29 de marzo de 2026

DarkSword: se filtra en GitHub un kit de espionaje gubernamental que puede hackear cientos de millones de iPhones con un simple archivo HTML

hackers en hotel

Un kit de exploits de nivel gubernamental llamado DarkSword ha sido publicado en GitHub, convirtiendo una herramienta de espionaje que antes solo estaba al alcance de estados nacionales en código accesible para cualquiera con conocimientos básicos de web. El exploit funciona contra iPhones y iPads con iOS 18 o anterior —aproximadamente una cuarta parte de los dispositivos Apple activos, lo que equivale a cientos de millones de aparatos vulnerables según datos de la propia Apple—.

DarkSword consiste en archivos HTML y JavaScript que pueden copiarse, alojarse en un servidor web y desplegarse en minutos sin necesidad de conocimientos de iOS. Encadena seis vulnerabilidades (incluyendo tres zero-days) que empiezan con un fallo de WebKit y escalan hasta el kernel para tomar control total del dispositivo. Una vez desplegado, instala un malware llamado GHOSTBLADE que extrae contraseñas WiFi, mensajes, historial de llamadas, ubicación, historial de navegación, datos de salud, notas, calendario y monederos de criptomonedas.

Según iVerify, Google y Lookout (que analizaron conjuntamente DarkSword), la herramienta fue desarrollada originalmente como herramienta de vigilancia para operadores vinculados a gobiernos de Rusia, Arabia Saudí, Turquía y Malasia. iVerify la vincula al gobierno de EE.UU. basándose en similitudes con herramientas de hacking previamente atribuidas a Estados Unidos. Otro kit relacionado, Coruna, fue desarrollado por L3Harris, cuya división Trenchant fabrica herramientas de hacking para el gobierno estadounidense y sus aliados.

Apple emitió una actualización de emergencia el 11 de marzo para dispositivos que no pueden ejecutar versiones recientes de iOS. «Mantener el software actualizado es lo más importante que puedes hacer para proteger tus productos Apple», dijo la portavoz Sarah O’Rourke. El Modo Lockdown también bloquea estos ataques específicos.

Mi valoración: este es el escenario que los investigadores de seguridad llevan años advirtiendo: las herramientas de espionaje gubernamentales inevitablemente se filtran y acaban en manos de ciberdelincuentes comunes. DarkSword es el equivalente para iPhone de cuando las herramientas de la NSA se filtraron y dieron lugar a WannaCry. La diferencia: DarkSword es tan simple que un adolescente con conocimientos de HTML puede desplegarlo. Si tienes un iPhone con iOS 18 o anterior, actualiza ahora. Si no puedes actualizar, activa el Modo Lockdown.

Preguntas frecuentes

¿A qué dispositivos afecta DarkSword? iPhones y iPads con iOS 18 o anterior. Aproximadamente el 25% de todos los dispositivos Apple activos.

¿Cómo funciona? Archivos HTML/JavaScript que explotan vulnerabilidades de WebKit y kernel. Se despliega desde un servidor web; la víctima solo necesita visitar la página.

¿Cómo protegerse? Actualizar a la última versión de iOS. Si no es posible, instalar la actualización de emergencia del 11 de marzo y activar el Modo Lockdown.




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La composición química de las galaxias siempre ha estado llena de incógnitas. El James Webb ha dado un paso enorme para resolverlo

La composición química de las galaxias siempre ha estado llena de incógnitas. El James Webb ha dado un paso enorme para resolverlo

El telescopio espacial James Webb ve donde otros no pueden: su visión infrarroja atraviesa las nubes de polvo cósmico y alcanza galaxias tan lejanas que su luz tardó miles de millones de años en llegar hasta nosotros. Mirar lejos en el espacio es, en ese sentido, mirar atrás en el tiempo. Sin embargo, lo que el James Webb ha visto en estas galaxias difiere de lo esperado: esas galaxias primitivas parecen tener demasiado nitrógeno, mucho más de lo esperado. 

