15 de febrero de 2026

Un candidato a púlsar justo en el corazón de la Vía Láctea

galactic_pulsar

En el centro de nuestra galaxia vive Sagittarius A*, el agujero negro supermasivo alrededor del cual orbitan estrellas, gas y polvo como si fueran hojas girando alrededor de un desagüe. En ese escenario, un equipo de investigadores ha identificado una señal que podría pertenecer a un púlsar escondido muy cerca de ese núcleo galáctico. Si se confirma, no sería solo “otro objeto interesante”: sería como encontrar un metrónomo de precisión funcionando dentro de una sala donde todo tiembla, un instrumento ideal para medir con más finura cómo se curva el espacio-tiempo en una de las regiones más extremas que podemos observar.

Por qué un púlsar es tan valioso cuando hay un agujero negro supermasivo cerca

Un púlsar es una estrella de neutrones que gira a gran velocidad y emite haces de radiación; cuando esos haces barren la Tierra, los radiotelescopios detectan pulsos regulares. La analogía clásica del faro funciona, pero hay otra que ayuda a entender su valor científico: un púlsar se parece a un reloj atómico natural. Si el reloj está aislado, marca el tiempo con una regularidad extraordinaria; si lo pones cerca de un objeto masivo, su “tic-tac” llega con pequeñas variaciones. Esas desviaciones se pueden modelar y, con suerte, usar como prueba de cómo funciona la gravedad.

Cerca de Sagittarius A*, esas variaciones deberían ser especialmente reveladoras. La relatividad general predice retrasos, desviaciones y efectos sutiles cuando la señal atraviesa un espacio-tiempo muy curvado. Con un púlsar en una órbita compacta, cada pulso sería como el pitido constante de un tren que pasa por un túnel: si el túnel se deforma, el sonido llega distinto. Medir “distinto” con precisión es el sueño de quienes intentan poner a prueba la física en condiciones que no podemos recrear en un laboratorio.

El problema práctico: el centro galáctico es un lugar difícil para “oír” radios

Si el centro de la Vía Láctea fuera un barrio, sería uno con mucho tráfico, obras y ruido. Entre nosotros y el núcleo galáctico hay nubes de gas ionizado y polvo que distorsionan las señales de radio. Este fenómeno, conocido como dispersión y scattering, hace que los pulsos se “embadurnen”, como si una linterna se viera a través de un cristal esmerilado. A frecuencias más bajas, esa distorsión suele ser peor, de modo que buscar púlsares en el centro implica elegir bien la banda de observación y asumir que, aun así, la señal puede quedar irreconocible.

Por eso tiene sentido que el equipo usara observaciones en banda X, aproximadamente entre 8 y 12 GHz: es una forma de intentar atravesar parte de ese “ruido” interestelar. Aun con esta estrategia, el historial es frustrante: se espera que haya muchos objetos compactos cerca de Sagittarius A*, pero los púlsares confirmados en las inmediaciones siguen siendo escasos, lo que ha alimentado durante años la idea del “púlsar perdido” del centro galáctico.

BLPSR: la señal que podría ser un púlsar de milisegundos

El candidato tiene nombre de archivo, casi de carpeta de proyecto: BLPSR. Lo importante es su comportamiento. Según el estudio aceptado en The Astrophysical Journal (con versión en arXiv), el equipo analizó datos obtenidos con el Robert C. Byrd Green Bank Telescope dentro de la iniciativa Breakthrough Listen. En ese rastreo aparecieron miles de candidatos y, entre ellos, uno especialmente sugerente: una señal con un periodo de rotación de 8,19 milisegundos, lo que encaja con un púlsar de milisegundos.

Los púlsares de milisegundos son, por decirlo de forma cotidiana, los relojes más “finos” del cajón. Giran tan rápido y con tanta estabilidad que se usan como herramientas de cronometraje cósmico. En el artículo técnico, el candidato se describe con parámetros que refuerzan el interés, como una medida de dispersión (DM) muy alta, consistente con atravesar una gran cantidad de material entre el centro galáctico y nosotros. También se menciona que la señal se mantuvo de forma persistente en el tiempo y la frecuencia durante al menos un bloque de observación, un rasgo que suele distinguir una posible fuente astrofísica de un simple artefacto del análisis.

