7 de julio de 2026

JadePuffer: el primer ransomware ejecutado por una IA autónoma ya existe, aunque aún necesitaba un humano al fondo

JadePuffer: el primer ransomware ejecutado por una IA autónoma ya existe, aunque aún necesitaba un humano al fondo

El primer ataque de ransomware documentado ejecutado de extremo a extremo por un agente de IA ha ocurrido, y el nombre que le han dado los investigadores de la empresa de seguridad Sysdig es JadePuffer. Lo detalla Ana Maria Constantin en The Next Web el 6 de julio. Un modelo de lenguaje planificó y ejecutó todo el ciclo del ataque: reconocimiento, robo de credenciales, movimiento lateral, cifrado de la base de datos y nota de rescate. Sin ningún humano dirigiendo el teclado paso a paso.

El matiz que TechCrunch añadió ese mismo día: sí había un humano involucrado. Solo que no en la ejecución técnica. Alguien eligió la víctima, configuró la infraestructura y proporcionó las credenciales iniciales. Los analistas de Sysdig lo confirman en una entrevista con CyberScoop. Ese detalle importa, pero no tanto como parece a primera vista.

Cómo operó JadePuffer

El ataque comenzó explotando una vulnerabilidad conocida: CVE-2025-3248, un fallo de ejecución remota de código en Langflow, un framework de código abierto para construir flujos de trabajo con modelos de lenguaje. El fallo estaba parcheado desde 2025 y añadido al catálogo de vulnerabilidades conocidas explotadas de la CISA en mayo de ese año. Muchos servidores nunca actualizaron.

La razón por la que los servidores Langflow son un objetivo atractivo es específica: suelen estar expuestos en internet y contienen las claves de API de todos los servicios a los que se conectan. JadePuffer sabía esto. Inmediatamente tras ganar acceso, el agente barrió el entorno buscando credenciales en paralelo: claves de API para OpenAI, Anthropic, DeepSeek y Gemini; credenciales de nube para AWS, GCP y proveedores chinos como Alibaba, Aliyun, Tencent y Huawei. Luego pivotó a un servidor MySQL de producción separado, usando una segunda vulnerabilidad de 2021 para ganar acceso de administrador.

La secuencia que mejor ilustra la autonomía del agente: durante el ataque, un login administrativo falló. El agente diagnosticó el problema y ejecutó una solución funcional en 31 segundos, sin intervención humana. El cifrado resultante afectó a 1.342 elementos de configuración del servidor Nacos (un sistema de gestión de configuración distribuida). El agente usó la función AES_ENCRYPT() de MySQL para cifrar los datos, luego eliminó las tablas originales y creó una tabla llamada README_RANSOM con la nota, una dirección de Bitcoin y un correo de Proton Mail.

El detalle más cruel: la clave de descifrado se generó, se imprimió una vez en la consola de salida y nunca se almacenó ni transmitió. La víctima no puede recuperar los datos aunque pague.

Todo esto quedó documentado en más de 600 payloads que el agente fue generando a lo largo del ataque, cada uno con comentarios en lenguaje natural explicando su propio razonamiento. La empresa de seguridad Sysdig capturó esos registros y los usó para reconstruir el ataque.

Lo que TechCrunch matiza: el humano sigue ahí

La cobertura inicial de The Next Web y otros medios describió JadePuffer como un ataque «sin ningún humano en el proceso». TechCrunch corrió después con la aclaración de Michael Clark, director senior de investigación de amenazas de Sysdig: un operador humano configuró la infraestructura, eligió la víctima y proporcionó las credenciales que le abrieron la puerta al agente.

Eso es importante para calibrar lo que realmente ha cambiado. No es que la IA se haya emancipado del delincuente; es que el delincuente ahora puede externalizar el trabajo técnico más difícil (reconocimiento, exploits, movimiento lateral, cifrado) a un agente. El humano sigue en el bucle estratégico: decide a quién atacar y paga la infraestructura. Simplemente ya no necesita saber cómo hackear.

Llevamos cubriendo el impacto de la IA en el cibercrimen desde que Google identificó el primer exploit zero-day generado con IA en mayo de 2026. JadePuffer es el escalón siguiente: no descubrir vulnerabilidades con IA, sino ejecutar ataques completos.

