14 de enero de 2026

Partículas de la atmósfera terrestre en el suelo lunar: el hallazgo que reabre la idea de “fabricar aire” en la Luna

Ilustración en estilo pop art del interior de la Luna que revela su núcleo de hierro sólido con colores primarios vibrantes y contornos negros audaces, capturando el dramático descubrimiento en una estética de cómic.

Pensar en vivir en la Luna suena a postal de ciencia ficción, pero en cuanto uno baja la idea a lo práctico aparece un problema tan básico como implacable: allí no hay aire respirable. La Luna tiene una exosfera tan tenue que, a efectos cotidianos, es como estar en el vacío. Sin una forma de generar y mantener una atmósfera dentro de hábitats sellados, hablar de asentamientos permanentes es como planear una acampada sin tienda y sin abrigo.

Por eso, durante años, el debate sobre la colonización lunar ha tenido un supuesto de fondo: si queremos producir gases útiles para respirar o para procesos industriales, tendríamos que llevar desde la Tierra los ingredientes iniciales. Y “llevar aire” no es transportar una bombona y listo; es mover masa, infraestructura, energía y dinero a una escala poco amable con los presupuestos y con la física.

Aquí entra un giro interesante: un estudio reciente sugiere que la naturaleza podría haber estado “haciendo envíos” durante miles de millones de años, dejando en la superficie lunar pequeñas cantidades de elementos procedentes de la atmósfera terrestre.

El regolito lunar como esponja: pistas ya presentes desde el Apolo

Cuando las misiones Apolo trajeron muestras del suelo lunar, el análisis del regolito lunar (esa mezcla de polvo y fragmentos de roca que cubre la superficie) reveló trazas de sustancias que suenan sorprendentemente familiares: nitrógeno, dióxido de carbono, helio, argón e incluso agua. Desde entonces, la pregunta ha flotado en el ambiente: si la Luna carece de una atmósfera densa y estable, ¿de dónde salen esas “miguitas” químicas?

Una forma sencilla de imaginarlo es pensar en el regolito como una alfombra a la intemperie: todo lo que pasa por encima, aunque sea en cantidades minúsculas, puede acabar quedándose pegado. En la Luna, esa “intemperie” está dominada por el viento solar, un flujo de partículas cargadas que el Sol expulsa continuamente y que viaja por el sistema solar a velocidades extremas (el artículo original lo ilustra con cifras del orden de un millón de millas por hora). Es un bombardeo tenue, constante, que con el tiempo deja huella.

Según una investigación publicada en Communications Earth & Environment en diciembre de 2025, un equipo de la Universidad de Rochester (Departamento de Física y Astronomía) presenta evidencias y simulaciones que apuntan a que parte de esos elementos del regolito podrían tener una firma terrestre: serían partículas arrancadas o escapadas de la atmósfera de nuestro planeta y empujadas hacia la Luna por la interacción con el entorno espacial descrito por el viento solar. La idea también aparece recogida en la cobertura divulgativa de BGR sobre el tema.

El papel inesperado del campo magnético: cuando la “protección” también guía partículas

Esta hipótesis no nace de la nada. Ya se había planteado hace alrededor de dos décadas que podía existir un transporte de partículas desde la Tierra hacia la Luna. El matiz crucial estaba en el “cuándo”: aquella propuesta sugería que el intercambio se habría frenado cuando la Tierra desarrolló un campo magnético fuerte hace unos 4.000 millones de años, porque esa burbuja magnética nos protege del viento solar y, en teoría, habría actuado como paraguas.

El equipo de Rochester, sin embargo, al ejecutar simulaciones comparando escenarios con y sin campo magnético, llega a una conclusión contraintuitiva: el campo magnético terrestre podría facilitar el traslado de partículas cargadas hacia la Luna. La lógica se parece a lo que ocurre con una cinta transportadora invisible: las líneas del campo pueden canalizar partículas y, en ciertos alineamientos, llegar a extenderse lo suficiente como para “conectar” con la región donde orbita la Luna. Si las partículas están cargadas, el magnetismo no solo bloquea; también puede guiar.

