
Un conjunto de chips fotónicos de inteligencia artificial ha sido enviado a la Estación Espacial Internacional para ser puesto a prueba en un entorno donde el silicio tradicional enfrenta sus mayores desafíos. Esta iniciativa, liderada por la Universidad de Florida junto a NASA y otros socios como AIM Photonics, MIT, Vanguard Automation y el instituto alemán Fraunhofer Heinrich Hertz, marca un momento crucial en la investigación de semiconductores pensados para operar más allá de la atmósfera terrestre.
Los dispositivos fueron lanzados a bordo de la nave HTV-XI de la agencia espacial japonesa JAXA, como parte del experimento MISSE (Materials International Space Station Experiment) de la NASA. Este proyecto tiene un objetivo muy claro: observar cómo estas nuevas tecnologías fotónicas se comportan en condiciones extremas como la exposición a radiación espacial y oxígeno atómico.
Por qué la fotónica es clave para el futuro de la computación espacial
A diferencia de los chips electrónicos tradicionales, que utilizan el movimiento de electrones a través de materiales conductores, los chips fotónicos emplean luz para transmitir información. Este enfoque tiene ventajas notables: mayor velocidad, menor generación de calor y un consumo de energía significativamente reducido. En la Tierra, ya se exploran estos beneficios para tareas de inteligencia artificial, donde el procesamiento masivo de datos requiere de soluciones más eficientes.
Pero en el espacio, estas cualidades cobran aún más valor. La exposición constante a radiación puede degradar los circuitos electrónicos convencionales, mientras que la fotónica, al no depender de cargas eléctricas en movimiento, podría ofrecer una mayor resistencia ante estos entornos agresivos. En otras palabras, mientras un chip tradicional es como una autopista de coches vulnerables a tormentas eléctricas, uno fotónico sería más parecido a una red de láseres inmune a los rayos.
La investigación tras los prototipos enviados al espacio
Los chips enviados fueron desarrollados en el Nanoscale Research Facility de la Universidad de Florida, un laboratorio donde se combinan las capacidades de diseño, fabricación y caracterización de dispositivos a escala nanométrica. AIM Photonics, con su experiencia en integración fotónica y producción en ambientes controlados, ha aportado componentes y soporte clave en la fabricación de estos prototipos.
Este esfuerzo conjunto es una prueba de concepto pionera: nunca antes se había puesto a prueba hardware de computación fotónica en el espacio. La información que se recabe en esta etapa experimental podrá abrir nuevas líneas de desarrollo para sistemas de inteligencia artificial que funcionen en satélites, estaciones espaciales, naves interplanetarias y hasta futuras colonias lunares o marcianas.
Lo que se espera aprender en la Estación Espacial Internacional
Los prototipos estarán expuestos durante un tiempo prolongado al entorno espacial, lo que permitirá medir su resistencia a la radiación, estabilidad de señal, consumo energético, y cualquier posible deterioro funcional. Estos datos serán cruciales para ajustar materiales, diseños y protecciones en futuras versiones.
Uno de los aspectos más importantes es la respuesta al oxígeno atómico, una forma altamente reactiva de oxígeno presente en la baja órbita terrestre, que puede corroer o degradar materiales con el tiempo. Comprender cómo afecta a componentes ópticos permitirá mejorar recubrimientos o elegir materiales alternativos.
También se observará la estabilidad térmica. En el espacio, las temperaturas pueden fluctuar drásticamente entre zonas iluminadas y en sombra. A diferencia de los sistemas electrónicos, que pueden fallar por sobrecalentamiento o congelamiento, los chips fotónicos podrían mantener mejor su rendimiento si se diseñan correctamente.
El papel de la colaboración internacional
Este proyecto no habría sido posible sin la colaboración de múltiples actores de alto nivel. Fraunhofer Heinrich Hertz Institute ha contribuido con conocimientos en telecomunicaciones ópticas, mientras que MIT y Vanguard Automation aportaron tecnologías de empaque y ensamblado de componentes a escala micro y nanométrica.
NASA, por su parte, ha proporcionado la infraestructura para llevar a cabo el experimento MISSE, un programa que desde hace años permite evaluar materiales y dispositivos en el entorno real del espacio exterior, algo imposible de replicar completamente en laboratorios terrestres.
Esta sinergia entre universidades, agencias gubernamentales y empresas tecnológicas evidencia cómo el avance en tecnología espacial requiere de un ecosistema colaborativo donde cada actor aporta una pieza esencial del rompecabezas.
Una mirada hacia el futuro de la computación espacial
Si los resultados de esta primera prueba son positivos, podríamos estar ante una nueva generación de computadoras espaciales más compactas, eficientes y resistentes. Equipos capaces de procesar información en tiempo real directamente en el espacio, sin depender tanto de enlaces de comunicación con la Tierra, lo que aumentaría la autonomía de las misiones.
Esto sería especialmente valioso en escenarios donde la latencia importa, como en drones espaciales, sistemas de navegación autónoma o en futuras estaciones orbitales con inteligencia artificial integrada para gestión de recursos.
Los chips fotónicos, en este contexto, podrían ser el motor silencioso que mantenga funcionando a las máquinas del futuro en la frialdad del espacio.
☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí
