9 de junio de 2026

El «tokenpocalypse» ya llegó: GitHub Copilot pasó a cobrar por token y los usuarios reportan facturas que se multiplican por 20

El "tokenpocalypse" ya llegó: GitHub Copilot pasó a cobrar por token y los usuarios reportan facturas que se multiplican por 20

Desde el 1 de junio de 2026, GitHub Copilot ha reemplazado su sistema de facturación plano por uno basado en consumo de tokens. Los precios de suscripción no han cambiado —Pro sigue en 10 dólares mensuales, Business en 19 por usuario, Enterprise en 39— pero lo que esos precios compran ahora no es acceso ilimitado a un asistente de código, sino un crédito mensual que se consume según los tokens procesados.

Un usuario de Reddit documentó la situación con una frase que se ha convertido en meme del sector tech: llamó al cambio el inicio del «tokenpocalypse» en su empresa. La expresión la recogió el podcast Equity de TechCrunch, donde los presentadores Anthony Ha, Kirsten Korosec y Sean O’Kane le dedicaron el episodio del fin de semana. Lo recoge hoy el artículo de TechCrunch sobre si estamos en el amanecer del tokenpocalypse.

¿Qué pasó exactamente con los precios de Copilot?

El modelo anterior de GitHub Copilot facturaba por «solicitudes premium»: un número de interacciones de IA por mes, relativamente independiente de la longitud de las conversaciones. El nuevo modelo factura por tokens, la unidad básica de procesamiento de los modelos de lenguaje: cada palabra de entrada, cada palabra de salida, cada token cacheado.

Para la mayoría de usos simples —autocompletado de código dentro de un IDE— los tokens son gratuitos e ilimitados. El autocompletado básico y las sugerencias de Next Edit no consumen créditos.

El problema aparece con los flujos de trabajo agentivos: cuando un desarrollador usa Copilot para analizar un repositorio completo, para refactorizar múltiples archivos en cadena, o para ejecutar revisiones de código con contexto amplio. Esas tareas pueden procesar decenas o cientos de miles de tokens por sesión. TechCrunch reportó usuarios proyectando costes de 750 dólares mensuales por patrones de uso que antes les costaban 29 dólares.

Algunos desarrolladores calculan que una sola sesión agentiva intensiva —pedir a Copilot que revise un PR grande o que refactorice un módulo complejo— puede consumir el crédito mensual completo del plan Business de 19 dólares en una o dos horas.

La pregunta de fondo: ¿puede la IA ser rentable?

El episodio de Equity explora la dimensión más profunda del asunto. Sean O’Kane planteó la pregunta directa: ¿los laboratorios de IA pueden reducir costes y avanzar tecnológicamente suficientemente rápido como para alinearse con lo que los clientes están dispuestos a pagar?

El ejemplo de Uber que usó O’Kane es ilustrativo: Uber pasó de admitir que había excedido su presupuesto de IA más rápido de lo esperado a imponer límites y recortar el uso interno en el plazo de semanas. La historia de la IA como utilidad barata —un ChatGPT de 20 dólares al mes para todo— siempre fue una subvención de los inversores de VC que financiaron pérdidas para ganar escala. El tokenpocalypse es el fin de esa subvención para los usuarios que más consumen.

GitHub fue explícito en su comunicado de abril de 2026 al anunciar el cambio: el objetivo es un «negocio de Copilot sostenible y fiable». Sostenible significa rentable. Rentable significa que el precio por token tiene que cubrir los costes de inferencia de los modelos que subyacen al servicio.

El contexto más amplio incluye los IPOs pendientes de Anthropic y OpenAI. Ambas empresas van a tener que mostrar a los inversores institucionales un camino hacia la rentabilidad. La práctica habitual de subvencionar el uso para captar usuarios se hace insostenible cuando el tráfico crece exponencialmente. El tokenpocalypse de GitHub es un ensayo general de lo que vendrá en más productos de IA.

