21 de agosto de 2026

Los paneles solares de China están reduciendo la biodiversidad de aves un 2,1% por cada incremento en la intensidad de políticas de expansión

Los paneles solares de China están reduciendo la biodiversidad de aves un 2,1% por cada incremento en la intensidad de políticas de expansión

La transición energética tiene un coste ecológico que los modelos de política climática han tendido a subestimar. Un nuevo estudio publicado esta semana documenta ese coste con datos concretos para China: por cada desviación estándar de aumento en la intensidad de las políticas que promueven la expansión solar en un condado, el índice de biodiversidad de aves local cae un 2,10%.

El trabajo, liderado por el investigador Huiming Zhang de la Universidad de Ciencias de la Información Meteorológica de Nanjing, analizó 2.344 condados chinos durante un período de diez años (2014-2023) combinando datos de observación de aves a nivel nacional, expansión de infraestructura fotovoltaica y datos económicos regionales. Los resultados se publican hoy en la revista Science y son, según los propios autores, la primera cuantificación sistemática a escala nacional del impacto de las políticas solares sobre la biodiversidad aviar.

¿Por qué la expansión solar afecta a las aves de estas formas?

El mecanismo principal es la conversión de tierra. A diferencia de Europa o Estados Unidos, donde los parques solares se instalan con mayor frecuencia en zonas degradadas, industriales o techos, la expansión solar china ha reclamado con frecuencia praderas ricas y tierras de cultivo con alta biodiversidad preexistente. Esos son exactamente los hábitats donde las aves encuentran alimento, anidamiento y refugio.

El estudio identifica además lo que los investigadores llaman una «ilusión de verdor». Los sistemas de monitorización por satélite que miden el índice de área foliar —la cobertura vegetal— a menudo señalan que las instalaciones solares tienen valores más altos que los hábitats originales que reemplazaron. La razón: la vegetación crece alrededor y debajo de los paneles, aumentando el verde aparente desde el espacio. En el terreno, sin embargo, esa vegetación es menos diversa y menos densa, convirtiendo ecosistemas vibrantes en hábitats degradados que, visto desde satélite, parecen saludables.

El daño ha sido especialmente pronunciado en las regiones más ricas, es decir, en los condados con más capital y más capacidad de implementar políticas agresivas de energía solar. Esas mismas regiones son las que históricamente contienen ecosistemas con mayor biodiversidad. Y, contra lo intuitivo, las especies más comunes sufrieron las caídas más pronunciadas: no son las raras o amenazadas las que llevan el peso del impacto, sino las que hacían de ancla de la estructura ecológica local.

China lidera el mundo en solar: eso tiene consecuencias a escala

China es el líder indiscutible en generación solar, con más de 1.200 gigavatios de capacidad combinada entre solar y eólica, superando su propio objetivo de 2030 con seis años de anticipación. Ese ritmo de despliegue ha requerido la conversión de miles de kilómetros cuadrados de terreno rústico a infraestructura de generación.

El investigador Yuanning Liang, en una Perspectiva publicada junto al estudio, identifica el problema regulatorio central: «Sin valorar económicamente la biodiversidad perdida, el análisis político no le da suficiente peso a la conservación.» En otras palabras, el coste de la pérdida de biodiversidad no aparece en las hojas de cálculo que justifican la instalación de un parque solar. El CO₂ evitado tiene un precio teórico en los mercados de carbono; las aves desplazadas no tienen ninguno.

El paralelismo con la lógica que está detrás de cómo medimos el coste energético de otros sectores es directo. Los centros de datos de IA y su factura energética tampoco capturan los costes externos en sus modelos de negocio. El consumo de tierra, agua y biodiversidad que acompaña a la infraestructura tecnológica de gran escala tiene externalidades que los precios de mercado no reflejan todavía.

La tensión entre descarbonización y biodiversidad

El hallazgo no es un argumento contra la energía solar ni contra las políticas climáticas ambiciosas de China. Es un argumento para planificar de otra manera. Las estrategias disponibles —instalar sobre terrenos degradados, compartir espacio con agricultura («agrivoltaica»), diseñar infraestructura que coexista con la biodiversidad— reducen el conflicto sin sacrificar capacidad instalada.

El estudio señala que el impacto sería menor si China usara un modelo de planificación centralizado en lugar del modelo provincial actual: una estrategia a escala nacional podría reducir el conflicto con las prioridades de conservación entre un 4% y un 7%, y solapar entre un 11% y un 33% menos de especies en comparación con el enfoque provincial descentralizado.

La energía solar no es el único punto del triángulo. La expansión de la IA en China, que lidera el mundo en chips de entrenamiento propios desde África hasta Mongolia Interior, está impulsando también la demanda de centros de datos que requieren gigavatios de electricidad. El entrenamiento de modelos como LongCat-2 de Meituan con chips chinos crea una presión adicional sobre la generación renovable que retroalimenta la expansión de los parques solares que el estudio documenta.

El problema es sistémico: la demanda de IA empuja la demanda de cómputo, el cómputo empuja la demanda de energía, la energía empuja la expansión solar, la expansión solar comprime la biodiversidad. Ese bucle no tiene solución mientras el coste de la biodiversidad no aparezca en la ecuación de rentabilidad de ningún actor del sistema.

¿Qué soluciones propone la investigación?

El estudio de Huiming Zhang no se limita a documentar el problema: también cuantifica las soluciones disponibles. La principal conclusión en este plano es que la planificación centralizada reduce significativamente el conflicto entre solar y biodiversidad en comparación con la planificación provincial o local. Cuando es el gobierno central el que decide dónde se instalan los parques, puede optimizar para minimizar el solapamiento con zonas de alta biodiversidad. Cuando las provincias deciden de forma independiente, cada una maximiza su capacidad instalada sin coordinar con las adyacentes, y el agregado genera más conflicto.

Otras estrategias mencionadas por los investigadores incluyen la agrivoltaica —compartir el terreno entre paneles solares y cultivos o pasto, manteniendo parte del hábitat original— y la preferencia sistemática por suelos degradados, industriales o ya modificados para las nuevas instalaciones. China ya tiene algunos programas en esta dirección, particularmente en zonas áridas del noroeste donde el terreno tiene poco valor agrícola o de biodiversidad. Pero la velocidad de despliegue en las regiones más ricas —donde el conflicto es mayor— sugiere que las presiones políticas locales por mostrar capacidad instalada siguen primando sobre las consideraciones de biodiversidad en muchas regiones.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

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