12 de enero de 2026

Eric Schmidt, ex-CEO de Google, está construyendo un enorme telescopio espacial. La pregunta no es cómo, sino para qué

Eric Schmidt, ex-CEO de Google, está construyendo un enorme telescopio espacial. La pregunta no es cómo, sino para qué

Si hoy alguien quisiera construir algo parecido a un nuevo Hubble, lo lógico sería pensar en años de informes, revisiones y comités antes de que la primera pieza de hardware siquiera se fabrique. Sin embargo, esa lógica acaba de romperse con un anuncio inesperado: Eric Schmidt, ex-CEO de Google, y su esposa Wendy han puesto sobre la mesa su propio dinero para impulsar no uno, sino cuatro telescopios, entre ellos un observatorio espacial de gran envergadura.

El movimiento no solo desafía la inercia del sector, sino que plantea una pregunta más profunda que la del presupuesto o la tecnología, qué persigue exactamente un antiguo directivo de Silicon Valley al meterse en el corazón de la astronomía moderna. Se trata de un proyecto impulsado por el Schmidt Observatory System, busca cubrir desde el cielo profundo hasta el estudio detallado de fenómenos transitorios.

Un cambio de modelo. En la actualidad, los telescopio están generalmente en manos agencias públicas y consorcios académicos. Construir espejos cada vez mayores y, después, poner instrumentos en órbita convirtió la astronomía en un asunto de presupuestos nacionales. La entrada de los Schmidt en este terreno sugiere que, con nuevas tecnologías y otra forma de financiar el riesgo, ese equilibrio histórico podría estar empezando a moverse de nuevo.

Riesgo, velocidad y ciencia abierta. El planteamiento detrás del sistema de observatorios no es competir con las agencias espaciales, sino cubrir el espacio que dejan sus propios procesos, largos, conservadores y muy condicionados por presupuestos públicos. Los Schmidt buscan financiar conceptos que ya han sido imaginados por la comunidad científica, pero que rara vez superan la barrera de la financiación oficial por su nivel de riesgo o por los plazos que exigen.

La pieza que da sentido al conjunto y que marca realmente la diferencia es Lazuli, el único de los cuatro proyectos que saldrá de la Tierra. Su objetivo es cubrir un amplio abanico de ciencia, desde eventos transitorios que duran minutos u horas hasta el estudio detallado de exoplanetas, con un nivel de flexibilidad que los grandes observatorios públicos no siempre pueden ofrecer.

Más lejos, más ágil. Una de las rupturas más claras de Lazuli frente al Hubble está en dónde va a operar y cómo. Mientras el telescopio de la NASA orbita a unos 500 kilómetros de la Tierra, Lazuli se situará mucho más lejos, en una órbita elíptica que debería darle una vista más despejada y permitir un enlace de datos rápido y continuo.

Lazuli Lazuli Space Observatory

En la descripción oficial, Schmidt Sciences enmarca esa operación en una órbita “lunar-resonant”. A eso se suma un espejo mayor, de 3,1 metros frente a los 2,4 metros de Hubble, y una filosofía de observación pensada para reaccionar con rapidez ante fenómenos inesperados.

Una plataforma, varios instrumentos. Lazuli está diseñado como una plataforma única que integra tres instrumentos pensados para cubrir desde observaciones de gran campo hasta el estudio detallado de exoplanetas y fenómenos transitorios.

  • Imager óptico de campo amplio con alta cadencia para series temporales fotométricas, campo de visión de 30′×15′ y filtros entre 300 y 1000 nm
  • Espectrógrafo de campo integral que cubre de forma continua 400–1700 nm, optimizado para espectrofotometría estable y clasificación rápida
  • Coronógrafo de alto contraste para observar directamente exoplanetas y entornos circumestelares, con contrastes de 10⁻⁸ y hasta 10⁻⁹ tras procesado

La era de los telescopios-array. Argus, DSA y LFAST son telescopios tradicionales, sino sistemas distribuidos que aprovechan los avances recientes en computación, almacenamiento y análisis automatizado. En lugar de concentrar todo en una sola estructura, reparten la captación de luz o de señales de radio entre decenas o miles de módulos que luego se sincronizan digitalmente. Esa modularidad pretende acelerar despliegues y abre la puerta a observar el cielo casi en tiempo real, algo fundamental para la astronomía de eventos fugaces.

Telescopios 2 Render del Argus Array (izquierda), Deep Synoptic Array (derecha)

Argus Array reunirá 1.200 telescopios ópticos en Texas para observar de forma casi continua el cielo del norte, con la idea de poder “rebobinar” lo ocurrido minutos u horas antes de un evento como una supernova. DSA, en Nevada y bajo la dirección de Caltech, desplegará 1.600 antenas de radio para mapear más de mil millones de fuentes y actualizar su visión del cielo cada quince minutos. LFAST, por su parte, se instalará en Arizona como un sistema de 20 espejos de 80 centímetros orientado a espectroscopía de gran apertura y a la búsqueda de biosignaturas, con un prototipo previsto para mediados de 2026.

Lo que los Schmidt han puesto en marcha es, en el fondo, un experimento sobre el propio sistema científico. Lazuli y sus tres compañeros en tierra pretenden mostrar que es posible construir observatorios de gran escala con más rapidez y con una apertura de datos que no siempre encaja en los modelos tradicionales. Que esa visión se materialice dependerá de factores aún por despejar, como los contratistas finales, los costes reales o la viabilidad de los calendarios, pero si sale bien, el impacto no se medirá solo en nuevos descubrimientos, sino en una nueva manera de decidir qué ciencia se hace.

Imágenes | Village Global | Schmidt Observatory System

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2025 MN45, el asteroide gigante que gira más rápido que un centrifugado

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Un objeto de 710 metros de diámetro —casi medio kilómetro— no suele pasar desapercibido, pero este lo ha hecho por un motivo poco habitual: su rotación. El asteroide bautizado como 2025 MN45 completa una vuelta sobre sí mismo en menos de dos minutos, un ritmo que lo convierte en el asteroide de más de 500 metros que gira más rápido detectado hasta ahora. La noticia la difundió Scientific American a partir de resultados presentados en la reunión anual de la American Astronomical Society y publicados en Astrophysical Journal Letters.

Para imaginarlo, piensa en una noria de feria del tamaño de una montaña pequeña. Si la haces girar tan rápido como una batidora, lo normal sería que algo cediera: tornillos, estructura, uniones. En el espacio, la física es igual de estricta. Que un cuerpo tan grande soporte esa velocidad dice mucho sobre su “arquitectura” interna.

Por qué girar tan rápido es un problema físico

Cuando un asteroide gira, la fuerza centrífuga “tira” de su material hacia fuera. Si el objeto es un conglomerado suelto, como un saco de grava, llega un momento en que se desmorona: los fragmentos pierden cohesión y se dispersan. Por eso, en astronomía se habla a menudo de un tipo de límite práctico para muchos asteroides grandes, relacionado con su capacidad para mantenerse unidos si están formados por material poco compacto.

Lo interesante de 2025 MN45 es que, por tamaño, debería estar especialmente penalizado. No estamos hablando de una roca de decenas de metros, sino de cientos. A escalas así, la gravedad propia del asteroide cuenta, pero no siempre basta para actuar como “pegamento” si la estructura interna es muy porosa. Que este objeto aguante un giro tan extremo sugiere que su interior no se comporta como un simple montón de escombros.

¿Roca sólida o “montón de escombros”?

Una de las frases más reveladoras que acompañan el hallazgo viene de Sarah Greenstreet, astrónoma asistente en NOIRLab: si gira tan rápido y no se rompe, “debe estar hecho de un material con una resistencia muy alta”. Traducido a algo cotidiano, sería la diferencia entre intentar girar una galleta compacta y un puñado de arena húmeda: la arena se deshace, la galleta aguanta… hasta que la fuerzas demasiado.

Durante años, una idea muy extendida es que muchos asteroides son “rubble piles” o asteroides de escombros, una mezcla de roca, polvo, hielo y fragmentos, mantenidos por una gravedad débil y contactos entre granos. Si 2025 MN45 se aleja de ese patrón, podría parecerse más a un bloque rocoso relativamente cohesionado, algo que, según se destaca en la comunicación de NOIRLab y colaboradores, resulta sorprendente para un objeto de este tipo.

Esta diferencia no es un detalle de laboratorio: cambia la forma en que interpretamos su historia. Un cuerpo muy cohesionado puede ser el trozo desprendido de un objeto mayor que se fracturó, o un remanente que evitó convertirse en “escombrera” tras impactos. Un cuerpo suelto, en cambio, suele contar una biografía de golpes y recombinaciones, como si el Sistema Solar hubiera jugado con él a construir y reconstruir.

El papel del Observatorio Vera C. Rubin y la astronomía “en modo ráfaga”

El hallazgo se atribuye al Observatorio Vera C. Rubin, ubicado en Chile, una instalación diseñada para observar el cielo con una cadencia altísima. En vez de mirar un objeto durante horas de forma continua, su enfoque es tomar “fotos” repetidas del firmamento, detectando cómo cambian las cosas con el tiempo. Es el tipo de estrategia que permite descubrir variaciones de brillo rápidas, justo lo que delata que un asteroide está girando a toda velocidad: al rotar, su superficie refleja luz de manera distinta, como una linterna que te apunta y se aparta rítmicamente.

Según la información difundida junto al anuncio, el Rubin se prepara para un sondeo de 10 años en el que captará imágenes de la bóveda celeste cada pocos días y generará cantidades gigantescas de información, del orden de decenas de terabytes por noche. Aquí la metáfora útil es la de una cámara de seguridad del tamaño de un planeta: no busca una única foto perfecta, busca una película completa del cielo.

En esa línea, Regina Rameika, responsable asociada de Física de Altas Energías en el Departamento de Energía de EE. UU., subrayó que este tipo de descubrimientos salen de la capacidad del observatorio para producir datos de alta resolución “dependientes del tiempo”, empujando lo que era observable hasta ahora. Dicho sin tecnicismos: cuando miras el cielo lo bastante rápido y lo bastante a menudo, aparecen comportamientos que antes se te escapaban.

Diecinueve gigantes veloces: el récord no viene solo

Otra pieza clave es que 2025 MN45 no aparece aislado. El mismo trabajo reporta 19 asteroides grandes de rotación rápida identificados con el telescopio. Esto importa porque un récord por sí solo puede ser una rareza; un grupo indica que hay una población que merece explicación.

Si piensas en coches, no es lo mismo encontrar un vehículo que “por algún motivo” corre muchísimo, que descubrir que existe toda una familia de modelos diseñados para ello. En ciencia, una muestra mayor permite comparar tamaños, ritmos de giro y pistas de composición, separando lo excepcional de lo representativo.

Qué nos puede contar sobre el origen del Sistema Solar

El interés de medir tamaño, velocidad de giro y composición no es simple curiosidad deportiva. Los asteroides son, en cierto sentido, archivos físicos del pasado: materiales que quedaron como sobrantes de la formación planetaria. Entender si un objeto es compacto o un agregado suelto ayuda a reconstruir cómo han actuado los impactos, la radiación solar y las fuerzas gravitatorias durante miles de millones de años.

Una hipótesis que suele entrar en juego cuando hablamos de cambios de rotación es el llamado efecto YORP, un empujón minúsculo pero constante debido a cómo un objeto irregular absorbe y reemite luz solar. Con el tiempo, ese empujón puede acelerar o frenar el giro. Si un asteroide termina girando demasiado deprisa, su estructura decide el final de la historia: se fragmenta, se reconfigura o resiste. En ese sentido, 2025 MN45 funciona como una prueba de estrés natural. Si aguanta, obliga a replantear cuánta cohesión pueden tener algunos cuerpos grandes.

Los datos presentados por equipos de NOIRLab, el SLAC National Accelerator Laboratory y colaboradores, con publicación en Astrophysical Journal Letters, encajan en esa idea: estudiar estos “girocópteros” cósmicos puede revelar pistas sobre su formación y, por extensión, sobre la arquitectura temprana del Sistema Solar.

Lo que viene con un sondeo de 10 años

La promesa del Rubin no es solo encontrar un asteroide que bate récords, sino convertir este tipo de hallazgos en rutina científica. Con observaciones repetidas y masivas, se podrán detectar más objetos de rotación extrema, ver si hay patrones por familias o regiones del cinturón de asteroides, y relacionar su comportamiento con propiedades observables desde la Tierra.

También es un recordatorio de cómo cambia la astronomía cuando la pregunta deja de ser “¿qué hay ahí?” y pasa a ser “¿cómo se comporta con el tiempo?”. Un asteroide que gira en menos de dos minutos no necesita un telescopio que mire más profundo; necesita un telescopio que mire más rápido. 2025 MN45 es, por ahora, la señal más llamativa de que esa era de “astronomía en vídeo” está a punto de coger velocidad.


La noticia 2025 MN45, el asteroide gigante que gira más rápido que un centrifugado fue publicada originalmente en Wwwhatsnew.com por Natalia Polo.


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Webb detecta en Sextans A un “polvo” cósmico inesperado que recuerda al universo primitivo

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El telescopio espacial James Webb de NASA ha vuelto a jugar a detective del cosmos en un lugar que, por su tamaño y composición, funciona como una máquina del tiempo razonable: la galaxia enana Sextans A, situada a unos 4 millones de años luz. No es la distancia lo que la hace especial, sino su “pobreza” química. En astronomía, cuando se habla de metalicidad se engloba todo lo que no es hidrógeno ni helio; es decir, los elementos más pesados que se fabrican dentro de las estrellas y se dispersan cuando estas envejecen o explotan. Sextans A conserva solo una pequeña fracción de esos elementos, en torno al 3–7% de lo que tiene el Sol.

Esa escasez convierte a Sextans A en un análogo útil de las primeras galaxias. Poco después del Big Bang, el universo era casi todo hidrógeno y helio, y la “despensa” de elementos pesados tardó en llenarse. Estudiar una galaxia actual con tan baja metalicidad permite observar procesos que, en el universo temprano, debieron de ocurrir con ingredientes limitados. La propia NASA y el Space Telescope Science Institute (STScI) lo describen como una oportunidad rara: ver estrellas individuales y nubes interestelares trabajando con una química parecida a la de aquella época.

La sorpresa del polvo de hierro y el carburo de silicio

La noticia no es solo que haya polvo cósmico en un entorno tan poco enriquecido; es el tipo de polvo que Webb ha identificado. En uno de los estudios, publicado en The Astrophysical Journal, el equipo analizó varias estrellas en una fase avanzada de su vida llamadas estrellas AGB (ramal asintótico de las gigantes). Son astros de masa moderada, entre una y ocho veces la del Sol, que en su vejez se hinchan, expulsan material y pueden sembrar el espacio con compuestos sólidos.

Aquí llega el giro: en un régimen de metalicidad tan bajo, muchos modelos esperaban que estas estrellas fueran casi “tacañas” fabricando granos sólidos, porque faltan piezas clave. Si lo llevamos a una escena cotidiana, sería como intentar cocinar pan sin harina: puedes improvisar, pero no esperas obtener una hogaza clásica. En galaxias como la Vía Láctea, lo normal es encontrar polvo dominado por silicatos en estrellas ricas en oxígeno, porque hay suficiente silicio y magnesio. En Sextans A, esos elementos escasean.

Webb, sin embargo, ha detectado una estrella AGB “pesada” que parece producir granos compuestos casi por completo de hierro metálico. Es un resultado llamativo porque ese tipo de polvo puede ser muy eficaz absorbiendo luz y calor, pero no deja firmas espectrales tan “afiladas” como otros minerales. Dicho de otra manera: puede estar ahí, en cantidades relevantes, sin gritar su presencia con una huella fácil de reconocer. Eso abre una puerta interesante para explicar por qué algunas galaxias muy lejanas —y por tanto muy antiguas— muestran reservas de polvo grandes para lo que se esperaba.

El trabajo también informa de otro ingrediente inesperado: carburo de silicio (SiC) producido por estrellas AGB menos masivas, pese a que el silicio tampoco abunda en esta galaxia. Que el SiC aparezca en un entorno así sugiere que las estrellas pueden encontrar “recetas alternativas” para condensar sólidos, incluso cuando los elementos disponibles son pocos. No es magia: es química estelar empujada al límite, donde pequeñas cantidades y condiciones físicas específicas pueden bastar para que se formen granos resistentes.

PAH: minúsculas islas orgánicas en un mar pobre en metales

El segundo hallazgo se centra en el medio interestelar: el espacio entre estrellas, con su gas y sus partículas. Webb observó allí hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAH), moléculas grandes basadas en carbono que, cuando reciben radiación, pueden brillar en el infrarrojo. En astronomía, los PAH suelen asociarse con regiones de formación estelar y con ambientes donde el polvo y el gas se organizan de formas complejas.

Lo relevante no es solo detectarlos, sino el “cómo” y el “dónde”. Según el equipo, Sextans A se convierte en la galaxia de menor metalicidad conocida con presencia de PAH. En galaxias más ricas en metales es frecuente ver emisiones de PAH extendidas y relativamente suaves, como una neblina repartida por grandes zonas. Webb, en cambio, los muestra concentrados en pequeños cúmulos densos, de apenas unos pocos años luz de tamaño.

La imagen mental aquí es la de una costa con calas protegidas. Si el mar abierto es duro —radiación intensa, menos material que amortigüe los golpes—, esas calas permiten que estructuras frágiles se formen y sobrevivan. En términos físicos, esos bolsillos de gas más denso y algo más “blindado” por polvo podrían dar a los PAH el refugio necesario para crecer sin ser destruidos. Este detalle también ayuda a resolver un rompecabezas clásico: por qué los PAH parecen “desaparecer” en galaxias pobres en metales. No es que no existan nunca; es que no están distribuidos de manera generosa, sino escondidos en zonas pequeñas y protegidas.

El grupo, presentado en la reunión 247 de la American Astronomical Society (AAS), tiene aprobado un programa del Webb (Ciclo 4) para estudiar estos cúmulos con espectroscopia de alta resolución, lo que permitirá afinar la química: qué variantes de PAH dominan, cómo cambia su estructura, y qué condiciones exactas favorecen su persistencia.

Por qué este polvo importa para la historia de las galaxias

Hablar de “polvo” puede sonar poco glamuroso, pero en astrofísica es un actor principal. El polvo interestelar influye en la temperatura del gas, en cómo se forman estrellas, en cómo se atenúa la luz que vemos y, con el tiempo, en los materiales que terminarán en discos protoplanetarios. Si en el universo temprano existían rutas más variadas para fabricar polvo —no solo supernovas, sino también estrellas AGB con química poco habitual—, entonces cambia la lectura de las galaxias más lejanas que Webb está observando.

El polvo de hierro es especialmente sugerente porque puede absorber radiación de forma eficiente sin ofrecer señales espectrales fáciles. Si parte del polvo en galaxias primitivas se parece más a este tipo que a los silicatos “clásicos”, algunas estimaciones previas podrían haber infravalorado cuánta masa sólida se estaba formando. Y si el polvo aparece antes y con más diversidad de la esperada, los procesos de enfriamiento del gas y el arranque de la formación estelar podrían ser más rápidos o distintos a lo que se asumía en ciertos modelos.

La presencia de PAH en una galaxia tan metal-pobre también aporta una pista sobre el surgimiento temprano de química compleja. No significa “vida”, ni siquiera previda, pero sí habla de una capacidad del universo para producir estructuras ricas en carbono en condiciones que parecían poco favorables. Es como descubrir que, incluso con una despensa muy limitada, la naturaleza no solo cocina, sino que se permite preparar platos con texturas variadas.

Lo que viene: preguntas nuevas para un universo más ingenioso

Estos resultados dejan varias líneas abiertas. Una es cuantitativa: cuánto polvo total puede explicar el canal de estrellas AGB en ambientes de baja metalicidad, y cuánto se necesita invocar otras fuentes. Otra es cualitativa: cómo cambia la mezcla de minerales y moléculas cuando faltan elementos pesados, y qué efecto tiene esa mezcla en la apariencia de las galaxias distantes que Webb detecta.

Sextans A seguirá siendo un banco de pruebas porque está lo bastante cerca como para estudiar zonas concretas y estrellas individuales, algo imposible en la mayoría de galaxias del universo temprano real. Con instrumentos como MIRI y NIRCam, Webb está mostrando que la historia del polvo no es una línea recta: se parece más a una colección de atajos, soluciones improvisadas y pequeñas regiones protegidas donde la materia encuentra formas de organizarse.




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Es el programador más importante de toda la historia. Y también él ha acabado por usar IA para programar

Es el programador más importante de toda la historia. Y también él ha acabado por usar IA para programar

Linus Torvalds, creador del kernel Linux, se vio estas navidades con algo de tiempo libre, así que quiso dedicarlo a un proyecto personal que tenía aparcado: una aplicación capaz de generar efectos de audio digital a la que ha llamado AudioNoise. Lo curioso no es que se haya puesto a programar por su cuenta, sino qué ha acabdo haciendo con parte de esa aplicación.

