Entre las aplicaciones de la revolucionaria técnica de edición genómica (crispr/cas, cuyas inventoras recibieron el último Príncipe de Asturias), hay una que ha puesto los pelos de punta a los propios genetistas que la usan. Se llama “reacción en cadena genética”, o “impulso genético” (gene drive), y causa la propagación de modificaciones genéticas no ya entre las células de un individuo, sino por todos los individuos de una población. Se acaba de demostrar en moscas, el organismo modelo de la genética por excelencia. Pero la gran virtud de crispr/cas es precisamente que sirve para cualquier especie, incluida la nuestra.
☛ El artículo completo original de Javier Sampedro lo puedes ver aquí

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