2 de septiembre de 2026

Llevamos décadas buscando lunas fuera del Sistema Solar: estos chilenos están convencidos de que han encontrado una

Llevamos décadas buscando lunas fuera del Sistema Solar: estos chilenos están convencidos de que han encontrado una

En nuestro sistema solar se conocen más de 400 lunas que orbitan alrededor de planetas. Si además tenemos en cuenta las que giran en torno a planetas enanos o asteroides, conocemos casi 1.000 satélites. Sin embargo, hasta el momento, no hay una evidencia clara de la existencia de lunas más allá de nuestro vecindario. Si bien se conocen más de 6.000 exoplanetas, no se ha encontrado ninguna luna orbitándolos. Ahora bien, ¿significa eso que no existen lunas fuera de nuestro sistema planetario? No necesariamente. Lo más probable es que sí las haya, pero hasta ahora no las hayamos podido encontrar. Por eso es tan interesante el hallazgo que hizo recientemente un equipo de científicos de la Universidad Diego Portales de Chile. De momento, es la descripción más sólida de la que podría ser la primera luna fuera de nuestro sistema solar. Hace unos meses se encontró otra, pero las pruebas son mucho más contundentes en este caso.

La enana marrón de la discordia. El hallazgo se ha hecho en el sistema CD-35 2722, formado por una pequeña estrella tipo M y una enana marrón girando a su alrededor. Las enanas marrones son objetos difíciles de explicar, ya que están a medio camino entre una estrella y un planeta. Por eso, cuando estos científicos detectaron lo que parecía ser la prueba de un objeto girando a su alrededor, se sintieron emocionados y confusos. Podrían estar por fin ante el descubrimiento de una luna fuera del sistema solar, ¿pero sigue pudiendo considerarse una luna si gira alrededor de una enana marrón?

A medio camino. Una estrella cuenta con suficiente energía interna para poder fusionar átomos de hidrógeno en helio, generando aún más energía en el proceso. En cambio, un planeta no puede llevar a cabo este proceso, por lo que necesita recibir la energía de alguna estrella cercana o la que se generó en su interior durante su formación.  Las enanas marrones están entre medias porque no son capaces de fusionar hidrógeno, pero sí un isótopo del mismo llamado deuterio. En el proceso se genera menos energía, de ahí que estén bastante frías, pero lo cierto es que eso las aleja de poder considerarse planetas.

Bamboleo. Los responsables de este hallazgo estaban estudiando la velocidad radial de la enana marrón cuando vieron una serie de fluctuaciones que solo pudieron explicar con la presencia de un objeto girando a su alrededor. Cuando esto ocurre, el objeto más grande, que en este caso sería la enana marrón, atrae hacia sí al otro objeto, pero la propia enana marrón también se bambolea, acercándose y alejándose hacia un punto desde el que se esté observando. Esto genera cambios en su espectro de emisión, que pueden medirse mediante la técnica de la velocidad radial. Además, mediante el análisis de estos cambios puede calcularse el tamaño del objeto que ha provocado el bamboleo. En este caso se vio que tendría el 90% de la masa de Júpiter y que se mueve en una órbita de 170 días alrededor de la enana marrón. 

¿Luna sí o no? La Unión Astronómica Internacional no cuenta con una definición clara sobre lo que es una luna. Por lo tanto, aunque este objeto no gire en torno a un planeta, sino a una enana marrón, podría ser aceptable que se considere una luna. Aun así, por ahora, los responsables del hallazgo lo han calificado como un exosatélite. 

Cabe destacar que muchas enanas marrones se encuentran solas en el espacio, mientras que esta gira en torno a una estrella, de modo que tiene un punto extra de parecido a los planetas. Eso le confiere aún más parecido a un satélite

Una posible exoluna muy peculiar. Algo aún más interesante de todo esto es que la enana marrón tiene una órbita tan excéntrica que la presencia de ese tercer objeto en el sistema debería haber causado mucho caos. Aun así, ahí está. Si ha permanecido a pesar de las dificultades, vale la pena seguir investigando. Parece que sí es una exoluna y lo mejor de todo es que posiblemente sea la primera de muchas. 

Imágenes | ESO/M. Kornmesser

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Los agujeros negros supermasivos tienen fama de devorar todo a su alrededor. Una estrella moribunda les acaba de llevar la contraria

Los agujeros negros supermasivos tienen fama de devorar todo a su alrededor. Una estrella moribunda les acaba de llevar la contraria

Las estrellas en sus fases finales son una fábrica de materiales para la construcción de nuevos planetas y otros cuerpos celestes. Desgraciadamente, si se encuentran demasiado cerca de un agujero negro supermasivo, este puede arrasar con todos esos nuevos materiales, impidiendo que siga girando la rueda. O eso es lo que se creía hasta ahora. Y es que, según un estudio publicado recientemente a partir de datos del James Webb, puede que los agujeros negros no sean tan voraces o que, al menos, haya estrellas moribundas súper resistentes. No ha hecho falta viajar lejos para comprobarlo, pues todo esto se ha observado en el vecindario de Sagitario A*, el agujero negro que se encuentra en el centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea.

La estrella contra el agujero negro. Gracias a MIRI, el instrumento del James Webb que toma datos en el infrarrojo medio, los autores de este estudio se han podido adentrar en el interior de las capas de polvo que rodean a IRS 3, una estrella muy antigua, de 72 millones de años, que se encuentra a solo 0,55 años luz de Sagitario A*. Se esperaba que fuese rica en carbono. Sin embargo, al analizar cómo interacciona la luz con el polvo se ha visto que los materiales que expulsa la estrella son muy ricos en silicatos.

Una gran noticia para la ciencia. La presencia de silicatos supone que en dicho polvo abunda el silicio, pero también el oxígeno. Este, junto al hidrógeno, contribuye a la formación de agua, que también se ha logrado detectar alrededor de la estrella. Si Sagitario A* se comportase según lo esperado, estos elementos no resistirían su influencia. Sin embargo, parece que IRS 3 ha resistido mejor de lo esperado, alimentando el entorno del agujero negro de los ladrillos necesarios para la construcción de nuevos objetos celestes.

Los agujeros negros no son aspiradoras gigantes. Tendemos a pensar en un agujero negro como una aspiradora gigante, capaz de atraer sin vuelta atrás todo lo que se acerque él. Esto es correcto, pero solo hasta cierto punto. Los agujeros negros, especialmente los supermasivos, como Sagitario A*, tienen una masa inmensa. Su nombre da lo que promete. Como cualquier objeto, ejercen a su alrededor una atracción gravitatoria que aumenta con su masa, de modo que ni siquiera la luz puede escapar de ellos. Pero esto ocurre solo hasta cierta distancia, conocida como horizonte de sucesos. Aquello que se encuentre más allá del horizonte de sucesos no caerá inexorablemente hacia el centro del agujero negro. 

Ahora bien, más allá del horizonte de sucesos también se percibe el influjo del agujero negro. Para empezar, hay atracción suficiente para retener estrellas y otros objetos en sus inmediaciones. Pero, además, la radiación liberada a medida que la materia cae en el interior del agujero negro puede destrozar materiales mucho más lejos que el horizonte de sucesos. Incluso las propias fuerzas gravitatorias podrían desgarrar estructuras que no estén bien cohesionadas. Por eso se pensaba que IRS 3 no podría mantener los silicatos y el agua intactos a su alrededor. Está más allá del horizonte de sucesos, pero podría experimentar esos otros efectos. 

Lo que implica. Según ha explicado a Popular Science la científica de la ESA Macarena García Marín, este es un hallazgo muy emocionante, porque indica que, incluso cerca de un agujero negro supermasivo, las estrellas pueden seguir aportando material de vuelta a su entorno. Al fin y al cabo, los agujeros negros no son tan devastadores como creíamos. Al menos, el del centro de nuestra Vía Láctea no lo es. Ahora solo queda comprobar si ocurre algo parecido con otros agujeros negros supermasivos. 

Imagen|  Imagen simulada de un planeta orbitando cerca del disco de acreción de un agujero negro supermasivo, perturbando el disco a su paso.  Crédito:
Shocksingularity

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Han medido al milímetro qué dieta mejora más nuestra salud. La 'keto' arrasa, pero tiene un problema fatal: es una tortura

Han medido al milímetro qué dieta mejora más nuestra salud. La 'keto' arrasa, pero tiene un problema fatal: es una tortura

El eterno debate sobre cuál es la mejor dieta para perder peso y ganar salud acaba de sumar un nuevo capítulo científico. Durante años, la dieta mediterránea ha sido la referencia indiscutible en el campo de la nutrición, pero ahora un nuevo estudio científico ha apuntado que, a corto plazo y en condiciones ideales, la dieta cetogénica, o keto, aplasta a sus competidoras en la mejora de diferentes biomarcadores. 

El experimento casi perfecto. Para entender el revuelo, hay que mirar el diseño del estudio, puesto que en el mundo de la nutrición, los ensayos suelen fallar porque los participantes mienten o se equivocan al informar lo que comen. Para evitarlo, los investigadores proporcionaron todas las comidas a los participantes para asegurar una adherencia superior al 95%.

Aquí el ensayo dividió a personas con obesidad, prediabetes y esteatosis hepática en tres grandes grupos con dietas que tenían el mismo número de calorías y diseñadas para perder un 10% de peso, pero con distintos repartos de macronutrientes según la dieta en estudio: dieta cetogénica, dieta mediterránea y dieta baja en grasas. 

El resultado apuntó a que todos los participantes mejoraron al perder peso, pero el grupo de la dieta cetogénica, que es muy baja en carbohidratos, experimentó mejoras metabólicas drásticamente superiores. Por ejemplo, se vio que la grasa del hígado bajaba un 67% frente al 45% de los otros grupos, y además mostraron una mejor sensibilidad a la insulina y menores niveles de glucosa. 

La letra pequeña. Con estos datos en la mano, parece que todos deberíamos abrazar la restricción extrema de carbohidratos. Pero aquí es donde los grandes limitantes del estudio, como es la escala y la duración, entran en acción. Y no es para menos, puesto que el ensayo solo contó con 42 personas que lograron completarlo. 

Además, hay que tener muy en cuenta que la dieta keto exige un nivel de restricción que, en la vida real, resulta insostenible para la inmensa mayoría de la población a largo plazo. Y es que cortar de raíz el pan, la pasta, las legumbres y la mayoría de las frutas no solo tiene un impacto social y psicológico, sino que genera un gran efecto rebote cuando se abandona. 

La dieta mediterránea. Si la dieta cetogénica gana el esprint de los cinco meses, la dieta mediterránea sigue reinando en el maratón de la vida, puesto que cuando miramos la evidencia a largo plazo, la balanza se inclina drásticamente hacia esta. 

Aquí tenemos el estudio español PREDIMED, uno de los mayores ensayos de prevención primaria cardiovascular de la historia con 7.447 participantes seguidos durante años, que demostró que una dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva virgen extra o nueces reduce los eventos cardiovasculares mayores en un 30%. 

El consenso definitivo. Entonces, para llegar a tener la mejor dieta entre manos las diferentes guías oficiales nos apuntan a que se debe recurrir a la personalización. Y es que aquí la ciencia nos dice hoy que si alguien tiene un problema grave de hígado graso y tiene una enorme fuerza de voluntar una intervención cetogénica a corto plazo puede ser un buen "reinicio" metabólico, pero para el 99% de los mortales la adherencia es el verdadero problema. 

Y es que de nada sirve una reducción del 67% de grasa hepática en cinco meses si al sexto mes la ansiedad te hace abandonar y recuperar el peso perdido. Es por ello que la dieta mediterránea, con su flexibilidad y su riqueza gastronómica, sigue siendo una de las grandes ganadoras a día de hoy. 

Imágenes | Alesia Kozik 

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El LHC choca átomos de oxígeno por primera vez y observa un fenómeno que solo se había visto en núcleos de plomo

El LHC choca átomos de oxígeno por primera vez y observa un fenómeno que solo se había visto en núcleos de plomo

El Gran Colisionador de Hadrones del CERN ha completado una serie de experimentos que nadie antes había intentado: colisiones oxígeno-oxígeno (O-O) a la energía suficiente para estudiar qué le ocurre a la materia en las condiciones del universo en el primer microsegundo después del Big Bang. Los resultados, publicados el 31 de agosto de 2026 en el servidor de preprints arXiv bajo el identificador 2606.19967, revelan algo que los físicos esperaban pero no sabían si verían en un sistema tan pequeño: jet quenching o pérdida directa de energía de partones.

Es la primera vez que se observa ese fenómeno —hasta ahora exclusivo de los sistemas nucleares más grandes estudiados en el LHC— en el sistema más pequeño jamás analizado en la instalación.

¿Qué es el plasma de quarks y gluones y por qué importa?

Para entender qué se buscaba en estas colisiones, hay que retroceder 13.800 millones de años. En los primeros microsegundos tras el Big Bang, las temperaturas eran tan extremas —decenas de miles de millones de veces más calientes que el interior del Sol— que la materia no podía existir como protones y neutrones. En su lugar existía un estado llamado plasma de quarks y gluones (QGP): los componentes internos de los hadrones —quarks y gluones— desconfirmados y en libre movimiento, comportándose no como un gas sino como un fluido con viscosidad extraordinariamente baja, casi perfecta.

La física de ese estado tiene implicaciones profundas para entender los primeros instantes del universo. El CERN lleva más de dos décadas recreando ese estado mediante colisiones de núcleos pesados, principalmente plomo-plomo (Pb-Pb), con 208 nucleones cada uno. En esas colisiones, la violenta energía crea gotitas de plasma, y los quarks o gluones lanzados con alta energía desde el interior —llamados partones— al abandonar el plasma se fragmentan en un chorro estrecho de partículas ordinarias. Ese proceso se llama jet quenching o supresión de jet: la energía del partón se pierde dentro del plasma, frenando el chorro.

Lo que no se había conseguido era observar ese mismo efecto en sistemas nucleares pequeños. Las colisiones protón-protón, por ejemplo, muestran comportamiento colectivo de las partículas —una señal indirecta de que algo parecido al QGP puede estar ocurriendo— pero no muestran pérdida directa de energía de partones. El núcleo de oxígeno, con solo 16 nucleones, se situaba en el límite teórico: ¿suficientemente grande para formar una gotita de QGP que pueda mostrar jet quenching, o demasiado pequeño?

¿Qué midió el detector ALICE y qué encontró?

El equipo de ALICE (A Large Ion Collider Experiment), uno de los nueve detectores principales del LHC, analizó las colisiones O-O realizadas en una serie experimental iniciada en julio de 2025. El observable elegido fue la producción de piones neutros —partículas mensajeras que median la fuerza nuclear dentro del núcleo atómico—, comparando su tasa de producción en las colisiones O-O con colisiones oxígeno-protón (O-p) del mismo período de datos, usadas como referencia de control.

El resultado fue claro: la producción de piones neutros estaba suprimida en las colisiones O-O exactamente de la misma manera que se observa en las colisiones plomo-plomo. Esa supresión es la firma directa del jet quenching: los partones pierden energía mientras atraviesan el plasma y los chorros resultantes son menos energéticos de lo esperado.

Al usar las colisiones O-p como control dentro del mismo período de datos, los investigadores pudieron descartar que la supresión se debiera a efectos sistemáticos del aparato o de las condiciones del colisionador. La conclusión es que el núcleo de oxígeno —con 16 nucleones frente a los 208 del plomo— es suficiente para crear las condiciones en las que el plasma de quarks y gluones manifiesta sus propiedades características.

¿Qué implica este resultado para la física de partículas?

El hallazgo tiene varias implicaciones, y ninguna de ellas es trivial para los modelos estándar de la cromodinámica cuántica. La primera: los modelos que asumían que el QGP solo se forma en sistemas lo suficientemente grandes como para crear un volumen de plasma apreciable necesitan revisarse. Si un sistema de 16 nucleones puede mostrar jet quenching, la frontera de dónde se forma el QGP está en un lugar distinto del que predecían las teorías anteriores.

La segunda: los experimentos también muestran que las partículas en las colisiones O-O retienen un fuerte movimiento colectivo —fluyen de forma coordinada— consistente con el comportamiento de fluido casi perfecto. Eso sugiere que la gotita de QGP creada en las colisiones de oxígeno, aunque diminuta, mantiene las propiedades de líquido de baja viscosidad observadas en el plomo.

Hemos comprobado en coberturas de física de altas energías que los resultados del LHC tienen un ciclo largo entre la toma de datos y la publicación definitiva revisada por pares, y que los preprints de ALICE suelen llegar meses después de que los datos están ya en análisis. El hecho de que este resultado se publique en arXiv el 31 de agosto de 2026 —mientras el LHC sigue tomando datos de la campaña O-O y Ne-Ne de 2025— indica que el equipo tiene suficiente confianza estadística para presentar los hallazgos antes del cierre completo del análisis. El papel de pares en Physical Review Letters o European Physical Journal C llegará después.

La tercera implicación es práctica: los experimentos con oxígeno son significativamente más baratos en términos de tiempo de máquina que las largas campañas de plomo-plomo. Si el oxígeno produce señales claras de QGP, el LHC tiene un instrumento de investigación mucho más accesible para afinar los modelos teóricos del universo temprano.

Llevamos siguiendo los ciclos de experimentación del LHC desde la primera detección del bosón de Higgs en 2012, y la sorpresa científica de este resultado no es que el QGP pueda existir en colisiones de oxígeno —estaba previsto teóricamente— sino que la señal sea tan limpia y tan análoga a la del plomo. El AI Index 2026 de Stanford documenta que la IA está acortando los ciclos de análisis de datos en física experimental, y los experimentos del LHC son de los primeros beneficiados: los algoritmos de clasificación de colisiones basados en aprendizaje profundo han reducido el tiempo de filtrado de datos de ALICE. La infraestructura de cómputo para IA a escala tiene un paralelo exacto en la física de altas energías: la comparación de millones de colisiones para encontrar las relevantes requiere petabytes de almacenamiento y cómputo masivamente paralelo. El debate sobre la energía nuclear como respaldo de la IA de alta demanda se cruza directamente con el consumo energético del LHC, que opera con electricidad equivalente a la de una ciudad media europea durante sus campañas de colisión.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

1 de septiembre de 2026

El asombroso experimento clínico para "devolver" a los bebés nacidos por cesárea las bacterias de su madre

El asombroso experimento clínico para "devolver" a los bebés nacidos por cesárea las bacterias de su madre

Nacer por vía vaginal o por cesárea son dos caminos que son muy diferentes y que tienen implicaciones radicalmente diferentes tanto para la madre como para el bebé. Una de ellas está en la primera exposición que recibe un recién nacido a todas las bacterias que nos rodean en el día a día, puesto que la ciencia ha observado que los niños nacidos por cesárea presentan una colonización bacteriana inicial distinta, lo que llevó a plantear la posibilidad de transferirles rápidamente bacterias vaginales nada más nacen. 

El origen de la idea. Esta técnica, que fue conocida como 'vaginal seeding' o siembra vaginal, tiene su origen en el año 2016, cuando la revista Nature publicó un estudio piloto liderado por la investigadora Maria Gloria Dominguez-Bello. Aquí la premisa que se planteaba era sencilla, puesto que un bebé nacido por cesárea no pasa por el canal del parto, no se impregna de las bacterias protectoras de su madre. Entonces... ¿Qué pasaría si los "bañamos" artificialmente con ellas? 

El procedimiento que se planteaba consistía en introducir una gasa estéril en la vagina de la madre antes de la cirugía e inmediatamente después de la cesárea, se frotaba esa gasa por la boca, la cara y el cuerpo del recién nacido. El problema es que el estudio original era minúsculo, puesto que solo participaron 18 neonatos (7 nacidos por vía vaginal y 11 por cesárea, de los cuales solo 4 recibieron los fluidos maternos).

Los resultados a corto plazo fueron llamativos, puesto que durante el primer mes de vida los bebés nacidos por cesárea expuestos a la gasa mostraron una microbiota oral y cutánea mucho más parecida a la de los nacidos por parto natural. 

El choque de realidad. Tras el revuelo inicial, la comunidad científica se puso a trabajar para comprobar si esta alteración del microbioma se traducía en niños más sanos y con menos enfermedades como el asma o las alergias. Pero tras varios años de investigación, se vio cómo caía un jarro de agua fría sobre esta técnica que parecía revolucionaria. 

Aquí hubo diferentes revisiones que evaluaron el impacto real del "vaginal seeding", y la conclusión es que la evidencia sobre sus beneficios clínicos es muy incierta. Y aunque es cierto que se aprecian cambios en la composición del microbioma del bebé a corto plazo, estudios publicados en diferentes revistas especializadas coinciden en que estos efectos se acaban difuminando. 

Otros factores. Lo que sí se ha visto es que, con el paso de los meses, factores ambientales, la alimentación y, muy especialmente, la lactancia materna tienen un impacto mucho mayor en el desarrollo del microbioma intestinal del bebé, eclipsando cualquier efecto inicial de la gasa. 

Un riesgo de seguridad. La falta de beneficios comprobados no es el mayor de los problemas, sino que la preocupación central de los médicos es la seguridad. Aquí hay que tener en cuenta que el canal vaginal no solo alberga bacterias beneficiosas, como los Lactobacillus, sino que puede ser un reservorio de patógenos letales para un recién nacido con un sistema inmune inmaduro.

Aquí tenemos el peligro de transmitir al bebé un estreptococo del grupo B, un virus del herpes simple, un papiloma o incluso el VIH. Y aunque a día de hoy se hacen cribados exhaustivos a las madres para descartar estas infecciones, en la práctica clínica el cribado perfecto es casi imposible. 

Imágenes | Fannya Santos 

En Xataka | Cada vez tenemos más claro que nuestro microbioma es clave para nuestra salud. Nuestras fuentes de proteínas también pueden alterarlo

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