1 de julio de 2026

El músculo como medicina: así protege el ejercicio de fuerza tu corazón, tu cerebro y tu esperanza de vida

El músculo como medicina: así protege el ejercicio de fuerza tu corazón, tu cerebro y tu esperanza de vida

Hace tiempo que sabemos que el ejercicio de fuerza no sirve solo para tener más músculos y un cuerpo más definido. Hoy en día entendemos que, para cuidar nuestra salud, es importante combinar tanto el ejercicio de fuerza como el aeróbico. Sin embargo, siempre viene bien tener más pruebas y más razones que nos recuerden la importancia de levantar peso.

Por eso es tan importante un estudio publicado recientemente por científicos de la Universidad de Harvard, en el que se sigue a 150.000 personas durante 30 años. Este seguimiento ha permitido a sus autores concluir que, efectivamente, quienes practicaban ejercicio de fuerza regularmente tenían más probabilidad de seguir cumpliendo años, ya que esta práctica les protegía de numerosas enfermedades, especialmente de las neurológicas y cardiovasculares. Los motivos están claros, como también lo está que, en realidad, lo ideal es combinar esto con el ejercicio aeróbico.

Tres estudios, 30 años. En realidad, este último estudio es una revisión de 3 estudios, todos ellos realizados en Estados Unidos. Durante 30 años se siguió el estado de salud de sus participantes, a la vez que se monitorizaban sus hábitos deportivos. En esas tres décadas, hubo 36.000 participantes que murieron por causas diversas. No siempre se debía a no haber practicado ejercicio. Al fin y al cabo, hay muchos factores que influyen en la salud. Sin embargo, sí que se vio que quienes hacían entre 90 y 120 minutos de ejercicio de fuerza a la semana tenían un 13% menos de riesgo de morir por cualquier causa que quienes no lo hacían. 

Los tipos de enfermedades más prevenidas. Aunque el porcentaje se calculó con respecto a muertes por cualquier causa, en este estudio destaca la protección neurológica y cardiovascular. De hecho, con esa práctica de ejercicio de fuerza se reducía en un 19% el riesgo de morir por enfermedad cardiovascular y en un 27% el riesgo por trastornos neurológicos, especialmente demencia. Por todo esto, el estudio concluye que el ejercicio de fuerza tiene un efecto positivo sobre la longevidad. 

Más no siempre es mejor. Otro dato curioso de este estudio es que quienes hicieron más de esos 120 minutos semanales de ejercicio de fuerza no experimentaron beneficios extra. Por eso, si hay más tiempo disponible, se puede aprovechar para hacer ejercicio aeróbico, ya que, en realidad, lo ideal es combinar ambos tipos de entrenamiento. 

La combinación ideal. Según este mismo estudio, 150 minutos de ejercicio aeróbico semanal disminuye el riesgo de muerte por cualquier causa entre un 26% y un 43%. Pero si esto, además, se combina con el ejercicio de fuerza mencionado anteriormente, el riesgo disminuye en un 45%. Lo ideal es combinar los dos tipos de ejercicio para comprar todas las papeletas de longevidad posibles.

Dos horas semanales de ejercicio de fuerza se pueden repartir en dos entrenamientos en el gimnasio. Se pueden hacer entrenamientos full body ambos días, para entrenar dos veces todos los grupos musculares, pero aumentando la densidad de la parte superior un día y de la inferior otro. En cuanto a los 150 minutos de ejercicio aeróbico semanal, es algo muy alcanzable. Solo con ir andando al trabajo o a hacer recados ya tendríamos buena parte conseguida. No obstante, es aconsejable añadir varias sesiones de un cardio algo más vigoroso, como salir a correr, nadar o hacer bicicleta. 

Cardio Gimnasio El cardio, mejor distribuido en varias sesiones semanales

Las causas. Este es un estudio observacional. Eso significa que se ha visto una correlación, pero no necesariamente una causalidad. Quienes hacen ejercicio de fuerza viven más tiempo, pero no se ha analizado su sangre, por ejemplo, en busca de marcadores que indiquen esa calidad de vida. Aun así, los autores de la investigación tienen sus propias hipótesis, descritas también en The Conversation por el profesor de la Universidad de East London John McNamara. 

