31 de diciembre de 2025

Un rumor con ambición clínica: Brain Health de Samsung apunta a la detección temprana de demencia

Ilustración surrealista y minimalista de una persona con demencia tocando un recuerdo generado por inteligencia artificial.

Samsung podría presentar en CES 2026 una función de salud cerebral llamada Brain Health que, según rumores, buscaría identificar señales tempranas compatibles con demencia y ofrecer orientación preventiva. La información llega a través de lo publicado por ZDNET y de filtraciones citadas por SamMobile; medios surcoreanos como ChoSun también han señalado que el desarrollo interno estaría terminado y que la empresa estaría en fase de validación clínica. Si se confirma, no sería solo “otro dato” en la muñeca: sería un intento de usar wearables y móviles como un radar de cambios sutiles en el día a día, esos que a veces pasan desapercibidos hasta que ya se han acumulado.

El contexto importa. La demencia no es una condición rara y, en muchos países, su impacto está creciendo con el envejecimiento de la población. ZDNET mencionaba la cifra de más de 6 millones de estadounidenses afectados, un dato que suele variar según el año y la fuente, pero que ayuda a entender por qué las tecnológicas quieren entrar en este terreno. También se citaba una proyección preocupante para adultos a partir de 55 años. Más allá del número exacto, la dirección es clara: el problema es grande, y detectar antes puede cambiar el tipo de ayuda que se ofrece.

Qué se sabe (y qué no) sobre Brain Health antes de CES 2026

Por ahora, lo prudente es tratarlo como lo que es: un rumor con pinceladas concretas y muchos huecos. SamMobile apuntó que Brain Health analizaría métricas relacionadas con patrones de marcha, cambios en la voz y estado del sueño para inferir posibles señales tempranas de deterioro. ZDNET recogió esos elementos y dejó una incógnita clave: no está claro si la función viviría en un smartwatch como el Galaxy Watch, en un móvil, en un anillo inteligente o en una combinación de dispositivos. Esa decisión técnica no es menor, porque condiciona la calidad de los datos y la frecuencia con la que se pueden capturar.

También se habla de recomendaciones de prevención y guía práctica, incluso con un posible programa de entrenamiento cognitivo. Esto dibuja un enfoque en dos capas: primero, estimar riesgo o detectar cambios; segundo, proponer hábitos y ejercicios para reducirlo. En términos cotidianos, sería como un detector de humo que no solo pita, sino que también te sugiere revisar la campana extractora, ventilar mejor y cambiar la batería.

De la frecuencia cardíaca al cerebro: el salto de los wearables hacia lo cognitivo

En salud digital, el recorrido habitual ha sido empezar por lo medible “a simple vista” con sensores: frecuencia cardíaca, actividad, ECG, variabilidad, sueño. Samsung ya ha explorado un espectro amplio en sus dispositivos, incluyendo monitorización cardiovascular e ideas más recientes de bienestar. ZDNET recordaba que, con el lanzamiento del Galaxy Watch 8, se incorporó un sensor que permite evaluar antioxidantes en la piel al presionar el pulgar, con un índice asociado a carotenoides presentes en frutas y verduras de colores verdes y naranjas.

Ese ejemplo sirve para entender el estilo de la marca: convertir señales biológicas indirectas en un indicador fácil de interpretar. Con la salud cerebral, la apuesta sería más compleja porque el “órgano objetivo” no se deja medir con una lectura simple. No es como tomarse la temperatura. Se parece más a intentar saber si una casa está envejeciendo por pequeñas pistas: un crujido nuevo en una puerta, una gota ocasional en una tubería, una luz que parpadea. Cada pista, por sí sola, puede no significar nada; juntas, pueden sugerir que conviene revisar.

Marcha, voz y sueño como biomarcadores: por qué interesan y por qué son difíciles

Las tres métricas mencionadas en las filtraciones tienen sentido por una razón: reflejan sistemas distintos del cuerpo y, cuando cambian, a veces lo hacen antes de que una persona note un problema claro.

La marcha es un ejemplo potente por lo cotidiana que es. Caminar parece automático, como conducir por una ruta conocida sin pensar demasiado. Cuando ese “piloto automático” se altera, puede aparecer una marcha más lenta, más irregular o con mayor variabilidad. Un reloj puede capturar aceleración, ritmo y estabilidad; un teléfono también puede aportar contexto si va en el bolsillo.

La voz es otra señal curiosa. Hablamos todos los días, y eso convierte el habla en una huella. Cambios en velocidad, pausas, articulación o energía vocal podrían correlacionarse con fatiga, estrés, problemas respiratorios, estado de ánimo o, en algunos casos, procesos neurológicos. El reto es separar lo importante de lo ruido: no habla igual alguien con alergia, mal sueño o un catarro que alguien con un cambio neurológico sostenido.

