12 de marzo de 2026

Chile consolida el sistema de protección oceánica más ambicioso de América Latina

La ampliación de las áreas marinas protegidas de Juan Fernández y Nazca-Desventuradas posiciona al país como potencia global en conservación marina

 

Cuando el ex presidente Gabriel Boric firmó el decreto de ampliación de los parques marinos Nazca-Desventuradas y Mar de Juan Fernández el pasado 10 de marzo, Chile no solo alcanzó un hito histórico en conservación oceánica: demostró que es posible transformar la relación entre las comunidades insulares y el océano en un modelo de protección a escala planetaria. Con más de 947,000 km² de aguas bajo protección estricta —equivalente a más de 1.3 veces el territorio continental de Chile—, el país sudamericano se consolida como el tercer guardián oceánico más importante del mundo.

Un océano de endemismos

Para entender la relevancia científica de esta decisión, debemos viajar 670 kilómetros al oeste de Valparaíso, donde emergen del Pacífico dos conjuntos de islas que parecen olvidadas por el tiempo. El archipiélago de Juan Fernández —inmortalizado en la literatura como el escenario del náufrago Alexander Selkirk, inspiración de Robinson Crusoe— y las remotas islas Desventuradas (San Félix y San Ambrosio) son apenas las puntas visibles de una inmensa cadena de montes submarinos que se extienden por miles de kilómetros: las cordilleras de Salas y Gómez y Nazca.

Bajo la superficie, estos ecosistemas albergan uno de los niveles de endemismo más extraordinarios documentados en el océano global. Según el estudio seminal de Friedlander et al. (2016) publicado en PLOS ONE, el 87% de las especies de peces en Juan Fernández son endémicas —es decir, no existen en ningún otro lugar del planeta. En Nazca-Desventuradas, esta cifra alcanza el 72%. Para poner estas cifras en perspectiva, las Galápagos —consideradas el arquetipo de endemismo— presentan un 17% de endemismo en peces costeros.

Estos archipiélagos representan verdaderos laboratorios evolutivos. La Dra. Sylvia Earle, legendaria oceanógrafa que exploró estas aguas, manifestó “tuve el privilegio de estar aquí en 1964, y ya entonces era evidente que este era uno de los lugares más extraordinarios del océano. Ver hoy que Chile protege estas aguas es profundamente inspirador. Juan Fernández y las Desventuradas son una verdadera maravilla natural y un ejemplo para el mundo de cómo la conservación puede asegurar el futuro del océano”.

Oasis de biodiversidad en el desierto oceánico

La riqueza biológica de estas aguas no es casualidad. Los montes submarinos funcionan como “oasis de biodiversidad” en medio del Pacífico Sur, un área del océano relativamente pobre en nutrientes. Las corrientes oceánicas chocan contra estas montañas sumergidas, generando surgencias que arrastran nutrientes desde las profundidades y crean condiciones ideales para la vida.

En las paredes de estos montes submarinos, a profundidades donde la luz solar apenas penetra, crecen corales de aguas frías milenarios, algunos con más de mil años de antigüedad. Esponjas hexactinélidas —estructuras de sílice tan antiguas como los dinosaurios— forman bosques submarinos junto a extensos campos de crinoideos, esos invertebrados con forma de planta que son en realidad parientes de las estrellas de mar.

Los estudios de Tapia-Guerra et al. (2021) en Scientific Reports revelaron que el 41% de los peces de profundidad y el 46% de los invertebrados bentónicos son endémicos, cifras que subrayan el valor único de estos ecosistemas para la ciencia. Entre las especies más emblemáticas se encuentra el cangrejo portador de Juan Fernández (Paromola rathbuni), el lobo fino de dos pelos (Arctocephalus philippii) —que estuvo al borde de la extinción en el siglo XIX—, y la codiciada langosta de Juan Fernández (Jasus frontalis), pilar económico de la comunidad insular.

Del borde de la extinción al liderazgo en conservación

La historia de conservación de Juan Fernández tiene raíces profundas. En 1890, cuando la población del lobo fino de dos pelos había sido diezmada por la caza indiscriminada, la comunidad isleña estableció las primeras regulaciones de protección. Más de un siglo después, esa misma comunidad ha liderado uno de los procesos de conservación marina más ambiciosos del hemisferio sur.

