3 de noviembre de 2026

Logran arrancar iOS en un Redmi Note 12, un móvil Android, con ayuda de agentes de IA como Claude

Un móvil dividido en dos colores representa el experimento de ejecutar iOS en un teléfono Android.

Un grupo de desarrolladores aficionados ha conseguido que un Redmi Note 12, un móvil Android, arranque iOS 16, el sistema de Apple, sustituyendo el núcleo del teléfono por el de un iPhone y apoyándose en agentes de IA como Claude para acelerar el trabajo. No es una emulación ni un uso cotidiano: el sistema es muy inestable y buena parte del hardware no responde. Lo cuenta Xataka, a partir de los proyectos publicados en GitHub.

Es un experimento técnico fascinante y, a la vez, un ejemplo claro de cómo la IA está cambiando quién puede meterse en proyectos de este calado.

¿Qué han conseguido exactamente?

Que un móvil Android cargue y ejecute el sistema de un iPhone, no que lo imite. El proyecto base, llamado ios-sweet, sustituye el núcleo Linux de Android por XNU, el núcleo de Apple, y le da un «árbol de dispositivos» copiado de un iPhone X para que el sistema crea que arranca en un iPhone de verdad. Luego carga archivos sin modificar de iOS 16 sacados de un iPhone X sobre el chip del teléfono Android.

En el caso más documentado, el del Redmi Note 10 Pro, el sistema llega a la pantalla de bloqueo, a la de inicio, al centro de control y a los ajustes, y la pantalla táctil y los botones responden. Pero ahí se acaba lo bueno: no funcionan el wifi, el Bluetooth, los datos móviles, el audio, las cámaras ni los sensores biométricos, algunas apps del sistema se quedan en negro, y como no hay controlador gráfico, la pantalla se dibuja a unos 20-30 fotogramas por segundo. El arranque, según Decrypt, tarda entre cuatro y cinco minutos. En el propio Redmi Note 12, el desarrollador que lo adaptó asegura tener funcionando el sonido, el wifi y el fondo de pantalla, aunque el sistema sigue siendo muy inestable.

¿Por qué solo funciona con hardware viejo?

Porque usa un iPhone X, el último sin una protección que los chips de estos móviles no admiten. El iPhone X es el último iPhone sin autenticación de punteros (PAC), una medida de seguridad que los chips Qualcomm de los móviles Android no soportan. Por eso el software de iPhones más nuevos no arrancaría, y este enfoque difícilmente funcionará en teléfonos modernos.

Más allá de estos, hay adaptaciones para otros modelos, como el LG V60, y trabajo en curso para más teléfonos cuyo código aún no es público. Es, en esencia, un ejercicio de cacharreo extremo, en la tradición de las custom ROM que llevan años permitiendo cambiarle el sistema a un Android, solo que al revés y mucho más difícil.

¿Qué papel juega aquí la IA?

Acelerar un trabajo que antes exigía un conocimiento muy especializado y mucho tiempo. Según Xataka, la mayoría de estas adaptaciones se apoyan en contenido asistido por IA generativa, y los repositorios incluyen un archivo de notas con instrucciones pensadas para agentes como Claude Code, ChatGPT Codex o Gemini. Eso permite que más gente, con menos experiencia previa en el núcleo de un sistema operativo, se anime a intentarlo.

Y aquí está, para mí, lo verdaderamente interesante del asunto. El logro técnico es llamativo, pero lo que marca época es el método: que una tarea reservada a un puñado de expertos en sistemas operativos la pueda abordar un aficionado con un agente de IA que le va resolviendo los pasos. Es la misma democratización que vimos al hablar de programar sin saber programar, el llamado vibe coding, llevada a un terreno que parecía inaccesible.

Mi lectura: conviene no confundir la hazaña con su utilidad. Un iOS que arranca a trompicones, sin wifi ni cámara y a 25 fotogramas, no sirve para nada práctico, y nadie va a usar su Redmi como iPhone. Pero no es el punto. Lo que este experimento demuestra es que la barrera de entrada a los proyectos de ingeniería más arcanos se está desplomando, y que un agente de IA puede ser el copiloto que convierte una idea imposible en un fin de semana de pruebas. Eso tiene una cara luminosa, la de que más gente pueda crear, y una inquietante, la de que esa misma facilidad sirva para cosas menos inocentes que arrancar iOS en un móvil chino. La herramienta, como siempre, es neutral; lo que hagamos con ella, no.