El sueño es el tercero en discordia. Los wearables ya estiman fases y continuidad, y saben detectar fragmentación o despertares frecuentes. El problema es que el sueño se altera por mil motivos: trabajo, pantallas, café, ansiedad, medicación, dolor. Como indicador aislado, es fácil que confunda.

Por eso la idea de Brain Health parece apoyarse en la combinación de señales. Un solo dato puede ser una falsa alarma; un patrón sostenido en varios dominios podría merecer atención. Aun así, esto no sustituye un diagnóstico clínico. Sería, en el mejor escenario, una señal de “oye, mira esto con calma” y no un “tú tienes X”.

Validación clínica: la línea que separa una función curiosa de una herramienta seria

ChoSun, según lo citado en la cobertura, indicó que Samsung estaría realizando validación clínica. Esa frase es el verdadero corazón del asunto. En salud, no basta con que un algoritmo “parezca acertar” en pruebas internas. Hace falta comprobar rendimiento con población diversa, en condiciones reales, con criterios clínicos claros y con tasas de error aceptables. Aquí hay dos riesgos gemelos: el falso positivo, que asusta y medicaliza la vida diaria, y el falso negativo, que tranquiliza cuando en realidad sería buen momento para consultar.

La validación también debería aclarar qué entiende el sistema por “signos tempranos”. La demencia es un paraguas con múltiples causas y trayectorias. El deterioro cognitivo puede avanzar de manera distinta según la persona, y factores como educación, comorbilidades, depresión o problemas auditivos pueden imitar síntomas. Un reloj no puede ver todo eso, pero sí puede aportar una ventaja: continuidad. La medicina tradicional hace fotos; un wearable graba vídeo.

Recomendaciones preventivas: hábitos, entrenamiento y el riesgo de simplificar

La parte preventiva suena atractiva: guía práctica, quizá ejercicios cognitivos. Es fácil imaginarlo como un “gimnasio mental” integrado en el ecosistema de Samsung Health. Bien planteado, podría empujar hábitos con evidencia razonable, como actividad física regular, sueño consistente, control de factores cardiovasculares, estimulación social y cognitiva. Mal planteado, podría convertirse en una lista de tareas que culpabiliza al usuario o promete más de lo que la ciencia permite.

La clave estaría en el tono y el encuadre: recomendaciones como apoyo, no como sentencia. Si el sistema detecta cambios, lo responsable sería sugerir conversación con un profesional, ofrecer información sobre señales de alerta y explicar límites. La metáfora aquí es simple: una pulsera puede avisarte de que el coche hace un ruido raro, pero el mecánico sigue siendo el mecánico.

Privacidad y sensibilidad del dato: cuando el cuerpo se vuelve un historial continuo

Cuando hablamos de salud cerebral, la sensibilidad de los datos sube un peldaño. La marcha, la voz y el sueño no son solo números: describen rutinas, estado emocional y, potencialmente, vulnerabilidades. Un diseño responsable necesita controles de privacidad claros, permisos comprensibles y opciones para borrar, exportar o limitar el procesamiento. ZDNET señalaba que Samsung no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios; cuando haya anuncio oficial, esta será una de las preguntas inevitables.

Lo que habría que mirar en el anuncio oficial de Samsung en CES 2026

Si Samsung presenta Brain Health, lo más útil para entender su valor no será el nombre ni el vídeo promocional. Serán los detalles: qué dispositivos lo soportan, con qué frecuencia captura datos, qué modelos de referencia clínicos usa, qué población se probó, qué precisión reporta, cómo maneja la incertidumbre, cómo comunica resultados, qué recomendaciones ofrece y cómo protege la privacidad. La diferencia entre una función que “suena bien” y una herramienta útil está en esas letras pequeñas.

Si todo se queda en “posible detección temprana” sin métricas ni validación transparente, será difícil tomarlo en serio. Si llega con datos, limitaciones explicadas y un enfoque centrado en acompañar al usuario, podría marcar un paso interesante en la evolución de los wearables: pasar de contar pasos a detectar cambios sutiles que afectan a la vida cotidiana.




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Un fármaco para regenerar dientes en adultos entra en pruebas humanas: qué hay detrás y qué puede cambiar

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Perder una muela es una de esas experiencias que te recuerdan que el cuerpo tiene fecha de caducidad en algunas funciones. Cuando somos pequeños, el recambio dental ocurre casi como magia doméstica: se cae un diente, aparece otro, y el “hueco” dura poco. En la vida adulta, el guion cambia y lo que se pierde suele sustituirse con prótesis, implantes o puentes. Por eso ha llamado la atención que investigadores japoneses vayan a iniciar ensayos clínicos en humanos de un candidato a medicamento orientado a la regeneración dental.

