10 de marzo de 2026

Un virus gigante hallado en Japón vuelve a poner en duda cómo apareció la vida compleja

noticia2_raw (1)

Durante años hemos aprendido a distinguir con bastante comodidad entre lo que “está vivo” y lo que no. Las células comen, se reproducen, fabrican sus propias proteínas y se organizan como una pequeña ciudad. Los virus, en cambio, suelen describirse como paquetes de información: llevan material genético (normalmente ADN o ARN), pero necesitan “secuestrar” la maquinaria de una célula para hacer copias de sí mismos.

El problema es que hay un grupo que rompe esa separación mental: los virus gigantes. Tienen genomas enormes para un virus, estructuras complejas y estrategias de infección tan sofisticadas que, cuando se observan al microscopio y se analizan sus genes, la línea entre “virus” y “célula simple” deja de ser tan nítida. Ese terreno gris es precisamente donde encaja el nuevo protagonista: ushikuvirus, un virus gigante aislado en Japón, descrito por un equipo liderado por Masaharu Takemura (Tokyo University of Science) y publicado en Journal of Virology, según difundieron también ScienceDaily y la propia universidad.

La idea provocadora: ¿y si el núcleo vino de un virus?

La noticia interesa por lo que el hallazgo sugiere, no solo por el hallazgo en sí. Takemura lleva tiempo vinculado a una hipótesis tan discutida como fascinante: la eucariogénesis viral, también conocida como teoría del origen nuclear a partir de virus. En términos cotidianos, plantea algo parecido a esto: imagina una casa antigua (una célula primitiva, posiblemente emparentada con arqueas) a la que entra un inquilino peculiar (un gran virus de ADN). En vez de destrozarla y marcharse, ese inquilino se queda, reorganiza habitaciones, integra objetos del dueño y, tras muchas generaciones, esa “habitación privada” termina pareciéndose a lo que hoy llamamos núcleo.

El núcleo es el rasgo que define a las células eucariotas: ese compartimento rodeado por una membrana donde se guarda el ADN y se regulan procesos clave. Si de verdad un virus contribuyó a originarlo, estaríamos ante un giro conceptual potente: los virus no serían solo parásitos oportunistas, también podrían haber participado en el salto hacia la vida compleja.

Fábricas virales: el taller dentro de la célula

Quienes defienden o exploran esta hipótesis suelen señalar un detalle llamativo: muchos virus gigantes montan dentro de la célula estructuras de replicación conocidas como “fábricas virales”. Son zonas dedicadas a copiar ADN, ensamblar componentes y coordinar la producción de nuevas partículas, como si el virus montara un taller temporal con sus propias reglas.

En algunos casos, estas fábricas aparecen delimitadas por membranas y recuerdan, por analogía, a un “proto-núcleo”: un espacio separado del resto del interior celular, especializado en gestionar la información genética. No es que una fábrica viral sea un núcleo, pero sí ofrece un ejemplo tangible de cómo un agente infeccioso puede reorganizar la arquitectura interna de una célula de forma profunda.

Quién es ushikuvirus y por qué importa su árbol genealógico

Ushikuvirus se aisló en la prefectura de Ibaraki, en torno al lago Ushiku, y su huésped es una ameba del género Vermamoeba. Esta elección de huésped ya es interesante porque en este ecosistema microscópico las amebas funcionan como auténticos “parques de atracciones” para microorganismos: se alimentan de bacterias y, al mismo tiempo, pueden servir de objetivo para virus grandes.

El nuevo virus aparece estrechamente relacionado con clandestinovirus (también asociado a vermamoebas) y muestra similitudes con miembros de la familia Mamonoviridae, un grupo de virus gigantes que incluye a medusavirus. Esa conexión “entre familias” es uno de los puntos que subraya el estudio: no encaja como una pieza sencilla, sino como una que ayuda a entender cómo se diversificaron estos virus y cómo fueron ajustando su forma de interactuar con distintos huéspedes.

Dicho de forma simple: cuando encuentras un organismo (o un virus) que comparte rasgos con varios “primos” a la vez, puede funcionar como un puente evolutivo. No responde todas las preguntas, pero obliga a replantear el mapa.

