10 de agosto de 2026

Creíamos que elogiar constantemente a nuestros hijos forjaba su autoestima. La ciencia dice lo contrario

Creíamos que elogiar constantemente a nuestros hijos forjaba su autoestima. La ciencia dice lo contrario

Hacer elogios a los más pequeños de la casa, como por ejemplo apuntar que es muy inteligente o que hace las cosas muy bien, es para muchos algo casi obligatorio para que durante su fase adulta pueda registrar sus propios logros. Sin embargo, cuando acudimos a los estudios científicos, vemos que no es tan importante la cantidad de elogios que hacemos, sino que el entorno es lo que de verdad debemos cuidar muy bien. 

El elogio como una pieza más. Para entender cómo se forma la autoestima adulta, es imprescindible observar el desarrollo a lo largo de décadas. Uno de los trabajos más ilustrativos es el estudio longitudinal prospectivo de Ulrich Orth, que siguió a 8.711 participantes desde su nacimiento hasta los 27 años.

Orth descubrió que la calidad del entorno familiar durante los primeros seis años de vida era lo que predecía efectivamente la autoestima posterior. Aquí englobamos, por ejemplo, la calidad de la crianza, la estimulación cognitiva y la ausencia de factores externos como que la madre padezca depresión o se viva en una situación de pobreza extrema. Sin embargo, los efectos disminuían con el tiempo y, sobre todo, no señalaban a un único factor aislado, como el elogio, como responsable. 

Calidez afectiva. Una de las grandes confusiones que tenemos en este caso es equiparar el elogio verbal con el afecto. Los investigadores en este caso, tras analizar a 674 familias con evaluaciones continuas entre los 10 y los 16 años, apuntaron cómo la calidez parental predecía niveles posteriores de autoestima. 

Pero los autores hacen una distinción crucial, puesto que la calidez se define por el amor, el apoyo, la aceptación y la responsividad ante las necesidades del niño, no por el acto específico de elogiar constantemente sus actos. De hecho, los datos apuntan a que los efectos son bidireccionales, puesto que se ha visto que el niño con buena autoestima también facilita dinámicas parentales más positivas, alejándonos de una visión donde los padres "fabrican" la autoestima del niño a base de halagos. 

Cómo elogiamos. Si miramos específicamente al acto de elogiar, la evidencia nos dice que el foco debe estar en el proceso, no en la persona. Aquí tenemos como referencia un estudio que grabó las interacciones naturales de niños de entre 14 y 38 meses en sus hogares y luego evaluó sus creencias motivacionales cinco años después. 

Lo que se vio fue que los niños que recibían una mayor proporción de elogios centrados en su esfuerzo o en una acción concreta desarrollaban una visión mucho más maleable y sana de sus propias capacidades a los 7-8 años. Por el contrario, los centrados en la persona, como por ejemplo decir que un niño es muy listo, no aportaban esta ventaja. Es por ello que es más importante el tipo de elogio que la cantidad de estos. 

Imágenes | Charlein Gracia 

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La noticia Creíamos que elogiar constantemente a nuestros hijos forjaba su autoestima. La ciencia dice lo contrario fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .



☞ El artículo completo original de José A. Lizana lo puedes ver aquí

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