Un sistema planetario a 116 años luz de la Tierra desafía todo lo que sabemos sobre cómo nacen los planetas — y un astrónomo chileno es parte del debate.
Un sistema exoplanetario ubicado a unos 116 años luz de la Tierra podría revolucionar nuestra comprensión de cómo se forman los planetas. Descubierto con telescopios de la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), y publicado el pasado 12 de febrero de 2026 en la prestigiosa revista Science, este hallazgo está generando revuelo en la comunidad astronómica internacional — incluida la participación de un destacado astrónomo chileno.
Un sistema “al revés”
Cuatro planetas orbitan la estrella LHS 1903, una enana roja — el tipo de estrella más común en el universo — dispuestos en una secuencia verdaderamente peculiar: el planeta más cercano a la estrella es rocoso; los dos siguientes son gaseosos; y luego, de manera completamente inesperada, el planeta más alejado es también rocoso.
Esta configuración contradice de manera directa el patrón observado tanto en nuestra galaxia como en nuestro propio sistema solar, donde los planetas rocosos (Mercurio, Venus, Tierra y Marte) orbitan más cerca del Sol, mientras que los planetas gaseosos (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno) se encuentran más lejos.
La inusual disposición del sistema LHS 1903: rocoso-gaseoso-gaseoso-rocoso. Crédito: X/@astronomy_free
¿Por qué los sistemas suelen seguir el mismo orden?
Para entender por qué este sistema es tan sorprendente, hay que recordar cómo se forman los planetas, según la teoría estándar. Los astrónomos creen que los planetas nacen dentro de un disco de gas y polvo que rodea a una estrella joven. Cerca de la estrella, las temperaturas son extremadamente altas y los compuestos volátiles — como el agua y el dióxido de carbono — se evaporan. Solo los materiales resistentes al calor extremo, como el hierro y los minerales formadores de roca, logran unirse en granos sólidos. Por eso, los planetas que se forman en esa zona interior tienden a ser rocosos.
Más lejos de la estrella existe lo que los científicos llaman la “línea de nieve” (snow line): una frontera más allá de la cual las temperaturas son suficientemente bajas para que el agua y otros compuestos se congelen en hielo sólido. Este proceso permite que los núcleos planetarios crezcan con mayor rapidez. Cuando un planeta en formación alcanza unas 10 veces la masa de la Tierra, su gravedad es capaz de atrapar enormes cantidades de hidrógeno y helio, generando en algunos casos gigantes gaseosos como Júpiter o Saturno.
“El paradigma de la formación planetaria es que los planetas rocosos interiores están muy cerca de las estrellas, como en nuestro sistema solar. Esta es la primera vez que tenemos un planeta rocoso tan lejos de su estrella anfitriona, y después de estos planetas ricos en gas.” — Thomas Wilson, profesor asistente de Física, Universidad de Warwick (Reino Unido)
LHS 1903 e: la “supertierra” que no debería existir
El planeta desconcertante se llama LHS 1903 e y tiene un radio aproximadamente 1,7 veces el de la Tierra, lo que lo convierte en lo que los astrónomos denominan una “supertierra” — una versión más grande de nuestro planeta con densidad y composición similares. Pero ¿por qué está ahí, desafiando la lógica y las observaciones previas?
“Creemos que estos planetas se formaron en ambientes muy distintos entre sí, y eso es lo que hace único a este sistema. Este planeta exterior, más rocoso en comparación con los dos planetas del medio, no debería haber ocurrido según la teoría de formación estándar. Pero lo que creemos es que se formó después que los otros planetas.” — Thomas Wilson
Ilustración de cómo el sistema LHS 1903 desafía las teorías de formación planetaria. Crédito: Robotdyn
Cómo lo descubrieron: TESS y Cheops
El sistema fue detectado inicialmente por el Telescopio de Sondeo de Exoplanetas en Tránsito (TESS), un telescopio espacial de la NASA lanzado en 2018 para descubrir nuevos exoplanetas. Posteriormente, el sistema fue analizado en profundidad por el satélite Cheops de la ESA, lanzado en 2019 y diseñado precisamente para estudiar estrellas que ya se sabe albergan exoplanetas.
El equipo investigador también utilizó datos de múltiples telescopios terrestres de todo el mundo, convirtiendo el estudio en una gran colaboración científica internacional.
Fue precisamente el satélite Cheops el que reveló la existencia del cuarto y enigmático planeta externo. Según Maximilian Günther, científico del proyecto Cheops en la ESA: “Mucho sobre cómo los planetas se forman y evolucionan sigue siendo un misterio. Encontrar pistas como esta para resolver este rompecabezas es precisamente para lo que Cheops fue diseñado.”
La formación “sin gas”: un mecanismo nuevo
Después de confirmar la inusual configuración del sistema, los investigadores evaluaron distintas hipótesis para explicar la existencia del planeta rocoso exterior: ¿podría haberse formado por una colisión entre planetas? ¿Podría ser el remanente de un planeta gaseoso que perdió su atmósfera?
“Realizamos mucho análisis dinámico en este estudio; básicamente lanzamos estos planetas unos contra otros, y otros planetas contra ellos, para ver si podíamos eliminar la atmósfera o crear estos planetas mediante impactos. Pero no podemos hacer estos planetas de esta manera.” — Thomas Wilson
Descartadas esas posibilidades, el equipo llegó a lo que Wilson denomina un mecanismo de formación “sin gas” o “empobrecida en gas” (gas-depleted): los planetas se habrían formado uno tras otro, en orden secuencial desde el más interior hacia el exterior — es decir, en el orden inverso al de nuestro sistema solar, donde primero se formaron los gigantes gaseosos.
“Este mecanismo de formación, donde se empieza por el planeta interior y luego se avanza alejándose de la estrella anfitriona, significa que el planeta más exterior se formó millones de años después del más interior. Y dado que se formó más tarde, en realidad ya no quedaba tanto gas y polvo en el disco para construir este planeta.” — Thomas Wilson
En nuestro sistema solar, los gigantes gaseosos se formaron primero y con rapidez, seguidos por los cuatro planetas rocosos interiores. Si bien existen cuerpos rocosos más allá de la órbita de Neptuno — como Plutón —, Wilson señala que son mucho más pequeños, ricos en hielo, y que probablemente se formaron mucho más tarde como resultado de colisiones. No son comparables con LHS 1903 e.
Una voz chilena en el debate
Uno de los científicos que comentó este hallazgo es Néstor Espinoza, astrónomo chileno del Space Telescope Science Institute en Baltimore, Estados Unidos, quien no formó parte del equipo investigador. Espinoza advierte que la formación de planetas alrededor de estrellas pequeñas como LHS 1903 es ahora materia de debate activo:
“Este sistema agrega un punto de datos muy interesante que tendrá a los modelos de formación planetaria tratando de explicarlo por años. ¡Y estoy seguro de que aprenderemos algo nuevo sobre el proceso de formación planetaria una vez que sean comparados entre sí!” — Néstor Espinoza, Space Telescope Science Institute
Lo que dicen otras expertas del campo
Sara Seager, profesora de Ciencias Planetarias y Física en el MIT y coautora del estudio, sostiene que el hallazgo podría ofrecer “algunas de las primeras evidencias para cambiar el guion sobre cómo se forman los planetas alrededor de las estrellas más comunes de nuestra galaxia.” Sin embargo, advierte que el estudio se centra en una interpretación compleja y el debate sigue abierto: “Incluso en un campo en maduración, los nuevos descubrimientos pueden recordarnos que aún tenemos un largo camino por recorrer para entender cómo se construyen los sistemas planetarios.”
Por su parte, Heather Knutson, profesora de Ciencias Planetarias en el Instituto de Tecnología de California (Caltech), señaló que LHS 1903 e es especialmente fascinante porque “potencialmente podría albergar muchos tipos diferentes de atmósferas y podría ser lo suficientemente frío para que el agua se condense. Sería un planeta apasionante para observar con el Telescopio Espacial James Webb, que podría decirnos más sobre sus propiedades atmosféricas.”
Ana Glidden, investigadora postdoctoral en el Instituto Kavli de Astrofísica e Investigación Espacial del MIT, destacó que el sistema LHS 1903 puede funcionar como un laboratorio natural para estudiar cómo se forman los planetas pequeños alrededor de una estrella diferente a nuestro Sol. Señaló además que las observaciones futuras podrían permitir a los científicos sondear las atmósferas de estos mundos y comprender mejor cómo los distintos tipos de planetas se forman y evolucionan.
¿Y si somos nosotros el sistema raro?
Isabel Rebollido, investigadora de la ESA, ofrece una reflexión que invita a reconsiderar la perspectiva: “Históricamente, nuestras teorías de formación planetaria se basan en lo que vemos y sabemos sobre nuestro Sistema Solar. A medida que observamos cada vez más sistemas exoplanetarios diferentes, estamos comenzando a revisar esas teorías.”
El hallazgo nos recuerda que el universo es más variado e impredecible de lo que suponíamos. Y si los sistemas “al revés” como LHS 1903 resultan ser más comunes de lo pensado, quizás sea nuestro propio sistema solar — con sus planetas ordenaditos y predecibles — el que necesita una explicación especial.
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