Mi valoración

Lo que más me convence del nuevo modelo de GitHub es que es honesto sobre la economía real. Cobrar por token es cobrar por lo que realmente cuesta: cada token procesado tiene un coste real de cómputo en los centros de datos de Microsoft. El modelo de cuota plana era una ilusión sostenida por inversores y que ocultaba que el uso intensivo se subvencionaba con el uso casual.

Lo que más me preocupa es el efecto en equipos pequeños y autónomos. Las grandes empresas Enterprise tienen el presupuesto para absorber el aumento o para negociar límites personalizados. Los freelancers y equipos de 5 personas que usaban Copilot Business como herramienta central de productividad son los más expuestos a la sorpresa de factura.

Lo más estructuralmente significativo es que el tokenpocalypse va a llegar a todos los productos de IA, no solo a Copilot. La pregunta a 12 meses es si los laboratorios logran reducir los costes de inferencia suficientemente rápido para que el coste por token caiga antes de que la frustración de los usuarios erosione la adopción. Mi predicción: los costes bajan, pero no al ritmo suficiente para que el cambio sea transparente para el usuario intensivo. El tokenpocalypse es aquí para quedarse.

Preguntas frecuentes

¿Qué puedo hacer para controlar mi consumo de tokens en Copilot?

GitHub ha publicado guías de uso eficiente. Las recomendaciones principales: evitar dar a Copilot contextos de repositorio completo cuando solo necesitas ayuda con un archivo; usar el autocompletado básico del IDE para tareas simples (no consume tokens); y revisar regularmente el panel de consumo en la configuración de la cuenta. Los planes Business y Enterprise tienen dashboards de uso por equipo.

¿Los competidores de Copilot tienen el mismo modelo de precios?

Cursor, el principal competidor, también está transitando hacia precios basados en uso. En julio de 2026 implementará nuevos tiers para sus planes de equipo. JetBrains AI y Tabnine mantienen de momento modelos de cuota plana, lo que puede convertirse en una ventaja competitiva temporal si la frustración con el modelo de Copilot es suficientemente grande.

¿El autocompletado básico seguirá siendo gratuito dentro de la suscripción?

Sí. GitHub confirmó que el autocompletado de código y Next Edit Suggestions no consumen créditos y siguen siendo ilimitados en todos los planes. El consumo de tokens aplica a las funciones de chat, revisión de código, funciones agentivas y uso de modelos a través de la API de GitHub Models.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

“El chat ha muerto”: OpenAI quiere convertir ChatGPT en una superapp. Los usuarios temen lo peor

“El chat ha muerto”: OpenAI quiere convertir ChatGPT en una superapp. Los usuarios temen lo peor

Declaraciones internas citadas en The Financial Times revelan cómo en OpenAI están preparando el que podría ser el mayor cambio para ChatGPT desde su lanzamiento en noviembre de 2022. La empresa tiene ya 1.000 millones de usuarios de la versión gratuita de sus modelos, pero quiere aumentar el número de los que pagan, y la clave es el cambio de enfoque.

El chat ha muerto. El resumen del enfoque está en la frase "El chat ha muerto", pronunciada por un alto cargo de la compañía bajo anonimato. Mantener a 1.000 millones de usuarios usando el chatbot de forma gratuita requiere una enorme capacidad de cómputo y por tanto de dinero. Eso no parece tener de momento un retorno claro, así que la empresa ya no ve ChatGPT como el producto final, sino como una pasarela para enganchar al usuario y convencerlo gradualmente de que utilice servicios de pago de la compañía, como ChatGPT Plus.

Una superapp en el horizonte. El objetivo, afirman fuentes cercanas a la empresa, es poner en marcha una superapp que combina tanto herramientas de programación como agentes de IA, lo que permitirá sumar suscriptores de pago a una plataforma que necesita como el comer los ingreso. Sobre todo teniendo en cuenta que su salida a bolsa es inminente —acaba de enviar documentación a la SEC para preparar ese movimiento.

