10 de septiembre de 2026

La Casa Blanca advierte a Australia que regular los algoritmos de redes sociales es «extorsión» y amenaza con represalias comerciales

La Casa Blanca advierte a Australia que regular los algoritmos de redes sociales es «extorsión» y amenaza con represalias comerciales

La regulación tecnológica australiana acaba de convertirse en un asunto de comercio exterior con Estados Unidos. El portavoz de la Casa Blanca Kush Desai afirmó este martes que la administración Trump tiene previsto plantear a Canberra su oposición al proyecto de ley de Deber Digital de Cuidado —presentado por Albanese el mismo día—, calificando las multas del proyecto como parte de una categoría de «impuestos a servicios digitales, multas y otras formas de extorsión» que el gobierno de Trump aplica a las empresas tecnológicas americanas.

La respuesta australiana llegó horas después. La ministra de Comunicaciones, Anika Wells, dijo no haber recibido las preocupaciones directamente y rechazó el encuadre de Desai: «No calificaría esa declaración como (considerar las regulaciones extorsión) en absoluto.» Wells añadió que Australia es una nación soberana con derecho a defender a sus padres e hijos.

¿Cuál es la diferencia real entre lo que Australia propone y lo que Trump objeta?

Australia no está vetando la publicidad algorítmica ni exigiendo a las plataformas que eliminen sus motores de recomendación. El proyecto requiere que las plataformas ofrezcan repetidamente a los usuarios la opción de desactivar el feed algorítmico, con un feed cronológico como alternativa. Las infracciones pueden suponer multas de hasta 109,2 millones de dólares australianos (≈73,9 millones de euros).

La analista del TNW Alina Maria Stan señaló con precisión que lo que Desai criticó no es el derecho del usuario a desactivar el algoritmo —eso ya existe en la Ley de Servicios Digitales de la UE, artículo 38—, sino el régimen de penalidades que recae sobre empresas americanas. Al equiparar esas multas con los impuestos a servicios digitales (a los que Trump amenazó con aranceles del 100%), la Casa Blanca está reclasificando el diseño de plataformas como un instrumento de política comercial. Es una escalada semántica con consecuencias prácticas: si las multas por diseño de producto son una «tasa digital», Europa queda en la misma categoría.

Llevamos siguiendo la regulación australiana de redes sociales desde la ley de prohibición de redes sociales para menores que entró en vigor en diciembre de 2025 y hemos comprobado que la velocidad regulatoria de Australia es inusual: dos grandes movimientos en menos de un año, cada uno más ambicioso que el anterior. Hemos comprobado también que el cumplimiento de la ley de menores ha sido deficiente: en un estudio publicado en julio de 2026, el 70% de los menores que intentaron saltarse el bloqueo lo lograron sin dificultad.

¿Cómo terminó el último enfrentamiento regulatorio entre Australia y Washington?

El precedente más relevante es el código de negociación de medios de comunicación de Australia en 2021, que obligó a Facebook y Google a pagar a los editores de noticias por el contenido que usaban en sus plataformas. Washington amenazó con consecuencias comerciales. Meta bloqueó las noticias en Australia durante días. Y la ley pasó igualmente. Facebook terminó pagando.

El mapa global de países que restringen las redes sociales para menores muestra que Australia no está sola: más de 20 naciones han aprobado o están tramitando legislación similar. Si EE.UU. convierte esas leyes en disputas comerciales bilaterales, abre un frente con la mayoría de sus aliados.

Rashina Hoda, profesora en la Universidad de Monash, señaló la distinción crítica que el debate suele enterrar: opt-out y opt-in son configuraciones radicalmente diferentes. La inercia favorece siempre la opción que viene por defecto. Una ley que pone el feed cronológico como predeterminado cambia la experiencia de cientos de millones de usuarios aunque nadie se moleste en leerla. Una ley que da la opción de cambiar al feed cronológico en algún menú de configuración no cambia prácticamente nada. El proyecto australiano toma partido por el primero.

Albanese se reunirá con Trump en la Asamblea General de la ONU en las próximas semanas. La ola de legislación sobre redes sociales y menores —Reino Unido, Grecia, UAE— sugiere que Australia está en el lado correcto de un movimiento global, no en una posición aislada. La pregunta es si la presión de Washington es suficiente para suavizar la ley durante el período de consulta.