Una cápside con “adornos” que no se habían visto igual

En los virus, la cápside es la cubierta proteica que protege el material genético. En algunos virus gigantes, esa cubierta tiene geometrías muy definidas; medusavirus, por ejemplo, presenta una forma icosaédrica con espículas cortas. Ushikuvirus comparte parte de ese estilo, pero con diferencias que llaman la atención: en su superficie aparecen múltiples estructuras tipo espiga rematadas por “caps” distintivos, con extensiones filamentosas en ciertos casos.

Para entender por qué esto interesa, piensa en una llave. Dos llaves pueden abrir puertas parecidas, pero los dientes y ranuras cambian según la cerradura. En biología, la superficie de un virus es esa llave: determina cómo se pega a la célula, cómo entra y qué defensas puede sortear. Variaciones en estas estructuras pueden reflejar adaptaciones finas a huéspedes diferentes o rutas evolutivas distintas dentro del mismo gran linaje.

La estrategia que rompe el “cuarto seguro” del núcleo

El rasgo que más alimenta el debate sobre el origen del núcleo es su comportamiento frente a la membrana nuclear. Algunos virus relacionados, como medusavirus y clandestinovirus, replican su material genético dentro de un núcleo que permanece intacto: utilizan el núcleo como si fuera el taller donde ensamblan su producción, sin derribar paredes.

Ushikuvirus, en cambio, hace algo diferente: durante la replicación desmantela la membrana nuclear. Es como si, para montar su fábrica, no se conformara con trabajar dentro del cuarto seguro, sino que tirara abajo los tabiques para reconfigurar el espacio a su gusto.

Esa diferencia no es un detalle menor. Si hay virus gigantes que pueden convivir con un núcleo intacto y otros que lo rompen, se abre la posibilidad de que existan estados intermedios en la historia de estas interacciones. En términos evolutivos, podría sugerir que distintos virus (o distintos momentos evolutivos de un mismo linaje) exploraron maneras alternativas de “domar” o “rediseñar” el compartimento nuclear. El estudio apunta, de hecho, a que esta conducta puede conectar estrategias vistas en virus que respetan el núcleo con otras, como las de pandoravirus, más asociadas a la disrupción de la envoltura nuclear.

Células hinchadas y señales visibles del conflicto

La infección por ushikuvirus produce un efecto citopático particular: las células infectadas crecen de forma anómala, se agrandan. Este tipo de señal es útil porque traduce en un fenómeno visible el pulso molecular que ocurre dentro. A escala humana, es como notar que un ordenador va cada vez más lento y caliente: no te dice cuál línea de código está fallando, pero sí te confirma que algo está forzando el sistema.

En el caso de una ameba, aumentar de tamaño puede reflejar alteraciones en el ciclo celular, en el control del núcleo o en el equilibrio de membranas y energía. Y justo ahí vuelve el hilo conductor: para quienes investigan la relación entre virus gigantes y la evolución de la célula eucariota, cada cambio observable en el núcleo o sus membranas es una pista sobre qué puede hacer un virus cuando “toma el mando” de una célula.

Por qué este hallazgo también interesa fuera de la teoría evolutiva

Aunque el debate sobre el origen de la vida compleja suene lejano, estos virus gigantes que infectan amebas tienen un costado práctico. Algunas especies de Acanthamoeba pueden causar infecciones graves en humanos, incluida la encefalitis amebiana, poco frecuente pero muy seria. Comprender cómo ciertos virus atacan, dañan o eliminan amebas podría inspirar estrategias indirectas para controlar poblaciones problemáticas o revelar vulnerabilidades de estos microorganismos.

No se trata de que ushikuvirus sea un tratamiento ni de que esté cerca una aplicación clínica inmediata. El valor está en el conocimiento básico: entender mecanismos de infección, puntos débiles celulares y dinámicas entre microbios. En biología, muchas herramientas útiles han salido de estudiar “curiosidades” que al principio parecían solo piezas de museo.