Codex como centro de todo. La idea aquí es convertir a Codex en ese motor de ingresos que no ha sido ChatGPT. Tras el lanzamiento de la aplicación de escritorio en febrero de 2026, Codex ya ha multiplicado por seis su base de usuarios activos semanales, y supera ya los 5 millones. Mientras que ChatGPT tiene poca proporción de usuarios de pago, la inmensa mayoría de usuarios de Codex pagan una suscripción.

Apps y servicios de terceros. Se espera que el rediseño de la interfaz de ChatGPT comience a desplegarse en las próximas semanas tanto en la web como en aplicaciones móviles. En una primera fase ChatGPT "dirigirá" a los usuarios a servicios de terceros como Canva o Booking, afirman en FT. La idea es que con el tiempo OpenAI se deshaga de los prompts para que sus modelos entiendan la intención de sus usuarios cuando usen la web o la app.

Agentes al poder. El nuevo planteamiento considera que el valor real del mercado no está en redactar poemas o resumir textos, sino en usar agentes que nos ayuden tanto en lo personal como en lo profesional. Según esos responsables citados en el diario, la distinción clásica entre buscador web, chatbot y un agente de IA para programar desaparecerá para que ese futuro ChatGPT sea todorreno sin que nos demos cuenta. Thibault Sottiaux, que sí habló oficialmente, confirmó que estaban preparando "un agente personal que sea capaz de ayudarte en cualquier faceta de tu vida, sea personal o profesional".

Críticas razonables. Los usuarios de fotos como Reddit han reaccionado con críticas claras a esta noticia. Los suscriptores de ChatGPT Plus actuales disfrutan de un acceso conversacional casi ilimitado y, por separado, de "créditos" mediante la API para programar en Codex. Si se fusiona todo dentro de una nueva superapp, estos usuarios temen que ese teórico agente unificado acabe consumiendo mucho más rápido los tokens de una cuenta y el modelo de pago por uso los perjudique a todos. Si algo nos ha enseñado la evolución de estos modelos es que en efecto los agentes han hecho que usar la IA sea (bastante) más caro para usuarios intensivos.

La adopción masiva ya no basta. Cuando la carrera de la IA se inició, OpenAI parecía estar encantada de lograr captar el mayor volumen de usuarios posible aun a costa de poner en riesgo los ingresos. Creían que esa parte la acabarían captando tarde o temprano, pero apareció en escena Anthropic. La empresa de Amodei ha logrado atraer a los usuarios que sí pagan —los empresariales— y ahora OpenAI ve cómo su estrategia inicial no parece funcionar.

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Ni drones ni misiles. El proyecto más ambicioso de Rusia cuesta 26.000 millones, y tiene más que ver con cerdos que con tanques

Ni drones ni misiles. El proyecto más ambicioso de Rusia cuesta 26.000 millones, y tiene más que ver con cerdos que con tanques

En 1928, un científico soviético convencido de que la sangre joven podía rejuvenecer el cuerpo intercambió la suya propia con la de un estudiante universitario. El experimento convirtió al alumno en un superviviente y al investigador en una de las primeras víctimas de la búsqueda moderna de la longevidad. 

La gran apuesta rusa. Si la pregunta es si se puede retrasar el envejecimiento, Rusia ha decidido responder con una iniciativa de dimensiones extraordinarias. Bajo el impulso directo de Vladimir Putin, Contaba el fin de semana el Wall Street Journal que el Kremlin ha convertido la longevidad en una prioridad nacional mediante un programa valorado en unos 26.000 millones de dólares que busca desarrollar tecnologías capaces de prolongar la vida humana y combatir el deterioro asociado a la edad. 

Lo que para muchos líderes y empresarios occidentales sigue siendo una apuesta privada financiada por fortunas tecnológicas, en Rusia se ha transformado en una estrategia de Estado que combina investigación genética, impresión de órganos, xenotrasplantes y otras tecnologías experimentales con la promesa de salvar cientos de miles de vidas antes de que termine la década.

Vladimir Putin In March 2018

Órganos nuevos para cuerpos envejecidos. Una de las ideas más ambiciosas del proyecto consiste en sustituir progresivamente las piezas defectuosas del cuerpo humano como si se tratara de una máquina compleja. Lo hemos contado antes y el propio Putin llegó a comentar públicamente la posibilidad de alcanzar una especie de inmortalidad práctica mediante el reemplazo continuo de órganos dañados. 

