12 de febrero de 2026

Cada vez más atletas están tomando jugo de pepinillos para evitar los calambres. Esto es lo que opina la ciencia nutricional

Cada vez más atletas están tomando jugo de pepinillos para evitar los calambres. Esto es lo que opina la ciencia nutricional

Desde hace unos días, no hay otro tema de conversación en el mundillo del deporte de élite: deportistas como Carlos Alcaraz o Tadej Pogačar han cambiado las bebidas isotónicas más avanzadas del mundo por algo mucho más sencillo y pedestre: la salmuera de los pepinillos. 

Cuando hablamos de deporte de élite, la línea que separa las ideas geniales, las modas absurdas y las supersticiones más delirantes es muy finita. Así que nos hemos preguntado... ¿Tiene sentido todo esto? 

Pero expliquémoslo bien. En deportes de resistencia y alto rendimiento se ha popularizado la idea de llevar siempre a mano "pickle juice" (la salmuera de los encurtidos) u otros productos inspirados en ella para "cortar los calambres cuando estos ya han empezado". 

Y tiene sentido que se haya popularizado. Para empezar porque los calambres asociados al ejercicio son una de las cosas más frustrantes que hay. Además, durante años, hemos errado el tiro: pensábamos que eran producto de la deshidratación y la falta de sales, pero todo parece indicar que son algo mucho más multifactorial de lo que parecía. 

De hecho, todo parece indicar que el problema principal tiene más que ver con un control neuromuscular alterado que con otra cosa. 

Y en este contexto llegan los pepinillos. Porque sí tenemos evidencia (algo limitada, es cierto) que muestra que la salmuera funciona. Aunque no por lo que solemos creer: los investigadores se dieorn cuenta de que el mecanismo funciona demasiado rápido como para que sea una cuestión de reposición de electrolitos. Sencillamente, no da tiempo para que la fisiología haga su trabajo. 

¿Entonces? La verdad es que el mecanismo en cuestión es aún misterioso. Parece que la hipótesis más fuerte ahora mismo es que estos líquidos juegan con el reflejo orofaríngeo: un sabor muy ácido/irritante/agresivo podría estimular ciertos receptores y, como consecuencia, desencadenaría una reacción neurológica que resetea y ajusta el control neuromuscular.

Y esto es importante porque, de ser así, no sustituyen (en sentido estricto) a las bebidas isotónicas si son necesarias. Al menos, no en el corto plazo.

¿Tiene sentido? A nivel puramente científico, creo que lo más razonale es pensar que tenemos cierta evidencia que sugiere que funciona en algunas personas. No obstante, no nos engañemos: hasta la fecha no tnemeos ninguna prueba de que sea más eficaz que el enfoque tradicional (medidas mecánicas tipo estiramiento o de cambio de carga). 

En este sentido, no está de más que recordemos que en deporte de élite la supertición tiene un papel clave. 

¿Superstición? ¿Cómo que superstición? Gracias a los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, se popularizaron las cintas de kinesio. Unas cintas de llamativos colores que dicen servir para casi todo pero cuyos efectos no están demostrados en absoluto. En los juegos de Río de 2016, el boom se lo llevó el cupping.  Como defendía entonces, los deportistas son seres tremendamente supersticiosos. Mucho.

Y lo son porque les funciona. Desde los años ochenta, sabemos que los rituales deportivos tienen un impacto positivo en la ejecución de los mismos. Y es que, curiosamente, el aumento de la 'autoeficacia percibida' suele estar relacionado con el aumento de la eficacia en la ejecución real. En definitiva, lo que nos dicen los estudios es que esos rituales "ayudaban a fortalecer los sentimientos de control y confianza que de otra forma fallaban" en momentos de gran estrés. 

Poco importa si son unos calzoncillos de la suerte o un lingotazo de salmuera: son cosas que funcionan más allá de su plausibilidad fisiológica.

