22 de junio de 2026

Le enchufaron el corazón a la batería de un coche. Y latió.

Antes de nada, el conflicto de interés. No me paga el sueldo ninguna farmacéutica, ningún fabricante de marcapasos ni el gurú del bienestar de turno. Esto lo pagáis vosotros, los suscriptores de este Substack. Por eso puedo contaros la versión sin maquillar. Gracias, de verdad.


Ahora que medio planeta está pegado a la pantalla con el Mundial y a todos nos sale la vena patriótica gritando los goles, creo que ya va siendo hora de que los hispanoamericanos levantemos la cabeza. Tenemos que empezar a conocer y a sacar pecho por todo lo que hemos aportado al mundo, y no hablo solo de los que sudan la camiseta en el césped.

Hablo de los que se pusieron la bata, o el mono de trabajo, y cambiaron las reglas del juego.

Así que me ha parecido el momento perfecto para arrancar esta pequeña serie: una alineación titular de científicos ilustres de nuestros países. Nuestra propia selección de estrellas. Y hoy vamos a empezar el campeonato fuerte. Sacamos al campo al delantero titular indiscutible. Señoras y señores, demos la bienvenida a don Jorge Reynolds Pombo.

Le enchufaron el corazón a la batería de un coche. Y latió.

Un ingeniero al que los médicos miraban por encima del hombro construyó un trasto de 45 kilos en Bogotá. Dentro estaba el secreto que hoy llevan medio millón de personas en el pecho.

En 1958, un hombre se estaba muriendo y lo salvaron enchufándolo a una batería de coche. Los mismos que arrancan tu coche. Cables saliendo del pecho de un cura de setenta años al que ya le habían dicho que fuera encargando las flores.

El cacharro pesaba 45 kilos. Más que muchas de las personas a las que iba a mantener con vida. Y el tío que lo construyó no era médico. No sabía latín, no había pisado una facultad de medicina en su vida. Era un “chispas”. Y vio algo.

Su nombre casi no aparece en los libros de medicina. Pero lo que pasó cuando apretó aquel interruptor cambió el destino de un millón de personas que ahora mismo, mientras lees esto, llevan su idea metida en el pecho.

Ya me conocéis. Lo mío son los huesos, y el quirófano de trauma que suena a taller de chapa y pintura. Pero tengo un pasado oscuro que no suelo ir pregonando: antes de la medicina me dejé los codos en la carrera de Ingeniería de Telecomunicaciones. Por eso, hay una parte de mí que, cuando ve un circuito integrado o una placa base, se pone tonta.

a red and green battery with a pair of pliers attached to it
Photo by Newpowa on Unsplash

Esta historia va de alguien que entendió el cuerpo humano como lo que es: una instalación eléctrica compleja, con sus cables y sus fusibles . He dejado que mi vena ingeniera escriba este artículo. Avisados quedáis.

Bogotá, 1958: la bata contra el muro

Pongámonos en situación. Años cincuenta. La cirugía ya sabe hacer auténticas virguerías: abrir un pecho, coser un corazón, recolocar un fémur astillado... mil cosas. Pero hay un muro contra el que se dan de bruces una y otra vez.

A veces, el corazón no se rompe. Simplemente, se apaga. No es que falle la bomba. Es que falla el interruptor. El paciente está vivo, el músculo está sano, y aun así el corazón se va parando, latido a latido, hasta que se queda frito. Y los médicos, con todo su latín y sus enciclopedias, no tienen ni idea de cómo volver a encenderlo.

Y entonces, a esa habitación llena de batas que no encuentran el interruptor, entra un señor con un destornillador.

Jorge Reynolds Pombo, el “chispas”

Nacido en Bogotá el 22 de junio de 1936 (sí, hoy es su aniversario, motivo de orgullo hispanoamericano donde los haya). Ingeniero eléctrico, formado entre Colombia e Inglaterra. Ni rastro de carrera de medicina en su currículum.

¿Y este qué hace aquí? ¿Qué sabrá un técnico de cables sobre el noble corazón humano?