Aquí entra la parte menos cinematográfica y más honesta: el equipo no afirma que sea un descubrimiento definitivo. De hecho, señala que no pudieron confirmar el origen de forma concluyente y que en observaciones posteriores no se reprodujo la detección con la misma claridad. En ciencia, esto es importante: un candidato prometedor no se convierte en realidad por entusiasmo, sino por repetición, consistencia y descartes cuidadosos de interferencias terrestres o fluctuaciones estadísticas.

Qué se podría medir si se confirma: espacio-tiempo con regla milimetrada

Imagina intentar detectar una inclinación mínima en el suelo usando una canica. Si el suelo está perfectamente plano, la canica rueda de forma predecible; si hay una pendiente casi imperceptible, su trayectoria cambia lo justo para delatarla. Un púlsar cerca de Sagittarius A* sería esa canica, solo que con una sensibilidad enorme. Con un “tic-tac” tan estable, se podrían medir retrasos en la llegada de los pulsos y pequeñas desviaciones asociadas a la curvatura gravitatoria, lo que permitiría describir con más precisión el entorno del agujero negro supermasivo.

La nota de la Universidad de Columbia insiste en esta idea: un púlsar ahí permitiría pruebas muy exigentes de la relatividad general y mediciones finas del espacio-tiempo alrededor de un objeto de unos cuatro millones de masas solares. También abre la puerta a estudiar cómo se comporta la materia y el plasma en una región con gravedad extrema, donde cualquier pequeño efecto se amplifica en términos observables.

El trasfondo: el “púlsar perdido” del centro galáctico no se rinde

Una de las razones por las que la posible señal ha llamado tanto la atención es el contraste entre lo que los modelos sugieren y lo que realmente vemos. En el centro de la Vía Láctea hay una densidad estelar enorme; donde hay muchas estrellas masivas a lo largo de la historia, debería haber también un buen número de estrellas de neutrones y, por extensión, púlsares. Sin embargo, los detectados cerca del núcleo son muy pocos. El propio trabajo científico subraya que, pese a la sensibilidad del sondeo, no se encontraron nuevos púlsares confirmados, y eso refuerza la sospecha de que el entorno los oculta: distorsión por el medio interestelar, geometrías orbitales extremas, binarias compactas que complican la señal o una combinación de todo.

La Universidad de Oxford, vinculada al programa Breakthrough Listen, también remarca que este tipo de hallazgos potenciales empuja a replantear cuántos objetos compactos pueden estar “tapados” en el centro galáctico y qué nos falta por entender del entorno que rodea a Sagittarius A*.

Qué viene ahora: confirmar, repetir y ampliar la búsqueda

El siguiente paso es tan simple de decir como exigente de hacer: volver a observar y recuperar la señal. En astronomía de radio, confirmar un púlsar implica verlo aparecer con regularidad, medir cómo cambia con el tiempo, comprobar que su frecuencia y dispersión encajan con un origen astronómico y descartar explicaciones instrumentales o interferencias. En paralelo, ampliar la cobertura en frecuencia puede ayudar a sortear mejor el “ruido” del centro galáctico. El estudio menciona planes para extender observaciones a bandas más altas, una estrategia lógica si el scattering está siendo el principal ladrón de pulsos.

También hay un ingrediente interesante en cómo se está compartiendo el trabajo: Breakthrough Listen suele hacer públicos conjuntos de datos para que otros grupos puedan reanalizarlos, probar métodos distintos y buscar señales que quizá se escaparon con un enfoque concreto. En temas tan delicados como un candidato cerca de Sagittarius A*, esa verificación por múltiples ojos y múltiples técnicas no es un lujo; es parte del camino.

Un último matiz ayuda a mantener los pies en el suelo: incluso si BLPSR termina siendo descartado, el esfuerzo no se pierde. Los límites que establecen estos sondeos —qué tan tenue puede ser un púlsar y aun así detectarse, qué regiones quedan cubiertas, qué hipótesis quedan tensionadas— también construyen conocimiento. Y si algún día aparece el “reloj perfecto” orbitando el centro galáctico, habrá sido gracias a campañas como esta, que se parecen más a buscar una aguja en un pajar… cuando el pajar está envuelto en niebla y alguien ha encendido un motor al lado.


La noticia Un candidato a púlsar justo en el corazón de la Vía Láctea fue publicada originalmente en Wwwhatsnew.com por Natalia Polo.


☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

No hay comentarios.:

Publicar un comentario