
El MWC26 Barcelona abrió sus puertas el lunes 2 de marzo de 2026 con una fuerte presencia institucional, en una foto que buscaba subrayar el peso del evento para España y para el ecosistema tecnológico europeo. En paralelo, la GSMA estrenó etapa comunicativa con el debut de Vivek Badrinath como director general en su primer Mobile World Congress al frente de la asociación.
El discurso inaugural dejó poco espacio para la ambigüedad: la industria de las telecomunicaciones tiene tres tareas que ya no admite postergación. La primera es culminar el despliegue de 5G de forma consistente, con calidad y cobertura real, no solo con mapas optimistas. La segunda es estar a la altura del reto de la inteligencia artificial, con iniciativas concretas que aterricen en redes, servicios y productividad. La tercera, quizá la más incómoda por su dimensión social, es proteger a usuarios y empresas de la creciente oleada de estafas online.
En el fondo, es un recordatorio de algo que suele pasar desapercibido: las redes móviles son como el sistema circulatorio de lo digital. Si la “sangre” (los datos) circula con problemas, se resienten la economía, la administración, la educación y hasta los servicios de emergencia. Por eso, en la apertura se insistió en tres pilares estratégicos que, según el panel de líderes de compañías como AT&T, Orange y Vodafone, marcarán el futuro inmediato: confianza en la tecnología, seguridad de las redes y colaboración global. Si uno falla, los otros dos se quedan cojos.
La IA en telecom: del discurso a los modelos abiertos
Una de las frases más repetidas en los pasillos del congreso suele ser “la IA lo cambiará todo”. En esta edición, el enfoque fue algo más pragmático: cómo integrar IA sin erosionar la confianza. Christel Heydemann, consejera delegada de Orange, dejó una idea que sirve como termómetro: el volumen de contenido generado por IA ya habría superado al generado por humanos, mientras que la confianza no crece al mismo ritmo. Es como pasar de bicicletas a motos en un barrio sin semáforos: la velocidad sube primero y las normas llegan tarde.
En ese contexto aparece la iniciativa Open Telco AI, planteada como un marco para empujar una adopción más coordinada de IA dentro del sector telco. El detalle que más curiosidad despertó fue el anuncio del “primer modelo mundial de razonamiento abierto en suajili”, un gesto que apunta a un debate mayor: si la IA va a ser infraestructura, su acceso y su diversidad lingüística importan tanto como la potencia bruta. La frase de Kaan Terzioğlu, CEO de VEON Group, encajó como contrapunto filosófico: “no hay nada artificial en la IA; es un reflejo de nosotros”. Traducido a tierra, los sesgos, los errores y las intenciones humanas se filtran en la tecnología, y eso obliga a elevar estándares.
Seguridad: cuando el enemigo llega por SMS y por llamadas “perfectas”
El tercer gran reto, la lucha contra las estafas online, se presenta con un matiz nuevo: ya no se trata solo de correos mal escritos o páginas sospechosas. El salto de calidad en la suplantación, impulsado por herramientas automáticas, convierte el fraude en un problema sistémico. Las telcos, por su posición en la capa de conectividad y autenticación, pueden actuar como “portero de edificio”: no resuelven todo, pero sí pueden dificultar que el intruso entre con facilidad.
La insistencia en confianza y responsabilidad compartida no es retórica. Si la industria conecta “la inmensa mayoría del tráfico de datos”, como recordaron desde el escenario, también carga con la responsabilidad de proteger ese tráfico. Esto abre un frente de cooperación entre operadoras, reguladores, fabricantes y plataformas. En términos cotidianos, es el equivalente a coordinar a bancos, policías y comercios para que un billete falso no circule alegremente por la ciudad.
“Del fondo del mar a las estrellas”: el auge de la conectividad satelital
Pocas imágenes funcionan tan bien en un congreso de telecomunicaciones como la de un astronauta hablando de cobertura. Tim Peake, astronauta británico, compartió cómo la conectividad fue un salvavidas emocional durante seis meses en la Estación Espacial Internacional: no era solo tecnología, era la posibilidad de seguir siendo padre, pareja, hijo, mientras estaba a cientos de kilómetros de casa. Su conversación con Margherita Della Valle, CEO de Vodafone Group, derivó en un mensaje político-tecnológico: el espacio se está pareciendo a un “Salvaje Oeste” y hacen falta reglas coordinadas.