Desde los primeros años de la colonia la comunidad ya protegía especies y regulaba sus recursos. “A nuestra generación le tocó dar el paso de proteger también el mar”, explica Julio Chamorro Solís, presidente del Consejo Local de Gestión de las áreas marinas protegidas. “No es casualidad que muchos de los países que lideran la protección del océano sean islas: los isleños entendemos que el mar nos conecta y por eso debemos cuidarlo”.

Esta visión comunitaria contrasta radicalmente con el modelo de conservación “tipo fortaleza” que excluye a las comunidades locales. En Juan Fernández, la protección marina coexiste con una pesquería de langosta gestionada sosteniblemente por más de 130 años, un ejemplo de cómo conservación y uso sostenible pueden ir de la mano.

La ciencia detrás de la decisión

La propuesta de ampliación no surgió de un escritorio gubernamental, sino del conocimiento acumulado por generaciones de pescadores y del respaldo de estudios científicos de más de dos décadas. La comunidad de Juan Fernández presentó formalmente al gobierno la propuesta de expansión, fundamentada en tres pilares científicos:

1. Conectividad ecológica: Los estudios de modelación oceanográfica demuestran que las larvas de langosta derivan por corrientes oceánicas desde áreas de reproducción hacia zonas de asentamiento, creando un corredor biológico que requiere protección integral. La investigación de Fernández-Zúñiga et al. (2025) en Scientific Reports mapeó la ecología espacial de crustáceos emblemáticos, confirmando que las áreas ahora protegidas son rutas migratorias críticas para especies como tiburones mako, atunes y tortugas marinas.

Eduardo Sorensen

2. Hábitats vulnerables: Los corales de aguas frías crecen apenas unos milímetros por año, lo que significa que las estructuras observadas en las expediciones científicas han estado formándose durante milenios. Una sola pasada de arrastre de fondo podría destruir ecosistemas que tardaron 10,000 años en formarse.

3. Resiliencia climática: En un océano cada vez más afectado por el cambio climático, las áreas marinas protegidas funcionan como “bancos genéticos” que preservan la diversidad necesaria para que las especies se adapten. Los montes submarinos, con su gradiente de profundidades, ofrecen refugios térmicos donde las especies pueden migrar verticalmente en respuesta al calentamiento.

Más de 360,000 km² de esperanza azul

La ampliación agrega aproximadamente 360,000 km² de océano bajo protección estricta, elevando el total del sistema nacional a 947,142 km² —más del 50% de la Zona Económica Exclusiva de Chile—. Las dimensiones de los nuevos parques nacionales marinos son impresionantes. Se trata del Parque Nacional Mar de Juan Fernández II: 193,998 km² (superficie similar a toda Senegal) y el Parque Nacional Nazca-Desventuradas II: 143,323 km² (más grande que Grecia).

Con esta decisión, Chile se une a un grupo élite de apenas tres países con áreas marinas completamente protegidas de esta magnitud, después del Mar de Ross en la Antártida y Papahānaumokuākea en Hawái. Pero más allá de las cifras, lo que distingue al modelo chileno es su gobernanza participativa: el decreto establece que los planes de manejo serán desarrollados en coadministración entre el Estado y la comunidad isleña, un reconocimiento sin precedentes del papel de las comunidades locales como guardianes oceánicos.

El contexto internacional: Chile marca el camino

La decisión de Chile adquiere mayor relevancia en el contexto de dos compromisos internacionales históricos que están redefiniendo la gobernanza oceánica global.

Meta 30×30: cumplimiento anticipado

En diciembre de 2022, durante la COP15 de Biodiversidad en Montreal, los países del mundo acordaron el Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal, cuyo objetivo 3 establece la meta “30×30”: proteger efectivamente al menos el 30% de los océanos del mundo para 2030. Esta meta se fundamenta en la evidencia científica de que ese porcentaje representa un umbral crítico para mantener la funcionalidad de los ecosistemas marinos.