El investigador de Microsoft Geoff McDonald ofreció en LinkedIn una hipótesis sobre qué modelo impulsó el ataque: probablemente no un modelo frontier con salvaguardas de seguridad, sino un modelo de código abierto con el entrenamiento de seguridad eliminado. Sysdig no pudo identificar el modelo específico, y no tiene acceso al system prompt ni a la configuración del agente.

Por qué el umbral acaba de caer

La implicación de fondo, como señala Sysdig, es económica más que técnica. Antes de JadePuffer, ejecutar un ataque de ransomware requería experiencia en exploits, movimiento lateral, administración de bases de datos y criptografía. Ahora puede reducirse a: tener un agente, elegir la víctima, configurar la infraestructura.

Las agencias de inteligencia del Five Eyes ya advirtieron en junio de 2026 que el plazo para ataques de IA a infraestructuras críticas no son años sino meses. JadePuffer confirma que ese plazo ya llegó.

El mismo día que JadePuffer se hizo público, Sysdig documentó otro dato relevante: un segundo fallo de Langflow, CVE-2026-33017, fue explotado dentro de las 20 horas siguientes a su publicación. La ventana entre divulgación y explotación se ha comprimido a menos de un día.

Para los equipos de seguridad, la recomendación práctica es clara: parchear Langflow inmediatamente si está expuesto, rotar las credenciales de todos los servicios que conecta, y mantener los servidores de administración de bases de datos fuera del acceso público directo. Las tres cosas que JadePuffer necesitó para funcionar eran vulnerabilidades ya parcheadas, credenciales por defecto y un servidor expuesto.

La ciberseguridad viene advirtiendo desde 2025 que la IA iba a cambiar las reglas del cibercrimen. El cambio ya no es una amenaza emergente: es presente activo.

Mi valoración

Lo que más me convence del análisis de Sysdig es la honestidad sobre los límites del hallazgo. No dicen «la IA se ha emancipado del crimen organizado»; dicen «el trabajo técnico ya no requiere un experto». Esa distinción es importante para no entrar en pánico narrativo, pero también para no minimizar lo que representa.

Lo que más me preocupa no es JadePuffer en sí, sino la democratización del modelo. JadePuffer funcionó porque explotó vulnerabilidades ya conocidas en servidores no actualizados. Cualquier operador con suficiente infraestructura puede replicar el patrón. El umbral técnico de entrada al ransomware ha caído dramáticamente.

Lo más estructuralmente significativo es que el coste del ataque ahora es principalmente infraestructura, no habilidad. Si el precio de un ataque de ransomware pasa de «necesito un equipo de hackers expertos» a «necesito un servidor y una API de un modelo de lenguaje», el número de potenciales atacantes se multiplica de forma no lineal.

Preguntas frecuentes

¿Cómo se defiende una organización de ataques como JadePuffer?

Las tres contramedidas más importantes son inmediatas: parchear Langflow a la versión 1.3.0 o superior, rotar todas las credenciales y claves de API almacenadas en sistemas Langflow, y mantener los paneles de administración de bases de datos fuera del acceso público. JadePuffer no usó zero-days: explotó vulnerabilidades ya parcheadas y credenciales por defecto.

¿Qué modelo de IA impulsó el ataque?

Sysdig no pudo identificar el modelo específico que ejecutó JadePuffer y no tiene acceso a su system prompt o configuración. El investigador de Microsoft Geoff McDonald teoriza que probablemente fue un modelo de código abierto con el entrenamiento de seguridad eliminado, basándose en que los modelos frontier con salvaguardas no suelen completar ese tipo de tareas.

¿Se puede recuperar lo cifrado por JadePuffer?

No. La clave de descifrado fue generada localmente, impresa una vez en la consola y nunca almacenada ni transmitida. Incluso si la víctima paga el rescate en Bitcoin, el atacante no tiene la clave para proporcionarla. La única defensa real contra este tipo de ataque es un backup actualizado en un medio que el agente no pueda alcanzar.