Linus prueba con el Vibe coding. Este proyecto cuenta con una descripción en GitHub que guarda una sorpresa. En el último parrafo de la misma indica que 

"También hay que tener en cuenta que la herramienta de visualización Python ha sido escrita básicamente mediante vibe-coding. Sé más sobre filtros analógicos (lo cual no es decir mucho) que sobre Python. Empecé con mi típica forma de programar, que consiste en «buscar en Google y copiar lo que veo», pero luego eliminé al intermediario (yo mismo) y utilicé Google Antigravity para crear el visualizador de muestras de audio".

El mejor programador programa como cualquier otro. La declaración es sorprendentemente sincera y honesta por parte del que probablemente sea el programador más importante de toda la historia. Admitir que su forma típica de programar es "buscar en Google y copiar lo que veo" es ya curioso, pero es que parte de la programación precisamente consite en buscar soluciones de otros y copiarlas o adaptarlas en sus propios proyectos. 

La IA puede ayudar. La otra (gran sorpresa) llega por supuesto cuando indica que la herramienta de visualización de su proyecto no la ha programado él, sino que lo ha hecho la herramienta de Google, Antigravity. Este entorno de desarrollo integrado (IDE) permite trabajar directamente con Gemini 3 en distintas versiones e incluso con Claude Sonnet y Opus 4.5, y a pesar de haber sido lanzado hace pocos meses se está convirtiendo en una de las herramientas favoritas de los desarrolladores veteranos pero también de aquellos que comienzan a hacer realidad sus ideas sin tener demasiados conocimientos. Que me lo digan a mí.

Captura De Pantalla 2026 01 12 A Las 13 47 31 Copia 2 Ese visualizador lo ha programado Linus Torvalds. O más bien,. Antigravity controlado por Linus Torvalds.

Probando. En Xataka teníamos curiosidad por probar qué hacía ese visualizador, así que hemos clonado el repositorio de GitHub, le hemos pedido a Claude Code que nos explique cómo funciona el proyecto y tras un par de cambios rápidos hemos podido probarlo con un pequeño fichero de audio. Lo que hace el proyecto es implementar efectos de audio digital (están 'phaser', 'echo', 'flanger', 'fm' y 'discont') y luego, si uno quiere, aplicar la visualización. Esa visualización compara el audio original con el procesado para ver cómo el efecto modifica la forma de onda. 

Subsurface Captura de Subsurface

Los otros proyectos de Linus. Aunque Linus Torvalds es el responsable máximo de la evolución del kernel Linux, ya es habitual verle desarrollar algunos proyectos paralelos y totalmente independientes. Las navidades pasadas ya creó su propio software para pedales de guitarra, y en 2011 inició el desarrollo de Subsurface, una aplicación para registrar y planificar inmersiones de submarinismo, una actividad a la que es muy aficionado. El repositorio de GitHub actual está mantenido por varios desarrolladores entre los que destaca Dirk Hohndel, que fue uno de los primeros desarrolladores del kernel Linux junto a Linus Torvalds.

La IA es una herramienta. En una reciente participación en el canal de YouTube de Linus Tech Tips, Linus Torvalds hablaba de cómo veía él el mundo de la IA. En su opinión:

"La IA será una herramienta, y hará que la gente sea más productiva. Creo que el vibe coding es genial para lograr que la gente comience a programar. Creo que [el código que genere] va a ser algo horrible de mantener... así que no creo que los programadores desaparezcan. Aún querrás tener a gente que sepa cómo mantener el resultado".

Y funciona para proyectos personales. Ese discurso precisamente se alinea con este pequeño "experimento" que ha utilizado en ese proyecto personal: de momento para proyectos de ese tipo utilizar herramientas como Antigravity puede ser una gran idea, aunque ciertamente no lo parezca tanto para proyectos más grandes en producción. Así, no parece probable que la IA pueda estar usándose para modificar el código de Linux... de momento. Eso, por supuesto, puede cambiar en el futuro, pero como dice Torvalds, para este tipo de desarrollos será necesaria una supervisión notable (y probablemente humana) que valide que todo se ha hecho correctamente.

Imagen | TED Conference

En Xataka | Bill Gates y Linus Torvalds llevaban 30 años siendo rivales. Lo gracioso es que acaban de conocerse y se han hecho un selfie

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La noticia Es el programador más importante de toda la historia. Y también él ha acabado por usar IA para programar fue publicada originalmente en Xataka por Javier Pastor .