Entre las exóticas posibles explicaciones de la ciencia han pasado hipótesis como estrellas gigantescas nunca vistas, agujeros negros funcionando como catalizadores de la química galáctica o grandes cantidades de estrellas. De hecho, ese fue el tema de conversación en plena llamada telefónica mientras el astrofísico mexicano José Eduardo Méndez-Delgado esperaba en la cola del médico. Al otro lado de la línea, su colega Karla Arellano-Córdova, que estaba en Edimburgo. En esa charla informal decidieron cambiar el prisma: quizás el problema no fueran las galaxias, sino cómo las medimos.

El hallazgo. La propuesta de este equipo internacional es analizar tres señales de luz del mismo ion de oxígeno para calcular temperatura y densidad a la vez, sin partir de una para calcular la otra (la fuente de error original). El resultado: el gas era cien o mil veces más denso de lo que se asumía en esas galaxias. Con esa corrección, las galaxias resultaron ser más ricas en metales de lo que parecían y el exceso de nitrógeno se redujo drásticamente.

Por qué es importante. Primero, porque la metalicidad de una galaxia está directamente relacionada con su historia: cuantos más metales haya en su composición, más estrellas han nacido y muerto en su interior. Hasta ahora estábamos subestimando esta cifra, lo que hacía que esas galaxias primigenias parecieran muy diferentes a la nuestra y sugerían una evolución brusca y discontinua. Ahora se parecen más a lo que conocemos.

Pero es que los elementos esenciales para la vida, como el carbono, oxígeno o nitrógeno, no existían cuando nació el universo: los fabricaron las estrellas en su interior y los expandieron al morir. De ahí el interés por conocer la química de las galaxias: sirve para entender cuándo el universo tuvo los ingredientes necesarios para la vida. Con las mediciones erróneas, no sabemos si esos ingredientes estaban antes y en más lugares de los que pensábamos. 

Contexto. El método estándar para conocer la composición de una galaxia lejana es analizar las líneas espectrales de su luz a partir de la densidad del gas y su temperatura. El problema está en que en esas galaxias primitivas el gas es mucho más denso de lo esperado, así que su aplicación como termómetro funciona mal. Y a partir de aquí, todo fallaba. 

Las anomalías de nitrógeno aparecieron en los primeros datos científicos del telescopio espacial James Webb, como este o este. Como los resultados no encajaban con los modelos, la comunidad científica se volcó en intentar buscar explicaciones. Este paper propone dar un paso atrás: antes de interpretar la física estelar, comprobar que las medidas son correctas. Además, el Webb ahora lo permite: detecta simultáneamente líneas de oxígeno en el ultravioleta y en el óptico en galaxias tan lejanas.

Cómo lo hacen. En esencia, el truco está en elegir las señales adecuadas. Una de las líneas de luz del oxígeno, visible en el ultravioleta, tiene una propiedad especial: no se distorsiona aunque el gas sea muy denso, algo que sí pasaba con las líneas que estaban usando anteriormente. Al combinarla con otras dos señales del mismo átomo, el equipo de investigación puede calcular temperatura y densidad a la vez, como si resolvieran dos ecuaciones simultáneas e independientes. Tras emplear simulaciones estadísticas, el equipo comprobó que los resultados eran consistentes con otras mediciones independientes de las mismas galaxias.

Sí, pero. Como el equipo explica en el trabajo, su método corrige el error de densidad, pero no otros posibles errores igual de importantes: el gas de estas galaxias también tiene variaciones internas de temperatura, y eso puede sesgar los resultados de formas que este estudio no resuelve. Además, el método solo funciona bien cuando las tres señales de luz del oxígeno se detectan con claridad. En tres de las seis galaxias analizadas eso no fue posible, y los resultados son menos precisos.

El nitrógeno sigue siendo un problema. Las sobreabundancias vienen casi completamente de un ion determinado cuya emisión es extraordinariamente sensible a la temperatura: una variación de apenas el diez por ciento en ese parámetro reduciría a la mitad el nitrógeno calculado. Nadie ha medido aún esa temperatura directamente. No obstante, marca un camino a seguir antes de buscar explicaciones "exóticas": verificar que las herramientas de medida están a la altura.