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El telescopio Swift de la NASA reentrará esta semana tras 22 años, y algunos fragmentos podrían llegar al suelo

Un telescopio espacial cae hacia la Tierra y deja fragmentos, como el observatorio Swift en reentrada.

El observatorio espacial Swift de la NASA, lanzado en 2004, reentrará en la atmósfera esta semana de forma descontrolada, y aunque la mayor parte se desintegrará, algunas piezas internas podrían sobrevivir y caer a tierra. El riesgo para las personas es bajo, pero no nulo. Lo cuentan Gizmodo y Futurism, a partir de los datos de seguimiento y del blog de la NASA.

Es el final de una misión que debía durar dos años y aguantó casi veintidós.

¿Cuándo y dónde caerá?

Entre martes y miércoles de esta semana, en una franja que rodea el ecuador y que es, en su mayoría, océano. Según el astrofísico Jonathan McDowell, de la Universidad de Durham, que cita los datos de seguimiento de la Fuerza Espacial de EE. UU., la reentrada se espera en esos dos días, aunque el momento y el punto exactos son muy difíciles de predecir al tratarse de una caída descontrolada.

La órbita de Swift se mueve en una banda de unos 20 grados a cada lado del ecuador, así que los restos podrían caer en cualquier punto de esa franja. La mayor parte es mar, el escenario más probable, pero dentro de la zona también hay tierra: partes de África, Australia, India, el Sudeste Asiático y Centroamérica y Sudamérica, incluidas áreas muy pobladas.

¿Cuánto peligro hay de que un trozo caiga sobre alguien?

Poco, pero no es cero. McDowell calcula que las cuentas detalladas suelen situar la probabilidad de que alguien resulte herido en torno a una entre 10.000. La mayor parte del telescopio debería arder en la reentrada, pero piezas más densas y resistentes, como las ruedas de reacción que usaba para orientarse y los espejos y lentes, tienen más opciones de sobrevivir. Según el experto, en un satélite de este tamaño suele sobrevivir alrededor del 10 %, y no sería raro que al menos 100 kilos llegaran al suelo, porque los satélites de astronomía cargan óptica pesada.

Desde la empresa de seguimiento LeoLabs, Darren McKnight rebaja la alarma: considera improbable que suponga un peligro para las personas en tierra y recuerda que Swift es «una porción pequeña» de todo lo que reentra. El telescopio recuerda a otros casos recientes, como el del satélite ruso Kosmos 482, que cayó a la Tierra sin que nadie supiera dónde.

¿Por qué cae ahora y no se pudo evitar?

Porque su órbita llevaba años decayendo y el intento de rescate falló. Swift fue perdiendo altura durante dos décadas, y, según Gizmodo, los recientes picos de actividad solar aceleraron ese deterioro de la órbita; a eso se sumó un regreso de última hora a las observaciones científicas, que aumentó el rozamiento con la atmósfera. El 23 de octubre su órbita había bajado por debajo de los 275 kilómetros, y la NASA reconoció que ya no podía compensar ese aumento del rozamiento.

Hubo un plan para salvarlo. La NASA seleccionó a la empresa Katalyst Space Technologies para elevar la órbita de Swift con una misión que despegó en julio, pero que se frustró cuando la nave de rescate empezó a dar tumbos sin control. Swift deja un legado notable: según la NASA, observó más de 2.000 estallidos de rayos gamma y unas 1.400 supernovas, que alimentaron alrededor de 7.000 artículos científicos. Su caída se suma a un problema que crece, el de la basura espacial y las reentradas, como ya contamos a propósito de los propulsores que prometen limpiar la órbita terrestre.

Mi lectura: el caso de Swift tiene algo de melancólico y algo de advertencia. Melancólico, porque es el adiós de un telescopio que multiplicó por once su vida útil y cambió lo que sabemos de los estallidos de rayos gamma. Y advertencia, porque su reentrada descontrolada, con la lotería de dónde caerán sus cien kilos de piezas, es exactamente el tipo de final que McDowell considera que no deberíamos seguir permitiendo. Una entre 10.000 suena a riesgo pequeño, hasta que recuerdas que, como él mismo dice, se han producido ya unas 10.000 reentradas desde el Sputnik, y que algún día la suerte se acaba. Swift casi con seguridad caerá al mar. Pero el problema de fondo, el de decenas de objetos cayendo sin control cada año, no se arregla con suerte.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

