
Hay un vídeo circulando en YouTube que empieza haciéndote una pregunta aparentemente estúpida: ¿por qué caen las cosas? Y antes de que puedas responder «pues por la gravedad, hombre», el narrador te corta en seco: eso no es una respuesta, es ponerle un nombre a tu ignorancia. Duro, sí. Pero tiene toda la razón.
Para entender la historia hay que remontarse a 1915, cuando Einstein publicó su teoría de la relatividad general y básicamente le dio la vuelta a todo lo que Newton nos había enseñado sobre la gravedad. Newton, allá por el siglo XVII, veía la gravedad como una fuerza misteriosa que actuaba instantáneamente entre dos masas, sin importar la distancia que las separara. Era como si la Tierra y la Luna se agarraran de la mano a través del vacío espacial mediante hilos invisibles. La fórmula era sencilla y elegante: F=GmM/r², y funcionaba de maravilla para calcular órbitas planetarias y predecir eclipses. Newton mismo admitía que no tenía ni idea de por qué existía esa fuerza, pero tampoco le quitaba el sueño. «Non fingo hypotheses», decía: no fabrico hipótesis. Le bastaba con que las matemáticas cuadraran.
Einstein, sin embargo, era de los que no podían dormir tranquilos sin saber el porqué de las cosas. Su gran intuición fue darse cuenta de que la gravedad no es una fuerza en absoluto, sino una consecuencia de que el espacio y el tiempo no son ese escenario rígido e inmutable que todos imaginamos. La masa deforma el espacio-tiempo como una bola de bolos hunde el colchón en el que la colocas, y los objetos simplemente siguen las trayectorias más rectas posibles en esa geometría deformada. Es como cuando intentas caminar en línea recta sobre una cama elástica donde alguien ha puesto una gran bola de piedra: inevitablemente acabas rodando hacia ella, no porque haya una fuerza invisible tirando de ti, sino porque el propio terreno está inclinado.
Para mostrarnos lo equivocados que estamos, el video nos propone el experimento mental del ascensor en caída libre. Dentro de un ascensor cayendo no se siente ningún peso, exactamente igual que en el espacio interestelar. Si estuvieses tan chalado como para mirar lo que te indica el acelerómetro de tu móvil si el cable del ascensor se hubiese roto, y estuvieses cayendo desde un piso 50, comprobarías que marca 0, mientras que si estuvieses sentado en el sofá comprobarías que marca el 9,8 m/s². Por tanto el estado «natural» de un objeto es caer, no estarse quieto. Lo que consideramos estar quietos es, en realidad, el estado forzado: algo (el suelo, una silla) nos empuja constantemente hacia arriba.
Pero si esto es así, algo tiene que estar causando ese empuje constante hacia arriba que provoca la presión de la silla que sientes ahora sobre tu trasero. ¿Cómo puedes estar acelerando sin moverte? La única respuesta posible es que algo extraño está pasando con el propio entorno en el que existes. No con tus músculos, no con el suelo, sino con el tejido mismo del espacio y el tiempo a tu alrededor.
La Relatividad General describe la gravedad como curvatura del espacio-tiempo, no solo del espacio. Y en el entorno débil de la Tierra, la curvatura del espacio es insignificante. Lo que realmente genera el 99% del efecto gravitacional que experimentamos es la curvatura del tiempo: el hecho de que el tiempo corra más despacio cerca del suelo que a mayor altura. Esto es lo que muestran las ecuaciones de Einstein en el «límite newtoniano» (gravedad débil, velocidades lentas). El Stanford Gravity Probe B Group lo resume sin rodeos: «La deformación del espacio cerca de la Tierra es pequeña, aproximadamente una parte en un millón». El tiempo hace el trabajo pesado.
¿Y cómo el tiempo curvado provoca que una manzana caiga? Un objeto sin fuerzas externas sigue el camino más recto posible en el espacio-tiempo. Sigue lo que se conoce como geodésica, que no es otra cosa que una trayectoria recta sobre un entorno curvado.
Imagina que quieres ir de Madrid a Buenos Aires. Tomas un avión que te lleva desde una ciudad a otra, y crees que has seguido una linea recta, pero en realidad has seguido una geodésica, una linea curva a lo largo de la superficie del globo terráqueo. La naturaleza de cualquier objeto es seguir una geodésica a lo largo del espacio-tiempo curvado tendiendo a avanzar hacia donde el tiempo discurre a una velocidad menor. Cerca del suelo, el tiempo va más despacio; a mayor altura, va más rápido. Es al aplicar una fuerza cuando conseguimos que el objeto detenga su movimiento.
¿Sigues teniendo la cabeza donde estaba, o explotó?
La Explicación de Roger Penrose Sobre la Gravedad Que Romperá Tu Mente (NO es una fuerza, es TIEMPO)
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