Durante años, la cultura popular y ciertos estudios observacionales nos han vendido una idea reconfortable: el consumo moderado de alcohol podría ser inocuo e incluso beneficioso para el corazón. Sin embargo, cuando ponemos el foco en el cerebro, la historia cambia radicalmente.
Es neurotóxico. Una corriente creciente de neurólogos y nueva evidencia epidemiológica apuntan a una realidad incómoda: el alcohol es una neurotoxina, y existe una edad biológica a partir de la cual nuestro cerebro pierde la capacidad de tolerarlo. Aunque las guías oficiales no prohíben beber a los jubilados, la literatura científica sugiere que los 65-70 años marcan una frontera crítica. Cruzarla con una copa en la mano podría estar acelerando el deterioro cognitivo y la demencia, que son enfermedades muy prevalentes en ese momento vital.
Aunque hay excepciones, con personas que son muy longevas y apuntan a que su 'secreto' es tomar una copa de alcohol diaria. Aunque aquí puede que la genética juegue un importante papel.
La reserva neuronal. El neurólogo Richard Restak popularizó una recomendación clínica contundente: hay que dejar de beber completamente a los 70 años. ¿Es una cifra arbitraria? No del todo. Se basa en el concepto de "reserva neuronal".
Según apunta la ciencia, un cerebro joven tiene un margen de maniobra ante la llegada de estas toxinas. Posee suficientes neuronas y plasticidad para ir compensando el daño leve que produce el etanol, pero, sin embargo, el envejecimiento natural lleva consigo una pérdida de neuronas. Es por ello que beber en la vejez es, básicamente, quemar el combustible de un depósito que ya está en reserva y que no se va a rellenar.
Se va acelerando. La ciencia en este caso tiene bastante claro que el daño cerebral relacionado con el alcohol junto a un consumo intenso y prologado acelera el envejecimiento cerebral. Y es que ante el mismo consumo de alcohol, un cerebro que ya está envejecido tiene un mayor daño que uno joven.
Algo que se explica porque los mecanismos de reparación neuronal se ven también envejecidos y no tienen la misma capacidad que cuando una persona tiene 20 años para compensar.
Los datos. El mayor golpe a la idea de que beber un poco "no hace daño" viene de grandes estudios de cohortes, como el famoso estudio Whitehall II, que siguió a miles de personas durante 23 años. En este caso se vio que las personas que bebían entre 14 y 21 copas de alcohol a la semana tuvieron tres veces más probabilidades de sufrir atrofia en el hipocampo en comparación con quien no bebía. Y esta es la región fundamental para tener memoria.
Para aquellos que superaban las 30 unidades semanales, la probabilidad de atrofia se disparaba a casi seis veces más. Pero lo más preocupante es que no se observó ningún beneficio protector en el grupo del consumo ligero (menos de siete copas a la semana) frente a la abstinencia general.
Cero alcohol. Estos datos junto con los estudios de imagen cerebral apuntan que incluso los consumos dentro de lo 'moderado' se asocian a una alteración cerebral importante. Esto hace que se pueda afirmar que el margen de seguridad para el cerebro es prácticamente inexistente.
La edad límite. ¿Por qué los 65 años pueden ser un punto de inflexión? Aunque no existe una "ley seca" internacional para mayores de 70, las organizaciones como la Alzheimer’s Society del Reino Unido advierten que los mayores de 65 son un grupo de riesgo especial.
Esto se debe a que ya se cuenta con un hígado envejecido que procesa el alcohol lentamente, lo que hace que el alcohol esté circulando más tiempo por el cuerpo. Esto se suma también a las interacciones que tiene el alcohol con medicamentos que peden aumentar su toxicidad y lo más importante: aumenta el riesgo de demencia.
Hay que tener cuidado. Con todos estos datos, la ciencia tiene bastante claro que cualquier consumo incrementa el riesgo de problemas de salud, sobre todo en lo que a cerebro respecto.
Si bien las guías clínicas aún recomiendan simplemente "no superar las 14 unidades semanales", la recomendación de expertos como Restak y la lectura de la evidencia más actual sugieren una estrategia de prevención más agresiva. Dado que no tenemos cura para la demencia y que la reserva neuronal es nuestro único escudo, dejar el alcohol al entrar en la tercera edad no es una opción, es una estrategia lógica de supervivencia cognitiva.
Imágenes | CHUTTERSNAP Simon Godfrey
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La noticia Hay una edad a la que deberíamos dejar de beber alcohol para siempre. La neurociencia tiene claro por qué fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .
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