21 de febrero de 2026

China tiene claro quién debe liderar los avances de sus mejores empresas de IA y robótica: la generación Z

China tiene claro quién debe liderar los avances de sus mejores empresas de IA y robótica: la generación Z

Quienes acceden ahora al mercado laboral se encuentran con un rival difícil de batir: no tiene convenio ni necesidad de descanso ni de realizarse. Además, hace las tareas de los perfiles junior bastante bien: la inteligencia artificial está cercenando el desembarco a las oficinas de la generación Z.  Pasa en Estados Unidos, lo hemos visto en el Reino Unido y también en las Big Four que conforman el skyline madrileño. Reemplazar a quienes empiezan a trabajar por la IA se ha destapado como la fórmula de Occidente para disparar la productividad... desde el punto de vista de los jefes. Si te toca pelearte con ella y validarla, ya no tanto. 

Pero no es ni mucho menos el único camino, ni le pasa a todo el mundo. De hecho, China está apostando justo al contrario: está convirtiendo a la Generación Z y millennials en jefes de áreas tan estratégicas como la robótica o la propia inteligencia artificial. No son jóvenes cualquiera: son auténticos galácticos, sus mejores activos.

A mí dame a alguien joven. Como recoge TechAsia, en China está despuntando una tendencia: la de contratar millennials y jóvenes de la generación Z para puestos de perfiles técnicos de alto nivel en grandes empresas de IA y robótica. El mejor ejemplo es Vinces Yao Shunyu: con 28 años ya ha estado en OpenAI. Hace un par de meses regresó a su China natal para convertirse en el científico jefe de Tencent. Ahora reporta directamente al CEO.

El de Shunyu es solo la punta del iceberg de esta nueva estrategia organizativa de las empresas chinas. Hay otros casos, como el de Luo Jianlan, ex de Google X y DeepMind y desde hace un año el científico jefe de AgiBot. O de Dong Hao, científico jefe de PrimeBot tras conseguir su doctorado en el Imperial College. Por cierto, OpenAI y Meta han copiado la receta: el primero con el polaco Jakub Pachocki y el segundo, con el chino Zhao Shengjia. Son científicos, pero bien podrían ser futbolistas profesionales: ninguno supera los 35 años.

Por qué es importante. Al pensar en jefe dentro de una estructura empresarial de cierto tamaño y moderna es inevitable que te venga a la cabeza la gestión de equipos, reuniones y burocracia. Sin embargo, esta estrategia de las big tech chinas es deliberadamente diferente a la que tenemos en Occidente y se sustenta en tres razones que explica SMCP:

  • Separación institucional de la investigación vs. producto. Un científico jefe mira al futuro, no gestiona equipos humanos ni presupuestos.
  • Ventaja competitiva en un mercado saturado, lo que le permite construir tecnologías propias sin depender de terceros. Si tienes a los mejores en casa, no tienes que pedir permiso ni fichar fuera.
  • El activo de la juventud top. La IA evoluciona a pasos agigantados y con este movimiento, China se está asegurando contar con quienes han estado en la zona cero de los grandes hitos de los últimos años: universidades de élite o laboratorios de instituciones de renombre como OpenAI, Google o Princeton.

China es cantera mundial de ingenieros. Que China es un país de ingenieros no es ningún secreto: es un plan que lleva ejecutándose 4o años. De hecho, ahora ha apostado por un ir paso más allá y acelerar los doctorados. El mercado laboral chino ya está dando señales de cierta saturación, lo que también ha traído la diversificación, cambiando de ruta para no pisar ni la universidad en su nueva apuesta por la FP

En cualquier caso, tener un ejército de casi seis millones de profesionales de la ingeniería le da ventaja con la IA. Y le sobra: tiene ingenieros para exportar. Sin ir más lejos, la gran mayoría de fichajes del equipo de superinteligencia de Meta del año pasado son chinos. Pero los ingenieros jóvenes que se quedan en casa tienen una oportunidad más allá de enrolarse en una empresa puntera del sector: liderarla. 

Disclaimer: un científico jefe no es CTO. No está de más recordar una diferencia entre puestos que suelen confundirse: un científico jefe no es el director de tecnología. Mientras que el primer perfil investiga, explora y planifica a medio y largo plazo sin tocar productos ni comercialización, el segundo gestiona equipos, diseña arquitectura y cumple objetivos de negocios. 