Para empezar, el músculo es una especie de esponja que, por orden de la insulina, absorbe buena parte de la glucosa que se acumula en la sangre después de comer. Así, la glucosa actúa como fuente de energía para el músculo y no aumenta en picos ni se acumula en forma de grasa. Con todo eso, se previenen enfermedades metabólicas como la diabetes tipo 2 o la obesidad. Claramente, si hay más músculo, la esponja es más grande, por eso es tan importante el ejercicio de fuerza. 

Además, con respecto a las enfermedades cardiovasculares, las mioquinas tienen un papel esencial. Son unas proteínas que se liberan cuando el músculo se contrae y que tienen un efecto positivo en la sangre, reduciendo la inflamación crónica. Es muy beneficioso frente a las enfermedades cardíacas; pero también, de nuevo, para las metabólicas e incluso frente a algunos tipos de cáncer. Por otro lado, cabe destacar que esa cascada química potenciada por el ejercicio de fuerza ayuda a aumentar el flujo sanguíneo en órganos como el cerebro o el hígado y también reduce la presión arterial y aumenta la flexibilidad de los vasos sanguíneos.

La clave de la longevidad. Una caída puede ser leve en una persona joven, pero en ancianos puede suponer más huesos rotos, con una recuperación más lenta o incompleta. Se puede deteriorar muchísimo la salud de la persona. Por eso, una de las claves de la longevidad pasa por fortalecer los huesos. El sistema músculo-esquelético está muy bien combinado. Los músculos fuertes se suelen traducir también en huesos más fuertes. Por eso, las personas viven más años cuando realizan ejercicio de fuerza.

Limitaciones a tener en cuenta. Las personas que hacen ejercicio, ya sea de fuerza o aeróbico, a menudo también mantienen otros hábitos saludables. Además, los participantes del estudio eran sanitarios, por lo que es esperable que tengan claras las medidas para cuidar su salud. Por eso, sería ideal haber hecho otro estudio similar, con más variedad de participantes, y teniendo en cuenta otros hábitos para ver la influencia que tienen en el resultado final. Aun así, todo apunta a una rutina muy beneficiosa para cualquiera. 

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El debate por el control de internet acaba de bajar al nivel más básico en Malasia: quién reparte las direcciones IP

El debate por el control de internet acaba de bajar al nivel más básico en Malasia: quién reparte las direcciones IP

Hay una parte de internet que casi nunca vemos y, precisamente por eso, tendemos a darla por resuelta. No hablamos de las webs, de las aplicaciones ni de los grandes centros de datos, sino de los números que permiten que unas redes encuentren a otras sin pisarse el terreno. Esa administración silenciosa es una de las razones por las que internet funciona como una red común y no como una suma de sistemas incompatibles. Cuando esa capa entra en disputa, lo que se discute es bastante delicado.

El movimiento. Malasia ha puesto sobre la mesa una reforma legal que apunta directamente a esa capa básica de la red. En una consulta pública se ha planteado dar a MCMC, el regulador de comunicaciones del país, autoridad legal para gestionar y administrar recursos de direccionamiento electrónico, incluidas direcciones IP, números AS y tasas asociadas. La propuesta también abre la puerta a desarrollar un Registro Nacional de Internet para Malasia.

La capa invisible. Como decimos, aquí no hablamos de dominios, sino de la numeración que sostiene el encaminamiento de internet. Una dirección IP identifica un recurso dentro de la red; un número AS identifica a una red autónoma, por ejemplo la de un operador o un gran proveedor, que intercambia rutas con otras redes. Es una distinción técnica, sí, pero con una consecuencia muy concreta: estos recursos no pueden depender de reglas que se contradigan entre sí. Su valor está precisamente en que todos los reconocen bajo un sistema común.

Ese sistema no depende, en condiciones normales, de cada Estado por separado. El modelo actual se apoya en cinco registros regionales de Internet, conocidos como RIR, que gestionan la distribución de direcciones IP y números AS en distintas zonas del mundo. APNIC es el registro correspondiente a Asia-Pacífico, mientras que ARIN cubre Norteamérica y parte del Caribe, LACNIC América Latina y el Caribe, RIPE NCC Europa, Oriente Medio y parte de Asia Central, y AFRINIC África. La lógica es evitar que una infraestructura global quede partida en decisiones nacionales incompatibles.

El precedente nacional. Hay economías que ya cuentan con un Registro Nacional de Internet, pero eso no significa que cualquier país pueda crear uno cuando quiera. En la región de APNIC existen siete casos reconocidos, asociados a China, India, Indonesia, Japón, Corea, Taiwán y Vietnam. La diferencia es que esos registros vienen de una etapa anterior, cuando algunas estructuras nacionales ya existían o estaban formándose antes de que el modelo regional quedara consolidado. Por eso la propuesta malasia no parte de cero, pero sí choca con una puerta que APNIC considera cerrada desde hace años.

APNIC sostiene que esa puerta está cerrada por una razón concreta. En 2012 dejó de aceptar nuevas solicitudes para crear Registros Nacionales de Internet y, en febrero de 2024, hizo permanente esa moratoria. También retiró el antiguo marco que servía para evaluar nuevos NIR, de modo que hoy no existe un procedimiento vigente para reconocer otro registro nacional en la región. En su correspondencia con la MCMC, APNIC insiste en ese punto: no puede tramitar una solicitud malasia bajo un modelo que ya considera superado.

La lectura malasia. Desde el lado del regulador, el argumento pasa por poner al día una norma nacida en 1998, antes de que la economía digital tuviera el peso actual. La consulta plantea dar a MCMC una autoridad más clara sobre la administración de recursos de direccionamiento electrónico y sobre las tasas vinculadas a esa gestión. APNIC, además, recoge en su correspondencia que MCMC ha defendido más control local sobre las asignaciones, un acceso más sencillo a recursos y un empuje a IPv6. El planteamiento oficial apunta a ordenar y reforzar esa administración, aunque el alcance de ese control es precisamente lo que abre la disputa.

Lo delicado es el precedente. Un Registro Nacional de Internet con más autonomía de la prevista por APNIC no solo afectaría a Malasia, también enviaría una señal a otros gobiernos interesados en gestionar desde casa recursos que hasta ahora se coordinan regionalmente. The Register apunta que, si un NIR malasio asumiera parte de las funciones de APNIC, podría reabrirse el debate sobre el papel de los gobiernos en la asignación de recursos de internet. La preocupación política existe, pero conviene formularla con cuidado: el riesgo no está en lo que la consulta dice hacer, sino en el poder que podría concentrarse si ese modelo se amplía.

No estamos, por tanto, ante una pelea por una web, una aplicación o una plataforma concreta. La disputa baja a una capa mucho más básica: quién administra la numeración que permite que internet siga funcionando como una red compartida. Si Malasia insiste en avanzar hacia un Registro Nacional de Internet, el choque con APNIC no tiene por qué ser ruidoso en el primer momento.

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30 de junio de 2026

Ford ha comprobado que la IA tiene un problema de calidad. Su solución: volver a contratar a viejos empleados

Ford ha comprobado que la IA tiene un problema de calidad. Su solución: volver a contratar a viejos empleados

Hace unos años, Ford se lanzó de cabeza a la automatización de su cadena de producción. Quería que sus sistemas de inteligencia artificial revisaran cada pieza y detectaran fallos antes de que el vehículo abandonara la factoría. Sobre el papel, parecía el plan perfecto, en la práctica, la IA mostraba algunos problemas más complicados de corregir que se traducían en un incremento en los llamamientos a revisión de sus coches.

Los problemas de fiabilidad de Ford no solo no se solucionaron con la inversión en automatización, así que la compañía tuvo que analizar a conciencia el problema y, ahora, creen que han dado con la solución ideal: volver a contratar a antiguos ingenieros para corregir las pifias de la IA.

El error de fiarlo todo a la IA. Charles Poon, vicepresidente de ingeniería de hardware en Ford, reconocía que "pensamos erróneamente que con solo introducir inteligencia artificial e incorporar los requisitos de diseño que teníamos, obtendríamos un producto de alta calidad". No fue así.

El problema no estaba solo en la tecnología que estaban usando. Estaba en lo que le habían enseñado. Una IA vale lo que valen sus datos de entrenamiento, y Ford había dejado fuera a la gente que más conocimiento y experiencia podía aportar a ese entrenamiento. Según recogía Bloomberg, la compañía reconoció que dejó de lado el conocimiento de sus ingenieros más veteranos en fases clave del proceso.

