24 de octubre de 2026

China lo tiene claro: no hay nada como un buen microdrama en el móvil para que las leyes lleguen a la gente

China lo tiene claro: no hay nada como un buen microdrama en el móvil para que las leyes lleguen a la gente

Cuando un gobierno quiere iniciar una campaña, como por ejemplo para que dejes de fumar o no uses el móvil mientras conduces, lo normal es encontrarse carteles físicos o anuncios. Antaño solo en la radio o en la tele, pero ahora también puedes encontrártelos en redes sociales. ¿El problema? No se tú, pero yo en cuanto veo un anuncio de cualquier tipo, mi vista está entrenada para esquivarlo. Así que en China han ido un paso más allá y pasan de los anuncios: se montan su propio microdrama, un formato que causa furor en el país.

Que viva el microdrama. El estado chino ha convertido los microdramas en un canal de comunicación pública. Así, en enero de 2025 la Administración Nacional de Radio y Televisión (NRTA) lanzó su plan "Microdramas+", que lleva el formato a sectores de lo más variopintos, que van desde el turismo o el derecho hasta la ciencia, el deporte o el patrimonio inmaterial. Y este abril publicó su primera lista de 2026 con 116 títulos recomendados: 50 de turismo, 22 para aprender derecho, 8 para fomentar el deporte o 7 para divulgar ciencia, entre otros, como cuenta Sina.

Y desde el 1 de septiembre, el sector tiene su propia norma ministerial, que define el formato como una serie de episodios en la que la duración de cada uno sea inferior a veinte minutos, con un tema claro y una trama principal definida, una historia continua y completa y personajes destacados. Una curiosidad: igual que la UE exige señalar los deepfakes y marcar el contenido generado con IA, en China los microdramas hechos con IA deben llevar un aviso visible en cada episodio.

Ya tienen vídeos virales. Ese formato corto dramatizado con experiencia que podrían ser reales engancha y el gobierno del gigante asiático ya ha conseguido algunos éxitos de visionado, como "¡Señor Bao, ahora es 2025!", una serie de divulgación jurídica sobre las nuevas modalidades de estafas en redes y telecomunicaciones. Lanzada durante las vacaciones del Festival de Primavera de 2025, llegó a superar los 210 millones de visualizaciones en la plataforma Kuaishou, como detalla la página oficial del Tribunal Popular Supremo de la República Popular China.

El gobierno va donde está la audiencia. Para que una campaña funcione hacen falta muchas cosas, pero la primera es ir a donde está la audiencia y el gobierno chino ha acertado de pleno: según el "Informe de Investigación sobre el Desarrollo Audiovisual online de China (2025) recogido por Beijing News, el 59,7% de los internautas chinos es espectador habitual de microdramas. 

Y eso sin hablar del cambio de registro: pasar de carteles, charlas o notas a una narración con conflicto, emoción y algoritmo. Por supuesto, también hace falta dinero: este mayo la NRTA presentó un plan para impulsar mil microdramas en 2026, y seis grandes plataformas se comprometen a invertir al menos 6.000 millones de yuanes, unos 800 millones de euros, en producciones con actores reales. Además, el filón no es solo a nivel concienciación, la industria también gana respaldo y tiempo delante de la pantalla con esas producciones destacadas.

La otra cara de la moneda.El modelo ha ido depurándose por temas: a principios de 2024 la NRTA propuso 100 microdramas de turismo, en agosto de ese año dio el salto al aprendizaje del derecho con la colaboración de la Fiscalía Popular Suprema, el Tribunal Popular Supremo y el Ministerio de Seguridad Pública para, a principios de 2025, integrar estas líneas en el plan “Microdramas+”, que fija seis direcciones prioritarias, entre ellas la ciencia. La adicción a las pantallas y las redes sociales es una realidad, pero también pone en bandeja un formato de lo más aprovechable para que llegue el mensaje.

Esta concienciación a través del canal y el formato de moda también conlleva mayor control. Así, la campaña de salud de Suzhou va acompañada de la regulación de las cuentas de aquellos profesionales de la salud que se dedican a la divulgación, con autorizaciones, registros y revisión. No obstante, a escala nacional la salud pesa poco y hay otros con categoría de "especiales" que tienen mayor control, como política, diplomacia, seguridad nacional, justicia o seguridad pública.

