24 de agosto de 2026

CISA exige parchear un fallo de Zimbra que ya se explota para ejecutar comandos sin autenticación

CISA ha incluido la vulnerabilidad CVE-2026-73570 de Zimbra Collaboration Suite en su catálogo de fallos explotados, y ha marcado una ventana de mitigación inmediata. El defecto permite ejecutar comandos de forma remota sin autenticación en servidores con zimbra-snmp y notificaciones SNMP activadas.

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La Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras de Estados Unidos, CISA, ha ordenado aplicar con urgencia la corrección de CVE-2026-73570, un fallo de Zimbra Collaboration Suite (ZCS) con evidencias de explotación activa. La directiva afecta de forma directa a los organismos federales civiles estadounidenses, pero en la práctica coloca en máxima prioridad a cualquier organización que mantenga servidores Zimbra expuestos a Internet y que procese correo entrante desde redes no confiables.

El problema abre la puerta a ejecución remota de comandos sin necesidad de autenticación. El vector no aparece en todas las instalaciones: la explotación se activa cuando el administrador instaló el paquete opcional zimbra-snmp y además habilitó las notificaciones SNMP. En ese escenario, un atacante puede enviar solicitudes SMTP manipuladas para desencadenar una inyección de comandos a nivel de sistema operativo, con ejecución de órdenes arbitrarias con los permisos del usuario zimbra. En un servidor de correo, esa posición resulta especialmente delicada, porque combina exposición constante, capacidad de procesar entradas externas y acceso a componentes críticos del servicio.

Zimbra corrigió el fallo en Zimbra Collaboration Suite 10.1.20, publicada el 20 de julio de 2026. Más tarde, CISA añadió la vulnerabilidad al catálogo Known Exploited Vulnerabilities (KEV) el 21 de agosto de 2026, un paso que suele reservar para defectos con explotación constatada. La agencia fijó como fecha límite de mitigación para el entorno FCEB el 24 de agosto de 2026, un margen muy corto que funciona como termómetro del riesgo operativo.

La actualización, aun siendo prioritaria, no debería cerrar el incidente por sí sola. Se han descrito indicios que obligan a mirar a los registros y al estado del servidor: reinicios inesperados del servicio de Zimbra, actividad anómala del usuario zimbra y creación reciente de ficheros en rutas sensibles como /opt/zimbra/jetty/webapps/, /opt/zimbra/jetty_base/webapps/ y /tmp/. La recomendación práctica pasa por confirmar primero si zimbra-snmp está instalado y si SNMP envía notificaciones, para medir la exposición real, y después aplicar 10.1.20 o superior.

Tras parchear, conviene validar que la versión ha cambiado, reiniciar el servicio de forma controlada y comprobar que todo queda estable. Si hay sospecha de intrusión, el siguiente paso consiste en ampliar la respuesta: búsqueda de persistencia, revisión de anomalías de autenticación, análisis de conexiones salientes inusuales y, si procede, rotación de credenciales asociadas al servidor. En fallos preautenticación como este, llegar tarde no significa solo ‘actualizar’, también implica confirmar que nadie entró antes.

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El CEO de Flock Safety pide «compromiso» mientras los vecinos destrozan sus cámaras en 36 estados

El CEO de Flock Safety pide "compromiso" mientras los vecinos destrozan sus cámaras en 36 estados

La empresa de vigilancia más grande de EE.UU. tiene un problema de relaciones públicas tan gordo como su red de cámaras. Flock Safety, la startup de Atlanta valorada en 7.500 millones de dólares que opera más de 120.000 lectores automatizados de matrículas en 7.000 ciudades de todo el país, ha pasado los últimos meses bajo un escrutinio creciente que ha derivado en algo inusual: ciudadanos norteamericanos destrozando físicamente equipamiento de vigilancia policial en calles, avenidas y barrios residenciales de al menos 36 estados.

La respuesta del CEO, Garrett Langley, en una entrevista en Fox News el sábado 22 de agosto es la que le ha dado nombre al debate: «Lo que tenemos que priorizar como país es el compromiso. ¿Cómo tenemos seguridad y cómo equilibramos la privacidad?» La frase captura perfectamente la tensión que define el caso Flock: una empresa que construyó la infraestructura de vigilancia pública más extensa del país sin que nadie votara explícitamente si quería vivir bajo ella.

¿Qué hace Flock Safety y por qué se ha convertido en un símbolo?

