15 de enero de 2026

Salir de fiesta y a la mañana siguiente no recordar casi nada: la ciencia ya sabe lo que le ocurre a tu cerebro

Salir de fiesta y a la mañana siguiente no recordar casi nada: la ciencia ya sabe lo que le ocurre a tu cerebro

Tras una noche intensa de fiesta, una frase que puede llegar a ser común es "ayer bebí tanto que tengo lagunas". Durante años, la cultura popular ha tratado estos episodios como el hecho de que el alcohol es una especie de borrador de recuerdos en nuestro cerebro, pero la realidad es muy diferente: no es que los recuerdos se borren, es que nunca llegaron a existir

El aviso. Ya nuestros padres no lo decían: beber mucho alcohol y fumar sustancias controvertidas es algo que puede freír el cerebro. Y en parte tenían algo de razón como apuntan diferentes expertos en relación con investigaciones y metaanálisis sobre el consumo de alcohol y la salud cerebral, que arrojan luz sobre qué ocurre exactamente en nuestra cabeza cuando nos pasamos de la raya. 

Un blackout. Lo que habitualmente llamamos como 'laguna' a la pérdida de memoria a la mañana siguiente de una noche de borrachera, es técnicamente una amnesia anterógrada, o blackout. Durante un blackout una persona puede seguir hablando, caminando (no siempre recto) e incluso manteniendo conversaciones aparentemente normales, pero su cerebro ha dejado de transferir información de la memoria a corto plazo a la memoria a largo plazo.

El responsable de todo esto está en el propio hipocampo, una región del cerebro que actúa como el centro logístico de nuestros recuerdos. Aquí llegan para poder almacenarse en la memoria a largo plazo que es la que nos interesa para recordar a la mañana siguiente qué hicimos. 

Una interferencia química. Cuando la concentración de alcohol en sangre comienza a subir rápidamente, se produce una interferencia química bastante importante. En este caso modula los receptores NMDA y GABA lo que altera la comunicación que hay entre las neuronas e interrumpe la 'Potenciación a largo plazo' (LTP). Este último es el proceso físico mediante el cual las conexiones neuronales se fortalecen para consolidar un recuerdo.

En resumen: durante una borrachera intensa, el hipocampo sigue encendido para almacenar recuerdos, pero el 'botón de guardar' está completamente desconectado. Por eso, al día siguiente no importa cuánto nos esforcemos: no hay nada que recuperar porque no se grabó nada en el hipocampo. 

Fríen el cerebro. Si recuperamos la idea que nos transmitían nuestras abuelas y padres sobre el efecto del alcohol en el cerebro, la realidad es que los estudios de neuroimagen muestran como en los consumidores crónicos hay una atrofia hipocampal importante. Esto no significa que los recuerdos se vuelvan como el agua, sino que el volumen de materia cerebral se ve disminuido. 

Al encogerse el tejido cerebral por la pérdida neuronal y de conectividad, el espacio vacío es ocupado por líquido cefalorraquídeo. Y esto puede darnos el mito de que el recuerdo se vuelve agua o aparecen puntos negros en las pruebas de imagen cuando pasan. 

El efecto en los jóvenes. En esta población tradicionalmente se ha dicho que se aguanta mucho mejor el alcohol y con varias copas se sigue estando en plena forma. Pero científicamente ocurre una gran paradoja: el cerebro adolescente y joven es extremadamente plástico, lo que lo hace mucho más vulnerable a las agresiones externas.

Es por ello que el consumo por atracón en cerebros en desarrollo no solo provoca blackouts con más facilidad, sino que peude generar cambios persistentes en la estructura cerebral. La ciencia ha demostrado en este caso que incluso el consumo moderado (más de 14 unidades a la semana) está vinculado a una mayor atrofia del hipocampo y a un peor rendimiento cognitivo a largo plazo. 

