PARA QUE TE VEA TOOOODO EL MUNDO
“Señores de la NASA, ¿cuál es el protocolo a seguir si queremos proyectar un anuncio en la Luna?” Lo que empezó como la broma de unos creativos publicitarios guasones acabó con varios altos ejecutivos de la agencia aeroespacial más importante del mundo tirándose de los pelos y al borde de un ataque de nervios.
Se puede decir que a la todopoderosa NASA se la dieron literalmente con queso. En torno a una ficticia marca de ídem, Mooncheeze, los creativos de la productora audiovisual británica Cherryduck decidieron crear el falso making off de una impactante acción publicitaria con el fin de promocionar la empresa entre sus clientes.
¿La idea? Proyectar un anuncio de queso sobre la cara visible del icónico satélite.
La persona que recibió el email lo reenvió a sus superiores alertándolos del asunto: “Están construyendo un proyector de altísima potencia para proyectar una imagen al espacio y quieren saber si hay algunas limitaciones al respecto”, decía.
“¡Eso podría llegar a interferir en la visibilidad de alguna de nuestras estaciones espaciales!”, concluyeron en la NASA después de varios cruces de correos electrónicos que llegaron incluso a Washington.
Finalmente, los bromistas de Cherryduck fueron emplazados a ponerse en contacto con las autoridades que regulan el espacio aéreo británico. No podían creer que se lo hubieran tragado. “El supuesto proyector lo hicimos con cuatro maderas que teníamos en la oficina y un flexo metido dentro”, dicen.
Lo de usar la Luna como soporte publicitario no es nuevo. El pasado mes de junio, en Teherán se propagó el rumor de que Pepsi estamparía su logo sobre la Luna. Miles de ciudadanos de la capital persa estuvieron pendientes del evento.
Curiosamente, 33 años antes, en 1979, también se tragaron que la cara del ayatolá Jomeini se proyectaría sobre el satélite. Les engañan como a persas.
El atractivo que posee un soporte publicitario en el doce mil millones de ojos pueden ver un logo sobre sus cabezas resulta obvio. Y ha sido profusamente tratado por las mentes preclaras de la literatura de ciencia ficción.
En ‘El hombre que vendió la Luna’ (1951), de Robert A. Heinlein, el protagonista pretende cubrir la luna con publicidad y propaganda, Y en el relato de Asimov ‘Compre Júpiter’ (1958) la idea es sustituir el quinto planeta por un artefacto publicitario. Como se enteren en la NASA les da un mal.
Fuente: cookingideas.es
☛ El artículo completo original de Victor Perez lo puedes ver aquí

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