La noticia, difundida por VICE, sitúa el inicio de estas pruebas en septiembre de 2024 y describe un paso importante tras años de trabajo preclínico: salir del laboratorio y entrar en el entorno controlado de un hospital con voluntarios. Que algo llegue a esta fase no implica que vaya a funcionar ni que vaya a estar disponible pronto, pero sí indica que hay un razonamiento biológico lo bastante sólido y datos de seguridad preliminares que justifican probarlo en personas.

El “freno” biológico: qué es USAG-1 y por qué importa

El enfoque de este fármaco se apoya en una idea muy intuitiva: a veces no hace falta “pisar el acelerador”, basta con levantar el pie del freno. En este caso, el freno sería una proteína llamada USAG-1 (siglas de uterine sensitization-associated gene-1, como se suele citar en la literatura científica). Según se ha explicado sobre el proyecto, USAG-1 actúa como inhibidora del crecimiento dental. Dicho de manera cotidiana: sería como ese vecino que baja el volumen cuando intentas subir la música; no compone la canción, pero limita lo que puede sonar.

El medicamento en desarrollo busca desactivar o bloquear la acción de USAG-1, con la expectativa de permitir que los mecanismos de formación dental se expresen con más libertad. Es una estrategia de “inhibir al inhibidor”, un poco como quitarle el candado a una puerta que ya estaba lista para abrirse, siempre que el sistema biológico conserve la capacidad de responder.

Esta parte conviene tomarla con prudencia. El cuerpo humano no es un interruptor de luz: tocar una pieza en una ruta de señalización puede tener efectos en cadena. El valor de los ensayos clínicos es precisamente comprobar si ese “quitar el freno” produce el efecto deseado en humanos y si lo hace con un perfil de seguridad aceptable.

De hurones y ratas al salto a humanos: lo que sugieren los estudios en animales

Antes de plantearse probar en personas, los equipos suelen demostrar en animales tanto señales de eficacia como un marco razonable de seguridad. En la información publicada, se menciona que hurones y ratas tratadas con el fármaco experimental lograron desarrollar dientes que, de otro modo, no habrían aparecido. Es un dato llamativo porque sugiere que el mecanismo biológico podría ser manipulable y que la inhibición de USAG-1 tiene impacto real en el proceso de formación dental.

Aun así, los modelos animales son como un simulador de conducción: permiten practicar y anticipar comportamientos, pero no reproducen con exactitud todo lo que ocurre en una carretera real. Un resultado positivo en animales aumenta la plausibilidad, no garantiza la misma respuesta en humanos. Por eso este paso hacia pruebas en humanos se considera un hito: es donde se empieza a medir el efecto en el contexto biológico y clínico que realmente importa.

Cómo será la primera fase: 30 hombres, una muela ausente y 11 meses de seguimiento

El plan descrito para la primera etapa es bastante concreto. La fase inicial del ensayo se desarrollará en instituciones japonesas, con participación de la Universidad de Kioto y el Hospital Kitano, y reclutará a 30 hombres de 30 a 64 años que hayan perdido al menos una muela. El seguimiento previsto es de 11 meses, un periodo que permite observar no solo eventos adversos tempranos sino también señales de cambios en tejido dental, que no suelen aparecer de un día para otro.

Este diseño también revela algo importante: el objetivo inmediato no es “una píldora para cualquiera”, sino comprobar si el candidato funciona en un grupo con características definidas, bajo supervisión médica estricta. En fases tempranas, la prioridad suele ser evaluar seguridad y tolerabilidad, junto con indicadores de eficacia que orienten si merece la pena ampliar y afinar la investigación.

Que el grupo incluya hombres de un rango amplio de edades adultas sugiere una intención de observar variabilidad biológica, aunque también deja preguntas abiertas sobre cómo se diseñarán fases posteriores para incluir a más perfiles. Esa es una de las razones por las que la investigación clínica avanza por etapas: se aprende, se corrige, se amplía.

La siguiente parada: infancia y déficits congénitos

El programa contempla una ampliación posterior a niños de 2 a 7 años con deficiencias dentales congénitas, es decir, casos en los que algunos dientes no llegan a formarse por condiciones de origen genético o del desarrollo. Esta elección no es casual: cuando hay ausencia congénita, la “instrucción” biológica para formar dientes puede estar parcialmente presente, y los investigadores pueden buscar si desbloquear rutas inhibidas ayuda a completar el proceso.

Aquí la metáfora sería la de una receta familiar incompleta. Si falta un paso, quizá no salga el plato; si el problema es que alguien apaga el horno antes de tiempo, encenderlo podría permitir terminar. La ciencia tendrá que demostrar cuál de las dos cosas ocurre en cada tipo de paciente. Trabajar con población pediátrica también exige estándares éticos y de seguridad especialmente rigurosos, lo que refuerza la idea de que este camino será metódico, no inmediato.

¿Cuándo podría llegar a la clínica? Del laboratorio de 2005 a la aspiración de 2030

Otro dato relevante es la antigüedad del proyecto: se indica que el fármaco se ha estado desarrollando desde 2005. Para quien no esté familiarizado con los tiempos de la biomedicina, esto puede parecer lento. En realidad, es lo esperable cuando se trata de intervenir en procesos de crecimiento y regeneración: validar mecanismos, optimizar moléculas, estudiar dosis, descartar toxicidades, preparar fabricación y diseño de ensayos lleva años.

Sobre la disponibilidad general, se menciona una previsión optimista alrededor de 2030. Esa fecha debe leerse como una aspiración condicionada a que los ensayos confirmen eficacia y seguridad, y a que el proceso regulatorio acompañe. En medicamentos, el calendario es menos como un tren con horario fijo y más como una ruta de montaña: hay tramos que avanzan rápido, otros donde toca parar, ajustar y, a veces, dar marcha atrás.

Qué cambiaría en odontología si funciona: implantes, prótesis y nuevas opciones

Si la regeneración de dientes mediante fármacos llegara a convertirse en una opción clínica, el impacto podría sentirse en varias áreas. Para pacientes con pérdidas dentales, podría abrir una alternativa biológica frente a soluciones mecánicas como implantes, que son eficaces pero no siempre posibles, especialmente cuando hay problemas de hueso, salud sistémica o limitaciones económicas.

También podría transformar el enfoque de ciertas condiciones congénitas, donde hoy la estrategia suele combinar ortodoncia, prótesis y seguimiento durante años. Un tratamiento que favorezca el desarrollo de un diente propio sería como cambiar una pieza de repuesto por reparar el motor original. De nuevo, eso es un “si” grande: la biología tiene matices, y la odontología real incluye encías, hueso, oclusión, nervio, infecciones y hábitos.

Los puntos de cautela: eficacia real, seguridad y expectativas

La información difundida por VICE retrata un avance estimulante, pero conviene sostener las expectativas con una idea simple: un ensayo clínico es una pregunta, no una respuesta. Que el fármaco apunte a USAG-1 y que haya funcionado en animales marca una dirección. Falta comprobar cuánta regeneración dental se logra en humanos, en qué condiciones, con qué dosis, y con qué efectos secundarios.

También importa el tipo de diente, el contexto de la pérdida y el entorno bucal. Regenerar una estructura mineralizada como el diente no es solo “hacer crecer algo”: es formar tejidos con arquitectura precisa y que encajen bien, como una llave diseñada para una cerradura concreta. Si la llave sale “casi” bien, puede que no gire. Por eso el seguimiento, la imagen clínica y los criterios de éxito serán tan decisivos como el titular.




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Creíamos que las mascotas estaban sustituyendo a los hijos. Un estudio sugiere justo lo contrario

Creíamos que las mascotas estaban sustituyendo a los hijos. Un estudio sugiere justo lo contrario

La primera vez que vi un perro en un cochecito fue en un centro comercial. Pasó a mi lado como cualquier carrito infantil: ruedas, capota, un bulto pequeño dentro. Miré dos veces porque me pareció demasiado pequeño para un bebé, y es que no lo era. Dentro había un perro. Recuerdo bien que era un bulldog francés y que se llamaba Chanel. 

Con el tiempo, la escena dejó de parecerme excepcional. Empecé a ver cochecitos para perros en barrios céntricos, parques o incluso en el transporte público. Una imagen que se ha convertido en símbolo de algo más profundo: la sensación de que, en sociedades envejecidas, las mascotas están ocupando un lugar que antes tenían los hijos. Pero ¿y si esa lectura fuera incompleta, o directamente errónea? ¿Y si, lejos de sustituir a los hijos, las mascotas estuvieran desempeñando otro papel en la vida familiar? Un nuevo estudio académico pone en cuestión una creencia ampliamente extendida.

Para empezar, los números ayudan a entender por qué la sospecha se ha instalado en el debate público. En España, según la Red Española de Identificación de Animales de Compañía (REIAC), en 2023 había más de diez millones de perros censados frente a menos de dos millones de niños de entre 0 y 4 años. Una diferencia tan amplia que invita, casi de forma automática, a pensar en un relevo dentro de los hogares.

Las escenas que llegan de fuera refuerzan esa impresión. Corea del Sur ha cruzado un umbral simbólico: ya se venden más carritos para perros que para bebés. No es una exageración, es el reflejo estadístico de un país en emergencia demográfica. La tendencia ha calado tanto que incluso la fe se ha adaptado. En templos japoneses como el de Ichigaya Kamegaoka, el ritual milenario del Shichi-Go-San —antes exclusivo para niños— se ha llenado de hocicos y correas. A falta de infantes, los santuarios bendicen mascotas para evitar que sus liturgias se queden sin protagonistas.

Sobre este telón de fondo han proliferado las interpretaciones políticas y morales. En 2022, el papa Francisco calificó de "egoístas" a quienes prefieren tener animales antes que hijos. En Corea del Sur, el entonces ministro de Trabajo, Kim Moon-soo, llegó a afirmar que los jóvenes "aman a sus perros" en lugar de formar familias. Un diagnóstico rotundo que, hasta ahora, se había apoyado más en símbolos y percepciones culturales que en datos contrastados.

Desmontando la narrativa

La idea de que las mascotas sustituyen a los hijos acaba de recibir un serio correctivo desde la investigación académica. El estudio Cats, Dogs, and Babies, liderado por los investigadores Kuan-Ming Chen y Ming-Jen Lin de la Universidad Nacional de Taiwán, ha analizado durante más de una década el comportamiento de millones de hogares.

La investigación ha llegado a la conclusión de que las personas que adoptan un perro tienen hasta un 33% más de probabilidad de tener un hijo posteriormente que aquellas que no lo hacen. Lejos de desplazar la paternidad, el animal parece actuar como un paso previo. Es lo que los autores denominan el "efecto hijo de práctica". Según explican Chen y Lin, muchas parejas utilizan la experiencia de cuidar a un perro para evaluar su disposición a asumir responsabilidades: rutinas, gastos y vínculos afectivos. Si la experiencia es positiva, aumenta la confianza para dar el siguiente paso hacia la paternidad humana.

Sin embargo, no hay un cambio a la vista. Ni el estudio taiwanés ni los expertos que analizan el invierno demográfico sostienen que el aumento de mascotas vaya a traducirse, por sí solo, en un repunte de la natalidad. El propio trabajo académico advierte de que se trata de un análisis centrado en un país concreto y que los patrones pueden variar según el contexto cultural, económico y social.

El carrito como metáfora

El estudio no propone a las mascotas como respuesta al declive demográfico, sino como una pista sobre cómo se aplazan hoy las decisiones de cuidado en un contexto de incertidumbre económica y vital. Esta lectura encaja con lo que señalan sociólogos y demógrafos en España. Como recoge el análisis de mi compañero en Xataka, la caída de la natalidad responde a factores estructurales ampliamente documentados: precariedad laboral, encarecimiento de la vivienda, dificultades para conciliar, retraso en la emancipación y una maternidad cada vez más tardía. En ese escenario, las mascotas no desplazan a los hijos; ocupan el espacio que deja un proyecto vital pospuesto.

Por ese motivo, la imagen del perro en cochecito resume bien esta ambigüedad. Según explica el Dr. Jerry Klein, veterinario jefe del American Kennel Club, estos carritos pueden tener una función práctica en determinados casos: "Ofrecen a perros ancianos, con artritis o problemas de movilidad una forma de disfrutar del exterior sin forzarse". Plataformas veterinarias como Dialvet o ToeGrips coinciden en que pueden ayudar para proteger las patas del asfalto caliente o ayudar a perros pequeños que no pueden seguir el ritmo de largas caminatas.

Sin embargo, otros expertos piden cautela. Carlos Carrasco, de DOS Adiestramiento, advierte en La Voz de Galicia que "un perro no es un niño con pelo" y que llevar a un animal sano en carrito puede ser una "humillación" que lo desnaturaliza. En la misma línea, la etóloga Isabel Jiménez, directora de La Manada de Iris, señala en IM Veterinaria que la humanización excesiva "anula al perro como especie y lo enferma emocionalmente". Un estudio publicado en Animals (MDPI) refuerza esta idea, alertando que el antropomorfismo puede generar ansiedad y estrés en el animal al no respetarse sus necesidades biológicas básicas, como olfatear y caminar.

Finalmente, el auge de las mascotas no explica por sí solo el invierno demográfico, pero sí revela cómo se reconfiguran las formas de afecto y responsabilidad en sociedades donde tener hijos se ha vuelto más complejo. El estudio taiwanés no ofrece soluciones milagro, pero sí una advertencia clara: enfrentar mascotas e hijos como si fueran opciones excluyentes simplifica en exceso una realidad mucho más matizada.

Tal vez, cuando vemos a un perro en un cochecito, no estemos ante el símbolo de una renuncia, sino ante el reflejo de una generación que pospone decisiones irreversibles mientras busca formas de cuidado posibles. Antes de culpar a los cachorros, quizá convenga mirar el sistema que rodea a quienes dudan en convertirse en padres.

