8 de enero de 2026

Lavar el pollo “para limpiarlo” suena higiénico. La ciencia dice que es una pésima idea (y muy peligrosa)

Lavar el pollo “para limpiarlo” suena higiénico. La ciencia dice que es una pésima idea (y muy peligrosa)

"El pollo no hay que lavarlo nunca". Esta vez, ha sido Higinio Gómez (uno de los polleros gourmet más reconocidos de España) el que ha reabierto el debate en una entrevista en El País. Pero el asunto es recurrente e inexplicablemente genera posturas enfrentadísimas: desde aquellos convencidos de que lavar el pollo es una forma de "quitar gérmenes o suciedad" a los que, con razón, dicen que es una pésima idea. 

Pero, como diría el propio Gómez en su establecimiento, 'vayamos por partes'. 

¿Qué le pasa al pollo? Empecemos por lo más básico: al pollo no le pasa nada. El riesgo vinculado con 'lavar el pollo' no tiene que ver con el pollo en sí. Tiene que ver con la contaminación cruzada: con que las bacterias del pollo crudo (que serían eliminadas durante la preparación) pasan a manos, fregadero, encimeras y utensilios varios. 

A menudo, de hehco, al lavar el pollo acabamos metiendo esas bacterias en alimentos lictos para comer. La EFSA estima en miles de millones de euros anuales el impacto de la contaminación por Campylobacter (un bicho especialmente vinculado al pollo). 

A veces es por cocinarlo mal, sí; pero a menudo es por manipular la comida cruda sin ningún tipo de rigor.

Lo que dice la evidencia. En un estudio observacional ya clásico de la USDA norteamericana, se descubrió que, efectivamente, esto que acabo de explicar era lo que ocurría realmente: entre quienes lavaron el pollo, el 60% contaminó el fregadero y hasta un 26% acabó transfiriendo bacterias a la ensalada. 

Y, de hecho, ya tenemos estudios experimentales que explican el mecanismo: más allá de lo obvio, "el lavado genera gotas capaces de transferir bacterias y aumentar la contaminación del entorno"

¿Y por qué la gente se obstina en lavarlo? Esa es una buena pregunta con numerosas respuestas: desde la herencia cultural e histórica (al fin y al cabo, cuando se sacrificaba el pollo en casa, lavar sí tenía más sentido) hasta una falta sensación de control que acaba por volverse en nuestra contra. 

Seamos prácticos: ¿Cómo evitar la contaminación cruzada a la hora de cocinar pollo?

  • Separar el pollo crudo de otros alimentos: Es buena idea mantener el pollo crudo separado de otros alimentos. Esto es verdad siempre, pero especialmente con todos aquellos que se consumen crudos (como frutas y verduras). 
  • Usar utensilios diferentes: Lo hemos hablado con las tablas de cortar, pero es un consejo especialmente efectivo con cuchillos y otros utensilios. De hehco, la recomendación es que, si no tenemos varios juegos de utensilios, lávalos cuidadosamente entre usos con agua caliente y jabón.
  • Lavar bien las manos y las superficies: Después de manipular pollo crudo, no solo hay que lavarse las manos con agua caliente y jabón durante al menos 20 segundos; sino que deberíamos desinfecta todas las superficies con las que haya estado en contacto.

Imagen | Cristian Guillen / Imani

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La noticia Lavar el pollo “para limpiarlo” suena higiénico. La ciencia dice que es una pésima idea (y muy peligrosa) fue publicada originalmente en Xataka por Javier Jiménez .



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Dos científicos intentaron publicar un "paper" sobre por qué nos salen pelusas en el ombligo. Y ahí empezaron sus problemas

Dos científicos intentaron publicar un "paper" sobre por qué nos salen pelusas en el ombligo. Y ahí empezaron sus problemas

En 2005, el escritor Mark Leyner y el médico Billy Goldberg publicaron 'Por qué los hombres tienen pezones', un divertidísimo libro de divulgación científica en el que respondían preguntas muy locas: desde el motivo por el que nos salen pelos por las orejas a las razones fisiológicas por las que los espárragos perfuman el pis. Sin embargo, no fueron capaces de contestar una pregunta clave: ¿de dónde salían las pelusas del ombligo?

Cuatro años después, Georg Steinhauser quiso compartir su respuesta con el mundo. Según él, la pelusa del ombligo estaba relacionada fundamentalmente con el vello abdominal. Según él, el vello recogía las fibras de la ropa y las dirigía al ombligo. ¡Hizo experimentos durante tres años depilando pechos para comprobar las diferencias! Pero nadie le quiso publicar.

¿Nadie? ¡No! Una revista poblada por irreductibles científicos locos resiste, todavía y como siempre, a las más elementales prácticas de control de la publicación científica contemporánea. Bienvenidos al mundo de 'Medical Hypothesis'.

Contra el "aburguesamiento" de la ciencia

En los últimos años, las cosas “basadas en la evidencia” han gozado de una fama sin precedentes. Desde la política a la medicina, miles de profesionales han vuelto la cabeza a la ciencia en busca de soluciones con las que dar respuesta a los problemas de una sociedad cada vez más compleja.

Sin embargo, no era oro todo lo que relucía: una y otra vez hemos vuelto a reflexionar sobre uno de los puntos ciegos del enfoque, que la ciencia es, por naturaleza, conservadora. No en sentido político, sino en sentido epistemológico. Es decir, conocemos mejor lo que tenemos; pero cuando lo que tenemos no funciona, es un problema.

Un problema porque, sin recursos para investigar nuevas opciones, se ven obligados a implementar intervenciones que no funcionan, deja a muchos profesionales con las manos atadas. Por buenas razones, eso sí. Pero con las manos atadas. No es raro, claro, que haya gente que quiera más diversidad. Este es el caso de ‘Medical Hypotheses’, la revista más WTF de la ciencia de los últimos 40 años.

‘Medical Hypotheses’ fue fundada por el fisiólogo David Horrobin quien la dirigió hasta su muerte en 2003. Horrobin, que ya era él mismo una figura controvertida (el British Medical Jornal definió como uno de los mayores “vendedores de aceite de serpiente de su época”), hizo una revista a su imagen y semejanza.

Divertida, refrescante y peligrosa

En teoría, la idea era construir un foro respetable para debatir ideas poco convencionales sin las restricciones de los estándares de las publicaciones científicas actuales como una forma de impulsar la diversidad amenazada por el monocultivo académico. ‘Medical hypotheses’ quería ser un lugar donde llevar las intuiciones, las ideas extravagantes y las teorías alocadas. En un mundo como el científico lleno de certezas y frases en presente de indicativo, la revista de Horrobin eran todos los y-sis y condicionales.

Eso la hace una revista profundamente divertida y refrescante, pero también la hace una caja de bombas. Lo mismo puedes leer un estudio que relaciona los tacones con la esquizofrenia que uno sobre los parecidos entre las personas con síndrome de Down y los asiáticos. Estos días, sin ir más lejos, está circulando un estudio por los tabloides de medio mundo sobre si podemos abandonarnos tanto que acabamos muriendo por pura psicología.

Durante años, el mundo era una fiesta en 'Medical Hypotheses’. En los primeros números, escribieron pioneros de algunos de los campos con más desarrollo de la época. Pero su principal baza es también su principal problema. Es una revista que requiere un editor muy hábil para poder transitar terrenos controvertidos sin publicar trabajos malintencionados e incluso peligrosos.

El fin de la fiesta

Cuando Horrobin murió en 2003, fue sustituido por Bruce G. Charlton. Horrobin había dejado escrito que era la única persona en la que realmente confiaba para continuar su trabajo. A finales de 2009, un artículo en el que llegaba a afirmar que “no existía ninguna prueba de que el VIH provocara el SIDA” apareció publicado en la revista. La fiesta se había acabado.

El paper había sido rechazado en todas las publicaciones de área de investigación hasta recalar en ‘Medical Hypotheses’. El escándalo fue mayúsculo y Elsevier, dueña y editora de la revista, despidió a Charlton pocos meses después.

Además, en un intento por contener los daños, Elsevier introdujo un sistema de revisiones a medio camino entre el sistema original y la revisión por pares de las publicaciones tradicionales. Eso iba claramente contra la razón de ser de la revista y centenares de investigadores protestaron contra la decisión.

'Medical Hypotheses' es, en cierta forma, un símbolo de la ciencia arriesgada, indomable y (muchas veces) imprudente que seguimos necesitando, pero ya no tiene un papel central en el debate público. Hoy por hoy, los preprints (y los repositorios que almacenan estos borradores en abierto -- con arXiv.org a la cabeza) cumplen esa función. Una función que, pese a hacernos la vida difícil, es mejor que nunca se pierda.

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Imagen | Pexels




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Atapuerca creía ser el origen del 'homo sapiens': ahora le ha salido un nuevo "rival" en Marruecos

Atapuerca creía ser el origen del 'homo sapiens': ahora le ha salido un nuevo "rival" en Marruecos

Hasta hace unos días, el mapa de la evolución humana en África tenía un importante "agujero negro" de conocimiento. Teníamos datos que apuntaban a que el Homo sappiens surgió hace unos 300.000 años gracias a los restos de Jebel Irhoud y sabíamos que nuestros ancestros más lejanos correteaban por el continente hace un millón de años. Pero en medio no había información al respecto. 

