21 de septiembre de 2026

Trump anuncia la «AI Force»: un ejército de inteligencia artificial y un nuevo zar para competir con China

Trump anuncia la "AI Force": un ejército de inteligencia artificial y un nuevo zar para competir con China

Trump quiere hacer con la IA lo que Reagan hizo con el espacio: militarizarla, nombrar a alguien al frente y darle un nombre que suene a fuerza de choque. El presidente anunció el sábado que creará una «AI Force» y nombrará un nuevo zar de la IA, consolidando así la apuesta de su administración por un desarrollo sin frenos que rechaza cualquier regulación que se perciba como freno a la industria. La noticia llega cuando la carrera con China se intensifica y el debate sobre si la IA ya representa un riesgo existencial real alcanza cotas que hace dos años habrían parecido exageradas.

La comparación con la Space Force —creada durante su primer mandato— no es accidental. Trump entiende que etiquetar una iniciativa como «fuerza» le da estatura institucional y presupuesto. Por ahora, los detalles sobre la estructura de esta nueva organización, su naturaleza civil o militar, sus competencias y su dependencia jerárquica son inexistentes. Lo que sí está claro es el mensaje: Washington quiere mantener el liderazgo en IA y no va a frenarlo por el miedo a lo que los modelos podrían hacer.

¿Qué diferencia tiene esta «AI Force» de lo que ya existe?

Nada, de momento. Y eso es exactamente el problema. Trump anunció la figura del zar de IA sin identificar al candidato; el anterior, David Sacks, terminó su cargo de empleado gubernamental especial en marzo de 2026 después de haber defendido durante meses que los riesgos existenciales de la IA están «sobreestimados». Trump parece querer un sucesor con el mismo perfil: alguien que empuje hacia adelante sin poner demasiadas trabas.

La «AI Force» como concepto existe desde hace tiempo en los titulares, pero la pregunta de si tendrá recursos propios, capacidad de contratación federal o autoridad regulatoria real sigue sin respuesta. Comparar esto con la Space Force tiene sus límites: aquella tenía el Departamento de Defensa detrás, infraestructura operativa y una misión técnica concreta. Una «AI Force» para competir con China en términos de desarrollo de modelos, centros de datos e infraestructura requiere algo más que un nombre.

Lo que Trump ha articulado públicamente es una filosofía, no un plan. Su postura en Truth Social fue explícita: «No vamos a frenar ni obstaculizar en ningún modo el crecimiento de esta increíble industria». La herramienta que propone para gestionar los riesgos son el sistema penal y civil ya existente. En la práctica, eso significa que si un sistema de IA causa daño, habrá consecuencias legales a posteriori. No habrá auditorías preventivas, ni registros obligatorios, ni límites en la potencia de entrenamiento.

El problema de la energía que ningún zar puede resolver solo

Hay un fondo más concreto en todo esto que la retórica: los centros de datos. La Agencia Internacional de la Energía estima que el consumo eléctrico global de centros de datos pasará de 485 TWh en 2025 a cerca de 950 TWh en 2030, con la porción de IA triplicándose en ese mismo periodo. Y EE.UU. se llevará la mayor parte de ese crecimiento: los centros de datos podrían representar casi la mitad del aumento total de la demanda eléctrica del país hasta 2030.

Ese volumen tiene implicaciones políticas. Trump ya ha exigido lo que llama una «ratepayer protection pledge»: que sean Amazon, Google, Meta, Microsoft, xAI, Oracle y OpenAI quienes cubran los costes de la expansión eléctrica de sus centros de datos, en lugar de trasladarlos a los hogares. La Casa Blanca tiene previsto reunirse con estas compañías para negociar compromisos voluntarios de generación o acuerdo de suministro eléctrico dedicado.

Es decir, el modelo de Trump no es que el Estado construya infraestructura: es que las big tech la financien y el Estado les quite de en medio. Desde nuestra perspectiva, llevamos más de 20 años cubriendo el sector y hemos visto ciclos similares. La diferencia ahora es la velocidad y la escala: el capital que fluye hacia la IA no tiene precedente, y una «AI Force» sin autoridad regulatoria puede convertirse en un megáfono sin estructura.

¿Por qué importa esto más allá de EE.UU.?

Porque define el tono del debate global. Mientras la negociación entre OpenAI, Anthropic y Google para crear un organismo de seguridad de IA autónomo avanza en la sombra, y el rey Carlos III reunió en su finca escocesa a Jensen Huang y los principales CEOs del sector para pedir control antes de que sea demasiado tarde, la administración Trump manda la señal opuesta: aceleración total, riesgos a posteriori, ningún freno. Esto no es solo una decisión de política interna de EE.UU.: es la posición del país que más modelos frontera produce en el mundo.

El debate sobre los riesgos existenciales de la IA ha alcanzado una seriedad que hace doce meses parecía ciencia ficción. Trump lo llama «hoax». Algunos de sus aliados en Silicon Valley, como Sacks, dicen que el miedo es «exagerado». Otros, incluyendo al CEO de Anthropic, han pedido pausas y mecanismos de apagado. Ninguna de estas posturas se reconcilia con facilidad.

La «AI Force» puede quedarse en un nombre o convertirse en algo con peso real dependiendo de quién sea el zar y qué presupuesto reciba. Mi apuesta: será una figura de comunicación más que de gobierno técnico, útil para los titulares y para las negociaciones diplomáticas con China, pero sin capacidad real de cambiar el ritmo de desarrollo o los incentivos del sector privado. Lo que Trump está construyendo no es una estructura de gobernanza. Es una narrativa de dominio tecnológico nacional.

El precedente de la Space Force es ilustrativo en este sentido: la institución tardó varios años en construir capacidad operativa real después de que su nombre apareció en los titulares. La IA no tiene ese tiempo. Los modelos frontera se actualizan en ciclos de meses, los incidentes de seguridad ya están ocurriendo y la brecha entre la velocidad del sector privado y la capacidad de respuesta institucional no deja de crecer. Una «AI Force» que repite el ciclo narrativa-primero, sustancia-después puede funcionar como mensaje político a corto plazo. Lo que no puede garantizar es que el vacío de gobernanza durante ese proceso no genere consecuencias que luego sean difíciles de revertir. Y en el corto plazo, probablemente funciona.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

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