Imagen | Unsplash

Xataka | Como Japón se está quedando sin niños, está empezando a adoptar algunas ceremonias para un grupo al alza: los perros

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En 2020 la humanidad se confinó por el covid. Y eso provocó que una especie de pájaro modificara su pico para sobrevivir

En 2020 la humanidad se confinó por el covid. Y eso provocó que una especie de pájaro modificara su pico para sobrevivir

Durante la pandemia de COVID-19 el mundo se detuvo por completo. Algo que los científicos han bautizado como 'antropausa': un silencio repentino de la actividad humana que nos dejó a muchos confinados en casa y que afectó incluso a la naturaleza. Fue tan extremo este efecto que hasta una especie de pájaro cambió su pico como ha visto ahora la ciencia. 

El estudio. Pese a que en el pasado vimos algunos desórdenes en la naturaleza, como por ejemplo la aparición de jabalíes en Barcelona o delfines en los puertos venecianos, ahora un equipo de la UCLA ha ido más allá. Un estudio publicado en PNAS apunta a que una población de aves urbanas modificó su anatomía física en tiempo récord. 

El objetivo que tenían era sobrevivir a la ausencia de los humanos en aquella época. Pero lo más sorprendente es que cuando todo volvió a la normalidad y comenzamos los humanos a salir a la calle, los pájaros volvieron a tener su pico original. 

El dilema. Para entender el hallazgo, primero hay que conocer a los protagonistas: los juncos de ojos oscuros. Unas pequeñas aves que son muy comunes en el campo de la Universidad de California en Los Ángeles. 

Antes del 2020, estos pájaros contaban con unos picos cortos y anchos. Algo que tiene todo el sentido, ya que estaban en un entorno lleno de estudiantes y, por tanto, su dieta se basaba en los restos de comida que se dejaban. Es por ello que necesitaba tener un pico robusto para manipular estos alimentos 'artificiales'. Por el contrario, sus parientes que viven en bosques salvajes tienen picos más largos y finos, diseñados como pinzas de precisión para buscar insectos y semillas ocultas en la vegetación.

La pandemia. Cuando la UCLA cerró sus puertas en 2020 y los estudiantes desaparecieron, también lo hizo la comida fácil. Y aquí fue donde las investigadoras de la universidad vieron una oportunidad única para estudiar qué pasa cuando eliminas al ser humano de la ecuación ecológica.

Los resultados. Lo que se vio en este caso es las nuevas generaciones de juncos que nacían justamente en esta época de 'soledad' desarrollaron picos más largos y delgados. Todo ello porque al no haber basura humana, tuvieron que volver a comportarse como pájaros salvajes, forrajeando en la tierra y buscando alternativas alimentarias. 

Pero lo que más fascinante ocurrió tras la reapertura. En cuanto los estudiantes (y sus bocadillos) volvieron al campus en 2022, la morfología de los picos revirtió rápidamente a la forma urbana con una forma corta y gruesa. Esto es al final un cambio evolutivo sumamente rápido que es muy raro de ver. 

Un cambio de idea. Lo que hace que este estudio sea tan relevante para la comunidad científica es la velocidad del campo. Generalmente, pensamos la evolución como un proceso que tarda miles de años. Sin embargo, lo observado aquí sugiere que las especies urbanas tienen una capacidad de adaptación mucho más elástica de lo que creíamos. 

Puesto que no es solo el pico. Estudios anteriores del mismo equipo ya habían notado cambios de comportamiento: durante la pandemia, estas aves perdieron el miedo a los humanos, volviéndose menos agresivas y más curiosas, aunque ese comportamiento también se reajustó con nuestra vuelta.

Su importancia. Este caso es un recordatorio brutal de nuestra huella ecológica. No solo alteramos el clima o el paisaje; nuestra mera presencia y nuestros desechos actúan como una fuerza evolutiva que moldea la biología de los animales que nos rodean como estos pájaros. 

Los juncos de la UCLA nos han enseñado que la naturaleza no es estática; es un sistema dinámico que reacciona a nuestros hábitos casi en tiempo real. La pregunta que queda en el aire es: si un par de años de silencio cambiaron la forma de un pájaro, ¿qué otros cambios invisibles estamos provocando sin darnos cuenta?

Imágenes | Vincent van Zalinge  David Mitran

En Xataka | Los insectos de la Antártida llevaban miles de años viviendo tranquilamente. Hasta que llegaron los microplásticos

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La noticia En 2020 la humanidad se confinó por el covid. Y eso provocó que una especie de pájaro modificara su pico para sobrevivir fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .



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2026 y la privacidad: identidades digitales, cumplimiento y una IA que aprende a guardar secretos

Representación minimalista y metálica de la privacidad digital y tecnología VPN

Durante el último año, la privacidad ha pasado de ser un tema técnico a convertirse en conversación cotidiana: cuando un gobierno plantea un DNI digital, cuando una web pide verificar la edad para entrar o cuando una tienda online “sabe” demasiado sobre lo que miramos. Ese ruido no se va a apagar en 2026; va a cambiar de forma. En vez de debates abstractos sobre datos, veremos decisiones muy concretas sobre arquitectura, estándares y responsabilidades: quién emite una identidad, quién la valida, quién responde si algo sale mal y cómo se demuestra el cumplimiento sin convertirlo en teatro.

