10 de junio de 2026

Hemos convertido los probióticos en la pastilla milagrosa del siglo XXI. La ciencia tiene algo que decir al respecto

Hemos convertido los probióticos en la pastilla milagrosa del siglo XXI. La ciencia tiene algo que decir al respecto

Están en las farmacias, junto a las vitaminas C y los complejos multivitamínicos. Están en los lineales de los supermercados ecológicos, entre los adaptógenos y los shots de cúrcuma. Ocupan los reels de TikTok con el mismo entusiasmo con el que antes los poblaban los jugos detox. Los probióticos —suplementos con microorganismos vivos que supuestamente refuerzan la flora intestinal— se han convertido en el amuleto de salud del siglo XXI. La promesa es simple y seductora: toma estas bacterias "buenas" en cápsula y tu intestino, tu cerebro, tu sistema inmunitario y tu piel funcionarán mejor.

El negocio acompaña a la promesa. Según distintas estimaciones del sector, el mercado global de probióticos fue valorado en alrededor de 114.000 millones de dólares en 2025 y se proyecta que siga creciendo a un ritmo sostenido durante la próxima década. Sin embargo, hay un problema que la ciencia lleva años contemplando: tomados de forma masiva e indiscriminada, los suplementos probióticos no solo no mejoran el microbioma en la mayoría de personas sanas. En algunos casos, pueden bloquearlo activamente.

Un órgano olvidado que regula casi todo. El intestino humano alberga billones de microorganismos —bacterias, hongos, virus— que forman un ecosistema tan complejo y personal como una huella dactilar. Según explica el gastroenterólogo Chris Damman, de la Universidad de Washington, que lleva 20 años estudiando el microbioma, este ecosistema actúa como "la puerta de entrada a la salud global del cuerpo". 

Las dietas con más fibra, fruta y verduras son las que generan la mayor variedad y riqueza bacteriana en el intestino, y las bacterias sanas producen ácidos grasos de cadena corta que sostienen la salud del revestimiento intestinal, según los documentos clínicos del Whole Health de la Veterans Administration de EEUU.

La microbiota no es solo digestión. Una revisión publicada en la revista Nutrients por investigadores de la Universidad de Cassino, en Italia, detalla cómo la microbiota intestinal modula vías neuroquímicas que implican serotonina, dopamina, GABA y glutamato, así como los ejes inmune y endocrino. El desequilibrio microbiano —lo que los científicos llaman disbiosis— contribuye a inflamación sistémica de bajo grado, deterioro de la neuroplasticidad y respuestas alteradas al estrés, factores todos ellos vinculados a trastornos del estado de ánimo y al deterioro cognitivo. 

No obstante, el dato más llamativo es que aproximadamente el 95% de la serotonina del cuerpo se sintetiza en el intestino, no en el cerebro. Que el intestino esté bien o mal no es una cuestión menor. Cuidar la microbiota es clave para la salud, pero para hacer buen uso de los probióticos conviene entender primero su mecanismo real. Y ahí es donde la cosa se complica.

Años de advertencia. El problema con los probióticos no es que no funcionen nunca. Es que los hemos convertido en un recurso de uso general, algo que se toma de forma preventiva y continua, sin diagnóstico, sin indicación médica y sin entender qué está pasando realmente en el intestino de cada persona. Un producto con beneficios reales y muy específicos al que las redes sociales han convertido en solución universal.

Dammam lo explica con claridad: los suplementos probióticos que se compran sin receta no están suficientemente regulados. No sabes realmente qué estás tomando. Los productos varían enormemente en precisión de etiquetado, presencia de adulterantes y legitimidad de sus afirmaciones, según los documentos del Programa VA. Prescribir probióticos es difícil incluso para los médicos: hay miles de productos en el mercado, cada uno reclamando superioridad sobre el otro. Muchos tienen "recetas especiales", cepas patentadas o combinaciones de múltiples organismos que el VA describe irónicamente como "un enfoque de escopeta microbiológica". El problema, en definitiva, no es solo la falta de regulación. Es que partimos de una premisa equivocada.