Un nuevo estudio. Para resolver este vacío, un equipo internacional liderado por el paleoantropólogo Jean-Jacques Hublin ha publicado en Nature un hallazgo que no solo llena ese vacío, sino que nos obliga a recalibrar cuándo y cómo empezamos a ser "nosotros".

El foco lo han terminado de poner en una cantera de Casablanca (Marruecos) donde han aparecido los restos de los que podrían ser nuestros antepasados directos más antiguos. 

Un tesoro bajo la cantera. Este yacimiento no es del todo nuevo, pero lo que se ha revelado sí lo es. En la llamada Grotte à Hominidés los investigadores han podido encontrar tres mandíbulas (dos de adulto y una de un niño), dientes aislados, vértebras y un fragmento de fémur. 

Este fémur la verdad es que cuenta con una historia macabra a sus espaldas, puesto que tiene marcas de dientes de hienas, lo que sugiere que estos individuos no fueron enterrados, sino que fueron el festín de los depredadores que habitaban en esta cueva. 

Pero lo interesante de estos restos sin duda está en su morfología, que presenta rasgos muy primitivos, pero, al mismo tiempo, sus dientes y la estructura de su mandíbula muestran rasgos "derivados" que ya apuntan directamente hacia el Homo sapiens. 

Tecnología detrás de la fecha. En paleoantropología la diferencia entre un "hallazgo interesante" y una "revolución" suele estar en la datación del descubrimiento. Algo que a día de hoy se puede hacer con una grandísima precisión gracias a la combinación de la geología con las técnicas modernas. 

En este caso los investigadores utilizaron la técnica de magnetoestratigrafía para analizar 180 muestras de sedimentos para identificar la transición Brunhes-Matuyama. Esta transición en los sedimentos es fundamental, ya que es un evento global que ocurrió hace unos 773.000 años, cuando el campo magnético de la Tierra se invirtió (el norte magnético pasó a estar en el polo norte geográfico actual), y que es útil para datar muestras de sedimentos. 

Su datación. Al encontrar los fósiles justo en este estrato que tenemos tan bien estudiado junto a cuándo ocurrió, ya podemos fijar una fecha de 773.000 años con un margen de error de apenas 4.000 años para estos fósiles. 

Y aunque 4.000 años pueda parecer un gran margen de error, la realidad es que en términos geológicos es como dar la hora de una manera muy exacta (hasta con sus segundos). 

El fin del reinado de Atapuerca. Durante años, el Homo antecessor de Atapuerca (España) fue propuesto como el ancestro común de sapiens y neandertales, para dar sentido a este vacío. Pero este descubrimiento cambia completamente la narrativa que tenemos encima de la mesa. 

El estudio de Hublin sugiere que estos homínidos marroquíes son evolutivamente más cercanos a nosotros que el Homo antecessor. De esta manera, mientras que los fósiles españoles parecen una rama lateral que se adaptó al entorno europeo, los de Casablanca representarían el linaje principal africano. Algo que también encaja con los estudios genéticos actuales que sitúan la divergencia entre los humanos modernos y los neandertales hace aproximadamente 800.000 años. 

No encaja para todos. Como todo gran avance, este artículo científico ha levantado una gran polvareda en el sector, puesto que no todos los expertos están convencidos de que el origen sea exclusivamente africano. Por un lado, María Martinón-Torres, directora del CENIEH, critica que el estudio ignore fósiles asiáticos recientes (como los de Harbin o Hualongdong en China) que también muestran rasgos modernos en fechas antiguas. 

Por otro lado, Antonio Rosas, del CSIC, plantea una duda razonable: si estos fósiles están cerca de la raíz del ancestro común, ¿por qué no muestran rasgos que también apunten hacia los neandertales?

Qué significa para el futuro. Este hallazgo en Casablanca rompe el paradigma de que el Homo sapiens fue una "invención" reciente de hace 300.000 años. En su lugar, sugiere que fue un proceso mucho más largo, complejo y profundamente arraigado en el norte de África. 

Lo que si está pasando ahora mismo es que el equipo de Hubblin sigue excavando. Con la tecnología de datación actual y la posibilidad de encontrar más fragmentos craneales, el siguiente paso será intentar extraer proteínas antiguas de los dientes para confirmar, mediante paleoproteómica, si el ADN confirma lo que parece ya obvio: que los huesos son más antiguos de lo que pensamos. 

Imágenes |  Ibrahim Jonathan

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Las mujeres duermen sistemáticamente peor que los hombres. Y la ciencia ha descubierto al fin a qué se debe

Las mujeres duermen sistemáticamente peor que los hombres. Y la ciencia ha descubierto al fin a qué se debe

Durante años hemos podido tener una percepción en muchos hogares: las mujeres tienden a dormir peor, despertarse más y sentirse más cansadas que los hombres. Esto es algo que durante mucho tiempo se ha podido despechar como una percepción subjetiva, pero la ciencia ha querido cerrar ahora el debate, apuntando a que no solo es una percepción, sino que hay una brecha de género documentada. 

Los datos. La Encuesta Global del Sueño 2025, realizada sobre una muestra masiva de más de 30.000 personas en 13 países, ha arrojado una cifra clave: el 38% de las mujeres tiene problemas para conciliar el sueño más de tres veces por semana, frente al 29% de los hombres.

Algo que en España no es una situación muy diferente, ya que según los estudios transversales publicados recientemente en Nature, las mujeres presentan puntuaciones mucho más altas en el Índice de Calidad de Sueño de Pittsburgh (PSQI), lo que indica una peor calidad subjetiva. De esta manera, mientras que el 44,6% de las españolas reporta una calidad de sueño pobre, en los hombres la cifra baja hasta el 30,1%. 

Una paradoja. Las pruebas hechas con sensores de movimiento apuntan a que las mujeres a veces tienen una "eficiencia de sueño" mayor sobre el papel, pero se percibe como un mayor agotamiento. El responsable de esto es la fragmentación del sueño, que está relacionada con despertarse constantes o incluso en las madres debido a tener que levantarse a atender a un bebé por ejemplo. 

El factor hormonal. Es sin duda una de las grandes diferencias que existen entre los hombres y las mujeres, puesto que los niveles de estrógenos y progesterona van fluctuando drásticamente durante el ciclo menstrual, el embarazo o en la menopausia. 

En el caso concreto de la menopausia se puede ver como la caída del nivel de estrógenos, además de producir alteraciones en la formación de hueso, también aumenta la degradación inmediata del descanso. Los datos apuntan a que el 51% de las mujeres menopáusicas sufre trastornos del sueño, mostrado una gran diferencia: un 44% de mujeres en esta etapa reportan problemas graves frente al 33% de las no menopáusicas.

Si nos vamos al embarazo, vemos algo similar con interrupciones físicas (por la incomodidad) y hormonales que crean un patrón de alerta que a menudo no se recupera por completo hasta años después del parto.

La carga mental. Más allá de la carga hormonal, el factor social es, quizás, el más difícil de corregir. Uno de los más importantes es el papel que tiene la mujer en muchos casos con respecto al cuidado de otras personas. Según los datos recopilados por la Universidad de Michigan y diversas revisiones en BMJ Open, las mujeres empleadas se despiertan el doble de veces que sus parejas para atender a hijos o familiares dependientes, incluso cuando ellas son el principal sustento económico del hogar.

Este rol de "cuidadora" hace que el cerebro se mantenga una situación de "alerta", haciendo que esté atento a si un bebé llora de noche o un familiar dependiente tiene alguna necesidad. Esto provoca que el 76% de las cuidadoras reporten una calidad de sueño pobre, puesto que el cerebro no puede desconectarse de manera inconsciente para vigilar el bienestar el entorno. 

Sus consecuencias. Dormir mal no solo implica estar cansada al día siguiente, sino que tiene consecuencias clínicas más graves. Uno de los más importantes es el aumento de la probabilidad de tener una enfermedad metabólica, como por ejemplo diabetes. 

Además, aumenta el deterioro cognitivo acelerado y provoca que haya un aumento de trastornos de ansiedad y depresión. Y es que lo interesante en este caso es que el cerebro femenino en privación de sueño es más vulnerable a la desregulación emocional. 

La solución. La comunidad científica, desde el Instituto de Investigaciones del Sueño (IIS) hasta publicaciones en Frontiers in Psychiatry, coincide en que no basta con aumentar la "higiene del sueño" dejando el móvil antes de dormir por ejemplo. Se apunta principalmente a una terapia social, haciendo cambios en la estructura del hogar que permita evitar la fragmentación del sueño por levantarse a cuidar a alguien, por ejemplo. 

Pero lógicamente, si se está en una situación de perimenopausia, también se debe optar por acudir al médico para recibir tratamiento farmacológico siempre que exista una desregulación hormonal importante. 