Varios expertos del sector coinciden en una idea: 2026 será el año en que muchas iniciativas de privacidad dejan la fase de prueba y se convierten en sistemas que deben funcionar todos los días, con auditorías, reglas claras y consecuencias.

Carteras de identidad: de piloto a servicio habitual

Ralph Rodriguez, presidente y chief product officer de Daon, pone el foco en la madurez de los ID wallets o carteras de identidad. Su lectura es que 2026 marca el salto desde los pilotos a la escala: marcos formales de confianza, laboratorios acreditados, programas de certificación y reglas de responsabilidad que ya no se quedan en el PowerPoint. En Europa, el empuje vendrá del EU Digital Identity Wallet bajo el paraguas de eIDAS, con la expectativa de que los Estados miembros ofrezcan una cartera de identidad a finales de 2026.

Para entenderlo sin jerga: hoy, muchas identidades digitales se parecen a una llave “hecha en casa”; abre la puerta en tu edificio, pero nadie garantiza que abra en el edificio de enfrente. Con marcos como eIDAS, la promesa es que esa llave funcione en más puertas y, sobre todo, que haya un manual de responsabilidades: si la llave falla o se copia, debe existir un proceso y un responsable.

KnowBe4 coincide en el efecto social: estas identidades, vinculadas a una persona real, no tienen por qué ser obligatorias, pero pueden volverse casi imprescindibles para acceder a ciertos servicios digitales. Es el mismo patrón que hemos vivido con la banca online: nadie te obligó a usarla el primer día, pero con el tiempo se convirtió en la vía más práctica.

En paralelo, la capa “de consumo” también avanza. Apple Wallet y Google Wallet han ido incorporando documentos digitales en jurisdicciones concretas, y en Estados Unidos la TSA acepta permisos móviles de conducir (mDL) en estados participantes. La adopción sigue siendo desigual, pero el movimiento es claro: cuantos más aeropuertos, agencias y casos de uso de “alta seguridad” lo acepten, más rápido deja de ser una curiosidad.

Cumplimiento normativo: invertir para no improvisar

Fredrik Forslund, vicepresidente y director general internacional de Blancco, anticipa que el crecimiento regulatorio empujará a muchas organizaciones a invertir más en cumplimiento y procesos de protección de datos. Aquí no se trata solo de “cumplir el GDPR”; la lista de siglas se está volviendo un tablero de ajedrez global: GDPR en Europa, DORA para resiliencia operativa financiera, CCPA en California, PIPEDA en Canadá, sin olvidar requisitos sectoriales como HIPAA (salud) o FINRA (servicios financieros).

La parte interesante es que el cumplimiento ya no será únicamente documentación y políticas internas. Forslund apunta a marcos más estructurados, monitorización asistida por IA y prácticas sólidas de manejo y destrucción de datos. Menciona también el interés creciente por la guía NIST SP 800-88 Rev. 2, centrada en la sanitización de soportes. Traducido a una escena doméstica: no basta con “tirar papeles a la papelera”; hay que usar una trituradora cuando corresponde, y dejar constancia de que se hizo bien. En empresas, esa “trituradora” puede ser un proceso verificable de borrado seguro y reutilización de equipos sin heredar datos sensibles.

La Ley de IA de la UE y el fin del “cumplimiento de escaparate”

Iain Brown, responsable de data science para el norte de Europa en SAS, pone una fecha en el calendario: desde agosto de 2026, con obligaciones del EU AI Act entrando en vigor, espera la primera ola de sanciones mediáticas por incumplimiento. Su predicción tiene un matiz importante: los consejos de administración pedirán pruebas, no relatos. Es decir, linaje del modelo, derechos sobre los datos, supervisión real.

En la práctica, esto puede acabar con lo que Brown llama “teatro de explicabilidad”: informes bonitos que no se sostienen si alguien tira del hilo. Para que el control sea auténtico, ganarán peso herramientas como los datos sintéticos y la privacidad diferencial para refrescar modelos sin exponer información personal. Es como entrenar a un camarero nuevo con una simulación realista del restaurante: aprende el flujo, los errores típicos y cómo reaccionar, sin necesidad de usar los datos reales de los clientes.

Confidential AI: cuando cifrar deja de ser solo “para el disco”

Ravi Srivatsav, CEO y cofundador de DataKrypto, cree que en 2026 la IA empresarial pasará de “experimentos” a despliegues críticos, y eso revelará las costuras de la seguridad tradicional. Su apuesta: la Confidential AI se volverá esencial, con privacidad y cifrado incorporados en todo el ciclo de vida, desde la ingesta de datos hasta el entrenamiento y la inferencia.