No se olvida quién es. El alcohol en exceso no provoca que nos olvidemos de cómo nos llamamos de forma súbita, algo que entraría de lleno en el terreno de las demencias graves. Pero lo que sí está claro es que los blackouts repetidos son un marcador de riesgo evidente. No solo por el daño estructural silencioso, sino por la vulnerabilidad conductual: una persona que no está creando recuerdos es una persona que ha perdido la capacidad de aprender de las consecuencias de sus actos en tiempo real, aumentando drásticamente el riesgo de accidentes y decisiones peligrosas.

Imágenes | Nate Holland Alyona Yankovska 

En Xataka | Olvidarte de cosas no es un bug, es una feature de tu cerebro: cómo no recordar cosas nos hace pensar mejor

-
La noticia Salir de fiesta y a la mañana siguiente no recordar casi nada: la ciencia ya sabe lo que le ocurre a tu cerebro fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .



☞ El artículo completo original de José A. Lizana lo puedes ver aquí

Caminar no es hacer ejercicio: los 10.000 pasos diarios no sirven de nada si no se hacen bien

Caminar no es hacer ejercicio: los 10.000 pasos diarios no sirven de nada si no se hacen bien

Durante años, el mantra de la salud pública sin duda ha estado centrado en algo muy sencillo: caminar. Cualquier persona con tensión arterial alta, diabetes o cualquier otra enfermedad crónica recibía como 'tratamiento' el dar una caminata con el mantra de los 10.000 pasos de fondo sonando. Pero la realidad es que hay algunas voces que quieren derrocar este concepto de manera radical. 

Las críticas. Felipe Isidro, catedrático de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, ha puesto el dedo en la llaga al apuntar que caminar no es ejercicio, sino que es deambular. Para este experto, recetar "caminar" a un paciente es tan útil como decirle que respire porque lógicamente a diario estamos caminando para ir de un sitio a otro (salvo que se esté inmovilizado). Y para el dar menos de 120 pasos por minuto es ineficiente. 

Y la ciencia es algo que está respaldando en diferentes estudios, debido a que la biología humana es extremadamente eficiente: si un esfuerzo no supone un reto, el cuerpo no invierte energía en adaptarse. Esto es lo que la ciencia denomina "estímulo insuficiente".

Por ejemplo, el estudio LITE analizó a personas que realizaban caminatas a baja intensidad y descubrieron algo bastante frustrante: en pruebas de resistencia y capacidad funcional, los resultados de quienes caminaban despacio eran prácticamente idénticos a los del grupo de control que no hacía nada. Y tiene sentido, puesto que para el organismo ese nivel de actividad era ruido de fondo, no ejercicio. Literalmente es como si se estuviera deambulando. 

La regla del x3. Si comparamos el paseo casual con el ejercicio moderado o vigoroso, la diferencia no es lineal, sino que es exponencial. Según los datos del Framingham Heart Study, uno de los análisis más longevos y respetados del mundo, el ejercicio de intensidad moderada-alta es tres veces más efectivo para mejorar la condición física que caminar a un ritmo lento. 

Y tiene sentido. La respuesta metabólica que tiene nuestro organismo se traduce en que un minuto de actividad vigorosa puede aportar los mismos beneficios cardiovasculares que seis minutos de caminata moderada. Pero además, los meta-análisis sobre diabetes tipo 2 muestran que el entrenamiento interválico (caminar rápido por tramos) reduce los niveles de azúcar en sangre de forma mucho más agresiva que caminar siempre al mismo ritmo.

Y aunque caminar más pasos reduce la mortalidad general, las revisiones publicadas en The Lancet sugieren que mantener ritmos excesivamente lentos puede elevar los riesgos cardiovasculares hasta un 44% en comparación con quienes fuerzan el paso.

Un detector de mentiras. ¿Dónde está la frontera científica entre "pasear" y "entrenar"? La literatura técnica sitúa el punto de inflexión en la cadencia. Para que caminar tenga un impacto real en los biomarcadores de salud (presión arterial, capacidad aeróbica, composición de grasa), los estudios sugieren un rango de entre 120 y 140 pasos por minuto.