Conviene subrayar el tipo de evidencia: hablamos de un trabajo apoyado en modelos por ordenador y en la interpretación de señales químicas ya observadas en muestras. En ciencia planetaria esto es habitual: no siempre se puede repetir el fenómeno en un laboratorio del tamaño del espacio, así que se triangula con simulaciones, datos de misiones y física conocida. La propuesta es potente, pero su valor real se consolidará a medida que nuevas mediciones la respalden o la acoten.

Una cápsula del tiempo: el suelo lunar como archivo de la atmósfera terrestre

Si el transporte de partículas desde la Tierra hacia la Luna no solo ocurrió en el pasado remoto, sino que continúa hoy, la implicación más sugerente va más allá de “tener materia prima para respirar”. El regolito lunar podría funcionar como una cápsula del tiempo de la evolución de la atmósfera terrestre.

En la Tierra, nuestra atmósfera es dinámica: se mezcla, se recicla, llueve, reacciona químicamente y está atravesada por actividad biológica. Es como intentar reconstruir el historial de un perfume en una habitación donde se abren ventanas, se encienden ventiladores y se cocina a diario: el rastro se diluye. La Luna, en cambio, es un entorno mucho más “quieto” en términos geológicos y atmosféricos. Si en su suelo quedan atrapadas partículas de origen terrestre a lo largo de eones, podrían conservar una señal más estable de cómo han cambiado ciertos componentes con el tiempo.

Esa historia interesa por dos razones. La primera es científica: ayudaría a comprender qué condiciones hicieron a la Tierra habitable y cómo evolucionó la mezcla gaseosa que permitió la vida. La segunda es estratégica: si entendemos mejor ese “recetario” de condiciones, se afinan las preguntas sobre qué buscar en exoplanetas y qué procesos son críticos para sostener atmósferas útiles.

¿Sirve para “hacer aire” en una base lunar? Promesa y límites sin vender humo

La tentación es inmediata: si en el suelo lunar ya hay nitrógeno, oxígeno ligado en compuestos, CO₂ y trazas de agua, ¿no podríamos extraerlos y construir una cadena de producción de gases? En teoría, sí: el regolito es el único “recurso local” omnipresente, y cualquier plan serio de presencia humana prolongada en la Luna necesita utilización de recursos in situ. Es la diferencia entre vivir de compras semanales traídas desde casa o aprender a cocinar con lo que hay en la despensa.

El freno está en la escala y la ingeniería. Que existan trazas no implica que haya cantidades explotables con la tecnología y energía disponibles. Extraer gases atrapados en partículas finas, separar mezclas, purificar y almacenar requiere equipos, calor, electricidad y mantenimiento. En un entorno donde cada vatio cuenta, la eficiencia manda. También hace falta saber con precisión dónde, en qué concentraciones y con qué variabilidad aparecen esos compuestos. El estudio abre una puerta conceptual: sugiere que los ladrillos químicos podrían estar “ya en el terreno”, pero no dice que baste con cavar un poco y encender una máquina.

Lo más realista es ver esta línea de investigación como un mapa de oportunidades: identifica un mecanismo natural que podría estar enriqueciendo lentamente el suelo lunar con componentes de interés. Convertirlo en un sistema de soporte vital es otra etapa, con retos comparables a montar una planta de reciclaje y destilación en mitad del desierto, con tormentas de polvo abrasivo y sin reparaciones rápidas.

Los otros obstáculos: radiación, polvo y vida cotidiana en un lugar hostil

Incluso con una fuente local de materiales, vivir en la Luna seguiría siendo duro. La superficie está expuesta a radiación porque no hay una atmósfera espesa ni un escudo magnético global como el terrestre. Esto impacta tanto a los humanos como a la electrónica. El polvo lunar, finísimo y abrasivo, se comporta como harina de vidrio: se cuela, desgasta y complica cualquier mecanismo con partes móviles. La temperatura oscila de forma extrema entre día y noche lunar. La logística, por su parte, convierte cada repuesto en una decisión.

Por eso este hallazgo se entiende mejor como una pieza más del puzle. Si se confirma que el viento solar y el campo magnético terrestre están contribuyendo a “sembrar” el regolito lunar con partículas atmosféricas, se amplía el catálogo de recursos potenciales y se enriquece la idea de la Luna como laboratorio natural para estudiar la Tierra. No es una varita mágica para construir ciudades lunares, pero sí una pista valiosa: el satélite podría estar guardando, grano a grano, un registro químico de nuestro planeta y un pequeño stock de componentes que, con el enfoque adecuado, tal vez ayude a sostener misiones más largas.




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Investigadora chilena desarrolla método sustentable con algas marinas para eliminar arsénico del agua

Biocarbón obtenido desde algas pardas podría transformarse en una solución innovadora para proteger la salud pública en zonas afectadas por contaminación natural del agua en Chile.

Un innovador método basado en biocarbón derivado de algas marinas se perfila como una alternativa sustentable para enfrentar la contaminación por arsénico en fuentes de agua dulce destinadas al consumo humano, una problemática silenciosa que afecta a diversas zonas del país.

La tecnología fue presentada como solicitud de patente ante el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INAPI) por la Dra. Loretto Contreras Porcia, directora del Laboratorio de Ecología y Biología Molecular en Algas (LEBMA) de la Universidad Andrés Bello (UNAB), investigadora del Centro de Investigación Marina Quintay (CIMARQ UNAB) y del Instituto Milenio SECOS. La propuesta combina economía circular, innovación tecnológica y protección de la salud pública.

La invención —registrada en diciembre de 2025— describe un método de adsorción de arsénico desde agua dulce utilizando biocarbón obtenido a partir del alga parda Macrocystis pyrifera, una especie abundante en las costas chilenas. El material es activado mediante cloruro férrico, lo que incrementa significativamente su capacidad para retener este metaloide. La patente protege tanto el proceso de obtención del biocarbón como su aplicación en sistemas de purificación de agua potable.

Arsénico en el agua: una amenaza para la salud

La presencia de arsénico en el agua representa un serio riesgo para la salud humana. Según explica la Dra. Contreras, sus efectos dependen de la dosis, la forma química y el tiempo de exposición. En el corto plazo, la ingesta de agua contaminada puede provocar síntomas gastrointestinales como vómitos, dolor abdominal y diarrea.

Dra. Loretto Contreras Porcia

No obstante, el mayor peligro está asociado a la exposición crónica. “Una exposición prolongada puede generar lesiones cutáneas, distintos tipos de cáncer, alteraciones neurológicas y cardiovasculares, además de trastornos del metabolismo de la glucosa, incluida la diabetes”, advierte la académica.

La gravedad del problema queda reflejada en la clasificación de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), que sitúa a los compuestos de arsénico en el Grupo 1, es decir, como carcinogénicos para el ser humano. “Lo preocupante es que concentraciones relativamente bajas pueden generar efectos graves en la salud”, agrega Contreras.

El riesgo en zonas volcánicas del norte de Chile

El desarrollo de esta tecnología cobra especial relevancia considerando la persistencia del arsénico en diversas regiones del país, principalmente por causas geológicas naturales. Un informe del Banco Mundial publicado en 2019 reveló que, entre 2011 y 2018, 83 de las 392 localidades evaluadas presentaron concentraciones de arsénico iguales o superiores al límite máximo recomendado por la Organización Mundial de la Salud para agua potable.

“Gran parte de la zona volcánica del norte de Chile tuvo acceso a agua potable contaminada con arsénico hasta el año 2017”, explica la investigadora. En territorios como el Altiplano-Puna, estudios han demostrado que la distribución del arsénico está estrechamente ligada a la actividad volcánica y a procesos tectónicos.

Los volcanes actúan como fuentes de emisión desde la corteza terrestre, permitiendo que el arsénico se movilice hacia aguas subterráneas y superficiales. En regiones como Antofagasta, si bien las zonas urbanas cuentan con sistemas de agua potable, la situación es distinta en sectores rurales.

Investigaciones publicadas en International Journal of Environmental Research and Public Health indican que cerca del 42% de la población rural no dispone de un suministro formal de agua, y en algunas localidades se han detectado concentraciones de arsénico que superan tanto los límites de la OMS como la normativa chilena vigente.

Algas marinas y economía circular para el acceso al agua segura

Frente a este escenario, la tecnología desarrollada propone transformar desechos de cosecha o biomasa cultivada de Macrocystis pyrifera en un material altamente eficiente para remover arsénico del agua.

“No se trata solo de una solución tecnológica, sino de convertir una biomasa en una herramienta concreta para proteger la salud pública, integrando naturaleza, ciencia y economía circular”, destaca la Dra. Contreras.

El proceso consiste en someter el alga a altas temperaturas en ausencia de oxígeno, generando un material carbonizado con una estructura porosa ideal para capturar contaminantes. Posteriormente, el biocarbón es activado con hierro, un paso clave que potencia su capacidad de adsorción.

Actualmente, el desarrollo avanza hacia su aplicación práctica. La siguiente etapa contempla la construcción de un filtro de adsorción y la evaluación de su desempeño en condiciones reales, con miras a una futura implementación en comunidades afectadas por la contaminación natural del agua con arsénico.

 

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Llevamos años obsesionados con los microplásticos. Cada vez hay más científicos que creen que hay algo que no cuadra

Llevamos años obsesionados con los microplásticos. Cada vez hay más científicos que creen que hay algo que no cuadra

Hasta 18 estudios que afirmaban la presencia de microplásticos en órganos humanos acaban de impugnados por posibles fallos técnicos y de control. Y, aunque llevamos años obsesionados con ellos, lo cierto es que no debería sorprendernos: lo sabemos casi desde el principio. 

Los estudios que sugerían su presencia en el tejido arterial o en los testículos llevan recibiendo críticas públicas desde el principio. Y el famoso estudio que hablaba de la presencia de microplásticos en el cerebro, era puro fraude científico.

Nada de esto invalida la preocupación ambiental, ni niega la exposición humana a este tipo de partículas. Sencillamente, señala que nos hemos pasado de frenada.

Y que hay mucha gente aprovechándose de ello.

¿Qué ha pasado exactamente? En lo que llevamos de década, la contaminación ambiental por microplásticos se ha ido convirtiendo en un tema central que no solo ha generado un boom de investigación, sino que ha impulsado normativas y regulaciones

Y es lógico, el uso global de plásticos (que alcanzó en 2019 las 460 megatoneladas) va camino de triplicarse para 2060 y esa perspectiva hace que su impacto sea un tema a tener muy en cuenta.

Sin embargo, el interés mediático está oscureciendo que un buen número de estudios se está lanzando a hacer afirmaciones sin una solidez metodológica detrás que los sostenga. 

¿Cuál es realmente el problema? En realidad hay muchos problemas. Para empezar, el mismo término 'microplásticos' es deliberadamente amplio y confuso: hablamos de una miriada de cosas (fragmentos, fibras, películas o partículas) de numerosos tamaños y composiciones. Su uso es útil para poder hablar globalmente del problema, sí; peor acba generando en la población la idea de "confeti de colores" colándose por los órganos de animales y plantas.

Luego vino todo lo demás.

Esto es posible porque ese "todo lo demás" tiene una explicación tan simple como preocupante. Como subrayaba Sergio Ferrer, "la detección de plásticos a estas escalas de tamaño es un proceso analítico sumamente complejo y la urgencia por publicar información sobre su presencia en lugares recónditos (incluso en el cuerpo humano) puede favorecer la aparición de estas publicaciones tan mediáticas".

O sea, el problema es otro. Como decía Hannah Arendt, a menudo no sabemos distinguir entre un refugio y una trampa. La preocupación (casi histérica) por los microplásticos, la tendencia a legislar en caliente respondiendo al ánimo social y el escaso rigor de los medios (problema en el que es inevitable que nos incluyamos) han convertido este tema en una trampa.

Porque, como digo, todo parece indicar que (aunque no tengamos una cucharadita de ellos en el cerebro) los microplásticos sí son un problema. Solo queda que asumamos el tipo de problema que son en realidad, que no sobreactuemos y que tomemos cartas en el asunto.

Imagen | Naja Bertolt Jensen

En Xataka | Cuando el agua del grifo sabe a rayos: la química invisible del agua potable que explica por qué sabe cómo sabe (y por qué es uno de los mejores inventos del mundo)


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Siri es solo el caballo de Troya para que Google se infiltre en todo el ecosistema de Apple

Siri es solo el caballo de Troya para que Google se infiltre en todo el ecosistema de Apple

Apple no tiene IA propia, así que ha elegido novia. Esa novia no es otra que Google, que acaba de firmar un acuerdo con Cupertino para que Gemini sea el centro de futuros desarrollos. No de uno, no. De muchos.

Creíamos que esto solo iba de Siri. El anuncio oficial inicial fue parco. Apple usaría Gemini, pero parecía que lo iba a hacer básicamente para lanzar de una vez su esperada versión de ese Siri personalizado y gobernado por un modelo de IA generativa. Resulta que el acuerdo es más amplio.

Gemini es el caballo de Troya de Google para conquistar Apple. El comunicado de Google revelaba que dicha alianza iba más allá de lo que parecía centrarse en Siri. En una publicación en X, Google afirmaba lo siguiente: 

"Apple y Google han firmado un acuerdo de colaboración plurianual por el que la próxima generación de modelos básicos de Apple se basará en los modelos Gemini y la tecnología en la nube de Google. Estos modelos contribuirán a impulsar las futuras funciones de Apple Intelligence, incluida una Siri más personalizada que llegará este año".

Eso deja claro que aunque la protagonista inicial será Siri, el alcance del acuerdo puede ser mucho más importante y afectar a todo el ecosistema hardware y software de Apple. Teniendo en cuenta que las opciones de IA de Apple Intelligence y Siri probablemente llegarán a muchos de sus productos y servicios, Gemini, que potenciará todos esos modelos, acabaría siendo parte integral de dicho ecosistema.

Colaboración ante todo. Según indican en The Information, el acuerdo permite a Apple pedirle a Google que modifique algunos aspectos del funcionamiento de Gemini, pero sobre todo permitirá que Apple ajuste ella misma Gemini para que responda a las peticiones de la forma que Apple prefiera. 

Nada de branding de Gemini. Fuentes cercanas a las negociaciones añaden un dato interesante: no se notará que esa IA que usemos en Siri y otros productos de Apple está en realidad basada en Gemini El branding de Google se difuminará, y los usuarios no sabrán qué hay por debajo y cuál es el motor de esas interacciones con la IA.

Una Siri más emotiva. Esa fuente citada en The Information revela además que Siri será más cercana y emotiva. "Históricamente Siri siempre ha tenido dificultades con el apoyo emocional", explica, pero en la versión basada en Gemini, "Siri dará respuestas conversacionales más completas, al igual que ChatGPT y Gemini". Eso, por supuesto, tiene dos caras: la IA se vuelve más "humana", pero para personas vulnerables eso puede acabar siendo peligroso.

Apple Intelligence seguirá ahí. Aunque Gemini se infiltra así en el ecosistema de Apple, ambas empresas aclararon que Apple Intelligence seguirá estando disponible en los dispositivos de Apple y en los servidores de su plataforma Private Cloud Compute. Lo que no está tan claro es que los modelos de Apple Intelligence no acabe estando basados también en Gemini. Sobre todo porque los "modelos fundacionales de Apple se basarán en los modelos de Gemini de Google". A priori eso debería suponer cambios internos en Apple Intelligence a medida que adoptan la tecnología de Google.

La nueva Siri ¿en WWDC? Se espera que la nueva versión de Siri se presente en marzo o abril tras el polémico retraso que se anunció hace ya casi un año. El nuevo asistente de voz debutará teóricamente en iOS 26.4, la actualización que debería llegar esos meses, pero Apple podría aprovechar para anunciarla en la WWDC 2026, dos años después de aquel anuncio incial que acabó convirtiéndose en un fiasco: Apple prometió cosas que no ha llegado a cumplir hasta ahora, pero puede que Gemini se convierta por fin en la solución a ese problema.