La ciencia detrás. La doctora De la Puerta, experta en microbiota, lo resume con una frase que no deja mucho margen a la interpretación: "Si quieres una microbiota sana, probablemente no necesites vivir tomando probióticos". Lo dijo en el pódcast del doctor José Abellán en uno de los análisis más compartidos de las últimas semanas sobre salud intestinal.

Su argumento central no es que los probióticos sean inútiles —de hecho, ella misma reconoce que los usa y los prescribe con frecuencia— sino que se están convirtiendo en un hábito permanente cuando están diseñados para ser una herramienta puntual. "Hay que tomarlos para sacarte de un sitio", explica. Y pone su propio caso como ejemplo: "Tengo la microbiota medio bien, pero tengo mucho estrés. Entonces yo a temporadas tomo probióticos". La clave está en esas dos palabras: a temporadas.

Investigaciones más profundas. La ciencia más reciente respalda exactamente esta matización. Una revisión publicada en Trends in Microbiology concluye que la composición del microbioma varía enormemente según la geografía, la edad y el estilo de vida, lo que cuestiona directamente la eficacia de los tratamientos probióticos universales y exige que el diseño de cualquier probiótico eficaz tenga en cuenta la diversidad microbiana y la adaptación específica al contexto de cada huésped. El congreso Probiota 2025, celebrado en Copenhague, confirmó esta misma idea: las variaciones geográficas y demográficas revelan perfiles del microbioma tan distintos entre poblaciones sanas que resulta imposible definir un estándar universal de "microbioma saludable".

Hay otro problema igual de grave, que la doctora De la Puerta señala con precisión: no todos los probióticos son iguales, aunque los vendamos como si lo fueran. "Tómate un probiótico, estabilizador, inmunomodulador, neuroactivo, alta carga, baja carga, monocepa, multicepa…", enumera. Algunos tienen más relación con el sistema inmune, otros con la salud digestiva, otros con el estado de ánimo. Las intervenciones con mayor éxito son las informadas por un perfil microbiano previo al tratamiento, que permite predecir la eficacia terapéutica. "Por eso no tiene demasiado sentido comprarlos al azar simplemente porque alguien los haya recomendado en redes sociales", detalla la experta.

El jardín ya sembrado. Existe un error conceptual que late en el fondo de todo este debate. Tomamos los probióticos como si el intestino fuera un terreno vacío esperando ser repoblado. Pero en la gran mayoría de adultos sanos, el ecosistema intestinal ya está establecido y tiene sus propias defensas. Según el Programa VA, continuar tomándolos una vez formado un ecosistema intestinal saludable sería como sembrar un jardín ya sembrado.

El problema real, en la mayoría de casos, no es la falta de bacterias. Es que estamos hambreando a las que ya tenemos. Lo que el procesado industrial de alimentos ha eliminado de la dieta puede estar privando de nutrientes a la microbiota, explica Damman: la gente se centra en los nutrientes que necesita su cuerpo al comer, pero no tanto en los que necesita la comunidad bacteriana que lleva dentro. Y el dato es difícil de ignorar: solo el 5% de los estadounidenses consume las cantidades diarias recomendadas de fibra, con una ingesta media de apenas 16,2 gramos frente a los 21-38 recomendados. En lugar de alimentar el ecosistema que ya tienen, compran cápsulas para uno que no existe.

Lo que sí funciona: el plato antes que la cápsula. La doctora De la Puerta es directa: "De poco sirve gastar dinero en probióticos si la alimentación es pobre en frutas, verduras y legumbres, si dormimos mal o si vivimos permanentemente estresados". La microbiota "depende de la calidad de la alimentación, del consumo de fibra, del descanso, del estrés, del ejercicio físico y de muchos otros factores que forman parte del día a día". Tienes que sentarte y ver cómo comes y cómo vives, insiste. No hay más.

El estudio de Stanford publicado en Cell comparó durante diez semanas a dos grupos de adultos sanos: una dieta rica en fibra y otra en alimentos fermentados. El grupo fermentado registró un aumento significativo de la diversidad del microbioma, una caída en los niveles de 19 proteínas inflamatorias en sangre y menor activación en cuatro tipos de células inmunitarias. El grupo de alta fibra, en cambio, no aumentó la diversidad microbiana, y los participantes con diversidad basal más baja mostraron incluso marcadores inflamatorios elevados. Damman llama a los alimentos fermentados "el probiótico de la naturaleza": las bacterias vienen empaquetadas con los alimentos que les gustan y con las moléculas bioactivas que producen.

No todos los fermentados funcionan igual. Mientras que un yogur convencional suele contener entre 2 y 5 cepas bacterianas con efectos transitorios en el intestino, el kéfir es un consorcio simbiótico que alberga entre 30 y 50 cepas de bacterias y levaduras. Su diversidad microbiológica le permite sobrevivir a los ácidos estomacales e instalarse de forma persistente: las bacterias no están de paso, sino que transforman la flora bacteriana. Su nivel de lactosa residual es también significativamente más bajo, lo que explica que incluso personas con intolerancia a la lactosa lo digieran mejor.

La panacea no está en el bote. La historia de los probióticos es la historia de cómo el marketing consiguió correr más rápido que la ciencia. No es que sean un fraude, es que hemos simplificado en exceso un sistema extraordinariamente complejo, lo hemos envasado y lo hemos puesto a la venta con promesas que la evidencia no puede sostener de forma general. Las estrategias más holísticas y sostenibles son las que preservan el ecosistema intestinal desde dentro, no las que intentan reemplazarlo con suplementos diseñados en sistemas de mercado. 

El foco debe estar en mejorar el ecosistema en su conjunto, para que el individuo no dependa de bacterias en formato de pastilla. La doctora De la Puerta lo dice en los mismos términos, pero con la franqueza de quien lo ve cada semana en consulta: una microbiota sana no se logra únicamente con suplementos. "Se construye cada día con hábitos que alimenten a las bacterias beneficiosas que ya viven en nuestro intestino", concluye.

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Prada y Axiom Space revelan la ropa interior del traje lunar de la NASA: agua fría circulando por el cuerpo del astronauta durante 8 horas en la Luna

Prada y Axiom Space revelan la ropa interior del traje lunar de la NASA: agua fría circulando por el cuerpo del astronauta durante 8 horas en la Luna

El 7 de junio de 2026 en Nueva York, Axiom Space y Prada presentaron el componente más íntimo del traje espacial que los astronautas de la misión Artemis IV usarán para caminar sobre la Luna en 2028: el LCVG (Liquid Cooling and Ventilation Garment), la prenda interior de refrigeración y ventilación que se lleva directamente sobre la piel. Lo cubre hoy The Verge con galería de imágenes.

La analogía que usa la prensa anglosajona es tan exacta como poco glamurosa: «unas mallas térmicas de alta tecnología». La prenda lleva integrada una red de tubos que recorre los principales grupos musculares del astronauta. Durante la actividad extravehicular, agua enfriada circula por esos tubos extrayendo el calor que genera el cuerpo en movimiento y liberándolo al espacio a través del sistema de soporte vital del traje. El resultado es que el astronauta puede hacer trabajo físico intenso durante hasta 8 horas en el exterior lunar sin sobrecalentarse.

¿Por qué Prada en un traje espacial?

La pregunta tiene respuesta técnica, no solo de marketing. Cuando Axiom Space y Prada anunciaron su primera colaboración en octubre de 2024 para diseñar la capa exterior del traje AxEMU (Axiom Extravehicular Mobility Unit), la asociación fue recibida con escepticismo en algunos sectores: ¿qué tiene que aportar una casa de moda italiana a un traje espacial?

La respuesta es ingeniería de materiales y precisión de fabricación. Prada lleva décadas trabajando con materiales técnicos para ropa de alto rendimiento —desde prendas náuticas hasta artículos de montaña— y tiene experiencia en construcción de capas múltiples con requisitos de durabilidad extrema. La capa exterior del AxEMU anunciada en 2024 debía soportar temperaturas de -170°C en las zonas de sombra del Polo Sur lunar durante al menos dos horas.

El LCVG va en el extremo opuesto: no protege del frío exterior sino del calor interior. El astronauta puede generar hasta 500 vatios de calor durante actividad física moderada. Sin el LCVG, la temperatura interior del traje subiría rápidamente a niveles insoportables. El sistema incluye además una red de ventilación que circula oxígeno sobre la cara del astronauta, eliminando el CO₂ exhalado que se envía al sistema de soporte vital para ser filtrado y reutilizado.

La mejora técnica clave que Axiom Space destaca respecto a los diseños anteriores es el circuito de refrigeración redundante: si el circuito primario falla durante una caminata lunar, el secundario entra en funcionamiento. Los trajes de la era Apolo no tenían esta redundancia.

El contexto: Artemis IV, no Artemis III

Un detalle que conviene clarificar: el LCVG revelado hoy está diseñado para la misión Artemis IV, actualmente programada para principios de 2028, no para Artemis III. Hay cierta confusión en la cobertura porque la primera colaboración Axiom-Prada (la capa exterior) se anunció en el contexto de Artemis III; el LCVG interior es una segunda fase del trabajo conjunto orientada a Artemis IV.

La NASA no ha confirmado la fecha definitiva de ninguna de las dos misiones, que han experimentado varios desplazamientos de calendario. Fox Business señala que «la NASA anunciará tres nuevas misiones lunares mientras la agencia corre para construir una base lunar permanente antes de finales de 2026», lo que añade urgencia al calendario de desarrollo de trajes.

El traje AxEMU completo es el resultado de capas que trabajan en conjunto: el LCVG interior (revelado hoy), la capa intermedia de presurización, y la capa exterior de protección térmica y micrometeoritos (revelada en 2024). Cada capa tiene un proveedor y una función diferente; Prada contribuye con materiales y construcción en ambas capas de contacto con el astronauta.

Mi valoración

Lo que más me convence de la colaboración Axiom-Prada, vista desde este ángulo técnico, es que deja de parecer un acto de marketing y empieza a parecerse a lo que los dos socios dicen que es: ingeniería de materiales aplicada a un problema extremo. Un LCVG con doble circuito de refrigeración y 8 horas de autonomía en el Polo Sur lunar es un reto técnico serio, y que Prada participe en el diseño de la construcción dice algo sobre la seriedad del encargo.

Lo que más me preocupa es el calendario. Artemis ha retrasado fechas en múltiples ocasiones, y una misión tripulada a la superficie lunar en 2028 sigue siendo un objetivo ambicioso. El LCVG puede estar certificado para 2028; la misión completa depende de muchas más variables.

Lo más estructuralmente significativo es el modelo que establece: traer a diseñadores de moda como socios de ingeniería en programas espaciales tripulados. Si funciona bien, el patrón se reproducirá. La pregunta a 12 meses es si el LCVG supera sus pruebas de certificación en el Laboratorio de Flotabilidad Neutra de la NASA sin modificaciones mayores. Mi predicción: sí, con algunos ajustes menores, y el anuncio de certificación llegará antes del lanzamiento de Artemis III.

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre Artemis III y Artemis IV?

Artemis III está diseñada para ser el primer alunizaje tripulado desde 1972, con la primera mujer y la primera persona de color en la superficie lunar. Artemis IV añade un segundo alunizaje con más tiempo de actividad extravehicular y los primeros pasos hacia el establecimiento de infraestructura permanente. El LCVG anunciado hoy está certificado para Artemis IV, aunque será compatible con Artemis III si se usa el AxEMU completo.

¿Qué temperatura hay en el Polo Sur lunar donde aterrizarán los astronautas?

El Polo Sur lunar tiene temperaturas extremas y variables. Las zonas de luz solar pueden alcanzar los +120°C; las zonas permanentemente en sombra pueden bajar hasta los -240°C. Las misiones Artemis apuntan a zonas en los bordes de cráteres donde hay ciclado de luz y sombra, con temperaturas que oscilan entre -100°C y +30°C aproximadamente, según el ciclo diurno lunar.

¿Cuánto pesa un traje espacial moderno completo?

El traje AxEMU completo pesa aproximadamente 136 kg en la Tierra (sobre 22 kg en la gravedad lunar, equivalente a 1/6 de la terrestre). Eso es significativamente menos que los trajes de la era Apollo, que pesaban alrededor de 180 kg. La reducción de peso es crítica para la movilidad en superficie lunar y la autonomía de los astronautas.




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En silencio, Rusia ha desplegado una sofisticada red de satélites con una misión: dejar sin GPS a toda Europa

En silencio, Rusia ha desplegado una sofisticada red de satélites con una misión: dejar sin GPS a toda Europa

Tres investigadores han descubierto que los satélites rusos fueron la causa de que se produjeran interferencias de varios segundos en la cobertura GPS en Europa. El hallazgo desata las suspicacias sobre si esto es una prueba rusa para prepararse para la guerra electrónica... o si está usando dichos experimetnos como un canal oculto de comunicación.

¿Qué le está pasando al GPS? El profesor Todd Humphreys y su alumno Zach Clements, de la Universidad de Texas en Austin,y Argyris Kriezis de la Universidad de Stanford publicaron hace unos días una versión preliminar de un estudio inquietante. Recolectaron y analizaron datos públicos de estaciones de recepción de navegación (GNSS) y luego aislaron los pulsos de alta potencia de menos de 10 segundos que afectaron al mismo tiempo a receptores en diversos puntos del globo. Tras triangular las señales, ya tienen culpable: la constelación militar rusa de alerta temprana, llamada Edinaya Kosmicheskaya Sistema (EKS).

Triangulando que es gerundio. El rastro de estos misteriosos fenómenos electromagnéticos se detectó inicialmente en registros que recolectaron varias estaciones terrestres entre enero de 2019 y abril de 2026. Allí se detectaron al menos 75 días en los que se produjeron interferencias en la banda L1 de GPS. Al analizar el  problema, calcularon que el emisor de la interferencia estaba operando a una altitud mínima de 1.200 km. Tras añadir datos crudos del 11 de febrero de 2026 recolectados en Trondheim (Noruega) y Ámsterdam (Países Bajos), lograron llegar al probable culpable con un margen mínimo de error.

Hola, Kosmos 2546. Con esos datos, los investigadores "cruzaron" las órbitas que correspondían a todos los resultados previos y todo acabó apuntando a un único sospechoso: el satélite militar ruso Kosmos 256. Dicho satélite forma parte de la red EKS, una constelación de seis satélites diseñados teóricametne para detectar el lanzamiento de misiles intercontinentales. La red opera en órbitas elípticas de tipo Mólniya, lo que hace que se mantengan a gran altura durante largos periodos de tiempo sobre el hemisferio norte, y garantizando que al menos de ellos está visible sobre el horizonte de todas las estaciones europeas afectadas durante las interferencias.

El dilema de la frecuencia. Hay un detalle que hace dudar a los investigadores. El pulso detectado no está justo en el centro de la frecuencia principal de GPS, sino que se produce con un ligero desplazamiento. Humphreys sostiene que Moscú puede estar ejecutando pruebas de calibración para comprobar la cobertura de sus sistemas de guerra electrónica desde el espacio sin provocar un gran incidente diplomático. Si su hipótesis es cierta, los operadores de la red satelital rusa simplemente tendrían que ajustar sus transmisores para lanzar un ataque que neutralizaría la navegación GPS en todo el continente europeo.

De accidente, nada. Puede que Rusia alegara que esto se trata simplemente de un accidente, pero los investigadores descubrieron que los satélites EKS no solo emiten este pulso para "atacar" el sistema GPS de EEUU, sino que también lanzaron de forma paralela una ráfaga de interferencias en una banda de frecuencias que precisamente se usa en el sistema de posicionamiento chino, BeiDou. Estamos teóricamente pues ante unas pruebas claras de generación de interferencias para "tumbar" los sistemas de posicionamiento de potencias rivales.

Otra posibilidad. Richard Bowden, responsable de la división de posicionamiento en la firma GMV, explica que puede haber otra alternativa: que esos pulsos cortos y potentes sean en realidad mensajes de comunicación con fines militares y que se podrían enviar a bases o submarinos rusos. Al usar frecuencias cercanas a las que usan receptores civiles, Rusia lograría garantizar que dichas señales penetren la atmósfera y sea recibida sin problemas en antenas ya existentes... aunque el efecto secundario sea provocar pequeñas caídas en los GPS de vehículos que transitan por Europa.

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La noticia En silencio, Rusia ha desplegado una sofisticada red de satélites con una misión: dejar sin GPS a toda Europa fue publicada originalmente en Xataka por Javier Pastor .



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Los astrobiólogos no coinciden sobre la vida extraterrestre: "Tratar la opinión científica como a favor o en contra es simplificar demasiado"

Los astrobiólogos no coinciden sobre la vida extraterrestre: "Tratar la opinión científica como a favor o en contra es simplificar demasiado"

¿Existe vida extraterrestre? ¿Sí o no?. A menudo pensamos que la ciencia evoluciona a base de afirmaciones rotundas y sólidas. Tenemos la percepción de que existe un acuerdo absoluto entre todos los científicos del mundo. “Lo dice la ciencia”. Así, como si todos los científicos tuviesen una mente-colmena. Sin embargo, quienes se apoyan en afirmaciones rotundas, sin hacerse preguntas, son personajes como Marcos Llorente, con sus gafas amarillas y su miedo al vapor de agua. El conocimiento científico, en cambio, evoluciona a través de incertidumbre y consensos que pueden cambiar a medida que se sigue investigando. 

Esto es lo que estudia un equipo de científicos de la Universidad de Durham con su proyecto C-SCOPE (Centro para la Encuesta y Evaluación de la Opinión de la Comunidad Científica). Su objetivo es justamente comprender cuánto consenso hay en algunas de las disciplinas más importantes de la ciencia. La astrofísica suele ser de las que más dudas generan entre sus propios investigadores, como bien se vio en un estudio publicado recientemente. Por eso, ellos han querido ir más allá y analizar la opinión de cientos de astrobiólogos en torno a la idea de que exista vida extraterrestre. 

Dos hitos sobre la vida extraterrestre. Estas encuestas se realizaron en 2025, después de que se publicasen dos importantes estudios en los que se señala un posible descubrimiento de vida extraterrestre. El primero de estos estudios se llevó a cabo con datos del exoplaneta K2-18b, en el que se encontraron rastros de dimetilsulfuros y dimetildisulfuros, ambas sustancias que en la Tierra se relacionan con la actividad biológica. 

El segundo, en cambio, se llevó a cabo mucho más cerca, en Marte. En una roca del planeta rojo llamada Cheyava Falls se identificaron unas estructuras conocidas como manchas de leopardo, que en nuestro planeta se relacionan con la actividad microbiana. Al preguntar a cientos de astrobiólogos sobre cada uno de estos estudios, la opinión estuvo muy dividida. Eso sí, parecía que había algo menos de dudas con el segundo.

