La Real Academia Española atraviesa su peor crisis institucional en décadas. El 11 de enero, Arturo Pérez-Reverte, académico desde 2003, publicó en El Mundo una columna que varios miembros han calificado como "el ataque más grave desde que hay memoria". El novelista acusó a la institución de capitular ante las presiones mediáticas y de practicar una política lingüística "laxa y ambigua", señalando directamente al director Santiago Muñoz Machado. Pero este episodio es solo la manifestación más visible de un conflicto más profundo que sacude los cimientos de la institución tricentenaria.
El detonante. El domingo 11 de enero, Arturo Pérez-Reverte publicó en El Mundo una tribuna titulada 'Por qué ni fija, ni limpia, ni da esplendor' que provocó la crisis. En el texto, el académico denunciaba que la RAE practica una normativa "laxa y ambigua" y acusaba a la institución de haberse rendido ante lo que llamó "los talibanes del todo vale". Entre sus críticas figuraban la falta de contundencia en debates como el lenguaje inclusivo, la acentuación de "solo" o "guion", y el uso de mayúsculas. Según Pérez-Reverte, la Academia se limita a registrar usos impulsados por las redes sociales o la corrección política, abandonando su función normativa. "Cualquier cateto audaz puede imponerse, si persevera, a Cervantes, Galdós o García Márquez", escribió.
El momentum. El momento elegido para la publicación agravó el malestar: la tribuna apareció la víspera de la entrega de los Premios Zenda, galardones literarios fundados por el propio Pérez-Reverte. La ceremonia, celebrada el 13 de enero con presencia de la reina Letizia, reunió a numerosos académicos que habían confirmado su asistencia y se encontraron atrapados en el núcleo de la polémica. Muñoz Machado, de hecho, no acudió.
El pleno del jueves 16 de enero confirmó la fractura. Pérez-Reverte asistió y expuso sus argumentos de forma sintética, pero varios académicos intervinieron para mostrar su "rechazo" a que un miembro se expresara de esa manera en un medio de comunicación. Algunos le reprocharon su "desconocimiento" del trabajo diario de la institución, mientras otros defendieron la labor del actual director. La sesión quedó inconclusa por falta de tiempo y el debate continuará la próxima semana.
Una crisis. La polémica de Pérez-Reverte evidencia tensiones estructurales acumuladas durante décadas en la RAE. La institución mantiene una composición que varios académicos describen como "tres tercios oficiosos": creadores literarios, filólogos y un grupo heterogéneo de juristas, médicos o científicos. Este reparto, considerado durante años un signo de pluralidad, ahora se cuestiona tanto desde dentro como desde fuera de la Academia.
Los directores. El último director que fue principalmente escritor, Dámaso Alonso, accedió al cargo en 1968 y permaneció hasta 1982. Desde entonces, la dirección ha estado en manos de filólogos: Fernando Lázaro Carreter (1991-1998), Víctor García de la Concha (1998-2010), José Manuel Blecua (2010-2014) y Darío Villanueva (2014-2018). Santiago Muñoz Machado, jurista especializado en Derecho Administrativo, rompió en 2018 esta secuencia de cuatro décadas. Su gestión rescató a la institución de una crisis financiera provocada por los recortes del gobierno de Mariano Rajoy.
Versus. Varias voces internas rechazan el diagnóstico de Pérez-Reverte. "Aquí no hay una guerra entre escritores y filólogos. Lo que hay son filias y fobias personales", señalan académicos consultados por El País. Otros defienden el funcionamiento institucional: la RAE opera como un "régimen confederal" junto a las 23 academias americanas, más Filipinas y Guinea Ecuatorial. Ninguna palabra entra al diccionario sin pasar por comisiones delegadas, consulta panhispánica y, solo en caso de discrepancia, debate en pleno. Pero el calendario añade presión. En diciembre de 2026 debe elegirse al próximo director. Muñoz Machado podría presentarse, pero necesita dos tercios de los votos para un segundo mandato consecutivo, una mayoría que hoy parece fuera de su alcance.
El frente Cervantes. La crisis de la RAE no se limita al choque interno. Desde octubre de 2025, la institución mantiene abierta una guerra con el Instituto Cervantes que ha derivado en ruptura institucional. El 9 de octubre, cinco días antes del X Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE) en Arequipa, Luis García Montero, director del Cervantes, atacó públicamente a Muñoz Machado, diciendo que la RAE está en manos de "un catedrático de Derecho Administrativo experto en llevar negocios desde su despacho para empresas multimillonarias", lamentando la distancia con el actual director.
Reacción inmediata. Ese mismo día, el pleno de la RAE manifestó por unanimidad su "absoluta repulsa" ante las que calificó como "incomprensibles manifestaciones", subrayando que resultaban "especialmente lamentables" por producirse en vísperas de un evento organizado por ambas instituciones. El conflicto se reactivó en diciembre con la polémica sobre Panamá como sede del CILE 2028, o en la reunión anual del Patronato del Instituto Cervantes, presidida por los reyes.
Dineros. El contexto presupuestario añade otra dimensión: el Instituto Cervantes maneja 143 millones de euros anuales frente a los 11 millones de la RAE. Esta desproporción de recursos, sumada a la dependencia del Cervantes del Ministerio de Asuntos Exteriores (circunstancia que Pérez-Reverte ha denunciado como intento de "colonización"), transforma lo que comenzó como un desencuentro personal en un conflicto sobre quién lidera la política lingüística española en el exterior.
Arturo Pérez-Reverte. Imagen de Canal Sur Media en Flickr Historial de polémicas. La crisis actual no es la primera. La RAE arrastra un historial de controversias que marcan su relación con el poder político y los cambios sociales. El momento más crítico llegó con los recortes del gobierno de Mariano Rajoy en 2012-2013, que redujeron el gasto en cultura un 30%. Santiago Muñoz Machado dedicó sus primeros años a la recuperación económica buscando mecenazgo privado, tarea que le valió reconocimiento pero también alimentó las críticas posteriores sobre su perfil empresarial.
Batallas culturales. Más allá de lo presupuestario, la RAE ha estado en el centro de batallas culturales recurrentes. El lenguaje inclusivo la convirtió en objetivo de sectores progresistas, que interpretan su posición técnica (el masculino genérico es gramaticalmente inclusivo) como resistencia al cambio social. Otras polémicas fueron más especializadas pero igual de divisivas: suprimir la tilde de "solo" y "guion" provocó rechazo incluso entre académicos. La admisión de extranjerismos frente a la defensa del purismo genera tensiones constantes. Y el equilibrio entre prescribir normas o registrar usos reales es un debate sin resolver.
La paradoja: mientras la RAE ha sido criticada desde la izquierda por conservadurismo lingüístico, Pérez-Reverte la ataca ahora desde el purismo por lo contrario. La acusa de permisiva, de registrar lo que imponen las redes en lugar de defender normas claras. La institución se encuentra atrapada entre dos fuegos: quienes la acusan de obsoleta y quienes la acusan de capitular ante la corrección política.
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La noticia El combate entre la RAE, Pérez-Reverte y el Cervantes visibiliza un problema linguístico: todos quieren mandar en el español fue publicada originalmente en Xataka por John Tones .
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