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http://www.guardian.co.uk/technology/2012/may/14/problem-nerd-politicsEl fatalismo implica mantenerse lo más lejos posible de la política, porque inmiscuirse en estos asuntos es de por sí algo que corrompe la neutralidad inherente a la tecnología. Existiría el prejuicio de que la política tiene el poder de llevarte al lado oscuro de forma inevitable, y por lo tanto lo mejor es mantenerse ajeno a este tipo de temas. Esto tiene como consecuencia que las leyes se pasen sin enfrentar mayores contrapesos, y se determine la legalidad o ilegalidad de los terrenos donde la tecnología puede desarrollarse. En el determinismo nerd "se descartan leyes o regulaciones estúpidas y peligrosas bajo la premisa de que son tecnológicamente imposibles de ejecutar". Este determinismo tendría dos consecuencias: sólo quienes tienen conocimientos tecnológicos sobre el promedio pueden saltarse leyes estúpidas (dejando a los de menor conocimiento a su propia suerte); y además disminuye los mercados en los que legalmente su conocimiento podría ser comercializado (Doctorow ejemplifica esta situación con el "desbloqueo" de teléfonos móviles, que posibilita trabajar en esto en los lugares donde es legal).
Con este análisis, Doctorow llama a todos los nerds a tomar posiciones respecto a los usos positivos de la tecnología y preocuparse sobre las legislaciones que intenten regular estas materias.
Creo que Doctorow da en el clavo en los problemas principales de la relación entre los "nerds" la política y las nuevas tecnologías, pero también creo necesario completar la ecuación sumando las imágenes, esperanzas y expectativas de la ciudadanía menos "tecnologizada" en relación al Internet.
"El quinto poder" organizó hace poco un seminario llamado "ya no basta con twittear: jóvenes, redes y participación política", donde me sorprendieron dos ideas bastante inocentes sobre el rol de Internet en la construcción política de los países.
En primer lugar, fue un comentario común el destacar que las redes sociales son espacios que no representan a toda la sociedad, por las diferencias en acceso según nivel socioeconomico o edad (la llamada “brecha digital”) ¿pero por qué debería esperarse que Internet, un nuevo medio de comunicación, sea la solución a problemas estructurales de modelos de producción que necesitan de la desigualdad para reproducirse? Reducir la brecha digital solo es plausible reduciendo las brechas de salarios y de acceso a educación y salud de calidad.
El otro punto que surgió bastante fue la visión de las redes sociales como una “plaza pública” al estilo ateniense. El problema aquí es que las redes sociales son tan públicas como sus dueños quieren que sean (o sea, son plazas privadas). Se tiende a olvidar que se trata de servicios prestados por grandes empresas, quienes determinarán que es lo que se puede hacer o no en sus espacios según criterios de negocios (y donde el discurso de la libertad y la anti-censura estará siempre en tensión). Se trata finalmente de “jardínes amurallados”.
Esta inocencia es consecuencia de la relación de "simple usuario" que muchos establecemos con las nuevas tecnologías, donde los problemas de propiedad y libertad son naturalizados o escondidos por las posibilidades que entrega el uso cotidiano.
Es por esto que concuerdo con Doctorow en que la relación entre la ciudadanía, las nuevas tecnologías y la política necesita del compromiso de los nerds, pero no sólo para servir como contraparte técnica sobre las posibilidades o limitaciones de la tecnología, si no también en un rol político propositivo, desarrollando herramientas libres que efectivamente empoderen a la sociedad civil y así no deban depender de la buena voluntad de grandes empresas para conseguir sus objetivos.
Foto: Flickr
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☛ El artículo completo original de Pablo Carcamo lo puedes ver aquí

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