11 de marzo de 2026

México y Chile han unido fuerzas para algo bastante extraño: prohibir en todo el mundo las granjas de pulpos

México y Chile han unido fuerzas para algo bastante extraño: prohibir en todo el mundo las granjas de pulpos

El 25 de febrero, México presentó una reforma de la ley federal de pesca para prohibir en todo el territorio nacional las granjas de cefalópodos. Puede parecer raro, pero cuando Maki Esther Ortiz Dominguez se plantó frente al Senado de la República y defendió la moratoria de la acuicultura de la cría de pulpos, calamares y sepias, lo que decía sonaba con sentido. 

No solo es que son un negocio terriblemente difícil, es que hay evidencia más que firme (siempre según la senadora) sobre los enormes problemas de canibalismo y riesgos para la salud pública que vienen trayendo aparejadas estas granjas.

Tanto es así que México no está solo. Chile aprobó una prohibición similar en octubre de 2025 y siete estados de EEUU también la tienen. Y es curioso porque lo que se está prohibiendo, en realidad, ni siquiera existe a escala comercial. El mundo (también España) está intentando prohibir algo que no se está haciendo. 

Lo que no quiere decir que no se esté intentando. De hecho, la iniciativa mexicana para prohibir "la reproducción, preengorda y engorda de cefalópodos" en cautividad se basa en los datos de las instalaciones de Sisal (Yucatán), la única granja de este tipo que se encuentra operativa en todo el continente americano. 

Allí, con la colaboración de la UNAM, llevan 12 años tratando de hacer viables las piscifactorías de pulpos. Y los datos son terribles: tasas de mortalidad superiores al 52%, el 30% de las muertes atribuibles al canibalismo, tasas de conversión ineficientísimas (se necesitan tres kilos de pescado para producir uno de pulpo) y un maltrato sistemático de estas especies que, por si fuera poco, se consideran especialmente inteligentes. 

¿Especialmente inteligentes? Y 'sintientes': en los últimos años, no han faltado declaraciones sobre el tema (Cambridge, 2012 y Nueva York, 2024); pero es que, además, hay abundantes revisiones bibliográficas que señalan que cuando hablamos de cefalópodos, estamos hablando de animales cognitivamente mucho más cerca de nosotros. 

Y eso, claro, ha generado consecuencias. De la misma manera que la publicación de 'Liberación Animal' contribuyó a crear el movimiento animalista, toda esta investigación sobre los pulpos ha desembocado en una tendencia legislativa sin precedentes. 

"Sin precedentes" porque, quizás por primera vez, la legislación viene antes de que las granjas sean una realidad más allá de los centros experimentales. Y está viniendo muy rápidamente: esta ola regulatoria se ha cuajado en un par de años. 

¿Y quién iba a querer pulpo de granja? La respuesta simple es que todo el mundo. Si no se visibilizan los problemas derivados y se consiguen cefalópodos asequibles, todo el mundo comerá en unos años pulpo de granja. Sobre todo, porque se están acabando. Al menos en España, hay toda una combinación de factores que han hecho que el pulpo emigre hacia el norte

En España, de hecho, ya se presentó una propuesta en este sentido en verano de 2025 y el Parlamento Europeo discutió el tema en diciembre del mismo año. Es cuestión de tiempo, parece. Y, por ahora, México y Chile van en cabeza.

Imagen | Milada Vigerova

En Xataka | Inglaterra está viviendo una invasión sin precedentes. El problema es que son pulpos, y están devorando todo lo que encuentran

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Investigación del CEAF revela cómo el clima extremo afecta a los cultivos en Chile

Investigaciones del Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF) buscan comprender cómo la sequía, el calor extremo y la salinidad del suelo afectan a los cultivos, con el objetivo de desarrollar plantas más resilientes frente al escenario climático actual.

En la Región de O’Higgins, —uno de los principales polos frutícolas de Chile— el paisaje agrícola está experimentando cambios cada vez más evidentes. Las condiciones climáticas extremas, como la prolongada mega sequía, las olas de calor y la degradación de los suelos, están modificando la forma en que crecen y producen los cultivos.