Por debajo de esa cifra, estamos en lo que los fisiólogos llaman "actividad física ligera". Esta actividad es útil para romper el sedentarismo (y tiene beneficios probados en la salud mental y la movilidad de personas mayores, reduciendo un 14-16% sus dificultades motoras), pero es insuficiente para revertir problemas metabólicos o mejorar el sistema cardiorrespiratorio en adultos sanos.

Un veredicto claro. La ciencia no dice ahora mismo que caminar sea malo, sino que lo que da un efecto neutro o incluso perjudicial es hacer el mínimo básico. Es por ello que los pasos totales son excelentes para ampliar la longevidad general y para no morir antes de tiempo, pero lo que realmente protege la calidad de vida es la intensidad. 

En definitiva, si el smartwatch de turno apunta a que se han dado a 10.000 pasos, pero sin que el corazón se haya enterado, la verdad es que solo se ha estado deambulando. Lo que se debe hacer es simplemente acelerar el paso para que nuestro organismo pueda reaccionar (siempre que los límites de cada uno lo permitan).

Imágenes | Arek Adeoye 

En Xataka | Caminar cambia las reglas del alzhéimer: unos pasos al día bastan para frenar la chispa que enciende la enfermedad



-
La noticia Caminar no es hacer ejercicio: los 10.000 pasos diarios no sirven de nada si no se hacen bien fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .



☞ El artículo completo original de José A. Lizana lo puedes ver aquí

Wikipedia ha encontrado la manera de ser sostenible a largo plazo: cobrar mucho a las Big Tech que la usan para la IA

Wikipedia ha encontrado la manera de ser sostenible a largo plazo: cobrar mucho a las Big Tech que la usan para la IA

La enciclopedia gratuita más grande del mundo está de celebración. Wikipedia cumple 25 años, y para conmemorar este acontecimiento han preparado contenidos y actividades para todos sus usuarios que dan contexto sobre los inicios de este proyecto sin ánimo de lucro. No obstante, quizás lo más llamativo de su comunicado tiene que ver con la nueva visión que la Wikimedia Foundation tomará a partir de ahora: una Wikipedia en la era de la IA.

Por ello, los responsables de gestionar esta biblioteca digital también han desvelado que Microsoft, Meta y Amazon se sumaron a otras Big Tech como Google para poder utilizar el contenido de Wikipedia con el fin de entrenar sus modelos de lenguaje. Para ello, las empresas pagan un buen dinero a la fundación por tener acceso premium a ese contenido.

Qué está pasando. La Fundación Wikimedia ha confirmado que Microsoft, Meta, Amazon, Perplexity y Mistral AI se han sumado a Google como clientes de pago de Wikimedia Enterprise, una plataforma comercial lanzada en 2021. Según Lane Becker, director senior de ingresos de la fundación, esta iniciativa ofrece una versión de la API de Wikipedia "optimizada" para uso comercial y empresas de IA, con funcionalidades personalizadas según las necesidades de cada compañía.

Por qué están pagando. Las empresas tecnológicas dependen masivamente de Wikipedia para entrenar sus modelos de IA. Los 65 millones de artículos en más de 300 idiomas son fundamentales para chatbots como ChatGPT o asistentes virtuales. Sin embargo, desde Wikipedia cuentan que ese uso también ha disparado los costes de mantenimiento y servidores de la biblioteca, cuya financiación tradicional proviene de pequeñas donaciones del público. "Wikipedia es un componente crítico del trabajo de estas empresas tecnológicas que necesitan averiguar cómo apoyar financieramente", explicaba Lane Becker a Reuters.

En detalle. Wikimedia Enterprise no es simplemente descargar Wikipedia. La plataforma permite a estas compañías acceder a contenidos a un volumen y velocidad pensados específicamente para entrenar modelos de IA a gran escala, con formatos de datos estructurados y solicitudes de funcionalidades personalizadas. Microsoft, Perplexity y Mistral AI se unieron durante el último año, mientras que Meta y Amazon ya eran socios aunque su participación no se había anunciado públicamente hasta ahora.