El problema, como siempre, es otro. Que lo queramos o no, los deportistas son modelos de conducta para el público en general. Con estas modas, están diseminando creencias pseudociencias en la sociedad y generando negocio en empresas con pocos escrúpulos. 

Algo, ya de por sí, mucho más peliagudo que tomar jugo de pepinillos.

Imagen |  Ketut Subiyanto

En Xataka | ¿Por qué los mejores deportistas del mundo se están haciendo moratones en la piel?


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La noticia Cada vez más atletas están tomando jugo de pepinillos para evitar los calambres. Esto es lo que opina la ciencia nutricional fue publicada originalmente en Xataka por Javier Jiménez .



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Unos científicos han estudiado a 130.000 personas durante 40 años. Su conclusión: el café por la mañana previene la demencia

Unos científicos han estudiado a 130.000 personas durante 40 años. Su conclusión: el café por la mañana previene la demencia

Durante años, el debate sobre si el café es un héroe o un villano para la salud ha oscilado como un péndulo entre una postura y otra. Sin embargo, la ciencia ha dado ahora una buena razón para los más cafeteros para tomar aún más café. La razón está en un nuevo estudio publicado en JAMA que ha puesto sobre la mesa una evidencia difícil de ignorar: el consumo moderado de cafeína no solo nos mantiene alerta hoy, sino que podría estar protegiendo nuestro cerebro para el mañana.

Los datos. Hablamos de que es una evidencia difícil de ignorar precisamente porque no es una encuesta puntual de un fin de semana, sino que un equipo de investigación de Harvard analizó a más de 130.000 personas durante cuatro décadas. 

En concreto, la muestra que se ha manejado en este caso ha sido de 131.821 participantes, donde se incluyó a personal sanitario, y se hizo un seguimiento de hasta 43 años durante los años 1980 y 2023. Al final del estudio se documentaron 11.033 casos de demencia incidente, que es lo que se tenía que comenzar a estudiar. 

Con su dieta. Una vez que se tiene toda esta información, los investigadores han tenido que comenzar a cruzar los de consumo dietético, que han sido actualizados cada cuatro años, con las historias médicas. Aquí el objetivo primordial era buscar un patrón que relacionara algo de la vida de los pacientes con demencia con su enfermedad. 

Y la verdad es que vieron un patrón bastante claro: aquellos que consumían café con cafeína presentaban un menor riesgo de desarrollar demencia en comparación con los que apenas lo probaban. Algo que también apuntaban otros estudios en el pasado

Ni poco ni demasiado. Lógicamente, el estudio no apunta a que haya que comenzar a beber café como si se tratase de agua, puesto que los efectos de la cafeína en grandes cantidades son muy perjudiciales para la salud. 

La ciencia apunta en este caso a que el mayor beneficio se observó en quienes consumían aproximadamente de 2 a 3 tazas de café al día. En cifras concretas, se vio que este consumo redujo el riesgo de tener demencia en un 18% y también mostraron en los pacientes una menor prevalencia de deterioro cognitivo subjetivo y mejores puntuaciones en pruebas objetivas de memoria. 

Beber más café.  Según este estudio específico, el beneficio se estabiliza, haciendo que no mejore más, pero tampoco empeora drásticamente en este grupo de pacientes. Pero otros metaanálisis sugieren que con consumos superiores a 4 o 5 tazas, los beneficios se pueden revertir y generar otros problemas. 

La cafeína es clave. Uno de los hallazgos más interesantes es la distinción química que se hace, puesto que los investigadores separan a las personas que beben café con cafeína y los que lo beben descafeinado. Aquí los resultados fueron bastante claros: el consumo de café descafeinado no se asocia con una disminución del riesgo de demencia ni con un mejor rendimiento cognitivo.

Esto sugiere que el efecto neuroprotector no proviene solo de los antioxidantes o polifenoles del grano (que también están en el descafeinado), sino que la cafeína es el agente activo principal en esta ecuación.