Vuelven los veteranos "con barba canosa". La respuesta de Ford fue contratar de nuevo a muchos de los ingenieros que había despedido para traer de vuelta todo ese conocimiento. En los últimos tres años ha incorporado 350 ingenieros con experiencia en desarrollo de producto y control de calidad. Kumar Galhotra, jefe de operaciones de Ford, señalaba que estos especialistas "buscan los puntos débiles", y sobre todo, encuentran soluciones antes de que se conviertan en un problema real para el cliente.

Su misión no era sustituir la IA, sino ocupar el lugar que debían haber adoptado desde el principio: ser supervisores del trabajo de la IA y corregirla cuando su resultado fuera incorrecto. Además, estos empleados expertos se encargan de la formación de los nuevos talentos, asegurando el relevo generacional. Algo que preocupaba especialmente al CEO de Ford.

El giro se nota en las cifras de calidad ¿Compensó este cambio de rumbo con la incorporación de ingenieros como supervisores de esa automatización? Los números dicen que sí. Ford pasó del puesto 15 entre marcas generalistas en 2023 a liderar esa categoría en 2026. Mejoró en 41 problemas menos por cada 100 vehículos respecto al año anterior. Ford fue la marca que experimentó un mayor avance de entre todas las marcas no premium.

Tres modelos, el F-150, el Mustang y el Super Duty, encabezaron sus segmentos por segundo año seguido. Solo Porsche y Genesis quedaron por delante de Ford en el ranking general de fiabilidad elaborado por el estudio J.D. Power, que mide los fallos detectados en los primeros 90 días de uso.

Menos garantías, menos revisiones, más ahorro. La mejora en calidad también se nota en el balance de resultados de Ford. Jim Farley, consejero delegado de Ford, habló de cientos de millones de dólares ahorrados gracias a la caída en costes de garantía. La compañía espera cerrar el año con mil millones de dólares de ahorro operativo, en parte gracias a este trabajo de calidad.

Aun así, Ford sigue siendo la marca con más llamamientos de seguridad en EEUU. Solo en 2025 emitió 153 llamamientos a revisión, casi el doble del récord previo que tenía General Motors. Esos avisos afectaron a casi 13 millones de vehículos. Los últimos datos apuntan a que Ford ha logrado cambiar su dinámica mejorando las cifras de fiabilidad.

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Imagen | Ford

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La noticia Ford ha comprobado que la IA tiene un problema de calidad. Su solución: volver a contratar a viejos empleados fue publicada originalmente en Xataka por Rubén Andrés .



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Creíamos que el cansancio diario era por dormir poco: la ciencia apunta a que estamos ignorando los ritmos ultradianos

Creíamos que el cansancio diario era por dormir poco: la ciencia apunta a que estamos ignorando los ritmos ultradianos

Llevamos años escuchando hablar de los ritmos circadianos, y sabemos bien que la luz azul de las pantallas antes de dormir es mala o que la melatonina manda en la noche para poder inducir el sueño. Sin embargo, hay un segundo reloj biológico del que se habla mucho menos, pero que dicta exactamente por qué a las 11:30 de la mañana nos sentimos invencibles, pero cuando llegan las 13:00 no podemos mantener los ojos abiertos para trabajar. Estos son los ritmos ultradianos

Su fundamento. Lejos de ser un invento de los gurús de la productividad, la existencia de estos ritmos está profundamente arraigada en nuestra fisiología y en la secreción hormonal, especialmente durante el sueño. Pero lo importante es que entenderlos no nos dará superpoderes, pero según la literatura científica y neurobiológica, sí que nos explica cómo funciona la "batería" cerebral.

Qué son. Para entender los ritmos ultradianos, hay que viajar a la década de 1950 y centrarnos en Nathaniel Kleitman, el investigador pionero que descubrió el sueño REM. En este momento, Kleitman y su equipo se dieron cuenta de que no dormimos de un tirón uniforme, sino que nuestra noche se divide en ciclos que duran entre 90 y 120 minutos. 

Durante cada ciclo, vamos pasando por varias etapas, como es el sueño ligero, el sueño profundo y también el sueño REM. Una vez llegamos a este volvemos a comenzar, y a esto es a lo que se le conoce como ritmo ultradiano. 

Se mantiene. La lógica nos podría hacer pensar que este ciclo se queda únicamente en el sueño, pero aquí Kleitman postuló el Ciclo Básico de Reposo-Actividad (BRAC por sus siglas en inglés). Con esta teoría encima de la mesa, se proponía que este mismo reloj de 90 minutos no se apaga cuando nos despertamos, sino que durante el día nuestro cerebro sigue operando en olas. 