Esa llamada a ordenar el cielo coincidió con un anuncio con sustancia industrial: la GSMA Foundry y la Agencia Espacial Europea (ESA) presentaron una nueva financiación de hasta 100 millones de euros para acelerar la convergencia entre el sector espacial y el móvil. La promesa es clara: redes que cambian de “carretera” sin que el usuario lo note, pasando del terrestre al satelital cuando la geografía aprieta. John Stankey, CEO de AT&T, lo describió como el verdadero terreno competitivo: dominar la gestión de redes híbridas para que esa capa adicional sea transparente, casi invisible.
La conectividad satelital también se aterrizó en acuerdos empresariales. Starlink anunció una asociación con Deutsche Telekom para ofrecer conectividad directa por satélite en áreas europeas con cobertura móvil limitada, señal de un interés creciente por el mercado europeo. Desde SpaceX, Gwynne Shotwell defendió que llevar conectividad donde no la hay abre puertas a banca, salud y educación, con impacto directo en la seguridad y en la respuesta ante emergencias. La CMO de la GSMA, Lara Dewar, puso cifra al desafío: todavía habría 300 millones de personas sin conectar, y el satélite se plantea como parte del puente para cerrar esa brecha.
El Aeropuerto del Futuro: menos fricción, más datos y colas más humanas
Entre keynotes y acuerdos, el MWC también se mide por lo que se puede ver y tocar. Una de las apuestas experienciales del MWC26 Barcelona es el Aeropuerto del Futuro (AoF), una exhibición a gran escala en la Entrada Sur de Fira, cerca del Pabellón 2, que propone un aeropuerto hiperconectado “sin fricciones”. La idea, bien explicada, es simple: que viajar se parezca más a pasar por un metro eficiente que a una carrera de obstáculos con sorpresas.
La pieza central es un gemelo digital de Motional: una réplica viva de la zona de exposición que se actualiza en tiempo real. Está impulsado por la tecnología de IA espacial de Outsight y utiliza sensores LiDAR 3D para rastrear de forma anónima el movimiento de las personas. Si suena invasivo, conviene imaginarlo como un contador inteligente de tráfico en una autopista: no necesita saber quién eres para detectar atascos, anticipar picos y sugerir desvíos. Aplicado a un aeropuerto, significa entender dónde se forman colas, cómo fluyen los pasajeros y qué operaciones se atascan.
En el espacio de demostraciones, Aena mostró la posibilidad de etiquetar digitalmente el equipaje y gestionar trámites como el “pasaporte” de una mascota en el check-in. Airbus invitó a experimentar un avión conectado donde el pasajero puede personalizar el ambiente de cabina. Neutral Wireless llevó el concepto a la práctica técnica con una demo de vídeo en directo y baja latencia desde un avión conectado a una red 5G. Todo junto cuenta una historia: el aeropuerto del futuro no se define por una sola tecnología, sino por la coordinación de sensores, redes y procesos para que el viaje sea más predecible.
España como polo de infraestructura: el anuncio de AWS y su lectura estratégica
El día 1 dejó un titular con impacto local: David Zapolsky, director global de Asuntos Públicos y Legales de Amazon, anunció que AWS elevará su inversión en infraestructura en España hasta los 33.000 millones de dólares, 18.000 millones más de lo anunciado en 2024. El mensaje, según explicó, apunta al “compromiso a largo plazo” de Amazon para convertir a España en un centro relevante para la IA en sus operaciones europeas.
La inversión no se quedó en centros de datos. Amazon también comunicó planes para abrir siete nuevas instalaciones solares y una planta de fabricación avanzada en Aragón. En la lectura política, Óscar López, ministro de Transformación Digital y de la Función Pública, reivindicó el camino propio de España en IA, distinto del de potencias como Estados Unidos o China. Zapolsky introdujo un matiz que suele ser el verdadero nudo: una inversión de este tamaño requiere alianzas profundas con el gobierno, porque no se trata solo de construir, sino de operar con energía, permisos, talento y planificación territorial.
Vodafone y el acceso abierto al satélite europeo
Otro movimiento de calado fue el anuncio de Vodafone en torno a Satellite Connect Europe, una compañía de acceso abierto que permitiría a operadores europeos utilizar operaciones satelitales con sede en Europa. Vodafone indicó que operadores como Orange y Telefónica, representando diez mercados europeos, han decidido trabajar con esta iniciativa tras su lanzamiento oficial la semana anterior. La palabra clave aquí es “acceso abierto”: en un terreno donde la infraestructura es cara, la compartición puede acelerar despliegues y, si se gestiona bien, evitar islas tecnológicas.
☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí