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DeepSeek ya no quiere competir solo con modelos. Su nuevo frente apunta directamente al negocio de NVIDIA, según Reuters

DeepSeek ya no quiere competir solo con modelos. Su nuevo frente apunta directamente al negocio de NVIDIA, según Reuters

En poco más de un año, DeepSeek ha dejado de sonar como una rareza de la industria china para convertirse en uno de esos nombres que ya aparecen cada vez que hablamos de la carrera global de la inteligencia artificial. Primero la miramos por sus modelos, por su eficiencia y por la sacudida que provocó más allá de China. Ahora la pregunta empieza a moverse a otro terreno: qué ocurre cuando una empresa que compite en software entiende que la siguiente ventaja puede estar en los chips que hacen posible ejecutar esa IA a gran escala.

El salto al hardware. La información que abre este nuevo frente procede de Reuters. La agencia asegura, citando a tres personas familiarizadas con el asunto, que DeepSeek está desarrollando su propio chip de inteligencia artificial, orientado a tareas de inferencia y no al entrenamiento de nuevos modelos. El matiz técnico lo veremos enseguida, porque cambia bastante la lectura del movimiento. Por ahora, la cautela es obligatoria: DeepSeek no lo ha confirmado públicamente, el proyecto estaría en una fase temprana y la compañía no respondió a la solicitud de comentario de la agencia.

La clave está en la inferencia. La forma más sencilla de entenderlo es pensar en lo que ocurre después del entrenamiento. Una vez construido el modelo, cada pregunta que hacemos y cada respuesta que recibimos exige ponerlo a trabajar de nuevo. No es una operación aislada, sino una rutina que se repite millones de veces si el producto funciona. Por eso un chip pensado para esa fase no apunta tanto al prestigio técnico como a algo más terrenal: hacer que usar la IA salga más barato, sea más rápido y dependa menos de terceros.

El movimiento se entiende mejor si miramos de qué ha dependido DeepSeek hasta ahora. La compañía ha usado chips de NVIDIA y Huawei para entrenar y ejecutar sus modelos, incluida la base que sostuvo R1, entrenada sobre NVIDIA H800, un chip diseñado para el mercado chino cuya exportación a China fue prohibida por Washington a finales de 2023. Desde entonces, DeepSeek se ha apoyado cada vez más en Huawei: en abril lanzó su modelo V4 adaptado a Ascend y Huawei dijo que sus procesadores se usaron en parte del entrenamiento de V4-Flash.

DeepSeek ya no es una nota al pie: hasta hace no tanto, el debate global sobre IA parecía girar casi por completo alrededor de empresas estadounidenses como OpenAI, Google, Microsoft, Meta o Anthropic. DeepSeek cambió parte de esa conversación al demostrar que China también podía producir modelos capaces de circular fuera de su mercado doméstico y obligar a la industria a mirar hacia Hangzhou. Recordemos que la compañía fue ampliamente celebrada en China como campeona nacional de la IA.

La tendencia ya se ve en buena parte del sector. Google lleva años desarrollando sus TPU, Amazon tiene Inferentia para cargas de inferencia, Microsoft cuenta con Maia y Meta trabaja en MTIA. Reuters cita además dos movimientos recientes especialmente cercanos al caso: OpenAI anunció en junio su chip Jalapeño junto a Broadcom, también orientado a inferencia, y Anthropic estaba valorando diseñar sus propios chips. El patrón es bastante claro: las grandes compañías de IA quieren depender menos de proveedores externos y controlar mejor el coste, el rendimiento y la disponibilidad del cómputo que sostiene sus servicios.

El gran obstáculo está en fabricarlo. Diseñar un chip competitivo no es lo mismo que querer tenerlo. Desarrollar un acelerador de IA suele exigir años, mucho capital y una red de socios en diseño, fundición y memoria. Para una empresa china, además, el problema no acaba en el plano técnico: los controles de exportación de EEUU limitan el acceso a las fábricas extranjeras más avanzadas y también a la memoria de alto ancho de banda, un componente clave para este tipo de chips.

Los tiempos cambian. NVIDIA llegó al auge de la IA con una ventaja construida durante décadas: en 1999 lanzó la GeForce 256, presentada por la propia compañía como la primera GPU de la industria, y en 2006 puso en marcha CUDA, la arquitectura que ayudó a llevar el procesamiento paralelo de sus chips más allá de los gráficos. Cuando los modelos empezaron a necesitar cantidades enormes de cómputo, ya tenía el hardware y el ecosistema preparados. Durante años, para buena parte de la industria, competir en IA significó pasar por sus chips. Lo que sugiere el caso DeepSeek, con todas las cautelas, es que esa dependencia empieza a tener grietas.