De esta manera, podemos ver que tenemos picos de alta alerta y concentración de unos 90 minutos, seguidos de valles de fatiga de unos 20 minutos donde el cuerpo exige un descanso para poder recuperarse. 

Un asunto hormonal. Algo que es bien sabido es que la secreción de hormonas no se hace de manera continua como un grifo abierto, sino en pulsos o "picos" que están sincronizados con estos ciclos de 90 minutos. Por ejemplo, la hormona del crecimiento es fundamental para reparar nuestros tejidos y su pico máximo está ligado a las etapas de sueño profundo que ocurren en los primeros ciclos ultradianos de la noche. Esto hace que, si se alteran estos primeros 90-180 minutos de sueño, el cuerpo no se repare igual. 

Respetar el ritmo ultradiano. Entre los consejos que podemos seguir para poder controlar estos ciclos está la regla del 90/20 en el trabajo. Y es que si asumimos el ciclo BRAC de Kleitman, la ventana óptima de atención plena dura unos 90 minutos y después entramos en un momento de cansancio donde no rendimos de la misma manera. Es por ello que lo mejor puede ser trabajar durante 90 minutos y posteriormente tomarse una pausa real lejo de la pantalla de trabajo, de 15-20 minutos para resetear este ciclo. 

Pero también es fundamental el momento de despertarse, ya que sentir cansancio en el momento de levantarse de la cama suele ocurrir porque la alarma sonó en mitad de la fase de sueño de ondas lentas o de sueño profundo. Es por ello que calcular las horas de sueño en bloques de 90 minutos aumenta la probabilidad de que nos despertemos al final de estos ciclos y logremos levantarnos con mucha más energía. 

Imágenes | Vitaly Gariev 

En Xataka | Ni la luz roja da sueño, ni el ruido blanco es mágico: qué dice la ciencia sobre la moda de "hackear" el dormitorio

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La noticia Creíamos que el cansancio diario era por dormir poco: la ciencia apunta a que estamos ignorando los ritmos ultradianos fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .



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Los investigadores de ETH Zúrich han creado el primer píxel que puede capturar y emitir luz al mismo tiempo

Los investigadores de ETH Zúrich han creado el primer píxel que puede capturar y emitir luz al mismo tiempo

Investigadores del Laboratorio de Ingeniería de Materiales Ópticos de ETH Zúrich han roto por primera vez una barrera que lleva casi 100 años sin cuestionarse: han creado un píxel capaz de emitir luz para formar imágenes en una pantalla y, simultáneamente, detectar y analizar la luz que recibe como haría un sensor de cámara. Los resultados se publican esta semana en la revista Nature (DOI: 10.1038/s41586-026-10681-7) bajo la dirección del profesor David Norris, y ya han dado lugar a una solicitud de patente nominada al premio Spark de este año.

El término «pixel» — abreviatura de «picture element» — apareció por primera vez hace casi un siglo en la publicación tecnológica estadounidense Wireless World. Desde entonces, los píxeles han tenido roles excluyentes: iluminan las pantallas de móviles, ordenadores y televisores, o capturan la luz en los sensores de cámara. Hacer ambas cosas en la misma unidad material se consideraba físicamente incompatible. El «píxel de Fourier» que ha desarrollado el equipo de Norris demuestra que no lo es.

Cómo funciona el píxel de Fourier

La tecnología se basa en la interferencia de ondas de luz sobre una superficie metálica. Los píxeles están esculpidos a escala nanométrica para dirigir la luz que incide sobre ellos y dispersarla de manera controlada. Esas ondas superficiales interfieren entre sí creando patrones precisos, lo que permite al píxel tanto proyectar imágenes como registrar intensidad, fase y polarización de la luz que lo atraviesa.

La parte más interesante técnicamente es lo que el equipo llama «operaciones matemáticas directas sobre el material del píxel»: en un diseño más avanzado, el sistema podría reaccionar a una imagen capturada y producir un patrón de luz de respuesta sin pasar por un ordenador. La función de procesamiento está embebida en la física del material, no en el software. Para quienes trabajan en sistemas ópticos de baja latencia — comunicaciones cuánticas, sensores distribuidos, holografía en tiempo real — esa propiedad es relevante.