El efecto del té. Hay un gran grupo de personas que no dependen de la cafeína para estar despiertos, sino de la teína del té. En este caso, el consumo del té mostró asociaciones similares al café, puesto que beber entre 1 y 2 tazas al día también se vinculó con una reducción del riesgo de demencia y mejor función cognitiva.

Esto es algo que refuerza la teoría de que la cafeína y otros compuestos como la L-teanina juegan un papel protector en nuestro sistema nervioso.

¿Por qué funciona? Aunque en este caso el estudio no está enfocado en decirnos las razones, los autores proponen una serie de mecanismos biológicos para entenderlo. El primero de ellos es que la cafeína bloquea los receptores de adenosina en el cerebro, lo que hace que no solo estemos más despiertos, sino que podría reducir la acumulación de beta-amiloide, la proteína asociada al Alzheimer cuando está en gran cantidad. 

Además de esto, también se cree que la cafeína reduce las citoquinas proinflamatorias en el cerebro, mitigando la neuroinflamación que precede al deterioro cognitivo. Y si nos faltaban razones para defender la cafeína, se suma que mejora la sensibilidad a la insulina y la función vascular, dos factores que, cuando fallan, abren la puerta a la demencia.

La letra pequeña. Aunque se ajustaron variables como el tabaco, el ejercicio y la dieta, no se puede probar definitivamente que el café cause la protección del cerebro. Siempre puede ocurrir que las personas con deterioro cognitivo temprano dejan el café porque les siente mal, pero los investigadores intentaron controlar esto excluyendo los primeros años de seguimiento.

Además, hay que tener en cuenta que los participantes eran mayoritariamente profesionales sanitarios y con educación superior, por lo que los resultados podrían variar en poblaciones con otros estilos de vida o genéticas. 

Disfrutar, pero no forzarse. La persona que ya disfruta de 2-3 tazas de café al día tiene una razón científica más para hacerlo sin culpa en este caso, puesto que está en el "punto dulce" de la protección neurológica. Pero si hay personas a las que no les gusta el café o les pone muy nerviosos, no hay que forzarse, puesto que la calidad del sueño y el ejercicio siguen siendo los reyes indiscutibles en la salud cerebral. 

Imágenes | Fahmi Fakhrudin

En Xataka | Creíamos que la llegada temprana de la demencia se debía a causas genéticas. Nos equivocábamos

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Más allá de la vista y el oído: por qué podríamos tener hasta 33 sentidos

sentidos

La idea de que percibimos el mundo a través de cinco sentidos —vista, oído, olfato, gusto y tacto— es tan familiar que funciona como un atajo mental. Sirve para explicarle a un niño cómo “entró” el mundo en su cabeza y también para simplificar conversaciones cotidianas. El problema es que ese atajo empieza a quedarse corto cuando uno se fija en lo que realmente ocurre dentro del cuerpo. La tradición suele atribuir esa lista a Aristóteles, que también defendía una visión del universo basada en cinco elementos. La ciencia descartó hace tiempo esa parte, y ahora está revisando con la misma energía el “paquete” de los cinco sentidos.

Un texto reciente difundido por ScienceDaily a partir de un artículo de The Conversation plantea una cifra que llama la atención: los humanos podríamos tener entre 22 y 33 sentidos en funcionamiento, según estimaciones compartidas por neurocientíficos vinculados a la investigación sobre percepción, entre ellos Charles Spence, del Crossmodal Research Laboratory de la Universidad de Oxford. El número exacto es menos importante que el mensaje: la percepción humana es una red, no una fila de interruptores independientes.

La percepción como orquesta: cuando los sentidos se mezclan

Pensar en sentidos separados es cómodo, como imaginar una mesa con cinco cajones bien rotulados. La experiencia real se parece más a una orquesta afinando: cada instrumento influye en el conjunto, y el resultado final es una única “escena” coherente. Lo que vemos puede cambiar lo que oímos; lo que olemos puede cambiar lo que sentimos al tocar; el equilibrio puede alterar incluso la forma en que interpretamos una imagen. Esta visión se apoya en décadas de investigación sobre percepción multisensorial y integración sensorial, un campo que estudia cómo el cerebro une señales distintas para construir una realidad útil.

Un ejemplo doméstico ayuda: un champú con aroma a rosas puede hacer que el pelo parezca más suave al tacto. No es magia ni sugestión “pura”; es el cerebro combinando información olfativa y táctil para generar una impresión unificada. En alimentación ocurre algo parecido: ciertos olores en yogures bajos en grasa pueden hacer que la textura se perciba más densa y cremosa, como si se hubiera añadido más cuerpo al producto. La materia prima no cambió; cambió el modo en que el sistema perceptivo la interpreta.

Si contamos “sentidos internos”, el cuerpo se vuelve un laboratorio

Cuando la conversación sale del “mundo exterior” y entra en el cuerpo, la lista se expande de golpe. Hay un conjunto de capacidades sensoriales que no suelen aparecer en los libros escolares y que, sin embargo, usamos cada segundo.

La propiocepción es una de las más conocidas: permite saber dónde están tus manos o tus piernas sin mirarlas. Si cierras los ojos y te tocas la punta de la nariz, estás usando ese sistema. El sentido del equilibrio, apoyado en el sistema vestibular del oído interno, coopera con la visión y la propiocepción para que no te caigas al caminar, para mantener la estabilidad al girar la cabeza o para interpretar la inclinación de tu cuerpo cuando aceleras.

Luego está la interocepción, que te informa sobre lo que ocurre dentro: el latido acelerado, el hambre, la sed, la necesidad de respirar más profundo, la sensación de “nudo” en el estómago. No es un solo indicador, sino una familia de señales internas. Y existen matices aún más finos, como el sentido de agencia, esa convicción íntima de que “yo estoy moviendo mi brazo”. En algunos pacientes con daño neurológico, esa certeza puede fallar: sienten que su brazo se mueve, pero no lo reconocen como un movimiento propio. Cerca de ahí aparece el sentido de propiedad corporal, la sensación de que una extremidad “es mía”. Hay casos clínicos en los que una persona puede sentir estímulos en un brazo y, al mismo tiempo, no vivirlo como parte de su cuerpo. Estos fenómenos, citados en el texto de The Conversation, son potentes porque demuestran que la percepción no solo trata de objetos externos; trata del “yo” encarnado.

El tacto no es uno: dolor, temperatura, picor y presión

Decimos “tacto” como si fuera un único canal, pero esa palabra es una manta que tapa muchos mecanismos. Percibir temperatura no es lo mismo que percibir presión; el dolor no funciona igual que el picor; la vibración tiene receptores y rutas diferentes a la caricia ligera. Agruparlos bajo una sola etiqueta es útil para conversar, aunque pobre para describir la realidad biológica.

Esta idea cambia la forma de entender algo tan común como “sentir” un alimento en la boca. La textura cremosa, la astringencia, el cosquilleo de una bebida gaseosa o el ardor del picante pertenecen a sistemas distintos que el cerebro empaqueta en una sola experiencia. Cuando se habla de “docenas de sentidos”, en parte se está reconociendo que el cuerpo tiene más “micrófonos” de los que solemos imaginar.

Por qué el gusto es un equipo: lengua, nariz y boca trabajando juntos

El caso del sabor es un clásico para desmontar el mito de los cinco sentidos. Mucha gente cree que “saborear” equivale a “gustar” con la lengua. En realidad, lo que llamamos sabor es un cóctel: gustación (los receptores de la lengua), olfato (sobre todo el que llega desde la boca hacia la nariz) y sensaciones táctiles y químicas de la cavidad oral.

La gustación detecta dulce, salado, ácido, amargo y umami. Con eso no se construye una frambuesa. No existe una “aritmética del gusto” capaz de sumar dulce+ácido para obtener mango o fresa. Es el olfato retronasal el que aporta la mayor parte de esa identidad: los compuestos aromáticos se liberan al masticar o beber, ascienden hacia la cavidad nasal por la parte posterior de la garganta y el cerebro los integra con lo que ocurre en la lengua. Por eso, cuando estás resfriado, “pierdes el sabor” aunque tus papilas sigan funcionando: lo que se apaga es el componente aromático que da personalidad a los alimentos.

La boca pone su firma con la textura. El cerebro “pega” olor y gusto usando pistas táctiles: la preferencia por un huevo más cuajado o más líquido, la sensación aterciopelada del chocolate, la densidad de una crema. La experiencia final se parece a reconocer una canción: no basta con la letra; importa la melodía, el ritmo, la producción.

Cuando el equilibrio engaña a la vista: la ilusión del avión

Un punto especialmente llamativo del texto citado por ScienceDaily es cómo el sistema vestibular puede influir en lo que “vemos”. En un avión, al despegar, algunas personas perciben que la cabina se inclina de una manera más dramática de lo que indican las referencias visuales. Si miras hacia el pasillo en tierra y repites la mirada durante el ascenso, la geometría óptica es parecida, pero tu oído interno está informando una aceleración y una inclinación. El cerebro no elige entre una señal y otra: negocia. El resultado es una percepción visual “contaminada” por el equilibrio, como si la vista se hubiera puesto un filtro.

Este tipo de ejemplo es valioso porque saca la discusión del laboratorio. No hace falta un experimento sofisticado para intuir que el cerebro no opera por compartimentos estancos.

Exposiciones y experimentos: el día a día está lleno de trampas sensoriales

En el ámbito académico, la investigación sobre sentidos y percepción tiene espacios dedicados, como el Centre for the Study of the Senses de la School of Advanced Study (Universidad de Londres), mencionado en el artículo original de The Conversation. Allí se impulsó el proyecto Rethinking the Senses, dirigido por el fallecido Sir Colin Blakemore, con trabajos sobre cómo el sonido de los pasos puede hacer que el cuerpo se sienta más ligero o más pesado, o cómo ciertos formatos de audioguía en museos pueden mejorar la memoria visual de una obra al implicar al visitante de una forma más directa.

También aparece una explicación que se ha vuelto popular por lo fácil que es comprobarla: el zumo de tomate sabe mejor en un avión para mucha gente. La razón propuesta es sensorial: el ruido constante (un tipo de “ruido blanco”) tiende a reducir la percepción de dulce, salado y ácido, mientras que el umami se mantiene relativamente estable. Como el tomate es rico en umami, su perfil sale beneficiado en ese entorno. No es que el tomate cambie; cambia el escenario sensorial en el que lo pruebas.

Para ver con tus propios ojos cómo el cerebro “decide”, las ilusiones son una puerta de entrada magnífica. La llamada ilusión tamaño-peso es casi una broma del sistema perceptivo: un objeto pequeño puede sentirse más pesado que uno grande, aunque ambos pesen lo mismo. Es como si el cerebro apostara por adelantado cuánto debería costar levantar cada cosa y luego interpretara el esfuerzo en función de esa expectativa.

Pausar para notar: lo que cambia cuando prestas atención

Pasamos muchas horas mirando pantallas y es normal que el mundo se vuelva “visual”, como si el resto del cuerpo estuviera en silencio. No lo está. La temperatura del aire, la tensión muscular, el apoyo del pie en el suelo, el olor del café, el roce de la ropa, el ritmo del corazón: todo eso está ocurriendo aunque no lo pienses. Mirar este tema con calma no solo sirve para aprender ciencia; también ayuda a entender por qué ciertas experiencias nos afectan tanto. Un sonido puede cambiar cómo nos sentimos en el cuerpo, un aroma puede modificar la “suavidad” de una textura, un entorno ruidoso puede alterar lo que nos apetece comer.