Ya no se trata solo de enfrentar una temporada seca o un verano particularmente caluroso. Hoy, la agricultura chilena convive con múltiples factores ambientales adversos que ocurren simultáneamente. Para entender cómo responden las plantas a este escenario complejo, el Dr. Jorge Pérez, investigador del Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF), desarrolla estudios en la línea de Genómica Funcional, orientados a descifrar los mecanismos internos que permiten a las plantas resistir condiciones extremas.

El desafío del “multiestrés” en los cultivos

Tradicionalmente, la investigación agrícola analizaba los factores ambientales de manera aislada. Por ejemplo, se estudiaban los efectos de la sequía en un grupo de plantas o el impacto del calor en otro. Sin embargo, en los sistemas agrícolas reales los cultivos enfrentan múltiples presiones al mismo tiempo.

“En el campo, las plantas están sometidas a estrés combinado”, explica el Dr. Pérez.

Un árbol frutal puede enfrentar simultáneamente escasez de agua, alta radiación solar y suelos con baja disponibilidad de nutrientes o con exceso de sales. Esta combinación de factores abióticos —es decir, elementos físicos y químicos no vivos del entorno— constituye uno de los mayores desafíos para la agricultura moderna.

Comprender cómo interactúan estos factores y cómo reaccionan las plantas frente a ellos es clave para mantener la productividad agrícola en un contexto de cambio climático.

Investigando genes en el laboratorio

Para enfrentar este desafío, el equipo del Dr. Pérez trabaja identificando genes específicos que se activan o se desactivan cuando las plantas están expuestas a condiciones ambientales desfavorables.

El proceso comienza con la identificación de genes candidatos en especies de interés agrícola. Luego, estos genes se estudian en plantas modelo de rápido crecimiento —como tabaco, tomate o Arabidopsis— lo que permite evaluar sus funciones en un tiempo mucho menor que el que requeriría trabajar directamente con árboles frutales.

Si un gen demuestra contribuir a la tolerancia frente a estrés por sequía, salinidad u otras condiciones adversas, pasa a convertirse en un candidato relevante para programas de mejoramiento genético.

De esta manera, la investigación conecta la ciencia básica —entender cómo funcionan los genes— con aplicaciones concretas que pueden fortalecer la resiliencia de los cultivos.

Ciencia aplicada para la agricultura del futuro

El conocimiento generado en el laboratorio no solo apunta al desarrollo de nuevas variedades en el largo plazo. También permite generar herramientas prácticas para enfrentar los desafíos actuales.

Entre ellas destacan los marcadores genéticos, que ayudan a los mejoradores de plantas a identificar variedades que naturalmente poseen genes asociados a mayor tolerancia al estrés ambiental.

Asimismo, el estudio de los compuestos que producen las plantas bajo estrés —como hormonas o metabolitos— abre la puerta al desarrollo de bioinsumos capaces de reducir problemas productivos. Un ejemplo es la aparición de frutos dobles en ciertos cultivos, fenómeno asociado a olas de calor que afecta la calidad comercial de la fruta.

Paralelamente, los avances en biotecnología y edición génica permiten explorar modificaciones más precisas en el genoma vegetal, acortando significativamente los tiempos necesarios para generar nuevas variedades, procesos que mediante métodos tradicionales pueden tardar hasta dos décadas.

Colaboración científica global

El trabajo desarrollado por el CEAF no ocurre de manera aislada. El equipo mantiene colaboraciones con investigadores de Brasil, Alemania, España y Estados Unidos, entre otros países, lo que permite integrar distintas capacidades científicas para abordar problemas complejos.

Además, los resultados de estas investigaciones se publican en revistas científicas internacionales y los datos genómicos y transcriptómicos generados —relacionados con ADN y ARN— se comparten en plataformas globales como bases de datos científicas abiertas, facilitando su uso por parte de investigadores de todo el mundo.

“Es clave colaborar… así aprovechamos las capacidades y podemos generar respuestas mucho más efectivas”, señala el Dr. Pérez.

En un contexto marcado por el cambio climático, comprender cómo las plantas enfrentan condiciones ambientales extremas se vuelve fundamental para asegurar la sostenibilidad de la agricultura. El objetivo final es claro: desarrollar sistemas productivos capaces de adaptarse a un clima cada vez más variable y seguir garantizando la producción de alimentos en el futuro.

