
Mover un satélite no es como cambiar un coche de plaza en un aparcamiento. En el espacio, cada ajuste implica cálculos finos, consumo de combustible y coordinación con una coreografía orbital que no perdona despistes. Por eso llama la atención el anuncio de Starlink de que reducirá la altitud de una parte enorme de su red: alrededor de 4.400 satélites bajarán desde unos 550 kilómetros de altura a unos 480 kilómetros, según explicó Michael Nicolls, vicepresidente de ingeniería de Starlink, en una publicación en X recogida por Engadget y atribuida a información de Reuters.
La medida suena simple —“bajarlos un poco”—, pero tiene implicaciones prácticas para la seguridad espacial y para el modo en que se gestiona el tráfico en la órbita baja terrestre. Si imaginamos la órbita como una autopista alrededor del planeta, Starlink está proponiendo cambiar de carril para circular por una zona menos congestionada y, al mismo tiempo, facilitar una “salida de emergencia” más rápida si algo falla.
Por qué bajar de 550 km a 480 km cambia el juego
En términos cotidianos, bajar la altitud es como conducir con la ventanilla abierta: hay más rozamiento. En el espacio no hay “aire” como aquí abajo, pero sí existe una atmósfera muy tenue a esas alturas. Ese resto de partículas genera arrastre atmosférico, una resistencia que, con el tiempo, hace que el satélite pierda energía y vaya descendiendo hasta reentrar y desintegrarse.
A mayor altitud, ese arrastre es menor, así que un satélite puede quedarse “flotando” años si pierde control o si queda inerte. A menor altitud, el arrastre aumenta y el retorno a la atmósfera ocurre antes. Nicolls explicó que este descenso busca reducir el riesgo de colisiones y que colocar los satélites en un rango menos “abarrotado” ayudaría a minimizar problemas si ocurre un incidente.
Este punto es clave: en caso de anomalía, fallo de propulsión o pérdida de orientación, un satélite más bajo tiende a “limpiarse” solo más rápido, porque la atmósfera termina tirando de él hacia abajo. Es una lógica de seguridad por diseño: si algo sale mal, que el sistema tenga una salida natural lo más corta posible.
El “mínimo solar” y por qué Starlink mira a los años 2030
El anuncio menciona un factor que suele pasar desapercibido fuera del mundo aeroespacial: el mínimo solar. El Sol atraviesa ciclos de actividad de aproximadamente 11 años. Cuando el Sol está más activo, calienta y expande las capas altas de la atmósfera, incrementando la densidad a determinadas altitudes. Traducido a lo práctico: hay más arrastre y los objetos en órbita tienden a caer antes.
Cuando la actividad solar baja y se entra en un mínimo, la atmósfera superior se contrae, la densidad disminuye y el arrastre cae. Resultado: los objetos pueden permanecer más tiempo arriba. Nicolls apuntó que, a medida que se acerque ese periodo (según su mensaje, esperado para principios de la década de 2030), el “tiempo de decaimiento balístico” a una altitud dada aumentará, y que bajar los satélites implicaría una reducción superior al 80% en ese tiempo de caída: de durar “4+ años” a “unos meses”, en sus palabras.
Dicho con una metáfora doméstica: si quieres que una hoja caiga pronto al suelo, no la sueltas en una habitación sin aire; la sueltas donde haya corriente. El mínimo solar sería esa habitación con menos corriente. Bajar la altitud es acercarse a una zona con más “corriente” y acelerar el retorno.
Menos basura espacial: una promesa con matices
El debate sobre basura espacial no es teórico. Cada fragmento cuenta: incluso un trozo pequeño puede causar daños serios a velocidades orbitales. Y cuando una colisión genera más fragmentos, el problema se retroalimenta. Es lo que se conoce popularmente como el riesgo de cascada de desechos, a veces asociado al escenario de Kessler.
En ese contexto, que un operador proponga reconfigurar su constelación para que, ante fallos, los satélites tarden menos en desorbitar puede leerse como un movimiento de reducción de riesgo sistémico. No elimina la posibilidad de incidentes, pero recorta la ventana temporal en la que un satélite fuera de control podría convertirse en un obstáculo durante años.