Entre líneas. Es un modelo de financiación con el que la Wikimedia Foundation sacaría más partido, además de las donaciones individuales. También es un cambio sobre cómo Wikipedia sostiene su misión sin ánimo de lucro. Durante años, la plataforma ha dependido de donaciones individuales mientras grandes corporaciones se beneficiaban gratuitamente de su conocimiento. 

Ahora, la fundación ha encontrado un equilibrio: mantener el acceso libre para el público general mientras monetiza el uso comercial intensivo. "Llegar a un nuevo equilibrio sostenible con estas nuevas empresas es crítico para nuestra existencia continuada, pero también para la suya", señaló Becker a The Verge.

Wikipedia en la era de la IA. Tal y como cuenta la fundación, Wikipedia sigue siendo creada y mantenida por aproximadamente 250.000 editores voluntarios en todo el mundo que escriben, editan y verifican la información sin cobrar. Tim Frank, vicepresidente corporativo de Microsoft, contaba que "juntos, estamos ayudando a crear un ecosistema de contenido sostenible para el internet de la IA, donde los colaboradores son valorados".

Por otro lado, Selena Deckelmann, directora de Producto y Tecnología de Wikimedia, aseguraba que "Wikipedia demuestra que el conocimiento es humano y el conocimiento necesita humanos. Especialmente ahora, en la era de la IA, necesitamos el conocimiento impulsado por humanos de Wikipedia más que nunca".

Imagen de portada | Oberon Copeland

En Xataka | El desastre de Apple Intelligence y Siri ha provocado algo insólito: que Apple le entregue las llaves de su reino a Google


-
La noticia Wikipedia ha encontrado la manera de ser sostenible a largo plazo: cobrar mucho a las Big Tech que la usan para la IA fue publicada originalmente en Xataka por Antonio Vallejo .



☞ El artículo completo original de Antonio Vallejo lo puedes ver aquí

14 de enero de 2026

Partículas de la atmósfera terrestre en el suelo lunar: el hallazgo que reabre la idea de “fabricar aire” en la Luna

Ilustración en estilo pop art del interior de la Luna que revela su núcleo de hierro sólido con colores primarios vibrantes y contornos negros audaces, capturando el dramático descubrimiento en una estética de cómic.

Pensar en vivir en la Luna suena a postal de ciencia ficción, pero en cuanto uno baja la idea a lo práctico aparece un problema tan básico como implacable: allí no hay aire respirable. La Luna tiene una exosfera tan tenue que, a efectos cotidianos, es como estar en el vacío. Sin una forma de generar y mantener una atmósfera dentro de hábitats sellados, hablar de asentamientos permanentes es como planear una acampada sin tienda y sin abrigo.

Por eso, durante años, el debate sobre la colonización lunar ha tenido un supuesto de fondo: si queremos producir gases útiles para respirar o para procesos industriales, tendríamos que llevar desde la Tierra los ingredientes iniciales. Y “llevar aire” no es transportar una bombona y listo; es mover masa, infraestructura, energía y dinero a una escala poco amable con los presupuestos y con la física.

Aquí entra un giro interesante: un estudio reciente sugiere que la naturaleza podría haber estado “haciendo envíos” durante miles de millones de años, dejando en la superficie lunar pequeñas cantidades de elementos procedentes de la atmósfera terrestre.

El regolito lunar como esponja: pistas ya presentes desde el Apolo

Cuando las misiones Apolo trajeron muestras del suelo lunar, el análisis del regolito lunar (esa mezcla de polvo y fragmentos de roca que cubre la superficie) reveló trazas de sustancias que suenan sorprendentemente familiares: nitrógeno, dióxido de carbono, helio, argón e incluso agua. Desde entonces, la pregunta ha flotado en el ambiente: si la Luna carece de una atmósfera densa y estable, ¿de dónde salen esas “miguitas” químicas?

