13 de octubre de 2026

La ciencia ha estudiado a un joven capaz de recordar casi cualquier día de su vida. El secreto está en cómo recupera los recuerdos

La ciencia ha estudiado a un joven capaz de recordar casi cualquier día de su vida. El secreto está en cómo recupera los recuerdos

Que un olor, una palabra aleatoria o una simple imagen desencadene en la mente un recuerdo vívido o detallado de lo que estábamos haciendo en un momento concreto de nuestra vida parece algo imposible, pero hay personas a las que les ocurre de manera automática. Este es el caso de un joven de 16 años que responde a las iniciales de KCL y cuyo caso ha descrito lo que creíamos saber del límite de nuestro cerebro. 

El caso. KCL posee lo que la ciencia denomina 'memoria autobiográfica altamente superior' (HSAM por sus siglas en inglés) y, según un reciente estudio publicado en la revista Cortex, su memoria es más potente que la del 99,9% de la población general. Sin embargo, en este caso tenemos también como lección que una memoria prodigiosa no consiste en ser un "superhéroe cognitivo", sino en tener un cerebro con el gatillo demasiado sensible. 

No es lo mejor. Desde que se documentó el primer caso de este tipo de memoria autobiográfica en 2006, se ha podido pensar que estas personas son como ordenadores vivientes con discos duros casi infinitos. Sin embargo, la ciencia lleva años desmintiendo esta idea. 

Y es que ya en 2012, con la primera serie de casos estudiados por la Universidad de California, se demostró que al someter a individuos con HSAM a pruebas de memoria estándar de laboratorio, su rendimiento era igual al de otras personas. Es por ello que su "superpoder" se limita estricta y exclusivamente a su propia vida. 

Anatómicamente. Esta habilidad no responde tampoco porque tengan un cerebro diferente en forma o tamaño, y entonces nos preguntamos cómo es posible que ocurra esto. Y aquí este último caso es muy importante, no por ser el primero reportado, sino por cómo se ha demostrado, ya que hasta ahora la ciencia dependía de cuestionarios o diarios donde los pacientes relataban sus experiencias. Pero ahora los investigadores llevaron a KCL al laboratorio y, mientras realizaba tareas monótonas, le interrumpían en momentos aleatorios para preguntarle exactamente qué estaba pensando.

Los resultados apuntaban a que KCL experimentaba una frecuencia de recuerdos autobiográficos involuntarios inmensamente superior a la del grupo de control, y curiosamente su tasa general de distracciones era completamente normal; el sesgo operaba únicamente hacia el contenido de su pasado.

La conclusión a la que llegaron es que tanto KCL como otras personas con HSAM experimentan la recuperación del recuerdo de la misma manera que el resto de nosotros una vez que este se hace consciente. Su particularidad reside en un umbral de recuperación mucho más bajo y una sensibilidad extrema a las claves del entorno, haciendo que cualquier pequeño estímulo sea suficiente para "abrir la compuerta".

La neurociencia. Esta teoría del acceso rápido encaja a la perfección con lo que sabemos de la actividad cerebral en este tipo de personas, puesto que ya en estudios se vio que los cerebros con HSAM acceden a los recuerdos mucho más rápido. La clave aquí parece estar en la fase de "acceso" donde estos individuos muestran una mayor conectividad entre la corteza prefrontal y el hipocampo y por tanto, son mucho más rápidos. 

Sin embargo, en la fase de "revivir" el recuerdo, su actividad cerebral es indistinguible de la de cualquier otra persona.

Imágenes | Vitaly Gariev 

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El gobierno de EE.UU. usó torres de telefonía falsas para localizar a periodistas que cubrían protestas

Una antena camuflada junto a una libreta simboliza la vigilancia mediante falsas torres móviles.