Los sistemas de Flock leen la matrícula de cada vehículo que pasa, registran el tiempo, la ubicación y la imagen del coche, y almacenan esa información en una base de datos centralizada accesible para los departamentos de policía locales. En 2026, Flock también opera cámaras en drones y sistemas de detección de disparos. Sus clientes son los propios cuerpos de seguridad: Flock no vende a particulares, pero sí tiene contratos con asociaciones de vecinos.

El modelo generó apoyo inicial precisamente porque funciona. Langley cita un millón de crímenes resueltos y 10.000 personas desaparecidas localizadas como resultado del sistema. Los departamentos de policía que usan Flock reportan casos donde el lector de matrículas identificó un vehículo sospechoso en 33 minutos después de un asesinato.

El problema es lo que ocurre con los datos cuando se usan fuera del propósito declarado. The Washington Post identificó 46 casos documentados de abuso policial del sistema, incluyendo agentes usando los datos de Flock para localizar y acosar a ex parejas románticas. ICE (Inmigración y Control de Aduanas) ha accedido a las bases de datos de Flock de jurisdicciones locales para operaciones de deportación, incluso en estados donde los gobiernos locales habían prometido no cooperar con ICE.

¿Qué medidas ha tomado la empresa en respuesta?

Después de meses de presión mediática, Flock anunció el 14 de agosto una revisión integral de sus protocolos: reducción del período de retención de datos de 30 días a 7 días, implementación de controles anti-abuso automáticos que detectan comportamientos de búsqueda anómalos, y un sistema de auditoría de acceso más estricto.

Langley también llamó a los reguladores estatales a «enfocarse menos en prohibir esta tecnología y más en responsabilizar a las fuerzas del orden». Es un movimiento defensivo clásico de empresa tecnológica bajo presión: autorregulación anunciada antes de que llegue la regulación externa, con la esperanza de que la segunda nunca llegue.

No está convenciendo a todo el mundo. El senador Bernie Sanders ha propuesto prohibir directamente la tecnología. El representante Tim Burchett ha impulsado recortar la financiación federal a instalaciones locales. Alrededor de 100 ciudades han desactivado cámaras, rechazado propuestas o cancelado contratos. Amazon canceló su alianza con Flock en febrero de 2026 después de que un anuncio del Super Bowl que mostraba la tecnología para encontrar perros perdidos desencadenara un boicot viral.

La campaña de Halloween y el «movimiento deFlock»

El episodio más revelador del estado del debate es la campaña que está circulando en redes sociales: el Halloween de 2026 como «noche de acción» contra las cámaras Flock. El movimiento propone que el 31 de octubre se convierta en una jornada coordinada de sabotaje simbólico. The Register contactó al equipo de medios de Flock para preguntar por la campaña y recibió una respuesta automática: «El equipo de medios se está tomando un descanso y recuperando la capacidad de formar frases coherentes.»

Los competidores de Flock, encabezados por Axon, están viendo una oportunidad. La empresa, que ya provee cámaras corporales y armamento a fuerzas del orden, dice estar posicionada para reemplazar los sistemas de Flock en las ciudades que han cancelado contratos. Los expertos en privacidad advierten que cambiar de Flock a Axon no resuelve el problema estructural: es cambiar de un sistema de vigilancia masiva a otro.

El caso Flock es el argumento más concreto disponible sobre qué ocurre cuando una infraestructura de vigilancia se despliega a escala sin marcos regulatorios claros que precedan al despliegue. La tecnología funciona. También produce abusos documentados. Y la pregunta sobre si el primer argumento es suficiente para aceptar el segundo es exactamente el tipo de pregunta que la democracia tendría que responder antes del despliegue masivo, no años después. El debate sobre quién controla las herramientas de IA en el espacio público tiene en Flock su caso más concreto y más cotidiano: no es hipotético, ya está en las calles. La combinación de seguridad online y privacidad que los ciudadanos negocian en el mundo digital tiene ahora una extensión física que nadie votó. Y la pregunta de quién supervisa a quienes tienen acceso a los datos es tan relevante para Flock como para cualquier sistema de vigilancia conectado.

¿Cuál es el marco legal actual?