Reynolds había pillado algo que a los del fonendo se les escapaba. El corazón no es solo biología. Sino que ahí dentro hay cables de verdad. Genera su propia corriente y manda la orden

¡late, maldita sea!

varias veces por minuto. Y si entiendes de corrientes, de electrodos y de voltajes, el problema no es de anatomía. Es electricidad. Así que pasó de las críticas, sacó el soldador y se puso al lío.

El resultado fue un armatoste de 45 kilos alimentado por una batería de coche de 12 voltios. Nada de elegancia ni diseño. Pero la idea que llevaba dentro era de otro planeta: meter unos cables finísimos directos al tejido del corazón y mandarle, desde fuera, el chispazo eléctrico que ya no era capaz de generar.

El primer paciente fue un sacerdote, Gerardo Flórez, que había llegado a Bogotá con el corazón apagándose y llamando a las puertas de San Pedro. Desahuciado. Le conectaron los cables. Apretaron el interruptor. Chispazo.

El corazón latió. Y siguió latiendo, marcado por aquel motor de arranque gigantesco que el pobre hombre tenía que llevar a rastras. Pero latía. Y eso, en 1958, era pura ciencia ficción.

El mito que nos venden (y por qué es mentira)

Aquí viene la parte que te van a contar mal en los libros oficiales. Cuando preguntas quién inventó el marcapasos, la historia te da una respuesta de portada de revista: Suecia, 1958, un equipo de médicos rubios, un paciente, una fecha bonita. Fin.

Esa versión es comodísima. Tiene un héroe con bata, un país del primer mundo y un final de película. Es marketizable, como diría cualquier vendehúmos de manual.

Solo tiene un problema. A finales de los cincuenta no había un inventor iluminado. Había media docena de científicos en distintos puntos del planeta, sin saber los unos de los otros. Un norteamericano en un garaje de Minnesota. Un sueco con una resina y un molde. Y un colombiano con una batería de coche y los bemoles muy bien puestos.

La historia, que es muy de capital y muy poco de provincias, se quedó con la versión que mejor vestía para la foto.

Y mientras tanto, en Estocolmo...

Pero hagamos justicia a los otros, que también se lo curraron. El 8 de octubre de 1958, en Estocolmo, a un paciente llamado Arne Larsson le metieron dentro del cuerpo el primer marcapasos implantable de la historia. Lo había fabricado el ingeniero Rune Elmqvist. Otra vez un ingeniero salvando los muebles, fíjate qué casualidad. Dentro de un molde de resina con forma de vasito de plástico. Lo operó el cirujano Åke Senning.

¿El final? El primer aparato aguantó unas pocas horas. A la mañana siguiente tuvieron que abrirlo y cambiarlo. Una chapuza gloriosa. Sin embargo, Arne Larsson, el primer humano con un marcapasos interno, vivió cuarenta y tres años más. Por el camino gastó veintiséis aparatos. Y murió en 2001, con 86 añazos, de algo que no tenía absolutamente nada que ver con el corazón.

Enterró a su cirujano, enterró a su ingeniero. El paciente sobrevivió a los dos genios que lo salvaron.

Lo que de verdad pasa dentro de tu chasis

Vale, dejemos a los inventores en paz un rato y vámonos a tu pecho, que es lo que nos interesa. ¿Cómo demonios funciona el corazón y qué carajo tiene eso que ver con la electricidad?

Arriba del todo, en la aurícula derecha, tienes a un director de orquesta que marca el ritmo. Da un golpe de batuta unas sesenta veces por minuto y todo el corazón obedece. Los de la bata a ese director lo llamamos el nodo sinusal. Es tu marcapasos de fábrica, el que traes de serie.

Ese golpe de batuta viaja por un cableado interno hasta una segunda estación que hace las veces de semáforo: retiene el impulso una décima de segundo (lo justito para que las cámaras de arriba terminen de vaciarse) y luego lo deja pasar a las de abajo. Esa estación de paso es el nodo auriculoventricular.

¿Qué pasa cuando esto se fastidia? Pues lo mismo que en una casa vieja: los cables se vuelven duros, se llenan de óxido, dejan de conducir bien. La señal sale del director pero no llega abajo. Salta el plomo. A eso lo llamamos bloqueo, y es una de las razones más típicas por las que a alguien le ponen un marcapasos.

Y aquí tienes la idea brutal de Reynolds y de toda aquella panda de frikis: si el interruptor de fábrica ya no manda la orden, le metemos uno de repuesto que la mande por él. No nos liamos a intentar arreglar el cable roto. Tu corazón no se cura. Se resetea. Para siempre.

El final loquísimo: las ballenas

Y ahora, el momento en que Reynolds se pasa el juego. Porque el hombre no se conformó con el mueble de 45 kilos. Se obsesionó con la pregunta:

quiero entender el corazón más bestia del planeta, ¿de quién es?

Bingo. De la ballena. Un corazón del tamaño de un Seat Ibiza que late en las profundidades durante un siglo sin griparse.

Así que Reynolds se echó al mar. El “chispas” de Bogotá, ya con setenta y pico años, persiguiendo cetáceos gigantes para preguntarle a la naturaleza cómo se construye un motor infinito. Inventó unos dardos con sensores (básicamente electrodos gigantes resistentes al agua salada) que se disparaban desde barcos y submarinos para pegarse temporalmente a la piel de ballenas jorobadas en mar abierto.

Con eso, consiguió registrar por primera vez en la historia el electrocardiograma de una ballena nadando en libertad. Su objetivo era diseccionar cómo narices se transmitía el impulso eléctrico en una masa muscular tan inmensa sin perder fuerza, sin cortocircuitarse y con una eficiencia perfecta.

¿Y para qué semejante locura? Para diseñar un marcapasos del tamaño de un tercio de un grano de arroz. Sin batería. Que se alimenta de la propia energía mecánica del latido del corazón. Aunque esta tecnología tan extrema está en fases de desarrollo y experimentación, representa el culmen de su carrera.

Reynolds salvó esa primera vida con una dichosa batería de coche. Con lo que tenía a mano en la Bogotá del 58. Eso es el ingenio del que no tiene medios. El “apaño” elevado a obra de arte.

Y eso en nuestra cultura hispana lo entendemos a la perfección. La cultura de MacGyver, del que mira un problema imposible, se rasca la barbilla y dice:

tranquilo, que esto lo apaño yo

Todo arde si le aplicas la chispa adecuada

Como cantaba Bunbury con los Héroes del Silencio, todo arde si le aplicas la chispa adecuada. Aquella noche en Bogotá, un “chispas” que sobraba le aplicó la chispa exacta a un motor que se apagaba.

Este artículo tiene trampa, pero de las honestas. ¿Inventó Jorge Reynolds Pombo “el marcapasos”? Depende de a quién le preguntes y de qué se considere “el primero”. Su aparato de 1958 era externo y convivió en el tiempo con el primer implantable sueco de ese mismísimo año y con los pioneros yanquis. Hay historiadores que le dan la corona y otros que se la pelean.

Lo que absolutamente nadie le discute es que estuvo ahí, en plena carrera mundial, resolviendo con una batería de coche de 12 voltios lo que el primer mundo intentaba con presupuestos obscenos.

¡Cuéntame qué otro cientifico quieres ver en la plantilla de nuestro equipo común HISPANO! Pero que tenga una historia por lo menos la mitad de buena que nuestro Jorge Reynolds.

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Fuentes



☞ El artículo completo original de La traumatóloga geek lo puedes ver aquí

Del laboratorio al territorio: nace UNE, la apuesta de la UTalca para transformar ciencia en soluciones para el Maule

Con una inversión conjunta del Ministerio de Ciencia, el Gobierno Regional del Maule y la Universidad de Talca, la iniciativa impulsará durante la próxima década una nueva forma de hacer investigación, orientada a generar soluciones para desafíos como el cambio climático, la salud, la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible.

La ciencia que se desarrolla en las regiones tiene el potencial de transformar territorios, mejorar la calidad de vida de las personas y aportar respuestas a desafíos globales. Con esa convicción, la Universidad de Talca presentó oficialmente UNE, el nuevo sello con el que proyectará su Plan de Frontera, iniciativa estratégica que busca fortalecer y expandir las capacidades de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) de la institución desde el Maule hacia Chile y el mundo.