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Microsoft quiere ponerle “papeles” a lo que vemos online para distinguir lo auténtico de lo generado por IA

pasaporte digital

La decepción impulsada por IA ya no es una rareza reservada para montajes torpes. Hoy convive con nosotros en el carrusel infinito de vídeos, imágenes y capturas que consumimos a diario. A veces se nota a simple vista, como cuando una foto manipulada se comparte desde cuentas oficiales y quien pregunta por su origen recibe respuestas burlonas. Otras veces pasa como el azúcar en el café: se disuelve y no la ves, pero está ahí, endulzando una narrativa. MIT Technology Review citaba recientemente cómo campañas de influencia difunden vídeos para desalentar el alistamiento en Ucrania, acumulando visualizaciones sin que el espectador medio tenga herramientas claras para orientarse.

En ese contexto, Microsoft ha movido ficha con un plan que pretende responder a una pregunta cada vez más básica: “¿De dónde sale esto y qué le han hecho por el camino?”. No promete decirnos si algo es verdadero o falso, que es justo donde el asunto se vuelve espinoso; su idea es ofrecer pruebas sobre la procedencia del contenido y sobre si ha sido alterado mediante herramientas de IA generativa.

La propuesta de Microsoft: un “pasaporte” para cada archivo

El planteamiento de la compañía, compartido con MIT Technology Review, se parece a un sistema de identidad para medios digitales. Piensa en un “pasaporte” que acompaña a una imagen o un vídeo: quién lo creó, con qué herramienta, cuándo se editó, qué cambios se aplicaron y si existen marcas técnicas que lo respalden. La analogía que usa Microsoft es muy visual: autenticar un Rembrandt. Para fiarte de un cuadro no basta con mirarlo; miras la procedencia, los documentos, los registros, el rastro de propietarios, las certificaciones. En internet, ese rastro suele perderse al primer pantallazo, reenvío o recorte.

Según explicó el equipo de investigación de seguridad de IA de Microsoft, evaluaron decenas de configuraciones posibles para documentar manipulación digital. En concreto, modelaron alrededor de 60 combinaciones de técnicas, probando cómo sobreviven en escenarios reales: cuando se eliminan metadatos, cuando el archivo se comprime, cuando sufre cambios leves o cuando alguien intenta manipularlo de forma deliberada para “engañar al detector”. El objetivo no es tener un truco perfecto, sino identificar qué mezclas de herramientas generan resultados lo bastante sólidos como para mostrarlos con confianza en una plataforma.

Tres pruebas de autenticidad: procedencia, marca de agua y huella digital

En el “kit” que Microsoft describe hay tres ideas que se complementan como un cinturón, tirantes y un nudo bien apretado: cada pieza por sí sola ayuda, juntas aguantan mejor el tirón.

La primera es la procedencia del contenido, que suele materializarse como un manifiesto o registro que documenta el historial del archivo. No es solo “quién lo hizo”, también “qué le ocurrió después”. Como el historial de revisiones de un documento compartido, pero aplicado a imágenes y vídeos, y pensado para sobrevivir al ecosistema de redes sociales.

La segunda es la marca de agua. Aquí conviene desterrar una idea: no hablamos del logotipo semitransparente en una esquina, sino de señales que el ojo humano no ve, pero que un sistema puede leer. Es como meter un hilo invisible en una prenda para comprobar que es original. Google, por ejemplo, empezó a incorporar marcas de agua en contenido generado por sus herramientas en 2023, algo que investigadores como Hany Farid (UC Berkeley) consideran útil en análisis forenses.

La tercera es la huella digital criptográfica o firma matemática. Si la marca de agua es un hilo, la huella es una especie de “ADN” generado a partir de características del contenido. Si cambias un fragmento, esa huella puede delatarlo. El problema es que, en el mundo real, las plataformas recortan, recomprimen y reescalan; si la huella es demasiado sensible, saltará por cambios inocentes. Si es demasiado tolerante, puede dejar pasar manipulación.

La propuesta de Microsoft insiste en combinar estas piezas y en apoyarse en estándares existentes como C2PA y Content Credentials, que ya buscan estructurar cómo se adjunta y se interpreta información de procedencia.