El debate sobre las cámaras Flock pone de manifiesto un vacío regulatorio notable en EE.UU.: no existe legislación federal que regule el despliegue masivo de lectores automáticos de matrículas. La regulación es estatal y fragmentada. California, por ejemplo, exige que los departamentos de policía que usan ALPR públicos publiquen políticas de uso y datos de acceso anuales. Nueva York tiene restricciones similares. Pero en decenas de estados, Flock puede desplegarse sin ningún requisito de auditoría o notificación pública. El contraste con la Unión Europea —donde el Reglamento General de Protección de Datos exige consentimiento o interés legítimo documentado para cualquier tratamiento de datos de localización— es marcado. Los defensores de la privacidad argumentan que una red que registra la ubicación de cada coche en 7.000 ciudades con retención de 30 días (ahora reducida a 7 tras el escándalo) equivale a geolocalización masiva sin ningún proceso judicial. El uso de Flock por ICE para operaciones de deportación en jurisdicciones «santuario» —que habían prometido no cooperar con las autoridades federales de inmigración— es el episodio que más ha erosionado la confianza: documenta que los datos recogidos con un propósito pueden usarse para propósitos radicalmente diferentes por actores que la ciudad no eligió autorizar.




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23 de agosto de 2026

Llevamos medio siglo intentando demostrar con la ciencia que existe el "más allá". Los resultados apuntan a otra parte

Llevamos medio siglo intentando demostrar con la ciencia que existe el "más allá". Los resultados apuntan a otra parte

Una de las grandes preguntas que tiene la humanidad está en el más allá y en cómo podemos probar su existencia. Y aunque recurrimos a la ciencia para poder saber qué ocurre cuando morimos, de momento no tenemos una respuesta que dar. Aunque sí es cierto que la neurociencia sigue avanzando en el campo de las experiencias cercanas a la muerte (ECM), apuntando a un proceso que es sin duda muy complejo. 

Faltan estudios robustos. Uno de los principales problemas al abordar este tema en la divulgación es la confusión entre correlación, causalidad y autoridad. Que figuras eminentes como el cardiólogo Valentín Fuster o el premio Nobel de Física Robert W. Wilson prologuen libros sobre "supraconciencia" o supuestas "pruebas de Dios" no equivale a una validación científica de sus tesis. 

Del mismo modo, se suele recurrir a casos impactantes como el de Eben Alexander, el neurocirujano de Harvard que relató su viaje "al más allá" durante un coma. Sin embargo, desde el rigor científico, esto no deja de ser una experiencia completamente aislada, sin que exista una verificación independiente que demuestre que su cerebro estuviera totalmente inoperativo. 

Y hay más argumentos. El conocido "ajuste fino" del universo, que es la idea de que las constantes cosmológicas parecen diseñadas para albergar vida, también se suele esgrimir como prueba científica. No obstante, como señala el filósofo Carlos Blanco, esto es un debate filosófico que incurre en la falacia de afirmación del consecuente, puesto que existen explicaciones alternativas (como el multiverso o el azar) que no requieren intervención divina.

La luz al final del túnel. Si nos centramos en los que dice la ciencia sobre las ECM, hay diferentes estudios que apuntan a que entre un 10 y un 20% de los pacientes críticos que han sobrevivido a un paro cardiaco han tenido estas experiencias. 

Sin embargo, el hecho de que la experiencia sea real para quien la vive no implica que su origen sea sobrenatural. El modelo científico más robusto en la actualidad lo ha propuesto el equipo de Charlotte Martial en una reciente revisión sistemática. Este trabajo, de máximo rigor, postula un modelo neurocientífico que explica las ECM como el resultado directo de procesos neurobiológicos en cerebros sometidos a un estrés extremo.

Tiene una explicación. Son diferentes análisis neurofuncionales los que apuntan a que la sensación de ver una luz al final de un túnel, la paz y el hecho de ver momentos vitales pasar por la cabeza son por "culpa" de los estados alterados de conciencia y la falta de oxígeno en el cerebro. De hecho, perspectivas neurocientíficas previas ya advertían sobre las graves limitaciones metodológicas de aquellos estudios que intentan afirmar que existe percepción sin un sustrato fisiológico.

Mucho por investigar. En 2025 se analizaron 775 artículos que se han hecho a lo largo de casi 50 años sobre las ECM, y lo que se concluyó fue que este sigue siendo un campo teóricamente fragmentado que necesita marcos integradores y un mayor rigor metodológico. Pero los que la ciencia sí avala sin reservas es el impacto transformador a largo plazo de estas experiencias.