Los stingrays —dispositivos que imitan torres de telefonía móvil para interceptar datos de teléfonos cercanos— llevan décadas usándose en investigaciones criminales. Lo que ha revelado una investigación de Wired, recogida por InfosecToday este 12 de octubre de 2026, es cualitativamente diferente: investigadores federales solicitaron usar stingrays para localizar a periodistas que cubrían protestas anti-ICE en 2025, y en al menos dos casos obtuvieron las órdenes judiciales necesarias para hacerlo.

El caso concreto: Jerome Richardson, productor de televisión de la Temple University de Filadelfia, cubrió una protesta en Minneapolis contra una redada de ICE en noviembre de 2025. Richardson fue identificado como posible fuente de información en una investigación de inmigración irregular, y los agentes del DHS (Departamento de Seguridad Nacional) solicitaron warrants para rastrear su localización usando stingrays. 39 personas fueron detenidas en esa operación.

¿Cuáles fueron los límites legales que pusieron freno a la operación?

El dato más revelador de la investigación es que los magistrados rechazaron 5 de las 8 órdenes solicitadas para usar stingrays contra periodistas y personas en el perímetro de la protesta. Los jueces argumentaron que el uso de stingrays contra periodistas en ejercicio de sus funciones viola la Primera Enmienda de la Constitución, que protege la libertad de prensa.

Las 3 órdenes que sí fueron aprobadas afectaron a personas que los agentes argumentaron tenían conexión directa con la organización de la protesta, no solo su cobertura. Pero la distinción es frágil: en una concentración, la diferencia entre «organizador» y «periodista documentando organizadores» es exactamente lo que el secreto de la fuente periodística está diseñado para proteger.

Las 92 citaciones aduaneras (customs summonses) que el DHS emitió en paralelo para obtener registros de llamadas y datos de localización de operadoras telefónicas son el otro flanco legal. A diferencia de los stingrays, que requieren una orden judicial específica, las citaciones aduaneras tienen un estándar probatorio más bajo y se usaron masivamente para construir el mapa de relaciones entre los manifestantes.

Por qué este caso importa más allá del debate sobre stingrays

Llevo cubriendo privacidad digital y vigilancia desde 2013, cuando las revelaciones de Snowden pusieron los programas de vigilancia masiva en el centro del debate público. Lo que cambia con este caso no es la tecnología —los stingrays son conocidos desde los años noventa— sino el objeto de vigilancia: periodistas en activo, no sospechosos de delitos.

La Electronic Frontier Foundation, que ha documentado el caso con detalle, argumenta que la utilización de stingrays contra la prensa tiene un efecto disuasorio que va más allá de los individuos afectados. Si los periodistas saben que cubrir protestas expone su localización y sus fuentes a rastreo federal, la cobertura de movimientos de derechos civiles se vuelve más arriesgada, lo que limita el periodismo en interés público.

El precedente legal establecido por los 5 magistrados que rechazaron las órdenes es más importante que los 3 que las aprobaron. Pero la existencia de esas 3 órdenes aprobadas —y de 92 citaciones que no requerían aprobación judicial— confirma que el uso de herramientas de vigilancia contra periodistas en EE.UU. no es una posibilidad teórica sino una práctica documentada.

La guía sobre cómo detectar phishing y proteger la comunicación digital y el uso de gestores de contraseñas son medidas básicas, pero insuficientes frente a un adversario con acceso a infraestructura de telecomunicaciones. Para periodistas que cubren protestas en EE.UU., la recomendación práctica es operar con teléfonos sin SIM en concentraciones y cifrar todas las comunicaciones con fuentes mediante Signal o Briar.




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Jonathan es una tortuga, tiene 194 años y acabamos de descubrir por qué su ADN envejece tan lentamente

Jonathan es una tortuga, tiene 194 años y acabamos de descubrir por qué su ADN envejece tan lentamente

El secreto de la longevidad extrema siempre ha sido un tema que ha fascinado a la ciencia, pero para saber cómo se puede vivir más de 200 años, a veces no hay que mirar a los humanos, sino a un apacible reptil que lleva caminando por este planeta desde antes que se inventara la bombilla, como es Jonathan. Esta es una tortuga gigante que, a sus 194 años, ostenta el récord de ser el animal terrestre más longevo del mundo. 

