11 de mayo de 2026

En 1724 cayó un meteorito en Alemania: acabamos de descubrir que contenía un material 'imposible' para la física

En 1724 cayó un meteorito en Alemania: acabamos de descubrir que contenía un material 'imposible' para la física

En julio del año pasado una investigación académica sacudió la física de materiales con un protagonista inesperado: una roca espacial recogida en Alemania hace tres siglos. En su interior albergaba un mineral cuyo comportamiento térmico no encaja en ninguna clasificación conocida. Lo más desconcertante no es el material en sí (que también), sino que llevaba criando polvo en una vitrina desde 1724: nadie lo había mirado con el instrumental adecuado hasta ahora. 

El meteorito de 1724. Llamado "meteorito de Steinbach" por la región alemana de Sajonia donde cayó. Los restos pasaron rápidamente a engrosar las colecciones de los museos por su origen exótico y su belleza, sin llamar especialmente la atención de la comunidad científica. Entre ellos, en el Museo Nacional de Historia Natural de París, donde está el fragmento que se usó para esta investigación.

Lo que contiene ese fragmento es tridimita meteórica, una forma de dióxido de silicio extraordinariamente rara en la Tierra. Es un polimorfismo del cuarzo que solo se genera bajo condiciones extremas de temperatura y presión, unas condiciones que no se dan en la geología terrestre ordinaria, pero sí en impactos de meteoritos o en entornos volcánicos.

Por qué es importante. En una frase: por sus propiedades.  La tridimita del meteorito de Steinbach mantiene una conductividad térmica prácticamente constante entre los −193 °C hasta 107 °C de temperatura (80 y los 380 kelvin), algo que más allá de significar que conduce el calor igual aunque estés en el invierno frío de Islandia o en una ola de calor en el desierto, tiene una particularidad: ningún material conocido se comporta así. 

Esa estabilidad térmica es una rareza en sí misma en tecnología de materiales y le confiere una aplicabilidad clara para la gestión térmica: permite diseñar dispositivos electrónicos que no se sobrecalientan y sistemas de aislamiento aeroespacial con una eficiencia impensable bajo las leyes de la física clásica. 

Contexto. En 2009 el físico Michele Simoncelli junto a Nicola Marzari y Francesco Mauri desarrollaron una ecuación unificada basada en el formalismo de transporte de Wigner capaz de describir simultáneamente el comportamiento térmico de cristales, vidrios y cualquier estado intermedio. Esa ecuación predecía teóricamente la existencia de materiales con conductividad térmica invariante a la temperatura como este. El problema es que nadie había encontrado ese material en el mundo real.

En el universo la mayoría de los minerales se forman bajo presiones y temperaturas terrestres que fuerzan a los átomos a adoptar redes cristalinas estándar. Pero en el cinturón de asteroides, los restos de protoplanetas diferenciados experimentan procesos de enfriamiento y colisiones catastróficas que generan fases minerales que no existen de forma natural en la corteza terrestre. La tridimita es común en rocas volcánicas, pero esta de origen meteórico tiene la ventaja de llevar millones de años estabilizándose térmicamente en el espacio.

Algo no cuadra. Hasta ahora la ciencia asumía que un material sólido debía ser o un cristal (estructura ordenada) o un vidrio (estructuras ordenadas) y sus propiedades térmicas dependían de esa estructura: la conductividad térmica de un cristal decrece al aumentar la temperatura porque las vibraciones de la red cristalina (los fonones) se dispersan entre sícon más intensidad. En un vidrio ocurre justo lo contrario porque su desorden interno facilita formas de transmitir el calor adicionales al calentarse. Son tendencias opuestas, robustas y bien documentadas experimentalmente durante décadas. 

El meteorito de Steinbach se salta las reglas y se comporta como ambos a la vez. La tridimita meteórica de Steinbach tiene una estructura atómica que presenta orden en los enlaces químicos como un cristal y desorden geométrico en la disposición de esos enlaces como un vidrio. Esa combinación genera una compensación exacta entre ambos mecanismos de transporte, el de propagación (propio de cristales) y el de tunelización (propio de vidrios), es lo que el equipo de investigación llaman conductividad PTI, propagation-tunneling-invariant.