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La ciencia ha investigado por qué nos mordemos las uñas o lo dejamos todo para el último instante: "explosiones controladas"

La ciencia ha investigado por qué nos mordemos las uñas o lo dejamos todo para el último instante: "explosiones controladas"

Mordernos las uñas hasta que te duele, un atracón de comida basura tras un día estresante o abrir TikTok justo cuando tenemos que empezar a trabajar, no es un hábito irritante que desearíamos borrar de nuestro día a día. Pero la realidad es que la ciencia está empezando a ver estos comportamientos de una forma radicalmente distinta: como una estrategia de protección del organismo

El cerebro busca la supervivencia. Tal y como apuntan diferentes expertos como por ejemplo el psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland, autor de Controlled Explosions in Mental Health, nuestro cerebro prefiere infligirse un "microdaño" controlado antes que enfrentarse a una amenaza mayor e impredecible.

Y es que la premisa de la que parten la neurociencia afectiva y la psicología evolutiva es contundente: nuestro cerebro no está programado para que seamos felices, sino que está programado para buscar la supervivencia. Que es precisamente lo que hacíamos hace miles de años cuando tratábamos de cazar o huir de los depredadores. Sistemas que todavía están muy presentes en nuestra genética.

Un sistema hipersensible. Este sistema de detección de amenazas es hoy hipersensible. En el mundo moderno no tenemos que huir de un depredador, pero una crítica del jefe o el miedo a fracasar en un proyecto activan las mismas alarmas que un depredador en la sabana activaban en nuestros antepasados. 

Y ante este estrés insoportable, el cerebro busca una vía de escape que actúa como una "válvula de seguridad". Es lo que Heriot-Maitland denomina "explosiones controladas".

Morderse las uñas. ¿Por qué algo tan absurdo como comerse las uñas o pellizcarse la piel puede ser "protector"? La clave está en la predictibilidad. Y es que en un mundo caótico y una amenaza emocional, abstracta y difícil de manejar, provocarnos un pequeño daño físico (como morderse una cutícula), hace que el cerebro desvíe la atención hacia un estímulo concreto, real y sobre todo bajo nuestro control. 

De esta manera funciona como una "señal costosa", puesto que preferimos un daño pequeño y conocido para amortiguar un dolor emocional que percibimos como potencialmente devastador. 

Procrastinar no es pereza. La literatura científica habla en este sentido de la self-handicapping (autolimitación), que sugiere que nos ponemos trabas a nosotros mismos para proteger nuestra autoestima. 

De esta manera, si dejas de estudiar para un examen y suspendes, puedes decirte: "He suspendido porque no estudié". Es un daño pequeño para tu ego. Sin embargo, si estudias al máximo y suspendes, la conclusión es mucho más dolorosa: "He suspendido porque no soy capaz". El cerebro prefiere la narrativa de la falta de esfuerzo (el microdaño) antes que enfrentarse a la amenaza de la incompetencia que supone un mayor daño emocional para cualquiera. 

No es exclusivo nuestro. En la naturaleza, hay numerosos insectos sociales que llegan a la autoinmolación defensiva para poder salvar a su colonia como ya vimos. En nuestro caso, el mecanismo es algo similar a este: sacrificamos nuestro actual bienestar, como por ejemplo la salud física, para reducir un riesgo percibido a largo plazo. 

El problema es que este sistema está diseñado para situaciones de vida o muerte, no para gestionar el estrés crónico del siglo XXI. De esta manera, lo que empezó siendo una defensa útil acaba convirtiéndose en un patrón autoderrotista que genera más ansiedad de la que alivia.

Cómo evitarlo. Si entendemos que modernos las uñas o procrastinar son mecanismos de defensa, la solución cambia por completo. De esta manera, las terapias modernas, como la Terapia Centrada en la Compasión, proponen que el primer paso no es luchar contra el hábito, sino comprender el porqué de su existencia. 

Lo más importante en este caso es no castigarse, puesto que la autocrítica es percibida por el cerebro como otra amenaza más, lo que refuerza la necesidad de recurrir al hábito destructivo para calmarse. De esta manera, si generamos seguridad, el cerebro no tendrá la necesidad de provocar estas "explosiones controladas". 

Imágenes | Sander Sammy Tim Gouw

En Xataka | La procrastinación es una de las grandes tentaciones de la mente. Hay técnicas para esquivarla, según la ciencia

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La noticia La ciencia ha investigado por qué nos mordemos las uñas o lo dejamos todo para el último instante: "explosiones controladas" fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .



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