29 de mayo de 2026

Un experimento de hace 20 años con muchachas caminando en pareja reveló uno de los pegamentos invisibles de la sociedad

Un experimento de hace 20 años con muchachas caminando en pareja reveló uno de los pegamentos invisibles de la sociedad

Entre 2005 y 2006, un par de investigadores israelíes seleccionaron a veinticuatro muchachas jovenes y las pusieron a andar por parejas. Eso era todo. No les explicaron nada más, ni les pidieron ninguna cosa extra: ensayo tras ensayo, Zivotofsky y Hausdorff grabaron a las chicas mientras caminaban juntas. 

Parece algo trivial, pero bajo esas trivialidades hay cosas sorprendentes. Y es que "a menudo, la mirada distraída no lo percibe, pero la sincronización entre personas que caminan juntas es bastante común". Los investigadores se dieron cuenta que, en la mitad de los casos (muchos más si iban cogidas de las manos), las chicas coordinaban espontáneamente sus pasos con quien caminaba a su lado. 

Lo interesante es que, lejos de ser una curiosidad, es un elemento clave de lo que somos como sociedad. No es casual que los robots aún no lo hayan llegado a dominar.

Los seres humanos nos sincronizamos. No es solo el trabajo de Zivotofsky y Hausdorff sobre caminar en parejas, ni los estudios que lo han ido confirmando. La sincronización cardiorrespiratoria está bien documentada en contextos sociales (parejas tocándose, coros, conversaciones con amigos o familia, etc.). Son solo dos ejemplos de un campo de investigación que, en los últimos 20 años, ha rastreado los efectos prosociales de este tipo de cosas. 

¿Por qué lo hacemos? Hay dos grandes redes cerebrales que parece que están implicadas en todo esto: la red de mentalización (permite inferir intenciones, creencias y estados mentales ajenos) y el sistema de neuronas espejo (que, según se cree tradicionalmente, son la base de la empatía; y se co-activan durante las tareas de acción conjunta). Pero nada de esto responde a la pregunta que nos interesa: ¿por qué lo hacemos? A nivel evolutivo, digo.

Y aunque hay discusión sobre ello, los investigadores tienden a pensar que los beneficios prosociales de esa sincronización nos ayudan a vivir en sociedad. Al fin y al cabo, los estudios sugieren que caminar sincronizado con un extraño mejora la impresión que se tiene de él, incluso sin hablar. 

Es tan efectivo, que no faltan los estudios que analizan cómo esta sincronía motora se ha usado históricamente como herramienta de cohesión grupal. También en contextos de agresión, guerra y deshumanizanción de grupos ajenos. 

Dos caminando juntos. Sorprende, en este contexto, que ya Homero definiera la amistad como "dos caminando juntos". Porque es exactamente eso. También es una herramienta para romper dinámicas negativas. No es automático, no es algo directo; pero salir a pasear, cogidos de la mano, es una manera conectar que, últimamente, estamos abandonando

Es verdad que, con estos estudios en la mano, la causalidad es compleja de determinar. Uno nunca puede estar seguro de si es la sincronización lo que hace que 'encajemos' o el hecho de que seamos compatibles lo que facilita la sincronización. No obstante, el impacto de un mundo en el que cada vez interactuamos y nos tocamos menos está aún por conocer. 

Imagen | Richard Bell

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La noticia Un experimento de hace 20 años con muchachas caminando en pareja reveló uno de los pegamentos invisibles de la sociedad fue publicada originalmente en Xataka por Javier Jiménez .



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