En el avance de la vigésima edición (2014), "estarán tuitear, tuiteo, tuit y tuitero, en reconocimiento a una actividad que ejercen millones de personas, a título particular o como representantes de instituciones".
Texto completo del discurso:
Saludos de nuevo a todos, queridos amigos:
En el prólogo de la obra que hoy se presenta aquí, en la Real Academia Española, ya digo que esta Guía para los nuevos medios y las redes sociales «plantea en sus bases teóricas los viejos problemas de la antigua retórica clásica en su aplicación a un mundo tecnológico radicalmente original. La constante relación entre el autor y los destinatarios sigue siendo el eje central de los problemas, lo mismo que las circunstancias que los rodean y los condicionan».
No deben asustarnos las innovaciones ni los desafíos. Es verdad que los medios electrónicos —y aquí lo han explicado en detalle quienes me han precedido en el uso de la palabra— han ido creando en ocasiones un lenguaje propio, una serie normas tácitas que perdurarán más o menos — o que serán simples modas— en función del uso y de las adaptaciones que hagan los millones de personas que difunden mensajes escritos a través de Internet. Solemos decir siempre aquí, en la Real Academia Española, que los únicos dueños de la lengua son los hablantes y ese es un principio que hemos de tener siempre presente: la lengua les pertenece a ellos. Nunca se había escrito tanto como ahora y, más relevante quizá, nunca se había publicado tanto como ahora. Nos preguntan con frecuencia a los académicos si esta proliferación de textos, unida a sus códigos y estilos particulares, estropea o deteriora la lengua. Solemos contestar que no, o, al menos, que no necesariamente. Lo importante es que en la escuela se enseñe bien a leer y escribir a los estudiantes. Y que se les inculque a los más jóvenes el interés, el amor por la buena literatura. Quien recibe una buena enseñanza y luego se preocupa por la correcta utilización de esa gran herramienta que es la lengua sabrá distinguir perfectamente las distintas situaciones, los diferentes contextos. No se expresará de igual modo en las respuestas de un examen o en la redacción de un contrato laboral que en el envío de un mensaje electrónico a un amigo. Tampoco hay que inquietarse por las abreviaturas: los manuscritos medievales están llenos de ellas y la lengua ha sobrevivido sin sobresaltos desde entonces.
No quiero simplificar el reto, la realidad compleja a la que nos enfrentamos, que ha modificado hábitos y ha cambiado nuestras vidas. Ciertamente estamos ante fenómenos globales que nos sorprenden cada día con avances y propuestas. Los nuevos medios, inevitablemente, también desatan temores e incertidumbres: viejos miedos.
Poco a poco, con la prudencia que requiere distinguir las voces de los ecos, las modas de lo perdurable, la Academia ha ido incorporando a la versión en línea de su Diccionario términos y palabras que describen estas nuevas actividades. En el avance de la vigésima tercera edición, que se publicará en 2014 como cierre de los actos conmemorativos del tricentenario de la institución, ya aparecen nuevas definiciones de libro electrónico, de tableta y de blog, por ejemplo.
También estarán tuitear, tuiteo, tuit y tuitero, en reconocimiento a una actividad que ejercen millones de personas, a título particular o como representantes de instituciones. Es nuestro propio caso, el de la RAE, que tiene su propio canal en Twitter desde hace un año: @raeinforma.
La llegada de estas nuevas palabras al Diccionario, al igual que ocurre con el resto de las obras académicas, se hace siempre previo debate y acuerdo de las veintidós academias de la lengua española, agrupadas en la ASALE, que dispone también de cuenta en Twitter: @asaleinforma.
Hay un dato muy significativo en relación con el Diccionario de la RAE, de libre acceso en la Red desde 2001, que quiero resaltar: el número de consultas recibidas supera, hace ya tiempo, los dos millones diarios. Las cifras van en aumento desde que, hace apenas tres meses, empezamos a ofrecer aplicaciones, también gratuitas, para entrar en el diccionario desde dispositivos móviles. Unas aplicaciones que iremos revisando y mejorando.
También hemos puesto en marcha la Unidad Interactiva del Diccionario, UNIDRAE, para facilitar la entrada en la Academia de propuestas y sugerencias relacionadas con el diccionario a través de un correo electrónico específico. Y seguimos ofreciendo un servicio de consultas, gestionado por el departamento Español al día, que resuelve a diario decenas de dudas a los usuarios.
Las comunicaciones electrónicas, Internet, las redes sociales, constituyen una auténtica revolución. Estoy seguro de que esta Guía que presentamos hoy aquí, un manual abierto, en construcción permanente, no dogmático, contribuirá a que todos utilicemos mejor la lengua en esos nuevos medios. Felicito a Fundéu por la iniciativa y agradezco a todos el gran trabajo realizado y su presencia aquí, en esta Academia fundada en 1713 con un fin y un espíritu que es el mismo que nos anima hoy: el servicio a la nación, a los ciudadanos, a todos los hispanohablantes del mundo.
Decía Baltasar Gracián, quien por cierto habría sido un buen tuitero, que «más valen quintaesencias que fárragos». Sigo pues tan sabio consejo y, aun sin lograr la quintaesencia, termino ya, reiterándoles mi bienvenida a la Academia, a la casa de los hispanohablantes y de las palabras, a la casa de todos ustedes. Muchas gracias.
☛ El artículo completo original de ChaTo lo puedes ver aquí

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