La gran idea detrás de hablar de 33 sentidos no es coleccionar etiquetas nuevas, sino abandonar la visión simplificada del ser humano como una cámara con micrófonos. Somos más bien un sistema de navegación completo, con sensores internos y externos, con interferencias, con atajos, con ilusiones útiles. Reconocerlo hace que el mundo cotidiano —una ducha, una comida, un viaje en avión— se parezca menos a rutina y más a un experimento continuo.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

Plasma y agua para enfriar la IA: por qué la “suciedad biológica” se ha convertido en el enemigo silencioso de los centros de datos

enfriar centro de datos

La conversación sobre IA en centros de datos suele centrarse en chips cada vez más potentes, racks más densos y una carrera por conseguir megavatios disponibles. Lo que se comenta menos es un problema mucho más cotidiano: mantener el equipo a una temperatura estable, de forma eficiente, sin que el propio sistema de refrigeración se vuelva parte del problema. Cuando los procesadores trabajan al límite, el calor deja de ser una molestia y se convierte en un riesgo operativo: si no se evacúa bien, baja el rendimiento, suben los fallos y la factura energética se dispara.

Esa tensión ya se refleja en el debate público. Medios como Reuters han subrayado que el calor es uno de los grandes desafíos del crecimiento de los centros de datos y de la computación para IA, y que la industria está empujando hacia refrigeración líquida por límites de la refrigeración por aire. En paralelo, el cuello de botella eléctrico se ha vuelto recurrente en la cobertura de negocios y energía, con análisis que apuntan a restricciones de red y suministro que complican el despliegue de capacidad.

En este contexto aparece una propuesta llamativa desde el llamado “data center alley” del norte de Virginia: Reverse Ionizer LLC asegura haber desarrollado una tecnología para atacar un obstáculo específico que frena la expansión de la refrigeración directa al chip (direct-to-chip) con agua. La compañía la ha presentado como Plasma Disinfection System, o PDS, en un comunicado difundido por EIN Presswire el 9 de febrero de 2026.

Del aire al líquido: el cambio que empuja la densidad de los racks

Para entender el interés, conviene imaginar un ordenador como una cocina pequeña. Con pocas hornillas, abrir una ventana (aire) puede bastar. Cuando metes diez fogones a máxima potencia, la ventana deja de servir: necesitas una campana extractora de verdad. En los centros de datos ocurre algo parecido. Los racks con cargas de IA concentran tanta potencia que el aire se queda corto y el líquido empieza a ser el camino lógico, porque transportar calor con líquido suele ser más eficiente.

La variante direct-to-chip lleva el líquido hasta placas frías (“cold plates”) pegadas al procesador u otros componentes. El calor pasa del chip al metal y del metal al fluido, que se lleva la energía térmica a un intercambiador. La idea es elegante y relativamente directa. El problema es que, cuando el circuito se llena de canales muy finos, como pajitas diminutas, cualquier residuo o crecimiento biológico puede actuar como una capa aislante o incluso llegar a obstruir. Y ahí entra el protagonista menos glamuroso de la historia: el biofouling.

Biofouling: la película invisible que arruina el intercambio térmico

“Biofouling” es una palabra técnica para algo muy simple: microorganismos que se instalan y forman una película (biofilm) en superficies mojadas. Pasa en tuberías, torres de refrigeración y, según el planteamiento de Reverse Ionizer, también puede pasar en los microcanales de las placas frías de sistemas direct-to-chip. Es como la capa pegajosa que aparece dentro de una botella reutilizable si no se limpia bien: no siempre la ves al principio, pero con el tiempo afecta al flujo y al olor; en un centro de datos, afecta a la transferencia de calor y a la estabilidad del sistema.

Cuando el objetivo es mover calor con precisión, esa película “aislante” es especialmente problemática. Si el sistema pierde eficiencia, la instalación compensa bombeando más, enfriando más fuerte o aceptando temperaturas más altas. En cualquiera de los casos, el coste sube y el margen operativo baja. Reverse Ionizer enmarca precisamente esto como un freno “infravalorado” para usar agua como refrigerante principal en entornos de alta densidad.