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Aún no hemos colonizado Marte y ya sabemos cómo construir ladrillos para vivir allí: con orina y bacterias

Aún no hemos colonizado Marte y ya sabemos cómo construir ladrillos para vivir allí: con orina y bacterias

La humanidad tiene entre ceja y ceja llegar a Marte y eventualmente, plantar una colonia allí. Misiones como el rover Curiosity de la NASA llevan años escudriñando su superficie en busca de señales de habitabilidad pasada (con hallazgos prometedores que dejan grandes incógnitas) y el programa Artemis II es el trampolín tecnológico hacia la primera misión tripulada a Marte. 

Tarde o temprano llegará un día en el que la humanidad pise Marte y se den (o se fabrique) las condiciones para habitarla. Entonces la siguiente pregunta será: ¿cómo nos hacemos una casa allí? No es tanto una cuestión de diseño, sino de supervivencia. Un equipo de investigación ya está trabajando en ello y cree tener la solución, que ha publicado en la revista Frontiers in Microbiology.

El concepto. El trabajo de la investigación de Politecnico di Milano, la Universidad de Central Florida y la Universidad de Jiangsu consiste en emplear dos bacterias que trabajan juntas: una es capaz de sobrevivir en condiciones extremas y produce oxígeno y la otra que convierte orina humana en piedra. Ese prometedor dúo es capaz de fabricar ladrillos directamente del suelo marciano, sin necesidad de hornos, fábricas ni traer materiales de la Tierra.

Por qué es importante. Porque desde un punto de vista ingenieril, mover materiales y maquinaria a larga distancia (tan larga como ir a Marte) hace que el coste se dispare y resulte técnicamente inviable. Además, construirlos con los materiales disponibles en Marte no es (aún) una opción.

Así que este concepto soluciona esos dos problemas y alguno que otro más, como el consumo energético. Según el paper, la biocementación consume hasta 7 veces menos energía que fundir el suelo con microondas y casi 50 veces menos que la sinterización térmica. Finalmente, porque es conveniente: convierte residuos metabólicos humanos en material de construcción, solucionando así el problema logístico de qué hacer con esos desechos.

Contexto. Porque las diferentes agencias espaciales tienen en su hoja de ruta la llegada a Marte en la década de 2030-2040. La biocementación (precipitación de carbonato cálcico inducida microbiológicamente) lleva dos décadas en estudio para usos como estabilizar suelos, frenar la desertización o construir con menos dióxido de carbono. Esta investigación traslada ese conocimiento al espacio y tiene sus aplicaciones en la Tierra en forma de construcción más sostenible, reparación de suelos u hormigón autoreprable.

Cómo lo han hecho. Este punto es esencial porque el equipo de investigación ni ha construido nada en Marte ni en el laboratorio, empleando regolito de verdad. Este es un paper de perspectiva, revisando los conocimientos conocidos sobre esta técnica para proporcionar un concepto analizando el regolito marciano de datos de misiones robóticas. 

A partir de ese punto y tras identificar el déficit de óxido de calcio respecto al cemento terrestre, han estudiado qué rutas biológicas pueden compensarlo. De ahí llega su propuesta, con la combinación de Chroococcidiopsis + Sporosarcina pasteurii como el más prometedor, al que acompaña un diseño conceptual de biorreactor y boquilla de impresión 3D integrada con robótica autónoma.

Sí, pero. El punto anterior deja claro el primer hándicap: esta combinación de baterias nunca se ha probado, ni en Marte ni en el laboratorio. Y en Marte el escenario es peliagudo: la gravedad reducida debilita la microestructura del material resultante (al menos, del cemento convencional) y los percloratos del suelo marciano son tóxicos para los organismos. 

Por si fuera poco, el rango de temperatura en el que las bacterias pueden operar es estrecha. Además, el agua requerida puede no ser apta. Tampoco hay datos de estabilidad de este cultivo a largo plazo. Si hablamos de madurez tecnológica, este proyecto está en una fase primigenia: un concepto sobre el papel financiado con un largo camino por delante.