Aquí, un estudio de 2024 comparó a 834 personas que vivieron una ECM frente a 42 que enfrentaron situaciones mortales sin experimentarlas, encontrando transformaciones espirituales y psicológicas significativas en el primer grupo. De esta manera, podemos saber que una ECM cambie la vida, pero que eso demuestre que el alma viaja a otra dimensión es una deducción que la ciencia actual no respalda.

Imágenes | Adrien Olichon

En Xataka | Hemos creído toda la vida que "morir de pena" era un mito romántico. La ciencia tiene claro que hay algo de verdad

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Ni "detox digital" extremo ni apología de la pereza: lo que la ciencia dice de verdad sobre cómo desconectar

Ni "detox digital" extremo ni apología de la pereza: lo que la ciencia dice de verdad sobre cómo desconectar

En un mundo hiperconectado como el que vivimos ahora mismo, donde las notificaciones de los móviles casi que rigen nuestras vidas, la idea de desconectar de manera abrupta parece la mejor solución para mejorar nuestra propia salud. Pero la realidad es mucho más compleja de lo que imaginamos y la ciencia apunta que no es necesario hacer una 'desconexión total', sino que basta con poner unos límites claros. 

El 'detox digital'. Es innegable que la sobredosis tecnológica nos pasa factura. Un reciente estudio publicado en JAMA demostró que, en adultos jóvenes de entre 18 y 24 años, reducir drásticamente el uso de redes sociales durante una semana lograba disminuir la ansiedad en un 16,1%, la depresión casi un 25% y el insomnio un 14,5%. Y con estas cifras encima de la mesa, parece lógico querer poner el modo avión en nuestro dispositivo y dejarnos llevar hacia una desconexión total. 

Hay algunos 'peros'. Aquí la ciencia apunta que el 'detox' temporal no es una panacea como nos quieren vender. En este caso, una revisión publicada este mismo año en Scientific Reports analizó diez estudios con más de 4.600 participantes y llegó a una conclusión incómoda para los defensores de la desconexión total: dejar las redes temporalmente no mejora de forma clara ni consistente el bienestar emocional ni la satisfacción vital.

Lo que sí sabemos es que el impacto de la tecnología no es "todo bueno" o "todo malo", sino que depende del tipo de uso, del contexto y de cada persona. El detox extremo intermitente suele ser un parche a corto plazo, pero no es una solución estructural para toda una vida. 

La importancia de la pausa. Cuando pensamos en el hecho de que necesitamos estar haciendo el vago y desconectado de todo, es común citar el famoso texto homónimo de Paul Lafargue de 1880. Pero aquí hay varios puntos importantes, puesto que Lafargue escribía un brillante manifiesto político contra la explotación laboral en plena Revolución Industrial, no un paper sobre fisiología o salud mental.

De esta manera, traducir hoy esa pereza como "inactividad total" en el sofá es un error metabólico. Lo que la ciencia sí respalda sin fisuras no es el sedentarismo, sino la pausa activa, puesto que aquí un contundente estudio con cerca de 20.000 participantes demostró que caminar apenas 5 minutos cada media hora durante nuestras largas jornadas de silla y pantalla reduce los picos de glucosa postprandial en un 60%, baja la presión arterial y mejora drásticamente la fatiga y el estado de ánimo.

Lo correcto. Si la solución no es tirar el router por la ventana, ¿entonces qué? Aquí la evidencia clínica es tajante al apuntar que la gestión y el uso consciente aplastan al detox completo. Por ejemplo, un ensayo de 12 semanas comprobó qué ocurría al enfrentar el uso consciente guiado frente a la abstinencia total y los resultados apuntaron que el grupo que aplicó un uso consciente redujo el uso problemático en un 34%, aumentó su bienestar un 28% y mejoró su calidad de sueño un 41%. 

Por contra, el grupo que desconectó completamente de su mundo digital experimentó mejoras iniciales importantes que se esfumaron a las tres semanas, sufriendo un duro efecto rebote. 

El control. En pocas palabras, la tecnología no es un veneno del que debemos desintoxicarnos completamente, sino que hay que regularse. Un punto aquí bastante importante es que el problema no es el dispositivo en sí, sino el uso pasivo y el consumo compulsivo con el famoso doomscrolling. 

Para poder tener una relación más sana con la tecnología, lo correcto es aplicar diferentes límites, como, por ejemplo, un tiempo máximo de uso en algunas apps, apagar las notificaciones, sacar el móvil de la habitación al dormir y fomentar la autorregulación propia. 