Para acercarse a ese objetivo, los científicos rusos trabajan en dos líneas principales: la bioimpresión tridimensional de tejidos vivos y el crecimiento de órganos humanos dentro de minipigs, una variedad de cerdo considerada especialmente compatible para este tipo de investigaciones. El objetivo declarado es lograr trasplantes funcionales de órganos producidos en laboratorio hacia 2030, una meta que, de alcanzarse, supondría uno de los avances biomédicos más importantes del siglo.

Genes, tejidos y cerdos al servicio de la longevidad. El programa también incluye el desarrollo de terapias génicas destinadas a ralentizar el envejecimiento celular. Según las autoridades rusas, estos tratamientos representan algunas de las herramientas más prometedoras para combatir el desgaste biológico que acompaña al paso de los años. Paralelamente, los investigadores afirman haber conseguido imprimir cartílago humano y una glándula tiroides de ratón mediante técnicas de bioimpresión, pasos preliminares hacia estructuras mucho más complejas. 

La combinación de ingeniería genética, órganos cultivados en animales y fabricación de tejidos artificiales dibuja una visión en la que la medicina deja de limitarse a reparar daños para empezar a reemplazar componentes enteros del organismo.

La hija de Putin y los arquitectos del proyecto. Detrás de esta estrategia aparecen algunas de las figuras más influyentes del círculo presidencial. Entre ellas destaca Maria Vorontsova, hija de Putin y endocrinóloga vinculada a diversos programas estatales de genética, así como el físico Mikhail Kovalchuk, director del histórico Instituto Kurchatov y uno de los principales ideólogos científicos del Kremlin. 

Kovalchuk sostiene que la humanidad se acerca a una era en la que los órganos podrán repararse o sustituirse de manera rutinaria, prolongando la vida durante periodos cada vez mayores. Para sus defensores, el envejecimiento dejará de verse como un destino inevitable y empezará a tratarse como un problema técnico susceptible de intervención científica.

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Entre ciencia de vanguardia y dudas de la comunidad. Sin embargo, las promesas del programa están lejos de generar consenso. Numerosos investigadores señalan que gran parte de los avances anunciados por Rusia apenas han sido publicados en revistas científicas internacionales revisadas por expertos. Algunos científicos que participaron en etapas tempranas de estas investigaciones sostienen que existe una gran distancia entre los objetivos proclamados y los resultados realmente demostrados. 

Las sanciones internacionales, el aislamiento científico derivado de la guerra de Ucrania y la dificultad de colaborar con centros occidentales también limitan la capacidad rusa para validar muchos de estos proyectos. Para los críticos, parte de las afirmaciones realizadas por las autoridades deben interpretarse más como aspiraciones de futuro que como tecnologías próximas a convertirse en realidad.

La obsesión personal convertida en política de Estado. La fascinación de Putin por la longevidad no es nueva. Durante años ha cultivado una imagen pública asociada a la fortaleza física mediante exhibiciones cuidadosamente construidas de actividad deportiva, caza o aventuras al aire libre. Al mismo tiempo, su comportamiento durante la pandemia mostró una preocupación extrema por la enfermedad y el deterioro físico, con estrictas cuarentenas, protocolos de desinfección y medidas de aislamiento que llamaron la atención de todo el mundo. 

A sus 73 años, rodeado además por una élite política y económica envejecida, la lucha contra el paso del tiempo parece haberse convertido en algo más que una curiosidad personal: forma parte de una visión estratégica compartida por buena parte del entorno dirigente ruso.

La larga tradición rusa. El proyecto actual tampoco surge de la nada. Rusia y anteriormente la Unión Soviética han mostrado históricamente una fascinación recurrente por las investigaciones destinadas a prolongar la vida humana. 