Un puente más en un rompecabezas que sigue abierto

La publicación en Journal of Virology y la comunicación de Tokyo University of Science sitúan a ushikuvirus como un hallazgo que amplía el catálogo de virus gigantes y, sobre todo, aporta un caso con rasgos mixtos: comparte parentesco con linajes concretos, exhibe una arquitectura de cápside singular y presenta una interacción con el núcleo distinta a la de sus parientes más cercanos.

En ciencia, pocas veces una sola pieza “resuelve” una hipótesis. Lo habitual es que nuevas piezas obliguen a recolocar otras, como cuando intentas encajar un puzzle y de pronto te das cuenta de que la esquina que dabas por segura pertenece a otra imagen. Ushikuvirus no demuestra por sí mismo que el núcleo venga de un virus, pero sí ofrece material real para discutir cómo los virus gigantes han moldeado, destruido o reorganizado el núcleo a lo largo del tiempo. Y eso, para una pregunta tan grande como el origen de la complejidad, ya es mucho.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

Convocan a estudiantes de todo Chile a participar en la Feria Antártica Escolar 2026 y vivir una expedición científica en el Continente Blanco

El Instituto Antártico Chileno (INACH) abrió oficialmente la convocatoria para la 23.ª versión de la Feria Antártica Escolar (FAE 2026), una iniciativa nacional que busca despertar vocaciones científicas en estudiantes de enseñanza media mediante el desarrollo de proyectos de investigación vinculados al continente más austral del planeta.

Desde el 2 de marzo y hasta el 29 de mayo de 2026, estudiantes de primero a cuarto medio de establecimientos educacionales reconocidos por el Ministerio de Educación podrán postular sus propuestas a través del sitio web oficial de la feria. Los equipos deberán presentar investigaciones relacionadas con temáticas antárticas, que pueden abordar áreas como biología marina, cambio climático, historia antártica o nuevas tecnologías para la exploración científica, entre otras líneas de trabajo.

Cada equipo deberá estar integrado por uno o dos estudiantes y un docente guía del mismo establecimiento —sin importar la asignatura que imparta— quienes acompañarán el proceso de formulación y desarrollo de la propuesta investigativa, siguiendo las bases disponibles en la plataforma digital del certamen.

Una vez finalizado el periodo de postulaciones, las propuestas serán evaluadas por el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN), y posteriormente un comité validará la selección de quince proyectos finalistas. Estos equipos viajarán a Punta Arenas, donde deberán defender sus investigaciones ante un jurado especializado y un jurado ciudadano.

Una experiencia científica única

La bióloga marina Constanza Jiménez, encargada del área de Educación del INACH, destacó que el lanzamiento de esta nueva convocatoria coincide con un momento especial para el programa educativo.

“Con el lanzamiento de la FAE quisimos realizar algo especial, ya que esta semana se concretará el viaje de la Expedición Antártica Escolar, en la que participan los ganadores de la versión 2025. Buscamos generar un hito que marque el cierre de esta edición y, al mismo tiempo, dé inicio al nuevo proceso”, señaló.

Para esta nueva versión del certamen se incorporaron ajustes en los formatos de postulación, basados en las sugerencias de participantes de años anteriores. Además, la organización decidió adelantar la realización de la feria al inicio del segundo semestre, con el objetivo de evitar la sobrecarga académica que suelen enfrentar los estudiantes a fin de año.

“Queremos que el proceso sea más claro, cómodo y beneficioso para quienes participen. Aprovechen esta oportunidad. Es un concurso único; pocos jóvenes tienen la posibilidad de conocer la Antártica y convivir con los investigadores e investigadoras que hacen ciencia en nuestro país”, agregó Jiménez, quien también extendió una invitación directa a los jóvenes interesados en la ciencia.

Ciencia escolar que llega hasta la Antártica

La Feria Antártica Escolar se ha consolidado durante más de dos décadas como uno de los principales programas de educación científica del país, promoviendo la investigación escolar y acercando el conocimiento polar a nuevas generaciones.

Los equipos ganadores del certamen obtienen como premio una expedición científica al continente antártico, donde visitan la base Base Profesor Julio Escudero, ubicada en la Isla Rey Jorge, una de las principales plataformas de investigación chilena en la zona.

