30 de mayo de 2026

Pensabas que la cerveza te acabó gustando por costumbre. La ciencia ha visto muchas vías para adquirir este gusto

Pensabas que la cerveza te acabó gustando por costumbre. La ciencia ha visto muchas vías para adquirir este gusto

Hay muchas personas que no soportan ciertos alimentos, como por ejemplo el odiado brócoli o la coliflor, que para algunos es incomible e incluso no llegan a entender cómo le puede gustar a alguien eso. Esto también ocurre cuando por primera vez se toma un sorbo de café o un trago de cerveza cuyo sabor fuerte puede echar para atrás a cualquiera. Sin embargo, unos años después, esa misma bebida amarga forma parte de la rutina diaria o incluso es un placer, como ocurre con la cerveza. 

¿Cómo es posible? Esta es la pregunta que nos podemos hacer por estos cambios de gusto tan repentinos, y la verdad es que está bastante documentado bajo el término "gusto adquirido". Con estas dos palabras se explica no solo por qué cambian nuestras preferencias, sino cómo nuestro cerebro es capaz de reescribir sus propias alertas de peligro para transformar el rechazo en una recompensa. 

Sobrevivir. Para entender por qué aprendemos a amar ciertos sabores, primero hay que entender por qué los odiamos al principio. Gran parte de la culpa la tiene la neofobia alimentaria, que no es otra cosa que el miedo o rechazo a probar alimentos nuevos, ya que aunque en la infancia solemos etiquetarlo como "ser quisquilloso", desde un punto de vista evolutivo es un sofisticado mecanismo de defensa. 

Si echamos la vista atrás hacia la prehistoria, los niños se llevaban a la boca cualquier cosa que se encontraban; como una baya nueva o una planta amarga, tenían muchas papeletas para acabar envenenados. Es por ello que cualquier sabor amargo para nuestro cerebro es señal de toxicidad y, por ende, hay que rechazarlo. Aunque no sea así, como ocurre con muchos alimentos. 

Es genético. Lo interesante es que este rechazo viene programado de fábrica y tiene un fortísimo componente genético. Esto se ha visto en estudios hechos en gemelos que demostraron que la neofobia alimentaria infantil es altamente heredable, estimándose esa heredabilidad en hasta un 72% durante etapas tempranas. Esta predisposición genética se asocia a menudo con una menor aceptación de sabores y texturas diversas, y una dieta más restrictiva en la infancia.

Pero la genética solo reparte las cartas con las que después vamos a jugar en un gran entorno, puesto que el 28% de las probabilidades dejan un margen para los factores ambientales. 

Hackeando el cerebro. Aquí la cuestión es que si la biología nos tiene programados para escupir el café por ser amargo... ¿Por qué mucha gente está enganchada a él? La respuesta está en los mecanismos cerebrales de aprendizaje del sabor y la memoria, ya que nuestro cerebro evalúa constantemente las consecuencias post-ingesta de lo que comemos. Esto es lo que explica, por ejemplo, que si tenemos muchos vómitos tras comer una tortilla, comencemos a dejarla de lado posteriormente porque lo relacionamos con enfermedad. 

Pero si tomamos algo amargo y, en lugar de enfermar o morir, obtenemos un chute de energía como con la cafeína o una desinhibición social como ocurre con el alcohol, el cerebro actualiza su base de datos y apunta a que el riesgo valió la pena y consiguió algo positivo. 

La exposición repetida. Para poder introducir nuevos alimentos dentro de una dieta que está siendo desarrollada, como ocurre en los niños, la ciencia apunta a que la constancia derriba este asco que genera. Sin embargo, la exposición visual por sí sola no es suficiente para romper esta 'fobia', sino que el contacto oral repetido es necesario para que el sistema nervioso se adapte y acepte el alimento.

Para facilitar este proceso, los humanos hemos pensado en técnicas como, por ejemplo, endulzar la comida, y es por eso que surge el hecho de echar azúcar al café o tomarlo con leche. Esto actúa como un puente neuropsicológico para apuntar al cerebro que estas son calorías seguras. 