Su razón. Aguantar durante todos los años hace que la gente busque el porqué. Y aquí la ciencia ha decidido asomarse al interior de sus células gracias a un equipo internacional que ha secuenciado su genoma y su metiloma para entender la razón por la que Jonathan no envejece como el resto de animales. 

Un simple frotis. Para entender un poco mejor a Jonathan, no hizo falta someterle a dolorosas pruebas, sino que solo bastó con raspar la mucosa bucal del animal. A partir de esta muestra, un equipo internacional comparó su ADN con el de otras tortugas gigantes de Aldabra mucho más jóvenes. 

El resultado. Lo que encontraron en el código genético fue un arsenal biológico muy importante, puesto que se pudieron identificar hasta 287 genes con variantes exclusivas de Jonathan. Pero lo interesante es que muchas de estas variantes están íntimamente ligadas a la supresión de tumores y a la reparación del ADN.  

Aunque no se queda aquí, ya que Jonathan posee copias extra de un gen encargado de codificar una proteína que "limpia" el organismo eliminando las células senescentes, que son las famosas "células zombi" que causan el envejecimiento y algunos cánceres. 

No hay envejecimiento. Sin embargo, tener buenos genes no es toda la historia, puesto que la clave también está en cómo se expresan en el organismo. Aquí el metiloma nos da muchos datos, puesto que nos indica cómo están activados o desactivados estos genes, y los investigadores vieron que, en general, su epigenoma mostraba signos de desgaste coherentes con un anciano de 200 años. 

Pero había una excepción que nos ha dado una clave dentro del envejecimiento, y es que los interruptores genéticos asociados a sus mitocondrias se conservaban intactos, como los de una tortuga joven. 

Las mitocondrias son las fábricas de energía de las células y el estudio revela que las regiones de baja entropía en el ADN de Jonathan están fuertemente enriquecidas en promotores de genes vinculados a la cadena de transporte de electrones mitocondrial y al metabolismo del ARN. A partir de esto, los autores proponen que la extrema longevidad de Jonathan podría sustentarse en una eficiencia mitocondrial inusual, puesto que si su motor celular "no pierde fuelle", entonces las funciones vitales están casi intactas. 

No es caso aislado. Aunque todo esto parece impactante, la realidad es que hay precedentes en la historia, como en España. En nuestro entorno, en 2019, un equipo de la Universidad de Oviedo secuenció el genoma de otra tortuga llamada Solitario George. Aquí ya se encontraron variantes en genes de reparación del ADN y la inflamación, que Jonathan viene a confirmar. 

Hay relación entre las tortugas y los humanos, y un ejemplo puede ser el de Maria Branyas, que falleció a los 117 años y cuyo genoma fue analizado por el Instituto Josep Carreras. Y aquí se vio algo similar, puesto que se encontró un epigenoma más joven de lo normal, baja inflamación y un microbioma envidiable, haciendo que tengamos ahora mismo encima de la mesa un puzle del envejecimiento. 

Imágenes | Itai Perelman Nasich 

Vía | El País

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La NASA cree que las cuevas de la Luna sirven como "búnkeres" para astronautas y tiene una misión en marcha

La NASA cree que las cuevas de la Luna sirven como "búnkeres" para astronautas y tiene una misión en marcha

La NASA ha seleccionado tres proyectos que se encargarán de analizar el terreno lunar para maximizar la seguridad de los astronautas que viajen en el futuro a nuestro satélite. Los astronautas del programa Apolo pasaron muy poco tiempo en la Luna y aun así se enfrentaron a peligros desconocidos, como el efecto del polvo lunar en sus mucosas. Los astronautas de Artemis irán mucho más preparados para esas misiones cortas, gracias a todas las naves y robots que han estudiado nuestro satélite desde dentro y desde fuera. Sin embargo, aún queda analizar los riesgos que podrían darse en estancias mucho más largas. Ahí es donde entra en juego el programa PRISM, compuesto por tres investigaciones: LEMS-SP, GIMLI y DISCO. 

Un concurso de propuestas. Con el fin de analizar mucho mejor la Luna, la NASA abrió un concurso de propuestas, dirigido tanto a universidades y centros de investigación públicos como a empresas privadas. Todo esto está dentro del marco de CLPS, una iniciativa de la NASA dirigida a contratar empresas para transportar y entregar instrumentos científicos a la Luna. Para el programa PRISM, se han elegido propuestas de la Universidad de Maryland, el Planetary Science Institute y la NASA Ames. Tienen objetivos muy distintos, pero todos pueden servir para elegir los mejores lugares para construir asentamientos lunares.

LEMS-SP. Esta misión, dirigida por Mehdi Benna, de la Universidad de Maryland, se encargará de analizar el medio ambiente lunar mediante el estudio de tres pilares. Por un lado, los impactos de micrometeoritos. La Luna no tiene una atmósfera como la nuestra, que desintegra o frena la mayor parte de rocas que intentan atravesarla, por lo que sufre un constante bombardeo de meteoritos de distintos tamaños. En una misión corta, como las del programa Apolo, sería mala suerte sufrir un impacto, pero en estancias largas la cosa se complica. Por eso es tan importante este análisis. En segundo lugar, LEMS-SP analizará la abundancia de los gases en la fina capa que rodea la Luna.

Y para terminar, se enviará a la Luna un sismómetro. Estudiar los terremotos que suceden en la Luna es vital para seleccionar los mejores lugares para construir asentamientos.

GIMLI. Si Gimli y el resto de enanos de la Tierra Media vivían bajo tierra, los astronautas podrían necesitar hacerlo para huir de posibles amenazas. Por eso, esta misión, dirigida por Nathaniel Putzig, del Planetary Science Institute, se encargará de estudiar el pozo de Marius Hills, una abertura en la superficie lunar que podría conectarse a un extenso tubo de lava subterráneo. Este tubo de lava, una vez vacío, podría convertirse en una serie de cuevas y pasadizos subterráneos que funcionarían como búnker, en caso de que las construcciones superficiales estuviesen en peligro.

DISCO. Es bien sabido que en la Luna hay hielo, que podría obtenerse para obtener agua en los asentamientos lunares. Con esta misión se analizarán las microtrampas frías, unas zonas que nunca reciben luz solar y, por lo tanto, son buenas candidatas para albergar grandes cantidades de hielo. No obstante, ese no será su único objetivo. También se estudiará la consistencia del terreno, en busca de lugares en los que se pueda caminar fácilmente. Además, esta investigación permitirá comprender cómo se comportará el polvo lunar durante el alunizaje de las naves, algo que también es muy importante si ya se ha construido un asentamiento. No queremos una tormenta de arena con cada llegada de suministros. Esta misión la dirige Ariel Deutsch, de la NASA Ames. 

El lugar ideal. En conjunto, estas tres misiones buscan seleccionar los mejores lugares para construir asentamiento y, a su vez, recopilar información útil para construir los instrumentos que utilizarán los astronautas en su día a día. Aún no se ha anunciado la fecha de lanzamiento de ninguna de estas misiones, pero lo lógico sería que lleguen a la Luna antes de que se empiecen a realizar estancias largas en nuestro satélite. 

Imagen | NASA

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La noticia La NASA cree que las cuevas de la Luna sirven como "búnkeres" para astronautas y tiene una misión en marcha fue publicada originalmente en Xataka por Azucena Martín .