Chile no solo cumplió esta meta con cuatro años de anticipación, sino que la superó ampliamente: con más del 50% de su Zona Económica Exclusiva protegida, el país andino se posiciona entre los cinco líderes mundiales en conservación marina, junto a Polinesia Francesa, Panamá, Palaos y Estados Unidos.

“Este compromiso demuestra que Chile continúa siendo un líder global en protección oceánica”, señala Max Bello, especialista en áreas marinas protegidas de Blue Marine Foundation. “Si cada país pudiera hacer lo que Chile ha hecho, el mundo sería capaz de proteger efectivamente mucho más del 30% del océano para 2030”.

Tratado BBNJ: preparando el terreno para proteger la alta mar

El 17 de enero de 2026 —apenas dos meses antes de la firma de este decreto— entró en vigor el Tratado de Biodiversidad más allá de la Jurisdicción Nacional (BBNJ, por sus siglas en inglés), conocido como el “Tratado de Alta Mar”. Este acuerdo histórico de Naciones Unidas establece por primera vez un marco legal para crear áreas marinas protegidas en aguas internacionales, esa inmensa porción del océano (casi el 64%) que no pertenece a ningún país.

Chile fue el segundo país del mundo en ratificar este tratado, y ahora lidera la iniciativa para establecer la primera área marina protegida en alta mar de América Latina: una zona que conectaría las cordilleras submarinas de Salas y Gómez y Nazca, extendiéndose desde la Zona Económica Exclusiva chilena hasta aguas internacionales.

La ampliación de los parques nacionales marinos no es solo una declaración de conservación doméstica: es una jugada estratégica geopolítica que fortalece la propuesta chilena ante la comunidad internacional. “No se puede liderar en protección de alta mar sin demostrar compromiso en casa”, explica el senador Ricardo Lagos Weber, vicepresidente del Senado y figura clave en este proceso. “Esta expansión demuestra que Chile está cumpliendo activamente sus compromisos internacionales”.

Los desafíos de la implementación efectiva

La firma del decreto es apenas el comienzo. La literatura científica sobre efectividad de áreas marinas protegidas advierte que existe una brecha considerable entre la protección “de papel” (paper parks) y la protección real. Varios desafíos críticos emergen:

1. Vigilancia y fiscalización

Las islas Desventuradas están a 850 km de la costa continental y Juan Fernández a 670 km. El monitoreo de estas vastas áreas remotas requiere tecnología satelital, sistemas de identificación automática de embarcaciones (AIS), y capacidad de respuesta ante actividades ilegales. La pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (pesca INDNR) es una amenaza persistente en el Pacífico Sur, particularmente para especies de alto valor como el atún y tiburones.

Chile ha invertido en sistemas de vigilancia electrónica, pero la efectividad dependerá de recursos presupuestarios sostenidos. La experiencia internacional muestra que las áreas marinas protegidas remotas requieren inversión de 0.5 a 2 dólares por km² anualmente solo en monitoreo básico, lo que implicaría un presupuesto operativo de 500,000 a 2 millones de dólares anuales.

2. Cambio climático: proteger en un océano que cambia

El Pacífico Sur está experimentando transformaciones rápidas. El calentamiento oceánico, la acidificación y la desoxigenación amenazan incluso a los ecosistemas protegidos. Un estudio reciente (2024) proyecta que para 2050, las temperaturas superficiales en esta zona podrían aumentar 1.5-2°C, con impactos en la distribución de especies y en la fenología reproductiva.

Las áreas marinas protegidas no son cápsulas inmunes al cambio climático, pero sí ofrecen resiliencia ecosistémica: poblaciones más saludables, mayor diversidad genética y ecosistemas funcionales tienen mayor capacidad de adaptación. El desafío es integrar el monitoreo climático en los planes de manejo y desarrollar estrategias de adaptación basadas en evidencia.

3. Gobernanza participativa: del papel a la práctica

El modelo de coadministración entre el Estado y la comunidad de Juan Fernández es innovador, pero requiere marcos institucionales claros. ¿Cómo se resolverán los conflictos entre conservación y necesidades locales? ¿Qué mecanismos de participación tendrá la comunidad en la toma de decisiones? ¿Cómo se distribuirán los beneficios potenciales del ecoturismo?