2 de noviembre de 2026

Un nuevo estudio rastrea la famosa ‘Noche estrellada’ de Van Gogh hasta un cielo nocturno real de 1889

Un nuevo estudio rastrea la famosa ‘Noche estrellada’ de Van Gogh hasta un cielo nocturno real de 1889

El cielo de “La noche estrellada” parece responder a una noche concreta. Por ejemplo, el 22 de julio de 1889 en Saint-Rémy-de-Provence (sur de Francia). Un equipo surcoreano ha analizado el cielo que representa y lo ha comparado con el real de aquel verano. Se trata de la mejor opción que han encontrado. Es decir, que era el cielo que podía verse entonces, pero eso no implica que fuera el día en el que pintó el cuadro.

En el estudio publicado en Scientific Reports (22 de octubre de 2026) proponen una revisión de la cronología habitual. El primero de los autores es Elijah Jeong-hyun Kim; además de ser doctorando en la Universidad Kyung Hee, dirige una empresa dedicada a telescopios. ¿Cuánto de observación hay en este cielo?

Una de las claves es la luna. Los investigadores tienen en cuenta que en el cuadro aparece menguante. También que Venus ocupa una posición concreta y que las Híades (un grupo de estrellas de la constelación de Tauro) están juntas. Todo ello es consistente con amaneceres cercanos al 22 de julio. Además, han cruzado datos meteorológicos con las cartas de Van Gogh y proponen que el cielo se corresponde con un momento aproximadamente un mes después de lo habitualmente aceptado.

Elijah fue a Francia en dos ocasiones en 2019 (a mediados de junio y alrededor del 22 de julio) para ver en primera persona cómo era el cielo en esos momentos. “Los cielos nunca son iguales. Siempre hay algo diferente”, explica Kim. Dice que él cree que Van Gogh tuvo en cuenta estos cambios; de hecho, no es necesario que sea una sola noche, puede haber días cercanos.

Otra de las claves son las menciones que hace a las cigarras. Los autores relacionan estas menciones con el calor de julio. Su análisis de las cartas sitúa más adelante en ese mes el momento de una crisis que sufrió el artista. Estos son argumentos históricos (basados en una interpretación de los documentos y de las fechas) que se cruzan con la reconstrucción del cielo.

José Luis Aragón (Universidad Nacional Autónoma de México) es físico y ha estudiado el cuadro, pero no ha participado en esta investigación. “Aun así, vería la fecha de julio como una hipótesis intrigante más que como una respuesta definitiva”.

En la ficha del MoMA (donde se conserva el cuadro) sigue apareciendo junio de 1889. En el museo explican que se trata de un cuadro pintado durante el día (en varias sesiones) a partir de una visión nocturna. El pueblo que aparece en el fondo (bajo las colinas) es de otras vistas (no era visible desde su ventana).

El software para reconstruir el cielo de 1889

El software principal con el que han trabajado es TheSkyX 10.5.0. Han contrastado sus configuraciones con Stellarium 25.2.0. Las posiciones de los planetas y el Sol las han contrastado con las efemérides DE441 de la NASA. Los investigadores admiten que esto no permite saber cuándo comenzó a pintarse o si hubo algún retoque posterior.

Algunas de estas herramientas son accesibles a todo el mundo. Stellarium es un planetario (software) gratuito y de código abierto. Hay versiones para Windows, macOS y Linux. Permite mostrar cómo es el cielo en un momento dado e incluso es posible modificar la velocidad a la que pasa el tiempo (para simular el movimiento aparente de los astros).

Noche Estrellada Virtual

También existe un sistema de la NASA (Horizons) que permite obtener tablas de posición para un observador en un lugar concreto. Incluyen datos de visibilidad, documentan la altura sobre el horizonte, salidas y puestas e incluso tienen marcadores de crepúsculo. De esta manera podemos analizar si es cierta una afirmación más específica que el parecido global de dos imágenes. 

Este servicio está pensado también para el gran público (no solo para investigadores o planificadores de misiones). Una tabla de posiciones permite verificar esta posibilidad, aunque para la fecha de una pincelada hacen falta otros tipos de evidencias.

Por otro lado, también hay que considerar la visibilidad. En Genbeta ya hablamos del mapa de contaminación lumínica para saber dónde es posible ver bien el cielo. En una reconstrucción histórica hay que considerar por separado dónde está la estrella (calculado) y las condiciones de visibilidad.

Imágenes | Facebook con edición, Xataka

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Google ha mejorado tanto su buscador con IA que se ha encontrado con un problema: necesita empeorarlo para ganar dinero

Google ha mejorado tanto su buscador con IA que se ha encontrado con un problema: necesita empeorarlo para ganar dinero

Que todas las empresas se han volcado en la IA no es algo que a estas alturas nos sorprenda, ya que basta con abrir casi cualquier app, servicio o plataforma para ver que está ahí. Los chatbots son omnipresentes, las herramientas generativas también. Y pocas empresas la han abrazado de manera tan intensa como Google, que ha llevado la IA a la mayor parte de su catálogo. Con resultados dispares.

La empresa que domina, dominada. Google es un peso pesado de la inteligencia artificial. Lo es por la importancia que siempre le dio a lo largo del tiempo y porque gran parte de las mecánicas de entrenamiento e inferencia fueron planteadas por Alphabet y sus divisiones, en especial DeepMind. Por ejemplo, la arquitectura Transformer, nacida en Google, es la piedra angular de la IA actual.

La paradoja de Google fue que la pillaron fuera de juego justo en el partido que, como equipo, dominaba. No supo anticipar el segmento de consumo que sí vio OpenAI con ChatGPT. Este chatbot acabó marcando el estándar y el camino para todos los que vinieron detrás, incluida la propia Google, que llevaba desde 2016 presumiendo de ser AI first. En 2022 Alphabet pulsó el botón de código rojo.

Dame más IA. Chatbots, modelos, herramientas... Y, para rematar, Google ha ido colando la IA en todos sus productos. ¿Buscar correos en Gmail? Ahí está Gemini. ¿Y Google Sheets? Con IA hasta puedes crear macros en las hojas de cálculo. Tampoco podía quedarse fuera la joya de la corona: el buscador se ha rebozado en IA como ningún otro producto.

Las vistas creadas con IA en el buscador (AI Overviews) y el Modo IA (AI Mode) fueron la solución de Google a un problema que arrastraba la plataforma desde hace años: los resultados de búsqueda eran malos. Costaba encontrar algo decente en según qué búsquedas, por eso la IA encaja tan bien aquí: resuelve cualquier duda sin tener que leer nada más. Y esto es un problema, no solo para los que vivimos creando contenido.

El buscador con IA es bueno para el usuario, no para Google. Parece una contradicción, pero es tal que así: Alphabet reportó una importante caída en el crecimiento de ingresos a través de la búsqueda (no hubo apenas diferencia con respecto al segundo trimestre, que ya había sido menor en referencia al primero). Uno de los motivos, según la propia Google, es que el Modo IA monetiza peor que la búsqueda tradicional.

Google ha conseguido un buscador "tan bueno", que los usuarios no necesitamos pasar de la interacción con la IA para encontrar la solución. Ergo, hay menos espacio para los anuncios, o anuncios que valen menos. Y eso pone en riesgo lo que era la gallina de los huevos de oro para Google.

La solución: añadir más anuncios. Es el razonamiento lógico. Si ganas menos porque no se ven los anuncios, lo que debes hacer es elevar su número. O lo que es lo mismo: si hemos pasado de un buscador ineficiente a uno más o menos preciso gracias a la IA, Google debe ahora desandar los pasos. Como diría Ricky Martin: "Un pasito p'alante, María,...".

Según explicó Philipp Schindler, director de negocio de Google:

"Cabe señalar que el fuerte crecimiento de las consultas en el Modo IA tuvo un impacto debido a la menor monetización que estábamos viendo en este modo".

Y añadió:

"Para que quede claro, estamos muy satisfechos con nuestra trayectoria. Nuestros experimentos con anuncios han dado resultados prometedores, y ahora estamos ampliando los anuncios tanto en las vistas con IA como en el Modo IA a más usuarios y más consultas, incluidos mercados internacionales y anuncios en conversaciones de varios turnos en Estados Unidos”.

Lo mejor, peor. Google no echará marcha atrás quitando la IA del buscador, por lo que debe encontrar la manera de armonizar los anuncios con los textos de Gemini. No es fácil, porque no es lo mismo ver un anuncio entre los resultados de búsqueda que una recomendación explícita de producto en un texto que debería ser imparcial. Para la IA, perder la credibilidad es demasiado fácil.