El lanzamiento reunió a autoridades nacionales, regionales y universitarias, marcando el inicio de una apuesta de largo plazo respaldada por una alianza entre el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, el Gobierno Regional del Maule y la Universidad de Talca, que permitirá impulsar esta estrategia durante los próximos diez años.

UNE surge como una expresión más cercana y humana de esta iniciativa, representando la vocación de la universidad de conectar el conocimiento con las personas, promoviendo la colaboración, la transferencia de conocimiento, la innovación y el impacto social. Su propósito es avanzar hacia una ciencia más inter y transdisciplinaria, vinculada con los desafíos reales del territorio y capaz de generar soluciones concretas para la sociedad.

Rector Universidad de Talca, Arcadio Cerda.

Una nueva etapa para la ciencia regional

El proyecto nace a partir de un diagnóstico institucional que reconoce importantes fortalezas científicas instaladas en la Universidad de Talca, pero también desafíos que deben enfrentarse para alcanzar una investigación de frontera con mayor impacto.

Entre las principales brechas identificadas se encuentran la necesidad de consolidar ecosistemas científicos inter y transdisciplinarios, fortalecer el financiamiento de largo plazo para la investigación y ampliar la participación en redes y programas internacionales de colaboración científica.

Frente a este escenario, UNE busca fortalecer la articulación entre investigadores, instituciones públicas, sector productivo y comunidades, promoviendo una ciencia conectada con el territorio y orientada a responder problemáticas complejas mediante el trabajo colaborativo.

«Este proyecto FIU Frontera nos va a permitir consolidar nuestro trabajo de investigación en distintas áreas del conocimiento. Eso le va a dar posibilidades a académicos y académicas de participar en actividades que eventualmente debieran traducirse en transferencia tecnológica y oportunidades para la Región del Maule», destacó el rector de la Universidad de Talca, Arcadio Cerda Urrutia.

La autoridad agregó que este desafío también representa una responsabilidad institucional de largo plazo. «Hoy tenemos que fortalecer lo que hemos construido, consolidarlo y mantenerlo en el tiempo. Es un compromiso de todas y todos seguir avanzando por el camino de la excelencia y la calidad», sostuvo.

Ciencia para responder a los desafíos del futuro

Durante la próxima década, UNE impulsará investigación e innovación en áreas consideradas estratégicas para el desarrollo sostenible del territorio y del país.

Entre ellas destacan la resiliencia y adaptación al cambio climático, la agricultura inteligente y la simulación de sistemas complejos, el envejecimiento y la salud con enfoque One Health, los sistemas energéticos y la eficiencia energética, la seguridad alimentaria, la economía circular, la innovación educativa y el desarrollo de tecnologías para el bienestar y la inclusión.

La subsecretaria de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Carolina Rossi Pantoja, destacó que este tipo de instrumentos son fundamentales para fortalecer la investigación desarrollada desde las regiones.

«Nos importa mucho el desarrollo del territorio y que desde aquí mismo puedan surgir investigadores y académicos, permitiendo que la ciencia salga al mundo. Son instrumentos de largo plazo que fortalecen a las universidades y a quienes están haciendo ciencia desde las regiones hacia el mundo», señaló.

Asimismo, enfatizó que estas iniciativas constituyen políticas de Estado que permiten abordar desafíos complejos con una mirada de futuro.

«En ciencia, tecnología e innovación siempre pensamos en el largo plazo. Nos preguntamos qué podemos hacer junto a la academia para crear nuevas soluciones y responder preguntas que aún no sabemos cómo resolver completamente», indicó.

Del conocimiento a las soluciones

Uno de los aspectos más innovadores de UNE será su capacidad para transformar la investigación en soluciones con impacto territorial.

Para ello, el proyecto contempla la implementación de programas específicos como «Tracción de Frontera», destinado a articular equipos inter y transdisciplinarios vinculados con actores regionales, nacionales e internacionales, y «Factoría de Futuro», orientado a escalar ideas y resultados de investigación mediante procesos de prototipado, validación y transferencia.

La meta es avanzar desde la generación de conocimiento hacia la creación de soluciones adoptables y escalables que contribuyan al desarrollo regional, fortaleciendo la innovación y la competitividad del Maule.

Actualmente, la Universidad de Talca cuenta con capacidades científicas consolidadas, reflejadas en decenas de proyectos de ciencia aplicada y de investigación competitiva adjudicados en los últimos años. UNE busca potenciar esas fortalezas, ampliar su impacto y consolidar un modelo de ciencia colaborativa con proyección nacional e internacional.

Con una visión de diez años, una gobernanza orientada a la colaboración y el desafío de conectar investigación, innovación y territorio, UNE busca convertirse en un referente nacional de cómo las universidades regionales pueden liderar procesos de transformación desde la ciencia, generando conocimiento que no solo se publica, sino que también mejora la vida de las personas.

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☞ El artículo completo original de Revista Ecociencias lo puedes ver aquí

La actualización de Windows de junio corrigió 208 vulnerabilidades y metió cuatro bugs nuevos que Recycle Bin ya ha sufrido

La actualización de Windows de junio corrigió 208 vulnerabilidades y metió cuatro bugs nuevos que Recycle Bin ya ha sufrido

El segundo martes de junio trae, puntualmente, su Patch Tuesday. Este año el paquete KB5094126 del 9 de junio fue particularmente ambicioso: Microsoft cerró 208 vulnerabilidades de seguridad en una sola actualización, una de las cargas de parches más densas del año. El problema es que, junto con los arreglos, se coló un conjunto de bugs nuevos que están causando dolores de cabeza a administradores de IT y usuarios de empresa en todo el mundo. Lo documenta The Next Web este 21 de junio.

Los problemas identificados hasta ahora son cuatro y afectan a escenarios de uso distintos. El más visible para el usuario doméstico son los errores visuales en la Papelera de Reciclaje: carpetas y elementos pueden mostrar indicadores incorrectos, como mostrar que la papelera tiene contenido cuando está vacía o a la inversa. No es un error crítico, pero es visible y confuso.

Para los entornos empresariales, el bug más severo son los bloqueos de BitLocker. Algunos equipos con hardware de empresa específico están entrando en modo de recuperación de BitLocker tras la actualización, lo que obliga a los usuarios a introducir la clave de recuperación —que en muchas organizaciones no tienen a mano— para poder arrancar Windows. En infraestructuras con miles de equipos gestionados, esto se convierte en un problema logístico de primer orden.

Los otros dos problemas documentados son fallos en la sincronización de OneDrive —archivos que no se sincronizan correctamente o que aparecen como conflictos sin haber sido modificados— y congelaciones del sistema en determinadas configuraciones de hardware. Ninguno de los cuatro bugs tiene fecha de corrección antes del 14 de julio, el próximo Patch Tuesday.

El ciclo mensual de parches y sus consecuencias

Las actualizaciones de seguridad son la primera línea de defensa de cualquier sistema operativo: cuando Microsoft publica un parche, también hace público qué vulnerabilidad corrige, lo que significa que quien no actualiza queda expuesto de forma conocida. Las 208 vulnerabilidades de KB5094126 incluyen algunas clasificadas como críticas, incluyendo posibles ejecuciones remotas de código. Posponer la actualización para evitar los bugs nuevos es una decisión con coste de seguridad real.

El dilema para los administradores de IT es clásico pero especialmente agudo este mes: ¿aplico una actualización con 208 correcciones de seguridad que también introduce cuatro problemas documentados, o espero al parche del parche en julio? En sistemas de producción críticos, la pregunta no tiene respuesta obvia. Microsoft recomienda aplicar KB5094126 y gestionar los bugs conocidos caso por caso. La mayoría de los equipos de IT con grandes parques de dispositivos están aplicando la actualización de forma escalonada, con pruebas previas en grupos piloto para detectar si el bug de BitLocker afecta a su hardware específico.

Windows 11 superó los 1.000 millones de usuarios este año, lo que hace que el alcance de un Patch Tuesday como este sea extraordinario. No todos los usuarios verán los cuatro bugs — el bloqueo de BitLocker parece estar vinculado a hardware empresarial específico, y las congelaciones no aparecen en todos los equipos — pero con esa base instalada, incluso un porcentaje pequeño de usuarios afectados representa millones de equipos con problemas.

El sistema de actualizaciones de Windows combina una cadencia mensual predecible con la imprevisibilidad de los bugs introducidos. Microsoft tiene procesos de testing extensos, pero la cantidad de combinaciones posibles de hardware, drivers, software instalado y configuraciones de empresa hace prácticamente imposible prever todos los escenarios. Esto es estructuralmente inherente al ecosistema de Windows, el más heterogéneo en términos de hardware de todos los sistemas operativos principales.

Qué hacer si estás afectado

Para el bug de Recycle Bin: es cosmético, no afecta a los archivos ni a la funcionalidad real. Si la incertidumbre visual molesta, se puede limpiar manualmente la papelera y vaciarla para restablecer el indicador correcto.

Para el bug de BitLocker: Microsoft recomienda verificar que las claves de recuperación de BitLocker están accesibles antes de aplicar KB5094126. Las organizaciones que ya hayan aplicado la actualización y vean equipos en modo de recuperación deben asegurarse de que los administradores de sistema tienen acceso a las claves de recuperación almacenadas en Active Directory o Microsoft Endpoint Manager.

Para OneDrive: pausar la sincronización y reanudarla manualmente puede resolver los fallos de sincronización en la mayoría de los casos. Microsoft está investigando la causa raíz.

La privacidad en Windows 11 y los datos que Microsoft recopila es el otro aspecto de las actualizaciones que los usuarios suelen pasar por alto: cada Patch Tuesday puede reactivar opciones de telemetría que el usuario había desactivado. Es recomendable verificar las configuraciones de privacidad en Ajustes tras cada actualización mayor.

Mi valoración

Tras décadas cubriendo ciclos de actualización de Windows, este Patch Tuesday entra en la categoría de «correcto en intención, problemático en ejecución». Los 208 CVEs cerrados son trabajo necesario e importante. Los cuatro bugs introducidos son un coste que, esta vez, tiene consecuencias desproporcionadas para los administradores de IT con equipos empresariales, especialmente los que enfrentan bloqueos de BitLocker.

Lo más significativo de este ciclo es el recordatorio de que la infraestructura de IT empresarial se enfrenta a una imposible ecuación: actualizar rápido para no quedar expuesto, pero no tan rápido que los bugs nuevos paralicen operaciones. La ventana de exposición entre el Patch Tuesday de junio y el de julio en que llegará la corrección es de 35 días.

Mi predicción: Microsoft publicará una actualización fuera de ciclo para el bug de BitLocker antes del 14 de julio, dado el impacto operativo que tiene en entornos empresariales. Los bugs de OneDrive y Papelera probablemente esperarán al July Patch Tuesday.

Preguntas frecuentes

¿Afecta KB5094126 solo a Windows 11 o también a Windows 10?

The Next Web reporta que los bugs introducidos afectan a todas las versiones de Windows compatibles que recibieron la actualización. Windows 10 sigue recibiendo actualizaciones de seguridad (extendidas de pago para usuarios domésticos, incluidas en ESU para empresas), y también recibió el equivalente de KB5094126 en su versión correspondiente.

¿Cómo puedo verificar si mi equipo tiene instalada la actualización problemática?

En Windows 11, abre Configuración > Windows Update > Historial de actualizaciones. Si ves KB5094126 en la lista con fecha del 9 de junio de 2026, el equipo tiene la actualización. Si notas alguno de los bugs descritos (Papelera con indicadores erróneos, problemas de BitLocker al arrancar, OneDrive no sincronizando) son síntomas relacionados.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

China no quería quedarse fuera de la mayor carrera energética del siglo: su respuesta se llama Zhuri y ya funciona

China no quería quedarse fuera de la mayor carrera energética del siglo: su respuesta se llama Zhuri y ya funciona

Estados Unidos lleva años trabajando en métodos para obtener energía solar directamente del espacio. La conocida como energía solar espacial se muestra como una mejora de las plantas solares convencionales que tenemos aquí en la Tierra. La densidad de energía solar en órbita es seis veces mayor que en la Tierra y se elimina el problema de las interferencias del clima. No obstante, es cierto que hay bastantes escollos tecnológicos que deben resolverse. 

Aunque Europa, Reino Unido y Japón ya han hecho algunas propuestas, Estados Unidos tiene una actividad muy destacada en torno a la puesta en marcha de este tipo de proyectos. Por eso, era de esperar que tarde o temprano se sumase China, el eterno rival espacial del país norteamericano. Tras presentar varias propuestas de proyecto, finalmente se ha seleccionado Zhuri, con el que la Universidad de Xidian ya ha empezado a trabajar.

De la órbita geoestacionaria a tus dispositivos eléctricos. El mecanismo de Zhuri, que significa “perseguir el Sol” en chino, consta de varios pasos. En primer lugar, se usa un espejo en forma de cúpula de 4,8 metros suspendido en una torre de 75 metros, que se encarga de concentrar la luz solar en una serie de paneles, similares a los que se usan en la Tierra. Esta luz solar se emplea para obtener electricidad, que no puede transmitirse directamente en el espacio, por lo que después se convierte en microondas, que sí pueden viajar más eficientemente. Estas, a continuación, pasan a una antena rectificadora, conocida como rectenna, cuyo papel es volver a transformar esas microondas en electricidad de corriente continua. Esa es la electricidad que llega a la Tierra. 

Otros dispositivos. Además de los espejos mencionados, también se han probado lentes de Fresnel de 2 a 7 metros de ancho, pues son capaces de enfocar la luz aún más eficientemente, con menos gasto de materiales. Incluso incluyen líquidos refrigerantes que ayudan a gestionar el calor solar, evitando algunos de los inconvenientes que este podría acarrear.

Las primeras pruebas han sido un éxito. En las primeras pruebas, los científicos de la Universidad de Xidian han obtenido energía en el orden de kilovatios, por lo que de momento están siendo resultados muy positivos.

No están solos. En Estados Unidos hay varios proyectos dirigidos a obtener energía solar directamente del espacio. Por ejemplo, Caltech lleva desde 2013 investigando en esta área y ya realizó algunos experimentos en órbita en 2023. También algunas empresas privadas, como Meta, planean alimentar sus centros de datos con energía solar espacial para 2030. Y, por supuesto, el gobierno de Estados Unidos no podía faltar. El proyecto ARACHNE, de la Fuerza Aérea, se basa precisamente en este mismo fin.

Por otro lado, en Europa la ESA tiene el proyecto Solaris y Reino Unido el Space Solar. Ambos cuentan con empezar a operar en 2030. Y sobre todo destaca Japón, que lleva décadas investigando en esta área y fue uno de los primeros países en hacer pruebas de transmisión inalámbrica de energía. 

No se debe confundir con Reflect Orbital. Estados Unidos tiene otros proyectos similares, como Reflect Orbital, pero no se deben confundir, pues son mucho más polémicos. Con ellos lo que llega a la Tierra no es la energía eléctrica, como con todo lo que hemos mencionado hasta ahora, sino la propia luz solar, que se “exprime” incluso durante la noche. El objetivo de ambos tipos de proyecto es parecido, pero los medios son muy diferentes.

Ojo con los desafíos. Todos los países que han intentado obtener energía solar espacial se han encontrado los mismos desafíos. Por ejemplo, destacan los problemas a la hora de abordar la facilidad de despliegue de estructuras plegables o autoensamblables, lograr una puntería precisa por microondas y garantizar la seguridad de los haces, tanto para el medioambiente como para las aeronaves que crucen la zona en la que se está obteniendo esta energía eléctrica. 

Para solucionar algunos de estos hándicaps, China utiliza unidades modulares que vuelan en formación en lugar de una sola estructura masiva, de modo que se mejora la resistencia y se facilita su mantenimiento.  

Objetivos a corto plazo. Lógicamente, el objetivo final de este tipo de proyectos es llevar energía solar a cualquier parte de la Tierra. Sin embargo, de momento, se quiere ir paso a paso y lograr pequeños retos previos, como la carga inalámbrica de satélites en órbita o el abastecimiento de bases lunares en órbita o en la superficie lunar. 