Lo que la semana ha dejado claro es que el diseño de las plataformas ya no es solo un asunto de política de privacidad del consumidor. Es un asunto de política exterior. Australia ha regulado más en nueve meses que la UE en cinco años en algunas áreas; el coste de esa velocidad puede ser la presión bilateral que acaba de empezar. Eso cambia el tipo de conversación que viene.

El precedente del código de medios de comunicación australiano de 2021 es el que mejor describe el patrón que probablemente se repetirá. En aquella ocasión, Facebook bloqueó las noticias en Australia durante días en señal de protesta; Google llegó a acuerdos con los editores antes de que la ley se aprobara. La ley pasó. Las plataformas siguieron operando en Australia y adaptaron sus modelos de negocio.

Cinco años después, el gobierno australiano propone algo mucho más estructural que una tasa de noticias: está exigiendo que las plataformas cambien cómo muestran el contenido a todos sus usuarios adultos, no solo los menores que ya cubre la ley de diciembre de 2025. El opt-out algorítmico afecta a la mecánica central del negocio de Meta y TikTok: si usuarios adultos piden masivamente un feed cronológico, la tasa de engagement y el tiempo de pantalla bajan, y con ellos los ingresos publicitarios. El impacto económico potencial es mayor que el de la ley de noticias.

Lo que Desai ha hecho al equiparar las multas australianas con los impuestos a servicios digitales es elevar el coste político de que Australia ceda. Si el gobierno australiano acepta suavizar la ley tras la presión de Washington, envía una señal al mundo entero: la forma de parar regulación tecnológica es que la Casa Blanca haga una llamada. Albanese tiene razones domésticas para no ceder que van más allá de la soberanía retórica.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

Un investigador de seguridad de Anthropic estima una probabilidad de más del 10% de que la IA «podría matar a todos los humanos» en la próxima década

Un investigador de seguridad de Anthropic estima una probabilidad de más del 10% de que la IA «podría matar a todos los humanos» en la próxima década

No lo dijo un outsider ni un activista tecnófobo. Lo dijo Evan Hubinger, investigador de alineación de IA en Anthropic —la empresa que fabrica Claude— en una publicación en X el 9 de septiembre de 2026 que ha acumulado más de 10 millones de visualizaciones en pocas horas.

La estimación concreta de Hubinger: existe una probabilidad mayor del 10% de que la IA «pueda matar a todos los humanos» en los próximos diez años. Hubinger matiza que el riesgo de los modelos actuales es «bajo», pero que le preocupa que la tecnología se desarrolle y mejore a sí misma hasta el punto de presentar un riesgo existencial para la humanidad. No especificó el mecanismo por el que llegaríamos a ese escenario.

¿Qué contexto rodea al post de Hubinger?

La publicación de Hubinger fue una respuesta a otro post de Jacob Coxon, investigador de IA que acaba de dimitir de Anthropic y que trabajó previamente en OpenAI. En su post, Coxon escribió: «Ninguna de las dos empresas está actuando de forma responsable. Estos serán pronto sistemas superhumanos que pueden hackear cualquier cosa, revolucionar cualquier campo de la noche a la mañana y adquirir poder y recursos reales.»

La intervención de Coxon llevó a Dame Wendy Hall, informática que asesora a la ONU en materia de IA, a declararse «horrorizada» ante la BBC. Hall, más cauta que los investigadores, señaló que parte de esos comentarios podrían ser «relaciones públicas y marketing» en la medida en que Anthropic y OpenAI se preparan para sus debuts bursátiles anticipados. Aun así, añadió: «¿Por qué querría alguien decir eso? Pediría a los inversores que no inviertan en esta empresa si ese es su sistema de valores.»

La dimisión de Coxon desencadenó también una reacción política en el Reino Unido. Darren Jones, ex-secretario jefe del Tesoro, escribió una carta abierta al primer ministro Andy Burnham para pedir un nuevo tratado multinacional para el desarrollo seguro de la IA.

Hemos comprobado desde que empezamos a cubrir el sector en wwwhatsnew.com que las advertencias de los propios investigadores de los laboratorios tienen un peso epistémico diferente al de los críticos externos: estas personas han tenido acceso directo a los modelos en desarrollo. El debate sobre si la IA actúa como extensión de la mente humana o como sistema con agencia propia delimita exactamente dónde está el desacuerdo: si la IA amplifica intenciones humanas, el riesgo principal es el uso malicioso; si desarrolla sus propios objetivos, el riesgo es diferente en orden de magnitud.

¿Cuál es la posición oficial de Anthropic sobre el riesgo existencial?

Según informó el Financial Times, Anthropic retuvo su último modelo de la evaluación del AI Security Institute (AISI) del gobierno británico, uno de los organismos más importantes del mundo para evaluar el riesgo de los sistemas de IA de frontera. Anthropic no hizo comentarios sobre esa información ni sobre los posts de sus empleados. Un portavoz del Gabinete británico declaró que el gobierno «sigue colaborando estrechamente con los socios de la industria, incluido Anthropic, para hacer los modelos más seguros», sin confirmar o desmentir la retención del modelo.

En su informe de seguridad de agosto de 2026, Anthropic escribió que el riesgo de que sus modelos queden desalineados con los deseos de una organización poderosa hipotética es «bajo», igual que el riesgo de que una IA altamente capaz realice «investigación y desarrollo automatizados» que causen «daños catastróficos iniciados por la IA». Pero el mismo informe añadió que la empresa está «menos segura de esta evaluación» que antes y que está «viendo señales tempranas de posible aceleración». Esta posibilidad de aceleración autónoma es precisamente lo que investigaciones sobre comportamiento autónomo llevaban documentando desde 2025.

El científico jefe de OpenAI, Jakub Pachocki, también pidió esta semana «cautela extrema» sobre el avance de la IA. Y una carta abierta firmada por 1.300 empleados de empresas de IA llamó al gobierno de EE.UU. a «apoyar un esfuerzo internacional para desarrollar las herramientas técnicas y de gobernanza necesarias para regular deliberadamente la frontera del desarrollo automatizado de la IA.»

¿Cómo se lee esto en el contexto del sector?

La administración Trump ya intervino en junio de 2026 para supervisar el lanzamiento de GPT-5.6, restringiendo el acceso inicial a 20 socios aprobados federalmente. Ese episodio mostró que el gobierno de EE.UU. tiene apetito regulador cuando considera que el riesgo lo justifica. La carta de los 1.300 investigadores empuja en la misma dirección desde dentro de la industria.

Lo que hace especialmente difícil de interpretar el post de Hubinger es la posición institucional: es un empleado senior de Anthropic hablando de probabilidades de extinción humana provocada por la tecnología que su empresa construye. Eso o es la señal de advertencia más honesta que ha salido del sector, o es exactamente el tipo de «llamada a la regulación intensa que beneficia a quien ya está en el mercado» —el argumento del foso regulatorio— que los críticos llevan años señalando. El propio hecho de que ambas interpretaciones sean plausibles es parte del problema.

El contraste con la posición pública de Anthropic es importante para leer bien el post de Hubinger. Anthropic publica regularmente informes de seguridad en los que evalúa el riesgo de sus modelos en distintos escenarios. El informe más reciente, de agosto de 2026, concluye que los riesgos actuales son manejables. Hubinger no está contradiciendo ese informe en los modelos actuales: él mismo dice que el riesgo presente es «bajo». Lo que está señalando es que la trayectoria —la velocidad a la que los modelos ganan capacidades— puede llevar a un punto de peligro antes de que tengamos los instrumentos de alineación para manejarlo.

Ese es exactamente el problema que el campo de alineación de IA intenta resolver: no «este modelo es peligroso hoy» sino «el próximo modelo, o el siguiente, puede ser más difícil de controlar de lo que seríamos capaces de detectar». Hubinger trabaja en eso. Su evaluación de probabilidad no es alarmismo fuera de contexto; es el resultado de sus propias investigaciones sobre la dificultad técnica de hacer que un sistema de IA muy capaz haga lo que queremos y no lo que aprendió a hacer durante el entrenamiento.

La dimisión de Coxon añade un segundo punto de datos: alguien que trabajó tanto en Anthropic como en OpenAI y decidió irse por razones de seguridad. Las dimisiones de investigadores de seguridad de laboratorios de frontera son señales del sector que los inversores y reguladores deberían pesar más que los comunicados corporativos.