El nuevo Servicio de Áreas Protegidas de Chile, aún en proceso de consolidación, debe desarrollar protocolos de gobernanza participativa que equilibren autoridad científica, conocimiento local y marcos legales. La experiencia de otras áreas protegidas con gobernanza comunitaria (como el Gran Arrecife Mesoamericano) sugiere que el éxito depende de inversión en capacitación, transparencia en la información y mecanismos de beneficios compartidos.

Lecciones para el mundo: un modelo replicable

La experiencia chilena ofrece lecciones valiosas para otros países que buscan expandir sus sistemas de conservación marina:

1. El liderazgo comunitario es fundamental. Las áreas marinas protegidas impuestas desde arriba enfrentan resistencia y falta de legitimidad. Cuando las comunidades locales son protagonistas, la conservación tiene sostenibilidad social.

2. La continuidad política importa. Este proceso atravesó tres gobiernos de distintas coaliciones (Bachelet-Piñera-Boric), demostrando que la conservación puede ser política de Estado más allá de ciclos electorales.

3. La ciencia es la brújula. La decisión se fundamentó en décadas de investigación científica, desde expediciones pioneras en los años 60 hasta estudios genéticos recientes. La ciencia no solo justifica la protección, sino que guía dónde y cómo proteger.

4. La conservación coexiste con el uso sostenible. La pesquería de langosta de Juan Fernández demuestra que protección estricta de hábitats críticos puede convivir con actividades económicas sostenibles en zonas adyacentes.

5. La ambición funciona. En conservación marina, pensar en pequeño rara vez genera impactos significativos. Las áreas protegidas grandes, como estas, tienen mayor probabilidad de proteger procesos ecológicos completos y especies migratorias de amplio rango.

Mirando hacia el horizonte azul

Mientras el mundo enfrenta la triple crisis planetaria —cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación—, los océanos están en el centro de las soluciones. Los océanos saludables absorben el 25% de las emisiones de CO₂ humanas, producen más del 50% del oxígeno que respiramos y regulan el clima global. Pero solo podrán seguir cumpliendo estas funciones si protegemos su integridad ecológica.

La decisión de Chile de proteger más de 947,000 km² de océano no es un acto simbólico: es una apuesta por la resiliencia ecosistémica a escala civilizacional. Cada especie endémica que se protege, cada monte submarino que se resguarda, cada corredor migratorio que se preserva, representa una póliza de seguro para el sistema oceánico que sostiene la vida en la Tierra.

En las palabras del alcalde de Juan Fernández, Pablo Manríquez: “Este hito nace del liderazgo de nuestra comunidad insular y es el resultado de un esfuerzo que comenzó con la Presidenta Bachelet, continuó con el Presidente Piñera y hoy culmina con el Presidente Boric. Como isleños, proteger el mar está en nuestro ADN y es parte de la herencia que queremos dejar a las futuras generaciones”.

Cuando las futuras generaciones evalúen las acciones de nuestra época frente a la crisis oceánica, Chile 2026 será recordado como un momento en que un país insular del Pacífico Sur demostró que proteger el océano a escala planetaria no solo es posible: es un imperativo de supervivencia.

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En busca del "botón de Dios": qué le pasa a nuestro cerebro cuando rezamos o meditamos, según la neurociencia

En busca del "botón de Dios": qué le pasa a nuestro cerebro cuando rezamos o meditamos, según la neurociencia

Juana de Arco escuchaba voces divinas que guiaban sus pasos en la batalla. Santa Teresa de Jesús describía éxtasis místicos que la dejaban paralizada. Durante siglos, estas experiencias se han enmarcado exclusivamente en el terreno de la fe y el dogma, pero la ciencia moderna ha decidido asomarse al abismo del misticismo con una herramienta mucho más terrenal: los escáneres cerebrales.

Tiene su ciencia. Se denomina neuroteología y es una disciplina que está comenzando a emerger, aunque no esté libre de polémica. Su objetivo no es probar como tal la existencia de Dios, sino descifrar los circuitos neuronales que se encienden cuando los humanos intentan comunicarse con él. 

Las "neuronas de Dios". En su reciente libro "Las neuronas de Dios", el biólogo e investigador Diego Golombek plantea una hipótesis fascinante para las situaciones más místicas. Apuntan a que muchas de las visiones y vivencias espirituales extremas que han documentado figuras que han pasado a la historia podrían estar estrechamente ligadas a fenómenos neurológicos como la epilepsia del lóbulo temporal.

Según Golombek, estas tormentas eléctricas en el cerebro activan regiones ligadas a emociones intensas y percepciones alteradas, creando una experiencia que el sujeto interpreta como un contacto directo con la divinidad. Aunque la pregunta aquí es si existe un 'botón de Dios' en el cerebro o un área que se active cuando nos centramos en nuestra espiritualidad. La respuesta corta aquí es que no. 

Lo que se sabía. Durante años se especuló con la existencia de un "módulo cerebral" exclusivo para lo divino, pero los estudios clásicos, como el realizado en 2006 por el neurocientífico Mario Beauregard con monjas carmelitas, desmintieron esta idea. 

Para demostrarlo, introdujo a las religiosas en máquinas de resonancia magnética funcional y les pidió que revivieran sus experiencias místicas más profundas. Aquí los resultados demostraron que no hay una única "zona de Dios" sino que la oración moviliza una red compleja y amplísima que incluye el núcleo caudado, la ínsula y el lóbulo parietal. Es por ello que Dios, neurológicamente hablando, es un esfuerzo de equipo.

El impacto real. Más allá del debate sobre el origen de las visiones, la neuroteología ha encontrado un terreno muy fértil en la psiquiatría y la salud mental. Andrew B. Newberg, uno de los pioneros mundiales en este campo y autor de "Principles of Neurotheology", lleva décadas documentando cómo las prácticas religiosas y la meditación alteran físicamente nuestra materia gris.

En estudios recientes de este mismo 2025, el equipo de Newberg ha abordado las aplicaciones prácticas de la neuroteología en la psiquiatría integrativa. Los hallazgos son reveladores, puesto que las personas con una práctica religiosa o espiritual constante muestran correlaciones significativas con menores niveles de depresión, ansiedad y un mayor bienestar general.

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¿Por qué? Al rezar o meditar de forma rutinaria, se produce una activación sostenida en áreas como el córtex prefrontal, que está encargado de la atención y la toma de decisiones, además de darse alteraciones en la ínsula, lo que sugiere que estas prácticas ejercen un efecto protector sobre la salud mental. Para autores como Newberg o el propio Víctor Páramo Valero, estos datos rechazan las explicaciones puramente materialistas y reduccionistas, puesto que la neurociencia no niega a Dios, sino que explica cómo nuestro cerebro está equipado para procesar la espiritualidad.

Hay polémica. No todo en la neuroteología es un camino de rosas, ya que también hay muchas críticas alrededor. Un ejemplo lo tenemos en el investigador Javier Bernácer, que advierte sobre el peligro de confundir correlación con causalidad. De esta manera, que unas áreas del cerebro se iluminen en un escáner mientras alguien reza no prueba que la oración sea la causa única de esa activación. Apunta que muchas de las neuroimágenes actuales ofrecen "anécdotas, no pruebas definitivas", y exige que la disciplina adopte ensayos controlados para descartar sesgos cognitivos.

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Amazon se empeñó en que sus desarrolladores usaran su IA para trabajar. Solo están arreglando lo que la IA rompe

Amazon se empeñó en que sus desarrolladores usaran su IA para trabajar. Solo están arreglando lo que la IA rompe

La IA nos iba a hacer trabajar menos y mejor. En las oficinas de Amazon la realidad está siendo muy distinta. Según varios empleados de la firma, herramientas internas como Kiro están provocando un efecto rebote: los desarrolladores pasan más tiempo arreglando el código defectuoso que genera esa herramienta que escribiendo el suyo propio.

De Málaga a Malagón. La situación es irónica, porque como indican algunos ingenieros, están intentando salir de un problema causado por la IA usando más IA. Dina, desarrolladora de software de Nueva York, se unió a Amazon hace dos años y su trabajo comenzó siendo de escribir código. Sin embargo lo que hacía recientemente no era escribirlo, sino arreglar el código que la IA programadora de Amazon —llamada Kiro— rompía. Según ella, este modelo alucinaba y generaba código erróneo con frecuencia. Días después de hablar con The Guardian para ese reportaje, Dina fue despedida.

Despidos a gogó. El caso de Amazon es especialmente sangrante por la reciente oleada de despidos masivos de la compañía. En los últimos meses ha recortado su plantilla en 30.000 personas, un 10% de su fuerza corporativa. En Amazon niegan que dichos despidos tengan que ver con la IA, pero el CEO, Andy Jassy, ha sugerido en comunicados internos que las ganancias de eficiencia que plantea la automatización de procesos permitirá operar con equipos más ajustados. Está contradiciendo exactamente lo que dice la compañía sin querer decirlo del todo.

Suicidio laboral. Muchos empleados entrevistados por este medio indicaban que se sentían como una especie de suicidas laborales. Su labor actual consiste en documentar procesos de forma detallada y corregir errores del sistema para, en esencia, preparar su propio reemplazo por máquinas. Estas fases de entrenamiento forzado están haciendo que los empleados sientan que su ciclo en Amazon tiene fecha de caducidad.

Igual no necesito un martillo. Lo que está pasando en Amazon lo hemos vivido en el pasado. El despliegue de herramientas de IA ha sido en muchos casos caóticos según los empleados entrevistados. Se ha forzado a que usen herramientas "a medio cocer" nacidas de hackathons internos sin evaluar de forma adecuada si realmente aportaban la solución adecuada. Una ingeniera lo decía claramente: no puedes mirar cada problema y pensar cómo usar el martillo que tienes para dicho problema. Lo primero es saber si ese problema realmente necesita un martillo.

Caídas del servicio. Los problemas de integración de la IA también están siendo al parecer responsables de caídas de servicios de Amazon. Informes internos vinculan al menos dos de esas caídas con cambios de código que fueron realizados con herramientas de IA. Esos cambios no fueron debidamente supervisados, y aunque la empresa pueda culpar de "errores humanos" estos problemas, el origen está en lo de siempre: delegar decisiones críticas en sistemas que aún no son fiables al 100%.

Amazon sabe quién usa la IA. En esta adaptación de Amazon a la era de la IA también hay otro elemento inquietante: sus responsables están monitorizando al milímetro lo que hacen sus empleados con la IA. Lo que ya hacían en los almacenes para medir el rendimiento y productividad de esos empleados ahora ocurre también en los despachos. Existen paneles de control donde los jefes de equipo vigilan quién usa la IA y con qué frecuencia, y en algunos equipos el objetivo es que al menos el 80% de la plantilla use estas herramientas semanalmente, sin importar si son útiles o no.

Promociones. Y que uses poco o mucho las herramientas de IA también puede ser determinante para promocionar internamente en Amazon. Se han detectado documentos en los que se pregunta explícitamente al candidato cómo ha usado la IA para mejorar su impacto. El mensaje es claro: si no abrazas esta tecnología, aun siendo deficiente, tus posibilidades de ascender se complican, y mucho.

Moral baja. Entre los empleados encuestados la sensación que todos percibían era la desmoralización de los equipos. De hecho más de 1.000 trabajadores firmaron una petición contra ese agresivo despliegue de herramientas de IA. Para ellos la cultura de la empresa está mutando y lo que ahora se exige es trabajar más horas con menos recursos con la excusa de que la competencia externa está "hambrienta".

En Xataka | Se suponía que el rol de los desarrolladores del futuro iba a ser "revisar" el código que escribía la IA. Claude acaba de sepultarlo

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11 de marzo de 2026

México y Chile han unido fuerzas para algo bastante extraño: prohibir en todo el mundo las granjas de pulpos

México y Chile han unido fuerzas para algo bastante extraño: prohibir en todo el mundo las granjas de pulpos

El 25 de febrero, México presentó una reforma de la ley federal de pesca para prohibir en todo el territorio nacional las granjas de cefalópodos. Puede parecer raro, pero cuando Maki Esther Ortiz Dominguez se plantó frente al Senado de la República y defendió la moratoria de la acuicultura de la cría de pulpos, calamares y sepias, lo que decía sonaba con sentido. 