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Ya sabemos lo que la IA aportó a la economía de EEUU en 2025: "básicamente cero"

Ya sabemos lo que la IA aportó a la economía de EEUU en 2025: "básicamente cero"

En 2025, en EEUU, se inviertieron 410.000 millones en IA y el plan de las grandes tecnológicas es gastar unos 650.000 millones en 2026 (millar arriba, millar abajo). La promesa detrás de esta locura es que la IA es sinónimo de riqueza; con la IA somos más productivos, hacemos más y más rápido, y las empresas pueden gastar menos en personal. Los economistas tienen algo que decir.

Cero. Es el impacto que ha tenido la inversión en IA en la economía de Estados Unidos y lo dijo nada menos que Jan Hatzius, el economista jefe de Goldman Sachs, líder global en banca de inversión. Según Hatzius, hay mucha desinformación sobre el impacto que la inversión de IA está teniendo sobre el PIB de EEUU y viene del error de asumir que porque se invierte mucho, se gana mucho.  Como señalan en Futurism, la retórica de Goldman Sachs se ha ido endureciendo; primero eran sutiles advertencias sobre  los peligros de invertir tan a lo loco en IA y ahora directamente dicen que en 2025 la aportación fue insignificante o, en sus palabras, "básicamente cero". 

Debate. Durante 2025 circulaban discursos que situaban a la IA como la responsable de gran parte del crecimiento del PIB del país, algunos con cifras tan optimistas como el 92%. La economista Hanna Rubinton realizó un análisis algo más comedido, pero también optimista, en el que afirmaba que el gasto en IA había contribuido a un 39% al crecimiento económico durante los primeros nueve meses de 2025. No obstante, reconoce que incluye gasto en software y ordenadores que no estaba necesariamente ligado a la IA, por lo que la cifra podría estar hinchada. Goldman Sachs no ha sido el único banco en echar un jarro de agua fría sobre los entusiastas de la IA, economistas de JP Morgan y Morgan Stanley coinciden en que la cifra real es más cercana a cero. 

Distorsionando la economía. Que haya tanta variedad de análisis tiene que ver en gran parte con la dificultad para saber el verdadero impacto que la IA está teniendo en la economía. Ya en noviembre del año pasado, en Reuters informaban que el boom de inversión en IA estaba distorsionando las cifras y haciendo muy complicado leer la verdadera situación de la economía del país. Por un lado el PIB registraba un crecimiento del 4%, pero los despidos aumentaban, puede que en parte por culpa de la IA. Lo llamaron "economía bifurcada".

El problema geográfico. En su invervención, Jan Hatzius señaló un hecho que a menudo pasa inadvertido: para construir la infraestructura que mueve la IA hacen falta muchas GPUs, memorias y componentes que se importan de otros países. "Mucha de la inversión en IA que estamos viendo en EEUU en realidad añade al PIB de Taiwán o Corea, pero realmente no tanto al PIB de EEUU" afirmó. 

El problema de la productividad. Es la gran promesa de la IA, que gracias a ella nos hacemos más productivos. Sin embargo, la rapidez, la calidad o la cantidad de trabajo que produce son aspectos intangibles que no siempre se traducen en un retorno económico inmediato, y menos uno que tenga un impacto en la economía global, sino que las mejoras se quedan "atrapadas" dentro de las empresas. 

Lo que se viene. Si la inversión de 2025 ya fue una auténtica locura, las previsiones para 2026 son todavía más locas. El capex combinado de las grandes tecnológicas suma en torno a los 650.000 millones de dólares, que sería el equivalente a gastar 1,2 millones por minuto durante un año entero. Hay quien opina que la burbuja de la IA no existe, pero desde luego el retorno económico de esta inversión tan tremenda es, como mínimo, discutible.

Imagen | Unsplash, editada

En Xataka | La inversión en centros de datos para IA es demencial, y va a ponerse peor. Mucho peor

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La noticia Ya sabemos lo que la IA aportó a la economía de EEUU en 2025: "básicamente cero" fue publicada originalmente en Xataka por Amparo Babiloni .