Google no está en apuros, más bien al contrario: sigue creciendo a doble dígito. El problema es que cada búsqueda que se muda al Modo IA deja menos dinero que la anterior, y la única palanca que tiene Google a mano es la de siempre: más publicidad. Por tanto, corre el riesgo de concluir donde empezó, con un buscador más orientado a los anunciantes que a los usuarios.

Imagen de portada | Iván Linares editada

En Xataka | La IA ya no se paga sola: ni siquiera negocios gigantes como los de Meta o Google sirven para financiarla

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Hace 50 años, Viking 2 grabó dos misteriosas señales. Hoy unos científicos apuntan a la grabación más antigua de un terremoto marciano

Hace 50 años, Viking 2 grabó dos misteriosas señales. Hoy unos científicos apuntan a la grabación más antigua de un terremoto marciano

En 1975, la NASA envió a Marte las sondas Viking 1 y Viking 2 con el objetivo de buscar posibles signos de vida. Para saber si es o fue en algún momento un planeta habitable, era importante estudiar tanto su composición geológica como la posible aparición de terremotos. Para esto último, ambas sondas contaban con un sismómetro. Sin embargo, la primera lo desplegó mal y la segunda captó demasiadas interferencias como para determinar si realmente se estaban detectando terremotos. Era muy difícil analizar sus señales de forma fiable, así que estas cayeron en el olvido. Ahora, 50 años después, un equipo de científicos chinos ha decidido rescatarlas y ha encontrado la que podría ser la grabación más antigua existente de un terremoto marciano. 

El problema de Viking 2. El sismómetro de Viking 2 estaba montado directamente sobre el módulo de aterrizaje. Este se movía por efecto del viento, transmitiendo las vibraciones al sismómetro como si de una vela se tratase. Por lo tanto, era imposible determinar si las señales que captaba procedían del suelo o del viento. Además, el único contacto de Viking con el suelo eran sus patas. Eran estas las que transmitían las vibraciones hacia el sismómetro, por lo que podrían generarse muchas interferencias por el camino.

La NASA aprendió de sus errores. En 2018, la NASA envió a Marte la sonda InSight. De nuevo, dotaron a un módulo de aterrizaje de un sismómetro, pero en este caso había una gran diferencia. Y es que el vehículo disponía de un brazo robótico que, una vez en el planeta rojo, sacó hacia fuera el sismómetro y lo colocó directamente sobre el suelo. Así, las vibraciones que captaba serían mayormente subterráneas, sin tantas interferencias del viento.

Más de mil terremotos. Entre 2018 y 2022, InSight detectó 1.319 terremotos, demostrando que el planeta rojo tiene más actividad sísmica de lo que se pensaba. Si el sismómetro de las sondas Viking hubiese funcionado mejor, quizás habría detectado algunos. Ahora bien, ¿realmente habría que dar por perdidas las grabaciones de Viking 2?

Sol 80. Los días marcianos se conocen como soles. Viking 2 realizó dos grabaciones sospechosas, una en el Sol 53 y otra en el Sol 80. La primera se terminó catalogando como una racha de viento, pero la segunda en su día se vio como buena candidata a albergar un terremoto. Desgraciadamente, había demasiadas dudas a causa de las interferencias. Medio siglo después, los autores del estudio que se acaba de publicar pensaron que se podrían volver a estudiar teniendo en cuenta todo lo aprendido con InSight. Las analizaron minuciosamente y vieron que en la grabación del Sol 80 había algo muy parecido tanto a los terremotos de California como a los martemotos detectados por InSight. 

La vibración se parecía; pero, además, se había detectado de madrugada, cuando los vientos suelen ser menos intensos, y justo 20 minutos después de un periodo de vientos débiles. Era poco probable que fuese una interferencia del viento marciano. 

Otras opciones. En realidad, no se puede descartar que la grabación se corresponda con otro tipo de evento, como el impacto de un meteorito. De hecho, nunca lo sabremos con seguridad. Pero sí que es cierto que estos científicos han hecho bien en rescatar la grabación, pues podría albergar la señal del terremoto marciano más antiguo que se ha grabado jamás. Aunque no lo sepamos con seguridad, la incertidumbre es una parte importante de la investigación del espacio, por lo que sigue siendo interesante.

Imagen | NASA

En Xataka | El sueño espacial era gastarnos miles de millones de euros en ir a Marte para acabar comiendo grillos

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