Los datos. Sobre la vida extraterrestre en K2-18b, el 6,6% de los encuestados estuvieron de acuerdo en hacer esta hipótesis, mientras que el 65,4% se mostró en desacuerdo y el 28% apuntó a la neutralidad. Con respecto a la roca marciana, un 15,1% de los astrobiólogos mostró acuerdo, un 44,6% desacuerdo y un 40,3% neutralidad. Dentro de quienes mostraron desacuerdo, también se les preguntó si era un desacuerdo rotundo o con algunas reticencias. En el primer caso hubo un 35,1% de desacuerdo rotundo, pero en el segundo solo un 11,1%.

Posibles motivos. Según ha explicado en The Conversation uno de los autores de este estudio, Peter Vickers, posiblemente ese mayor acuerdo en el caso de Marte tenga una explicación. Y es que, si bien las biofirmas del planeta se calcularon con métodos indirectos a distancias interestelares, la roca de Marte pudo analizarla el rover Perseverance directamente in situ. También puede haber errores, pero no tan fácilmente como con K2-18b.

Es imposible saberlo. Si hay algo en lo que sí que están de acuerdo todos los científicos es en que muchas de las características que en la Tierra se suelen considerar biológicas pueden ser también el resultado de procesos geológicos. Por eso, es imposible saber con seguridad si hay vida extraterrestre solo con el análisis de estas biofirmas. Los datos deben leerse siempre con cautela. Solo el hallazgo de un organismo vivo sería concluyente en este aspecto.

No nos confundamos. La ciencia se sostiene en evidencias, no en opiniones. Cuando hay evidencia de algo, como de que las vacunas salvan vidas, no hay cabida a las opiniones. Sin embargo, en temas más complejos de estudiar, como lo relacionado con el espacio, sí que puede haber opiniones, que a su vez se sostienen en evidencias. Justamente, eso es lo que han visto los científicos de C-SCOPE con este nuevo estudio. 

No debemos simplificar. “Tratar la opinión científica como a favor o en contra conlleva el riesgo de simplificar demasiado”. Esto es lo que veíamos al principio de este texto. La respuesta a si hay vida extraterrestre no puede ser simplemente un sí o un no. Hay muchos matices que se deben investigar y unas evidencias que seguro que evolucionarán con el tiempo. 

Por desgracia, como también indica Vickers, a menudo “los debates públicos invocan el consenso científico”. Los consensos científicos existen y son necesarios, pero las opiniones individuales, siempre que estén bien fundamentadas, son igual de útiles. Así es como crece y se enriquece la ciencia. A base de datos, preguntas y revisiones. No deberíamos fiarnos de un científico que contesta a la pregunta sobre la vida más allá de la Tierra con un simple sí o un no, porque la ciencia no está tan polarizada. Eso, aunque a veces pueda frustrarnos un poco, es parte de lo que la hace tan fascinante. 

Imagen | Katrin Hauf (Unsplash)

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Los humanos preferimos movernos dando vueltas en sentido antihorario, aunque no está claro por qué

Los humanos preferimos movernos dando vueltas en sentido antihorario, aunque no está claro por quéUn estudio publicado en Nature Communications ha confirmado que las personas tienden a caminar en sentido contrario a las agujas del reloj cuando se mueven libremente por espacios como edificios, plazas o campos. Según dicen, investigadores de la Universidad de Navarra ya detectaron el fenómeno durante la pandemia y lo comprobaron después en diversos experimentos realizados también en Japón. La tendencia aparece tanto en hombres como en mujeres, aunque es más marcada en los niños. La causa exacta sigue siendo desconocida, pero podría estar relacionada con pequeñas asimetrías corporales o neurológicas. ¿Quizá por eso en Atletismo y otros deportes las rotaciones son antihorarias? El hallazgo podría servir para mejorar modelos de movimiento de multitudes y evacuaciones de emergencia. [Fuente: Individual locomotor bias drives counterclockwise motion in pedestrian crowds en Nature + The Guardian.]

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