Una forma sencilla de imaginarlo es pensar en el regolito como una alfombra a la intemperie: todo lo que pasa por encima, aunque sea en cantidades minúsculas, puede acabar quedándose pegado. En la Luna, esa “intemperie” está dominada por el viento solar, un flujo de partículas cargadas que el Sol expulsa continuamente y que viaja por el sistema solar a velocidades extremas (el artículo original lo ilustra con cifras del orden de un millón de millas por hora). Es un bombardeo tenue, constante, que con el tiempo deja huella.

Según una investigación publicada en Communications Earth & Environment en diciembre de 2025, un equipo de la Universidad de Rochester (Departamento de Física y Astronomía) presenta evidencias y simulaciones que apuntan a que parte de esos elementos del regolito podrían tener una firma terrestre: serían partículas arrancadas o escapadas de la atmósfera de nuestro planeta y empujadas hacia la Luna por la interacción con el entorno espacial descrito por el viento solar. La idea también aparece recogida en la cobertura divulgativa de BGR sobre el tema.

El papel inesperado del campo magnético: cuando la “protección” también guía partículas

Esta hipótesis no nace de la nada. Ya se había planteado hace alrededor de dos décadas que podía existir un transporte de partículas desde la Tierra hacia la Luna. El matiz crucial estaba en el “cuándo”: aquella propuesta sugería que el intercambio se habría frenado cuando la Tierra desarrolló un campo magnético fuerte hace unos 4.000 millones de años, porque esa burbuja magnética nos protege del viento solar y, en teoría, habría actuado como paraguas.

El equipo de Rochester, sin embargo, al ejecutar simulaciones comparando escenarios con y sin campo magnético, llega a una conclusión contraintuitiva: el campo magnético terrestre podría facilitar el traslado de partículas cargadas hacia la Luna. La lógica se parece a lo que ocurre con una cinta transportadora invisible: las líneas del campo pueden canalizar partículas y, en ciertos alineamientos, llegar a extenderse lo suficiente como para “conectar” con la región donde orbita la Luna. Si las partículas están cargadas, el magnetismo no solo bloquea; también puede guiar.

Conviene subrayar el tipo de evidencia: hablamos de un trabajo apoyado en modelos por ordenador y en la interpretación de señales químicas ya observadas en muestras. En ciencia planetaria esto es habitual: no siempre se puede repetir el fenómeno en un laboratorio del tamaño del espacio, así que se triangula con simulaciones, datos de misiones y física conocida. La propuesta es potente, pero su valor real se consolidará a medida que nuevas mediciones la respalden o la acoten.

Una cápsula del tiempo: el suelo lunar como archivo de la atmósfera terrestre

Si el transporte de partículas desde la Tierra hacia la Luna no solo ocurrió en el pasado remoto, sino que continúa hoy, la implicación más sugerente va más allá de “tener materia prima para respirar”. El regolito lunar podría funcionar como una cápsula del tiempo de la evolución de la atmósfera terrestre.

En la Tierra, nuestra atmósfera es dinámica: se mezcla, se recicla, llueve, reacciona químicamente y está atravesada por actividad biológica. Es como intentar reconstruir el historial de un perfume en una habitación donde se abren ventanas, se encienden ventiladores y se cocina a diario: el rastro se diluye. La Luna, en cambio, es un entorno mucho más “quieto” en términos geológicos y atmosféricos. Si en su suelo quedan atrapadas partículas de origen terrestre a lo largo de eones, podrían conservar una señal más estable de cómo han cambiado ciertos componentes con el tiempo.

Esa historia interesa por dos razones. La primera es científica: ayudaría a comprender qué condiciones hicieron a la Tierra habitable y cómo evolucionó la mezcla gaseosa que permitió la vida. La segunda es estratégica: si entendemos mejor ese “recetario” de condiciones, se afinan las preguntas sobre qué buscar en exoplanetas y qué procesos son críticos para sostener atmósferas útiles.