No solo es que son un negocio terriblemente difícil, es que hay evidencia más que firme (siempre según la senadora) sobre los enormes problemas de canibalismo y riesgos para la salud pública que vienen trayendo aparejadas estas granjas.

Tanto es así que México no está solo. Chile aprobó una prohibición similar en octubre de 2025 y siete estados de EEUU también la tienen. Y es curioso porque lo que se está prohibiendo, en realidad, ni siquiera existe a escala comercial. El mundo (también España) está intentando prohibir algo que no se está haciendo. 

Lo que no quiere decir que no se esté intentando. De hecho, la iniciativa mexicana para prohibir "la reproducción, preengorda y engorda de cefalópodos" en cautividad se basa en los datos de las instalaciones de Sisal (Yucatán), la única granja de este tipo que se encuentra operativa en todo el continente americano. 

Allí, con la colaboración de la UNAM, llevan 12 años tratando de hacer viables las piscifactorías de pulpos. Y los datos son terribles: tasas de mortalidad superiores al 52%, el 30% de las muertes atribuibles al canibalismo, tasas de conversión ineficientísimas (se necesitan tres kilos de pescado para producir uno de pulpo) y un maltrato sistemático de estas especies que, por si fuera poco, se consideran especialmente inteligentes. 

¿Especialmente inteligentes? Y 'sintientes': en los últimos años, no han faltado declaraciones sobre el tema (Cambridge, 2012 y Nueva York, 2024); pero es que, además, hay abundantes revisiones bibliográficas que señalan que cuando hablamos de cefalópodos, estamos hablando de animales cognitivamente mucho más cerca de nosotros. 

Y eso, claro, ha generado consecuencias. De la misma manera que la publicación de 'Liberación Animal' contribuyó a crear el movimiento animalista, toda esta investigación sobre los pulpos ha desembocado en una tendencia legislativa sin precedentes. 

"Sin precedentes" porque, quizás por primera vez, la legislación viene antes de que las granjas sean una realidad más allá de los centros experimentales. Y está viniendo muy rápidamente: esta ola regulatoria se ha cuajado en un par de años. 

¿Y quién iba a querer pulpo de granja? La respuesta simple es que todo el mundo. Si no se visibilizan los problemas derivados y se consiguen cefalópodos asequibles, todo el mundo comerá en unos años pulpo de granja. Sobre todo, porque se están acabando. Al menos en España, hay toda una combinación de factores que han hecho que el pulpo emigre hacia el norte

En España, de hecho, ya se presentó una propuesta en este sentido en verano de 2025 y el Parlamento Europeo discutió el tema en diciembre del mismo año. Es cuestión de tiempo, parece. Y, por ahora, México y Chile van en cabeza.

Imagen | Milada Vigerova

En Xataka | Inglaterra está viviendo una invasión sin precedentes. El problema es que son pulpos, y están devorando todo lo que encuentran

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Investigación del CEAF revela cómo el clima extremo afecta a los cultivos en Chile

Investigaciones del Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF) buscan comprender cómo la sequía, el calor extremo y la salinidad del suelo afectan a los cultivos, con el objetivo de desarrollar plantas más resilientes frente al escenario climático actual.

En la Región de O’Higgins, —uno de los principales polos frutícolas de Chile— el paisaje agrícola está experimentando cambios cada vez más evidentes. Las condiciones climáticas extremas, como la prolongada mega sequía, las olas de calor y la degradación de los suelos, están modificando la forma en que crecen y producen los cultivos.

Ya no se trata solo de enfrentar una temporada seca o un verano particularmente caluroso. Hoy, la agricultura chilena convive con múltiples factores ambientales adversos que ocurren simultáneamente. Para entender cómo responden las plantas a este escenario complejo, el Dr. Jorge Pérez, investigador del Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF), desarrolla estudios en la línea de Genómica Funcional, orientados a descifrar los mecanismos internos que permiten a las plantas resistir condiciones extremas.

El desafío del “multiestrés” en los cultivos

Tradicionalmente, la investigación agrícola analizaba los factores ambientales de manera aislada. Por ejemplo, se estudiaban los efectos de la sequía en un grupo de plantas o el impacto del calor en otro. Sin embargo, en los sistemas agrícolas reales los cultivos enfrentan múltiples presiones al mismo tiempo.

“En el campo, las plantas están sometidas a estrés combinado”, explica el Dr. Pérez.

Un árbol frutal puede enfrentar simultáneamente escasez de agua, alta radiación solar y suelos con baja disponibilidad de nutrientes o con exceso de sales. Esta combinación de factores abióticos —es decir, elementos físicos y químicos no vivos del entorno— constituye uno de los mayores desafíos para la agricultura moderna.

Comprender cómo interactúan estos factores y cómo reaccionan las plantas frente a ellos es clave para mantener la productividad agrícola en un contexto de cambio climático.

Investigando genes en el laboratorio

Para enfrentar este desafío, el equipo del Dr. Pérez trabaja identificando genes específicos que se activan o se desactivan cuando las plantas están expuestas a condiciones ambientales desfavorables.

El proceso comienza con la identificación de genes candidatos en especies de interés agrícola. Luego, estos genes se estudian en plantas modelo de rápido crecimiento —como tabaco, tomate o Arabidopsis— lo que permite evaluar sus funciones en un tiempo mucho menor que el que requeriría trabajar directamente con árboles frutales.

Si un gen demuestra contribuir a la tolerancia frente a estrés por sequía, salinidad u otras condiciones adversas, pasa a convertirse en un candidato relevante para programas de mejoramiento genético.

De esta manera, la investigación conecta la ciencia básica —entender cómo funcionan los genes— con aplicaciones concretas que pueden fortalecer la resiliencia de los cultivos.

Ciencia aplicada para la agricultura del futuro

El conocimiento generado en el laboratorio no solo apunta al desarrollo de nuevas variedades en el largo plazo. También permite generar herramientas prácticas para enfrentar los desafíos actuales.

Entre ellas destacan los marcadores genéticos, que ayudan a los mejoradores de plantas a identificar variedades que naturalmente poseen genes asociados a mayor tolerancia al estrés ambiental.

Asimismo, el estudio de los compuestos que producen las plantas bajo estrés —como hormonas o metabolitos— abre la puerta al desarrollo de bioinsumos capaces de reducir problemas productivos. Un ejemplo es la aparición de frutos dobles en ciertos cultivos, fenómeno asociado a olas de calor que afecta la calidad comercial de la fruta.

Paralelamente, los avances en biotecnología y edición génica permiten explorar modificaciones más precisas en el genoma vegetal, acortando significativamente los tiempos necesarios para generar nuevas variedades, procesos que mediante métodos tradicionales pueden tardar hasta dos décadas.

Colaboración científica global

El trabajo desarrollado por el CEAF no ocurre de manera aislada. El equipo mantiene colaboraciones con investigadores de Brasil, Alemania, España y Estados Unidos, entre otros países, lo que permite integrar distintas capacidades científicas para abordar problemas complejos.

Además, los resultados de estas investigaciones se publican en revistas científicas internacionales y los datos genómicos y transcriptómicos generados —relacionados con ADN y ARN— se comparten en plataformas globales como bases de datos científicas abiertas, facilitando su uso por parte de investigadores de todo el mundo.

“Es clave colaborar… así aprovechamos las capacidades y podemos generar respuestas mucho más efectivas”, señala el Dr. Pérez.

En un contexto marcado por el cambio climático, comprender cómo las plantas enfrentan condiciones ambientales extremas se vuelve fundamental para asegurar la sostenibilidad de la agricultura. El objetivo final es claro: desarrollar sistemas productivos capaces de adaptarse a un clima cada vez más variable y seguir garantizando la producción de alimentos en el futuro.

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