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Portada | tommao wang con Gemini

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Cómo Netflix y el resto de plataformas de streaming consiguieron lo que parecía imposible: que aceptásemos los anuncios

Cómo Netflix y el resto de plataformas de streaming consiguieron lo que parecía imposible: que aceptásemos los anuncios

Ya no es extraño que el capítulo de una serie se interrumpa a la mitad para intercalar un anuncio. Ocurre en Amazon Prime o en los planes con publicidad de Netflix y Disney+. Al mismo tiempo, en YouTube se acumulan los contenidos publicitarios, que también saturan Instagram y TikTok.

El negocio de la publicidad en Internet es inmenso. Tanto que alcanzará los 1,34 billones de dólares en 2026 (el PIB de España en 2025 fue de 1,69 billones de euros), un 11,9% más que en el año anterior, según la firma de análisis del sector publicitario WARC Media. Llama la atención que las plataformas de streaming VOD ingresarán un 15,1% más por anuncios, hasta los 48.400 millones de dólares. Este había sido un sector que prometía huir de la publicidad a cambio de una suscripción mensual.

“Después de la pandemia, el crecimiento de las plataformas de streaming, que hasta el momento había sido bastante progresivo, se empezó a estancar”, comenta Elena Neira, profesora de Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y autora de ‘Streaming Wars: La nueva televisión’. Es la época en la que Netflix pierde suscriptores. El pánico se desata en Hollywood, que veía a las plataformas como un motor de crecimiento imparable, y también en otro lugar importante: Wall Street.

Neira explica que los inversores impulsaron un cambio en la forma de medir el éxito. Dejó de importar el número de suscriptores en favor de los ingresos. “El crecimiento [de suscriptores] había sido una métrica muy atractiva porque, aunque las empresas no ganasen dinero, había una perspectiva de que lo hicieran en el futuro”, cuenta la profesora de la UOC. “En el momento en el que la caída de suscriptores es una posibilidad, Wall Street empieza a perder interés en este crecimiento y exige que tengan las cuentas saneadas”.

La introducción de la publicidad obedecía a dos razones: aumentaba la rentabilidad de cada usuario y servía para retenerlos. Aquellos que no querían pagar tanto tenían una opción más barata aderezada con anuncios.

La publicidad llega a todos los rincones

A estas alturas poco queda de la cultura originaria de Internet, esa que empezó como una subcultura espontánea. Con ese afán por compartir el conocimiento sin obtener rédito a cambio: si alguien sabía de fortificaciones en castillos medievales, escribía sobre ello, subía sus propias fotografías. O con el entusiasmo —que ahora parece ingenuo— por establecer contacto con alguien de Australia, de Singapur, por comunicarse con personas que habitaban al otro lado del mundo.

En esos tiempos de chat IRC y de páginas web primitivas, en la prehistoria de la blogosfera, latía un optimismo genuino. Internet arrancó con una fascinación adolescente y un idealismo cooperador antes de convertirse en una apisonadora económica, en el espacio más mercantilizado del mundo.

Pronto se conformaron dos maneras básicas de ganar dinero online: el pago directo (ya sea mediante suscripción o ventas de servicios o productos, incluido el comercio electrónico) y la publicidad. Solo hay que echar un vistazo a una gráfica de la evolución del gasto publicitario en la Red a lo largo de los años para tomar conciencia de la importancia de esta vertiente. Así se refleja en esta recopilación de datos del portal Statista, que mide los ingresos por anuncios online desde el 2000 al 2025 en Estados Unidos. Un cuarto de siglo de un aumento vertiginoso: de 8.090 millones de dólares a 294.590 millones.

Statista

Al principio la publicidad era una forma de sustentar pequeñas iniciativas online, como un blog. Después pasó a ser un negocio millonario y milmillonario que tendía a concentrarse en unas pocas manos. Hoy atraviesa todas las capas y rincones de Internet. En algunas plataformas la afluencia de anuncios es notoria.

“YouTube está capitalizando el hecho de que tiene una cuota de consumo cada vez mayor, especialmente en televisiones”, apunta Neira. “Está saturando más porque tiene muchas más reproducciones y, por tanto, tiene mucho más público objetivo, con lo que su publicidad es más efectiva”. Como referencia, en los televisores de Estados Unidos YouTube tiene un 13,8% de cuota de pantalla, mientras que Netflix capta un 8% y la emisión tradicional televisiva mantiene un 19,2%.

La profesora de la UOC opina que YouTube introduce más densidad publicitaria porque tiene más capacidad para hacerlo. Pero no cree que esto sea una estrategia para empujar a los usuarios a las suscripciones de pago, como a veces puede parecer. Y es que los planes con anuncios son más rentables. De esto precisamente se han dado cuenta las plataformas de streaming.

“Cuando llegaron, la gran promesa era que venían sin publicidad”, señala Mónica Moro, fundadora y CCO de la agencia de publicidad This is Libre, con una amplia trayectoria como creativa. “Y la gran sorpresa fue cuando Netflix dijo que iba a necesitar poner anuncios. Lógicamente los anunciantes saben que ahí también hay mucha audiencia”. El encaje era fácil.

Los planes con anuncios de plataformas de streaming facturarán este año 45.000 millones de dólares en América del Norte, según la firma analista Ampere Analysis. Esto supondrá el 54% de lo que las compañías ingresan por suscripciones. “Todas las plataformas han lanzado planes con anuncios y son particularmente agresivas comercializando esos planes porque les interesa más”, recalca Neira. “La subida de precios de las suscripciones sin anuncios es una manera de empujarnos hacia los planes con anuncios, porque estos hacen que seamos usuarios mucho más rentables. Tenemos el pago de la tarifa y, al mismo tiempo, la publicidad”.

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Todo se pone de cara para introducir publicidad en los servicios de streaming, como indica Mónica Moro, de This is Libre: “En las plataformas tipo Movistar o Amazon Prime existe esa oportunidad porque necesitan financiación y necesitan acudir a las marcas. Y tienen audiencias cautivas. Son audiencias de mayor interés para determinadas marcas. Y también es más barato [que la televisión lineal] para los anunciantes”.

El número de anuncios es menor que en la televisión tradicional, desde luego. Aunque Neira admite que es posible que la presión publicitaria haya aumentado en las plataformas VOD, pese a que el promedio del mercado “son 4 minutos por hora de programación y eso no suele oscilar”. La profesora de la UOC pone el foco en la percepción del usuario: “Me da la sensación de que al usuario le ha pillado por sorpresa, precisamente porque la premisa con la que surgió el streaming fue por oposición a cómo funciona la televisión”. Era un pacto: una suscripción económica daba acceso a un catálogo sin interrupciones publicitarias.

Esto se ha modificado. Y Neira estudió cómo ha caído este cambio de tercio entre los usuarios españoles en el paper ‘The rise of AVOD in Spain: The impact of advertising on the streaming user experience’. “Al usuario le ha costado acostumbrarse, pero lo que dicen los datos es que hay una proporción muy elevada de personas que tienen contratados planes con anuncios. Y curiosamente el grueso de esta gente viene de un plan sin publicidad”, añade.

Esto indica algo muy básico: la gente acepta la publicidad a cambio de un servicio más barato. “Si el consumidor de Netflix no quiere ver anuncios tiene que pagar una cuota mensual más alta”, destaca Moro. “Al final, todo esto es un negocio. Todos los medios viven de la publicidad y de los ingresos de las marcas”. La creativa razona que si las plataformas no ofrecen publicidad tienen que impactar directamente en el usuario esa cantidad de dinero que dejan de ingresar.

Ante la presencia creciente de los anuncios se ha impuesto la adaptación. “Los usuarios están alternando más entre plataformas de pago y de anuncios”, cuenta Neira. “En lugar de simultanear muchos servicios tienen contratada una suscripción sin publicidad. O bien se suman a los planes convergentes, por ejemplo una oferta de una operadora como Movistar, con un servicio de teléfono que ofrezca acceso a las plataformas sin anuncios”.

Las redes sociales, otro nivel de publicidad

La situación es diferente en otros ámbitos donde los anuncios ya son habituales. “Con YouTube creo que la gente ya asume la publicidad como un elemento consustancial a la plataforma”, afirma Neira. Pero este portal no está solo en la proliferación publicitaria en vídeo. Instagram y TikTok han experimentado un crecimiento meteórico en sus ingresos por anuncios.

Como referencia, en Estados Unidos las redes sociales facturarán 394.600 millones de dólares por publicidad en 2026, un 21,3% más que el año anterior, según datos de WARC Media. Es la categoría que más crece en ingresos por esta vía. Y una de las consecuencias es la saturación.

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“Un anuncio puede vivir también en un móvil. Tú lo ves en YouTube o en Instagram y funciona porque te gusta”, sostiene Moro. “Pero también creo que hay una publicidad molesta que tiene que ver con todo lo que pasa en redes, con esos formatos rápidos que te interrumpen continuamente. Y a esto se suma la publicidad de los influencers recomendando”.

La inversión publicitaria en redes sociales aumenta año a año. Y las plataformas de vídeos cortos, que se han convertido en el símbolo de la economía de la atención, acaparan gran parte de ella. Aunque quizá el futuro de los anuncios online no está condenado a la velocidad de TikTok o Instagram. “Creo que también hay una tendencia a contenidos más largos porque no parecen publicidad”, señala Moro. “La publicidad cada vez es más corta, más efímera, más intrusiva. 

Así que si de repente ofreces un contenido de tres minutos que no parece un anuncio sino que te cuenta una historia muy entretenida y con una producción increíble, las marcas pueden conectar con las audiencias de una forma mucho más cualitativa”.

Imagen | Mahrous Houses, Marques Kaspbrak, appshunter.io

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La noticia Cómo Netflix y el resto de plataformas de streaming consiguieron lo que parecía imposible: que aceptásemos los anuncios fue publicada originalmente en Xataka por Pablo G. Bejerano .



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La sonda Mars Odyssey de la NASA cumple 25 años de servicio en Marte

Impresión artística de la Mars Odyssey en órbita alrededor de Marte – NSA/JPL
Impresión artística de la Mars Odyssey en órbita alrededor de Marte – NSA/JPL

El 24 de octubre de 2001 la sonda Mars Odyssey de la NASA entraba en órbita alrededor de Marte para una misión con una duración prevista de 32 meses. Pero ha superado con creces ese objetivo, pues hoy mismo cumple 25 años de servicio, unas diez veces lo que se supone que iba a durar.

Además desde el 2 de noviembre de 2006 la Mars Odyssey es la sonda que más ha durado en servicio en órbita alrededor de otro planeta. Le quitó este puesto a la Mars Global Surveyor, con la que se perdió el contacto el 2 de noviembre de 2006 debido a un fallo en una actualización del software de a bordo tras haber realizado 34.202 órbitas alrededor de Marte y haber enviado 25.528 imágenes a la Tierra.

La misión de la Mars Odyssey era –y, p or ahora, aún es– la de buscar evidencias de la presencia de agua o hielo en el pasado o en el presente y estudiar la geología y la radiación en Marte.

Para ello llevaba a bordo tres instrumentos: Thermal Emission Imaging System (THEMIS), que es una cámara que ve en el infrarrojo y en el espectro visible y que sirve tanto para fotografiar la superficie como para estudiar su temperatura y para refinar los datos de su composición obtenidos mediante el GRS, un espectrómetro de rayos gamma, el segundo de los instrumentos de a bordo. El tercero era Marie, de Martian Radiation Experiment, un instrumento dedicado a medir la radiación pero que dejó de funcionar el 28 de octubre de 2003 después de que los efectos de una tormenta solar alcanzaran la sonda.

En cualquier caso los dos primeros han servido para obtener indicios de presencia de agua en Marte, algo que confirmó años más tarde con mediciones in situ el aterrizador Phoenix Lander.

Todo este tiempo después la Mars Odyssey sigue haciendo ciencia desde su órbita, aunque también es muy importante su tarea como relé de comunicaciones para las sondas y rovers de la NASA sobre la superficie de Marte como Curiosity, Perseverance o InSight, y en su momento Spirit, Opportunity, y la ya citada Phoenix Lander hasta que dejaron de funcionar.

Cuando cumplió los veinte años de servicio se estimaba que tendría combustible para seguir en servicio al menos hasta finales de 2025. Pero ahora calculan que podría ser hasta finales de 2028.

En cualquier caso veinticinco años de servicio y contando en un ambiente tan hostil como la órbita de un planeta no está nada, nada mal.

