21 de junio de 2026

Pensábamos que Ozempic solo servía para adelgazar. Su último efecto secundario es un freno a la impulsividad violenta

Pensábamos que Ozempic solo servía para adelgazar. Su último efecto secundario es un freno a la impulsividad violenta

Si hay una familia de medicamentos que ha acaparado titulares en los últimos años, son los agonistas del receptor GLP-1, aunque seguramente te suenen más si decimos 'Ozempic' o 'Wegovy'. Estos fármacos comenzaron revolucionando el tratamiento de la diabetes tipo 2, pero todo fue una forma muy eficaz de 'tratar' la obesidad. Pero poco después, los científicos empezaron a notar algo fascinante al ver que los pacientes decían que también perdían las ganas de beber alcohol, fumar o morderse las uñas.

Tras investigarlo. Un nuevo estudio ha llevado estos primeros indicios de la supresión de los impulsos un paso más allá, adentrándose en el terreno de la crimonología y han visto que puede ser una forma de reducir los crímenes violentos. 

Para llegar a este punto, los investigadores analizaron, a través de una encuesta, a 821 adultos que habían utilizado los fármacos GLP-1 en algún momento. Tras esto, el estudio analizó por separado a los usuarios actuales de estos medicamentos con los exusuarios para ver exactamente el efecto que puede tener el medicamento en puntos que van más allá del consumo de alimentos. 

Los resultados. Lo que encontraron, no es que el Ozempic "reduzca el crimen", sino algo mucho más sutil: en los usuarios actuales, la asociación entre los rasgos de impulsividad o el consumo de alcohol y la conducta violenta era significativamente más débil.

Es decir, el fármaco parece actuar como un amortiguador, ya que en una persona no medicada, una alta impulsividad sumada al consumo de alcohol suele ser un cóctel que facilita comportamientos agresivos, puesto que algo que está bastante demostrado es la relación entre el alcohol y la violencia. Pero en los pacientes bajo tratamiento con Ozempic, esa transición entre "sentir el impulso" y "ejecutar la acción violenta" parece estar atenuada, lo que podría evitar el paso a cometer un crimen de dolo. 

¿Por qué? Para entender por qué un fármaco metabólico podría tener efectos conductuales, hay que mirar al cerebro, puesto que los agonistas GLP-1 actúan sobre áreas cerebrales implicadas en el sistema de recompensa y la regulación del apetito.

El contexto clínico de este fenómeno está cada vez más documentado, puesto que un ensayo aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo publicado en JAMA Psychiatry demostró que la semaglutida redujo la ansiedad por consumir y varias métricas de consumo en adultos con trastorno de alcoholismo. Este ensayo médico tiene un peso causal mucho mayor que el estudio criminológico y aporta una base clínica sólida al apuntar que los GLP-1 modulan nuestra relación con las sustancias y la gratificación inmediata. 

Con la violencia. Con todo esto podemos sacar en claro que, si por una parte se reduce el alcohol y por otra la impulsividad que se siente a la hora de pensar en cometer un crimen, indirectamente se están reduciendo dos de los principales catalizadores de la violencia. 

La letra pequeña. Con este tipo de hallazgos, es fácil caer en el sensacionalismo y pensar que estamos ante la píldora de 'La Naranja Mecánica'. Sin embargo, hay que recalcar que el estudio publicado es de carácter observacional y transversal. Esto significa que se ha hecho una especie de 'foto fija' de la situación sin hacer un seguimiento sobre los participantes para ver cómo evoluciona su impulsividad con el paso del tiempo. 

Imágenes | David Trinks

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La IA está generando un mercado laboral a dos velocidades: los que ganan y los que se quedan atrás

La IA está generando un mercado laboral a dos velocidades: los que ganan y los que se quedan atrás

Llevamos años escuchando eso de que la IA va a reconfigurar el mercado laboral y cada vez tenemos más datos de cómo está siendo ese cambio. PwC acaba de hacer público su nuevo barómetro global de la IA en el mercado laboral en el que, tras analizar más de 1.000 millones de ofertas de trabajo en 27 países, llegan a varias conclusiones muy interesantes. 

Dos velocidades. Uno de los hallazgos del estudio es que la IA está contribuyendo a crear dos categorías en el mercado laboral. Por un lado están los llamados "roles profesionalizados" que son profesiones que pueden usar la IA como apoyo, pero requieren que el humano sea quien hace el trabajo fino, como por ejemplo médicos especialistas, arquitectos o reclutadores. Por otro lado están los "roles democratizados" que son puestos que la IA ha facilitado, es decir, que una persona no experta puede hacerlo o que directamente la IA puede hacer gran parte del trabajo. Es el caso de atención al cliente, soporte técnico de primer nivel o puestos administrativos. 