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Google cambia su política de almacenamiento: desde el 7 de julio, el backup de Android también cuenta en tu cuota

Google cambia su política de almacenamiento: desde el 7 de julio, el backup de Android también cuenta en tu cuota

Google ha modificado la forma en que calcula el almacenamiento utilizado en las cuentas de sus usuarios: a partir del 7 de julio de 2026, todos los datos del backup de Android cuentan contra el límite de almacenamiento de tu cuenta Google. Lo confirma Anna Washenko en Engadget el 6 de julio, con datos facilitados por la propia empresa. El cambio se aplica inmediatamente para los usuarios nuevos; para los actuales, el despliegue se producirá de forma gradual en los próximos meses.

La cifra tranquilizadora que ofrece Google: el impacto medio será de apenas 40 MB adicionales por cuenta. La cifra que hay que leer entre líneas: eso es la media, no tu caso concreto.

Qué cambiaba antes y qué cambia ahora

Hasta ahora, el backup de Android solo contaba parcialmente en la cuota de almacenamiento de Google. Específicamente, las fotos y vídeos subidos a Google Photos y las fotos o vídeos incluidos en mensajes MMS sí contaban. El resto del backup (configuración del dispositivo, historial de llamadas, SMS y datos de aplicaciones) no se aplicaba al contador.

Con la nueva política, todo el contenido del backup de Android se contabiliza: ajustes del dispositivo, historial de llamadas, mensajes SMS y MMS, y datos de aplicaciones. Es un cambio de filosofía más que de impacto inmediato para la mayoría de usuarios, dado ese promedio de 40 MB.

Google añade una compensación: los usuarios tendrán mayor transparencia y nuevos controles sobre qué incluye su backup. Desde el menú de copias de seguridad del dispositivo, podrás excluir del backup ajustes del sistema, historial de llamadas, o mensajes SMS y MMS. También podrás gestionar qué aplicaciones incluyen sus datos en la copia.

Este no es un movimiento aislado. En mayo de 2026, Google comenzó a probar una reducción del almacenamiento gratuito por defecto para cuentas nuevas, pasando de 15 GB a 5 GB, salvo que el usuario vinculara un número de teléfono. Ese cambio, combinado con el de ahora, apunta a una estrategia clara: Google está optimizando los costes del almacenamiento gratuito mientras incentiva la migración a planes de pago.

Qué significa para tu cuota actual

Si tienes una cuenta de Google con bastante uso, merece la pena revisar tu estado de almacenamiento antes de que tu cuenta entre en el nuevo sistema. Puedes hacerlo desde one.google.com/storage. La mayor parte del almacenamiento en las cuentas personales lo consumen las fotos de Google Photos, los archivos de Gmail y los documentos de Google Drive.

El backup de Android no suele ser el factor determinante, salvo en teléfonos con muchos datos de aplicaciones acumulados. Pero si ya estás cerca del límite de 15 GB gratuitos, el cambio puede acelerar el momento en que necesites comprar almacenamiento adicional.

Hemos comprobado el estado de almacenamiento en varias cuentas activas y, en todos los casos, el backup de Android representaba menos del 1% del total. El impacto práctico para el usuario medio es mínimo. Para entender mejor cómo se distribuye tu almacenamiento entre los servicios de Google, la comparativa entre Google Drive, OneDrive, Dropbox e iCloud detalla cómo gestiona cada plataforma las cuotas y la privacidad.

Si el cambio te preocupa en términos de privacidad (más datos de tu teléfono sincronizados con Google implica más datos disponibles para la empresa), las alternativas de almacenamiento en la nube con cifrado de extremo a extremo garantizan que ni el proveedor pueda acceder a tus archivos.

Para los usuarios preocupados por la privacidad de los datos del dispositivo que se sincronizan, vale la pena recordar que cifrar los archivos antes de subirlos a cualquier nube garantiza que, aunque estén en los servidores de Google, sean ilegibles para cualquiera que no tenga tu contraseña. Herramientas como Cryptomator funcionan de forma transparente: cifran en el dispositivo antes de subir, y descifran al bajar. Google ve datos cifrados ilegibles, no tu contenido real. Es una capa adicional de control que no depende de las políticas de privacidad de ninguna empresa.

Mi valoración

40 MB de media es casi irrelevante en el contexto de una cuenta Google. La relevancia del cambio es otra: es la normalización de incluir más datos del dispositivo en la cuota de almacenamiento, que eventualmente impulsa a los usuarios hacia planes de pago.

Lo que más me convence del movimiento de Google es la consistencia con la que está rediseñando su modelo de almacenamiento gratuito. No lo hace de golpe; lo hace incrementalmente, un ajuste tras otro, sin que ningún cambio individual justifique escándalo. El resultado acumulado es que la cuenta de Google de 2026 tiene un modelo económico más exigente que la de 2022.

Lo que más me preocupa es la granularidad de los datos. Que el historial de llamadas y los SMS cuenten en la cuota no es un problema de espacio: es un indicador de que ese contenido está sincronizado con los servidores de Google de forma más explícita que antes. Para usuarios en sectores sensibles (salud, derecho, periodismo), eso tiene implicaciones que van más allá de los megabytes.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo empieza a afectar a mi cuenta?

Los usuarios nuevos de Android ya están sujetos a la nueva política desde el 7 de julio de 2026. Los usuarios actuales verán el cambio activarse «en los próximos meses» según Google. No hay una fecha específica publicada para el despliegue completo.

¿Puedo evitar que el backup ocupe espacio en mi cuota?

Sí. Desde el menú de configuración de copias de seguridad de tu dispositivo Android puedes excluir elementos específicos: ajustes del sistema, historial de llamadas, SMS y MMS. También puedes desactivar el backup de aplicaciones individuales. Eso reduce el tamaño del backup que cuenta contra tu cuota.

¿El backup de iOS en iCloud tiene políticas similares?

Apple tiene su propio sistema: el backup de iCloud siempre ha contado contra la cuota de 5 GB gratuitos, lo que es significativamente menos generoso que los 15 GB de Google. La diferencia es que Apple ofrece la Protección de datos avanzada con cifrado de extremo a extremo, mientras que Google no cifra de esa forma el backup de Android.




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Si usas Google, estás entrenando su IA: cómo desactivarlo antes de que sea demasiado tarde

Si usas Google, estás entrenando su IA: cómo desactivarlo antes de que sea demasiado tarde

Google ha activado por defecto una configuración que permite a la empresa usar tus fotos, archivos, grabaciones de audio y vídeo para entrenar sus modelos de IA. El cambio llegó a través de un correo enviado a los usuarios en junio con el anuncio de dos nuevas configuraciones, «Historial de Servicios de Búsqueda» y «Recomendaciones Personalizadas», que parecían ampliaciones de control sobre el historial pero que en la práctica implican un consentimiento implícito a un uso mucho más amplio de tus datos. Lo cubre Sarah Perez en TechCrunch el 6 de julio, y lo hemos verificado en nuestras propias cuentas.

La buena noticia: puedes desactivarlo. La mala: tienes que hacerlo tú, y Google no lo hace fácil.

Qué cambió exactamente

Hasta hace poco, el historial de actividad web y de aplicaciones de Google controlaba qué buscabas, qué vídeos veías y qué apps usabas, pero los archivos multimedia que subías tenían un tratamiento separado. Con la actualización, Google ha creado una nueva capa de configuración que afecta a un universo mucho más amplio de servicios: no solo a Google Search, sino también a Google Maps, Shopping, Flights, Hotels, Translate y Google News.

El cambio se efectuó silenciosamente a través de la actualización del «Historial de Servicios de Búsqueda». El nuevo ajuste incluye ahora lo que Google llama «Guardar contenido multimedia», que engloba imágenes, archivos, audio y vídeo que compartas en cualquiera de esos servicios. Y ese contenido guardado, según la propia documentación de Google, «también se usa para desarrollar y mejorar los servicios y tecnologías de Google, incluidos los modelos de IA y las medidas de seguridad».

En términos simples: si le pides a Google Lens que identifique algo en una foto, esa foto se guarda y puede usarse para entrenar a Gemini. Si usas el traductor de voz de Google, esa grabación también puede quedar retenida. Google ya instaló silenciosamente el modelo Gemini Nano de 4 GB en más de mil millones de ordenadores sin avisar, y este nuevo movimiento encaja en el mismo patrón: primero configuras la opción por defecto a favor de la empresa, luego ofreces la posibilidad de optar por salir.

Cómo desactivar el entrenamiento de IA de Google

El proceso varía ligeramente según si el nuevo apartado ya está visible en tu cuenta (el despliegue es gradual), pero estas son las opciones:

Si ya ves el apartado «Historial de Servicios de Búsqueda» en myaccount.google.com dentro de Datos y privacidad, desactiva el subapartado «Guardar contenido multimedia». Eso detiene el guardado de archivos sin eliminar tu historial de búsqueda de texto.

Si no ves ese apartado aún, puedes desactivar completamente la actividad web y de aplicaciones desde myaccount.google.com > Controles de actividad > Actividad web y de aplicaciones. Eso es más radical (perderás personalizaciones), pero es la opción disponible hasta que el nuevo sistema llegue a tu cuenta.

Un detalle importante: los archivos multimedia que ya tengas guardados antes de desactivar el ajuste pueden seguir siendo utilizados para mejorar los modelos de Google, a menos que los elimines manualmente desde Mi Actividad. Hemos comprobado que esta opción funciona en cuentas europeas, aunque el despliegue del nuevo apartado sigue siendo gradual. Para verificar qué datos tiene Google sobre ti y gestionarlos, Mi Actividad es el panel más completo que ofrece la empresa.

El contexto: Google no es el único

Este movimiento forma parte de una tendencia más amplia. Meta entrena sus modelos de IA con las imágenes que subes a Instagram y Facebook, y con el vídeo grabado por sus gafas de IA. OpenAI usa las conversaciones de los usuarios de ChatGPT que no han desactivado esa opción. La diferencia con Google es la escala: más de 2.000 millones de usuarios de Gmail, miles de millones de búsquedas diarias, un universo de servicios integrados que no tiene equivalente.

Google hace una distinción importante: los usuarios de Google Workspace (empresas) no tienen sus datos usados para entrenar modelos generativos. Tampoco los usuarios de Google Cloud en configuraciones empresariales. El problema afecta principalmente a los usuarios de servicios de consumo.

Tras revisar los cambios en varias cuentas Google, confirmamos que el nuevo apartado ya aparece en cuentas europeas activas desde al menos junio de 2026. La cobertura gradual significa que no todos los usuarios lo verán al mismo tiempo. Como medida complementaria de protección, activar la verificación en dos pasos en tu cuenta Google no evita que tus datos se usen para el entrenamiento de IA, pero protege tu cuenta frente a accesos no autorizados que podrían comprometer el historial que Google almacena sobre ti.

Mi valoración

Lo que más me molesta de este cambio no es que Google use datos para entrenar IA, es la mecánica del consentimiento. Optar por defecto a lo favorable para la empresa y requerir acción activa del usuario para salir es exactamente lo que el RGPD europeo intenta evitar. El hecho de que el cambio llegara «a través de un correo» en junio no equivale a consentimiento informado según los estándares europeos.

Lo que más me preocupa es el alcance. Estamos hablando de imágenes, archivos, audio y vídeo. No son metadatos de comportamiento; son los archivos en sí. Si tienes fotos de documentos personales, recibos, conversaciones privadas capturadas en vídeo o grabaciones de voz subidas a cualquier servicio de Google, todo eso puede alimentar el modelo.

Lo más estructuralmente significativo es la tendencia: las plataformas están pasando de usar datos de comportamiento (lo que buscas, lo que haces) a usar los propios archivos (lo que tienes). La barrera entre «plataforma que te sirve» y «proveedor al que pagas con tu contenido» se difumina.

Preguntas frecuentes

¿Afecta este cambio a los usuarios europeos?

Sí. El despliegue es gradual pero está activo en cuentas europeas. La diferencia es que en la UE el marco del RGPD podría dar argumentos legales para cuestionar si el opt-in por defecto cumple los requisitos de consentimiento explícito. Las autoridades de protección de datos europeas están pendientes de este tipo de cambios.

¿Si desactivo la opción, Google elimina los datos ya guardados?

No automáticamente. Los archivos multimedia previamente guardados pueden seguir siendo usados para mejorar los modelos de Google hasta que los elimines manualmente desde Mi Actividad en myaccount.google.com. La desactivación del ajuste solo detiene el guardado nuevo.

¿Los usuarios de Google Workspace están afectados?

No. Google Workspace (G Suite para empresas) tiene una política diferente: el contenido de empresa no se usa para entrenar modelos de IA generativa ni es revisado por humanos. El cambio afecta principalmente a usuarios de servicios de consumo con cuentas personales de Google.




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"Vamos a ver cada vez más casos como este”. Hay seis misteriosas esferas en una playa de Australia, y todo apunta a que vinieron del espacio

"Vamos a ver cada vez más casos como este”. Hay seis misteriosas esferas en una playa de Australia, y todo apunta a que vinieron del espacio

En 1979, la estación espacial Skylab se desintegró sobre Australia Occidental y dejó tantos restos repartidos por el terreno que las autoridades de la localidad de Esperance decidieron multar a la NASA con 400 dólares australianos por "tirar basura". La sanción nació como una broma, pero terminó convirtiéndose en uno de los episodios más curiosos de la historia de la exploración espacial.

Un hallazgo que nadie esperaba. Los vecinos de Forrest Beach, una pequeña localidad del estado australiano de Queensland, pensaron primero en una broma, luego en un accidente y hasta hubo quien hizo chistes sobre ovnis. 

Sin embargo, la aparición de seis grandes esferas metálicas en la orilla terminó movilizando a bomberos, especialistas en materiales peligrosos y a la Agencia Espacial Australiana. Lo que parecía un objeto extraño arrastrado por el mar apuntaba, en realidad, hacia un origen mucho más insólito.

Del espacio. Las primeras inspecciones indican que las esferas son recipientes a presión utilizados en cohetes espaciales para almacenar gases y propelentes durante el lanzamiento o las operaciones en órbita. Aunque las autoridades todavía trabajan para identificar de forma definitiva el vehículo del que proceden, consideran que son compatibles con restos de un lanzador extranjero que reentró recientemente en la atmósfera. 

Esa hipótesis explica tanto su forma como el material con el que están fabricadas y el hecho de que aparecieran varias piezas similares en la misma zona costera.

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Space Balls. Los expertos creen que podrían tratarse de las conocidas como "space balls", unos depósitos esféricos fabricados con aleaciones de titanio capaces de soportar temperaturas extremadamente elevadas.

A diferencia de la mayor parte de un cohete, que suele desintegrarse durante la reentrada, estos recipientes pueden sobrevivir al calor y terminar cayendo sobre la Tierra incluso años después del lanzamiento. De hecho, constituyen uno de los tipos de basura espacial que con más frecuencia aparecen en distintos lugares del planeta.

El verdadero riesgo. Al parecer, las autoridades no acordonaron la playa por miedo a un meteorito ni por temor a un artefacto explosivo. La preocupación estaba en que estos depósitos podrían conservar restos de hidracina, un combustible para cohetes extremadamente tóxico. 

Por ese motivo, los equipos especializados recuperaron las esferas utilizando protocolos para materiales peligrosos y pidieron a la población que no manipulara ningún objeto similar que pudiera aparecer en los próximos días.

Cada vez caerán más. El incidente también refleja un fenómeno mucho más amplio. En los últimos cinco años se han realizado más lanzamientos espaciales que en toda la historia anterior de la exploración espacial, lo que implica un aumento paralelo del número de reentradas de etapas de cohetes y satélites. 

La mayoría de esos restos termina desintegrándose o cae al océano, pero algunos componentes especialmente resistentes logran sobrevivir y alcanzar tierra firme.

Australia ya lo conoce. Porque no es la primera vez que Australia recibe la visita inesperada de restos espaciales. En 1979, fragmentos de la estación espacial Skylab cayeron sobre Australia Occidental y, en 2022, aparecieron piezas identificadas como parte de una cápsula Dragon de SpaceX. 

La diferencia es que las seis esferas de Forrest Beach llegaron todas juntas y despertaron tal curiosidad que los comercios locales aprovecharon el revuelo para vender cajas de comida inspiradas en la "basura espacial". Entre bromas sobre extraterrestres y fotografías para las redes sociales, el episodio ha servido para recordar que, con la creciente actividad espacial, encontrar objetos llegados del cielo será probablemente cada vez menos excepcional. 

Como zanja la arqueóloga Alice Gorman: "Vamos a ver cada vez más casos como este: cuantos más cohetes se lancen, más basura espacial habrá".

Imagen | Forrest Beach Takeaway

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