28 de abril de 2026

Buckyballs espaciales: el James Webb ha descubierto que los "balones de fútbol" de carbono forman megaestructuras en el vacío

Buckyballs espaciales: el James Webb ha descubierto que los "balones de fútbol" de carbono forman megaestructuras en el vacío

En 1985, se sintetizaron por primera vez los fullerenos, unas moléculas esféricas que pueden tener múltiples funciones en campos como la nanotecnología o la superconductividad. Más tarde, en 2010, se descubrió que un tipo de fullerenos, los buckyballs, se forman naturalmente en el espacio. Ahora, un equipo de científicos canadienses ha ido mucho más allá, descifrando muchos de los secretos de estas curiosas estructuras, gracias a la gran ayuda del Telescopio Espacial James Webb.

Pequeñas bolas que conforman una bola inmensa. Los buckyballs son estructuras esféricas, de 60 carbonos, con una conformación de hexágonos y pentágonos parecida a la de un balón de fútbol. En 2010 se descubrieron en torno a una nebulosa llamada Tc1. Ahora, esa misma nebulosa ha sido el objetivo del James Webb, capaz de ir mucho más allá de lo que fueron entonces. 

Para empezar, se han detectado en la nebulosa delicados rayos, filamentos etéreos y capas brillantes de gas a lo largo del borde. Por otro lado, en el corazón de la nebulosa se ha detectado una curiosa estructura con forma de signo de interrogación invertido, cuya función es un misterio. Pero por si todo eso no fuese suficiente, se ha visto que aquellas buckyballs que se descubrieron en 2010 están perfectamente organizadas, formando otra esfera hueca, muchísimo más grande. 

Crónica de una muerte anunciada. Las estrellas se mantienen encendidas gracias a procesos de fusión nuclear que tienen lugar en su superficie. Este es un proceso muy largo, pero no eterno. Llega un momento en el que se quedan sin los elementos que utilizan como combustible. Cuando eso ocurre, sus capas más externas pueden desprenderse en forma de gas y polvo, dando lugar a una nebulosa, como la Tc1. El centro, en cambio, se queda convertido en enana blanca, un tipo de estrella fría y densa. Las buckyballs, posiblemente, son también restos de material expulsado durante los últimos estertores de la estrella. 

James Webb ve lo que otros no pueden. El James Webb ha tomado la foto más precisa que se ha hecho jamás en torno a Tc1. Pero, además, gracias a sus habilidades espectroscópicas, ha estudiado la composición de todo ese material expulsado por la estrella moribunda, incluidas las buckyballs. El resultado, como han explicado en un comunicado los propios autores del estudio, es una ventana abierta a la evolución estelar.

Buckyballs Nebulosa James Webb Espaco 1290x726

Muchos estudios a medias. Actualmente hay en marcha varios estudios dirigidos a dar una explicación a todos los nuevos hallazgos en torno a la nebulosa Tc1. De momento, este descubrimiento ha dado pie a rastrear la química del carbono, explicar señales misteriosas y entender cómo cambian los materiales orgánicos en entornos extremos. Además, es un hallazgo que ha desafiado las visiones tradicionales sobre la química espacial y ha ofrecido pistas sobre cómo pudo haber comenzado la vida.

Recurriendo al ojo aficionado. Algo curioso de la foto que se acaba de publicar es que no ha sido procesada por los científicos que han tomado las imágenes. El autor principal de la investigación, Jan Cami, se puso en contacto para ello con Katelyn Beecroft, una profesora de secundaria que llevaba frecuentemente a sus alumnos de excursión al observatorio de la Universidad de Western Ontario. Sabía que la docente es una gran aficionada a la astronomía y la astrofotografía y que se le daba realmente bien procesar imágenes tomadas en bruto por telescopios y realzar hasta las estructuras más sutiles que aparecen en ellas. 

Sin duda, no se equivocó al pedirle ayuda, pues el trabajo de Beercroft ha sido encomiable. Ahora solo queda entender los porqués de todos estos nuevos hallazgos. La interrogación ya la tenemos, literalmente. Nos faltan las respuestas.

Imagen | Katelyn Beecroft/NASA / ESA / CSA / Western University, J. Cami

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La NASA lleva 50 años fotografiando la Tierra: ahora puedes usar sus fotos para escribir tu nombre con ríos y cráteres

La NASA lleva 50 años fotografiando la Tierra: ahora puedes usar sus fotos para escribir tu nombre con ríos y cráteres

Desde que se lanzaron en 1972, los satélites Landsat de la NASA han tomado continuamente imágenes de la superficie terrestre, proporcionando un archivo de datos ininterrumpido que ayuda a gestores, planificadores y responsables políticos a tomar decisiones más informadas sobre los recursos naturales y el medio ambiente. Pero también hay una parte lúdica. 50 años dan para mucho. Tanto como para formar un alfabeto completo con el que puedes escribir tu nombre, gracias a una herramienta diseñada por la NASA con motivo del Día de la Tierra.

Tu nombre en paisajes. La herramienta en cuestión es muy sencilla. Simplemente debes escribir tu nombre o la palabra que quieras transformar en imágenes de Landsat. Después, tras pulsar enter, te aparece en pantalla una imagen por cada letra de tu nombre. Puedes descargar la imagen completa o poner el cursor sobre cada letra para ver las coordenadas exactas y una breve descripción del lugar que aparece en ellas. Por ejemplo, un río enredado podría formar la primera letra de tu nombre, mientras que la última podría ser un camino de lava volcánica rodeado de montañas. 

El abecedario completo. Por si te quedas con curiosidad, puedes visitar el abecedario completo y comprobar todas las posibles fotografías de las que dispone la NASA para una letra en particular. Algunas, como la A, cuentan con muchas opciones. En cambio, otras algo más raras, como la G, tienen un solo paisaje disponible que evoca su forma concreta. 

Azucena Con Landsat AZUCENA

Una fecha señalada. Esta herramienta se hizo pública el 22 de abril, cuando se celebra el Día de la Tierra. Se trata de una efeméride creada para concienciar a la población sobre los problemas que enfrenta nuestro planeta a nivel medioambiental. Las imágenes tomadas por Landsat son muy útiles tanto para la concienciación ciudadana como para aportar datos útiles a los científicos. 

Más sobre Landsat. Según cuentan desde la NASA, los investigadores han utilizado el archivo de Landsat, por ejemplo, para estudiar cómo han crecido las ciudades, las líneas costeras, los ciclos de cultivos y los bosques. Se trata de un programa en el que se priorizan los instrumentos y datos de calidad científica, de manera que se pueda saber con seguridad que los cambios en las imágenes posteriores de Landsat reflejan cambios reales en la Tierra

Y lo mejor es que toda la información es gratuita y de acceso abierto, de manera que cualquier persona, científica o no, puede acceder a ellos. Al fin y al cabo, la Tierra es de todos nosotros. Igual que cualquier ser humano debe ser responsable y evitar destruirla, también tenemos derecho a ser partícipes de lo que se hace para cuidarla. Aunque sea escribiendo nuestro nombre con ríos, ramblas o caminos de lava. 

Imágenes | Herramienta de la NASA

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"Salud": cómo la peste negra provocó que Europa se obsesionara durante siglos con el acto de estornudar

"Salud": cómo la peste negra provocó que Europa se obsesionara durante siglos con el acto de estornudar

Cuenta la tradición hebrea que, justo antes de morder la manzana, Adán estornudó. En ese momento parece que no le preocupó mucho, pero después de la que se lio con la dichosa quinta pieza de fruta al día lo acabó interpretando como "un signo del mal y un presagio de muerte". El runrún quedó ahí, claro, y cuando al ya viejísimo Jacob le preocupaba no llegar a ver a su hijo, suplicaba a Dios que cambiara el orden natural de las cosas no fuera que un mal estornudo se lo llevara al otro barrio.

De ahí viene (recogido o puede que inventado de nuevo por la tradición medieval) que deseemos "salud" en España, "saúde" en Portugal o "Gesundheit" en Alemania a quien recién acaba de estornudar. Como para ahuyentar a los malos augurios; que no está la vida como para jugársela a los dados. Sin embargo, por común, no deja de resultarme sorprendente todo lo que ha llegado a significar un simple estornudo.

Aristóteles, explica García-Moreno, estaba convencido de que, frente al flato o los eructos, el estornudo era el único que tenía una 'naturaleza sagrada' porque procedía "del principal y más hondo y divino de los órganos, el que contiene el espíritu". Hipócrates, en cambio, aunque no se decidía sobre la bondad o maldad del estornudo, sí describió el principio de inhibición recíproca al señalar que estornudar era, fijáos qué cosas, el mejor remedio para el hipo.

Como decía, la historia del estornudo en Occidente no puede entenderse en toda su complejidad sin la peste negra. Fue entonces cuando se popularizó de nuevo el "salud" de la tradición judaica o el "Jesús" de la cristiana como una forma de desear que ese 'achís' no fuera el quicio de la puerta de la maldita plaga. El "Dios te bendiga" que aún resuena en las fórmulas inglesas ('bless you') viene, según parece, de una de las muchas plagas que azotaron la Roma papal del medievo.

Por contra, en muchos otros sitios, el estornudo fue considerado algo bueno. Fantástico. La medicina tradicional hindú lo solía provocar como una forma de equilibrar humores internos y tratar enfermedades mientras que la más arcaica medicina africana lo usaba protopsiquiátricamente como una forma de curar la enfermedad mental (supuestamente provocada por la existencia de gusanos en el cerebro). Para acabar, por acabar en algún momento, los aztecas lo utilizaban para el dolor de cabeza.

Qué es un estornudo realmente

En realidad, un estornudo es algo muy sencillo. Se trata de un acto reflejo, súbito y compulsivo, cuya finalidad es expulsar grandes cantidades de aire por la nariz y (a veces) también por la boca. Es, pues, un reflejo fisiológico que emplea defensivamente el aparato respiratorio. Por eso, lo habitual es que se produzca cuando ciertas partículas extrañas irritan la mucosa nasal. Y sí, he empleado "habitual" con toda la intención del mundo.

Según parece, y esto son estimaciones medias, antes de cada estornudo inhalamos unos dos litros y medio de aire. Esa es la primera fase, la inhalatoria. En ese momento, los músculos abdominales tensan el diafragma para aumentar la presión en los pulmones y conseguir que el aire salga por la nariz a una velocidad de vértigo: entre 70 y 130 kilómetros por hora.

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La saliva que se suele expulsar con el estornudo puede cubrir un área de hasta 8 metros cuadrados. Y es precisamente eso lo que hace del estornudo uno de los peores vectores de diseminación de enfermedades del mundo. Sin embargo, el estornudo es más popular precisamente cuando es más inofensivo: en primavera, verano u otoño.

Cuando está causado por la 'rinitis alérgica'. Un clásico, de hecho. Este tipo de rinitis, provocadas por el polen de árboles, malezas y pastos, se convierte en el gran personaje recurrente de la vida de prácticamente un tercio de la población. Es insufrible, insoportable, una cruz. Pero, aún y con todo, hay estornudos peores.

Entre un 18 y un 25% de la población estornuda repentinamente cuando se expone a una luz brillante. Es lo que se conoce como ‘estornudo fótico’ y es un viejo conocido (y una causa de incapacidad) de los pilotos de aviación. Según parece es hereditario y se produce por una cercanía anatómica entre el segundo par craneal (el ocular, el responsable de llevar al cerebro la información visual) y el quinto (el trigémino, que parece ser el responsable de los estornudos).

Cuando hay una luz muy brillante, la excitación del nervio óptico puede provocar la excitación del trigémino. Esa señal se interpreta como irritación de las mucosas y despliega un hermoso, molesto y enorme estornudo. Algo parecido (aunque vinculado esta vez al bulbo raquídeo) puede estar detrás de las personas con tendencia natural a estornudar después de comer, cuando ven algo placentero o, incluso, durante el orgasmo. Ya es mala pata, aunque bien usado (y en esto hasta Aristóteles estaría de acuerdo) puede verse como una forma "maravillosa" de mejorar la comunicación en el dormitorio.