Confundir ambos perfiles o mezclarlos, como recuerda el SMCP que hicieron Alibaba o Baidu, acaba subordinando a la ciencia a la urgencia del mercado. En cualquier caso, es un puesto frágil en una empresa que no tiene claro para qué lo necesita. 

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Durante años culpamos a la testosterona de que los hombres vivieran menos. Ahora sabemos que el culpable es un cromosoma

Durante años culpamos a la testosterona de que los hombres vivieran menos. Ahora sabemos que el culpable es un cromosoma

Durante décadas, la biología ha observado un hecho demográfico incontestable: las mujeres viven más que los hombres. A menudo se ha culpado al estilo de vida, a la testosterona o a la mayor propensión masculina a las actividades de riesgo. Sin embargo, la ciencia ha encontrado a un culpable mucho más sutil y genético que llevamos en todas nuestras células y que literalmente empezamos a perder a medida que envejecemos

Una clase de genética. De manera muy general, hay que recordar que toda nuestra información genética está recogida en 46 cromosomas que se encuentran dentro de los núcleos de nuestras células en forma de pares. Pero hay una parte de todos estos cromosomas que nos define como hombres o mujeres: la presencia de dos cromosomas X define a las mujeres y la presencia de un cromosoma X con uno Y define a los hombres. 

Aunque hay una gran complejidad genética detrás de algo tan redundante como un par de cromosomas, lo que nos interesa en este caso es que la ciencia ha visto un efecto llamado mLOY, que es literalmente la pérdida del mosaico del cromosoma Y en los hombres. Y los diferentes artículos científicos sugieren que no es un simple efecto secundario de hacerse mayor, sino que es un "asesino silencioso" que explica gran parte de la brecha de longevidad entre sexos.

El cromosoma fugitivo. Durante mucho tiempo, el cromosoma Y fue considerado el "hermano pequeño" del genoma. Pequeño, con pocos genes y encargado casi exclusivamente de determinar el sexo masculino sin más funciones conocidas, recayendo casi todas en el cromosoma X de un tamaño considerable. Pero la verdad es que estábamos equivocados, y el cromosoma Y tiene una gran importancia en la vida adulta de los hombres. 

El fenómeno mLOY. Este ocurre cuando las células que están encargadas de fabricar los elementos de la sangre, como los eritrocitos, las plaquetas, o los linfocitos, sufren errores al dividirse y pierden el cromosoma Y. Algo que genera un "mosaico" en nuestro cuerpo, es decir, algunos glóbulos blancos tienen el cromosoma Y mientras que otros no. 

Pero lo inquietante es la frecuencia con la que ocurre, ya que, según los datos revisados, esto es algo que se ha detectado en el 40% de los hombres a los 60 años y en el 70% de los hombres a los 90 años. 

Hay daños. Hasta hace poco, se creía que perder este cromosoma era algo benigno y normal, una simple "cana genética". Pero la evidencia acumulada entre 2022 y 2025, incluyendo estudios masivos del Biobanco del Reino Unido y el reciente estudio alemán LURIC, ha hecho saltar las alarmas: perder el cromosoma Y no es inocuo y tiene importantes efectos secundarios. 

El corazón. Uno de estos efectos secundarios está precisamente en la insuficiencia cardiaca, que es una enfermedad muy prevalente en la tercera edad. Aquí la ciencia ha podido ver que, al eliminar el cromosoma Y en ratones, los animales desarrollaban rápidamente fibrosis cardiaca. Es decir, sus corazones se llenaban de tejido cicatricial, volviéndose rígidos y, por tanto, con mucha dificultad para poder bombear la sangre. 

Pero no es la única enfermedad que se presenta, puesto que en el Biobanco del Reino Unido, los hombres con mLOY en más del 40% de sus glóbulos blancos tenían un 31% más de riesgo de morir por causas cardiovasculares. E incluso el estudio LURIC publicado el año pasado, realizado sobre 1.700 hombres, halló que el efecto mLOY aumentaba en casi el 50% el riesgo de infarto mortal. 

Más enfermedades. Más allá del corazón, el impacto de perder el cromosoma Y afecta también al sistema de defensa de nuestro organismo para poder combatir diferentes amenazas. Entre ellas tenemos el cáncer, puesto que el sistema inmune necesita el cromosoma Y para vigilar eficazmente las células tumorales que van surgiendo. Su pérdida se asocia con un peor pronóstico en cáncer de vejiga y otros tumores sólidos, puesto que es como si los guardias de seguridad de nuestro cuerpo se hubieran quedado parcialmente ciegos.

