
El proyecto ICARUS, ideado por el Instituto Max Planck para vigilar a los animales de todo el mundo desde el espacio, no es nuevo. Sin embargo, tras un parón iniciado con la guerra de Ucrania, el año pasado comenzó a reactivarse y este mismo mes ha dado su mayor paso adelante: colocar en órbita su propio satélite. Gracias a eso, se podrá hacer un seguimiento mucho más exhaustivo del mundo animal, llegando a conclusiones que pueden incluso resultar útiles para estudiar el avance del cambio climático o de las enfermedades zoonóticas.
RAVEN entra en acción. El RAVEN es el primer satélite propio del programa Icarus. Hasta 2022, este contaba solo con un receptor ubicado en el módulo ruso de la Estación Espacial Internacional (EEI). Ese año se rompieron las relaciones del Instituto Max Planck con Rusia, por lo que se pausaron las operaciones de Icarus en la Estación Espacial Internacional. Sin embargo, los responsables del proyecto no se rindieron. Se asociaron con la empresa New Space TALOS para miniaturizar el sistema y convertirlo en una carga útil que pudiese viajar al espacio en un satélite CubeSat.
Esto ya se logró en noviembre de 2025, cuando se colocó el receptor en un satélite alemán enviado al espacio con otros objetivos. Sin embargo, este mes de mayo han ido más allá al colocar en órbita su propio satélite. Esto no solo permite estudiar la fauna más ampliamente y, sobre todo, con mayor independencia. También consume una décima parte de la energía que consumía el dispositivo de la EEI.
Una larga historia de observación de la fauna. La observación de la fauna ha pasado por muchas fases. Inicialmente, solo podían vigilarse los animales directamente. Los científicos se escondían para observarlos in situ, en su hábitat, intentando perturbarlos lo mínimo posible. Después se idearon las cámaras trampa. Estas se siguen usando hoy en día, pero lógicamente cuentan con ciertas limitaciones, ya que hay muchos puntos ciegos que no son captados por ellas.
Más tarde se desarrollaron los transmisores que se pueden colocar directamente en los cuerpos de los animales. Sin embargo, para captar las señales que estos emitían era necesario usar antenas que no podían estar muy lejos del lugar en el que estos se encontraban. Ante todos estos problemas, a un grupo de científicos del Instituto Max Planck se le ocurrió que la clave podría estar en observar a los animales desde el espacio, ya que eso permite tomar muchos más datos por todo el planeta, de forma simultánea y continua.
Un transmisor mejorable. La Cooperación Internacional para la Investigación de los Animales Usando el Espacio (ICARUS por sus siglas en inglés) es un programa de observación de la fauna que se sostiene principalmente en dos dispositivos: los transmisores que se colocan en el cuerpo de los animales y el receptor que se dirige al espacio.
Los transmisores que se emplean hoy en día son etiquetas de 4 gramos de masa y más o menos con el tamaño de una moneda de céntimo de euro en los casos más reducidos. Funcionan con energía solar, resisten los cambios bruscos de temperatura y son cómodos, para que los animales puedan llevar a cabo su vida con normalidad. Además, deben pasar desapercibidos para no convertirlos en presas fáciles para sus depredadores. Aun así, para los animales más pequeños, como los insectos, este tamaño sigue siendo una limitación. Los científicos de Icarus están trabajando para crear uno que pese menos de un gramo y que sea mucho más reducido.
Los transmisores aún son mejorables
Un receptor que ha mejorado mucho. El primer receptor de ICARUS fue instalado en la EEI en 2018, durante una caminata espacial de los cosmonautas Oleg Artemyev y Sergey Prokopyev. Poco tenía que ver con el satélite RAVEN que ya está operando en la órbita terrestre baja. Sin duda, el receptor ha evolucionado mucho en poco tiempo.
Muchísimas aplicaciones. Vigilar a los animales desde el espacio es útil por muchísimos motivos. A grandes rasgos parece que solo sirve para saber dónde están en cada momento y, por lo tanto, controlar sus migraciones. Pero eso puede tener otras aplicaciones implícitas. Por ejemplo, si las migraciones se producen antes o después de lo habitual, o a lugares que no son los típicos para esa especie, puede deberse a cambios de temperaturas asociados al cambio climático. Es una forma de seguir el avance de este fenómeno.
También se puede ver cómo se distribuyen los animales que son reservorio de enfermedades zoonóticas y, así, establecer zonas de riesgo. Incluso se está empezando a utilizar ICARUS para hacer un seguimiento de los cazadores furtivos. Si los animales huyen espantados y no se relaciona con la presencia de depredadores, puede que el depredador sea humano. En algunos países, esto sigue estando a la orden del día y es importante buscar formas de localizarlos para poder detenerlos antes de que actúen. Los científicos de ICARUS esperan entrenar un algoritmo que les ayude a detectar posibles cazadores furtivos teniendo en cuenta estas huidas junto a otros factores.
En resumen... Son muchas las aplicaciones, y todo ello gracias a un guardián silencioso que ya está vigilando en el espacio sin necesidad de estaciones espaciales que lo sostengan.
Imagen | Magnific/Ororatech (X) | Instituto Max Planck
En Xataka | Estos son los animales invasores que se están comiendo a los animales en peligro de extinción
-
La noticia La conservación de especies en peligro siempre ha sido un reto. Ahora vamos a vigilarlas literalmente desde el espacio fue publicada originalmente en Xataka por Azucena Martín .
☞ El artículo completo original de Azucena Martín lo puedes ver aquí

No hay comentarios.:
Publicar un comentario