Los chips fotónicos, que procesan información con luz en lugar de electricidad, han demostrado en publicaciones recientes de Nature que pueden superar en velocidad y eficiencia energética a los circuitos electrónicos tradicionales para tareas de IA. El píxel bidireccional de Zúrich opera en una capa diferente — no procesa datos sino que los capta y emite — pero pertenece al mismo universo conceptual de sistemas que manipulan la luz para hacer cosas que los electrones no pueden.

Aplicaciones a corto y largo plazo

El objetivo inmediato del equipo es escalar el concepto a una matriz de muchos píxeles de Fourier. Esa matriz podría dar lugar a dispositivos que combinan en una sola pantalla las funciones de display y cámara, sin los módulos separados que hoy ocupan espacio en los bordes de teléfonos y tablets. Para los fabricantes de dispositivos que llevan años intentando reducir el tamaño del notch y mejorar el ratio pantalla/cuerpo, un panel que elimina el módulo de cámara frontal tiene valor inmediato.

Más allá del hardware de consumo, las aplicaciones que los investigadores mencionan explícitamente incluyen comunicaciones ópticas de alta velocidad — donde la capacidad de detectar y emitir luz simultáneamente podría aumentar el ancho de banda de los enlaces de fibra — y procesamiento de información cuántica, donde controlar la polarización y fase de los fotones es fundamental.

El equipo surcoreano que trabaja en pantallas OLED flexibles que no pierden brillo al doblarse enfrenta un problema diferente — la degradación mecánica del material emisor — pero el horizonte de aplicación es el mismo: pantallas que hacen más cosas con menos espacio y menor consumo. El píxel de Fourier añade a esa lista la posibilidad de que una pantalla flexible también sea un sensor de visión completo.

Mi valoración

He seguido los avances en óptica integrada durante varios años y el anuncio de ETH Zúrich llama la atención no por la promesa sino por el momento: llega en un ciclo donde la industria de semiconductores está buscando alternativas a la electrónica de silicio para superar los límites físicos del escalado. Lo que más me convence de este trabajo es la publicación en Nature y la nominación al Spark Award, que son señales de que la comunidad científica considera los resultados reproducibles y la tecnología promisora.

Lo que más me preocupa es el gap entre «funciona en laboratorio a escala nanométrica» y «funciona en producción en millones de unidades a precio de consumo». Los chips fotónicos para IA que el equipo de la Universidad de Florida envió a la Estación Espacial Internacional llevan dos años en pruebas y aún no han llegado a producto comercial. La fotónica tiene plazos de madurez más largos que el software.

Mi predicción: veremos los primeros prototipos de cámara-pantalla basados en matrices de píxeles de Fourier en demostraciones de conferencias sectoriales (SID, ICMR) en 2028 o 2029. La integración en dispositivos de consumo no llegará antes de 2031, pero cuando llegue, cambiará el diseño de los dispositivos más radicalmente que la eliminación del jack de auriculares.

Preguntas frecuentes

¿Qué es un píxel de Fourier y por qué es diferente a los píxeles convencionales?

Un píxel convencional tiene una función: o emite luz (pantalla) o la detecta (cámara). El píxel de Fourier de ETH Zúrich usa la interferencia de ondas de luz sobre una superficie metálica esculpida a escala nanométrica para hacer ambas cosas simultáneamente. Puede proyectar imágenes y capturar lo que la cámara registraría, en la misma unidad material. El nombre viene del análisis de Fourier, la herramienta matemática que descompone señales en sus frecuencias componentes — que es exactamente lo que ocurre con la luz en la superficie del píxel.

¿Cuándo podríamos ver esto en un smartphone real?

El equipo de ETH Zúrich está trabajando en escalar el concepto a una matriz de múltiples píxeles — el paso previo imprescindible para cualquier aplicación de pantalla o cámara. A partir de ahí, el proceso de industrialización, pruebas de fiabilidad y reducción de coste habitualmente lleva entre cinco y diez años para tecnologías de fabricación a nanómetros. Las estimaciones más optimistas de los investigadores apuntan a aplicaciones en comunicaciones ópticas antes que en pantallas de consumo, dado que en esas aplicaciones los requerimientos de escala son menores.




☞ El artículo completo original de Natalia Polo lo puedes ver aquí