Por supuesto, esto no quita para que me hayan entrado ganas de darles un poquito de su medicina, a ver si cierran esas boquitas de piñón por las que no suele salir más que mala baba, ignorancia y otras lindezas. Veréis, aquí os dejo las opiniones sobre "De ratones y hombres..." que más me han gustado, las que mejor reflejan la densidad de neuronas que albergan en el interior de sus cráneos. No os asustéis porque no merece la pena. Únicamente las transcribo para que os podáis echar unas risas. Yo ya lo he hecho.
Los estudiantes también tienen mucho que decir sobre los programas de estudios y el profesorado en general, y sus opiniones también cuentan.
Otro al que no le gusta enseñar pero se empeña en ello.
Me toca soberanamente los pelotas que quienes se dedican en sus ratos libres a cazar "magufos", dicen, adalides del saber, la razón, la objetividad, la verdad, la ciencia y otras prestigiosas etiquetas de este estilo que tanto les gustan, luego, cuando ejercen de profesores, cuando llevan a cabo una parte de su profesión (la docencia) sean absolutos legos.
Este lo es y muy probablemente esos tres metros de altura desde donde mira a los borregos vagos y gandules de sus alumnos sean insalvables para él. Cuestionarse lo que hace dentro de clase sería el primer paso. Pero este artículo va en dirección opuesta.
Este es un puto amargado, fijo que antes se comía todas las collejas y no follaba ni pagando y ahora es el típico joputa que hace todo lo posible por tener mas porcentaje de suspensos y achacarlo a la decadencia occidental balblablabal. Porque antes eran mucho más listos, donde va a parar...
A mi este tipo me parece un soberano imbécil. Desde aquí le digo que me saqué la carrera en cinco años, con buena media y emborrachándome cada fin de semana hasta las trancas. Jódete frustrado.
Memos insignes como este los hubo toda la vida. Yo tuve que sufrir al menos dos.
Cuando alguien está convencido que todo el mundo lo hace mal menos él (como el caso de este profe) es el momento de pararse a pensar que quizás sea él el equivocado.
Bien, si lo habéis podido resistir y seguís por aquí, a continuación voy a proporcionarles una respuesta que, si son consecuentes con sus propias declaraciones, deberán aceptar sin rechistar. Por tanto, lo haré, pero no con mi voz ni mi palabra escrita, que ya sé que para ellos no tienen ningún valor, como demuestran en sus comentarios plenos de conocimiento y reflexión sosegada del problema que yo pretendo poner encima de la mesa y que, por lo visto, no han llegado a captar plenamente.
Como os decía, dejaré que sean MIS ALUMNOS los que respondan por mí. Para ello, he acudido a mi ordenador y he buscado al azar tres encuestas (tengo más pero no es cuestión de aburrir al personal con unas calificaciones tan monótonas) de las que hace cada curso mi universidad entre mis estudiantes. En ellas se valoran, anónimamente, las actitudes y aptitudes (más de una docena) docentes de un servidor (en color rojo) y, a continuación, se calcula un promedio, que se compara con el de resto de profesores del mismo curso y también de la misma titulación universitaria (en color azul).
Como podéis comprobar, en efecto, soy feo, malo, doy asco y merezco morir. Va por vosotros... ¡Salud!



☛ El artículo completo original de Sergio L. Palacios lo puedes ver aquí

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