Desde los experimentos con transfusiones sanguíneas rejuvenecedoras realizados por Alexander Bogdanov en los años veinte hasta las teorías de Oleksandr Bogomolets sobre una esperanza de vida de 150 años respaldadas por Stalin, distintas generaciones de dirigentes soviéticos y rusos han perseguido la idea de vencer el envejecimiento. Paradójicamente, muchos de esos pioneros murieron mucho antes de alcanzar las edades extraordinarias que defendían.

Una carrera contra una realidad demográfica incómoda. La apuesta resulta aún más llamativa porque se desarrolla en un país que sigue sufriendo algunos de los peores indicadores de mortalidad del mundo desarrollado. La esperanza de vida masculina en Rusia ronda actualmente los 68 años, muy por debajo de la de Estados Unidos o Europa occidental. 

En ese contexto, el gigantesco programa de longevidad impulsado por Putin refleja tanto una ambición científica como una necesidad nacional. La cuestión es si los órganos impresos, los tratamientos genéticos y los minipigs capaces de albergar futuros trasplantes conseguirán acercar a Rusia a esa visión de una vida cada vez más larga o si acabarán uniéndose a la larga lista de proyectos que prometieron derrotar al envejecimiento y terminaron chocando contra una realidad biológica mucho más difícil de vencer.

Imagen | IToldYa, Press Service of the President of the Russian Federation, Picryl

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El James Webb acaba de hacer algo que nunca habíamos logrado con un visitante interestelar: leer su composición química

El James Webb acaba de hacer algo que nunca habíamos logrado con un visitante interestelar: leer su composición química

Cada vez que un visitante interestelar se acerca a las inmediaciones de la Tierra se genera un gran revuelo en todo tipo de sectores más o menos especializados. Hay quien lo ve como una oportunidad de oro para conocer un poquito más a nuestros sistemas planetarios vecinos y también quien los teme, por considerarlos como una posible tecnología extraterrestre. 

Lo vimos en 2017 con Oumuamua, en 2019 con 2I/Borisov y el año pasado con el cometa 3I/ATLAS. Del primero y el segundo ya no se habla tanto, pero del tercero se siguen publicado estudios. Por ejemplo, uno que se ha dado a conocer recientemente, en el que, gracias al James Webb, se ha conseguido por primera vez analizar la huella química de un objeto interestelar. 

Gases muy raros para nuestro sistema solar. Gracias al espectrógrafo de MIRI, el instrumento especializado en el infrarrojo medio del James Webb, se ha podido analizar la composición química del 3I/ATLAS. Esto es así porque las distintas sustancias químicas reflejan la luz de una forma diferente. Analizando el espectro resultante, se pueden identificar gases distintos. 

En este caso, se detectó vapor de agua más allá del núcleo, posiblemente a causa de la fusión de granos de hielo presentes en el cometa. Además, se identificaron tanto metano como dióxido de carbono muy cerca del núcleo. Es la primera vez que se identifica metano en un visitante interestelar. La proporción de estos dos últimos gases en relación con el agua es muy alta. Demasiado para lo normal en los cometas del sistema solar, por lo que se sigue apoyando la idea de que este visitante llegó de algún otro lugar muy recóndito.

Huella Quimica De 3iatlas MIRI muestra el cometa interestelar en tres longitudes de onda de luz diferentes e ilustra dónde se localizaban los distintos gases en el momento en que se observó el cometa.

Dos fechas clave. Las mediciones con el Telescopio Espacial James Webb se llevaron a cabo en dos fechas distintas. Por un lado, entre el 15 y el 16 de diciembre de 2025 y en segundo lugar el 27 de diciembre de ese mismo año. Por esa época, nuestro visitante estelar iniciaba su viaje de regreso tras dar la vuelta al Sol. 

El Sol es esencial. Se habían intentado identificar los gases de este cometa con anterioridad. Sin embargo, el metano permaneció oculto hasta este momento. Los autores del estudio creen que esto se debe a que había permanecido oculto en sus profundidades, bajo el hielo, y que hizo falta que el Sol derritiese parte de ese hielo para que emergiera a la superficie.