La iniciativa es organizada por el INACH con el apoyo del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, fortaleciendo el rol de la región de Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y promoviendo la divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía.

La entrada Convocan a estudiantes de todo Chile a participar en la Feria Antártica Escolar 2026 y vivir una expedición científica en el Continente Blanco se publicó primero en Revista Ecociencias.



☞ El artículo completo original de Revista Ecociencias lo puedes ver aquí

El Pentágono etiquetó a Anthropic como un riesgo para la seguridad nacional. Así que Anthropic ha demandado al Pentágono

El Pentágono etiquetó a Anthropic como un riesgo para la seguridad nacional. Así que Anthropic ha demandado al Pentágono

El culebrón entre Anthropic y el Pentágono tiene un nuevo capítulo (y ya van...). Después deln tira y afloja de las últimas semanas, Anthropic se plantó y eso acabó provocando que EEUU metiera a la empresa en la lista negra. A Anthropic no le ha hecho ninguna gracia.

Qué ha pasado. Anthropic ha demandado al Departamento de Defensa (o de guerra) de EEUU, calificando la decisión de meterlos en la lista negra "sin precedentes e ilegal" y argumentando que causarán un daño irreparable a la empresa. . En declaraciones a Fortune, un portavoz de Anthropic ha asegurado que siguen comprometidos en proteger la seguridad nacional y quieren buscar una solución, pero que "es un paso necesario para proteger nuestro negocio, nuestros clientes y nuestros socios". La administración no ha hecho declaraciones sobre esta demanda. 

Mucha pasta en juego. Al meter a Anthropic en la lista negra, el gobierno impide que  los contratistas y proveedores de defensa usen Claude en sus actividades relacionadas con el Pentágono. Además, Trump ordenó que todo el gobierno deje de usar la IA de Anthropic. La empresa afirma que ya se están cancelando contratos con el gobierno y otros contratos privados están en peligro. El director comercial de Anthropic, Paul Smith, ha asegurado que hay un cliente que ya ha cambiado Claude por otra IA generativa. Sólo este contrato les hará perder al menos 100 millones de dólares.

Dudas sobre la legalidad. Anthropic dice que la jugada del gobierno no es legal ¿tienen razón? Según los expertos jurídicos de Lawfare, la etiqueta de "riesgo para la cadena de suministro" no resistirá el escrutinio judicial. El motivo principal es que esta designación está pensada para adversarios extranjeros, como sucedió con Huawei. La definición que hace la ley es "el riesgo de que un adversario pueda sabotear o subvertir un sistema cubierto", no dice nada de usarlo como castigo a una empresa nacional por un desacuerdo. Según Lawfare, las declaraciones de Trump y el secretario de defensa "enmarcan la acción como un castigo ideológico a un enemigo político".

El desacuerdo. El origen de esta escalada está en las líneas rojas que puso Anthropic Básicamente, la empresa se negó a que se pudiera usar su modelo para la vigilancia masiva de ciudadanos y especialmente el desarrollo de armas letales sin supervisión humana. La preocupación es fundamentada: un soldado puede negarse a cumplir una orden ilegal, una IA no.

Al Pentágono no le gustan las líneas rojas (de otros, claro) y exigían poder usar su tecnología sin límites. En palabras de Trump en un post de Truth Social: "Nosotros decidiremos el destino de nuestro país, NO una empresa de inteligencia artificial radical de izquierda fuera de control dirigida por personas que no tienen ni idea de cómo es el mundo real".

Mientras tanto OpenAI... Poco después de que Anthropic fuera incluida en esa lista negra, el gobierno encontraba una nueva candidata para llevar a cabo sus planes: OpenAI. Según la empresa de Sam Altman, su desarrollo tiene más salvaguardas y eh, tranquis, no es para tanto. Lo que le ha seguido es una crisis de imagen para ChatGPT, con dimisiones y  desinstalaciones masivas de usuarios que se han pasado a Claude. Pero no nos engañemos, aunque Anthropic haya ganado la batalla de la opinión pública, si EEUU mantiene el pulso, el futuro pinta bastante negro para los de Amodei.

