2 de junio de 2026

Los repelentes anti-mosquito han sido eficientes durante 40 años. Ahora los mosquitos están aprendiendo a apreciarlos

Los repelentes anti-mosquito han sido eficientes durante 40 años. Ahora los mosquitos están aprendiendo a apreciarlos

El verano ya está prácticamente con nosotros y esto significa que los mosquitos comienzan a estar también al orden del día. Aquí uno de los grandes aliados que tenemos para pasar una buena noche es el repelente que mantiene a los mosquitos alejados de nuestra piel, pero el problema es que ahora estos pequeños insectos parecen haber desbloqueado un nuevo e inquietante logro: relacionar el repelente con el mejor sitio donde picar. 

Un nuevo problema. Un reciente estudio publicado en la revista Journal of Experimental Biology apunta que el repelente clásico conformado por la molécula sintética N,N-Dietil-meta-toluamida ha dejado de repeler a los mosquitos para comenzar a atraerlos. 

En este estudio los investigadores pusieron el foco en el Aedes aegypti, el infame mosquito de la fiebre amarilla, el dengue y el zika. A partir de aquí, lo que hicieron fue diseñar un entorno de laboratorio altamente controlado con mallas, fuentes de calor que simulaban sangre caliente humana o recompensas de azúcar. Pero todas estas condiciones ideales las combinaron con la presencia del olor a repelente. 

El resultado. A partir de varios ciclos de exposición a estas condiciones ambientales, pudieron ver que los mosquitos tenían la capacidad de aprender y crear una asociación entre el repelente y la presencia de un buen sitio para picar. 

Esto quiere decir que si un mosquito se atreve a atravesar la barrera que deja el repelente y consigue picar, o alimentarse de azúcar en este caso, su cerebro se reprograma y el repelente pasa de ser una señal de "peligro" a una señal de que "aquí hay comida". De hecho, los datos mostraron que, tras este condicionamiento, más del 60% de los mosquitos volvían a buscar el olor del repelente, ignorando su naturaleza de repulsión original.

Lleva años. Aunque el salto a la "atracción" es novedoso, la realidad es que los entomólogos llevan tiempo con la mosca detrás de la oreja. Sin ir más lejos, en 2013 un estudio ya demostró que los mosquitos desarrollaban tolerancia a los repelentes. En este caso se comprobó que tres horas después de una primera exposición al DEET, los insectos ignoraban el repelente. Y ahora sabemos un poco más acerca de qué ocurre exactamente neurobiológicamente.

Hay que usarlo bien. Estos resultados se han dado en un entorno muy controlado y forzando escenarios que son muy específicos con recompensas aseguradas. Pero en el mundo real encontramos un mayor caos ya un mosquito que huele el repelente y no logra picar, porque la concentración es alta, no recibe la "recompensa" de sangre, por lo que no se consolida ese aprendizaje. 

Es por ello que los investigadores apuntan a la necesidad de que el repelente sea aplicado en los plazos y en concentración adecuada. Pero esto no quita que no haya que rediseñar estrategias de salud pública adecuándolas a esta plasticidad que tienen los mosquitos, puesto que no hablamos solo de una picadura molesta, sino que hablamos de que el mosquito es transmisor de enfermedades muy importantes como el paludismo o el zika. 

Imágenes | Erik Karits

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La noticia Los repelentes anti-mosquito han sido eficientes durante 40 años. Ahora los mosquitos están aprendiendo a apreciarlos fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .



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Microsoft amenaza con llamar a la policía a un investigador que publicó vulnerabilidades sin parchear: la comunidad de ciberseguridad responde con furia

Seguridad informática y protección contra ciberataques en redes digitales

Microsoft publicó el 28 de mayo de 2026 un post en el blog de su Centro de Respuesta de Seguridad (MSRC) criticando a un investigador conocido como «Nightmare Eclipse» por publicar fallos de seguridad sin avisar primero a la empresa. Lo que parecía ser una disputa técnica sobre divulgación responsable escaló rápidamente cuando Microsoft mencionó a su Digital Crimes Unit como mecanismo de respuesta potencial, equivalente a amenazar con intervención policial.

La comunidad de ciberseguridad lleva 48 horas en ebullición.

Los fallos y lo que Microsoft no parchó a tiempo

Nightmare Eclipse publicó entre principios de abril y mediados de mayo de 2026 seis zero-days dirigidos a componentes centrales de Windows. Los nombres son parte del registro oficial de vulnerabilidades: BlueHammer (CVE-2026-33825), RedSun (CVE-2026-41091), UnDefend (CVE-2026-45498), YellowKey (CVE-2026-45585), GreenPlasma y MiniPlasma. Varios permiten escalada de privilegios locales hasta nivel SYSTEM.

Los productos afectados incluyen Windows Defender —el antivirus integrado de Windows— y BitLocker, la herramienta de cifrado de disco. Tres de los fallos ya habían sido explotados en ataques reales cuando Microsoft publicó su post, según confirmaron tanto la empresa como la agencia de ciberseguridad estadounidense CISA, que los añadió a su catálogo de vulnerabilidades explotadas activamente.

Microsoft emitió parches de emergencia. La NCSC holandesa también publicó alertas técnicas. Las cuentas de GitHub y GitLab de Nightmare Eclipse fueron desactivadas alrededor del 23 y 26-27 de mayo respectivamente.

El debate sobre divulgación: «responsible» vs. «coordinated»

El núcleo del conflicto es viejo pero perenne: ¿tiene un investigador la obligación de avisar al fabricante antes de publicar un fallo de seguridad? Microsoft dice que sí. Nightmare Eclipse actuó como si la respuesta fuera no.

Microsoft usó el término «responsible disclosure» (divulgación responsable) en su post para describir lo que debería haber hecho Nightmare Eclipse. Eso fue el primer error, según Katie Moussouris, fundadora de Luta Security y la persona que en los años 2000 convenció al propio Microsoft de adoptar los programas de bug bounty. «Invocar el término ‘responsible disclosure’ fue el primer golpe en mi libro», dijo a TechCrunch. «Añadir una amenaza de proceso penal mencionando la DCU fue excesivo, y solo resultará en que los investigadores de seguridad desconfíen de Microsoft.»

La distinción importa: «responsible disclosure» implica que publicar antes de que haya parche es irresponsable. «Coordinated disclosure» —el término que la industria lleva años adoptando como más preciso— reconoce que la responsabilidad es compartida y que los plazos para parchear deben ser razonables. Moussouris fue quien convirtió a Microsoft de uno a otro en la época de sus programas de bug bounty.

Kevin Beaumont, investigador de seguridad y ex empleado de Microsoft, describió la posición de la empresa como «un dumpster fire de su propia creación»: «¿Crear código de proof-of-concept y distribuir zero-days es ‘actividad criminal’ ahora?»

El contexto que explica la furia de la comunidad

La reacción no es solo a este caso. Decenas de investigadores han compartido en redes sociales sus experiencias negativas reportando fallos a Microsoft: tiempos de respuesta de meses o años, vulnerabilidades clasificadas incorrectamente como de «baja severidad» que después resultan ser críticas, y falta de reconocimiento o pago por reportes legítimos.

Nightmare Eclipse no intentó coordinar con Microsoft antes de publicar. Eso es un hecho que el investigador no niega. La pregunta es si esa elección justifica una amenaza de denuncia policial o si la amenaza misma tendrá el efecto opuesto al deseado: disuadir a investigadores de reportar a Microsoft, dejando más fallos sin descubrir.

«Si hay menos investigadores que vengan a reportar fallos, eso nos hace a todos menos seguros», advirtió Moussouris. El argumento es económico además de ético: Microsoft se beneficia enormemente del trabajo gratuito del ecosistema de investigadores independientes que encuentran y reportan vulnerabilidades. Amenazarlos con consecuencias legales pone en riesgo ese beneficio.

La comunidad de ciberseguridad lleva meses señalando que los ataques con IA han pasado de fase experimental a despliegue criminal rutinario, lo que hace que la relación entre empresas tecnológicas y los investigadores que encuentran sus fallos sea más importante, no menos, que hace cinco años.

Ni Nightmare Eclipse ni Microsoft respondieron a las peticiones de comentario de TechCrunch antes del cierre de la información.

Mi valoración

Microsoft tiene razón en que publicar zero-days sin avisar antes facilita a los atacantes maliciosos explotar esos fallos antes de que los usuarios puedan protegerse. Tres de los fallos de Nightmare Eclipse ya estaban siendo explotados activamente cuando salieron los parches. Ese daño es real.

Pero mencionar a la Digital Crimes Unit en el mismo post es un error estratégico mayúsculo. La DCU existe para perseguir a actores maliciosos —botnets, operadores de malware, ciberdelincuentes organizados—. Equiparar a un investigador de seguridad independiente con esa categoría es tanto técnicamente inexacto como políticamente contraproducente.

Lo que más me preocupa es el efecto chilling: si Microsoft establece el precedente de que publicar zero-days sin coordinación equivale a «actividad criminal», otros investigadores que encuentren fallos tendrán incentivos para no reportarlos en absoluto —ni coordinar ni publicar— para evitar cualquier riesgo legal. Eso no mejora la seguridad de Windows; la empeora.

La ciberseguridad en 2026 enfrenta una escalada de ataques que no distingue entre empresas bien gobernadas y mal gobernadas. Microsoft no puede permitirse que la comunidad de investigadores independientes —que actúa como una auditoría gratuita permanente de su seguridad— perciba a la empresa como adversaria.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la divulgación coordinada de vulnerabilidades y cuál es el estándar del sector?

La divulgación coordinada es el proceso por el que un investigador que encuentra un fallo de seguridad notifica primero al fabricante, le da un plazo razonable (generalmente 90 días) para desarrollar un parche, y publica los detalles técnicos después de que el parche esté disponible. El plazo estándar de 90 días fue establecido por Google Project Zero y adoptado por la mayoría del sector. Si el fabricante no parcheay el plazo se agota, el investigador publica igualmente.

¿Qué es la Digital Crimes Unit de Microsoft?

La DCU (Digital Crimes Unit) es una unidad de Microsoft dedicada a investigar y perseguir ciberdelincuentes: operadores de botnets, distribuidores de malware, grupos de ransomware. Ha coordinado con el FBI y Europol en operaciones contra infraestructura criminal. Su mención en el contexto de un investigador de seguridad independiente es lo que la comunidad de ciberseguridad considera desproporcionado.

¿Puede un investigador de seguridad ser procesado penalmente por publicar zero-days?

En EE.UU., la Computer Fraud and Abuse Act (CFAA) y el Digital Millennium Copyright Act (DMCA) han sido usados históricamente contra investigadores. La ley es ambigua: publicar código de explotación puede en teoría violar la CFAA si se usa para «causar daño». En la práctica, los casos contra investigadores que actúan de buena fe son raros, pero la amenaza legal tiene un efecto disuasorio real independientemente de si prospera.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

1 de junio de 2026

El James Webb ha encontrado algo que no debería existir: una barra estelar en una galaxia demasiado joven y gaseosa

El James Webb ha encontrado algo que no debería existir: una barra estelar en una galaxia demasiado joven y gaseosa

El telescopio espacial James Webb lo ha vuelto a hacer. Ha encontrado en el Universo un fenómeno que contradice la física conocida hasta el momento. En este caso, el hallazgo consiste en una barra estelar en una galaxia que no debería albergar una estructura de este tipo. Lo bueno es que, bien entendido, este hallazgo puede ayudar a desentrañar un misterio para el que no había explicación. Habrá que modificar lo que sabíamos sobre galaxias, pero a cambio tenemos respuestas a preguntas que antes no la tenían.

Una barra estelar en GN20. Se conocen muchas barras estelares en el Universo cercano. Incluso se sabe que hay algunas en nuestra Vía Láctea. Sin embargo, no se encuentran en puntos cercanos al Big Bang porque son de formación lenta, de modo que no podrían haber nacido tan pronto. Además, en esas primeras etapas del Universo había mucho gas en las galaxias, cuyo movimiento se cree que inhibiría la formación de barras estelares. 

Todo esto es lo que hace tan raro el hallazgo descrito recientemente por un equipo de científicos de la Universidad de Leiden. Y es que, gracias al James Webb, han encontrado una de estas estructuras en GN20, una galaxia masiva muy antigua y rica en gases, que se formó unos 1.500 millones de años después del Big Bang. Es una galaxia demasiado joven y con demasiado gas para albergar ya una barra estelar formada. Nada cuadra.

Aclaremos conceptos. Las barras estelares son disposiciones alargadas de estrellas que se encuentran en el centro de las galaxias, girando como una unidad rígida. Con este giro arrastran el gas a su alrededor y lo conducen al núcleo galáctico como si de un embudo se tratase. Esto, posiblemente, sirve para alimentar el agujero negro central de la galaxia. 

La detección está clara. Los autores del estudio han confirmado que están ante una barra estelar mediante tres métodos distintos. Para empezar, se llevó a cabo una técnica llamada análisis isofocal. Esto consiste en dibujar sobre una galaxia una serie de líneas imaginarias que unen puntos con el mismo brillo. Es algo parecido a lo que se hacen en los mapas topográficos con las curvas de nivel. Una vez hecho esto, se pueden detectar cambios en el brillo que indiquen la presencia de estructuras concretas. 

En este caso, la luz de la galaxia se estira y gira de un modo que se corresponde con una barra estelar. Pero eso no es todo, también se ha comprobado su existencia con un análisis matemático independiente y con las observaciones del telescopio NOEMA. Una vez detectada esta estructura, había que verla con la mayor nitidez posible. Ahí entra en juego el James Webb, cuya cámara de infrarrojo cercano es capaz de ir más allá del velo de gas y polvo que dificulta las observaciones en las etapas más antiguas del Universo. 

Barra Estelar

Un tamaño imposible. Con todas estas observaciones también se pudo medir la galaxia, que se extiende a lo largo de 7 kilopársecs o, lo que es lo mismo, 22.800 años luz. Es demasiado grande para la física conocida. Por un lado, por lo que ya hemos visto. Para llegar a crecer tanto debería haber empezado a formarse hace mucho tiempo y, supuestamente, en las etapas más jóvenes del Universo no se podría formar una estructura así. Y, por otro lado, porque una barra estelar tan grande debería colapsar según la descripción de los modelos actuales. 

Gas al rescate. Estos científicos han descubierto que, curiosamente, esta galaxia ha sobrevivido tanto tiempo gracias al gas. Hemos visto que, normalmente, el gas dificulta su formación. Pero eso ocurre cuando el gas se mueve de forma lenta y ordenada. En cambio, en este caso en el disco interno de la galaxia hay gas altamente turbulento que actuaría como escudo gracias a un fenómeno conocido como cizallamiento radial.

¿Cizallaqué? Normalmente, el gas en las galaxias se mueve en círculos concéntricos, de tal manera que los del centro se mueven más deprisa y los de fuera más despacio. Esto se conoce como rotación diferencial. En este caso, en cambio, hay movimientos turbulentos, con el gas moviéndose de forma desordenada, de tal manera que en distintos anillos se roza, arrastra y mezcla. Esa es la cizalladura radial. Esto, a grandes rasgos, ayuda a que la barra crezca en lugar de entorpecer su formación. 

Dos puntos clave. Al entrar con el James Webb a observar de cerca la barra estelar se vieron dos detalles importantes. Por un lado, en el punto en el que esta coincide con el disco externo de la galaxia, al sur, hay una gran acumulación de gas que actúa como punto caliente para la formación de muchas estrellas. Por otro lado, en el centro la barra contribuye a barrer mucho material hacia el interior del agujero negro del núcleo galáctico. 

Lo que nos enseña. Todo esto nos hace replantearnos la física de las barras estelares, pero también ayuda a los científicos a entender algo que hasta ahora era un misterio: los gigantes elípticos inertes. Estas son galaxias muy grandes y jóvenes que ya están inactivas. Es decir, ya no se están formando nuevas estrellas en su seno. 

