15 de febrero de 2026

La ciencia llevaba años buscando alternativa a los ratones de laboratorio sin éxito. Hasta que encontró a las polillas

La ciencia llevaba años buscando alternativa a los ratones de laboratorio sin éxito. Hasta que encontró a las polillas

En el mundo de la ciencia, el ratón ha sido durante décadas el rey indiscutible del laboratorio. Sin embargo, es un reinado costoso, lento y, sobre todo, éticamente complejo. Es por ello que llevamos años buscando alternativas, y la respuesta podría no estar en un chip de silicio, sino en un insecto que probablemente has visto alguna vez comiéndose la cera de una colmena.

El avance. Esto es a lo que han llegado los investigadores de la Universidad de Exeter, que han logrado un hito que promete cambiar las reglas del juego en la lucha contra las superbacterias: han "hackeado" genéticamente larvas de polilla de la cena para que funcionen como indicadores biológicos en tiempo real. 

Lo más impresionante es que tienen hasta un indicador muy visual: brillan cuando se enferma y se apagan cuando el medicamento funciona correctamente. 

El semáforo biológico. El estudio, publicado esta semana en Nature, detalla cómo el equipo investigador ha logrado lo que parecía imposible: aplicar herramientas de edición genética avanzada en estas polillas con una precisión sin precedentes. Y se que esto es muy importante, puesto que usar insectos para modelar enfermedades humanas tenía limitaciones, pero este equipo ha combinado dos técnicas clave. 

Las técnicas. La primera de ellas es el sistema PiggyBac para poder insertar genes que producen proteínas fluorescentes en estas polillas, por lo que básicamente han pasado de tener larvas a "luces de neón" biológicas. De esta manera, si se inyectan bacterias u hongos, la fluorescencia permite controlar la infección en vivo bajo el microscopio. 

Además, también se incluyó la famosa técnica CRISPR-Cas9 para desactivar genes específicos en el organismo del insecto. Esto es algo tremendamente positivo, ya que permite a los científicos manipular el sistema inmune de la larva para ver cómo reacciona ante diferentes patógenos, imitando condiciones humanas complejas. 

El dato clave. El resumen de todo radica en que las larvas modificadas permiten ver si un antibiótico está funcionando en tiempo real. El indicador que tenemos está en la fluorescencia, que si disminuye nos apunta a que la bacteria está muriendo por el antibiótico y la larva está sobreviviendo. Todo esto de una manera visual, rápida y barata. 

Por qué la polilla. Puede sonar extraño comparar una polilla con un mamífero como es el ratón que se puede parecer más a nosotros, pero la Galleria mellonella tiene un as bajo la manga: su temperatura corporal.

A diferencia de la mosca de la fruta, estas larvas pueden criarse y sobrevivir cómodamente a 37°C, la temperatura media del cuerpo humano, lo que es crucial porque muchos patógenos humanos solo activan sus genes de virulencia a esa temperatura. Además, su sistema inmune innato es sorprendentemente similar al de los mamíferos en cuanto a estructura y función de fagocitos, las células que literalmente se 'comen' a los patógenos que entran en el organismo. 

Además, con este modelo animal se pueden evitar el uso de 10.000 ratones al año solo en el Reino Unido.

Contra el reloj de la resistencia. El contexto de este avance no es trivial, puesto que estamos ante una carrera contra la resistencia de las bacterias a nuestros antibióticos. Necesitamos en este momento probar miles de nuevos compuestos rápido, y hacerlo en ratones es un cuello de botella brutal tanto por el tiempo que se necesita como por las cuestiones éticas que se plantean. 

En su contra, estas larvas transgénicas permiten hacer un cribado masivo. En lugar de esperar semanas para ver resultados en los ratones, los científicos aquí pueden probar cientos de compuestos en larvas y obtener lecturas visuales inmediatas sobre la toxicidad y la eficacia. 

Imágenes | Wikipedia Kalyan Sak

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La Tierra no fue un infierno de magma: unos investigadores han descubierto "continentes perdidos" de hace 4.000 millones de años

La Tierra no fue un infierno de magma: unos investigadores han descubierto "continentes perdidos" de hace 4.000 millones de años

La idea que tenemos de la Tierra primigenia pasa por una enorme bola de magma incandescente y unas condiciones incompatibles con la vida. ¿El problema? Que no hay rocas de hace 4.300 millones de años para confirmar esa teoría consolidada. Lo que sí que tenemos son unos cristales microscópicos llamados circones. Y los circones están contando una historia distinta, según recoge este estudio de un equipo de investigación de la Universidad de Wisconsin-Madison publicado en Nature.

Lo que dice el zircón. Sobre el comportamiento de la superficie terrestre, la geología valoraba dos ideas para ese periodo conocido como Hadeico: que existía una tectónica de placas donde una placa se hunde bajo otra o que la Tierra tenía una especie de tapa estancada, una superficie rígida y caliente donde el calor solo escapaba por grandes columnas de magma. 

Pues ni lo uno ni lo otro, los dos: los zircones dejan constancia de una Tierra que ya tenía océanos, agua líquida y una corteza que alternaba ambos sistemas. John Valley, el geocientífico de la Universidad de Wisconsin-Madison que lidera el estudio explica que "Hubo unos 800 millones de años de historia de la Tierra en los que la superficie ya era habitable, aunque no tenemos evidencia fósil y no sabemos cuándo surgió la vida por primera vez."

Por qué es importante. Porque determinan que la Tierra no eligió un único modelo, sino que ambos procesos tuvieron lugar al mismo tiempo en diferentes lugares. Eso sí, no era una tectónica de placas estable como la que hay hoy en día, sino que tenía episodios violentos y cortos de deslizamientos de los bordes de una placa por debajo de otra (subducción) que convivían con grandes chorros de magma que ascendían desde el interior de la Tierra.

Este hallazgo es clave para entender cómo se movía la superficie de la Tierra, la formación de los continentes y la vida. Por un lado, sin tectónica, no existiría la corteza continental félsica que flota sobre el manto y conforma las tierras sobre las que vivimos. Por otro, la tectónica de placas regula el clima y recicla nutrientes, así que saber cuándo empezó a funcionar ayuda a entender cuándo la Tierra se volvió un lugar compatible con la vida.

Cómo lo analizaron. El equipo de John Valley analizó los populares circones de Jack Hills (Australia Occidental). Estos minerales del tamaño de un grano de arena son una especie de cápsula del tiempo que albergan el único registro directo de los primeros 500 millones de años de la Tierra. Buscaban "huellas dactilares" químicas que revelaran dónde y cómo se formaron, para lo que emplearon tecnología WiscSIMS de alta resolución. Después, compararon los resultados del análisis con otros circonios del Eón Hádico encontrados en Barberton (Sudáfrica). Cada uno contaba una historia distinta.

Sorpresas en el "ADN" del mineral. El 47% de los circones oceánicos tenían niveles altos de Uranio respecto al Niobio, lo que indica que se formaron en zonas de subducción donde el agua de los océanos se hunde en el manto. Por otro lado, los circones sudafricanos muestran que nacieron de roca virgen del interior del planeta, lo que confirmaba la teoría clásica de la 'tapa estancada' por la cual la primera superficie sólida de la Tierra era rígida e inmóvil. 

O lo que es lo mismo: mientras que en Australia la corteza se hundía y creaba protocontinentes, en lo que en la actualidad es Sudáfrica la Tierra tenía un comportamiento distinto, con una corteza rígida y estancada. Es decir, que la Tierra primigenia era un mosaico de estilos tectónicos. La Tierra no pasó de ser un infierno a ser como es hoy de la noche a la mañana, sino que fue un proceso híbrido y generó las condiciones necesarias para la vida antes de lo que pensábamos.