En Xataka | Anthropic se ha convertido en la Apple de nuestra era y OpenAI en nuestra Microsoft: una historia de amor y odio

Imagen | Anthropic (editada)

-
La noticia El Pentágono etiquetó a Anthropic como un riesgo para la seguridad nacional. Así que Anthropic ha demandado al Pentágono fue publicada originalmente en Xataka por Amparo Babiloni .



☞ El artículo completo original de Amparo Babiloni lo puedes ver aquí

La informática encuentra un aliado en los hongos

La computación fúngica explora una idea que hasta hace poco parecía ciencia ficción: utilizar redes de hongos como soporte para procesar información. Investigadores de distintas universidades están estudiando cómo el micelio —la red subterránea de filamentos de los hongos— puede funcionar como arquitectura computacional, con aplicaciones potenciales en sensores ambientales, materiales inteligentes y sistemas electrónicos sostenibles.

El interés por esta línea de investigación surge en un contexto global donde la industria tecnológica busca alternativas más sostenibles al silicio, cuya producción requiere grandes cantidades de energía, agua y minerales críticos.

La computación biológica no es una idea imposible. Lleva décadas en desarrollo. En los años 90 ya se cultivaron neuronas para controlar robots simples, y desde los años 70 sabemos que los hongos presentan propiedades comparables a las de las neuronas”, explica el ingeniero neuronal John Larocco, investigador del Instituto de Sostenibilidad de la Universidad Estatal de Ohio (Estados Unidos).

Redes vivas que procesan información

Uno de los principales impulsores de esta disciplina es el científico Andrew Adamatzky, director del Laboratorio de Computación No Convencional de la Universidad del Oeste de Inglaterra, en Bristol.

En la década de 2010, Adamatzky observó que el moho mucilaginoso Physarum polycephalum generaba patrones eléctricos complejos, comparables a los potenciales de acción presentes en las neuronas. Ese descubrimiento abrió la puerta a investigar si otros organismos, como los hongos, podían mostrar comportamientos eléctricos similares.

Registro de la actividad eléctrica del micelio (la “red de raíces” de los hongos), que se comporta de manera parecida a las neuronas en el cerebro. /Andrew Adamatzky
Montaje experimental preparado para medir cómo los hongos pueden almacenar y transmitir señales eléctricas, un fenómeno llamado memfracción. Imagen, Andrew Adamatzky

A partir de 2018 comenzó a estudiar el potencial computacional del micelio.

Para ello, los investigadores insertan electrodos en sustratos colonizados por hongos y registran su actividad eléctrica de manera continua. Luego analizan los datos con software especializado, controlando variables como humedad, temperatura o luz para asegurar que las señales provienen del micelio.

Uno de los hallazgos más llamativos es que los circuitos fúngicos pueden adaptarse a estímulos repetidos, mostrando un comportamiento comparable —aunque no idéntico— a la plasticidad neuronal.

Cuando se les aplica electricidad, modifican su resistencia y su forma de conducir la corriente según estímulos previos. En términos técnicos, se dice que poseen propiedades memristivas, es decir, la capacidad de “recordar” señales anteriores.

“No se trata de aprendizaje biológico en sentido estricto, pero sí de un análogo eléctrico del aprendizaje, donde el sustrato modifica su respuesta según la estimulación previa”, explica Adamatzky.

Además, los hongos no generan señales al azar: sus patrones eléctricos parecen formar una especie de lenguaje interno que coordina la actividad de la red micelial.

Una alternativa sostenible al silicio

En paralelo, John Larocco ha investigado el potencial del micelio del hongo shiitake como componente electrónico.

El equipo eligió esta especie por ser resistente, barata, fácil de cultivar y no tóxica, lo que la convierte en un candidato ideal para desarrollar dispositivos electrónicos biodegradables.

La idea es avanzar hacia tecnologías que reduzcan la dependencia de los semiconductores tradicionales, cuya fabricación implica procesos altamente contaminantes.