La búsqueda sigue. Cuando 3I/ATLAS se acercó a nuestro planeta, muchos instrumentos aprovecharon para posarse en él e intentar obtener la mayor cantidad de datos posible. Buen ejemplo de ello es el de la sonda JUICE, de la Agencia Espacial Europea. Si bien el objetivo inicial de esta misión es estudiar las lunas heladas de Júpiter, se encontraba en el lugar adecuado, en el momento adecuado, cuando recibimos a nuestro misterioso visitante. 

La ESA calculó que sería su nave más cercana en el momento del acercamiento, por lo que la usaron para tomar información sobre el cometa en noviembre de 2025. Esta se envió a la Tierra en febrero de 2026, así que desde entonces hay científicos trabajando en su análisis. El estudio que se ha publicado ahora, posiblemente, sea solo el primero de muchos. Y es que 3I/ATLAS ya se marchó, pero el interés por conocer todo lo posible sobre él se quedó entre nosotros. 

Imagen | International Gemini Observatory/NOIRLab/NSF/AURA/B. Bolin | NASA, ESA, CSA, STScI, M. Belyakov (Caltech), I. Wong (STScI), Procesamiento de Imágenes: A. Pagan (STScI)

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La noticia El James Webb acaba de hacer algo que nunca habíamos logrado con un visitante interestelar: leer su composición química fue publicada originalmente en Xataka por Azucena Martín .



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Europa «descubre» el software libre y lo considera importante para la soberanía tecnológica (a estas alturas)

Europa descubre el software libre y lo considera importante para la soberanía tecnológica (a estas alturas) / Imagen: ChatGPT 5.5

La nueva Estrategia Europea de Código Abierto, presentada recientemente, sitúa al software libre en el centro de la llamada soberanía tecnológica europea. La idea es reducir la dependencia de proveedores extracomunitarios y reforzar el control sobre infraestructuras digitales críticas, desde la nube y la inteligencia artificial hasta los sistemas operativos y la ciberseguridad.

Según la Comisión, Europa tiene un ecosistema de código abierto muy activo, pero arrastra problemas de financiación, mantenimiento, visibilidad y escalabilidad. En otras palabras: muchos desarrolladores europeos crean proyectos interesantes y valiosos, pero los beneficios económicos suelen acabar lejos del continente. La estrategia pretende corregir esa situación apoyando tanto el desarrollo como el mantenimiento a largo plazo de componentes considerados estratégicos. Noble propósito, como suelen comenzar estas cosas.

Entre las medidas propuestas figuran impulsar alternativas abiertas para servicios como el correo electrónico, el software ofimático, las redes sociales o las infraestructuras cloud. Ojo que muchas de estas ya existen, aunque ciertamente sean poco conocidas.

También está fomentar el uso de código abierto en proyectos como la Cartera Europea de Identidad Digital (algo que tiene a mucha gente en contra), crear mecanismos específicos para financiar el mantenimiento de proyectos críticos y reforzar la presencia del software libre en las compras públicas (que es como debería ser, pero no como es en la realidad). Lo que durante años fue una «recomendación técnica» pasa ahora a convertirse en una política prioritaria.

Los cuatro grandes objetivos del plan

  • Soberanía tecnológica: promover alternativas abiertas en inteligencia artificial, la nube, sistemas operativos, chips y ciberseguridad.
  • Ecosistema sostenible: ayudas a startups, modelos de negocio viables y financiación para proyectos estratégicos.
  • Administración pública: más contratación de soluciones abiertas y mejores estándares de interoperabilidad.
  • Proyección internacional: exportar tecnologías europeas y aumentar su influencia en los estándares globales.

La ironía del asunto es que muchas de estas ventajas del código abierto llevan décadas existiendo; las conoce cualquiera que haya trabajando en algún proyecto con muchos datos o compilado un programa un domingo por la tarde. Es un poco decepcionante que, en Bruselas, las ideas parece que vayan a ritmo de tortuga y sólo se vean a largo plazo en vez de considerarse tecnología estratégica que a veces requiere acciones rápidas en base a conocimientos y experiencias ya probadas.

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