Según el informe, los puestos profesionalizados están creciendo mucho más rápido que los democratizados, con el doble de puestos ofertados y un 42% más de crecimiento salarial. 

Boom de productividad. Hay una brecha cada vez más grande entre las empresas que saben exprimir la IA y las que no. Entre 2018 y 2025, el aumento de la productividad entre las empresas de sectores menos expuestos a la IA ha aumentado un 24%, mientras que las más expuestas llegan al 34%. Dentro de este grupo, han detectado que las empresas que usan la IA más intensamente han logrado disparar su productividad hasta un 163%, cinco veces más que la media del resto. Además de ser más productivas, estas empresas también están aumentando su plantilla, hasta un 52% en comparación al 36% de las empresas menos pro-IA.

Saber de IA se paga mejor. El barómetro ha detectado que el tirón de la IA  también se traslada a los salarios. La brecha salarial entre quienes tienen habilidades específicas de IA y quienes no ha aumentado un 62%, frente al 57% del año pasado. Además, trabajos de áreas concretas como el machine learning o la ingeniería de prompts están creciendo ocho veces más rápido que el mercado laboral general (un 69% frente a un 9%). El número de ofertas para trabajos relacionados con la IA ya duplica lo visto en 2024, sobre todo en sectores como tecnología, medios, telecomunicaciones y servicios profesionales. 

Junior que parezcan senior. Otro de los hallazgos del estudio es que los puestos de nivel inicial o junior ahora tienen requisitos más altos. Las ofertas analizadas tienen a requerir habilidades típicamente senior como capacidad de juicio, liderazgo y creatividad. En concreto PwC habla de que los trabajos más expuestos a la IA tienen siete veces más probabilidades de exigir estas habilidades en roles de entrada, y que las vacantes para estos puestos junior-senior han crecido un 35% desde 2019, mientras que el resto de roles junior se ha reducido un 10%.

Imagen | Xataka con Magnific

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Carles Lalueza-Fox, genetista: "Seguramente tengamos más de un doble en algún lugar del planeta"

Carles Lalueza-Fox, genetista: "Seguramente tengamos más de un doble en algún lugar del planeta"

La idea de que todos tenemos un "doble" exacto caminando por alguna calle de otro continente ha alimentado la literatura, el cine y las leyendas urbanas durante siglos. Lo llamamos doppelgänger y, aunque se puede pensar que es fruto de la ciencia ficción, la realidad es que hay una sólida explicación biológica para esta idea. 

Está demostrado. Investigadores españoles de primer nivel, como el genetista Carles Lalueza-Fox  del Instituto de Biología Evolutiva y Manel Esteller, director del Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras, demostraron que este fenómeno no es magia, sino que es pura estadística genética.

Para poder llegar a entender este fenómeno, los investigadores analizaron 32 parejas de "dobles" que no tenían ningún parentesco entre ellos y compararon su ADN, la epigenética y también el microbioma. 

Lo que vieron. El equipo no solo se basó en la percepción visual de que dos personas se parecían demasiado, sino que utilizó algoritmos de reconocimiento facial para medir la objetividad del parecido de verdad. De esta manera, de las dieciséis parejas que los algoritmos clasificaron como 'extremadamente similares', nueve de ellas compartían múltiples variaciones genéticas que se conocen como 'polimorfismos de nucleótido simple'. 

Pero estas similitudes no estaban repartidas al azar, sino que se concentraban en los genes responsables de esculpir la frente, los ojos, la nariz, la boca y la barbilla. Es decir, estas dieciséis parejas arrojaban resultados comparables a los de gemelos biológicos reales. 

Hay un matiz. Si su ADN es tan parecido, ¿por qué no son idénticos en todo? El estudio resolvió que las sutiles diferencias entre estos dobles se deben a la epigenética, que básicamente es cómo se expresa el ADN según el estilo de vida o el entorno en el que nos desarrollamos, y a su microbioma, que son las bacterias que habitan en su cuerpo.  

Un rompecabezas genético. Este estudio no es un caso aislado, sino que la comunidad científica lleva años mapeando la arquitectura del rostro humano, descubriendo que la combinación de genes que define nuestra cara es finita. De esta manera, a medida que la probabilidad de que los dados genéticos caigan en la misma combinación aumenta exponencialmente.

Los expertos. Uno de los autores de este estudio, Carles Lalueza-Fox, concedió una entrevista recientemente a El País y apuntó que, tras analizar los 200 genes más importantes de la estructura facial y calculando las probabilidades, vieron que "seguramente tengamos más de un doble en algún lugar del planeta". 

Ahora este fenómeno es un poco más popular básicamente porque las redes sociales están haciendo más fácil encontrar a nuestros dobles. 