Su comparación es fácil de visualizar: al principio de la web, navegar sin cifrado era habitual; luego HTTPS se convirtió en norma porque la realidad lo exigió. Con la IA puede pasar algo parecido: no basta con proteger una base de datos; hay que proteger lo que el modelo ve, lo que aprende y lo que responde. Srivatsav habla de cifrado de extremo a extremo y confidential computing, para poder entrenar o ejecutar modelos incluso sobre datos sensibles con garantías fuertes. La idea de zero trust aplicada a la IA también gana terreno: asumir que nada es confiable por defecto y que todo debe verificarse.

Navegadores con IA en el dispositivo: privacidad y un nuevo tipo de extracción

Rytis Ulys, responsable de datos e IA en Oxylabs, mira hacia los navegadores AI-native. Su hipótesis es que, para competir en privacidad, más modelos correrán en el propio dispositivo: resumirán, leerán y “recogerán” contenido localmente para construir grafos de conocimiento personales. Desde el punto de vista del usuario, suena cómodo: tu navegador se comporta como un asistente que toma notas por ti sin enviar cada paso a la nube.

El giro está en la segunda parte: esa descentralización puede crear una forma de extracción difícil de rastrear. Si cada dispositivo “aprende” de lo que ve y lo transforma en conocimiento local, ¿cómo se audita lo que se recopila, qué se conserva y bajo qué permisos? Es como si, en lugar de una cámara de seguridad en la esquina, cada peatón llevara su propio cuaderno de observaciones. La privacidad mejora en un eje, se vuelve más compleja en otro.

Del móvil “bajo control” al móvil “sin datos”: virtualización como estrategia

Jared Shepard, CEO de Hypori, pronostica una transición hacia arquitecturas de virtualización móvil. El planteamiento cambia el tablero: separar por completo los datos corporativos del dispositivo personal, entregando acceso seguro sin que la información sensible “viva” en el endpoint. Este enfoque promete algo atractivo para muchos equipos: cumplimiento sin exigir propiedad del hardware, seguridad sin invadir el teléfono personal, privacidad preservada por diseño.

En términos cotidianos, es la diferencia entre llevar documentos confidenciales en la mochila o entrar en una sala donde los documentos ya están dentro y tú solo tienes permiso para leerlos allí. Si te roban la mochila, el riesgo es enorme. Si pierdes la tarjeta de acceso a la sala, se revoca y punto.

Fraude con IA: deepfakes, verificación y pruebas sin revelar datos

Alix Melchy, VP de IA en Jumio, advierte de un efecto colateral claro: los agentes de IA bajan el coste y la complejidad del fraude, haciéndolo más accesible y personalizado. Con deepfakes cada vez más convincentes, la verificación de identidad se vuelve un deporte de contacto. Su recomendación pasa por defensas en capas: detección de vida multimodal en tiempo real y “inteligencia contextual” que ayude a distinguir señales auténticas de una actuación generada.

Aquí entra un concepto que merece traducción amable: las pruebas de conocimiento cero o zero-knowledge proofs. La idea es parecida a demostrar que eres mayor de edad sin enseñar tu fecha de nacimiento, o probar que tienes derecho a un descuento sin revelar tu salario. Sirven para verificar sin exponer. Si se implementan bien, pueden mantener la confianza del usuario y, al mismo tiempo, elevar el listón contra el fraude.

Credenciales verificables y “credenciales variables”: enseñar solo lo imprescindible

Yair Tal, CEO de AU10TIX, describe una tensión que los reguladores están empujando con fuerza: recoger menos datos para proteger la privacidad, pero mantener fuera a los malos actores con más certeza que nunca. Las Verifiable Credentials prometen tender un puente: entregar a una organización únicamente lo que necesita confirmar, como edad, elegibilidad o autorización, sin abrir el cajón entero de tu vida.

El matiz es crucial: Tal recuerda que una credencial válida también puede abusarse, falsificarse o “prestarla” una identidad sintética, sobre todo con deepfakes fáciles de producir. Por eso insiste en un “cinturón de seguridad” adicional: una capa continua de riesgo que detecte anomalías, vincule credenciales a humanos reales o agentes verificados e identifique patrones de ataque que evolucionan rápido.

Privacidad del empleado: la nueva frontera del cumplimiento

David Matalon, CEO y cofundador de Venn, apunta a otro frente con impacto directo en cultura corporativa: los reguladores tratarán la privacidad del empleado como requisito central, haciendo que las estrategias de seguridad que preservan privacidad sean una necesidad de negocio. El mensaje es pragmático: no es solo evitar multas; también es atraer y retener talento en una fuerza laboral distribuida, donde el límite entre lo personal y lo laboral se negocia cada día.




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