Registro de la actividad eléctrica del micelio (la “red de raíces” de los hongos), que se comporta de manera parecida a las neuronas en el cerebro. /Andrew Adamatzky
Registro de la actividad eléctrica del micelio (la “red de raíces” de los hongos), que se comporta de manera parecida a las neuronas en el cerebro. Imagen, Andrew Adamatzky

“Estamos hablando de miles de millones de euros en infraestructura para fabricar chips. En cambio, los dispositivos fúngicos pueden cultivarse prácticamente en cualquier lugar, incluso en un montón de compost”, señala Larocco.

Otra ventaja es que los hongos pueden integrarse directamente en materiales vivos o sistemas ecológicos, como suelos, embalajes, textiles o estructuras de construcción.

Al finalizar su vida útil, los componentes fúngicos se biodegradan, evitando uno de los grandes problemas de la electrónica actual: los residuos tecnológicos.

Ventajas y desafíos tecnológicos

Los experimentos han mostrado que estos dispositivos pueden operar a frecuencias cercanas a los 6.000 Hz, aún por debajo de los memristores comerciales, pero lo suficientemente prometedoras para ciertas aplicaciones.

El investigador Mohammad Mahdi Dehshibi, de la Universidad Carlos III de Madrid, destaca que los sistemas informáticos fúngicos son altamente escalables. Es posible cultivar grandes estructuras miceliales que funcionen como matrices de sensores distribuidos.

Entre sus ventajas también se encuentran bajo consumo energético, flexibilidad y resistencia a la radiación, capacidad de autorreparación y funcionamiento incluso tras deshidratación.

Sin embargo, la computación fúngica enfrenta importantes desafíos.

Uno de los principales es la variabilidad biológica. Cada especie —e incluso cada colonia— puede comportarse de forma distinta, lo que dificulta la estandarización.

También existen problemas técnicos asociados a mantener el micelio vivo y funcional.

“Los sustratos vivos pueden secarse, contaminarse o cambiar de comportamiento a medida que crecen”, explica Adamatzky. Esto complica su integración en hardware convencional y obliga a mantener condiciones ambientales controladas.

Startups que apuestan por la computación con hongos

El interés por esta tecnología también está llegando al mundo empresarial.

La startup Mycosoft, liderada por Morgan Rockwell, se especializa en interfaces que traducen las señales eléctricas del micelio en datos computables.

Entre sus desarrollos se destacan Mushroom 1, un sensor ambiental capaz de medir CO₂, humedad y señales bioeléctricas del micelio; SporeBase, una plataforma para cultivar y monitorear redes fúngicas; y NatureOS, un sistema en la nube para analizar datos biológicos ambientales.

Estas tecnologías apuntan a un futuro en el que los hongos formen parte de infraestructuras inteligentes y redes de monitoreo ambiental.

El futuro de las “computadoras vivientes”

Aunque los científicos coinciden en que los hongos no reemplazarán a los procesadores de silicio de alta velocidad, sí podrían ofrecer ventajas únicas en sostenibilidad, eficiencia energética y adaptación al entorno.

Además, los hongos poseen capacidades sensoriales naturales: pueden detectar luz, gases, sustancias químicas, variaciones de pH y fuerzas mecánicas, lo que los convierte en candidatos ideales para redes de sensores de bajo consumo.

Para Adamatzky, el verdadero potencial de esta tecnología no está en crear computadores tradicionales, sino materiales inteligentes capaces de percibir y responder al entorno.

“Las futuras computadoras vivientes no serán máquinas aisladas”, señala. “Serán materiales adaptativos integrados en nuestros entornos, capaces de monitorear, interpretar y reaccionar al mundo que los rodea”.

La entrada La informática encuentra un aliado en los hongos se publicó primero en Revista Ecociencias.