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Todo el fondo oceánico de la Tierra, en un espectacular mapa interactivo 3D que desvela 50.000 montañas submarinas desconocidas

Todo el fondo oceánico de la Tierra, en un espectacular mapa interactivo 3D que desvela 50.000 montañas submarinas desconocidas

Aunque ya buscamos otros planetas en el universo (especialmente interesantes son los potencialmente habitables), la realidad es que a la vieja Tierra todavía le quedan unos cuantos secretos escondidos. Sin ir más lejos, el fondo marino sigue deleitándonos con nuevas especies a estas alturas de la película. 

La NASA lo sabe y por eso en diciembre de 2022 lanzó al espacio un satélite con una misión: conseguir la topografía de aguas superficiales y océanos. De ahí su nombre, SWOT. Ya el primer año logró cartografiar el fondo oceánico con más detalle que en los últimos 30 años y ahora puede consultarse por completo. 

Es, en pocas palabras, el mapa de gravedad marina más detallado de la historia. Lo que ha "visto" no es el suelo sin más, sino las sutiles variaciones en la altura de la superficie del mar. Estas variaciones revelan la existencia de miles de montañas submarinas, fosas y fallas, invisibles para los satélites convencionales. 

Para elaborar este mapa la NASA ha empleado interferometría de coherencia de fase de última generación, lo que ha permitido medir con alta precisión la altura bidimensional del nivel del mar. Históricamente, para medir el fondo marino se ha usdo el sonar, pero apenas hemos conseguido mapear menos del 30% (con el proyecto Seabed 2030) con esta técnica. Por otro lado, los satélites estándar ofrecían una resolución muy por debajo de la resolución espacial alcanzada, cercana a los 8 kilómetros.

Este exhaustivo mapa del fondo oceánico va más allá de saciar la curiosidad geográfica, el impacto de esta cartografía es patente en:

  • La biodiversidad. Las montañas submarinas constituyen oasis de vida y saber dónde se encuentran es esencial.
  • Seguridad en la navegación, permitiendo identificar picos submarinos que puedan constituir un riesgo para embarcaciones.
  • El cambio climático. Este tipo de estructuras están directamente relacionadas con las corrientes oceánicas, responsables de transportar el calor. Si desconocemos el relieve, no podemos predecir cómo se calentará el mar.

El mapa del fondo marino con un nivel de detalle nunca visto

Con este mapa de gradiente gravitatorio vertical la NASA ha elaborado un modelo en 3D por el que poder desplazarse y hacer zoom por todas las profundidades de mares y océanos de la Tierra. En él se aprecian colinas abisales individuales de 200 - 300 kilómetros de extensión junto a otros pequeños montes submarinos y estructuras tectónicas, antes ocultas. 

De hecho, las colinas abisales son la forma de relieve más común bajo el agua (en el Océano Índico meridional pueden apreciarse, por ejemplo). Explica la NASA que están formadas por fallas normales a lo largo de los ejes de las dorsales oceánicas. A partir de ellas, se están realizando estudios de reconstrucción de placas.

También en la visualización pueden apreciarse montes submarinos ubicados al oeste de Centroamérica, que en realidad son volcanes submarinos formados por intrusiones magmáticas a través de la corteza oceánica. Su importancia es crucial en tanto en cuanto modifican la circulación oceánica, influyen en la distribución de nutrientes y constituyen puntos clave de biodiversidad. El mapeo de alta resolución deja al descubierto unos 50.000 montes submarinos de los que no teníamos constancia de aproximadamente un kilómetro de altura.

Swot Vertical Gravity Gradient Flat 08b 01000 Toca para ir al modelo en 3D de la NASA del fondo marino. Vía: NASA/JPL

La topografía de aguas superficiales y océanos de SWOT también muestra gran claridad en los márgenes continentales, destacando las zonas de altas latitudes, con estructuras tectónicas enterradas bajo sedimentos y hielo. Así, permite observar cañones submarinos que transportan sedimentos desde tierra firme hasta las profundidades marinas a lo largo de la plataforma continental sudamericana, además de antiguas dorsales oceánicas ocultas bajo el hielo en el mar de Weddell.


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