15 de agosto de 2026

La evolución de nuestros ojos esconde un giro de guion: la ciencia apunta a un "gusano cíclope" de hace 600 millones de años

La evolución de nuestros ojos esconde un giro de guion: la ciencia apunta a un "gusano cíclope" de hace 600 millones de años

El propio Charles Dawin llegó a confesar que la idea de que el ojo humano se hubiera formado por selección natural parecía algo completamente absurdo. Hoy, la ciencia no solo le da la razón a su teoría, sino que incluso va más allá al apuntar que en realidad nuestros ojos vienen de un único "ojo" central, como si fuera un cíclope. 

El origen de los ojos. Aunque pueda parecer algo sencillo de entender, la realidad es que para la ciencia es un auténtico misterio el porqué de que contemos con dos ojos con una altísima calidad visual. Durante décadas, los científicos han trazado cómo un simple parche de células sensibles a la luz pudo transformarse en una cámara de alta resolución. 

Sin embargo, un nuevo estudio acaba de patear el tablero evolutivo al demostrar que el sistema visual de los vertebrados es el resultado de un astuto reciclaje biológico a partir de un ancestro de hace unos 600 millones de años.

Un cíclope. La investigación, publicada recientemente en la prestigiosa revista Current Biology, propone un cambio de paradigma brutal. Liderado por científicos de la Universidad de Lund, el equipo ha demostrado que la retina de los vertebrados modernos no evolucionó desde cero a partir de dos precursores laterales independientes. La realidad es mucho más extraña, porque ahora se apunta a que evolucionamos gracias a la reutilización de un ojo mediano ancestral. 

Su origen. Para encontrar a este antepasado, nos tenemos que remontar a hace aproximadamente 600 millones de años, en los albores de la vida compleja en los océanos precámbricos, donde nuestro ancestro común poseía un sistema visual centralizado. Era, a todos los efectos, una criatura con un solo ojo central como si de un cíclope se tratara. 

Según explica la nota de prensa de la Universidad de Lund, este "origen impactante" revela que las bases genéticas, celulares y ópticas de nuestros ojos actuales se forjaron originalmente en esta única estructura fotorreceptora.

Su evolución. Para entender la magnitud de este descubrimiento, hay que mirar a lo que ya sabíamos sobre la neurociencia evolutiva. Los estudios previos apuntaban a que la retina es, en esencia, una extensión directa de nuestro cerebro. Se trata de un tejido neuronal repleto de receptores y opsinas, que son proteínas que capturan fotones de luz, que el cerebro "empujó" hacia afuera durante el desarrollo embrionario. 

Lo que aporta el nuevo estudio de 2026 es el eslabón arquitectónico definitivo, puesto que, a medida que los primeros vertebrados evolucionaron, necesitaban un campo visual más amplio y visión estereoscópica para calcular distancias, algo crucial para cazar y no ser cazados. La evolución, actuando como un ingeniero pragmático, tomó parte de ese ojo central original y lo dividió, migrando esas estructuras hacia los laterales del cráneo para formar nuestros dos ojos.

Un recuerdo. ¿Qué pasó con el ojo central original? No desapareció por completo. Sus restos siguen vivos en tu cabeza, puesto que es el origen de la glándula pineal. De hecho, en algunos reptiles y anfibios modernos, esta glándula sigue funcionando literalmente como un "tercer ojo" primitivo situado en la parte superior del cráneo, sensible a la luz, que utilizan para regular sus ciclos circadianos.

Un largo proceso. Este hallazgo cierra un círculo perfecto con las teorías del gran biólogo visual Dan-E. Nilsson. En sus trabajos de referencia de 2009 y 2013, Nilsson demostró matemática y biológicamente cómo la evolución del ojo no requiere saltos milagrosos. Nilsson estableció los pasos clave: primero, la aparición de fotopigmentos; luego, el plegamiento de la membrana para crear una "copa"; y finalmente, el desarrollo de una óptica de enfoque (el cristalino).

El nuevo estudio suma la pieza que faltaba al rompecabezas, puesto que demuestra que el "relojero ciego" de la evolución no inventa cosas nuevas si puede reciclar las viejas. La naturaleza cogió el diseño de un ojo central prehistórico, lo dividió, lo conectó a unos hemisferios cerebrales en plena expansión y lo fue perfeccionando lentamente hasta lograr que a día de hoy podamos leer sin problemas. 

Imágenes | Vintage Laka 

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La noticia La evolución de nuestros ojos esconde un giro de guion: la ciencia apunta a un "gusano cíclope" de hace 600 millones de años fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .



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Uno de los trucos del cerebro al dormir es «bajar el volumen» del mundo exterior y escuchar más al cuerpo

(CC0) Pixhere

Dormir y soñar siguen teniendo mucho de misterio. Para mí sigue siendo una de las grandes incógnitas de la ciencia, aunque haya muchas teorías sobre por qué dormimos y por qué soñamos. Una de las preguntas más interesantes sobre este periodo de descanso obligatorio sin el cual no podemos vivir es cómo consigue el cerebro desconectarse sensorialmente del exterior sin dejar de funcionar, pero al mismo tiempo no ignorando por completo lo que sucede en el cuerpo… porque fuera puede haber «peligros» (¡y despertadores!)

Ahora un nuevo estudio de las universidades de Lausana y Ginebra aporta una pista sobre lo que han llamado redistribución del procesamiento sensorial. Según dicen, al entrar en sueño REM, la fase de sueño profundo, el cerebro no «apaga» todos los sentidos de golpe, sino que va cambiando de prioridades. Poco a poco va prestando menos atención a los sonidos del entorno y más a las señales internas, como pueden ser los latidos del corazón.

La diferencia entre las fases ligeras y profundas del sueño REM se conocen como fases tónica y fásica; esto sí es bien conocido. En el estudio, los investigadores estudiaron a 25 voluntarios durante dos noches mediante electroencefalografía (EEG), comparando las respuestas cerebrales ante los sonidos externos con las provocadas por los propios latidos del corazón. El patrón fue interesante y bastante claro: la respuesta a los sonidos disminuía poco a poco mientras que la atención a las señales cardíacas aumentaba.

La conclusión es que el cerebro no se limita a «cerrar la puerta» a los estímulos del exterior, sino que redirige su atención sensorial hacia dentro, al propio cuerpo. A partir de los datos de las mediciones, los investigadores crearon una especie de «índice audiocardíaco» que indica hasta qué punto el cerebro está más pendiente del cuerpo que del entorno. Además de suponer un pequeño paso para entender mejor cómo funciona todo esto dicen que también se podría usar para estudiar estados alterados de consciencia, como las personas que están en coma o casi inconscientes.

Eso de dormir es muy raro

(Vía Medical Xpress.)

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Foto (CC) Pixhere.

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El asteroide aniquiló a los dinosaurios, los hongos remataron el trabajo: la teoría que explica el triunfo de los mamíferos

El asteroide aniquiló a los dinosaurios, los hongos remataron el trabajo: la teoría que explica el triunfo de los mamíferos

La historia de la extinción de los dinosaurios no es un misterio para nadie. Hace unos 66 millones de años, un colosal asteroide impactó en Chicxulub (México), sumiendo al planeta en una oscuridad casi total, provocando un invierno global y fulminando a los grandes reptiles. Sin embargo, esta catástrofe ha generado una pregunta: ¿por qué los pequeños mamíferos lograron sobrevivir y 'heredar' la Tierra, mientras que casi todos los dinosaurios murieron?

El factor común. La ciencia lleva décadas buscando el factor X que dio a nuestros antepasados peludos la ventaja definitiva. Y una de las teorías más importantes no apunta al tamaño o a la dieta, sino a los hongos, y se llama hipótesis FIMS, un marco teórico impulsado por un microbiólogo que está cobrando mucha fuerza. 

La teoría. Para entenderla, tenemos que imaginar cómo quedó la Tierra inmediatamente después del impacto del meteorito. Aquí la inmensa nube de ceniza y polvo bloqueó la luz solar, y sin fotosíntesis los bosques colapsaron y el planeta se cubrió de material vegetal y animal en descomposición, por lo que era el paraíso para todos los hongos. 

Aquí los registros de palinomorfos, que son fósiles de esporas y polen, confirman lo que los científicos llaman el "pico fúngico". Aquí las investigaciones previas apuntaban a que justo en la frontera entre el Cretácico y el Paleógeno hay una fina capa geológica dominada casi exclusivamente por esporas de hongos, una señal inequívoca de la deforestación global. 

La prueba definitiva. Un estudio publicado este mismo año han analizado a fondo la cuenca de Denver, en Norteamérica, y han visto que sus resultados no solo documentan una masiva proliferación de hongos inmediatamente posterior al impacto de Chicxulub, sino que también detectan otro pico de hongos previo, provocado por las intensas erupciones volcánicas de las Traps del Decán.

La temperatura perfecta. Si el mundo estaba plagado de esporas de hongos devorando materia muerta, ¿cómo lograron los mamíferos no ser consumidos vivos por las infecciones? Aquí es donde la hipótesis FIMS brilla con luz propia, vinculando los hongos con un superpoder evolutivo como es la endotermia.

A diferencia de los dinosaurios no avianos, que dependían en gran medida de la temperatura ambiental o tenían metabolismos intermedios, los mamíferos eran de sangre caliente. En 2009, Casadevall demostró mediante el análisis de casi 5.000 cepas de hongos que la inmensa mayoría de estos organismos no puede prosperar a altas temperaturas y por cada grado centígrado que sube el termómetro entre los 30 °C y los 40 °C, se excluye a un 6% de las especies de hongos.

El costo a pagar. Ser de sangre caliente es carísimo a nivel metabólico; sin embargo, un modelo biológico publicado en mBio en 2010 por Bergman y Casadevall apuntó a que una temperatura corporal de alrededor de 37 °C es matemáticamente el punto de equilibrio óptimo. Es lo suficientemente caliente para repeler a casi todos los patógenos fúngicos, pero no tan alta como para morir de inanición por el gasto energético.

De esta manera, cuando el cielo se oscureció y las temperaturas globales cayeron en picado, los enormes dinosaurios se enfriaron. Con sus sistemas inmunológicos deprimidos y sus cuerpos fríos, se convirtieron en incubadoras perfectas en un aire saturado de esporas y nuestros ancestros mamíferos, en cambio, mantuvieron su "escudo térmico" encendido.

Un dinosaurio. Una de las grandes preguntas era si los dinosaurios realmente eran susceptibles a infecciones por hongos. La confirmación llegó de la mano de un fósil del Jurásico tardío conocido cariñosamente como "Dolly". Aquí un equipo de paleontólogos registró por primera vez una infección respiratoria en un dinosaurio no aviano. 

Dolly, un gran saurópodo, presentaba severas lesiones óseas en sus vértebras cervicales, justo donde se anclaban sus sacos aéreos. Los signos eran virtualmente idénticos a la aerosaculitis que sufren las aves modernas cuando contraen infecciones como la aspergilosis, una enfermedad causada por hongos. De esta manera, el caso de Dolly nos demuestra que los dinosaurios, con sus complejos sistemas respiratorios, eran vulnerables a los patógenos que estaban en el ambiente. Si un saurópodo en condiciones climáticas normales podía sucumbir a una neumonía fúngica o bacteriana, es fácil imaginar el destino de toda una especie respirando en una atmósfera tóxica colapsada por esporas.

Una lección. La hipótesis FIMS reescribe la historia de nuestra supervivencia, puesto que los mamíferos no solo heredamos la Tierra porque éramos pequeños y podíamos escondernos en madrigueras; la ganamos porque nuestra fiebre constante nos inmunizó frente al apocalipsis del compost que devoró el Cretácico.

Imágenes | Stephen Leonardi

En Xataka | Pensábamos que los dinosaurios estaban al borde de la extinción antes del meteorito. Nos equivocábamos

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Las passkeys prometían ser el fin de las contraseñas. Una investigación acaba de apuntar a su mayor promesa: la seguridad

Las passkeys prometían ser el fin de las contraseñas. Una investigación acaba de apuntar a su mayor promesa: la seguridad

Las passkeys llegaron a nuestras vidas para solucionar el eterno problema de la seguridad de las contraseñas. Y sin embargo se han encontrado con un problema: la seguridad. Sí, porque el investigador Arie Olshtein, de Unit 42, ha publicado un informe hablando de tres tipos de ataque que pueden ser lanzados por malwares para vulnerar las cuentas protegidas con passkeys y hacerse con el control de ellas.

No, no son ataques fáciles de realizar, y para poder efectuarlos se presupone que ya debe haber un malware instalado en tu equipo tomando el control. Sin embargo, nos deja ver que las passkeys siguen sin ser la solución perfecta pese a que ya llevan unos años solucionando contratiempos.

Unos ataques llamados Pass-ta-key. La teoría de las passkey es firme. Nada de contraseñas que puedes olvidar, repetir o entregar sin querer, en su lugar tenemos claves criptográficas, una de cuyas partes se queda en tu dispositivo sin compartirla, y otra en el servicio en el que te registras. No hay códigos ni reenvíos, solo se crea una especie de candado digital público y se te da una llave privada. Sin embargo, este informe deja claro que la teoría y la práctica no siempre coinciden.

A los ataques les ha llamado "Pass-ta-key". Lo que hacen es aprovechar los huecos que se crean entre cómo se diseñó el sistema y cómo se está implementando día a día. Concretamente, los ataques ponen el foco en las passkeys sincronizadas de Google cuando se usan con Chrome en Windows.