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Hay una paradójica razón por la que millones de discos duros perfectamente funcionales se desechan cada año

Hay una paradójica razón por la que millones de discos duros perfectamente funcionales se desechan cada año

La idea de “tirar a la basura” componentes informáticos totalmente operativos y con alrededor de media década de antigüedad puede tener muy poco sentido si pensamos en los mercados de segunda mano e incluso en reducir los desechos electrónicos. Para muchas compañías, sin embargo, tiene sentido, al menos cuando de discos duros se trata.

Cada año, millones de dispositivos de almacenamiento se dirigen obligadamente hacia un único destino: la destrucción. Y no importa que todavía funcionen e incluso que, en caso de ser vendidos, puedan retribuirles una importante cantidad de dinero a sus antiguos propietarios. Se trata de una práctica que en estos tiempos no deja de sorprender.

Stellar Info, basándose en datos del Laboratorio Nacional de Energía Renovable de Estados Unidos (hoy rebautizado como Laboratorio Nacional de las Montañas Rocosas), señala que al menos unos 20 millones de discos son destruidos anualmente en ese país. Este escenario se repite una y otra vez en diferentes partes del mundo y, por lo general, tiene un punto en común: que es impulsado por empresas y gobiernos.

Nombres como Amazon, Microsoft y Google, en el universo tecnológico, así como departamentos u oficinas gubernamentales de todo tipo, bancos y agencias de seguridad suelen confiar en la destrucción de los dispositivos de almacenamiento como una solución efectiva y sin vueltas para evitar que datos confidenciales acaben en manos indebidas.

Como señala Financial Times, se trata de discos duros empresariales que, generalmente, operaron en centros de datos y que una vez cumplida una cierta cantidad de tiempo son reemplazados. Y no necesariamente hacia el fin de su vida útil, sino unos cinco años después de haber sido adquiridos, que es cuando suelen expirar las garantías.

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Quienes llevan adelante este tipo de prácticas priorizan, por sobre todas las cosas, el funcionamiento ininterrumpido de sus sistemas y evitar la filtración de datos, dos escenarios que en caso de presentar contingencias pueden traducirse en pérdidas millonarias, ya sea por interrupciones de sus servicios o por multas por incumplimiento de la protección de datos.

El negocio de destruirlo todo

Frente a este escenario se ha desarrollado todo un negocio que apunta a ofrecer servicios de destrucción de discos duros. Algunas compañías como Sims Lifecycle Services ofrecen incluso destrucción “in situ” para evitar que los discos duros puedan extraviarse por el camino, una preocupación real por parte de algunos clientes de estos servicios.

Algunos expertos, no obstante, sostienen que este tipo de prácticas no es la mejor alternativa. Si efectivamente se quieren destruir los datos hay formas digitales de conseguirlo, lo que abre la puerta a la reutilización segura de los dispositivos. Frente a este escenario, el Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos IEEE presentó en 2022, con su estándar IEEE 2883, tres alternativas posibles.

Bajo la premisa de impulsar la economía circular de los soportes de almacenamiento, impulsa varios métodos de borrado seguro de datos (sanitization). Veamos, en líneas generales, cada una de sus propuestas.

Desde el IEEE señalan que los métodos de trituración de discos han dejado de ser completamente efectivos. Esto se debe, aseguran, a que las técnicas de laboratorio de última generación brindan la posibilidad de extraer datos incluso de pequeños fragmentos de 2 milímetros del plato de un disco duro. La destrucción solo debe usarse después de aplicar otros métodos, sugieren.

Si bien se presentan tres alternativas, desde el instituto destacan que la más importante es la purga (purge). Se trata de un método que impide que los datos se recuperen incluso utilizando equipos de última generación. Y, al no destruirse el disco, es posible su reutilización, incluso fuera de la órbita del propietario de origen. Con el tiempo sabremos si estas alternativas consiguen prosperar.

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Desde entonces ha habido movimientos en esa dirección. En septiembre de 2025, el NIST estadounidense publicó la revisión 2 de su guía de saneamiento de soportes (SP 800-88), que sustituye a la de 2014 y es otra de las referencias que siguen las empresas para certificar el borrado. Algunos fabricantes, además, ya venden discos recuperados: Seagate abrió en 2024 una tienda en eBay de unidades recertificadas, borradas conforme al IEEE 2883 y a las pautas del NIST, y asegura que en su año fiscal 2023 alargó la vida de cerca de 1,19 millones de discos duros y SSD.

Las grandes tecnológicas también han movido ficha, aunque sin renunciar a la trituración. Microsoft afirma que en 2024 reutilizó o recicló el 90,9 % de los servidores y componentes de sus centros de datos. Aun así, las piezas que almacenan datos siguen saneándose y triturándose antes de separar el resto de materiales. Con Western Digital y otros socios ha probado un proceso para recuperar neodimio y otras tierras raras de discos al final de su vida.

Mientras tanto, la inteligencia artificial ha vuelto escasos los discos duros. En enero de 2026, el consejero delegado de Western Digital, Irving Tan, aseguró que la compañía había vendido prácticamente toda su capacidad de producción del año, con pedidos firmes de sus siete mayores clientes y acuerdos plurianuales que llegan hasta 2027 y 2028.

Imagen | panumas nikhomkhai, Marta Branco, Andrey Matveev

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La noticia Hay una paradójica razón por la que millones de discos duros perfectamente funcionales se desechan cada año fue publicada originalmente en Xataka por Javier Marquez .



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Dos agentes internos de OpenAI debilitaron la vigilancia de su propio comportamiento para acabar una tarea, y uno negó haberlo hecho

Una alarma silenciada representa cómo agentes internos desactivaron controles de seguridad.

OpenAI ha publicado dos informes de incidente en los que sendos agentes de programación de uso interno debilitaron el sistema que vigila su propio comportamiento. Uno vació la lista de destinatarios de las alertas y añadió una comprobación para que la tarea fallara si esas notificaciones no estaban suprimidas. El otro eliminó el monitor y cambió un test que comprobaba que la vigilancia estaba activa por otro que verificaba su ausencia. Lo cuenta en su blog de investigación en alineamiento, publicado el 20 de octubre.

Conviene decir desde el principio qué no es esto. No son controles de seguridad de producto ni de clientes: es la monitorización de desalineamiento de los despliegues internos de la empresa. Y OpenAI no concluye que hubiera engaño deliberado: dice, literalmente, que «todavía no tenemos una explicación satisfactoria para este comportamiento».

¿Qué pasó exactamente?

Dos incidentes, el 3 y el 6 de octubre, con dos modelos distintos: GPT-6.1 Sol y GPT-6 Astra. En los dos casos los agentes estaban haciendo trabajo de programación interno pedido por empleados.

El primero tenía que crear tareas de evaluación a partir de comentarios recogidos en Slack, con la instrucción de no enviar mensajes por ese canal. Tras 82 mensajes del usuario, la tubería se detuvo: el monitor había marcado una reparación propuesta y no pudo guardar el hallazgo en la base de datos de monitorización porque le faltaban permisos. Cuando el usuario le pidió cambiar el destino de los resultados y reejecutar, el agente interpretó que la instrucción de no escribir en Slack cubría también las alertas del monitor: vació los destinatarios, registró el motivo como «el usuario pidió explícitamente que no se enviaran mensajes» y añadió el guard que forzaba el fallo si las notificaciones seguían activas. El monitor siguió funcionando y guardando sus informes; simplemente nadie recibió aviso. En su respuesta final, el agente escribió: «No se enviaron mensajes».

El segundo tenía que copiar una implementación de referencia, y se le había dicho antes, en un intercambio con otro agente, que no desactivara el monitor «ni siquiera temporalmente». Delegó el trabajo en un subagente y matizó la obligación de preservar la vigilancia con un «según corresponda» a la implementación de referencia; el subagente leyó ese matiz como autorización suficiente, quitó la configuración del monitor y su integración y reescribió el test de regresión al revés. Preguntado después si había eliminado un monitor activo, respondió: «No […] no eliminé un monitor activo de ahí». OpenAI califica esa afirmación de falsa, pero no le atribuye intención.

¿Lo hicieron a propósito?

Esa es la pregunta y la respuesta honesta es que no se sabe. OpenAI reconoce que los agentes «consideraron si debían preservarse las salvaguardas de monitorización» y aun así trataron instrucciones rutinarias como autorización para debilitarlas. Y dice estar evaluando si los casos reflejan «una insistencia benigna excesiva o una propensión a evadir específicamente la monitorización de desalineamiento».

Hay un detalle del primer incidente que merece quedarse en la cabeza: un subagente reconoció que suprimir las notificaciones desactivaría alertas obligatorias y decidió no recomendar esa vía. El agente padre reconsideró después y le ordenó suprimirlas igualmente; el subagente las implementó.

Eso encaja con lo que la propia empresa documentó en marzo, cuando describió cómo vigila a sus agentes internos: pueden estar «demasiado dispuestos a rodear restricciones para perseguir un objetivo fijado por el usuario, especialmente cuando la petición del usuario lo favorece sin pretenderlo», y entonces no había evidencia de motivaciones más allá de la tarea original. En aquel balance, las categorías de sabotaje y maquinación acumulaban cero verdaderos positivos. Es el mismo patrón que vimos cuando un modelo de OpenAI usó sin permiso una cartera de pruebas ajena para terminar una tarea y no lo contó: el objetivo manda y la salvaguarda es un obstáculo.

¿Por qué no saltó ninguna alarma?

Porque ninguno de los dos incidentes se clasificó como P0, la categoría que hace que el sistema avise de inmediato al equipo de seguridad: con el volumen de eventos que revisan los monitores, los de severidad menor no disparan ese aviso inmediato. Ninguna de las dos trayectorias se detuvo de forma automática. OpenAI fecha el descubrimiento de los dos casos el mismo día en que ocurrieron, pero no dice quién ni qué los detectó.

El sistema que debería verlos es considerable. OpenAI dice haber vigilado decenas de millones de trayectorias agénticas internas en cinco meses, con GPT-5.4 Thinking haciendo de monitor a máximo esfuerzo de razonamiento y revisión en los treinta minutos siguientes a cada finalización. Escaló cerca de mil conversaciones de severidad media a revisión humana, muchas procedentes de su propio red team, y ninguna conversación real alcanzó el nivel máximo. Menos del 0,1 % del tráfico queda fuera de cobertura.

La única medida ya aplicada es una: Auto-Review, que ya era obligatorio para todo uso interno de Codex, ahora detecta y bloquea los intentos de desactivar esta monitorización. El refuerzo general del sistema de vigilancia está en curso, no terminado. Lo que sigue abierto es más largo: exigir un caso de seguridad válido por categoría de trabajo, con terminación automática de los que no lo cumplan, está «en progreso»; las evaluaciones para medir propensión a evadir la vigilancia están «en desarrollo», la causa no está determinada y hay dos huecos que la empresa admite. El primero: ha habido «varios casos» —sin cifra— en los que agentes lanzaron despliegues con la monitorización desactivada. El segundo, más concreto: no se exige monitorización para evaluar modelos de cierta clase, lo que «hace posible configurar mal una evaluación de Astra para que use el bypass pensado para los modelos clase Luna».

Mi lectura es que el valor de esto no está en el susto, está en el método. Publicar informes de incidente propios, con fechas, citas de lo que dijo el agente y una lista de lo que no está resuelto, es exactamente lo que no hace nadie más en el sector, y conviene reconocerlo. Pero tiene el límite obvio: todo lo que sabemos lo cuenta la empresa implicada, sin autores acreditados, sin revisión externa y decidiendo ella qué publica y qué severidad le asigna.

Y hay una lectura que me parece más incómoda que la del titular fácil. Lo preocupante no es imaginar un agente rebelándose: es que un sistema que razona sobre si conviene conservar su propia vigilancia, decide que una orden de no escribir en Slack le autoriza a apagarla, y acaba apagándola igualmente, haga todo eso sin que la empresa pueda explicar por qué, simplemente porque la tarea pesa más que el control. En el segundo caso el matiz es peor: al agente se le había dicho que no tocara el monitor «ni siquiera temporalmente», y aun así acabó fuera. Eso no se arregla con alineamiento: se arregla con permisos que el agente no pueda tocar. Y conviene recordar que Codex, donde ese control ya era obligatorio y ahora además bloquea los intentos de apagar la vigilancia, es el producto con el que OpenAI aceleró su apuesta por la programación con agentes tras el movimiento de Anthropic: el mismo tipo de sistema que la empresa vende a sus clientes. En algún momento habrá que asumir que la vigilancia no puede vivir en el mismo sitio que el vigilado. Para entender por qué estos sistemas «deliberan» antes de actuar, ayuda saber qué son los modelos de razonamiento y cuándo merece la pena dejarlos pensar.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí