3 de julio de 2026

El ESO fija en 100.000 el límite de satélites que debería haber en órbita: SpaceX planea un millón

El ESO fija en 100.000 el límite de satélites que debería haber en órbita: SpaceX planea un millón

El Observatorio Europeo Austral ha publicado el primer estudio que cuantifica con precisión cuántos satélites puede tolerar la órbita terrestre baja antes de que la astronomía profesional quede inutilizada. El número es 100.000. SpaceX quiere lanzar un millón. Reflect Orbital planea desplegar 50.000 espejos adicionales. La diferencia no es de detalle: es de escala existencial para la observación del cosmos.

Lo publica Passant Rabie en Gizmodo el 1 de julio de 2026. El estudio, firmado por el astrónomo de la ESO Olivier Hainaut como autor principal, aparecerá próximamente en la revista Astronomy & Astrophysics.

Qué dice el estudio y cómo lo midieron

Hay actualmente más de 14.000 satélites en órbita terrestre. Esa cifra ya ha casi duplicado en menos de tres años. El problema es que, iluminados por el sol, los satélites aparecen en las imágenes de los telescopios como trazas brillantes que inutilizan las observaciones astronómicas.

El equipo de la ESO simuló las posiciones, movimientos y brillos de todas las constelaciones actuales y planificadas para calcular su impacto real. Los resultados son contundentes:

Con la megaconstelación propuesta por SpaceX —hasta un millón de satélites—, un telescopio del tamaño del Very Large Telescope de la ESO capturaría docenas de trazas en cada imagen tomada dos horas después del anochecer. La pérdida de campo de visión útil llegaría al 28%, incluso si los satélites son lo suficientemente tenues para no verse a simple vista desde tierra.

Si los satélites fueran algo más brillantes, las consecuencias serían aún peores: la mayoría de las imágenes del Observatorio Vera C. Rubin (National Science Foundation) quedarían inutilizables durante varias horas cada noche.

El escenario de Reflect Orbital es más urgente en términos individuales: el rastro de un solo espejo-satélite de su flota podría arruinar una observación con la cámara del Rubin. Con la flota completa iluminada por el sol, cada imagen tomada desde ese observatorio quedaría destruida.

El límite de los 100.000 y lo que implica

Hainaut propone un techo de 100.000 satélites por debajo del límite de visibilidad a simple vista (magnitud 7). La cifra no es arbitraria. A ese nivel, el impacto en la astronomía profesional sería equiparable al de las pérdidas técnicas habituales: fallos de equipos, condiciones meteorológicas adversas, vibraciones. Tolerable. Por encima de esa cifra, el impacto se vuelve estructuralmente dañino.

«No es un número duro, como 99.999 está bien y 100.001 es malo: preferiría 50.000» —matiza Hainaut en el comunicado de la ESO—. «Pero 100.000 genera pérdidas a niveles comparables a las pérdidas técnicas de otro tipo.»

El debate sobre la contaminación lumínica de las constelaciones de satélites no es nuevo. El lanzamiento de Starlink en 2019 lo abrió y desde entonces ha sido fuente constante de fricción entre SpaceX y la comunidad astronómica internacional. Hemos cubierto en wwwhatsnew el caso de BlueBird 6, el satélite más grande de AST SpaceMobile, y el debate sobre contaminación lumínica que arrastra, y el de Amazon Project Kuiper y cómo intenta mitigar el impacto visual con recubrimientos especiales.

La pelota está en la FCC

Tanto SpaceX como Reflect Orbital esperan autorización de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) para desplegar sus constelaciones propuestas. Betty Kioko, responsable de Asuntos Institucionales de la ESO, ha sido directa: «La pelota está ahora en el tejado de la FCC, y esperamos ver las determinaciones que toman sobre ambas solicitudes. Para la astronomía óptica, esto es una amenaza existencial, y esperamos que los reguladores compartan esa visión.»

El problema es que la FCC es una agencia regulatoria americana, con mandato principalmente centrado en el espectro radioeléctrico y las comunicaciones. No tiene entre sus atribuciones directas proteger el cielo nocturno. Eso deja a los astrónomos en una posición incómoda: el impacto es global, pero la capacidad de regulación es nacional y la economía política favorece a las empresas de telecomunicaciones.

Hay quienes señalan que Elon Musk ha minimizado el problema. El fundador y CEO de SpaceX declaró hace pocas semanas que «el espacio es muy grande, así que no es que el espacio se vaya a abarrotar», en referencia a los planes de lanzar hasta un millón de satélites. Para los investigadores del ESO, que trabajan con telescopios en el desierto de Atacama —el lugar con el cielo más oscuro del planeta— esa afirmación simplemente no cuadra con los datos.

Para los aficionados a la astronomía que buscan alternativas de observación en zonas con contaminación lumínica, el ArcBlue C42, un sistema de astrofotografía con sensor full-frame que funciona en entornos urbanos, es una muestra de cómo el hardware doméstico intenta adaptarse a un cielo cada vez más contaminado.

Mi valoración

Lo que más me convence del estudio es la metodología: no es una queja general de los astrónomos, sino una simulación rigurosa con datos concretos de qué pasa a distintos niveles de densidad orbital. Ese enfoque cuantitativo es exactamente lo que necesita el debate regulatorio.

Lo que más me preocupa es el tiempo. Las solicitudes de SpaceX y Reflect Orbital están sobre la mesa de la FCC ahora. El proceso regulatorio americano es lento. Y mientras ese proceso avanza, los lanzamientos continúan: la cifra de 14.000 satélites actuales ya duplica la de hace tres años.

Lo más estructuralmente significativo es que estamos ante un problema de bienes comunes clásico. El cielo nocturno es un recurso compartido. Ninguna empresa individual tiene incentivos para autoregularse, y el organismo que podría hacerlo (la FCC) no tiene mandato explícito para protegerlo. Sin un marco internacional vinculante, el estudio de la ESO puede quedarse en paper académico mientras la ventana de protección se cierra.

Preguntas frecuentes

¿Los satélites de Starlink actuales ya afectan a la astronomía?

Sí. Los astrónomos llevan años reportando trazas de satélites en imágenes tomadas con telescopios profesionales. SpaceX ha intentado reducir la reflectividad de los satélites Starlink con viseras oscuras y recubrimientos oscuros, con resultados parciales. El problema se agrava a medida que la constelación crece.

¿Qué es el Observatorio Vera C. Rubin y por qué es importante para este debate?

El Vera C. Rubin Observatory es un gran telescopio óptico en construcción en Chile, diseñado para cartografiar el cielo completo cada pocas noches. Su cámara de 3.200 megapíxeles lo hace especialmente vulnerable a trazas de satélites. Está previsto que empiece a operar científicamente en 2026-2027.

¿Puede la Unión Europea actuar de forma independiente a la FCC?

La UE tiene capacidad regulatoria sobre el espectro y los satélites lanzados desde territorio europeo o por operadores europeos. Para constelaciones americanas como Starlink, el mecanismo es la negociación internacional o la restricción de licencias de operación en territorio comunitario, pero es un proceso complejo con precedentes limitados.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

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