Imagen | Anton Malanin

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Tu cuerpo te quita el hambre a más de 40 grados por un motivo de pura supervivencia: evitar que te "cuezas" por dentro

Tu cuerpo te quita el hambre a más de 40 grados por un motivo de pura supervivencia: evitar que te "cuezas" por dentro

El verano ya está prácticamente aquí y los termómetros no paran de subir con una ola de calor que está a las puertas de nuestro país. Pero más allá del insufrible calor, otra de las sensaciones que podemos experimentar en estas fechas es la pérdida del apetito o incluso vemos cómo nuestras digestiones se hacen más pesadas cuando comemos algo pesado. Y es que detrás de esa predilección por las ensaladas y el rechazo a los platos pesados se esconde un sofisticado mecanismo de supervivencia termorreguladora que la ciencia lleva años estudiando.

Un consejo de abuela. Cuando llegan estas épocas, aparecen en la mesa las comidas ligeras como las tan queridas ensaladas de pasta, pero la realidad es que no es un consejo tradicional, sino que es la recomendación respaldada por la evidencia científica para evitar el estrés térmico, optimizar nuestro metabolismo y proteger nuestra salud cardiovascular. Es por ello que en estos meses venideros las comidas más copiosas deberían quedar un poco más apartadas por nuestra propia salud. 

El motor interno. Para entender las razones de por qué hay que optar por comidas ligeras, tenemos que irnos al interior de nuestro organismo. Aquí cuando comemos, nuestro cuerpo necesita gastar energía para digerirlos, absorberlos y metabolizarlos, y este proceso, conocido como termogénesis inducida por la dieta, genera calor interno.

De esta manera, cuando consumimos comidas grandes o muy calóricas, nuestro ritmo cardíaco se eleva y la producción de sangre llega a duplicarse durante las dos horas posteriores para asistir al sistema digestivo. Si a esta sobrecarga cardiovascular le sumamos una temperatura ambiental extrema que supera los 40 grados a veces, el cóctel puede ser peligroso.

Está estudiado. Un estudio publicado en 2022 demostró que una dieta alta en grasas aumenta drásticamente el estrés oxidativo en los músculos y duplica el riesgo de sufrir un golpe de calor cuando se expone a una temperatura de 41 °C. Y es que, como hemos mencionado antes, las digestiones pesadas provocan un mayor consumo de oxígeno y una generación de calor interno exacerbado que predispone al organismo al estrés térmico. 

Lo más pesado. A todo esto hay que apuntar que comer en exceso o ingerir alimentos ricos en grasa saturadas durante el verano desencadena consecuencias inmediatas, como por ejemplo la sobrecarga digestiva. Esto ocurre básicamente porque el cuerpo trata de enviar sangre a la piel para poder enfriarse y reducir su temperatura corporal (por eso nos ponemos rojos) lo que retrasa el vaciado del estómago y hace que nos sintamos muy pesados. 

Pero además, las comidas ricas en grasas pueden generar endotoxemia e inflamación tras terminar de comer, acompañadas de somnolencia que puede extenderse hasta cuatro horas después de la ingesta.

El consejo en verano. Frente a las digestiones pesadas, la ciencia señala un camino claro que deberíamos seguir: hidratación extrema, fibra y la dieta mediterránea. El histórico estudio PREDIMED confirmó que este patrón alimentario, naturalmente ligero y basado en grasas saludables y vegetales, reduce en un 30% la incidencia de enfermedades cardiovasculares y revierte el síndrome metabólico que puede emanar en verano. 

Los objetivos. El primero de ellos está en la hidratación, que debe ser muy agresiva, pero no solo a través de la bebida, sino también a través de la comida. Aquí hay alimentos como el pepino o la sandía que tienen una composición superior al 90% de agua y que se presentan como herramientas fundamentales para mantener la temperatura basal. 

Nuestra microbiota. Nuestras bacterias intestinales también sufren con los cambios de rutina veraniegos, como se vio en un estudio reciente del VHIR  realizado con más de mil personas en España, que demostró que una dieta basada en frutas, verduras y frutos secos fomenta una microbiota mucho más diversa y previene la disbiosis. Por el contrario, los ultraprocesados, el alcohol y las bebidas azucaradas, que se pueden disparar en el verano, reducen la diversidad bacteriana, acercando nuestro intestino a patrones inflamatorios.

Imágenes |  Lee Myungseong 

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Científicos alemanes han descubierto que la Tierra lleva más de 100 millones de años recibiendo lluvia radiactiva por el violento “beso” de dos supernovas

Científicos alemanes han descubierto que la Tierra lleva más de 100 millones de años recibiendo lluvia radiactiva por el violento “beso” de dos supernovas

El planeta Tierra alberga en las profundidades oceánicas un depósito de plutonio radiactivo que solo pudo formarse en el espacio, durante un violento cataclismo cósmico. Aunque hay reservas de este polvo radiactivo a mucha profundidad, se ha comprobado que sigue lloviendo sobre nosotros hoy en día. Eso llevaría a pensar que fue un cataclismo reciente en términos astronómicos. Sin embargo, según un estudio recién publicado por científicos alemanes, fue hace cientos de millones de años.