Con todo lo descubierto en GN20, los autores del estudio que se acaba de publicar consideran que las barras estelares podrían ser el motivo. Al crear puntos calientes de formación de estrellas y barrer material hacia el agujero negro, básicamente hacen que la galaxia viva muy deprisa. Crea muchísimas estrellas muy rápido y gasta su combustible antes de tiempo. Viven deprisa, mueren jóvenes y dejan un enigmático cadáver que, quizás, ya no sea tan enigmático. 

Imagen | NASA | Leindert A. Boogaard et al (2026).

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La noticia El James Webb ha encontrado algo que no debería existir: una barra estelar en una galaxia demasiado joven y gaseosa fue publicada originalmente en Xataka por Azucena Martín .



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Le han preguntado a 1.600 expertos cómo funciona el Universo. No se ponen de acuerdo en casi nada

Le han preguntado a 1.600 expertos cómo funciona el Universo. No se ponen de acuerdo en casi nada

Continuamente leemos noticias sobre nuevos hallazgos que desafían la física conocida del Universo. Esto puede llevarnos a preguntarnos algo: ¿tan poco sabemos sobre el Universo como para que absolutamente todo lo desafíe? Para responder a esta pregunta es importante dar un poco de contexto. Sí que se sabe muchísimo sobre astrofísica, pero cuando hablamos de algo tan inmenso como el Universo incluso ese “muchísimo” se puede quedar corto. 

Además, buena parte de esa información se basa en hipótesis que se han aceptado como consenso, pero no en verdades absolutas. Por eso, no es raro que en la encuesta más amplia que se ha realizado nunca a astrofísicos y aficionados a la astrofísica se haya comprobado que existe bastante desacuerdo en casi todo lo relacionado con el cosmos.

La encuesta más amplia. En 2024, durante una conferencia de astrofísica en Copenhague, se llevó a cabo una encuesta en la que participaron 85 expertos. Todos ellos tuvieron que contestar una serie de preguntas sobre algunas de las teorías más conocidas de la astrofísica. Con esta encuesta se vio que hay bastante desacuerdo, incluso en aquellas teorías en las que se supone que hay un gran consenso. 

Con el fin de comprobar si esos desacuerdos eran fruto del tamaño de la muestra, en 2025 se llevó a cabo una nueva encuesta, esta vez con 1.600 personas que tuvieron que responder a 11 preguntas. Algunos participantes eran expertos de la Sociedad Americana de Astrofísica. Otros eran aficionados lectores de la revista Physics Magazine. Con una muestra mayor, los resultados fueron muy parecidos. Hay muy poco consenso. 

De hipótesis a certezas. La ciencia en general, y la astrofísica en particular, se construye a base de hipótesis que van evolucionando a medida que se hacen avances científicos. Por eso, muchas veces está más llena de probabilidades que de certezas. Es importante diferenciar distintas ramas de la ciencia. En ciencias de la salud, sí hay certezas. Por ejemplo, sabemos que los antibióticos atacan a las bacterias y que no son útiles frente a los virus, por mucho que muchas personas se empeñen en tomarlos para la gripe. También sabemos que ese abuso de los mismos puede ser muy perjudicial, ya que contribuye al desarrollo de resistencias en las bacterias. Esas sí son certezas, aunque lógicamente también hay información que va evolucionando con el tiempo. 

En astrofísica, las hipótesis aceptadas por consenso a menudo abundan más que las certezas. Hay certezas clarísimas, como que la Tierra no es plana o que gira alrededor del Sol. Pero también algunas hipótesis con las que ni siquiera los expertos se ponen de acuerdo.

Gana la inflación cósmica. La cuestión en la que hubo un mayor consenso en la encuesta de 2025, cuyos resultados se han publicado recientemente, fue la inflación cósmica. Es decir, la hipótesis que apunta a una expansión exponencial del Universo que comenzó en sus primeros momentos, después del Big Bang. El 51% de los encuestados estuvo de acuerdo en que esta teoría explica muchos problemas de la cosmología de golpe y, por lo tanto, tiene una gran probabilidad de ser cierta.