☞ El artículo completo original de Revista Ecociencias lo puedes ver aquí

Pensábamos que en la Prehistoria se comía pura carne. El fondo quemado de una olla acaba de demostrar que éramos unos chefs refinados

Pensábamos que en la Prehistoria se comía pura carne. El fondo quemado de una olla acaba de demostrar que éramos unos chefs refinados

Durante años, la cultura popular nos ha vendido la imagen de un hombre prehistórico cuya alimentación se basaba casi exclusivamente en devorar grandes cantidades de carne asada. Sin embargo, la ciencia lleva años desmontando este mito, y ahora un estudio ha analizado los restos incrustados en vasijas milenarias, que es el equivalente al 'socarrat' de la paella valenciana. Y los resultados apuntan a que nuestros antepasados eran, en realidad, unos cocineros sumamente creativos. 

Lo que se ha visto. Más allá de lo que pensamos, de que se cazaba y al momento se asaba en el fuego la presa del día, la ciencia ha demostrado que los cazadores europeos de hace casi 8.000 años combinaban pescado de agua dulce con una gran variedad de vegetales, utilizando técnicas culinarias avanzadas para mejorar sabores y neutralizar toxinas. Algo similar a lo que hacemos a día de hoy en la cocina, como recoge El País

¿Dónde lo vimos? El estudio, con participación española, llegó a esta conclusión sin tener que buscar en los huesos fosilizados, sino en algo mucho más sutil como son las costras de comida carbonizadas adheridas a 85 fragmentos de cerámica que provienen de 13 yacimientos arqueológicos del norte y este de Europa. 

Cómo se hizo. Una vez que se tenían localizados estos restos, se optó por aplicar tecnología puntera, como por ejemplo la microscopía electrónica de barrido combinada con el análisis molecular de estos restos.

Hasta ahora, los restos vegetales en arqueología solían estar subestimados porque se degradan mucho más rápido que los huesos de animales. Pero el microscopio electrónico ha revelado un nivel de detalle asombroso, detectando tejidos celulares de plantas y escamas de peces microscópicas que han podido sobrevivir milenios gracias a haberse quemado y adherirse a la arcilla. 

Los resultados. Con todas estas técnicas hemos podido llegar a responder qué es lo que se cocinaba en esas ollas de arcilla, y la verdad es que debemos olvidar la idea de tener un trozo de carne al fuego, sino que se han revelado recetas que mezclaban proteínas e hidratos de forma meticulosa. 

Los investigadores pudieron ver aquí restos de pescados de agua dulce, destacando la carpa y los barbos, los vegetales de hoja como las espinacas, raíces y bulbos como la remolacha y también bayas de Viburnum opulus. 

Un chef prehistórico. Quizás el descubrimiento más fascinante del equipo de González Carretero sea la sofisticación de las técnicas culinarias, ya que las bayas de Viburnum opulus son conocidas por ser ligeramente tóxicas en crudo y tener un sabor tremendamente ácido y amargo.

Sin embargo, los habitantes prehistóricos descubrieron que al cocinarlas a fuego lento en un caldo junto a pescados ricos en grasas, el amargor se neutralizaba, haciéndolas digestivas y seguras para el consumo humano. Y esta mezcla no era accidental, sino una receta transmitida que buscaba siempre mejorar el sabor. 

Revolución culinaria. Este trabajo se suma a una creciente ola de estudios que están reescribiendo la historia de nuestra alimentación. Ya en 2018 se publicaba en PNAS el descubrimiento del "pan" más antiguo del mundo en Jordania, horneado hace 14.400 años, mucho antes de que se inventara la agricultura. Pero ahora estos restos de comida nos apuntan a que la mal llamada dieta paleo no existió tal y como nos la han querido vender. 

Sacamos en claro que nuestros antepasados conocían su entorno a la perfección, dominaban el procesamiento de plantas tóxicas y dedicaban tiempo a preparar guisos complejos donde las verduras y los tubérculos eran platos principales, no una simple guarnición.

Portada | Generada con Nano Banana 2 

En Xataka | Llevamos años confiando en el Nutri-Score en las tiendas. La ciencia opina que su impacto real es nulo

-
La noticia Pensábamos que en la Prehistoria se comía pura carne. El fondo quemado de una olla acaba de demostrar que éramos unos chefs refinados fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .



☞ El artículo completo original de José A. Lizana lo puedes ver aquí