14 de septiembre de 2026

Resultados PISA 2025: Chile necesita una educación STEM para la sustentabilidad 

Por Martín Bascopé, director Centro UC de Desarrollo Local (CEDEL UC), Pontificia Universidad Católica de Chile, Campus Villarrica 

«Lo que se requiere ahora es construir el puente entre esa disposición y la capacidad  técnica de diseñar soluciones reales, y ese puente tiene un nombre: educación STEM+  centrada en desarrollo sustentable, con pensamiento de diseño, con anclaje territorial y  con tiempo docente protegido para hacerlo posible».

Martín Bascopé

Los resultados de PISA 2025, dados a conocer esta semana, confirmaron una caída histórica en el  desempeño general de los estudiantes chilenos en matemática y lectura. Pero dentro de ese panorama  adverso apareció un dato que merece una lectura distinta: en la nueva escala de Ciencias Ambientales — que mide la capacidad de comprender los sistemas de la Tierra, analizar impactos humanos y proponer  soluciones sostenibles—, Chile obtuvo 442 puntos, consolidándose nuevamente como uno de los sistemas  educativos de mejor desempeño de América Latina, aunque todavía por debajo del promedio de la OCDE. 

Ese resultado no debería leerse como un triunfo aislado, sino como una señal de algo más profundo:  nuestros estudiantes están dispuestos a comprometerse con la crisis ambiental. El propio análisis  regional de la OCDE sobre PISA 2025 lo advierte con una frase que debería inquietarnos como educadores:  la región muestra una «preocupación sin base técnica». Es decir, existe una alta motivación y una fuerte  creencia en la propia capacidad de generar cambios, pero esa agencia estudiantil corre el riesgo de  volverse inefectiva si no está respaldada por conocimientos científicos y capacidades de diseño que  permitan traducir la preocupación en soluciones viables. 

Ahí está, exactamente, el desafío y la oportunidad que enfrenta la educación STEM en Chile. 

Del conocimiento disciplinar a la capacidad de diseñar soluciones 

Durante años, la educación en Ciencias ha sido evaluada casi exclusivamente por su capacidad de  transmitir contenidos. PISA 2025 nos obliga a mirar más allá: no basta con que un estudiante entienda  cómo funciona un ecosistema si no desarrolla, junto con ese conocimiento, la capacidad de intervenir  sobre los problemas socioecológicos de su territorio. Esa es precisamente la promesa del pensamiento de diseño (design thinking) aplicado a la educación: no reemplaza el conocimiento científico, lo pone al  servicio de una pregunta concreta y de una comunidad concreta. 

El aprendizaje basado en proyectos, cuando se organiza en torno a preguntas del tipo «¿Cómo podemos  diseñar una solución para…?», transforma la sala de clases en un espacio de indagación real. Los  estudiantes dejan de ser receptores de contenidos ambientales y pasan a ser diseñadores de soluciones  frente a problemas que ya conocen y que les importan: la contaminación de un lago, la pérdida de  humedales, la gestión de residuos de su propio barrio. Ese tránsito —de la preocupación a la capacidad de  actuar con conocimiento técnico— es exactamente lo que los datos de PISA muestran como pendiente en  nuestra región. 

«PISA 2025 nos obliga a mirar más allá: no basta con que un estudiante entienda cómo  funciona un ecosistema si no desarrolla, junto con ese conocimiento, la capacidad de  intervenir sobre los problemas socioecológicos de su territorio». 

Un modelo que ya se está construyendo desde el sur de Chile 

Este no es un desafío solamente teórico. Desde el Centro UC de Desarrollo Local (CEDEL UC), en el Campus  Villarrica de la Pontificia Universidad Católica de Chile, se ha venido desarrollando desde hace más da una  década una línea de trabajo —»Educación y Aprendizajes para la Sustentabilidad«— que integra  precisamente pensamiento de diseño, sustentabilidad y formación docente, con proyección para toda  América Latina. 

El Faro de Sustentabilidad es la plataforma que sintetiza esa apuesta:  una colaboración entre CEDEL UC y la Fundación Internacional Siemens Stiftung —ligada también a la Red  STEM Latinoamérica— que ofrece de manera gratuita un conjunto de recursos educativos para inspirar,  idear, desarrollar y comunicar aprendizajes basados en proyectos en torno a los desafíos de una educación  para la sustentabilidad. Su metodología, que parte de un desafío formulado como «¿Cómo podemos  diseñar una solución para…?», combinada con la exploración territorial y la síntesis colaborativa, ofrece un  modelo replicable de cómo llevar el aprendizaje basado en proyectos desde la teoría a la práctica de aula,  con foco en problemas socioecológicos reales del territorio en que cada estudiante vive. 

Entre sus recursos destaca una herramienta de autoevaluación de proyectos STEM+, pensada para  directoras, directores, equipos técnico-pedagógicos y profesionales de la educación que lideran iniciativas  con enfoque STEM+ en su territorio. En menos de quince minutos, quien la completa recibe por correo un  reporte que analiza su proyecto en seis dimensiones clave para el desarrollo de habilidades STEM+ y su  impacto territorial —una retroalimentación pensada explícitamente para la mejora continua, no para la certificación o el ranking. A eso se suman podcasts (como «Un Café con Futuro» y «Metodologías Activas  STEM+»), un registro de experiencias STEM+ ya implementadas y un diplomado, todo bajo licencia Creative Commons de acceso abierto. 

Ese tipo de infraestructura gratuita es exactamente lo que permite que la biotecnología, la  biorremediación y las soluciones basadas en la naturaleza dejen de ser una aspiración y se conviertan en  experiencias de aula concretas. Estos enfoques tienen algo que ningún contenido abstracto logra con la  misma fuerza: le dan a un estudiante un sentido de aplicabilidad inmediato. Un humedal artificial que  limpia agua, un biofiltro construido con materiales locales, un microorganismo que degrada un  contaminante específico: son soluciones tangibles, visibles, que un adolescente puede tocar, medir y  mejorar. Y son, además, exactamente el tipo de experiencia capaz de convertir una preocupación  ambiental difusa en una competencia técnica concreta —el eslabón que, según muestra PISA, hoy falta en  la región. 

«Ese tipo de infraestructura gratuita es exactamente lo que permite que la biotecnología, la biorremediación y las soluciones basadas en la naturaleza dejen de ser una aspiración y  se conviertan en experiencias de aula concretas». 

El cuello de botella no son las herramientas: es el tiempo docente 

Aquí conviene ser honesto sobre un punto que suele pasarse por alto en el entusiasmo por la innovación  educativa: en Chile ya existen herramientas metodológicas pensadas específicamente para este contexto  —el Faro de Sustentabilidad es una de ellas, pero no la única—. El problema no es, entonces, la falta de  metodologías. El problema es que diseñar una experiencia de aprendizaje basada en proyectos, con foco  territorial y vínculo con actores externos, requiere tiempo de planificación que la carga horaria docente  actual simplemente no contempla. 

Sin espacios protegidos y reconocidos institucionalmente para que los equipos docentes planifiquen,  prototipen y ajusten este tipo de experiencias, la innovación queda limitada a la voluntad individual de  quienes están dispuestos a hacerlo fuera de su horario contratado. Y sin ese tiempo, tampoco es posible  construir algo igualmente decisivo: la colaboración sostenida entre escuela, academia y sector privado  interesado en desarrollo tecnológico, que es justamente lo que permite que un proyecto escolar no se quede en una maqueta de feria científica, sino que dialogue con investigadores, con la autoridad ambiental  regional y con actores que puedan escalar esas soluciones.

«El problema no es, entonces, la falta de metodologías. El problema es que diseñar una  experiencia de aprendizaje basada en proyectos, con foco territorial y vínculo con actores  externos, requiere tiempo de planificación que la carga horaria docente actual simplemente no contempla». 

Una agenda pendiente 

Los datos de PISA 2025 le entregan a la política educativa chilena una oportunidad poco frecuente: un  indicador que no exige inventar una motivación desde cero, porque ya está instalada en los propios  estudiantes. Lo que se requiere ahora es construir el puente entre esa disposición y la capacidad técnica  de diseñar soluciones reales, y ese puente tiene un nombre: educación STEM+ centrada en desarrollo  sustentable, con pensamiento de diseño, con anclaje territorial y con tiempo docente protegido para  hacerlo posible. 

Es una oportunidad única de fortalecer y poner en valor la educación técnica en Chile, invirtiendo en sus  profesores, generando capacitaciones y oportunidades de desarrollo profesional que les permitan  implementar innovación educativa. Nuestro país ya tiene ya experiencias que muestran el camino, y con  vocación de proyectarse a toda la región. La pregunta que queda abierta es si estamos dispuestos, como  sistema educativo, a darles el tiempo y las alianzas que necesitan nuestros docentes, para dejar de ser  experiencias piloto y convertirse en política pública.

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