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Imagen | Pexels



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España certifica que la homeopatía no es más que un placebo

La AEMPS revisa 64 metaanálisis publicados desde 2009 y concluye que no existe evidencia que respalde su eficacia en ninguna patología. Sanidad retira 1.032 productos del mercado y se suma a la corriente regulatoria europea que ya lidera Francia.

Una sentencia regulatoria, no una opinión

El pasado 21 de abril de 2026, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) hizo público un informe que cierra, al menos en términos institucionales, dos siglos de controversia sobre la homeopatía en España. El documento, titulado Homeopatía y productos homeopáticos: evaluación de las evidencias acerca de su eficacia y seguridad, concluye “de forma categórica” que los preparados homeopáticos no son más eficaces que un placebo y que su principal riesgo no reside en sus ingredientes —prácticamente inexistentes— sino en lo que dejan de hacer los pacientes que los consumen: seguir tratamientos con eficacia demostrada.

La conclusión no es ideológica ni nueva en el panorama internacional, pero sí supone un cambio de paso para la sanidad española. En paralelo a la publicación del informe, el Ministerio de Sanidad ha anunciado la retirada de 1.032 productos homeopáticos del mercado tras un proceso de regularización. De los 976 que permanecen registrados, ninguno puede atribuirse efectos terapéuticos en su etiquetado.

Una exhaustiva revisión 

A diferencia de los debates mediáticos habituales, el informe de la AEMPS se apoya en una metodología transparente y replicable: una revisión sistemática de revisiones sistemáticas y metaanálisis publicados en las bases de datos Medline y EMBASE entre 2009 y febrero de 2026. Cuatro autores independientes seleccionaron los trabajos elegibles, evaluaron su calidad con la herramienta del National Institutes of Health (NIH) estadounidense y sintetizaron sus resultados.

El proceso identificó 64 revisiones sistemáticas que abarcan ámbitos tan diversos como las enfermedades reumáticas, dermatológicas, psiquiátricas, respiratorias o pediátricas, así como las dos modalidades clásicas: la homeopatía individualizada (un remedio adaptado a cada paciente) y la no individualizada (productos estándar). El veredicto es uniforme: la evidencia es insuficiente para recomendar el uso de productos homeopáticos en ninguna patología.

Más revelador todavía resulta el patrón identificado al analizar la calidad de los estudios. Como recoge textualmente el informe, “a medida que aumenta la calidad y el rigor de los ensayos clínicos, el supuesto efecto de la homeopatía disminuye hasta desaparecer“. Cuando los metaanálisis se ajustan por sesgo de publicación —la tendencia a publicar solo resultados positivos— y por calidad metodológica, las diferencias frente al placebo se evaporan. Es el caso, por ejemplo, del metaanálisis de Mathie et al. (2017), que reanalizó 75 estudios sobre homeopatía individualizada y vio cómo la señal positiva se desvanecía al corregir esos sesgos.

El problema de fondo, el azúcar disuelto en el Mediterráneo

El informe dedica también un espacio a recordar por qué los principios de la homeopatía “chocan con las leyes de la física y la farmacología actual”. La doctrina, formulada por Samuel Hahnemann a finales del siglo XVIII, sostiene que cuanto más diluido está un principio activo, mayor es su potencia terapéutica. La AEMPS recurre a un ejemplo gráfico: en una dilución habitual como la 12CH —la sustancia se disuelve 12 veces consecutivas en una proporción 1:100— es matemáticamente imposible que quede una sola molécula del ingrediente original en el preparado. Una dilución mucho menor, de apenas 6CH, equivaldría a “disolver un sobre de azúcar en todo el mar Mediterráneo”.

Esto no es un dato anecdótico. Significa que la mayoría de los productos homeopáticos comercializados son, desde el punto de vista químico, agua, lactosa o sacarosa. Cualquier efecto observado debe explicarse, por tanto, a través de mecanismos no farmacológicos: efecto placebo, regresión a la media, evolución natural de la enfermedad, sesgos del observador o atención clínica más prolongada. Todos ellos son fenómenos reales y medibles, pero ninguno justifica una indicación terapéutica.

Inocuo no significa inofensivo

Uno de los matices más importantes del informe se refiere a la seguridad. La percepción social de la homeopatía la sitúa en el extremo opuesto a los medicamentos “agresivos”, pero la realidad clínica obliga a distinguir dos tipos de daño:

  • Daño directo: aunque infrecuente, existe. La AEMPS recoge el metaanálisis de Stub et al., que sobre 41 estudios y 6.055 pacientes documentó eventos adversos por intoxicaciones derivadas de errores de dosificación o de productos mal diluidos. La FDA estadounidense notificó más de 400 eventos adversos y 10 muertes en niños vinculados a productos homeopáticos para la dentición que contenían belladona en concentraciones no controladas.

  • Daño indirecto: es el verdaderamente preocupante. Una revisión citada en el informe identificó 1.159 pacientes afectados y 4 fallecimientos asociados al abandono o retraso de la terapia convencional en favor de la homeopatía, especialmente en oncología, infecciones graves y enfermedades crónicas.

En otras palabras, el riesgo no es lo que el producto contiene —prácticamente nada—, sino lo que sustituye.

Una decisión alineada con Europa y el mundo anglosajón

España se incorpora con este informe a una tendencia internacional consolidada. El National Health and Medical Research Council (NHMRC) de Australia concluyó ya en 2015, tras revisar más de 1.800 trabajos, que no existía ninguna condición clínica para la que la homeopatía mostrase eficacia fiable. La Cámara de los Comunes británica recomendó cesar su financiación pública, la Haute Autorité de Santé francesa la retiró del reembolso público en 2021 y la Comisión de Finanzas alemana ha propuesto excluirla de la cobertura del seguro legal en 2027. La European Academies’ Science Advisory Council (EASAC) emitió en 2017 un dictamen unánime en la misma dirección, y la FDA estadounidense exige desde 2019 que las etiquetas adviertan de la falta de base científica.

Implicaciones desde el consumidor al modelo sanitario

El alcance del informe va más allá del consumidor individual. Apunta a tres planos interconectados:

  1. Regulatorio: España ha cerrado el grifo a las indicaciones terapéuticas. Los productos que sobreviven en farmacias lo hacen como artículos de consumo registrados, no como medicamentos con función curativa.

  2. Clínico: refuerza la obligación deontológica del personal sanitario de informar a los pacientes sobre la ausencia de evidencia, especialmente en consultas de pediatría y atención primaria, donde la demanda histórica ha sido mayor.

  3. Comunicacional: plantea un reto para los medios y para la propia AEMPS, que deben comunicar el resultado sin adoptar tonos militantes, respetando la autonomía del paciente pero garantizando que su decisión esté informada.

Lo que el informe no resuelve

Conviene también señalar las preguntas que quedan abiertas. El informe no aborda en profundidad la dimensión antropológica y psicológica del fenómeno: por qué millones de europeos siguen recurriendo a la homeopatía pese a la evidencia acumulada. Tampoco ofrece una hoja de ruta para reorientar la consulta —a menudo más larga y empática— que ofrecen los profesionales de la homeopatía, un factor que la medicina convencional debería estudiar como pista para mejorar la relación clínica. Y deja sin desarrollar la cuestión, regulatoria pero también ética, de si los productos sin indicación terapéutica deberían poder seguir vendiéndose en farmacias, espacios que la ciudadanía asocia inequívocamente al medicamento.

El informe de la AEMPS no descubre nada nuevo a la comunidad científica internacional, pero alinea por fin a España con un consenso regulatorio que llevaba más de una década consolidándose. La homeopatía, sostiene la agencia con la mejor evidencia disponible, funciona como un placebo. El reto no es ya demostrarlo —está demostrado—, sino traducir esa certeza en políticas sanitarias coherentes y en una conversación pública madura sobre qué entendemos por medicina basada en pruebas.