En Xataka | Apple ha decidido no entrar en la guerra de la IA porque cree que tiene algo más importante: la "puerta" de entrada

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Starlink está a las puertas de tener más de 15.000 satélites en la órbita baja: la pesadilla perfecta de los astrónomos

Starlink está a las puertas de tener más de 15.000 satélites en la órbita baja: la pesadilla perfecta de los astrónomos

Pocas veces una infraestructura tecnológica ha crecido tan rápido y tan fuera del radar cotidiano. Mientras para casi todo el mundo el cielo sigue siendo lo de siempre, miles de satélites de Starlink ya se mueven en la órbita baja de la Tierra, construyendo una red diseñada para llevar conexión a casi cualquier punto del planeta. 

En apenas unos años, SpaceX ha pasado de un primer lanzamiento experimental a convertirse en el mayor operador de satélites del mundo, y esa acumulación de hardware en el espacio presenta oportunidades, pero también molestias en partes del sector científico.

Más de 7.500. El más reciente movimiento llega en un contexto de críticas de parte de la comunidad astronómica por el impacto de estas constelaciones sobre la observación del cielo. La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) autorizó a SpaceX a desplegar otros 7.500 satélites de segunda generación de Starlink, lo que eleva a 15.000 el total de satélites Gen2 autorizados. El organismo no solo dio luz verde a esa ampliación, sino que también permitió mejoras técnicas y un uso más flexible de frecuencias y cobertura, en una decisión que busca facilitar servicios móviles avanzados y conexiones de hasta 1 gigabit por segundo.

La autorización, en detalle. La FCC ha dado a SpaceX margen para rediseñar y exprimir su constelación. El permiso incluye la actualización de los Starlink de segunda generación con nuevos factores de forma y tecnología avanzada, el uso conjunto de las bandas Ku, Ka, V, E y W, y la posibilidad de prestar tanto servicios fijos como móviles desde el espacio. A eso se suma la eliminación de límites que bloqueaban el solapamiento de haces y la creación de nuevas capas orbitales entre 340 y 485 kilómetros, que la propia FCC presenta como una forma de optimizar cobertura y rendimiento.

El permiso, sin embargo, no cubre todo lo que SpaceX había pedido. La compañía solicitó autorización para desplegar cerca de 30.000 satélites de segunda generación, pero el regulador ha decidido por ahora quedarse en la mitad. En su resolución, la FCC subraya que parte de estos Starlink Gen2 aún no ha sido probada en órbita y que sigue habiendo dudas sobre operaciones a mayor altitud, por encima de los 600 kilómetros, lo que explica que se haya aplazado la decisión sobre los 14.988 satélites restantes, según recoge Reuters.

El reloj empieza a correr. El visto bueno de la FCC no es indefinido. SpaceX tendrá que demostrar avances concretos en los próximos años, con al menos la mitad de la constelación autorizada funcionando en sus órbitas asignadas antes del 1 de diciembre de 2028 y el resto antes de diciembre de 2031. Además, el regulador obliga a cerrar el despliegue de la primera generación antes de noviembre de 2027, mientras la empresa prepara para 2026 una reconfiguración que bajará miles de satélites a una órbita más baja para reducir riesgos.

Satelites Spacex Versiones Versiones de los satéiltes Starlink

Otros países. La expansión no se justifica solo por más ancho de banda. Parte de la constelación está pensada para habilitar conectividad directa al móvil en regiones fuera de Estados Unidos y también reforzar la cobertura dentro del país, lo que permitiría servicios móviles y datos en áreas sin torres terrestres a gran velocidad. Es el mismo planteamiento que ya sustenta los acuerdos de Starlink con T-Mobile y con varios operadores internacionales orientados a convertir el satélite en una extensión de la red celular.

El coste de llenar la órbita. Ahora bien masivo de satélites no está exento de críticas. Astrónomos llevan años advirtiendo de que las constelaciones como Starlink generan estelas en imágenes ópticas y “ruido” en radiotelescopios, hasta el punto de que la Unión Astronómica Internacional creó un centro específico para proteger el “cielo oscuro y silencioso”. A esto se suma el temor a la saturación orbital y al riesgo de colisiones, un debate que se ha reavivado tras incidentes recientes.

Imágenes | Mark Handley | SpaceX

En Xataka | China ha dado un paso silencioso en la nueva carrera espacial: el primer sistema del mundo para medir el tiempo en la Luna

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