
Por al menos un año María Alejandra Josa, de 26 años y estudiante de psicología, intentó conseguir una cita con un endocrino a través de su EPS. Anhelaba iniciar su reafirmación identitaria, pero en su natal Pasto solo había un especialista para toda la ciudad. La cita nunca llegó. Angustiada y sin mucha información, decidió consultar con conocidos y empezó a tomar estrógenos por su cuenta. Tiempo más tarde se radicó en Bogotá, y en medio de exámenes de chequeo supo que la automedicación tuvo efectos negativos en su cuerpo. Por suerte, e ra un buen momento para tratarlos. Esa asesoría y diagnóstico se lo dieron en la clínica de género, un espacio especializado para atender personas con experiencias de vida trans en el Hospital de Chapinero, una entidad pública de la ciudad. A tres meses de inaugurada, la clínica ya ha atendido alrededor de 200 pacientes.


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