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El Apple Watch ya no sólo es un reloj, es una "grabadora" que escucha todo el rato y hace resúmenes de lo que oye

El Apple Watch ya no sólo es un reloj, es una "grabadora" que escucha todo el rato y hace resúmenes de lo que oye

Apple ha celebrado su tradicional Keynote de septiembre en la que ha presentado un montón de dispositivos. Ya tenemos todos los detalles de un iPhone 18 Pro del que se había filtrado prácticamente todo, pero también de un iPhone Duo que es el dispositivo que acapara todos los titulares. Supone la entrada de Apple en el segmento de los plegables y tiene todo el sentido, pero aunque es difícil que algo destaque teniendo ese titán al lado, hay algo que me llamó la atención: Siri Recap y Live Rewind.

En la parte en la que presentaron las funciones de los nuevos Watch Series 12 y Ultra 4, Apple habló de dos funciones que combinan el micrófono y la IA para hacernos resúmenes de lo que ocurre a nuestro alrededor. Son dos funciones diseñadas para ayudarnos a recordar conversaciones y, aunque suena bien para algunos momentos, también hace que me asalten las dudas sobre la privacidad.

Porque, en la práctica, el Apple Watch se convierte en una grabadora silenciosa que llevamos siempre encima, uno más de esos dispositivos que siempre están prestando atención y que tanta polémica levantan con ejemplos como el de las gafas de Meta

Veamos en qué consisten las dos funciones, cómo se activan, cómo gestionan los datos y las implicaciones. 

Live Rewind y Siri Recap, la "recordadora" del Apple Watch

Vamos a ir por partes porque son dos funciones que pueden confundirse:

  • Live Rewind permite "rebobinar" una conversación en tiempo real. Al pulsar dos veces la corona del Apple Watch, el reloj muestra como texto los últimos 15 segundos de diálogo para poder recuperar algo que no entendiste o se te escapó. Apple puso como ejemplo una conversación con una camarera (a la que claramente es más fácil volver a preguntar si no entendiste algo).
  • Siri Recap es un "resumidor" de conversaciones. Cuando está activado, escucha el entorno y, al terminar la conversación, genera un resumen y puntos clave de la misma que puedes revisar en la app de Siri. No es una transcripción literal palabra por palabra, sino un resumen de alto nivel.

Las dos funciones usan Apple Intelligence y necesitan el chip S11 que incorporan el Series 12 y el Ultra 4, por lo que parecen ser funciones exclusivas. También usan Private Cloud Compute de Apple. Y aquí está un punto muy interesante porque Apple ha dejado claro que esos datos no escapan de nuestro dispositivo y que ni ellos tienen acceso.

Hechas las presentaciones básicas, vamos a intentar profundizar un poco en cada una de las funciones. Empezando por Siri Recap, el flujo es el siguiente:

  • Activación: no está por defecto, sino que podemos activarlo, programarlo por horario y hubicación y desactivarlo en el Centro de Control en cualquier momento.
  • Detección: un modelo ligero de IA en el S11 detecta si hay una conversación cercana y, si la hay, empieza a capturar audio en un búfer protegido en un enclave protegido y privado del SoC.
  • Actuación: al finalizar la conversación, Apple Intelligence genera un titular, un resumen y los puntos clave. Esto se guarda en Siri para poder revisarlo en cualquier momento.
  • Almacenamiento y cifrado: no se guarda audio, sino que se usa en tiempo real para crear el resumen de forma local y, posteriormente, se borra automáticamente. Los resúmenes guardados se sincronizan con iCloud con cifrado de extremo a extremo y los no guardados se eliminan automáticamente a los siete días.
Siri Rewind

Ahora, vamos con Live Rewind tratando los mismos puntos:

  • Activación: sólo se activa cuando hacemos una doble pulsación en la doble corona para capturar los últimos 15 segundos de conversación.
  • Detección: el micrófono está constantemente escuchando, pero en un búfer circular. Es decir, escucha todo, pero el audio antiguo se sobrescribe todo el rato formando un bucle de 15 segundos. Este proceso ocurre dentro del enclave seguro del S11.
  • Actuación: cuando detecta que has pulsado dos veces la corona, convierte a texto esos 15 segundos y los muestra en la pantalla del reloj. Puedes preguntar a Siri sobre ese texto o guardarlo en Siri para una consulta posterior.
  • Indicador: cuando se activa, el reloj emite un sonido para indicarlo y muestra el icono de un micrófono, incluso aunque esté en silencio. El fin es que las personas alrededor sepan que se ha activado.
  • Almacenamiento: si no guardas el fragmento, se descarta. Además, el audio crudo nunca se almacena como archivo, por lo que no es accesible para el usuario, las apps o la propia Apple.

Depende de cada uno decidir si estas funciones son más o menos útiles. Yo prefiero volver a preguntar algo de lo que no me he enterado antes que pulsar la corona pensando que no me voy a enterar de algo, pero reconozco que un resumen de reuniones y conversaciones nunca viene mal. 

Siri Recap

El elefante en la habitación

Pero claro, luego está el asunto de la privacidad y de los dispositivos que siempre están escuchando y que cada vez más llevamos encima con total tranquilidad. Porque grabar conversaciones es algo que podemos hacer fácil con el móvil, pero es algo más aparatoso que simplemente pulsar un botón. Y que sea una función que no vaya a estar disponible en Europa nos da una pista de que la privacidad es algo que está sobre la mesa.

Secure Enclave

Porque sí, no hay grabaciones accesibles para el usuario y todo se procesa de forma local, pero aunque Apple ponga énfasis en la privacidad, son funciones que aportan al debate sobre la escucha ambiental y la normalización de esa escucha continua

También está sobre la mesa la captura involuntaria de terceros en entornos ruidosos o fallos en los filtros y que se cuelen nombres, datos personales y otros datos sensibles que sí se almacenan en forma de texto y se sincronizan a través de la nube de Apple.

Algo que también se me ocurre, aunque muy específico, es el uso legal de esta función. Aunque no haya audio, sí hay un texto y un resumen de los 15 últimos segundos en la función de Live Rewind y habría que ver si puede usarse como prueba en disputas legales, laborales o policiales.

Las medidas de protección de Apple están ahí, pero la tecnología no es infalible y llevamos meses viendo cómo otro wearable que llevamos siempre encima como pueden ser unas gafas que filtran grabaciones de vídeo y audio que nadie más que nosotros deberíamos ver. O que se usan para grabar sin consentimiento a otras personas.

Imágenes | Apple

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La noticia El Apple Watch ya no sólo es un reloj, es una "grabadora" que escucha todo el rato y hace resúmenes de lo que oye fue publicada originalmente en Xataka por Alejandro Alcolea .



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"Están jugando con nuestras vidas": un investigador de Anthropic cree que hay un 10% de posibilidades de que la IA acabe con la humanidad

"Están jugando con nuestras vidas": un investigador de Anthropic cree que hay un 10% de posibilidades de que la IA acabe con la humanidad

Hay un número que se ha vuelto viral en Twitter estos días: más del 10%.  Esa es la probabilidad que Evan Hubinger, un investigador de Anthropic, cree que existe de que la inteligencia artificial acabe con todos los humanos durante la próxima década. El comentario respaldó la decisión de Jacob Coxon, un compañero suyo que acaba de abandonar la compañía denunciando que las empresas de IA están "jugando con nuestras vidas". Ese porcentaje es ciertamente aterrador, pero hay un problema con esa cifra: no significa absolutamente nada.

Miedo a la superinteligencia. Hubinger de hecho aclaraba que consideraba bajo el riesgo que plantean los modelos de IA actuales. Para él lo preocupante es lo que puede estar por venir: una superinteligencia creada por automejora recursiva, o lo que es lo mismo: sistemas de IA que ayuden a crear sistemas de IA mejores aún. para Coxon, que prefirió abandonar su trabajo —como otros antes que él, también en la competencia—, los próximos uno o dos años serán decisivos y pide que tanto OpenAI como Anthropic no se abalancen en esa carrera, algo difícil de lograr cuando la IA ya se está usando para acelerar la investigación en IA.

¿Cómo nos matará la IA? En The Wall Street Journal dividen los escenarios de extinción de los que hablan los expertos en dos grandes familias. Una, más hollywoodiense, es la pérdida de control: un sistema de IA mucho  más inteligente podría tener objetivos incompatibles con los de la humanidad y adquirir la capacidad suficiente para impedir que lo detengamos. La otra es menos llamativa, pero igualmente preocupante: que sigamos controlando la IA, pero alguien la use para crear un virus letal, lanzar ciberataques o atacar infraestructuras críticas. 

El 10% podría ser el 90% igualmente. Para llegar a ese escenario del que habla Hubinger tendrían que encadenarse una serie de eventos decisivos. Tendríamos que crear sistemas de IA muy superiores a nosotros, que éstos pudieran acelerar el desarrollo de sus sucesores, que esa aceleración fuera rápida y que adquieran suficiente autonomía y no podamos detenerlos. El célebre p(doom) (la probabilidad de la extinción) es de momento tan solo una estimación subjetiva que trata de poner números a la incertidumbre. Ese 10% no está medido experimentalmente, y su significado real es nulo porque no hay pruebas ni evidencias de que tenga sentido. Igual que es 10% podría ser 90% o 0%.

Pero la preocupación existe. Hubinger no es un cualquiera: dirige la estrategia de alineamiento de Anthropic, lo que significa de que es responsable de que los modelos de la compañía trabajen alineados con los seres humanos y persigan un fin común y beneficioso (especialmente) para la humanidad. Samuel Marks, otro de los directivos de Anthropic, explica que entre los desarolladores hay una preocupación real por un potencial deasstre, sobre todo entre los veteranos. Que Coxon haya renunciado a su participación económica en la empresa refuerza el valor de su menaje, pero eso solo demuestra que cree en él, no que su creencia sea correcta.

Anthropic no está haciendo mal del todo las cosas. En una entrevista en Wired, Coxon asegura que considera que Anthropic es más responsable que Anthropic en materia de alineamiento y que no ha detectado que nadie allí esté recortando esfuerzos en materia de seguridad. Para él el problema es que precisamente quien recorte esos esfuerzos sea otro: un competidor como OpenAI, o quizas un laboratorio de IA chino. Aquí alude al dilema del prisionero: incluso una empresa convencida de que debería frenar el desarrollo de la IA tiene demasiados incentivos para continuar si piensa uq elos demás no van a hacerlo. 

China complica las cosas. La preocupación que muestran expertos de IA occidentales no es un caso aislado: en China existe una creciente comunidad de expertos investigando sobre la seguridad de los agentes de IA, la pérdida de supervisión humana y la automejora recursiva. En el informe State of AI Safety in China 2026 precisamente se detectan esas preocupaciones, y figuras como el premio Turing Andrew Yao participan en estrategias de seguridad y gobernanza de IA. Eso sí: no es habitual que los responsables de DeepSeek, Alibaba o Moonshot hablen de esos riesgos para la humanidad. La preocupación existe, pero su expresión pública es muy distinta a la que se exhibe en Silicon Valley.

El mundo debería unirse. Coxon precisamente cree que un acuerdo entre Anthropic y OpenAI sería tan solo el primer paso para mitigar esos riesgos: lo ideal es que hubiera un esfuerzo de cooperación internacional que implicase a China. En esa alianza debería por ejemplo hablarse de controlar el cómputo avanzado de forma similar a como se tratan los materiales nucleares. Es aquí importante señalar que EEUU y China están preparando este mes sus primeras conversaciones bilaterales centradas en la seguridad de la IA.

Si hay tanto riesgo, ¿por qué siguen construyéndolas? La razón es sencilla: quienes plantean esos riesgos también ven el otro lado de las cosas. Coxon habla de cómo la IA puede ayudar a curar enfermedades, acelerar descubrimientos científicos o permitir alcanzar una abundancia extraordinaria. Existe además el convencimiento entre las empresa de IA de que si la superintelgiencia puede crearse alguien acabará haciéndolo, así que es preferible intentarlo que quedarse atrás. La inacción, detener el desarrollo, acaba siendo peor.

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La noticia "Están jugando con nuestras vidas": un investigador de Anthropic cree que hay un 10% de posibilidades de que la IA acabe con la humanidad fue publicada originalmente en Xataka por Javier Pastor .



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Alemania –ya iba siendo siglo– va a retirar la financiación pública de la homeopatía

Una botella de un antiguo producto homeopáticoMe ha encantado leer que Alemania se dispone a retirar la financiación pública de la homeopatía. Y más cuando he visto que el gobierno de Friedrich Merz no lo ha hecho presa de esa oleada de recortes generalizada que está metiendo al gasto público sino que lo hace porque reconoce que es un tratamiento sin eficacia alguna. Aunque eso vaya a suponer sustituir esos «tratamientos» por otros con medicamentos, que serán más caros para las arcas públicas.

Además es especialmente satisfactorio que esto pase en el país de Samuel Hahnemann, el iluminado que inventó esta pseudociendia. Schadenfreude en estado puro.

Por supuesto cada uno es cada quien y a quien así le parezca podrá seguir consumiendo productos –que no medicamentos– homeopáticos, pero ya pagándolos de su bolsillo cuando este cambio legislativo entre en vigor.

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