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Anthropic alerta de una IA capaz de propagarse por los electrodomésticos

Anthropic alerta de una IA capaz de propagarse por los electrodomésticos

William Zhou y Daniel Freeman, dos investigadores de Anthropic, han publicado en la página web de este laboratorio un artículo que con toda seguridad va a desencadenar un debate intenso. El título de su texto es muy revelador: "Los modelos de IA pueden ser capaces de autorreplicarse sin acceder a un centro de datos". Es un titular muy directo que nos invita a hacernos una pregunta evidente: si los modelos de inteligencia artificial (IA) no necesitan acceder a un centro de datos, ¿dónde podrían autorreplicarse?

Según Zhou y Freeman, algunos modelos pequeños podrían adquirir en pocos meses la capacidad de propagarse sin intervención humana utilizando el hardware de algunos dispositivos de consumo que muchos de nosotros tenemos en casa, como los televisores, los electrodomésticos u otros aparatos dotados de conexión a internet y un SoC mínimamente capaz. Suena a ciencia ficción, pero no lo es. Los dos investigadores de Anthropic aseguran que han llegado a esta conclusión después de llevar a cabo experimentos que exploran cómo estos sistemas podrían propagarse sin intervención humana.

En su artículo plantean un escenario en el que un modelo de IA lo suficientemente avanzado podría usar dispositivos económicos y poco protegidos para ejecutar su código y continuar propagándose. No le haría falta un centro de datos; solo necesitaría una red de dispositivos conectados a internet y relativamente poco protegidos. Lo más preocupante de esta posibilidad, que para Zhou y Freeman es plausible, es que un ataque a gran escala de este tipo sería muy difícil de contener.

Podrían bastar 30.000 millones de parámetros

Durante sus pruebas, estos investigadores de Anthropic no han utilizado únicamente sus propios modelos. En su artículo aseguran que han puesto a prueba GLM-5.2 en este escenario, un modelo de pesos abiertos desarrollado por el laboratorio chino Z.ai, y logró su cometido. Lo probaron en una red aislada de ocho nodos que ejecutaban un emulador de Android, y el modelo logró propagarse a los ocho nodos en cuatro de cinco pruebas y a siete de los ocho en la restante. Da escalofríos.

Anthropic calcula que una réplica basada en un modelo de 9.000 millones de parámetros podría tardar entre uno y dos días en propagarse

GLM-5.2 tiene aproximadamente 753.000 millones de parámetros en total, de los cuales activa unos 40.000 millones por cada token procesado. Sin embargo, Zhou y Freeman creen que un modelo mucho más pequeño, de unos 30.000 millones de parámetros, también podría salir airoso en un escenario como este. Por el momento los modelos pequeños que han probado cometen errores al encadenar las tareas que requiere este proceso, pero estiman que si el desarrollo de la IA continúa al mismo ritmo de los últimos seis meses podrían adquirir esta capacidad antes de que termine 2026.

Más allá de su tamaño, hay una diferencia muy importante entre un modelo de IA grande que está siendo procesado en un centro de datos y una red de modelos pequeños que se han replicado y distribuido en una red de dispositivos: la actividad de estos últimos no puede detenerse 'apagando' un único punto. Eso sí, su propagación sería relativamente lenta. Anthropic calcula que una réplica basada en un modelo de 9.000 millones de parámetros podría tardar entre uno y dos días en propagarse.

Existe cierta similitud entre estos modelos de IA pequeños que presumiblemente podrán propagarse a dispositivos IoT y electrodomésticos, y el malware convencional. Sin embargo, la IA tiene una cualidad que no está presente en el malware: puede ser capaz de identificar qué debe hacer para llevar a cabo su cometido en dispositivos con los que no ha tenido ninguna interacción previamente. Anthropic ya ha observado esta capacidad de adaptación al probar un modelo de 9.000 millones de parámetros que consiguió poner en funcionamiento la inferencia en ocho de los nueve tipos de hardware evaluados.

Imagen | Jakub Zerdzicki

Más información | Anthropic | Reuters

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