Dos isótopos para entenderlo todo. El plutonio-244 no existe de forma natural en la tierra. De hecho, el único isótopo de este elemento que se puede producir naturalmente en algunos procesos geológicos es el plutonio-239 y lo hace mayormente en forma de trazas. El plutonio-244 es el isótopo más pesado de este elemento. Es decir, el que tiene más neutrones. Se sabe que suele formarse por fenómenos cósmicos durante algo conocido como proceso r, donde los átomos más ligeros absorben rápidamente neutrones en su núcleo. 

Generalmente, el evento que suele dar lugar a este fenómeno es la kilonova, una explosión resultante de la fusión de dos estrellas de neutrones. En el proceso, se forma también curio-247, de ahí que estos científicos hayan analizado también sus niveles. Teniendo estos datos en cuenta, han descubierto que la explosión en cuestión debió producirse hace más de 100 millones de años, pero menos de mil millones de años. Y, también, que la lluvia radioactiva no ha parado desde entonces.

La clave está en la corteza de ferromanganeso. La corteza de ferromanganeso es una capa del fondo del océano que se forma cuando los metales disueltos en el agua del mar, como el hierro y el manganeso, se van depositando y solidificando. Esto ocurre a un ritmo bastante lento, con un crecimiento de entre 1 y 10 milímetros por cada millón de años. Los depósitos no tienen solo hierro y manganeso. Mezcladas con ellas se encuentran otras sustancias que hayan caído al mar en ese tiempo. Por eso, esta corteza es una fotografía química perfecta de la historia de nuestro planeta. 

Una sección con sorpresa. Los autores de este estudio analizaron una sección de esta corteza extraída a 4.830 metros de profundidad en 1976. Esta ya se había analizado anteriormente y había señalado algo sorprendente. Y es que, además del plutonio, también se encontró hierro-60, otro radioisótopo asociado a las explosiones de supernovas, que tiene una vida media bastante corta, de 2,6 millones de años. 

Esta cifra significa que, cada 2,6 millones de años, se habrá desintegrado la mitad de los átomos iniciales de este isótopo. En otros 2,6 millones de años la mitad de lo que quedó y así sucesivamente. Dado que es una vida media bastante corta, en su momento se concluyó que la kilonova que provocó la lluvia de polvo radioactivo tuvo lugar hace unos 3 millones de años. Sin embargo, los autores del estudio que se acaba de publicar derribaron esa hipótesis.

Vida Media De Los Isotopos Vida media de los isótopos del estudio

Curio al rescate. La formación de plutonio-244 cuando se fusionan estrellas de neutrones va siempre acompañada de la formación de curio-247. El isótopo de plutonio tiene una vida media de 81 millones de años, mientras que el de curio “solo” tiene una vida media de 15,6 millones de años. Al analizar la muestra de corteza de ferromanganeso, estos investigadores no encontraron curio. Por lo tanto, este debía haberse desintegrado por completo. Eso sitúa la explosión hace más de 100 millones de años. 

Ojo, recordemos que la vida media es el tiempo que tarda en desintegrarse la mitad del material radiactivo. Cada 15,6 millones de años se va desintegrando la mitad, por lo que en 100 millones de años no debe quedar nada de curio, pero sí mucho plutonio, que apenas hará 19 millones de años que perdió la mitad. Para que desapareciese el plutonio por completo harían falta 1.000 millones de años. 

¿Qué pasa con el hierro? La razón por la que sí hay hierro-60 en la muestra, a pesar de tener una vida media menor que la del curio-247, es que se originaron en eventos distintos. De hecho, los cambios de nivel del hierro no coinciden con los de plutonio. Por otro lado, se ha visto que el plutonio sigue apareciendo de forma uniforme en las capas superiores, de ahí que se haya concluido que la lluvia radiactiva no ha terminado. Al menos no había terminado en 1976 y eso en términos astronómicos fue antes de ayer. 

¿Y ahora qué? Estos científicos piensan que el cataclismo que liberó esta larga lluvia radiactiva debió ser inmenso. Posiblemente incluso afectó a la vida en la Tierra. Pero de momento es algo que no se puede saber. Habrá que seguir investigando para tener la respuesta. 

Imagen | Universidad de Warwick/Mark Garlick | B. Schröder/HZDR/NASA, ESA, J. Hester, A. Loll/ASU

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La noticia Científicos alemanes han descubierto que la Tierra lleva más de 100 millones de años recibiendo lluvia radiactiva por el violento “beso” de dos supernovas fue publicada originalmente en Xataka por Azucena Martín .



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