
Una comida, dos personas. Antes de que llegue la primera ración, uno de los comensales gira su teléfono y lo deja sobre el mantel con la pantalla hacia abajo. Hay quien lo interpreta como desconfianza, pero la explicación es otra: quiere librarse de las notificaciones y las llamadas entrantes y de la presión constante de estar disponible en todo momento. Al fin y al cabo, es solo una interpretación, y no se apoya en ningún experimento científico que estudie sus motivaciones.
Lo que sí han estudiado los experimentos es el efecto de tener el móvil a la vista.
En la Universidad de Essex, Andrew Przybylski y Netta Weinstein realizaron un experimento con parejas de desconocidos que hablaban entre ellos durante diez minutos con un teléfono o un cuaderno sobre una mesa cercana.
En su trabajo, publicado en el Journal of Social and Personal Relationships, el teléfono se asoció con una menor cercanía y una conversación de menor calidad y, en un segundo experimento, con una menor confianza y empatía, aunque solo cuando hablaban de algo personal: con un tema trivial no hubo diferencias. Después, otro grupo de científicos, ya fuera del Reino Unido, llevó la comparación a conversaciones reales.
Shalini Misra, de Virginia Tech, observó 100 conversaciones reales entre dos personas en entornos informales. Aquellas que tuvieron lugar sin ningún dispositivo a la vista salieron mejor valoradas. “En presencia de un dispositivo móvil hay menos contacto visual”, resumía la investigadora.
Matt Johnson, profesor en la Hult International Business School, recopiló varios de estos trabajos en su artículo ‘The Psychology of the Face-Down Phone’ (la psicología del móvil boca abajo). Según los experimentos que recoge, no hace falta usar el aparato para que afecte a la atención, y cuanto más difícil es la tarea, más pronunciado es el efecto.
También repasa los experimentos de Elizabeth Dunn (Universidad de Columbia Británica): en grupos de tres a cinco personas sentadas en una cafetería, quienes tenían el teléfono sobre la mesa (¡cualquiera podría hacer esto!) se sintieron más distraídos y disfrutaron mucho menos del encuentro.
¿Y qué ocurre con la práctica de poner el móvil boca abajo?
El experimento más conocido sobre el tema es el de “pérdida cognitiva” (“brain drain”) de Adrian Ward y sus colegas de la Universidad de Texas en Austin, en el que 520 estudiantes realizaron una serie de pruebas de memoria y razonamiento. El móvil se situaba o en otra habitación, o en el bolsillo o el bolso de los participantes, o sobre la mesa, donde se les indicaba que lo pusieran boca abajo en un sitio marcado del escritorio.
Fueron las personas que lo dejaron sobre la mesa las que obtuvieron los peores resultados en las pruebas. Según el trabajo, publicado en 2017, la mera presencia del propio smartphone reduce la capacidad cognitiva disponible, aunque no se use ni se piense en él.
Quienes lo dejaron en otra habitación obtuvieron los mejores resultados, mientras que los del bolsillo o del bolso obtuvieron resultados intermedios. Girar el móvil lo quita de la vista, pero el cacharro sigue ahí. En un segundo experimento del mismo trabajo, el efecto se mantuvo con el teléfono apagado del todo, algo que se repasaba en mayo de 2026.
¿Son suficientes las pruebas?
No del todo. Una réplica directa del experimento hecha en la Universidad de Western Ontario, publicada en Acta Psychologica en octubre de 2022, encontró que el efecto no se repetía: no hubo diferencias entre tener el móvil sobre la mesa, en el bolsillo o fuera.
Sin embargo, un equipo de la Universidad de Augsburgo juntó 22 estudios en un metaanálisis publicado en Behavioral Sciences en septiembre de 2023 y sí encontró el efecto, sobre todo en pruebas de memoria y atención, más débil en tareas sencillas y más fuerte en los estudios hechos en Asia que en los de Europa y Norteamérica.
Además, se aconseja precaución al sacar conclusiones sobre quien deja el móvil boca abajo, porque puede hacerlo por razones muy variadas: educación, costumbre o pura comodidad.
Cómo hacer que el gesto sirva para algo más
La forma más sencilla de que girar el teléfono tenga sentido es que lo silencie. Esta opción está disponible en los teléfonos Pixel de Google, en la función Silenciar al girar, que llegó a los Pixel 2 en noviembre de 2019 con una actualización de Bienestar digital y activaba el modo No molestar al poner el teléfono boca abajo.
Los propietarios de iPhone no tienen esta función incorporada, pero los modos de Concentración se pueden activar a mano o programar para que se enciendan solos a una hora concreta. Esto último es útil si la comida o la reunión tiene una hora fija.
Por último, no existe ningún ajuste, ni en iPhone ni en Android, que elimine la distracción de tener el móvil cerca durante una comida o una reunión. En el experimento de la Universidad de Texas en Austin, lo que mejor funcionó fue dejar el teléfono en otra habitación; la réplica de Western Ontario no encontró esa diferencia, y el metaanálisis de Augsburgo sí encontró el efecto, sobre todo en memoria y atención.
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La noticia La psicología dice que las personas que dejan el móvil boca abajo no es para ocultar nada; en realidad, es una táctica para evitar distracciones fue publicada originalmente en Genbeta por Redacción de Genbeta .
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