Tres nuevas formas de robar una passkey. En el primero de estos ataques, un malware suplanta la identidad del dispositivo del usuario para iniciar sesión sin tener que desbloquear el móvil ni usar la huella dactilar o la cara. Para ello se aprovecha de que muchos servicios no comprueban de forma estricta si de verdad ha habido una verificación del usuario. 

En el segundo, el atacante va un paso más allá y engaña al sistema para que crea que se ha desbloqueado el dispositivo con biometría, registrando una clave propia bajo su control. Con ella consigue entrar incluso en las cuentas mejor protegidas desde su propio equipo sin necesidad de que el tuyo esté encendido.  Y en el tercero, el más serio, consigue robar la clave maestra que descifra todas las passkeys del usuario de golpe. Con ella, un atacante puede acceder a todas tus passkeys pasadas y futuras. Olshtein descubrió que Google llegaba a exponerla en texto plano en los registros internos de Chrome, y que, aunque la retiró de ahí tras el aviso, sigue quedando accesible en la memoria del navegador.

El prerrequisito es que ya te haya infectado un malware. No, no es que las passkeys sean inseguras. De hecho, para poder realizar estos ataques hace falta un prerrequisito indispensable, y es que tu dispositivo ya esté infectado con un malware. Solo entonces este malware puede indagar en él de las tres maneras con las que puede saltarse la seguridad de las passkeys. Esto es algo que Olshtein deja claro en su informe.

Además, también hay que dejar claro que estas tres nuevas técnicas descubiertas no rompen la criptografía de las passkeys, que sigue siendo sólida. Simplemente consiguen colarse entre rendijas de seguridad provocadas por las maneras en las que se implementan en algunos servicios o navegadores.

El eterno problema de las contraseñas. ¿Y por qué se están impulsando tanto las passkeys? Pues porque las contraseñas son un método inseguro que llevan décadas dándonos dolores de cabeza. Ya no solo porque pueden ser filtradas o robadas, sino también porque los propios usuarios facilitan el trabajo a los cibercriminales. No todos nos tomamos el tiempo necesario para crear una contraseña segura para cada cuenta, ni en usar alguno de los muchos gestores de contraseñas que nos ayuden a recordarlas.

Al final, siempre que salen listas de las contraseñas más utilizadas seguimos encontrándonos con claves muy débiles como “1234”, “123456” y similares, que son siempre las primeras que un atacante probará para acceder a tu cuenta.  Si a esto le añadimos el problema de repetir contraseñas en varias de nuestras cuentas, nos encontramos con que cada filtración de credenciales que sale a la luz expone muchas de nuestras cuentas al peligro de que se acceda a ellas.

En un intento de ayudarnos a proteger más nuestras cuentas, llegaron los sistemas de verificación en dos pasos. Con ellos ya no es suficiente con escribir tu nombre de usuario y contraseña, tienes que escribir una clave que se te envía al momento a algún dispositivo. Pero estos también son métodos vulnerables al phishing, malware e ingeniería social. Estos van desde los engaños en WhatsApp que te dicen que te enviaron un código por error hasta otros más sofisticados como el SIM Swapping.

Unas passkeys que siguen teniendo que pulirse. El informe de Unit 42 no es la primera señal de que a las passkeys les queda todavía camino por recorrer. Uno de sus problemas es la fragmentación, porque con cada gran tecnológica apostando por soluciones de sincronización propias, las passkeys se están convirtiendo en jardines amurallados. William Brown, uno de los desarrolladores que impulsó el estándar con una de sus primeras implementacionexs, llegó a calificar la deriva del ecosistema como "un sueño roto".

Por eso, tras más de dos años de despliegue parece que todavía seguimos un poco atrapados en el pasado, con unas passkeys que siguen sin terminar de reemplazar las contraseñas, sino que conviven con ellas como un extra. Eso hace que sigan existiendo métodos de respaldo más vulnerables como la verificación por SMS o correo electrónico, más fáciles de vulnerar.

Las passkey siguen evolucionando. La buena noticia es que se está trabajando en soluciones. Por ejemplo al de su principal problema, el de que sean jardines amurallados. Hace un par de años la FIDO Alliance presentó el protocolo Credential Exchange Protocol (CXP), pensado precisamente para que las passkeys puedan trasladarse de un ecosistema a otro. Esto haría que dejen de ser jardines amurallados. Además, con informes como el de Arie Olshtein donde se apuntan vulnerabilidades también se ayuda a poder detectar este tipo de problemas y buscarles una solución.

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La noticia Las passkeys prometían ser el fin de las contraseñas. Una investigación acaba de apuntar a su mayor promesa: la seguridad fue publicada originalmente en Xataka por Yúbal Fernández .



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