Qué propone Reverse Ionizer: plasma no térmico como “limpieza continua”

Según la compañía, su Plasma Disinfection System (PDS) utiliza plasma no térmico para controlar de manera continua bacterias y contaminantes orgánicos, reduciendo el crecimiento y la formación de biofilm en sistemas tanto cerrados (circuitos de direct-to-chip) como abiertos (enfriadoras y torres). La propia web de Reverse Ionizer describe el enfoque como un método que “desnaturaliza” microorganismos usando descargas de plasma no térmico, orientado a sistemas de agua como torres evaporativas y, de forma explícita, a direct-to-chip cooling.

La promesa práctica es sencilla: si el sistema evita que el circuito “se ensucie biológicamente”, el intercambio térmico se mantiene estable durante más tiempo. En una industria donde las paradas planificadas cuestan y las no planificadas cuestan mucho más, el atractivo está en reducir incertidumbre: menos degradación del rendimiento, menos intervenciones correctivas y un comportamiento térmico más predecible cuando el rack está al límite.

El comunicado también sostiene que la solución está patentada y que busca habilitar el uso de agua frente a mezclas con glicol en ciertos diseños, con impacto directo en eficiencia. No es un matiz menor: el fluido que elijas condiciona bombas, caudales, intercambiadores y, en general, el diseño del sistema.

Agua frente a glicol: eficiencia, diseño y el precio de la “seguridad”

En refrigeración, el glicol suele aparecer como “seguro” porque ayuda a evitar congelación y aporta ciertas propiedades útiles, pero también penaliza la capacidad de transportar calor comparado con agua pura. Reverse Ionizer afirma que el agua puede mejorar la transferencia de calor entre un 15% y un 20% frente a soluciones basadas en glicol, lo que permitiría reducir requisitos de bombeo manteniendo rendimiento térmico. Esa cifra, tomada tal cual del anuncio, encaja con una intuición básica: si el fluido mueve más calor por unidad de caudal, el sistema puede lograr el mismo objetivo con menos esfuerzo hidráulico o con margen adicional para picos.

La clave, sin embargo, es el “siempre que”. Para que el agua funcione bien en microcanales, necesitas controlar corrosión, calidad del agua y, en el foco de esta historia, la biología. En otras palabras, cambiar glicol por agua no es sólo un cambio de ingrediente; es cambiar de receta y asumir que la cocina se mantendrá limpia todos los días, no sólo cuando haces una inspección.

Ahí es donde Reverse Ionizer ubica el valor del PDS: convertir el control biológico en un proceso continuo, no una reacción cuando ya tienes el problema encima.

Observabilidad y operación: lo que pide la industria

El debate no es únicamente térmico; es operativo. Giordano Albertazzi, CEO de Vertiv, lo resumió recientemente en LinkedIn al señalar que las cargas de IA operan con una complejidad y criticidad sin precedentes y que eso exige nuevos niveles de visibilidad e información para operar de forma fiable y eficiente. Esta idea conecta con la refrigeración de forma directa: si no sabes cómo está envejeciendo tu circuito, si no detectas degradación térmica de forma temprana o si no puedes correlacionar temperaturas con calidad del fluido, vas a operar a ciegas.

TheStreet, en un artículo del 30 de enero de 2026, enmarcó el problema del calor y la infraestructura como un obstáculo real para el boom de la IA. La lectura entre líneas es clara: no basta con comprar hardware. Hay que construir un entorno en el que ese hardware pueda sostener su rendimiento sin que la energía se pierda en pelear contra el calor.