Qué funciona y qué falla cuando el contenido se comparte

La parte menos glamourosa de este debate es la más importante: casi nada viaja intacto por internet. Un vídeo pasa por un editor, se exporta, se sube, se comprime, se reenvía, se descarga, se vuelve a subir con otro audio. En cada paso, se puede perder información crítica. Por eso el equipo de Microsoft probó sus combinaciones contra fallos típicos, incluyendo uno muy común: que los metadatos se “strippeen” (se eliminen) al publicar en una red social.

Su conclusión es incómoda pero sensata: hay configuraciones que dan una señal robusta incluso en escenarios adversos, y otras que generan resultados tan frágiles que podrían crear más confusión que claridad. Si el sistema se equivoca con frecuencia, el público deja de creer en él, igual que dejamos de mirar una app del tiempo si falla cada dos días.

No es un detector de verdad: es un detector de manipulación

Eric Horvitz, director científico de Microsoft, subrayó algo que suele perderse en el ruido político: estos mecanismos no determinan si un contenido es “cierto”. Determinan si ha sido generado o modificado, y ayudan a responder “de dónde viene”. La diferencia es esencial. Una foto real puede estar sacada de contexto; una imagen editada puede no ser maliciosa; un vídeo generado con IA puede ser claramente satírico.

Este matiz también funciona como defensa frente a la acusación de que Big Tech se erige en árbitro de la verdad. En vez de decir “esto es falso”, la etiqueta diría algo más humilde y verificable: “este archivo se creó con tal herramienta” o “este fragmento se alteró aquí”. Es como un etiquetado nutricional: no te obliga a comer o no comer, te dice qué contiene.

La adopción real: incentivos, auditorías y presión regulatoria

Aquí aparece la gran pregunta: si todo esto es tan necesario, ¿por qué no está ya en todas partes? La respuesta huele a economía de la atención. Etiquetar contenido puede reducir su alcance si la gente lo percibe como menos “auténtico”, y eso choca con modelos basados en engagement. Hany Farid lo decía con crudeza: si los líderes de plataformas creen que poner “generado por IA” reduce interacción, no tienen incentivos para hacerlo de forma agresiva.

MIT Technology Review citaba una auditoría de Indicator que encontró una realidad decepcionante: solo una parte de publicaciones de prueba en plataformas como Instagram, LinkedIn, Pinterest, TikTok y YouTube aparecía correctamente etiquetada como generada por IA. Ese dato encaja con la sensación cotidiana de que las etiquetas, cuando existen, llegan tarde o llegan a medias.

Mientras tanto, los reguladores aprietan. Horvitz vinculó el trabajo a legislación como la Ley de Transparencia de IA de California, con entrada en vigor prevista para agosto de 2026, y al ritmo al que han avanzado modelos capaces de mezclar vídeo y voz con un realismo cada vez más convincente. También hay presión desde Europa con el AI Act y desde otros países con propuestas que obligan a alguna forma de divulgación.

Microsoft, por su parte, está en una posición singular: opera Copilot, controla Azure como infraestructura de acceso a modelos, posee LinkedIn y mantiene una relación estrecha con OpenAI. Aun así, Horvitz evitó comprometerse a aplicar todas las recomendaciones de forma uniforme en el propio ecosistema de Microsoft, hablando en cambio de que los equipos internos usarán el informe para orientar hojas de ruta y decisiones de ingeniería.

Riesgos de hacerlo mal: cuando la etiqueta se vuelve boomerang

Una idea potente del plan es admitir que un etiquetado imperfecto puede ser peor que ninguno. Si un sistema marca contenido real como “manipulado por IA” por una modificación mínima —un recorte, una ligera corrección de color, una compresión agresiva— el público puede acabar rechazando la señal completa. Se crea un “efecto alarma”: suena tanto que terminas ignorándola.

La investigación también menciona ataques “sociotécnicos”, que no solo explotan fallos técnicos sino reacciones humanas. Imagina una imagen auténtica de un evento político tenso. Alguien cambia un puñado de píxeles irrelevantes con una herramienta de IA. Si la plataforma solo tiene un detector burdo, podría clasificarla como “IA” y sembrar duda sobre el evento entero. En cambio, si combinas procedencia y marcas, podrías mostrar que la imagen es mayoritariamente real y señalar qué parte fue alterada. Es el equivalente a decir: “El recibo es auténtico, lo único retocado es una línea”.

La primera prueba seria: California y el pulso político en EEUU

El texto de MIT Technology Review anticipaba que la ley californiana será un test clave en Estados Unidos, aunque la aplicación puede complicarse por el contexto federal. Se mencionaba una orden ejecutiva del presidente Trump a finales de 2025 orientada a limitar regulaciones estatales consideradas “gravosas” para la industria, junto con una postura poco favorable a políticas contra la desinformación y la cancelación de subvenciones relacionadas con ese ámbito.

La paradoja es evidente: los mismos canales oficiales que deberían ser referencia de fiabilidad han compartido contenido manipulado con IA en ocasiones, y la propia revista señalaba usos de generadores de vídeo por parte del Departamento de Seguridad Nacional con tecnología de Google y Adobe para piezas comunicativas. Horvitz reconocía, con cautela, que los gobiernos no están al margen de la manipulación desinformativa, ni en EEUU ni fuera.

La propuesta de Microsoft no elimina el engaño sofisticado, pero sí aspira a recortar un gran “volumen de ruido”, dificultando que la manipulación casual o masiva pase desapercibida. Si funciona, no será como poner una cerradura imposible de forzar; se parecerá más a encender las luces del portal y colocar una mirilla: quien quiera engañar tendrá que esforzarse más, y mucha gente tendrá por fin una pista razonable para decidir si confía, duda o busca contexto.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

Microsoft corrige 79 fallos y dos zero-days en el Patch Tuesday de marzo de 2026

Microsoft ha publicado las actualizaciones de Patch Tuesday de marzo de 2026 para corregir 79 vulnerabilidades, incluidas dos zero-days divulgadas públicamente. Sin el enlace o el texto original del artículo, no es posible confirmar con fiabilidad el listado de CVE, los productos exactos afectados ni el detalle del riesgo, por lo que la prioridad debe centrarse en validar fuentes y acelerar el ciclo de parcheo en entornos empresariales.

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Microsoft ha lanzado su ciclo de actualizaciones de seguridad de Patch Tuesday correspondiente a marzo de 2026, con un volumen total de 79 vulnerabilidades corregidas y la mención destacada de dos zero-days que, según el registro aportado, ya eran de conocimiento público. En términos de gestión de riesgo, este tipo de publicación tiene un impacto transversal porque suele afectar a una combinación de componentes ampliamente desplegados en empresas, desde Windows y Office hasta servicios y piezas de infraestructura que pueden estar presentes tanto en puestos de trabajo como en servidores.

Aun así, hay una limitación importante: el artículo de referencia aparece sin URL y no se ha incluido el texto. Eso impide verificar los detalles críticos con precisión, como qué CVE concretos se han corregido, cuáles están marcados como ‘explotados’ o ‘en explotación activa’, qué versiones y ediciones están afectadas, y qué mitigaciones temporales se recomiendan si el parcheo no puede aplicarse de inmediato. En el material proporcionado se menciona como ejemplo un posible zero-day de elevación de privilegios (EoP) en SQL Server identificado como CVE-2026-21262, pero sin la fuente original no se puede confirmar ni el alcance ni la severidad real.

En la práctica, cuando un ciclo incluye zero-days, las organizaciones suelen ajustar la priorización de despliegue. La pauta habitual es identificar primero los sistemas con mayor exposición: servidores o servicios Internet-facing, equipos con usuarios con privilegios elevados, y activos críticos para la continuidad del negocio. A continuación, conviene alinear el inventario (qué versiones de Windows, Office y otros productos Microsoft están realmente en uso) con los boletines oficiales y, si existen, con avisos de explotación o indicadores de compromiso.

Hasta disponer de la fuente verificable, la recomendación más prudente es tratar el ciclo como de alta prioridad operativa: validar el contenido a través del boletín oficial de Microsoft o del artículo original, preparar pruebas en un entorno controlado, y ejecutar un despliegue escalonado que empiece por los activos más sensibles. Si compartes el enlace o pegas el texto del artículo, puedo extraer los CVE confirmados, resumir productos afectados y traducir el impacto a acciones concretas de parcheo y verificación.

