Durante años, el debate sobre si el café es un héroe o un villano para la salud ha oscilado como un péndulo entre una postura y otra. Sin embargo, la ciencia ha dado ahora una buena razón para los más cafeteros para tomar aún más café. La razón está en un nuevo estudio publicado en JAMA que ha puesto sobre la mesa una evidencia difícil de ignorar: el consumo moderado de cafeína no solo nos mantiene alerta hoy, sino que podría estar protegiendo nuestro cerebro para el mañana.
Los datos. Hablamos de que es una evidencia difícil de ignorar precisamente porque no es una encuesta puntual de un fin de semana, sino que un equipo de investigación de Harvard analizó a más de 130.000 personas durante cuatro décadas.
En concreto, la muestra que se ha manejado en este caso ha sido de 131.821 participantes, donde se incluyó a personal sanitario, y se hizo un seguimiento de hasta 43 años durante los años 1980 y 2023. Al final del estudio se documentaron 11.033 casos de demencia incidente, que es lo que se tenía que comenzar a estudiar.
Con su dieta. Una vez que se tiene toda esta información, los investigadores han tenido que comenzar a cruzar los de consumo dietético, que han sido actualizados cada cuatro años, con las historias médicas. Aquí el objetivo primordial era buscar un patrón que relacionara algo de la vida de los pacientes con demencia con su enfermedad.
Y la verdad es que vieron un patrón bastante claro: aquellos que consumían café con cafeína presentaban un menor riesgo de desarrollar demencia en comparación con los que apenas lo probaban. Algo que también apuntaban otros estudios en el pasado.
Ni poco ni demasiado. Lógicamente, el estudio no apunta a que haya que comenzar a beber café como si se tratase de agua, puesto que los efectos de la cafeína en grandes cantidades son muy perjudiciales para la salud.
La ciencia apunta en este caso a que el mayor beneficio se observó en quienes consumían aproximadamente de 2 a 3 tazas de café al día. En cifras concretas, se vio que este consumo redujo el riesgo de tener demencia en un 18% y también mostraron en los pacientes una menor prevalencia de deterioro cognitivo subjetivo y mejores puntuaciones en pruebas objetivas de memoria.
Beber más café. Según este estudio específico, el beneficio se estabiliza, haciendo que no mejore más, pero tampoco empeora drásticamente en este grupo de pacientes. Pero otros metaanálisis sugieren que con consumos superiores a 4 o 5 tazas, los beneficios se pueden revertir y generar otros problemas.
La cafeína es clave. Uno de los hallazgos más interesantes es la distinción química que se hace, puesto que los investigadores separan a las personas que beben café con cafeína y los que lo beben descafeinado. Aquí los resultados fueron bastante claros: el consumo de café descafeinado no se asocia con una disminución del riesgo de demencia ni con un mejor rendimiento cognitivo.
Esto sugiere que el efecto neuroprotector no proviene solo de los antioxidantes o polifenoles del grano (que también están en el descafeinado), sino que la cafeína es el agente activo principal en esta ecuación.
El efecto del té. Hay un gran grupo de personas que no dependen de la cafeína para estar despiertos, sino de la teína del té. En este caso, el consumo del té mostró asociaciones similares al café, puesto que beber entre 1 y 2 tazas al día también se vinculó con una reducción del riesgo de demencia y mejor función cognitiva.
Esto es algo que refuerza la teoría de que la cafeína y otros compuestos como la L-teanina juegan un papel protector en nuestro sistema nervioso.
¿Por qué funciona? Aunque en este caso el estudio no está enfocado en decirnos las razones, los autores proponen una serie de mecanismos biológicos para entenderlo. El primero de ellos es que la cafeína bloquea los receptores de adenosina en el cerebro, lo que hace que no solo estemos más despiertos, sino que podría reducir la acumulación de beta-amiloide, la proteína asociada al Alzheimer cuando está en gran cantidad.
Además de esto, también se cree que la cafeína reduce las citoquinas proinflamatorias en el cerebro, mitigando la neuroinflamación que precede al deterioro cognitivo. Y si nos faltaban razones para defender la cafeína, se suma que mejora la sensibilidad a la insulina y la función vascular, dos factores que, cuando fallan, abren la puerta a la demencia.
La letra pequeña. Aunque se ajustaron variables como el tabaco, el ejercicio y la dieta, no se puede probar definitivamente que el café cause la protección del cerebro. Siempre puede ocurrir que las personas con deterioro cognitivo temprano dejan el café porque les siente mal, pero los investigadores intentaron controlar esto excluyendo los primeros años de seguimiento.
Además, hay que tener en cuenta que los participantes eran mayoritariamente profesionales sanitarios y con educación superior, por lo que los resultados podrían variar en poblaciones con otros estilos de vida o genéticas.
Disfrutar, pero no forzarse. La persona que ya disfruta de 2-3 tazas de café al día tiene una razón científica más para hacerlo sin culpa en este caso, puesto que está en el "punto dulce" de la protección neurológica. Pero si hay personas a las que no les gusta el café o les pone muy nerviosos, no hay que forzarse, puesto que la calidad del sueño y el ejercicio siguen siendo los reyes indiscutibles en la salud cerebral.
Imágenes | Fahmi Fakhrudin
En Xataka | Creíamos que la llegada temprana de la demencia se debía a causas genéticas. Nos equivocábamos
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La noticia Unos científicos han estudiado a 130.000 personas durante 40 años. Su conclusión: el café por la mañana previene la demencia fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .
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