Estamos acostumbrados a escuchar que vivimos en la era más poblada de la historia. Es cierto: nunca ha habido tantos humanos vivos a la vez. Pero hay una pregunta diferente, más inquietante, que pocas veces se formula en esos términos: ¿cuántas personas han existido en total desde que el Homo sapiens apareció sobre la Tierra? La respuesta cambia completamente la perspectiva.
Según la estimación más citada, la del Population Reference Bureau, la cifra total es de aproximadamente 117.000 millones de personas. Los 8.000 millones que habitamos el planeta en 2026 representamos alrededor del 7% de todos los seres humanos que alguna vez existieron. Por cada persona viva hoy, hay unas 14 que ya no están.
Ese dato desmonta el mito popular de que «hay más gente viva hoy que muertos en toda la historia», una frase que circula en conferencias y presentaciones desde hace décadas. La realidad es exactamente la inversa: los muertos superan a los vivos en proporción de 14 a 1.
El año cero: 300 millones de personas en todo el planeta
Para poner cifras al tamaño de la humanidad a lo largo del tiempo, hay que empezar por puntos de referencia concretos. En el año 1 d.C., la población mundial era de aproximadamente 300 millones de personas. Es decir, toda la humanidad de entonces cabría holgadamente dentro de los límites actuales de Estados Unidos.
Las estimaciones para el año 1 d.C. oscilan entre 170 y 400 millones, porque los únicos datos razonables de ese período proceden de Roma y China —que sumaban entre 50 y 60 millones cada una— y el resto se reconstruye con modelos demográficos. El rango de incertidumbre es amplio, pero el orden de magnitud —pocos cientos de millones— es sólido.
Lo que resulta más llamativo es el ritmo del cambio. La humanidad tardó aproximadamente 190.000 años en llegar a esos 300 millones del año 1 d.C. Luego tardó otros 1.800 años más en alcanzar los primeros 1.000 millones (hacia 1804). Los últimos 1.000 millones se han añadido en poco más de una década.
Por qué explotó la población en los últimos 200 años: los 10 factores
La clave del crecimiento explosivo reciente no está en que nacieran más personas sino en que dejaron de morir tan pronto. Durante milenios, la mitad de los niños moría antes de los cinco años. Hoy, la mortalidad infantil global es inferior al 4%. Estos son los diez factores que lo hicieron posible:
Caída de la mortalidad infantil. El factor número uno. Que los niños nacidos sobrevivan es, en términos demográficos, lo que más mueve el marcador.
Vacunas. Desde la viruela (Jenner, 1796) hasta los programas masivos del siglo XX, eliminaron las enfermedades que más niños mataban históricamente.
Teoría microbiana de la enfermedad. Pasteur y Koch demostraron que los gérmenes causan infecciones. La medicina pasó de superstición a ciencia con consecuencias inmediatas en la supervivencia.
Agua potable y saneamiento. El alcantarillado y el agua tratada acabaron con el cólera y el tifus en las ciudades. Probablemente salvó más vidas que ningún avance médico aislado.
Antibióticos. Desde la penicilina (1928), infecciones antes mortales pasaron a resolverse en días.
Revolución agrícola. Rotación de cultivos, mecanización y cultivos americanos como la patata y el maíz multiplicaron los alimentos disponibles por persona.
Fertilizantes sintéticos. El proceso Haber-Bosch (1909) permite fijar nitrógeno atmosférico en fertilizante. La estimación más citada es que la mitad de la humanidad actual existe gracias a él.
Revolución Verde. Las variedades de alto rendimiento de los años 60-70 evitaron las hambrunas masivas que se predecían para Asia. Norman Borlaug recibió el Nobel de la Paz por ello en 1970.
Transporte y refrigeración. El ferrocarril, los barcos frigoríficos y la logística global terminaron con las hambrunas locales por malas cosechas. El problema de la distribución desapareció cuando la comida pudo moverse.
Higiene básica. Jabón, lavado de manos y antisepsia hospitalaria: medidas baratas cuyo impacto en la mortalidad materna e infantil fue brutal.
La paradoja estadística es esta: la natalidad no subió, de hecho lleva décadas cayendo en casi todos los países del mundo. El crecimiento de la población fue posible simplemente porque, por primera vez en la historia, los nacidos sobreviven en su mayoría.
Los 117.000 millones: cómo se calcula y qué incertidumbre tiene
El Population Reference Bureau publicó su estimación de 117.000 millones tomando como punto de partida la aparición del Homo sapiens anatómicamente moderno, hacia el 190.000 a.C., aunque hay estimaciones que sitúan la aparición algo más tarde, alrededor del 150.000 a.C. El cálculo combina tasas de natalidad estimadas —altísimas en la prehistoria, donde se necesitaban muchos nacimientos para mantener la población estable ante una mortalidad brutal— con estimaciones de población en cada período.
El margen de error en los períodos prehistóricos es enorme —decenas de miles de millones de personas— porque no hay registros y todo se basa en modelos. Pero el orden de magnitud (algo más de 100.000 millones) es bastante consensuado entre los demógrafos.
El ADN humano antiguo preservado en las paredes de cuevas de España y Portugal, un hallazgo publicado esta semana en Nature Communications, es exactamente el tipo de evidencia que complementa estas estimaciones: cada nuevo hallazgo arqueogenómico permite calibrar mejor quiénes eran las poblaciones prehistóricas, cuántas eran y cómo se movían. La demografía histórica y la genómica antigua están construyendo juntas un mapa cada vez más preciso de nuestra historia como especie.
La distribución geográfica de esos 8.000 millones actuales puede verse con precisión a 30 metros de resolución en herramientas como el mapa de población mundial calculado con IA a partir de imágenes satelitales: un contraste fascinante entre lo que sabemos del pasado con márgenes de error enormes y lo que podemos medir del presente con precisión sub-kilométrica.
Mi valoración
La cifra de 117.000 millones tiene algo de filosóficamente humillante. Toda la civilización registrada —Sumer, Egipto, Grecia, Roma, el Renacimiento, la Ilustración, la Revolución Industrial— representa menos del 15% de todos los humanos que han existido. Los 185.000 años anteriores a la escritura también tienen su historia, aunque no la hayamos escrito.
Lo que más me convence de este marco es que desmonta dos mitos populares simultáneamente: el de que somos pocos comparados con los muertos históricos (somos el 7%, no menos de la mitad), y el de que el crecimiento explosivo reciente se debe a que nacen más personas (se debe a que mueren muchas menos).
Lo que más me parece digno de reflexión es el factor Haber-Bosch. Que un proceso químico industrial desarrollado en 1909 para fabricar fertilizantes haya hecho posible la existencia de aproximadamente 4.000 millones de personas que de otro modo no habrían nacido —porque no habría suficiente comida para sostenerlas— es el tipo de conexión entre ciencia aplicada y demografía que pocas veces se explica con claridad fuera de los manuales especializados.
Preguntas frecuentes
¿Es verdad que hay más gente viva hoy que muertos en toda la historia?
No. Es un mito que se repite con frecuencia pero que las estimaciones demográficas desmienten. Según el Population Reference Bureau, unos 117.000 millones de personas han vivido desde la aparición del Homo sapiens. Los 8.000 millones actuales representan aproximadamente el 7% de ese total, lo que significa que por cada persona viva hay unas 14 que ya fallecieron.
¿Cuándo llegó la humanidad a 1.000 millones de personas?
Aproximadamente en 1804. La humanidad tardó unos 190.000 años en llegar a los 300 millones que había en el año 1 d.C., y luego otros 1.800 años más en cuadruplicar esa cifra hasta el primer millardo. Desde entonces, el crecimiento se aceleró dramáticamente: el segundo millardo llegó hacia 1927 (123 años después), el tercero hacia 1960 (33 años), y los más recientes en períodos de poco más de una década.
¿Llegará a frenarse el crecimiento de la población mundial?
Sí, y ya está frenándose. Las proyecciones actuales sugieren que la población mundial podría alcanzar su pico máximo alrededor de 2050, en torno a los 9.000-10.000 millones de personas, antes de comenzar a decrecer lentamente. El motor es la transición demográfica: a medida que aumentan la educación, el nivel de vida y el acceso a la planificación familiar, las tasas de natalidad caen por debajo del nivel de reemplazo, como ya ocurre en Europa, Japón y China.
☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí

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