Cómo lo han descubierto. El descubrimiento ha sido posible gracias a la termorreflectometría, que mide variaciones en la reflectividad óptica de una superficie al ser excitada térmicamente con un láser pulsado, permitiendo inferir la conductividad térmica con alta resolución. Lo que vieron fue que los átomos de silicio no estaban en filas perfectas, pero tampoco al azar: seguían una secuencia de "orden de rango medio" que anteriormente solo existía en modelos matemáticos, confirmando punto por punto las predicciones de la ecuación de Wigner. 

Sí, pero. La tridimita meteórica es disruptiva en tecnología de materiales, el problema está en la reproducibilidad y la escasez. Hasta ahora solo hemos encontrado este material en el meteorito de Steinbach, una muestra limitada de un hito astronómico acaecido hace tres siglos. Conseguirlo de meteoritos es sencillamemnte inviable y el reto de fabricar este vidrio-cristal de forma sintética no es pequeño precisamente. Una curiosidad: el paper explica que en el cráter Gale marciano también se ha detectado tridimita, lo que genera preguntas sobre cómo ha influido en la historia geológica del planeta rojo o abre la posibilidad de una eventual minería espacial.

Por otro lado y aunque es cierto que el material desafía las leyes de la física, es importante destacar que hablamos de la física actual: no es que las leyes fueran falsas, es que simplemente eran incompletas.


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Portada | Fred Kruijen y Batu Gezer 

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La noticia En 1724 cayó un meteorito en Alemania: acabamos de descubrir que contenía un material 'imposible' para la física fue publicada originalmente en Xataka por Eva R. de Luis .



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Los investigadores apuntan que los primeros 1.000 días en la vida de una persona son claves para nuestra vida y la memoria

Los investigadores apuntan que los primeros 1.000 días en la vida de una persona son claves para nuestra vida y la memoria

Algo bastante sonado entre la sociedad en general es que los niños más pequeños son auténticas esponjas que absorben todo lo que hay a su alrededor, siendo esto fundamental para su personalidad de adulto. Aquí hay algunos expertos que apuntan concretamente a que los primeros 1.000 días de vida lo son prácticamente todo, ya que se abre una ventana temporal que puede determinar en gran medida la inteligencia, la salud y las habilidades sociales del futuro. Pero... ¿es así?

Hay preguntas. La evidencia científica pide pisar el freno, ya que, aunque no se niega la importancia abrumadora de estos primeros compases de la vida, los investigadores están empezando a advertir contra el determinismo absoluto. Y todo esto porque, aunque los primeros 1.000 días son una ventana crítica, los siguientes 1.000 días son igual de cruciales. 

Los primeros días. Lo que ocurre hasta los dos años en el cerebro, la verdad es que es fascinante, porque aquí algunas investigaciones apuntan específicamente a que la alimentación temprana influye en el desarrollo físico y en la salud metabólica a largo plazo. Pero además, el vínculo de apego con una figura adulta traza las trayectorias físicas, neurales, cognitivas y socioemocionales, haciendo que, si no existe este apego, puedan generarse bastantes problemas. 

Pero además, escuchar a los cuidadores, como por ejemplo los padres, hablar, cantar e interactuar, sienta las bases de las redes neuronales vinculadas al lenguaje y las habilidades comunicativas que se tendrán en un futuro. 

El efecto en la memoria. A menudo pensamos que la memoria es la capacidad de adulto de recordar conocimientos que hemos 'metido' en nuestro 'cajón' cerebral, pero en la infancia la memoria es un mecanismo neuronal básico de aprendizaje y construcción de identidad. En estos casos, los bebés graban información sensorial y emocional constante, como olores, voces, respuestas afectivas y el contexto de acogida. 

Y justamente los expertos apuntan que si en esta etapa el niño es correctamente estimulado y coge bien los recuerdos, el cerebro "entrena" sus circuitos sinápticos, facilitando que en el futuro el aprendizaje de nuevas habilidades sea mucho más sencillo. Es literalmente como si se estuviera generando una base (de la que no nos vamos a acordar) para generar las nuevas habilidades en el futuro al generar unas redes neuronales muy fuertes para la futura memoria.

No hay que ser absolutistas. Decir que solo esos 1.000 días determinan el desarrollo cognitivo y social es un error, ya que la bibliografía nos apunta a que no estamos ante una "ventana cerrada", puesto que la plasticidad cerebral humana es asombrosa y no tiene un interruptor que se apaga automáticamente cuando se cumplen dos años. 

A partir de aquí, lo que rodea a los más pequeños de la casa, la educación que reciben y también las interacciones sociales continúan teniendo un impacto profundo más allá de los 24 meses. Es por ello que simplificar el concepto hasta el extremo puede llevar a un determinismo biológico que desvía la atención de otras etapas igualmente importantes de la infancia.  

Todo lo que ocurre. Aquí es donde entra la evidencia más reciente para que haya que poner el foco en lo que pueden ser los "siguientes 1.000 días" que es el periodo que va desde los 2 hasta los 5 años. Esta etapa preescolar no es un periodo de mantenimiento, sino que es una nueva ventana de oportunidad dorada, ya que durante estos años las habilidades motoras complejas se disparan al comenzar a andar, por ejemplo. 

Pero más allá de esto, también el lenguaje pasa de palabras aisladas a una gramática compleja y a la capacidad de narrar y razonar. E incluso las habilidades socioemocionales como la empatía o el control de impulsos también experimentan un crecimiento vertiginoso. Es por ello que promover un entorno de cuidados seguros y hábitos saludables en este periodo es capaz de alterar y mejorar significativamente el desarrollo, compensando los déficits que se han podido tener en los primeros años de vida. 

Imágenes | javi_indy en Magnific

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Unos arqueólogos han dado con 80 toneladas de piedras bajo el mar. Todo apunta a una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo

Unos arqueólogos han dado con 80 toneladas de piedras bajo el mar. Todo apunta a una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo

A finales del siglo XIX, varios pescadores del puerto de Alejandría comenzaron a sacar accidentalmente enormes fragmentos de piedra enredados en sus redes. Algunos eran tan grandes y extraños que durante años circularon historias sobre ruinas gigantes ocultas bajo el agua frente a la costa egipcia. Mucho antes de que existieran los escáneres submarinos o la arqueología digital, el Mediterráneo ya estaba insinuando que bajo sus aguas permanecía enterrada una parte monumental del mundo antiguo.

80 toneladas para devolver una maravilla. Arqueólogos y buzos llevan años encontrando enormes bloques de granito y piedra caliza bajo las aguas de Alejandría, pero los últimos trabajos han disparado una idea fascinante: todo apunta a que el Mediterráneo está devolviendo fragmentos clave del legendario Faro de Alejandría, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. 

Algunos de los bloques recuperados pesan hasta 80 toneladas y formaban parte de entradas monumentales, plataformas y estructuras gigantescas que durante siglos permanecieron dispersas en el fondo marino. El hallazgo no solo está permitiendo reconstruir cómo era realmente el faro, sino que además está cambiando muchas de las teorías que existían sobre su tamaño, su ingeniería y su aspecto final.

Una torre gigantesca que dominó el Mediterráneo. El Faro de Alejandría comenzó a construirse a principios del siglo III antes de Cristo bajo el reinado de Ptolomeo I Sóter y fue diseñado por Sóstrato de Cnido sobre la isla de Pharos, frente al puerto egipcio. Las fuentes antiguas describían una estructura de más de cien metros de altura, una especie de rascacielos helenístico visible a decenas de kilómetros mar adentro gracias a su enorme fuego nocturno y a complejos sistemas reflectantes. 

Durante más de mil seiscientos años funcionó como guía para los barcos que llegaban a uno de los puertos más importantes del Mediterráneo, convirtiéndose además en un símbolo político del poder ptolemaico y de la ambición de la Alejandría fundada tras la muerte de Alejandro Magno. Algunos cronistas romanos llegaron a afirmar que su luz era tan intensa que podía confundirse con una estrella.

Leuchtturm Von Alexandria Reconstrucción 3D del Faro de Alejandría

El mar acabó tragándose la maravilla. La estructura resistió terremotos durante siglos, pero varios seísmos enormes entre los siglos XIV y XV terminaron por destruirla casi completamente. Parte de sus piedras fueron reutilizadas posteriormente para construir la fortaleza de Qaitbay, que todavía ocupa la misma zona costera, mientras el resto de la ciudad antigua comenzó a hundirse lentamente bajo el mar debido a movimientos geológicos y al aumento relativo del nivel del Mediterráneo. 

Con el paso de los siglos, el faro acabó desapareciendo bajo aguas turbias llenas de sedimentos, restos arquitectónicos y enormes fragmentos de piedra esparcidos por decenas de acres submarinos. Durante mucho tiempo, los historiadores llegaron incluso a pensar que las descripciones antiguas sobre su tamaño habían sido exageradas.

Alexlighthouse01 Restos de un faro en el mar Mediterráneo

Un gigantesco rompecabezas. Todo empezó a cambiar cuando arqueólogos franceses y egipcios comenzaron a cartografiar sistemáticamente el puerto oriental de Alejandría en los años noventa. Bajo el agua aparecieron esfinges, columnas, estatuas colosales y gigantescos marcos de puertas de hasta setenta toneladas, pero los trabajos recientes del proyecto PHAROS han llevado el proceso mucho más lejos. 

Solo en las últimas campañas se han recuperado 22 enormes bloques de granito mediante grúas especiales montadas sobre barcazas, incluyendo dinteles, jambas y piezas de una estructura desconocida hasta ahora que mezclaba elementos arquitectónicos egipcios y técnicas de construcción griegas. Cada hallazgo refuerza la idea de que el faro no era solo una torre funcional, sino una demostración monumental del poder multicultural de la Alejandría helenística.

Reconstruido bloque a bloque… pero en digital. Contaba el New York Times el pasado mes de febrero en un extenso reportaje que el gran avance del proyecto PHAROS no consiste únicamente en sacar piedras del agua, sino en reconstruir virtualmente el faro con una precisión nunca vista. Los investigadores han escaneado miles de fragmentos mediante fotogrametría para crear un “gemelo digital” capaz de recomponer el edificio pieza a pieza sin mover continuamente materiales extremadamente frágiles y pesados. 

Gracias a ello, ingenieros y arqueólogos están descubriendo cómo encajaban realmente los bloques, cómo funcionaban los sistemas de unión y qué técnicas permitieron levantar una estructura tan gigantesca hace más de dos mil años. Las investigaciones también han revelado que el faro utilizaba avanzados sistemas de ensamblaje con abrazaderas y enormes bloques interconectados, algo que ayuda a explicar cómo pudo sobrevivir tantos siglos frente a terremotos y temporales.

El Mediterráneo moderno como los terremotos antiguos. El trabajo arqueológico se desarrolla además en un entorno cada vez más complicado. Las aguas frente a Alejandría tienen muy poca visibilidad, están llenas de contaminación y sufren un aumento progresivo del nivel del mar mientras la propia costa continúa hundiéndose lentamente. 

Los investigadores advierten de que el Mediterráneo se está calentando más rápido que muchas otras regiones del planeta y de que la acumulación de residuos y sedimentos dificulta cada vez más las tareas de documentación submarina. Paradójicamente, mientras la tecnología permite reconstruir digitalmente una de las mayores maravillas de la Antigüedad, el entorno donde permanecen sus restos físicos se vuelve más hostil y vulnerable año tras año.