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3I/ATLAS no es un visitante cualquiera: el estudio que nos revela su nacimiento en un rincón aislado de la galaxia

3I/ATLAS no es un visitante cualquiera: el estudio que nos revela su nacimiento en un rincón aislado de la galaxia

2025 fue el año de 3I/ATLAS, el tercer visitante interestelar que los telescopios han podido captar merodeando la Tierra. Desde un principio se consideró que posiblemente sería mucho más antiguo que los otros dos, Oumuamua y 2I/Borisov. Sin embargo, había muchas incógnitas sobre su origen. Ahora, gracias a un estudio recién publicado por científicos de la Universidad de Michigan, tenemos muchos más datos al respecto.

Un visitante de un lugar frío y lejano. Según observaciones realizadas desde el Observatorio ALMA, en el desierto de Atacama (Chile), 3I/ATLAS se formó en un rincón frío y aislado de nuestra galaxia, antes de integrarse definitivamente en su propio sistema solar. 

La clave está en el deuterio. Las observaciones que dieron lugar a este estudio reciente se realizaron entre octubre y diciembre de 2025. Varios telescopios centraron su atención en nuestro visitante interestelar para observar el agua sobre su superficie y observaron algo llamativo: tenía niveles muy altos de deuterio. Este es un isótopo del hidrógeno, algo más pesado que el más abundante de la Tierra. En astronomía se usa la proporción deuterio/hidrógeno para estimar la antigüedad de los objetos, ya que se ha observado que, cuanto más primitivos son, más deuterio tienen. Pero esta proporción también ayuda a saber la temperatura a la que se formaron.

Una reacción sin vuelta atrás. En las nubes de gas frío en las que se forman las estrellas, las moléculas más abundantes son las de hidrógeno, seguidas por las de monóxido de carbono (CO). El hidrógeno participa en algo conocido como reacciones de intercambio deuterón-protón, donde los protones de hidrógeno y los isótopos de deuterio reaccionan entre sí, formando algo conocido como hidrógeno deuterado. Esta es la reacción: H3+​+HD⇌H2​D++H2​

El CO puede competir con esta reacción, haciéndola menos eficiente. Sin embargo, cuando hace mucho frío, el CO se congela en granos de polvo y no puede reaccionar. Por otro lado, la reacción de deuteración puede producirse en ambos sentidos (de ahí las dos flechas), pero si hace frío no hay suficiente energía para que se produzca hacia atrás. Todo el hidrógeno con deuterio que se forma se va acumulando.

Una estrella solitaria. El hecho de que 3I/ATLAS se produjese en un entorno tan frío puede indicar que, posiblemente, se originó en torno a una estrella solitaria. Si hubiese habido otras estrellas en formación alrededor, haría mucho más calor.

Muy lejos ya. Hoy en día, aquel visitante interestelar se encuentra cerca de Júpiter, preparándose para salir de nuestro sistema solar. Solo puede ser observado con unos pocos instrumentos. Por suerte, se acercó a nuestro vecindario el tiempo suficiente para regalarnos mucha información valiosa. 

Por qué es información útil. Ya tenemos muchos datos sobre 3I/ATLAS. Por ejemplo, que su núcleo mide entre 440 metros y 5,6 kilómetros. También que se desplaza a 220.000 km/h. Ahora, además, sabemos que se originó en un entorno extremadamente frío, hace unos 11.000 millones de años. Esto nos ayuda a conocer mucho mejor las condiciones de formación planetaria primitivas. Como siempre suele decirse, para saber a dónde vamos, es muy importante entender de dónde venimos. No hay nada como un visitante de un lugar muy muy lejano para darnos las piezas que necesitamos para comprenderlo. 

Imagen |NSF/AUI/NSF NRAO/M.Weiss

En Xataka | Un astrónomo de Harvard ha acusado a la NASA de ocultar imágenes de 3I/ATLAS. Tiene una explicación


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