Beneficios potenciales y preguntas que quedan abiertas

Si la tecnología de plasma no térmico aplicada a circuitos de refrigeración cumple lo prometido, el efecto podría notarse en tres frentes: estabilidad térmica sostenida en direct-to-chip, menor consumo energético asociado a bombeo y refrigeración auxiliar, y menos riesgo de degradación por biofilm. En un entorno de racks densos, sostener el mismo rendimiento durante meses sin derivas térmicas puede valer tanto como una mejora de eficiencia puntual.

Dicho esto, un comunicado de prensa no sustituye la validación en campo. Para valorar una solución así, el mercado suele pedir datos comparables: tasas de reducción de biofilm en condiciones reales, impacto en mantenimiento, compatibilidad con materiales y sellos, efectos secundarios sobre química del agua, y métricas a lo largo del tiempo. Reverse Ionizer menciona años de I+D y orienta su propuesta tanto a torres de refrigeración como a direct-to-chip, pero el grado de adopción y la evidencia pública detallada aún parece limitada a lo que la empresa publica en sus canales y en notas de prensa replicadas en sitios como EIN Presswire.

Lo interesante es que el problema que intenta resolver es muy real y, por su naturaleza, se esconde bien: el biofouling no siempre se detecta hasta que ya ha impactado en el rendimiento. Si la industria está moviéndose hacia líquidos por necesidad física, soluciones que hagan “más doméstico” el mantenimiento del circuito —como tener un lavavajillas funcionando en segundo plano para que la grasa no se acumule— podrían ganar espacio en los próximos diseños, siempre que demuestren fiabilidad y coste total competitivo.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

Windows 11 Notepad Bug Let Markdown Links Run Files Without Warning

Microsoft has patched a high-severity security vulnerability in Windows 11 Notepad that allowed specially crafted Markdown links to launch local or remote programs - without triggering standard Windows security warnings.

The flaw tracked as CVE-2026-20841 was fixed as part of the February 2026 Patch Tuesday updates, which we release monthly.

While exploitation required a user to open a malicious Markdown file and click a link, the lack of any warning prompt made the issue especially dangerous.

What Went Wrong?

Notepad has evolved significantly since its debut in Windows 1.0. With Windows 11, Microsoft modernized the app by:

  • Adding Markdown support
  • Enabling richer formatting features
  • Retiring WordPad as the default RTF editor

Markdown support allows users to create formatted text and clickable links using simple syntax, such as:

  • **Bold text**
  • [Example Link](https://example.com)

However, researchers discovered that Notepad did not properly restrict non-standard protocols inside Markdown links.

How the Exploit Worked

In vulnerable versions (11.2510 and earlier):

  • Links using protocols like file://, ms-appinstaller://, and other custom URI schemes
  • Became clickable in Markdown view
  • Launched executables directly when Ctrl+clicked
  • Displayed no Windows security warning

This meant an attacker could:

  1. Create a malicious Markdown (.md) file
  2. Insert a link pointing to a local or remote executable
  3. Trick a user into clicking it

If clicked, the program would run with the same permissions as the logged-in user.

In some cases, the link could point to a file hosted on a remote SMB share, expanding the potential attack surface.

What Microsoft Changed

Microsoft has now implemented stricter safeguards.

Notepad will:

  • Display a warning dialog for any link that does not use standard http:// or https:// protocols
  • Require explicit user confirmation before proceeding

This eliminates the previous silent execution behavior.

While social engineering remains possible (users could still click “Yes”), the automatic launch without warning is no longer an issue.

Why This Matters

This vulnerability highlights an important lesson:

"Even simple apps can introduce serious security risks when new features are added."

Markdown support made Notepad more powerful and flexible - but it also expanded the application’s attack surface.

Update Status

Because Notepad updates automatically through the Microsoft Store, most Windows 11 users should receive the fix without manual action.

Still, keeping Windows fully updated remains essential, especially when vulnerabilities involve remote code action.

Thank you for being a Ghacks reader. The post Windows 11 Notepad Bug Let Markdown Links Run Files Without Warning appeared first on gHacks.



☞ El artículo completo original de Arthur Kay lo puedes ver aquí