Una de las Siete Maravillas reapareciendo. Lo más llamativo de todo es que el proyecto ya ha conseguido desmontar muchas dudas históricas sobre el Faro de Alejandría. Los investigadores creen ahora que las crónicas antiguas probablemente no exageraban: la torre realmente debió de ser tan colosal y avanzada como describían los autores clásicos. 

Los bloques recuperados, algunos de tamaño casi imposible incluso para la ingeniería moderna, están permitiendo ubicar entradas monumentales, plataformas y elementos estructurales con una precisión inédita. Poco a poco, bajo las aguas de Alejandría, una de las construcciones más famosas de toda la historia humana está dejando de ser un mito para volver a adquirir forma real.

Imagen | PHAROS, SciVi 3D studio, Roland Unger

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Creíamos que Ozempic era solo para adelgazar. La ciencia está viendo que puede acabar con el alcoholismo

Creíamos que Ozempic era solo para adelgazar. La ciencia está viendo que puede acabar con el alcoholismo

El famoso Ozempic lleva años revolucionando el tratamiento de la diabetes tipo 2 y también tiene un importante efecto sobre la obesidad a la hora de ayudar a los pacientes a adelgazar al provocar una mayor saciedad. Sin embargo, la comunidad científica llevaba tiempo sospechando que sus efectos iban mucho más allá del control del peso y ahora, la ciencia tiene una idea de que puede tener un efecto sobre el alcohol. 

Nuevos avances. Un nuevo estudio publicado a principios de mes en The Lancet ha demostrado que estos fármacos son capaces de reducir de manera significativa los días de consumo excesivo de alcohol en pacientes que tienen un problema de alcoholismo. 

Algo que es un gran hito, puesto que hasta ahora la evidencia sobre el uso de estos fármacos para tratar las adicciones se basaba en estudios pequeños, pero ahora se ha dado un gran vuelco al diseñar un ensayo con las máximas garantías para lograr encontrar una relación clara entre la toma de Ozempic y el control de la adicción. 

Cómo se hizo. Durante 26 semanas, los investigadores siguieron a 108 pacientes adultos que padecían a la vez obesidad y un trastorno por consumo de alcohol. A partir de esta muestra, el grupo tratado con semaglutida una vez a la semana experimentó una reducción del 41% en los días de consumo excesivo de alcohol, frente al 26% del grupo placebo que no tomaba el tratamiento. 

Además, los pacientes con medicación consumieron una media de 1.026 gramos de alcohol al mes, que es una cifra notablemente menor si tenemos en cuenta que el grupo de control bebió 1.550 gramos de alcohol. Y ambos pensaban que se estaban tomando el mismo tratamiento, aunque no era así. 

No es magia. Para entender por qué ocurre esto, nos tenemos que ir a 2023, donde un estudio demostró que la semaglutida, que es el principio activo de Ozempic, se une directamente al núcleo accumbens de los ratones. Al hacerlo, suprime la liberación de la dopamina inducida por el consumo de alcohol, suprimiendo el circuito de recompensa que genera satisfacción cuando se toma un poco de alcohol y que es el efecto que buscan los adictos. De esta manera, si el alcohol no genera ese "subidón" químico, el deseo de consumirlo desaparece. 

Las limitaciones. A pesar del entusiasmo que esto puede generar por tener un nuevo tratamiento contra el alcoholismo, que es una adicción que tiene grandes efectos negativos, hay que poner un poco el freno. A nivel técnico, debemos tener presente que 108 personas sigue siendo un grupo relativamente pequeño para extrapolar los resultados a toda la población. 

Además, todos los pacientes que participaron en el estudio padecían obesidad y eran de raza blanca, lo que limita la generalización de los resultados a pacientes normopeso o de otras etnias. Y por si fueran pocas limitaciones, hay que destacar que el ensayo fue financiado por los fabricantes del fármaco y no cuenta con datos de seguimiento más allá de la semana 26. 

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En Xataka | Pensábamos que apagar el hambre con Ozempic era el remedio definitivo contra la obesidad. Hasta que nos fijamos en el músculo

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El origen de la "luna azul" es en realidad un error de traducción: cómo una "traición" acabó dando nombre al satélite

El origen de la "luna azul" es en realidad un error de traducción: cómo una "traición" acabó dando nombre al satélite

A pesar de la inmensa cantidad de información que hay desmintiéndolo, nos la siguen colando de vez en cuando con el tema de las lunas de colores. No hay más que ver lo que ocurrió el pasado mes de abril con la famosa luna rosa. Muchas personas volvieron a mirar al cielo buscando que nuestro satélite se tiñese de color de fresa. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Ahora, leemos en todas partes que en mayo tendremos una luna azul. Este es un término real. La luna azul existe. Pero no, no es del color que te estás imaginando.

¿Cuándo? La luna azul del mes de mayo se verá el próximo día 31. Sin duda, será un momento bonito para mirar al cielo, pero simplemente porque una luna llena siempre es un gran espectáculo. No porque sea visiblemente especial. 

Dos en un mes o cuatro en una estación. En realidad, el término “luna azul” se usa para hablar de una luna extra. La Luna da la vuelta a la Tierra en 29,5 días, de modo que normalmente tenemos 12 lunas llenas en el año. Una cada mes. Sin embargo, al no coincidir exactamente con los 30 o 31 días del mes (o menos si es febrero) puede ocurrir que de vez en cuando caigan dos lunas llenas en el mismo mes. Esa luna extra es la que se conoce como luna azul. 

Por otro lado, con las estaciones pasa lo mismo. Normalmente hay tres en cada estación. Sin embargo, como el calendario solar y el lunar no coinciden tampoco con exactitud, a veces puede haber cuatro en una misma estación. La tercera de esas lunas es la que se conoce también como luna azul. 

No es azul. Curiosamente, el término “luna azul” viene de una mala traducción del inglés antiguo. Al hablar de las lunas azules estacionarias, a la tercera luna llena de una estación de cuatro se la conocía como “luna traidora”. Esta es una luna engañosa, pues parece que se acaba ya la estación, pero no. Aún queda otra luna llena. En inglés antiguo se usaba el término “belewe” como “traidora”. Sin embargo, esto se transformó en “blue” al ir de boca en boca y se la empezó a denominar luna azul. No tiene nada que ver con su color. A la vista, una luna azul es exactamente igual que cualquier otra. 

Cuando sí es azul. La luna, llena o no, puede verse de colores distintos dependiendo de la presencia de ciertas partículas en la atmósfera. Hay algunas que son capaces de dispersar las longitudes del espectro electromagnético más rojizas, filtrando así la luz azul y favoreciendo que el cielo se tiña de este tono. Con otras pasa justo lo contrario y el cielo se tiñe de rojo. 

Por lo general, las partículas emitidas por los volcanes en erupción son del primer tipo. Es por eso que en 1883, durante una erupción del Krakatoa, muchos testigos comenzaron a decir que la luna se había teñido de azul. Ahí, el término adquirió un nuevo matiz. No obstante, es simplemente una excepción. 

Más habitual de lo que parece. En realidad, las lunas azules son bastante frecuentes. Se calcula que entre 1550 y 2650 habrá 408 lunas azules estacionales y 456 lunas azules mensuales. El año que viene, sin ir más lejos, tendremos otra, también en mayo, aunque esta vez será estacional y sucederá el día 20. En definitiva, no dejes que te la cuelen con el color, pero aprovecha que este mes tienes dos lunas llenas y mira hacia arriba. No hay mejor manera de decorar el cielo que con una buena luna llena. 

Imagen | Contri from Yonezawa, Yamagata, Japan

En Xataka | La contaminación lumínica es un problema cada vez más grande. Así que unos investigadores la han puesto en un mapa

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La noticia El origen de la "luna azul" es en realidad un error de traducción: cómo una "traición" acabó dando nombre al satélite fue publicada originalmente en Xataka por Azucena Martín .



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