1 de febrero de 2026

El grupo sanguíneo MAL: el enigma de 1972 que terminó abriendo una nueva “familia” de sangre humana

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En 1972, durante un embarazo, una muestra de sangre dejó desconcertados a los especialistas: faltaba una molécula de superficie que, hasta donde se sabía, estaba presente en prácticamente todos los glóbulos rojos humanos. Esa ausencia no era un detalle sin importancia. En el sistema de “etiquetas” que usamos para identificar la sangre compatible, cada molécula cuenta: si recibes una etiqueta equivocada, tu sistema inmune puede reaccionar como si le hubieran colado un intruso.

Más de medio siglo después, aquella rareza terminó conectando piezas que llevaban décadas sueltas. Un equipo con investigadores del Reino Unido e Israel describió un nuevo grupo sanguíneo humano, bautizado como MAL, y lo hizo con evidencias genéticas y funcionales que ya no dejan la explicación en el terreno de la sospecha. El trabajo se publicó en la revista Blood y aparece indexado en PubMed, con fecha de diciembre de 2024, dentro de un artículo centrado en cómo alteraciones en el gen MAL explican el fenotipo AnWj negativo.

Por qué no todo es ABO y Rh

Cuando hablamos de tipos de sangre solemos quedarnos en lo conocido: ABO y el factor Rh (el “positivo” o “negativo”). Es como describir una ciudad diciendo solo sus dos avenidas principales. En realidad, los glóbulos rojos llevan en su superficie un auténtico “vecindario” de proteínas y azúcares, y cada conjunto reconocido define sistemas de grupos sanguíneos distintos.

Estas moléculas, llamadas antígenos, funcionan como credenciales. El sistema inmune las usa para distinguir lo propio de lo ajeno. En una transfusión, si el receptor tiene anticuerpos contra un antígeno presente en la sangre donada, puede desencadenarse una reacción que va de leve a grave, y en casos extremos puede ser fatal. Por eso la historia del antígeno AnWj no es una curiosidad académica: es una cuestión de seguridad clínica.

AnWj: un antígeno casi universal y, por eso, problemático cuando falta

Los datos acumulados durante años ya indicaban que el antígeno AnWj estaba presente en más del 99,9% de las personas. Dicho de otra forma: encontrar a alguien que no lo tenga es tan raro como dar con una llave que no encaja en casi ninguna cerradura estándar, y esa rareza complica las transfusiones cuando esa persona desarrolla anticuerpos contra AnWj.

En la práctica, si una persona con fenotipo AnWj-negativo recibe sangre AnWj-positiva, existe riesgo de reacción transfusional. El problema es doble: primero, hay muy pocos donantes que coincidan; segundo, durante décadas no se entendía con certeza qué “pieza” molecular faltaba exactamente, lo que hacía difícil desarrollar pruebas sólidas y estrategias de cribado.

La pista clave: el gen MAL y una proteína pequeña pero decisiva

El giro decisivo llegó al poner la lupa en el gen MAL, que codifica una proteína conocida como myelin and lymphocyte protein (Mal). Los investigadores mostraron que las personas con el fenotipo heredado AnWj-negativo compartían la misma alteración genética: una deleción en MAL en homocigosis (es decir, afectando a las dos copias del gen). Esa deleción se asocia a la ausencia de la proteína Mal en la membrana del glóbulo rojo.

Aquí viene una metáfora útil: imagina que el antígeno AnWj es el “timbre” de una casa. Durante años se discutió qué componente eléctrico lo alimentaba. El estudio demuestra que el cableado principal es Mal: si falta, el timbre no suena, por mucho que el resto de la instalación esté intacta.

Este punto es importante porque, según detalla el artículo de Blood, se habían barajado otras asociaciones en el pasado, pero el análisis genético (incluida la secuenciación) no encontraba una explicación común… hasta que apareció MAL como denominador compartido entre los casos raros heredados.

La prueba que cerró el círculo: “devolver” AnWj a células que no lo tenían

En biomedicina, una cosa es encontrar una correlación y otra demostrar causalidad. Para cerrar el círculo, el equipo hizo un experimento clave: introdujo una copia funcional del gen MAL en células que eran AnWj-negativas. Al hacerlo, esas células empezaron a expresar el antígeno AnWj. En términos sencillos: al reponer la pieza, reapareció la señal.

La Universidad de Bristol y entidades vinculadas a la investigación clínica en el Reino Unido destacaron precisamente este tipo de evidencia como la que permite hablar de un sistema nuevo con base firme, no solo de una observación rara repetida en pocos pacientes.

Herencia vs. “apagado” del antígeno: el matiz que puede cambiar una historia clínica

Un detalle especialmente útil para hospitales y bancos de sangre es que no todos los casos AnWj-negativos parecen deberse a la misma causa. En el trabajo se describen pacientes AnWj-negativos que no tenían esa deleción heredada en MAL, lo que sugiere que ciertos trastornos hematológicos pueden suprimir la expresión del antígeno, como si el cuerpo bajara la persiana de esa señal en determinadas circunstancias.

Este matiz tiene implicaciones prácticas. Si puedes distinguir entre un fenotipo AnWj-negativo heredado y uno debido a supresión, la etiqueta “rara” cambia de significado. En el primer caso, se trata de una característica genética estable, útil para planificar transfusiones futuras y buscar donantes compatibles. En el segundo, puede ser una pista de que algo subyacente está alterando la biología de los glóbulos rojos y conviene investigarlo. La genética aquí actúa como un interruptor de luz: no solo ilumina el mecanismo, también ayuda a ver qué más hay en la habitación.

Qué sabemos de MAL en el cuerpo y por qué sorprende su discreción

La proteína Mal es pequeña, pero no trivial. Se ha relacionado con la estabilidad de membranas celulares y con procesos de transporte dentro de la célula, como si ayudara a organizar el tráfico de “paquetes” microscópicos. El estudio no vinculó la deleción heredada con otras alteraciones celulares evidentes en los pacientes analizados, lo que resulta llamativo: la ausencia de una pieza asociada a membrana no se tradujo, al menos en esos casos, en un cuadro clínico amplio y reconocible.

Otro dato curioso es que el antígeno AnWj no aparece en recién nacidos y se expresa después del nacimiento. Esto encaja con la idea de que algunos antígenos se “encienden” cuando el organismo madura ciertos procesos celulares. Para el lector no especializado, sirve una comparación cotidiana: hay funciones del móvil que no vienen activadas de fábrica y aparecen con una actualización; aquí la biología también tiene sus “momentos de activación”, solo que guiados por desarrollo y regulación celular.

Impacto real: transfusiones más seguras y diagnóstico más fino

La principal consecuencia de identificar el sistema MAL es operativa: permite diseñar pruebas para detectar a personas con fenotipo AnWj-negativo y, sobre todo, comprender por qué lo son. Las publicaciones institucionales vinculadas al hallazgo subrayan el objetivo clínico: mejorar la atención a pacientes raros pero relevantes, que pueden enfrentarse a complicaciones si reciben sangre incompatible.

En la medicina transfusional, cada nuevo sistema bien caracterizado reduce el margen de incertidumbre. Es como pasar de tener un mapa con calles sin nombre a uno con señalización completa: cuando surge una urgencia, las decisiones se toman más rápido y con menos riesgo. Para bancos de sangre, laboratorios hospitalarios y servicios de hematología, disponer de la base genética del antígeno AnWj abre la puerta a estrategias de cribado, confirmación diagnóstica y planificación de unidades compatibles en pacientes con antecedentes de anticuerpos problemáticos.

Lo más interesante de esta historia es que no gira solo en torno a “descubrir algo nuevo”, sino a resolver una pregunta clínica que llevaba décadas entorpeciendo la práctica: qué hacer con un antígeno casi universal cuando aparece un paciente para quien ese “casi” se convierte en un muro.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

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