El modelo social es una de las herramientas más importantes para intervenir en nuestros gustos. Aquí los estudios en lactantes sugieren que ver a los padres disfrutar de un alimento desconocido aumenta significativamente la aceptación en los bebés. Y el razonamiento es bastante sencillo, puesto que si el adulto lo come y no sufre daños, el alimento es considerado seguro para seguir tomándolo. 

Y cuando se va creciendo, gran parte de los sabores adquiridos en la adolescencia, como la cerveza o platos tradicionales, se adoptan porque están fuertemente ligados a contextos de socialización y aceptación grupal, ya que si un amigo lo toma y no le pasa nada, es porque está todo bien. 

Imágenes | Louis Hansel 

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El mito del pez dorado es falso, pero el 'popcorn brain' es real: así destruye TikTok nuestra concentración de forma silenciosa

El mito del pez dorado es falso, pero el 'popcorn brain' es real: así destruye TikTok nuestra concentración de forma silenciosa

Abres Instagram por decimoctava vez en la misma hora. No hay notificación. No hay razón. Solo el gesto automático, el deslizamiento hacia arriba y la pantalla iluminándose de nuevo. En algún momento del día también habrás intentado leer un artículo largo y habrás abandonado a mitad. O habrás empezado una tarea de trabajo y, sin saber bien cómo, te habrás encontrado viendo vídeos que no habías buscado. O habrás abierto una aplicación para hacer una cosa y habrás terminado haciendo otra.

Si te reconoces en alguna de estas escenas, no es falta de fuerza de voluntad. Es el resultado de un sistema diseñado, con precisión y con millones de euros de inversión en neurociencia conductual, para que exactamente eso ocurra. La pregunta no es si te ha pasado. La pregunta es qué le ha hecho a tu cerebro que lleve años pasándote.

El diagnóstico tiene nombre: 'Popcorn brain'

El término lo acuñó David Levy, científico e informático de la Universidad de Washington, para describir un estado mental que muchos empezamos a reconocer como propio: pensamientos dispersos, atención que salta de un tema a otro como palomitas de maíz explotando en todas direcciones, incapacidad de sostener el foco en una sola cosa durante un tiempo prolongado. 

La Universidad de Cambridge lo incorporó a su diccionario oficial como "condición psicológica en la que alguien no puede mantener su mente y atención fijas en nada, causada por pasar demasiado tiempo en las redes sociales".

Que un fenómeno de salud mental derivado del uso tecnológico haya entrado en el diccionario académico no es un dato menor. Significa que ha dejado de ser una queja difusa de gente que no sabe gestionar su tiempo para convertirse en un objeto de estudio con entidad propia. 

De hecho, los números ayudan a entender la escala del problema. Según el informe El dilema digital: la infancia en una encrucijada, elaborado por la empresa de control parental Qustodio, el tiempo que los menores pasan en TikTok creció un 59% entre 2020 y 2024, pasando de 65 a 103 minutos diarios. En Instagram, el aumento fue del 38%, de 63 a 87 minutos al día. Son datos sobre niños y adolescentes, pero el patrón se replica en adultos.

El fin del trabajo profundo

En el mundo laboral, la situación es igualmente preocupante. Un recopilatorio de estadísticas de atención con datos del informe Microsoft Work Trend Index y de TeamStage revela que el 59% de los empleados reconoce no poder concentrarse durante 30 minutos seguidos sin ser interrumpido por alguna distracción digital.

El teléfono móvil es la principal fuente de esa distracción para la mitad de los trabajadores. Y cada vez que alguien cede a una notificación, según la investigadora y experta en desconexión digital Anastasia Dedyukhina, necesita entre 8 y 15 minutos para recuperar el nivel de concentración previo.

Treinta minutos, por cierto, es el umbral mínimo que la mayoría de los expertos en productividad considera necesario para cualquier trabajo cognitivamente exigente: redactar, analizar, programar, pensar estratégicamente. Si más de la mitad de los trabajadores no llega a ese umbral, el trabajo profundo se ha vuelto, en la práctica, casi inaccesible. "Nos pasamos horas viendo y escuchando una infinidad de contenido del que no se recuerda ni una cuarta parte, y mucho menos se ha podido profundizar en alguno", explica Marcela Luchetta, psicóloga y psicoanalista para El País

No es solo un problema individual. El sociólogo e investigador Sergio González, en declaraciones recogidas en el mismo medio, lo sitúa en un contexto más amplio: "La atención se ha convertido en un recurso escaso y muy disputado, y no solo vivimos rodeados de estímulos digitales constantes, sino que además impera un ritmo de vida cada vez más acelerado, donde se atiende el trabajo, el hogar, los cuidados, el ocio... Todo a la vez". 

El popcorn brain, en este sentido, no es solo la consecuencia de mirar el móvil demasiado. Es la consecuencia de cómo está organizada la vida contemporánea.

Lo que ocurre dentro del cerebro cuando haces scroll

Para entender el popcorn brain hay que entender primero por qué el cerebro se engancha. Y para eso hay que hablar de dopamina.

Un estudio publicado en la revista Cureus analiza el impacto neurobiológico del uso prolongado de redes sociales. Sus conclusiones son contundentes: la interacción frecuente con estas plataformas altera las vías dopaminérgicas, el sistema de procesamiento de recompensas del cerebro, generando una dependencia funcionalmente similar a la que producen ciertas sustancias adictivas. Además, los cambios observados en la actividad de la corteza prefrontal —la zona implicada en la toma de decisiones y el control de los impulsos— y de la amígdala, sugieren un aumento de la sensibilidad emocional y un deterioro en las capacidades ejecutivas.

El mecanismo es simple, aunque sus consecuencias no lo sean. Las plataformas digitales están diseñadas para ofrecer recompensas variables e impredecibles: nunca sabes si el siguiente vídeo o la siguiente notificación te va a dar una sensación de placer. Es exactamente la misma lógica que mantiene a la gente frente a una máquina tragaperras. La incertidumbre no frena el comportamiento: lo alimenta.

Un segundo estudio publicado en la misma revista, esta vez con mediciones de electroencefalografía (EEG) en tiempo real, añade datos más precisos. Los investigadores analizaron a 500 usuarios durante seis meses y encontraron que quienes hacían scroll durante más de dos horas diarias experimentaban una caída del 35% en el control de impulsos prefrontal. El estudio también registró que el algoritmo de TikTok genera picos de actividad gamma —asociada a momentos de alta recompensa cognitiva— del 62% cuando alterna vídeos de contenido ligero con contenido de naturaleza más seria o política. El cerebro, literalmente, entra en un estado de alerta y recompensa constante.

Pero quizá el hallazgo más perturbador viene de un experimento realizado en Holy Family University sobre la memoria prospectiva —la capacidad de recordar que hay que hacer algo en el futuro—. Tras una sesión de uso de TikTok, el rendimiento de los participantes en estas pruebas cayó tan drásticamente que apenas superaban el umbral del azar. Ni X ni YouTube generaron el mismo efecto en las mismas condiciones. Hay algo específico en la arquitectura del scroll corto, rápido y algorítmicamente optimizado de TikTok que interfiere con funciones cognitivas básicas.

El algortimo te atrapa

Esta interferencia en nuestra atención y memoria no es un fallo accidental del sistema, sino su mayor éxito. Si nuestras capacidades flaquean tras usar estas aplicaciones, es porque han sido hackeadas de manera deliberada para retenernos en un bucle sin fin.

Uno de los estudios más citados para entenderlo fue publicado en Nature Communications. Aplicando modelos computacionales, los investigadores demostraron que el comportamiento de los usuarios en redes sociales sigue los mismos principios que rigen el aprendizaje por condicionamiento animal: los usuarios espacian sus publicaciones y sus interacciones para maximizar la tasa promedio de recompensas sociales acumuladas. No es una decisión consciente. Es el cerebro optimizando automáticamente su exposición a estímulos gratificantes.

Esto tiene una implicación directa: las plataformas no están aprovechándose de una debilidad humana accidental. Están construidas específicamente para activar mecanismos evolutivos de recompensa que no tenemos forma de resistir de manera instintiva. Los algoritmos no son neutrales. Son máquinas de captura de atención que se perfeccionan continuamente.

La psicóloga experta en ciberseguridad Ariadna Vilalta lo desarrolla en su libro Una vida siempre en línea: los algoritmos priorizan el contenido que genera más interacción, manteniendo al usuario en un estado de alerta continua que, a la larga, dificulta la concentración en tareas prolongadas. No es un efecto secundario. Es el objetivo.

La adaptación frente al deterioro

Antes de caer en el catastrofismo, conviene introducir algunos matices importantes.

El primero, sobre los propios datos. Uno de los mitos más repetidos en las últimas décadas —el de que el ser humano tiene un span de atención de ocho segundos, inferior al de un pez dorado— ha sido desmontado. Según el recopilatorio de estadísticas sobre atención de SpeakWise, no existe ninguna investigación revisada por pares que respalde esa cifra. El problema de la atención fragmentada es real, pero los números que circulan en redes son a menudo más virales que precisos.

El segundo matiz lo aporta el sociólogo Sergio González: el cerebro no está simplemente perdiendo capacidades. Está adaptándose a un entorno que funciona con otras lógicas, desarrollando nuevas formas de procesar información de manera más inmediata y dinámica. El problema no es la adaptación en sí, sino cuando esa lógica de lo rápido invade todos los ámbitos, incluidos aquellos que requieren tiempo, como el aprendizaje profundo o el pensamiento reflexivo.

El tercero tiene que ver con el daño agudo frente al crónico. Un estudio publicado en PubMed encontró que una sesión única de 30 minutos en redes sociales no produce un deterioro cognitivo inmediato y medible en adolescentes. Esto es relevante: el daño no es instantáneo ni dramático. Es acumulativo. Es el hábito mantenido durante semanas y meses el que erosiona la atención, no el momento aislado.

Y hay un cuarto matiz, quizá el más incómodo: el popcorn brain no es lo mismo que el TDAH. El trastorno por déficit de atención e hiperactividad es una condición neurológica del desarrollo, crónica y con base genética. El popcorn brain es una respuesta del cerebro a su entorno, modificable si ese entorno cambia. Confundirlos puede llevar tanto a sobrediagnosticar el TDAH como a minimizarlo.

Treinta minutos al día pueden marcar la diferencia

¿Tiene solución? Los estudios sugieren que sí, aunque no una cómoda ni inmediata. Un estudio publicado en JAMA Psychiatry encontró que limitar el uso de redes sociales a 30 minutos diarios producía reducciones significativas en los niveles de soledad y depresión de los participantes. No hacía falta la abstinencia total. Bastaba con poner un límite concreto y mantenerlo.

Para empezar a revertir este efecto de "cerebro de palomitas", los expertos en salud digital recomiendan implementar pequeñas fricciones en nuestro día a día:

  • Desactiva las notificaciones no esenciales: Deja operativas únicamente las alertas que requieran tu atención urgente (llamadas o mensajes directos de contactos clave) y silencia las insignias rojas de las redes sociales.
  • Aplica la distancia física: La mera presencia del teléfono en la mesa de trabajo, incluso boca abajo, reduce tu capacidad cognitiva. Si necesitas concentrarte, déjalo en otra habitación.
  • Utiliza los límites del sistema: Configura los temporizadores nativos de tu smartphone (Tiempo de Uso en iOS o Bienestar Digital en Android) para que bloqueen el uso de las aplicaciones más adictivas tras 30 minutos diarios.
  • Recupera el derecho a aburrirte: Acostumbra a tu cerebro a no recibir un estímulo visual constante en los tiempos muertos, como hacer la fila en el supermercado o esperar el transporte público.

Volvamos a la escena del principio. El gesto automático de abrir Instagram. La aplicación que se abre sola. El artículo que no llegas a terminar. Ahora sabes que detrás de ese gesto hay décadas de investigación, algoritmos entrenados para encontrar el contenido exacto que va a mantenerte un segundo más en la pantalla, y un modelo de negocio que monetiza cada minuto de tu atención. No es debilidad. Es una enorme asimetría entre lo que tu cerebro puede resistir y lo que la industria tecnológica ha aprendido a explotar.

La pregunta que queda abierta es de quién es la responsabilidad. ¿Del usuario, de las plataformas, o de los reguladores?

Lo que sí sabemos es que la atención es el recurso más escaso y más disputado de la economía contemporánea. Y que la ventaja del futuro no la tendrán quienes respondan más rápido a los mensajes, sino quienes hayan aprendido a proteger el espacio mental necesario para pensar bien.

El cerebro de palomitas puede revertirse. Pero primero hay que dejar de mirar la pantalla el tiempo suficiente para darse cuenta de que está ahí.

Imagen | Pexels

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La noticia El mito del pez dorado es falso, pero el 'popcorn brain' es real: así destruye TikTok nuestra concentración de forma silenciosa fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .



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Google creó el mejor buscador del mundo y después lo destruyó con sus propias manos. DuckDuckGo se está aprovechando

Google creó el mejor buscador del mundo y después lo destruyó con sus propias manos. DuckDuckGo se está aprovechando

Buscar cosas en Google ya no es lo mismo. El gigante tecnológico está convirtiendo su buscador tradicional en otra cosa muy distinta en la que la IA está tomando el control nos guste o no. La buena noticia es que si no nos gusta, tenemos alternativas, y precisamente en DuckDuckGo están aprovechando muy bien esta oportunidad.

Los tiempos cambian. Durante cerca de tres décadas, Google ha sido la puerta de entrada a esa tradicional lista de enlaces azules que el buscador presentaba como resultados. En los últimos años el buscador se está convirtiendo en un motor de IA que intenta anticiparse a las intenciones del usuario y autocompleta consultas con largas respuestas. 

AI Overviews. La llegada de las AI Overviews (Resúmenes de IA) ha hecho que en el buscador se responda directamente a las  preguntas en la parte superior de la página, pero ese movimiento está siendo muy criticado. La razón es simple: Google se está cargando esos enlaces azules que defendió durante más de 25 años. El nuevo AI Mode va en esa misma dirección y apunta a un futuro en el que no preguntaremos cosas al buscador Google, sino que simplemente conversaremos con él.

DuckDuckGo aprovecha su ocasión. El CEO de DuckDuckGo, Gabriel Weinberg, indicó recientemente que "Google está imponiendo la IA sin que haya forma de desactivarla". Eso no ha gustado a cierto sector de usuarios que están comenzando a utilizar alternativas que les devuelven el control. Eso son buenas noticias para DuckDuckGo, que ha visto cómo cada vez más usuarios comenzaban a usar sus servicios:

  • Las descargas de la app de DuckDuckGo en EEUU crecieron un 18,1% de media semanalmente, y se alcanzaron picos del 30,5% el pasado 25 de mayo
  • La tasa de adopción en dispositivos de Apple fue aún mayor, con una subida media del 33% y un pico del 69,9%.
  • Las visitas a la página específica libre de IA, noai.duckduckgo.com, aumentaron de media un 22,7% de semana en semana.

Búsquedas como las de antes, y privadas. Las ventajas de DuckDuckGo son llamativas para quienes buscan alternativas al buscador de Google. Para empezar, DuckDuckGo tiene esa citada página que evita cualquier rastro de IA. Si quieres usar IA puedes, pero e ese caso tendrás acceso a modelos algo más modestos (Claude 4.5 Haiku, GPT-5 mini, Llama 4 Scout, puedes pagar para acceder a modelos mejores) pero con los que tus conversaciones se mantendrán privadas. Además DuckDuckGo borra IPs y prohíbe el uso de esas conversaciones para entrenar modelos. Es una extensión hacia la IA de esa defensa férrea de la privacidad que desde sus inicios ha diferenciado a este buscador... aunque haya habido cierta polémica al respecto.

Google ni se inmuta. Pese a ese crecimiento en descargas y visitas a sus servicios de búsqueda, DuckDuckGo sigue siendo una alternativa con una cuota de mercado anecdótica en el segmento de las búsquedas. A nivel mundial tiene un 0,71% de cuota frente al 90,02% de Google y al 5,14% de Bing. 

Refugio anti-IA. El dominio de Google aquí es absoluto y parece casi imposible que eso cambie, pero aun así DuckDuckGo está posicionándose claramente como el refugio para quienes ven en la IA una complicación innecesaria —o no deseada— a la hora de realizar búsquedas. Kamyl Bazbaz, jefe de políticas de la empresa, lo explicaba con una sencilla afirmación: "la gente simplemente quiere poder elegir".

Modelo de negocio en juego. El giro hacia la IA parece estar siendo beneficioso para Google, cuyos ingresos por búsquedas crecieron un 19% en el primer trimestre de 2026. Es un dato llamativo teniendo en cuenta que teóricamente los resultados de IA dificultan la entrada de publicidad en el buscador, pero en Google parecen estar resolviéndolo con la publicidad nativa de las AI Overviews o subastas de palabras clave en el AI Mode. Eso se une a las recomendaciones de productos afiliados que parecen también estar funcionando y potenciando un modelo de negocio que se está renovando de forma paralela a como lo está haciendo el buscador.

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La noticia Google creó el mejor buscador del mundo y después lo destruyó con sus propias manos. DuckDuckGo se está aprovechando fue publicada originalmente en Xataka por Javier Pastor .



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En 2011, algo extraño sucedió en el interior de la Tierra. Llevamos años investigándolo y aún no sabemos qué fue

En 2011, algo extraño sucedió en el interior de la Tierra. Llevamos años investigándolo y aún no sabemos qué fue

En 2011, unos científicos observaron un cambio inesperado en el flujo del hierro y níquel fundidos que compone el núcleo terrestre externo. Si bien el flujo de su superficie se mueve normalmente hacia el oeste, se detectó que se estaba desplazando justo hacia el este. Era algo totalmente inusual y misterioso. A raíz de esa observación, se puso en marcha un estudio cuyos resultados se han publicado recientemente. El objetivo era conocer los motivos, pero ahora hay solo unas cuantas certezas y todavía muchas dudas.

27 años de observaciones. En este estudio se analizaron de forma retrospectiva 27 años de comportamiento del núcleo terrestre, entre 1997 y 2025. El núcleo no puede observarse directamente. Sin embargo, su comportamiento influye directamente en el del campo magnético terrestre. Por eso, las fluctuaciones en uno pueden detectarse en el otro mediante observaciones satelitales. Se vio que, si bien el núcleo externo de la Tierra se mueve normalmente hacia el oeste, hubo una parte del mismo que pasó de un flujo débil hacia el oeste en 2010 a uno mucho más fuerte hacia el este en 2012. Permaneció así hasta 2020 y ahora parece que se está empezando a debilitar otra vez. 

Tres opciones. Cuando se detectó este cambio de movimiento en 2011 se pensó que podía deberse a tres motivos. Por un lado, podría ser una fluctuación puntual. Por otro, es posible que forme parte de una oscilación periódica. Y, finalmente, podría deberse a una forma de establecer un equilibrio en la circulación del núcleo. Lo único que vemos de momento con las observaciones satelitales es que el cambio fue progresivo. La modificación de comportamiento se inició en 2010 y fue ya muy clara en 2012. En 2011, cuando se observó, estaba en plena transición.

Otras observaciones simultáneas. Al analizar los datos de ese periodo se vio que, coincidiendo con ese cambio de sentido, también hubo algunas señales sísmicas que concuerdan con las fechas. Incluso se han detectado sacudidas geomagnéticas que se corresponden con una actividad turbulenta en el núcleo terrestre.

No es un remolino. Este cambio de sentido no se ha producido en todo el núcleo. Para empezar, el núcleo terrestre consta de dos partes: la interna y la externa. La interna está sometida a tanta presión que los metales se encuentran en estado sólido a pesar de las altas temperaturas. En cambio, en la parte externa sí que se encuentran en estado líquido y, por lo tanto, en movimiento. Aun así, tampoco fue todo el núcleo externo el que cambió su movimiento. Se corresponde con una región específica, ubicada bajo el océano Pacífico. 

Podría verse como un remolino, pero estos científicos han concluido que no, pues el movimiento forma parte de una estructura más grande y ondulada. Algo así como si una sección completa de esta parte del núcleo se empezase a mover de golpe en contra de lo previsto.

Por qué es importante. El movimiento del metal fundido del núcleo genera corrientes eléctricas, que a su vez dan lugar a un campo geomagnético que se extiende hacia el espacio. Por eso, gracias al movimiento del núcleo terrestre tenemos todo un escudo magnético alrededor de la Tierra que protege nuestra atmósfera de la erosión que le causarían las partículas procedentes de los vientos solares. Que este núcleo cambie su movimiento no es peligroso. No nos vamos a quedar sin atmósfera, pues el núcleo sigue ahí. 

Sin embargo, entender sus fluctuaciones puede ayudarnos a entender también las fluctuaciones del campo magnético. Este no solo protege la atmósfera de la erosión. También nos ayuda a mantener alejadas buena parte de las partículas que podrían afectar a nuestros sistemas de telecomunicaciones. Por eso, entender cómo funciona este escudo nos puede ayudar a prevenir esos eventos más extremos que sí llegan a causar algunos estragos tecnológicos. Esa es la razón por la que, si bien este estudio nos ha dado muchos datos interesantes, aún no es suficiente. Hay que seguir monitorizando el núcleo terrestre a qué se debió esta anomalía de 2011. 

Imagen | ESA

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La noticia En 2011, algo extraño sucedió en el interior de la Tierra. Llevamos años investigándolo y aún no sabemos qué fue fue publicada originalmente en Xataka por Azucena Martín .



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Una gran metáfora para entender qué son y cómo usamos los números imaginarios, como √-1

Estaba hoy viendo Las matemáticas como nunca antes te las han contado en el siempre infravalorado canal de Mensa España, cuando me llamó muchísimo la explicación que hace Rubén Pérez sobre los números imaginarios. Se puede ver a partir de 26:00, tras explicar que con los números naturales, enteros, racionales, irracionales y trascendentes ya se puede llenar la llamada «recta real».

Los números imaginarios como √-1: (raíz cuadrada de -1, como solución a la ecuación x² = -1) ya no «caben» en la recta real. Así que para representarlos hace falta lo que los matemáticos llaman plano complejo y a los legos les suena a WTF. Suele usarse un eje horizontal para la parte real y otro vertical para la imaginaria. Esto ya suena rarito al oírlo, pero lo cierto es que en el MundoReal™ usamos los números imaginarios cotidianamente: para calcular datos de la corriente eléctrica, en la ecuación de Schrödinger, en telecomunicaciones, al conectarnos al wifi, al recrear ondas de audio con la transformada de Fourier…

Pero ¿cómo podemos usarlos si son tan abstractos y difíciles de concebir? ¿Si no son como los números naturales que podemos asociar con algo del tipo «dos manzanas, tres manzanas, cinco manzanas»…? ¿O como los racionales («media manzana») o negativos («me deben una manzana»)? ¿O incluso como los irracionales y transcendentes como π o e, que podemos también medir?

La metáfora clave que se usa en el vídeo es considerarlos como lo que vemos en el plano de un espejo.

Lo que vemos al mirar el espejo tampoco es «real»: somos nosotros, hay uno de nosotros, y dos ojos, y quizá tenemos media galleta en la mano… pero en realidad es todo un efecto óptico de reflexión de la luz (de hecho «en 3D» aunque el espejo sea 2D).

Pero la imagen del espejo conserva tantas propiedades de la realidad que podemos incluso usarlos para peinarnos, maquillarnos o admirar la belleza y que lo que hagamos en ellos afecte a lo que sucede con nosotros mismos en el plano real. El resultado de »operar» en el espejo es como cuando operamos con números imaginarios. Y si luego «bajamos» al MundoReal™, queda algo tangible.

El resto de la charla (cuaterniones incluidos) es también interesante, y tiene un nivel divulgativo aunque con acertados dardos instructivos que van directos a la diana, que puede que ya conozca quien lo vea según lo poco o mucho que le gusten las matemáticas. Merece la pena echar un rato con él; seguro que aprendes más en esos 70 minutos que viendo 280 reels de TikTok, que más bien son como -70 minutos de vida.

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☞ El artículo completo original de alvy@microsiervos.com (Alvy) lo puedes ver aquí