Más información

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☞ El artículo completo original de Hispasec lo puedes ver aquí

Las "zonas muertas" de GPS se están extendiendo por todo el mundo: la culpa la tienen unos inhibidores para confundir drones

Las "zonas muertas" de GPS se están extendiendo por todo el mundo: la culpa la tienen unos inhibidores para confundir drones

Todas las miradas están en el estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo del mundo. El caos reina en este embudo de apenas 33km y hay algo que está contribuyendo a complicarlo todo mucho más: el GPS no funciona. No es un problema puntual, es algo cada vez más habitual que está teniendo consecuencias que van más allá de la propia guerra.

Caos en Ormuz (aún más). Cuentan en BBC hay cientos de barcos en la zona del estrecho de Ormuz y los sistemas de ubicación los sitúan en posiciones que no tienen ningún sentido; algunos están apilados unos sobre otros, otros forman círculos imposibles sobre la tierra... La causa es que sus coordenadas GPS han sido alteradas mediante algún tipo de inhibidor. Esto aumenta el riesgo de colisiones marítimas, especialmente si hay mala visibilidad.

Objetivo: confundir. En un completo reportaje del Wall Street Journal, cuentan que los inhibidores y falsificadores de señal GPS se han convertido en una herramienta imprescindible en zonas de conflicto como Ucrania y, ahora Irán, como se puede ver en este mapa. Lo que hacen es confundir a drones y municiones guiadas para que fallen.  

Funciona. El conflicto de Ucrania ha demostrado que estos sistemas funcionan. Según un informe entregado al departamento de defensa estadounidense, la precisión de la artillería Excalibur era del 70% cuando se empezó a usar en Ucrania, pero seis semanas después era sólo el 6% gracias a que "los rusos adaptaron sus sistemas de guerra electrónica para contrarrestarla" con inhibidores de GPS. Muchos de estos dispositivos son muy asequibles y caben en el bolsillo, lo que hace muy sencillo usarlos sobre el terreno.

Consecuencias. En 2024, un vuelo de American Airlines sobrevolaba Pakistán cuando empezó a sonar la alerta "pull up", que es lo que suena cuando el avión está demasiado cerca del suelo, pero la aeronave estaba a 32.000 pies de altitud. Fue una interferencia en el GPS. En abril del mismo año, la aerolínea Finnair suspendió sus vuelos a Tartu durante un mes. El motivo: Rusia. 

Las aerolíneas dependen mucho del GPS y estas interferencias a veces provocan fallos como el que contábamos al principio. También se han tenido que desviar vuelos a otros aeropuertos por este motivo, como pasó con el vuelo en el que viajaba Ursula Von Der Leyen en septiembre del año pasado. 

Las grietas del GPS. El Global Positioning System es un sistema de navegación satelital  creado por Estados Unidos en la década de los 60. Se creó para uso militar, pero ha acabado siendo parte de la infraestructura crítica de la economía digital. Existen otros sistemas similares que usan satélites como GLONASS (Rusia), BeiDou (China) y Galileo (Europa), pero el GPS es el más usado a nivel global.

Que dependamos tanto del GPS hace que cualquier degradación impacte en cascada sobre muchos servicios esenciales, pero es que además la señal tiene que viajar 20.000 kilómetros desde el satélite, por lo que cuando nos llega es muy débil. Es el caldo de cultivo perfecto para que sea extremadamente sencillo alterarlas. 

Soluciones. Las debilidades del GPS hace urgente la búsqueda de alternativas robustas para sectores críticos como el de la aviación. Existen los sistemas de navegación inercial que usan giroscopios y acelerómetros para calcular la posición y ya se usan en la industria aeroespacial, en defensa y vehículos autónomos. También  se está desarrollando un sistema que usa sensores cuánticos que se orientan con el magnetismo terrestre y se usan cámaras combinadas con algoritmos de IA para "leer" el terreno. 

Sin embargo, a pesar de las debilidades, el GPS sigue siendo el sistema más potente de todos por su ubicuidad y precisión. Estos sistemas no cubren todo el abanico, por lo que la tendencia es usar varias fuentes para cubrir estas carencias.

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Imagen | GPSjam.org

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