Aquí conviene ser muy preciso: bajar la altitud no hace “inmune” a la constelación. Lo que hace es modificar el balance de riesgos. Por un lado, reduce permanencia de objetos inertes. Por otro, concentra tráfico en una banda distinta, lo que exige mantener un altísimo nivel de seguimiento, predicción de conjunciones y capacidad de maniobra. Nicolls defendió que “condensar” las órbitas aporta seguridad, y el argumento se entiende: si se reorganiza bien, se puede mejorar la gestión interna y la respuesta ante eventos.
El contexto reciente: anomalías, escombros y maniobras no coordinadas
El anuncio llega tras semanas movidas. Engadget recordaba que Starlink informó recientemente de una anomalía en uno de sus satélites que generó debris y lo dejó dando tumbos. Un suceso así es justo el tipo de evento que pone a prueba la resiliencia de una red grande: cuando algo se fragmenta o pierde control, la prioridad pasa a ser minimizar riesgos para el resto de satélites y para otros operadores.
Nicolls también mencionó un “casi accidente” con un grupo de satélites lanzados desde China, afirmando que parecían haberse puesto en órbita sin intentar coordinarse con operadores ya presentes. Más allá del detalle concreto, el tema de fondo es la convivencia entre constelaciones y lanzamientos cada vez más frecuentes. El espacio cercano a la Tierra se parece menos a un desierto y más a un cruce con tráfico creciente, con actores que no siempre comparten protocolos o tiempos de reacción.
Cuando Nicolls habla de “riesgos difíciles de controlar” como maniobras no coordinadas y lanzamientos de otros operadores, está señalando un límite real: puedes mejorar tu propio sistema, pero no puedes gobernar el comportamiento de todo el ecosistema. Bajar la altitud aparece entonces como una forma de aumentar el margen de seguridad interno: si hay un problema, que el objeto problemático desaparezca antes del tablero.
Qué significa esto para SpaceX y para la “policía de tráfico” del espacio
Detrás de la noticia hay una pregunta que suele interesar al público: ¿quién pone orden? El seguimiento de objetos lo hacen redes de vigilancia y entidades gubernamentales, y los operadores comerciales suelen apoyarse en datos de seguimiento y sistemas de predicción para evitar aproximaciones peligrosas. Con miles de satélites activos, la automatización y los procedimientos de coordinación se vuelven esenciales.
Para SpaceX, este tipo de reconfiguración también es una declaración de madurez operativa. No se trata solo de lanzar y dar servicio, sino de demostrar que puedes ajustar arquitectura, gestionar riesgos y adaptar tu red a cambios a largo plazo como el mínimo solar. Es parecido a mantener una flota de reparto: no basta con comprar furgonetas, hay que planificar mantenimiento, rutas y planes de contingencia para cuando una se avería en hora punta.
En paralelo, la noticia deja una lección práctica: la sostenibilidad de la órbita baja depende tanto de decisiones técnicas como de normas y cultura de coordinación. Si los lanzamientos y maniobras se vuelven más intensos, la conversación sobre reglas de tráfico espacial y transparencia operativa gana peso. Y cuando una empresa del tamaño de Starlink decide cambiar de altitud a miles de unidades, ese movimiento se convierte en un experimento a escala real que otros observarán con lupa.
Lo que hay que vigilar a partir de ahora
El anuncio es claro en su intención, pero el éxito se medirá en la ejecución. Habrá que ver el ritmo de descenso, cómo se gestiona la transición sin incrementar riesgos temporales, y si la nueva configuración reduce incidentes o alertas de conjunción. También será relevante observar si otros operadores responden con ajustes similares o si el sector empuja hacia estándares compartidos más estrictos.
Por ahora, el mensaje principal es directo: Starlink apuesta por una órbita más baja para que, si algo falla, los satélites se “eliminen” más rápido de forma natural y se reduzca la exposición a colisiones y basura espacial, una estrategia explicada por su vicepresidente de ingeniería en X y difundida por Engadget con referencia a Reuters.
☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí
