencial y online.  Pero en la última edición, el sistema ha sido con entrevista online también. 

En este sentido, hemos visto que las personas declaran tener una mejor salud física y mental cuando hablan cara a cara o por teléfono con un humano que cuando rellenan un formulario en internet. Es lo que en sociología se llama "deseabilidad social" puesto que tendemos a disimular nuestras penurias ante otro ser humano, pero somos brutalmente honestos frente a una pantalla fría.

Imágenes | Gustavo Fring

En Xataka | Decimos que estamos "deprimidos" por encima de nuestras posibilidades: dónde termina y dónde empieza la enfermedad

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La noticia Vivimos más que nunca y nos sentimos peor: la salud percibida cae a niveles de 1987 fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .



☞ El artículo completo original de José A. Lizana lo puedes ver aquí