Imágenes | Brett Sayles 

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Hay tantos satélites en el espacio que alguien ha encontrado una solución para que no molesten: la pintura más negra del mundo

Hay tantos satélites en el espacio que alguien ha encontrado una solución para que no molesten: la pintura más negra del mundo

Noches de verano como esta son ideales para alejarse de la civilización, levantar la vista y deleitarse con el espectáculo del cielo. El eclipse de hace unos días es un buen ejemplo, pero también están las míticas Perseidas o simple y llanamente, ver las estrellas y constelaciones... y un montón de satélites. Porque sí, el cielo está plagado de satélites y subiendo. Como el lanzamiento de satélites no va a parar, a alguien se le ha ocurrido una idea para ya que están, al menos no verlos: hacerlos negrísimos.

Houston, tenemos un problema. Dejando al margen que la órbita de la Tierra es ya un vertedero enorme, es que la presencia masiva de satélites pasa factura a los telescopios, ya que reflejan la luz solar generando destellos y estelas. Como consecuencia, vemos peor (o no vemos) asteroides o galaxias lejanas.

La autora principal del estudio, la astrofísica Astha Chaturvedi de la Universidad de Surrey, lo resume así: "el cielo nocturno es una de las ventanas más antiguas de la humanidad al universo, pero cada vez es más difícil ver las cosas". Teniendo en cuenta que en la hoja de ruta de muchas instituciones y empresas está lanzar más satélites, el problema se agrava. Según la Agencia Espacial Europea, hoy hay más de 14.000 satélites en órbita y la Universidad de Surrey estima que la cifra podría llegar a 60.000 para 2030.

Negro, negro como el sobaco de un grillo. Lo que el equipo de la universidad británica ha propuesto es usar un recubrimiento ultranegro, el Vantablack 310, para comprobar si así es posible reducir el brillo de los satélites lo suficiente como para dejar de interferir en la astronomía. Pensado para resistir las condiciones del espacio, absorbe casi toda la luz que le llega: solo refleja un 2%, de acuerdo con pruebas de laboratorio. Además, la poca luz que refleja lo hace de forma difusa, evitando los destellos.

Las pruebas. En las pruebas, un satélite con este recubrimiento fue casi tan tenue como recomienda la Unión Astronómica Internacional para no molestar a los astrónomos: en el peor de los casos obtuvo una magnitud de 6,7, justo por debajo del umbral recomendado de 7 (cuanto más alto, mejor). A modo de referencia, un satélite Starlink de SpaceX sin recubrir obtuvo una magnitud de solo 3,7, es decir, mucho más brillante. Bajo el microscopio, el equipo encontró que su estructura es similar al coral, con pequeños huecos que "atrapan" la luz en lugar de reflejarla.

No es el primer intento. No es la primera vez que la ciencia intenta atenuar las molestias de los satélites. SpaceX ya había probado dos formas de oscurecer sus satélites Starlink: una con pintura oscura (DarkSat) y otra con una especie de visera que bloquea el reflejo del Sol (VisorSat). Ambos proyectos redujeron el brillo, pero no lo suficiente. Vantablack 310 ha resultado ser mejor que ambas propuestas de SpaceX.

Porque la novedad de Vantablack 310 es que no depende de piezas móviles ni de modificar el diseño de la nave, ya que esencialmente es un cambio de material. Como explica Chaturvedi, "decisiones relativamente sencillas sobre materiales podrían marcar una diferencia significativa en cómo afectan los satélites a las observaciones astronómicas, sin necesidad de grandes cambios en el diseño de la misión".

Qué viene después. Tras las diferentes pruebas y comparativas en entorno controlado, este recubrimiento se testará en condiciones reales a bordo de la misión Jovian-1, un pequeño satélite universitario desarrollado por las universidades de Surrey, Portsmouth y Southampton. Así comprobarán si este material funciona también en el espacio como en el laboratorio.

Sí, pero. Aunque Vantablack 310 resulte ser un éxito también en el espacio, el equipo explica que "este estudio aborda únicamente el rendimiento óptico" del material, pero todavía queda pendiente de comprobar el comportamiento térmico de la nave, la durabilidad ambiental o la integración del sistema completo, lo que requiere muchas más pruebas en laboratorio y en el espacio.

Además, aunque logre reducir el brillo, el problema se oscurece y casi desaparece a la vista, pero sigue allí: la basura espacial es enorme y en aumento, lo que implica otros riesgos como los ambientales o las posibles colisiones.


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Portada | ChatGPT



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