¿Sirve para “hacer aire” en una base lunar? Promesa y límites sin vender humo

La tentación es inmediata: si en el suelo lunar ya hay nitrógeno, oxígeno ligado en compuestos, CO₂ y trazas de agua, ¿no podríamos extraerlos y construir una cadena de producción de gases? En teoría, sí: el regolito es el único “recurso local” omnipresente, y cualquier plan serio de presencia humana prolongada en la Luna necesita utilización de recursos in situ. Es la diferencia entre vivir de compras semanales traídas desde casa o aprender a cocinar con lo que hay en la despensa.

El freno está en la escala y la ingeniería. Que existan trazas no implica que haya cantidades explotables con la tecnología y energía disponibles. Extraer gases atrapados en partículas finas, separar mezclas, purificar y almacenar requiere equipos, calor, electricidad y mantenimiento. En un entorno donde cada vatio cuenta, la eficiencia manda. También hace falta saber con precisión dónde, en qué concentraciones y con qué variabilidad aparecen esos compuestos. El estudio abre una puerta conceptual: sugiere que los ladrillos químicos podrían estar “ya en el terreno”, pero no dice que baste con cavar un poco y encender una máquina.

Lo más realista es ver esta línea de investigación como un mapa de oportunidades: identifica un mecanismo natural que podría estar enriqueciendo lentamente el suelo lunar con componentes de interés. Convertirlo en un sistema de soporte vital es otra etapa, con retos comparables a montar una planta de reciclaje y destilación en mitad del desierto, con tormentas de polvo abrasivo y sin reparaciones rápidas.

Los otros obstáculos: radiación, polvo y vida cotidiana en un lugar hostil

Incluso con una fuente local de materiales, vivir en la Luna seguiría siendo duro. La superficie está expuesta a radiación porque no hay una atmósfera espesa ni un escudo magnético global como el terrestre. Esto impacta tanto a los humanos como a la electrónica. El polvo lunar, finísimo y abrasivo, se comporta como harina de vidrio: se cuela, desgasta y complica cualquier mecanismo con partes móviles. La temperatura oscila de forma extrema entre día y noche lunar. La logística, por su parte, convierte cada repuesto en una decisión.

Por eso este hallazgo se entiende mejor como una pieza más del puzle. Si se confirma que el viento solar y el campo magnético terrestre están contribuyendo a “sembrar” el regolito lunar con partículas atmosféricas, se amplía el catálogo de recursos potenciales y se enriquece la idea de la Luna como laboratorio natural para estudiar la Tierra. No es una varita mágica para construir ciudades lunares, pero sí una pista valiosa: el satélite podría estar guardando, grano a grano, un registro químico de nuestro planeta y un pequeño stock de componentes que, con el enfoque adecuado, tal vez ayude a sostener misiones más largas.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

Investigadora chilena desarrolla método sustentable con algas marinas para eliminar arsénico del agua

Biocarbón obtenido desde algas pardas podría transformarse en una solución innovadora para proteger la salud pública en zonas afectadas por contaminación natural del agua en Chile.

Un innovador método basado en biocarbón derivado de algas marinas se perfila como una alternativa sustentable para enfrentar la contaminación por arsénico en fuentes de agua dulce destinadas al consumo humano, una problemática silenciosa que afecta a diversas zonas del país.

La tecnología fue presentada como solicitud de patente ante el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INAPI) por la Dra. Loretto Contreras Porcia, directora del Laboratorio de Ecología y Biología Molecular en Algas (LEBMA) de la Universidad Andrés Bello (UNAB), investigadora del Centro de Investigación Marina Quintay (CIMARQ UNAB) y del Instituto Milenio SECOS. La propuesta combina economía circular, innovación tecnológica y protección de la salud pública.

La invención —registrada en diciembre de 2025— describe un método de adsorción de arsénico desde agua dulce utilizando biocarbón obtenido a partir del alga parda Macrocystis pyrifera, una especie abundante en las costas chilenas. El material es activado mediante cloruro férrico, lo que incrementa significativamente su capacidad para retener este metaloide. La patente protege tanto el proceso de obtención del biocarbón como su aplicación en sistemas de purificación de agua potable.

Arsénico en el agua: una amenaza para la salud

La presencia de arsénico en el agua representa un serio riesgo para la salud humana. Según explica la Dra. Contreras, sus efectos dependen de la dosis, la forma química y el tiempo de exposición. En el corto plazo, la ingesta de agua contaminada puede provocar síntomas gastrointestinales como vómitos, dolor abdominal y diarrea.

Dra. Loretto Contreras Porcia

No obstante, el mayor peligro está asociado a la exposición crónica. “Una exposición prolongada puede generar lesiones cutáneas, distintos tipos de cáncer, alteraciones neurológicas y cardiovasculares, además de trastornos del metabolismo de la glucosa, incluida la diabetes”, advierte la académica.

La gravedad del problema queda reflejada en la clasificación de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), que sitúa a los compuestos de arsénico en el Grupo 1, es decir, como carcinogénicos para el ser humano. “Lo preocupante es que concentraciones relativamente bajas pueden generar efectos graves en la salud”, agrega Contreras.

El riesgo en zonas volcánicas del norte de Chile

El desarrollo de esta tecnología cobra especial relevancia considerando la persistencia del arsénico en diversas regiones del país, principalmente por causas geológicas naturales. Un informe del Banco Mundial publicado en 2019 reveló que, entre 2011 y 2018, 83 de las 392 localidades evaluadas presentaron concentraciones de arsénico iguales o superiores al límite máximo recomendado por la Organización Mundial de la Salud para agua potable.

“Gran parte de la zona volcánica del norte de Chile tuvo acceso a agua potable contaminada con arsénico hasta el año 2017”, explica la investigadora. En territorios como el Altiplano-Puna, estudios han demostrado que la distribución del arsénico está estrechamente ligada a la actividad volcánica y a procesos tectónicos.

Los volcanes actúan como fuentes de emisión desde la corteza terrestre, permitiendo que el arsénico se movilice hacia aguas subterráneas y superficiales. En regiones como Antofagasta, si bien las zonas urbanas cuentan con sistemas de agua potable, la situación es distinta en sectores rurales.

Investigaciones publicadas en International Journal of Environmental Research and Public Health indican que cerca del 42% de la población rural no dispone de un suministro formal de agua, y en algunas localidades se han detectado concentraciones de arsénico que superan tanto los límites de la OMS como la normativa chilena vigente.

Algas marinas y economía circular para el acceso al agua segura

Frente a este escenario, la tecnología desarrollada propone transformar desechos de cosecha o biomasa cultivada de Macrocystis pyrifera en un material altamente eficiente para remover arsénico del agua.

“No se trata solo de una solución tecnológica, sino de convertir una biomasa en una herramienta concreta para proteger la salud pública, integrando naturaleza, ciencia y economía circular”, destaca la Dra. Contreras.

El proceso consiste en someter el alga a altas temperaturas en ausencia de oxígeno, generando un material carbonizado con una estructura porosa ideal para capturar contaminantes. Posteriormente, el biocarbón es activado con hierro, un paso clave que potencia su capacidad de adsorción.

Actualmente, el desarrollo avanza hacia su aplicación práctica. La siguiente etapa contempla la construcción de un filtro de adsorción y la evaluación de su desempeño en condiciones reales, con miras a una futura implementación en comunidades afectadas por la contaminación natural del agua con arsénico.

 

La entrada Investigadora chilena desarrolla método sustentable con algas marinas para eliminar arsénico del agua se publicó primero en Revista Ecociencias.



☞ El artículo completo original de Revista Ecociencias lo puedes ver aquí