Imagen | NASA

En Xataka | Sabíamos que había agua en la Luna, pero no por qué algunos cráteres estaban vacíos. Al fin tenemos la respuesta

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La Voyager 1 alcanzará un día luz de distancia en noviembre, pero este será su último gran récord

La Voyager 1 alcanzará un día luz de distancia en noviembre, pero este será su último gran récord

En 1977, la NASA lanzó al espacio las sondas Voyager 1 y Voyager 2, con el objetivo de estudiar los planetas más externos del sistema solar. Ambas llevaron a cabo su misión con éxito, por lo que se les encomendó un nuevo cometido: convertirse en las primeras naves en viajar más allá de los confines de nuestro sistema solar. También hicieron este check en su lista de objetivos, siempre la Voyager 1 ligeramente por delante de su gemela. Ahora, también será la primera en alcanzar un nuevo hito: posicionarse a una distancia de un día luz de la Tierra. Hace tiempo que se sabe que este era su próximo reto. Ahora, gracias a las declaraciones que ha hecho la NASA al medio IFLScience, sabemos exactamente la fecha y la hora en las que se espera que lo consiga.

Objetivo casi conseguido. Según la NASA, la Voyager 1 debería alcanzar la distancia de 1 día luz de la Tierra el próximo 18 de noviembre de 2026, a las 10:16:07 UTC. La hora podría variar ligeramente, pero en principio, según los cálculos realizados por los ingenieros de las misiones Voyager, esas son las predicciones.

Muchos logros en su historia. Voyager 1 se lanzó en 1977. En 1979 llegó al vecindario de Júpiter para observarlo y fotografiarlo de cerca. Gracias a su trabajo se descubrieron dos nuevas lunas jovianas y un anillo delgado en torno al planeta. Después, en 1980, llegó a Saturno. También descubrió un nuevo anillo y aún más lunas: un total de 5 satélites.  Urano y Neptuno se los dejó a su gemela, la Voyager 2, por lo que después de Saturno siguió su viaje más allá del sistema solar, dejando atrás la heliosfera en 2012. Entonces se convirtió en el primer objeto construido por el ser humano en introducirse en el espacio interestelar.

Las claves de su mantenimiento. En estos años, ha sido necesario ir apagando poco a poco muchos de los instrumentos de las sondas Voyager para ahorrar batería y que puedan continuar con su viaje. Por eso, lleva ya varias décadas sin tomar imágenes. La última fue el famoso punto azul pálido, que se fotografió el día de San Valentín de 1990. Gracias a ese ahorro, sigue enviando datos regularmente a la Tierra, aunque, cuanto más lejos, más le cuesta.

Energía que se acaba. Las sondas Voyager obtienen su energía gracias a tres generadores termoeléctricos de radioisótopos (RTG), que convierten el calor generado por la desintegración del plutonio-238 en electricidad. Esto es lo que les ha permitido seguir trabajando durante tanto tiempo. En 2011, por ejemplo, las dos sondas generaban algo menos de 270 vatios, que es aproximadamente el 76% de la potencia con la que empezaron. Gracias al apagado de instrumentos, el chicle se ha ido estirando hasta hoy, con la posibilidad de batir un nuevo récord el próximo mes de noviembre.

Sin embargo, se pierde un 0,8% de potencia cada año, por lo que se calcula que para 2030 dejarán de obtener suficiente energía para poder captar datos o comunicarse con la Tierra. Seguirán vagando por el espacio interestelar, pero apagadas y silenciosas

¿Y después qué? Se calcula que, así, la Voyager 1 tardará unos 40.000 años en acercarse a la estrella más cercana posible. Puede que se sumerja en otro sistema planetario, que quién sabe si tendrá vida o no. Si la tiene, llevará un mensaje de la Tierra, ya que, al igual que la Voyager 2, lleva a bordo un disco de oro con saludos en 55 idiomas, junto a música y 116 imágenes y sonidos de la Tierra. 

Ninguno de los ingenieros que escribió ese mensaje podrá saber nunca si alguien lo lee. Ni siquiera sabemos si la humanidad seguirá existiendo para ese momento. Pero, cuando hablamos del espacio, la incertidumbre suele ser la norma. De momento, es mejor pensar en el horizonte más cercano, que es ese en el que la Voyager 1 bate un récord más. Apenas quedan unos meses para que lo logre. 

Imágenes | NASA

En Xataka | El rescate de la Voyager 1 ha comenzado. Con 8 KB de memoria, un lenguaje de programación de 1957 y un lag sin igual

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