Además del cáncer, también se ha visto que la frecuencia de mLOY es hasta 10 veces mayor en los pacientes que tienen Alzheimer, con estudios que muestran un riesgo casi 3 veces superior de desarrollar la enfermedad. 

El COVID. Durante la pandemia vimos que los hombres mayores morían mucho más que las mujeres sin entender muy bien el porqué. Ahora sabemos que la pérdida del cromosoma Y eleva 54% el riesgo de letalidad por estar infectado de COVID en ancianos, ofreciendo por fin una explicación biológica a ese sesgo.

¿Hay solución? Puede parecer deprimente saber que una parte de nuestro ADN decide abandonarnos y causarnos tantos problemas, pero en realidad, es un hallazgo esperanzador. Y es esperanzador, puesto que, al ver que la pérdida de cromosoma Y es causa directa de una enfermedad, se abren puertas terapéuticas

En los experimentos con ratones se ha visto que con el tratamiento con un fármaco antifibrótico se lograba revertir el daño cardiaco causado por la pérdida del cromosoma. Esto significa que el efecto mLOY se puede usar como marcador en un análisis de sangre, como ocurre con el colesterol, para predecir el riesgo cardiaco de un paciente y poder poner tratamientos preventivos para retrasarlo y mejorar la calidad de vida del paciente. 

Imágenes | nrd Miroslaw Miras 

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La noticia Durante años culpamos a la testosterona de que los hombres vivieran menos. Ahora sabemos que el culpable es un cromosoma fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .



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Ni curar ni morir: por qué la próxima gran revolución contra el cáncer consiste en hacerlo crónico

Ni curar ni morir: por qué la próxima gran revolución contra el cáncer consiste en hacerlo crónico

Si preguntamos a alguien cuál es el objetivo de la medicina frente al cáncer, la respuesta es casi automática: curarlo, hacerlo desaparecer o ganar la guerra contra esta enfermedad tan devastadora. Sin embargo, en los laboratorios de biología molecular y en las consultas de oncología avanzada, el verbo está cambiando, puesto que ya no se habla de "erradicar" a toda costa, sino de contener. Una idea que puede chocar bastante, pero que se plantea como el futuro de la medicina. 

La idea. Douglas Hanahan, una de las figuras más influyentes de la biología moderna y uno de los grandes responsables de los hallmarks del cáncer, que son las señas de identidad que definen a un tumor, ha puesto esta idea en la mesa. En este caso apunta a un concepto que choca con nuestra intuición, pero encaja con los datos científicos: el cáncer sin enfermedad. 

La idea es provocadora, puesto que apunta a que es posible tumores histológicamente malignos viviendo de nosotros sin que nos maten ni afecten a nuestra calidad de vida. El objetivo deja de ser la eliminación total del enemigo y pasa a ser algo más pragmático: mantenerlo bajo el control biológico y clínico para que el paciente muera con el cáncer, pero no a causa del cáncer. 

No hay cura. En una entrevista reciente y en sus actualizaciones de los Hallmarks of Cancer de 2022, Hanahan insiste en que la complejidad del cáncer hace improbable una cura universal. En su lugar, propone entender qué capacidades concretas sostienen al tumor, como la evasión del sistema inmune, la inflamación, la inmortalidad replicativa... para bloquearlas selectivamente.

De esta manera, no se trata de arrasar con el tejido entero, sino de convertir un proceso letal en uno indolente. Es lo que Hanahan llama "resistencia adaptativa", puesto que asumimos que el tumor intentará buscar nuevas vías de escape, y nosotros cambiaremos la estrategia terapéutica para bloquearlas, manteniendo el ecosistema tumoral dentro de unos márgenes de seguridad. 

Ya ocurre. Todo esto no es una teoría futurista, sino que ya está ocurriendo en dos frentes muy distintos: los tumores que decidimos no tocar y los tumores agresivos que hemos aprendido a frenar.

No tratar a veces es lo mejor. El ejemplo más literal de "cáncer sin enfermedad" lo encontramos en la próstata y la tiroides. Aquí, la tecnología diagnóstica ha avanzado tanto que detectamos tumores que, biológicamente, nunca habrían dado problemas.

En el caso del cáncer de próstata, casi la mitad de los tumores de bajo riesgo entran ya en protocolos de vigilancia activa. De esta manera, en lugar de operar o radiar (con el riesgo de impotencia e incontinencia que conlleva), los médicos comienzan a monitorizar la masa. Y los datos, tras 20 años de seguimiento en grandes grupos de personas, son bastante claros: la mortalidad específica por cáncer en estos grupos bien seleccionados es inferior al 1%. 

En la clínica. Con todo esto, la idea es que es mejor convivir con un cáncer controlado que pagar el precio físico de curarlo, aunque lógicamente, si se sale demasiado de la contención, lo más correcto es tratar de erradicarlo con las herramientas que disponemos. 

En el caso del cáncer papilar de tiroides tenemos también esta misma situación, puesto que el sobrediagnóstico ha llevado a frenar la cirugía agresiva en favor de observar tumores que el cuerpo mantiene a raya por sí mismo. 

La nueva cronicidad. Donde el paradigma cambia de forma más dramática es en el cáncer avanzado o metastásico. Hace veinte años, un diagnóstico de cáncer de pulmón estadio IV o un melanoma metastásico era, casi invariablemente, una sentencia terminal a corto plazo. Hoy, gracias a la inmunoterapia y las terapias dirigidas, ha nacido una nueva categoría de paciente: el "tratable pero no curable".

Con esta estrategia hay ya diferentes organismos, como el NCRI británico, que describen cohortes crecientes de pacientes que viven años con la enfermedad. En este caso tienen metástasis, pero hacen vida normal con sus trabajos y viajes mientras reciben tratamientos crónicos o intermitentes para contener la enfermedad. Pero sin quedarse en el camino. 

Cambiando las reglas. Este nuevo paradigma dentro de la oncología ha obligado a cambiar las reglas de juego en los ensayos clínicos, puesto que ya no se busca solo que el tumor desaparezca, sino la estabilización prolongada. 

En lo que respecta a la toxicidad, la lógica de "máxima dosis tolerada" en quimioterapia (dar medicamento hasta que aguante) no sirve si vas a tratar al paciente durante cinco años, puesto que su calidad de vida con una quimioterapia muy agresiva irá cada vez a menos. Ahora mismo se prioriza la calidad de vida y la baja toxicidad con medicamentos más 'suaves' para permitir el tratamiento a largo plazo sin grandes efectos secundarios. 

Es por ello que el cáncer se empieza a parecer, en su gestión, a la diabetes o al VIH: una condición crónica que requiere medicación de por vida, pero que no dicta necesariamente la fecha de tu muerte.

Problemas psicológicos. Lógicamente, este modelo de 'cáncer crónico' tiene sus sombras. La literatura médica advierte, por ejemplo, que vivir con un cáncer "dormido" o controlado supone una carga mental enorme para los pacientes. Los estudios sobre vigilancia activa muestran que, para algunos pacientes, la ansiedad de tener una "bomba de relojería" en el interior empeora su calidad de vida más que la propia cirugía. Y es que cada consulta de revisión puede ser un mundo para saber si ha ido a más o menos. 

Y más problemas. Además de esto, hay que saber que no todas estas enfermedades se pueden cronificar, como el glioblastoma o el cáncer de páncreas, que siguen teniendo una biología agresiva que, a día de hoy, se escapa de este control indolente. 

Pero además, convertir el cáncer en crónico es una gran noticia para el paciente, pero un desafío titánico para la salud pública, puesto que implica tratar a más gente, durante más años, con fármacos biológicos de altísimo coste.

El resumen. El "cáncer sin enfermedad" de Hanahan no es rendirse. Es aceptar que, si no podemos eliminar al enemigo, la victoria consiste en mantenerlo a raya el tiempo suficiente para que la vida siga su curso e incluso que permita que la ciencia siga avanzando. Como sugieren las estadísticas de mortalidad: cada vez muere más gente con cáncer, pero menos gente de cáncer. Y en ese matiz reside toda una revolución médica.

Imágenes | National Cancer Institute Angiola Harry 

En Xataka | La boca está más conectada con el cáncer de lo que creíamos: han encontrado una bacteria capaz de aumentar su riesgo

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Si queremos vivir en la Luna necesitamos oxígeno y la NASA ya sabe cómo extraerlo: con un espejo gigante

Si queremos vivir en la Luna necesitamos oxígeno y la NASA ya sabe cómo extraerlo: con un espejo gigante

Adiós, Marte, la Luna se ha vuelto a convertir en una prioridad. Realmente, excepto para un Elon Musk obcecado con terraformar el planeta rojo, el resto de países y hasta la NASA tenían algo entre ceja y ceja: volver a la Luna. Y volver a lo grande, además, sentando las bases para crear un asentamiento. Para ello necesitamos oxígeno, y la NASA acaba de dar un gran salto para la humanidad en el proyecto para cosechar oxígeno del regolito lunar.

Y todo gracias a un espejo gigante.

En corto. La Luna es una mina. No sólo cuenta con un potencial enorme para conseguir energía mediante la fotovoltaica, sino que cuenta con una enorme cantidad de recursos en su suelo. El satélite está cubierto de ‘polvo lunar’, también conocido como regolito, y parte de su composición es oxígeno. Con la tecnología actual no se puede separar la paja del grano, pero ahí es donde entra en juego el proyecto del reactor de producción de oxígeno carbotérmico, o CaRD, de la NASA.

Espejo de la NASA El espejo | Foto: NASA

El prototipo instalado en la Tierra es un reactor que cuenta con un enorme espejo de precisión que concentra un haz de luz solar en un reactor, calentando su interior hasta temperaturas de unos 1.800ºC. La enorme cantidad de energía que se genera provoca una reacción carbotérmica que produce, entre otros elementos, oxígeno.

Es la evolución del láser de alta potencia que la NASA desarrolló en 2023, pero a diferencia de esa herramienta que necesita una enorme cantidad de energía, y de otras soluciones basadas en la electrólisis, los espejos se nutren de la luz solar que puedan concentrar.

Regolito. Según la agencia estadounidense, la tecnología “tiene el potencial de producir varias veces su propio peso en oxígeno cada año y de forma automatizada, lo que permitirá una presencia humana sostenida y la creación de una economía lunar”. Y ese polvo lunar no sólo tiene oxígeno.

El regolito está compuesto por O2, pero también por metales. Si se logran separar los diferentes componentes, podemos conseguir otros recursos y, además, el polvo resultante como desecho se puede emplear como material de construcción para hacer ladrillos y carreteras. De hecho, hay proyectos para ‘dopar’ el regolito con bacterias para poder cultivar directamente en el suelo lunar.

El enfoque de la ESA. Estos avances de la NASA se dan mientras continúan los accidentados pasos del programa Artemis que planea llevar al ser humano a la órbita lunar este año, con futuras misiones en las que volveremos a pisar el satélite. Pero como decíamos, la ESA también quiere su parte del pastel, y confía en la electrólisis para conseguir separar metales de oxígeno.

Strength Comparison For Lunar Concrete Pillars El cemento de regolito y orina: el mejor cemento | Foto: ESA

El problema, como decíamos antes, es la enorme cantidad de energía necesaria para realizar el proceso. Esta electrólisis de sales fundidas calienta el regolito a 950ºC con cloruro de calcio para conseguir el mismo objetivo que tiene la NASA: liberar el oxígeno y separarlo del hierro y del aluminio. Y también está colaborando con la NASA en asegurar esa presencia humana a medio plazo, experimentando con una mezcla entre orina humana y regolito para crear cemento.

Todos quieren un trozo de queso. Pero quien tiene planes tan ambiciosos como los de Estados Unidos con la Luna es… China. El gigante asiático está completando fases de la carrera espacial a una velocidad vertiginosa, con lanzamientos cada dos por tres y unos planes muy agresivos. Antes de 2030 quiere enviar a sus primeros astronautas a orbitar el satélite, con un alunizaje tripulado programado para 2029/2030.

Además, junto a Rusia, están construyendo la Estación Internacional de Investigación Lunar que quieren tener en operación para 2030, completa para 2035 con miles de científicos a bordo y con un reactor nuclear como corazón para conseguir energía estable. Cuando se supere el enorme problema que supone el conseguir oxígeno de manera estable en la Luna, se habrá dado un paso de gigante en las ambiciones internacionales para colocar una base de larga duración en el satélite.

Ese es, además, el nuevo plan de SpaceX. Elon Musk confirmó hace unos días que Marte dejaba de ser la prioridad debido a que se necesitan resultados rápidos, y ahí la Luna es un escenario mucho más propicio. Son muchos ojos enfocados en el mismo objetivo, uno que no pisamos desde 1972.

Imágenes | NASA, ESA

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Llevamos años creyendo que el ayuno intermitente es el arma definitiva para adelgazar. La ciencia tiene otra idea

Llevamos años creyendo que el ayuno intermitente es el arma definitiva para adelgazar. La ciencia tiene otra idea

Durante los últimos años, el ayuno intermitente ha pasado de ser algo excepcional a convertirse en una estrategia nutricional de la que cada vez se habla más y que tiene más adeptos detrás. Y no es para menos, puesto que la promesa es bastante seductora al no centrarse en lo que se come, sino en cuándo se come, activando diferentes interruptores metabólicos para acelerar la quema de grasa. Aunque también hay detractores detrás. 

Nuevos datos. La biblioteca Cochrane, considerada un gran referente mundial, ha publicado hace escasos días una gran revisión sobre el ayuno intermitente que actúa como un jarro de agua fría, puesto que apunta a que esta dieta no ofrece beneficios superiores a las dietas convencionales para perder peso. 

El respaldo. No hablamos de un estudio pequeño cuya validez pueda ser cuestionada, sino que en este caso los investigadores de Cochrane analizaron 22 ensayos controlados aleatorizados que sumaron un total de 1.995 participantes con sobrepeso u obesidad. 

El objetivo aquí era comparar diferentes modalidades de ayuno, como por ejemplo estar 16 horas sin poder comer con ocho horas de ingesta, el ayuno en días alternos o la dieta 5:2 frente a la restricción calórica clásica o inacción. Lo que encontraron es que, al enfrentar el ayuno intermitente contra el consejo dietético regular, la diferencia en la pérdida de peso es prácticamente nula.

Los datos. Entrando en materia, cuando se comparó el ayuno intermitente con dietas de restricción calórica estándar, la diferencia media en el cambio de peso fue de un minúsculo -0.33%. Esta diferencia se puede traducir en que el ayuno intermitente puede dar lugar a poca o ninguna diferencia de pérdida de peso con el método tradicional. 

En lo que respecta a la calidad de vida, como la sensación de energía, tampoco se vio diferencia alguna y, en cuanto a los niveles de colesterol total, colesterol HDL y triglicéridos, el ayuno tampoco mostró ser la panacea, arrojando resultados de "poca o ninguna diferencia" frente a las dietas de control. 

La letra pequeña. Uno de los puntos más críticos de la revisión de Cochrane es la certeza de la evidencia, la cual calificaron mayoritariamente como "baja" o "muy baja". Esto no significa que los estudios estén mal hechos, sino que existen limitaciones importantes, como por ejemplo los sesgos de riesgo, inconsistencia en los resultados y la falta de precisión.

Pero hay un dato que si debería preocupar a quien decide optar por esta dieta de manera independiente, sin consejo médico, puesto que, aunque la evidencia es incierta, algunos estudios apuntaron a efectos secundarios asociados específicamente al ayuno. Entre estos destacan las cefaleas, las náuseas, la intolerancia al frío o incluso el insomnio y la falta de concentración. 

Lo que aún no se sabe. Quizás es lo más revelador de este estudio científico, puesto que todavía hay muchas incógnitas alrededor del ayuno intermitente que invitan a seguir investigando. En este caso, ninguno de los 22 estudios incluyó datos sobre la "satisfacción del paciente", algo importante porque no sabemos si la gente prefiere pasar hambre unas horas a cambio de comer más después, o si odian el proceso. Y el hecho de estar cómodo con una dieta es fundamental para que no se abandone a la mitad. 

Además de esto, ninguno de los estudios apuntó a la relación que puede existir en enfermedades crónicas que requieren de un control alimentario importante, como la diabetes, y que es muy común en la población. Pero uno de los grandes problemas de la ciencia a día de hoy es la duración, puesto que la mayoría de los estudios duraron menos de 12 meses. No sabemos si el ayuno es sostenible o seguro más allá de un año. 

No es una dieta milagro. Lo que sí tenemos claro es que el ayuno intermitente funciona, pero el punto clave es que no es superior a las herramientas que ya teníamos como una restricción calórica acompañada de una dieta equilibrada y ejercicio. 

Para el paciente de a pie, esto es en realidad una buena noticia: significa que la mejor dieta es aquella a la que puedas adherirte. Si a alguien le resulta más fácil saltarse el desayuno con ayuno 16:8, que contar calorías en cada comida, el ayuno es una herramienta válida. Pero si el ayuno provoca quebraderos de cabeza, no se está perdiendo ningún beneficio metabólico "mágico" por comer tres veces al día.

Aunque en este proceso lo más importante siempre es estar asesorado por personal que esté cualificado en nutrición para poder tener el mejor plan dietético, para tener unos objetivos reales y, sobre todo, no frustrarse en el camino.

Imágenes | VD Photography 

En Xataka |  Creíamos que la dieta vegetariana garantizaba la longevidad. En la vejez extrema, los datos dicen justo lo contrario

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