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Portada |  Tomáš Malík y Javier Miranda

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Llevamos décadas soñando con la "gasolina solar" infinita. Un nuevo material inspirado en las plantas acaba de demostrar que es posible

Llevamos décadas soñando con la "gasolina solar" infinita. Un nuevo material inspirado en las plantas acaba de demostrar que es posible

La naturaleza lleva millones de años guardando un secreto a plena luz del día: la fotosíntesis. Durante décadas, la ciencia ha perseguido el sueño de replicar este proceso para crear combustibles limpios y sostenibles, pero la "fotosíntesis artificial" siempre se ha topado con muros de ineficiencia y complejidad técnica. Hasta ahora.

En corto. Un equipo de investigadores chinos ha desarrollado un método que imita el proceso natural para transformar dióxido de carbono (CO2) y agua en los componentes básicos de la gasolina. Ya no hablamos de teoría abstracta; se trata de un sistema capaz de crear "combustible solar" sin depender de aditivos químicos costosos, acercándonos al santo grial de la energía renovable.

El avance, publicado recientemente en la revista Nature Communications, proviene de un equipo conjunto de la Academia de Ciencias de China y la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong. Los investigadores han diseñado un nuevo material compuesto: trióxido de tungsteno modificado con átomos de plata (Ag/WO3).

El fin de los "trucos" químicos. Lo verdaderamente revolucionario de este "polvo mágico" no es solo su composición, sino lo que consigue evitar. Hasta la fecha, la mayoría de intentos de fotosíntesis artificial hacían trampa: utilizaban "agentes de sacrificio", aditivos químicos orgánicos (como la trietanolamina) que facilitaban la reacción pero que se consumían irreversiblemente en el proceso, haciéndolo insostenible y caro a gran escala.

Este nuevo sistema rompe esa barrera. Según detalla el estudio científico, el catalizador logra la conversión impulsada por luz utilizando únicamente agua pura (H2O) como donante de electrones. Sin aditivos, sin trucos. El resultado de esta reacción es la producción eficiente de monóxido de carbono (CO). Aunque suena a sustancia nociva por sí sola, en la industria química esta molécula es oro puro: es un intermedio clave que, mezclado con hidrógeno, forma el "gas de síntesis" necesario para fabricar hidrocarburos complejos como el metanol o la gasolina sintética.

Combustible del aire. Estamos ante la puerta de entrada a los "combustibles solares". La importancia de este hallazgo radica en su capacidad para descarbonizar sectores que las baterías eléctricas no pueden cubrir fácilmente, como la aviación comercial o el transporte marítimo pesado.

Además, los investigadores destacan en su paper que han dado con una "estrategia universal". Su material (Ag/WO3) no es un invento aislado, sino un "cargador" versátil que puede acoplarse a diversos tipos de catalizadores (como la ftalocianina de cobalto, C3N4 o Cu2O) y mejorar su rendimiento de forma drástica. De hecho, al combinar este material con cobalto (CoPc), lograron una eficiencia 100 veces superior a la del catalizador actuando por su cuenta, igualando el rendimiento de los sistemas antiguos que usaban aditivos contaminantes. Es economía circular pura: capturar el gas que calienta el planeta (CO2) y convertirlo en un recurso valioso.

El secreto está en imitar a las hojas. Para entender cómo lo han logrado, hay que mirar una hoja de árbol. En la fotosíntesis natural, los procesos de romper el agua y fijar el CO2 están separados. Las plantas utilizan una molécula llamada plastoquinona (PQ) para transportar y "almacenar" temporalmente los electrones excitados por el sol antes de usarlos, actuando como un buffer de energía. Sin este almacén intermedio, los electrones se perderían antes de poder usarse.

Los científicos chinos se preguntaron: "¿Podemos construir una plastoquinona artificial?". Y la respuesta fue el tungsteno. El material desarrollado funciona como un reservorio de carga bioinspirado:

  • La batería: Bajo la luz solar, el tungsteno cambia su estructura química (una oscilación de valencia de W6+ a W5+), atrapando electrones de manera temporal como si fuera una micro-batería.
  • El puente: Cuando el sistema necesita energía para convertir el CO2, los átomos de plata (Ag) actúan como un puente, liberando esos electrones almacenados justo en el momento preciso para recombinarse con los "huecos" del catalizador.

Esto resuelve el gran problema de la fotosíntesis artificial: la gestión del tiempo y la carga. Mientras el agua se oxida, el sistema "guarda" la energía solar para tenerla lista cuando entra el CO2.

Del laboratorio al mundo real. Lo mejor de esta investigación es que no se ha quedado en una simulación teórica bajo lámparas perfectas. El equipo construyó un dispositivo experimental equipado con una lente Fresnel (para concentrar la luz) y lo sacó al exterior para probarlo bajo luz solar natural.

Los datos del experimento al aire libre son reveladores:

  • Ritmo solar: El sistema comenzó a producir gas detectable desde las 9:00 de la mañana, alcanzando su pico de producción entre las 13:00 y las 14:00 horas, siguiendo fielmente la intensidad del sol.
  • Durabilidad: El sistema demostró una robustez envidiable, manteniendo su eficacia durante ciclos de prueba de 72 horas sin mostrar una desactivación significativa.

Un puente hacia el futuro. Según reporta el South China Morning Post, este avance tiende un puente crítico entre la energía renovable y las aplicaciones industriales de alta demanda.

Los autores del estudio concluyen que su trabajo no solo elimina la necesidad de agentes de sacrificio insostenibles, sino que proporciona un principio de diseño versátil para construir sistemas fotocatalíticos autónomos. Aunque todavía queda camino para ver estaciones de servicio solares, la ciencia básica —el mecanismo para almacenar la energía del sol en un polvo químico— ya ha dejado de ser una teoría.

Imagen | Freepik

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China ha plantado tantos árboles que ha logrado lo imposible: convertir el "mar de la muerte" en un sumidero de carbono

China ha plantado tantos árboles que ha logrado lo imposible: convertir el "mar de la muerte" en un sumidero de carbono

Durante décadas, el desierto de Taklamakan, en la región china de Xinjiang, ha tenido un apodo bastante elocuente: "el mar de la muerte". Y no es para menos, puesto que es el segundo desierto de dunas móviles más grande del mundo y un lugar donde, históricamente, quien entra no suele salir. Pero ante este gran problema con la arena para las zonas circundantes, China decidió buscar una solución. 

La solución. China desde 1978 ha estado librando una guerra de ingeniería ecológica contra la arena con un arma muy concreta: el Programa del Cinturón Protector de los Tres Nortes, más conocido como la Gran Muralla Verde. Un nombre que parece salido de Juego de Tronos, pero que tiene como objetivo detener la erosión y las tormentas de arena. 

Pero un nuevo estudio masivo publicado en PNAS acaba de revelar un efecto secundario inesperado y monumental: la intervención humana ha convertido los bordes de uno de los lugares más áridos de la Tierra en un sumidero de carbono activo. 

Los datos. El estudio se ha centrado en los datos de 25 años obtenidos a través de trabajo de campo y también con los satélites. Lo que ha encontrado el equipo en los márgenes del Taklamakan es lo que llaman una "mancha fría" de dióxido de carbono. Esto quiere decir que en las zonas reforestadas la concentración de CO₂ es entre 1 y 2 partes por millón menor que en el entorno circundante. Y aunque puede parecer poco, en climatología es una barbaridad. 

La tendencia en este caso es bastante clara, ya que la cobertura vegetal va aumentando cada año, y además se está tendiendo a que el suelo y las plantas estén "comiendo" más carbono del que están emitiendo. 

¿Cómo es posible? La pregunta del millón aquí es bastante clara: ¿cómo mantienes vivos a 66.000 millones de árboles en un lugar donde apenas llueve? La respuesta está en la tecnología de gestión hídrica y la selección de especies

En este caso, el proyecto no se centra en plantar robles o pinos, sino que se basa en especies extremófilas como el Tamarix, el Haloxylon y el álamo del Éufrates, que son plantas diseñadas evolutivamente para sobrevivir con muy poco. Pero la clave tecnológica ha sido el uso de riesgo por goteo con agua salina. 

Origen del agua. China descubrió que bajo el Taklamakan hay inmensos acuíferos, pero son demasiado salinos para la agricultura tradicional. Sin embargo, estas plantas "halófitas" pueden tolerarlo, por lo que parecía que estaba hecho a posta. 

Es por ello que el agua subterránea se utiliza para regar las franjas protectoras que hay, especialmente alrededor de la famosa autopista del desierto de Tarim. El resultado con esto es que la humedad del suelo cae drásticamente entre los riegos, pero las plantas sobreviven. Y es que, aunque la salinidad del suelo superficial aumenta, los estudios indican que es manejable a largo plazo y no saliniza las capas profundas.

Esto ha permitido completar en 2024 un "cinturón verde" de 3.046 kilómetros que encierra el desierto, estabilizando dunas que antes se movían metros cada año.

Su estabilidad. A diferencia de los intentos de la Gran Muralla Verde en el Sáhara, que han sufrido por inestabilidad política y falta de financiación continua, el proyecto chino ha mantenido su curso desde 1978. Esta continuidad ha permitido un "experimento de 40 años" que ahora da frutos con importantes conclusiones. 

Las propias autoridades chinas citan que la cobertura forestal nacional ha pasado del 10% en 1949 al 25% actual, gracias en gran parte a este proyecto. Como resultado, en lugares como Maigaiti, en Xinjiang, los días con tormentas de arena han bajado de 150 al año a menos de 50.

No es la panacea. El artículo fuente advierte de las limitaciones de este proyecto: la fotosíntesis y el secuestro de carbono están fuertemente correlacionados con la precipitación estacional. Esto quiere decir que se necesitan al menos precipitaciones de 16 litros al mes en temporada alta para maximizar su efecto. 

Pero a sus espaldas se encuentra el cambio climático que está alterando de manera drástica los patrones de lluvia en Asia Central, lo que podría debilitar el sumidero de carbono. Aunque lo que ocurre en Taklamakan está provocando un cambio de paradigma, puesto que ahora donde vemos reforestación de desiertos, también vemos una forma de enfriar nuestro planeta reduciendo la concentración de CO₂. 

Imágenes | Wikipedia Jasmine Milton 

En Xataka | Alguien ha contado todos y cada uno de los árboles que hay en China. ¿Por qué? Pues porque ahora es posible

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14 de febrero de 2026

Las palomas mensajeras no son suficiente: una startup rusa ha hackeado sus cerebros para convertirlos en drones con alas

Las palomas mensajeras no son suficiente: una startup rusa ha hackeado sus cerebros para convertirlos en drones con alas

Nada más a priori inocente que una paloma sobrevolando los edificios de una ciudad o posada en una plaza. O no, porque además de ser un habitante más de las ciudades (a veces en exceso, lo que llega a ser un problema), las palomas se han usado como discretas mensajeras express desde las antiguas civilizaciones sumerias y egipcias. Y también en escenarios bélicos: en la Primera Guerra Mundial, el ejército de Estados Unidos creó un servicio de palomas mensajeras llamado United States Army Pigeon Service para mensajería táctica cuando todo lo demás fallaba o estaba destruido. Ahora la startup rusa Neiry asegura haberles dado una vuelta de tuerca más: ha convertido las palomas en drones biológicos.

Un electrodo en el cerebro. Lo que empresa rusa propone no es biomimetizar un drone para que se asemeje a una paloma, sino convertir este animal en un vector de transporte equipándolo con interfaces neuronales implantadas. Más concretamente, implantan electrodos en el cerebro, que luego se conectan a un estimulador conectado en la cabeza. Esto es, una especie de GPS que habla con el cerebro del ave. 

Explica Neiry que la interfaz proporciona una leve estimulación a ciertas regiones cerebrales, provocando así que el ave prefiera (artificialmente) una dirección determinada. Por lo demás, el ave se comporta de forma natural. Este sistema no sustituye la voluntad del ave, sino que sesga su sentido de la orientación para seguir rutas preestablecidas.

¿Por qué aves? Según la startup rusa, el objetivo es usar portadores biológicos en situaciones donde los drones tienen limitaciones en el alcance, el peso u otras como que sea un área restringida. Alexander Panov, CEO de la empresa, explica que las aves pueden maniobrar en entornos complejos, volar durante largos periodos y operar en lugares donde los drones están restringidos, como recoge Bloomberg.

Cualquiera que haya manejado un drone sabe que hay un elemento crítico: la batería. A diferencia de los vehículos aéreos no tripulados, a una paloma no hace falta cambiarle la batería ni requiere de aterrizajes frecuentes: su naturaleza le confiere de todo lo necesario para ejecutar un vuelo de largo recorrido. Millones de años de evolución hacen que un pájaro le de mil vueltas en estabilización de vuelo y eficiencia energética a un drone comercial cualquiera y sus los 20 minutos de batería. De hecho, hasta 400 kilómetros al día sin paradas. 

Palomas con mochila.  En los vuelos de prueba que Neiry ha llevado a cabo con estas paloma - drones, las aves iban ataviadas con esa interfaz neuronal, además de una pequeña mochila con el controlador, paneles solares montados en el lomo y una cámara. Desde luego, sin dar tanto el cante como un drone, desapercibidas no pasaban, como puede verse en el vídeo que ha suministrado la compañía.

Las palomas son solo el principio. Panov ha explicado que aunque en la actualidad se centran en las palomas, "se pueden utilizar diferentes especies según el entorno o la carga útil". Bloomberg se hace eco de otras implantaciones similares, como al cerebro de las vacas para NeuroFarming, de modo que estas produzcan más leche. Y un objetivo final bastante espeluznante: "crear la próxima especie humana después del Homo sapiens: el Homo superior".

Posibles aplicaciones. Tras las pruebas, la empresa asegura que el sistema está listo para su puesta en marcha práctica. Según Neiry, no tienen planes para utilizar estas aves con fines militares pese a que en un escenario bélico o de vigilancia su uso es disruptivo: los radares están programados para filtrar la fauna alada como 'ruido' o falsos positivos. En pocas palabras: pasarían desapercibidas. 

Entre las ideas de uso donde le ven salida está la inspección de infraestructuras, el apoyo a la búsqueda y rescate, la observación costera y ambiental o la monitorización de zonas remotas en lugares como Brasil o la India.

Dónde queda la ética. Los drones mecánicos son más fáciles de controlar, son capaces de transportar cargas mayores y obviamente, no necesitan ni alimentarse ni van a defecarte. Y eso sin hablar de las implicaciones éticas de alterar el comportamiento de un animal. Gizmodo detalla que tras la cirugía para la implantación del chip, las palomas están casi listas para echar a volar, de modo que el riesgo "es bajo para la supervivencia de las aves". 

Eso sí, la startup no ha proporcionado revisiones independientes de terceros, lo que hace que especialistas se cuestionen las implicaciones éticas de su tecnología. La bioeticista y profesora de derecho en la Universidad de Duke Nita Farahany afirma que "Cada vez que usamos implantes neuronales para intentar controlar y manipular a cualquier especie, resulta repugnante".


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Portada |  sanjiv nayak y Andreas Schantl 

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