Durante décadas, la biología ha observado un hecho demográfico incontestable: las mujeres viven más que los hombres. A menudo se ha culpado al estilo de vida, a la testosterona o a la mayor propensión masculina a las actividades de riesgo. Sin embargo, la ciencia ha encontrado a un culpable mucho más sutil y genético que llevamos en todas nuestras células y que literalmente empezamos a perder a medida que envejecemos.
Una clase de genética. De manera muy general, hay que recordar que toda nuestra información genética está recogida en 46 cromosomas que se encuentran dentro de los núcleos de nuestras células en forma de pares. Pero hay una parte de todos estos cromosomas que nos define como hombres o mujeres: la presencia de dos cromosomas X define a las mujeres y la presencia de un cromosoma X con uno Y define a los hombres.
Aunque hay una gran complejidad genética detrás de algo tan redundante como un par de cromosomas, lo que nos interesa en este caso es que la ciencia ha visto un efecto llamado mLOY, que es literalmente la pérdida del mosaico del cromosoma Y en los hombres. Y los diferentes artículos científicos sugieren que no es un simple efecto secundario de hacerse mayor, sino que es un "asesino silencioso" que explica gran parte de la brecha de longevidad entre sexos.
El cromosoma fugitivo. Durante mucho tiempo, el cromosoma Y fue considerado el "hermano pequeño" del genoma. Pequeño, con pocos genes y encargado casi exclusivamente de determinar el sexo masculino sin más funciones conocidas, recayendo casi todas en el cromosoma X de un tamaño considerable. Pero la verdad es que estábamos equivocados, y el cromosoma Y tiene una gran importancia en la vida adulta de los hombres.
El fenómeno mLOY. Este ocurre cuando las células que están encargadas de fabricar los elementos de la sangre, como los eritrocitos, las plaquetas, o los linfocitos, sufren errores al dividirse y pierden el cromosoma Y. Algo que genera un "mosaico" en nuestro cuerpo, es decir, algunos glóbulos blancos tienen el cromosoma Y mientras que otros no.
Pero lo inquietante es la frecuencia con la que ocurre, ya que, según los datos revisados, esto es algo que se ha detectado en el 40% de los hombres a los 60 años y en el 70% de los hombres a los 90 años.
Hay daños. Hasta hace poco, se creía que perder este cromosoma era algo benigno y normal, una simple "cana genética". Pero la evidencia acumulada entre 2022 y 2025, incluyendo estudios masivos del Biobanco del Reino Unido y el reciente estudio alemán LURIC, ha hecho saltar las alarmas: perder el cromosoma Y no es inocuo y tiene importantes efectos secundarios.
El corazón. Uno de estos efectos secundarios está precisamente en la insuficiencia cardiaca, que es una enfermedad muy prevalente en la tercera edad. Aquí la ciencia ha podido ver que, al eliminar el cromosoma Y en ratones, los animales desarrollaban rápidamente fibrosis cardiaca. Es decir, sus corazones se llenaban de tejido cicatricial, volviéndose rígidos y, por tanto, con mucha dificultad para poder bombear la sangre.
Pero no es la única enfermedad que se presenta, puesto que en el Biobanco del Reino Unido, los hombres con mLOY en más del 40% de sus glóbulos blancos tenían un 31% más de riesgo de morir por causas cardiovasculares. E incluso el estudio LURIC publicado el año pasado, realizado sobre 1.700 hombres, halló que el efecto mLOY aumentaba en casi el 50% el riesgo de infarto mortal.
Más enfermedades. Más allá del corazón, el impacto de perder el cromosoma Y afecta también al sistema de defensa de nuestro organismo para poder combatir diferentes amenazas. Entre ellas tenemos el cáncer, puesto que el sistema inmune necesita el cromosoma Y para vigilar eficazmente las células tumorales que van surgiendo. Su pérdida se asocia con un peor pronóstico en cáncer de vejiga y otros tumores sólidos, puesto que es como si los guardias de seguridad de nuestro cuerpo se hubieran quedado parcialmente ciegos.
Además del cáncer, también se ha visto que la frecuencia de mLOY es hasta 10 veces mayor en los pacientes que tienen Alzheimer, con estudios que muestran un riesgo casi 3 veces superior de desarrollar la enfermedad.
El COVID. Durante la pandemia vimos que los hombres mayores morían mucho más que las mujeres sin entender muy bien el porqué. Ahora sabemos que la pérdida del cromosoma Y eleva 54% el riesgo de letalidad por estar infectado de COVID en ancianos, ofreciendo por fin una explicación biológica a ese sesgo.
¿Hay solución? Puede parecer deprimente saber que una parte de nuestro ADN decide abandonarnos y causarnos tantos problemas, pero en realidad, es un hallazgo esperanzador. Y es esperanzador, puesto que, al ver que la pérdida de cromosoma Y es causa directa de una enfermedad, se abren puertas terapéuticas.
En los experimentos con ratones se ha visto que con el tratamiento con un fármaco antifibrótico se lograba revertir el daño cardiaco causado por la pérdida del cromosoma. Esto significa que el efecto mLOY se puede usar como marcador en un análisis de sangre, como ocurre con el colesterol, para predecir el riesgo cardiaco de un paciente y poder poner tratamientos preventivos para retrasarlo y mejorar la calidad de vida del paciente.
Imágenes | nrd Miroslaw Miras
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La noticia Durante años culpamos a la testosterona de que los hombres vivieran menos. Ahora sabemos que el culpable es un cromosoma fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .
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