Imágenes | Slaapwijsheid.nl

En Xataka | Si te duermes en menos de cinco minutos, no tienes un "superpoder": es una señal de alerta de tu cerebro

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Stephen Wiltshire y el mito de la memoria fotográfica

Quizá conozcáis la historia. Un chico joven, diagnosticado de autismo, al que se le atribuye una habilidad extraordinaria: una supuesta memoria fotográfica. La anécdota es conocida. Le dan un paseo en helicóptero sobre la ciudad de Nueva York y, al terminar, lo sientan delante de un lienzo. A partir de ahí, dibuja el skyline de la ciudad con un nivel de detalle que resulta desconcertante. Los edificios aparecen en su sitio, las fachadas parecen reproducir el número exacto de ventanas y hasta los coches parecen ocupar el mismo lugar que durante el vuelo. Todo sugiere que su cerebro funciona de una forma radicalmente distinta a la del resto. Una capacidad que, según suele afirmarse, la ciencia no sabe explicar.

El protagonista de la historia existe y se llama Stephen Wiltshire. Nació en Londres en 1974 y fue diagnosticado de autismo a una edad temprana, con importantes dificultades para comunicarse verbalmente durante su infancia. Desde muy pequeño, sin embargo, mostró una habilidad extraordinaria para el dibujo, especialmente para representar edificios y paisajes urbanos. Mientras otros niños garabateaban casas imaginarias, él dibujaba estaciones de tren, iglesias y calles reales con una precisión que sorprendía incluso a adultos acostumbrados a mirar planos.

Stephen Wiltshire: The Artistic Genius Who Drew New York Skyline from Memory #art #sketch #autism

El episodio del helicóptero sobre Nueva York no es una invención. En 2005, Wiltshire fue invitado a realizar un vuelo de unos veinte minutos sobre Manhattan. Tras el paseo aéreo, se colocó frente a un enorme lienzo y comenzó a dibujar el skyline de la ciudad de memoria. El resultado es impresionante: la silueta general de la isla, la posición relativa de los edificios, la densidad urbana y muchos detalles arquitectónicos encajan de forma asombrosa con la ciudad real. Escenas similares se han repetido en otras ciudades como Tokio, Roma, Hong Kong o Londres, siempre con resultados que dejan boquiabierto al público.

A partir de ahí, la historia suele dar un salto injustificado y entra en terreno resbaladizo: la famosa “memoria fotográfica”. La idea de que una persona puede almacenar una imagen exacta y permanente de una escena compleja tras una sola mirada es muy popular, pero no está respaldada por la ciencia. En psicología se habla, con mucha cautela, de memoria eidética, y los casos descritos aparecen casi exclusivamente en niños, duran poco tiempo y no funcionan como una fotografía mental de alta resolución. En adultos, y desde luego en artistas que producen obras complejas durante horas o días, no existe evidencia sólida de una memoria literal de ese tipo.

Lo que tiene Stephen Wiltshire es algo distinto y mucho más interesante. Posee una memoria visual excepcional, sí, pero también décadas de práctica, una enorme familiaridad con la arquitectura urbana y una capacidad artística fuera de lo común. No dibuja como quien imprime una foto almacenada en el cerebro, sino como alguien que ha aprendido a reconocer patrones: cómo se organizan los barrios, cómo se repiten las estructuras, qué proporciones suelen tener los edificios y cómo completar de forma coherente aquello que no recuerda con absoluta precisión.

Sus dibujos, además, no son planos técnicos ni mapas pensados para orientarse con exactitud milimétrica. Son representaciones artísticas extremadamente fieles en conjunto, pero no infalibles si se analizan edificio por edificio. Algunas ventanas no coinciden, ciertas alturas se aproximan y pequeños detalles se reinterpretan. Eso no resta mérito a la obra; al contrario, la sitúa en el terreno real del arte y la cognición humana, pero lejos de los poderes casi mágicos que a veces se le atribuyen.

También conviene recordar que el vuelo en helicóptero no es la única fuente de información de la que parte. Wiltshire ha visto fotografías, documentales, mapas y la ciudad desde múltiples perspectivas a lo largo de los años. Su cerebro ha ido construyendo un modelo mental muy rico de cómo son las grandes ciudades, y el sobrevuelo sirve más como actualización y síntesis que como una descarga súbita de información visual perfecta.

Al final, la historia no es la de un ser humano con un don inexplicable que desafía lo que sabemos sobre la memoria, sino la de un artista extraordinario con una forma distinta de procesar el mundo y una dedicación obsesiva a observarlo. El mito de la memoria fotográfica es tentador porque suena milagroso, pero la realidad, hecha de talento, práctica y límites humanos muy bien estirados, resulta bastante más fascinante.

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