Big Bang

Hablando del Big Bang. La existencia del Big Bang fue otra de las teorías con mayor consenso en la encuesta, aunque lo cierto es que la cifra tampoco es para tirar cohetes. Un 25% de los participantes estuvo de acuerdo en que este evento dio origen al Universo hace 13.800 millones de años. En cambio, hubo un 68% de personas que señalaron que el Universo nació en un momento en el que se produjo un gran aumento de temperatura y densidad, pero no señalan cuándo ocurrió eso. 

Desacuerdos con la materia oscura. En el Universo se han observado comportamientos gravitacionales que no responden a la masa observada. Es decir, parece como si hubiese objetos masivos ejerciendo una atracción gravitatoria sobre otros, pero no se detectan esos objetos, ni siquiera grandes acumulaciones de átomos. No hay nada. Un 27% de los encuestados considera que esto puede explicarse con la existencia de materia oscura. Sin embargo, hay un 12% que creen que todo esto puede deberse a cambios en el comportamiento de la gravedad a escalas cósmicas. Es decir, que cuando hablamos de la inmensidad del Universo, la gravedad que ejercen los objetos no es la misma. 

Por otro lado, hay un 5% de personas que consideran que la clave está en los agujeros negros primordiales. Aunque aquí debemos incidir en que una de las hipótesis sobre el origen de la materia oscura es que esté formada en parte por agujeros negros primordiales, así que estos no estarían negando su existencia.

La teoría de cuerdas para solucionar incompatibilidades. La teoría de la relatividad general se planteó a escalas cósmicas, de gran tamaño. En cambio, la mecánica cuántica habla del comportamiento de la materia a escala subatómica. Ambas cuestiones parecen incompatibles, pero para comprender el Universo necesitamos obrar a ambas escalas. Por eso, durante mucho tiempo se ha pensado en una teoría que ayude a unificar ambas cuestiones. Esta, para el 19% de los encuestados, es la teoría de cuerdas. En ella, las partículas subatómicas, en vez de tratarse como puntos, se consideran estados vibracionales de un objeto extendido más básico, llamado cuerda. 

Normalmente, cuando intentamos calcular la energía de una partícula considerándola un punto matemático, sin extensión, nos vamos  acercando más a ella eternamente. Podemos hacer una especie de zoom infinito. En cambio, cuando los puntos se sustituyen por cuerdas con una longitud mínima, debe obtenerse necesariamente un resultado. No se tiende al infinito. Por otro lado, en la teoría de cuerdas la gravedad, que normalmente no se considera a escala cuántica, surge naturalmente.

Otra hipótesis. La cuestión es que, en la encuesta de la que estamos hablando, hay un 12% de personas que consideran que la teoría de cuerdas no resuelve el problema, sino que lo hace otra teoría: la de la gravedad cuántica en bucle. Esta, básicamente, actúa de una forma totalmente opuesta. La teoría de cuerdas surge con la mecánica cuántica como partida e intenta buscar formas de que la gravedad tenga sentido. 

En cambio, la teoría de la gravedad cuántica en bucle parte de la Teoría de la Relatividad General y se intenta cuantizar de manera que tenga sentido. Dicho de otro modo, la teoría de cuerdas va de lo más pequeño a lo más grande y la de la gravedad cuántica en bucle va de lo más grande a lo más pequeño. Son opuestas y las opiniones sobre ellas están muy divididas. 

Los aficionados también controlan. Algo interesante de esta encuesta, en comparación con la de Copenhague, es el hecho de que también incluye aficionados. Y lo más curioso es que los resultados no varían demasiado. Sigue habiendo los mismos desacuerdos. Los aficionados tienen las mismas dudas que los expertos. Y es que, en astrofísica, hay muchísimas dudas. Pero precisamente eso es lo que hace tan emocionante cada hallazgo que ayuda a disipar unas pocas de ellas. 

Imagen| NASA/Magnific | NASA

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El robot con el que quieren explorar los túneles de Marte es un bicho bola relleno de drones diente de león

El robot con el que quieren explorar los túneles de Marte es un bicho bola relleno de drones diente de león

El ser humano lleva 30 años enviando rovers a Marte. Sabemos bastante sobre su superficie, pero aún hay muchas regiones inexploradas. Un buen ejemplo son sus túneles. El planeta rojo tiene la mayor red de túneles conocida del sistema solar, pero no ha habido ningún vehículo capaz de entrar en ellos y explorarlos desde dentro. Por eso, un equipo de científicos del Instituto de Minería y Tecnología de Nuevo México lleva varios años trabajando en una solución de lo más original: enviar a las cuevas un robot bicho bola, relleno de drones diente de león. Suena rarísimo, pero tiene sentido.

Biomimética para entrar a los túneles. El profesor Mostafa Hassanalian, de New México Tech, lleva varios años trabajando en este proyecto, pero recientemente el tema ha vuelto a las redes después de que este le conceda unas declaraciones a Space. En ellas les cuenta, a grandes rasgos, el objetivo de su investigación. Esta se basa en la biomimética. Es decir, en el desarrollo de tecnologías inspiradas en la naturaleza. Concretamente, pretende desarrollar dos tipos de drones: uno inspirado en las cochinillas y otro que funciona como las plantas de diente de león. 

La cochinilla, conocida coloquialmente como bicho bola, puede entrar en sitios pequeños y proteger su propio cuerpo al encogerse en forma de bola. En este caso protege su interior, porque lleva escondidos un montón de pequeñísimos robots que se esparcen por el aire como las semillas de diente de león. 

El problema. Marte está lleno de túneles de origen volcánico. Se han encontrado algunos extendidos hasta por 1.200 kilómetros, con tubos de lava de más de 250 metros de diámetro. No son precisamente túneles pequeños. Los rovers que actualmente se encuentran en Marte, como Curiosity o Perseverance, no tienen la capacidad de introducirse en estos túneles. Por eso, si hay algo interesante, no podremos saberlo hasta que los humanos viajen al planeta rojo. Si lo que hay es peligroso, mejor verlo antes de entrar. Se necesitan métodos para ver el interior de esos túneles.

La solución. El equipo de Hassanalian ha ideado dos tipos de robots. Por un lado, el que imita a la cochinilla es una esfera que se puede introducir por un agujero cavado en el techo de los túneles. Una vez dentro de estos, la bola se abre, como una cochinilla que deja de hacerse bolita, y libera su contenido: miles de pequeños drones muy ligeros, que se pueden desplazar a kilómetros de distancia gracias al viento. 

Robots Para Tuneles Marcianos

Limitaciones superadas. Este tipo de dispositivos se encontrarían con varios obstáculos, para los que Hassanalian ya ha pensado una solución. El primero sería que no tenemos ni idea de si habrá viento suficiente en el interior de los túneles. Sabemos que Marte sí puede ser muy ventoso, llegando a alcanzarse los 100 kilómetros por hora. Sin embargo, los túneles podrían estar resguardados. Por eso, este científico planea incorporar un ventilador en el robot principal que ayude a impulsar los mini drones dientes de león. 

Además, los propios agujeros que se harían en el techo para introducir el robot ayudarían a impulsar las semillitas. Por otro lado, la luz del Sol no puede acceder al interior de los túneles, por lo que no podrían alimentarse con energía solar. Esto se soluciona usando piezoelectricidad. Es decir, materiales que generan electricidad al ser sometidos a presión mecánica.

Multitud de sensores. Los drones irán cargados con sensores de humedad y temperatura que permitan analizar las condiciones internas de los túneles. Además, también ayudarían a mapear los conductos y hacer un plano de la red de túneles marcianos. Todo eso se enviaría a los investigadores a través de señales de radio. De momento, estos dos tipos de robots no se han llegado a construir ni probar, pero la idea es de lo más prometedora. Con la financiación suficiente para que pueda llevarse a cabo, tendríamos una solución muy ingeniosa para mirar en esos puntos ciegos del planeta rojo. Y todo gracias a un animal y una planta de nuestro propio planeta. 

Imagen | Magnific/Dave Huth | Nex México Tech. 

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